Un amable merodeador me pidió hace
tiempo que diera mi opinión sobre Podemos, el partido de Pablo Iglesias. He
tardado en responder porque aún no tenía nada claro el asunto; sigo ahora sin
tenerlo del todo claro, pero sí lo suficiente para apuntar algunas ideas. Como
Podemos es, además de otras cosas, un fenómeno mediático, de momento voy a usar
mi experiencia de publicitario para tratarlo como si fuera una cuestión de
marketing. Porque lo es: marketing político.
Hace cuatro años se hizo evidente
que, dentro del panorama político español, se había abierto un “nicho de
mercado”. Es decir, que había un nutrido grupo de personas cuyas necesidades no
estaban cubiertas por la oferta usual del mercado. En concreto: muchos
votantes, descontentos con la situación política del país y desencantados de
los partidos tradicionales, no tenían a quién confiar su voto.
¿Por qué hace cuatro años? Porque
fue en mayo de 2011 cuando surgió el movimiento de protesta llamado 15-M,
poniendo en evidencia que ciertas necesidades socio-políticas no estaban
satisfechas para gran número de electores. En realidad, ese nicho de mercado
existía desde hace mucho tiempo, antes incluso de la crisis, pues gran número
de electores votaban a los partidos tradicionales porque no tenían otras
alternativas viables, pero lo hacían casi siempre no a favor, sino a la contra,
y tapándose la nariz al depositar su voto. Lo que pasa es que ese nicho, antes,
no era lo suficientemente numeroso ni, sobre todo, activo. Al llegar la crisis,
el nicho se amplió y se dinamizó, generando, como señal más perceptible, el
15-M.
Pero el 15-M nunca ha sido un
movimiento articulado, capaz de generar un oferta política por sí mismo, sino
tan solo una señal de advertencia. Sin embargo, la naturaleza y el mercado
odian el vacío, de modo que el vacío existente en la oferta política no ha
tardado en ser llenado por dos organizaciones –éstas sí articuladas- de nuevo
cuño. La primera en irrumpir fue Podemos, un nuevo partido liderado
carismáticamente por el politólogo y polemista mediático Pablo Iglesias.
De modo que Podemos es el nuevo
producto. Y como todo producto que se lanza, lo primero que hizo fue ponerse a
prueba en un mercado reducido (lo que en
mercadotecnia se llama “test market”): las elecciones europeas de 2014.
El éxito fue contundente, generando unas expectativas de ventas
extraordinarias. De modo que Podemos se está preparando para lanzarse al
mercado nacional.
Ahora bien, ¿qué clase de producto
es Podemos? Su origen está en el partido Izquierda Anticapitalista, una
escisión de Izquierda Unida propiciada por antiguos militantes de la Liga
Comunista Revolucionaria. Más tarde, en enero de 2014, el movimiento se
articuló en torno al manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en
cambio político, firmado por una
treintena de intelectuales. Así pues, en su origen Podemos fue un partido
neo-marxista radical.
Al convertirse en
partido, Podemos se basó en tres acciones: 1. Crítica frontal a la actuación de
los partidos del establishment (PP y PSOE). 2. Encumbramiento de un
líder mediático. 3. Una serie de propuestas populistas de imposible
cumplimiento (como el impago de la deuda o la renta básica).
Precisamente ese
último punto, las propuestas populistas, se convirtió en uno de los primeros
problemas de la formación, porque incurría en uno de los defectos más nocivos
en que puede caer la publicidad: el overpromise. Es decir, prometer
cosas que el producto no puede hacer, lo que a medio plazo deriva en una
pérdida de credibilidad de la marca. Así que rápidamente Podemos se puso a rebajar
el alcance de sus promesas, o más bien a situarlas en un terreno vago e
indefinido. Pero había otro problema: su éxito en las europeas (unas elecciones
que los votantes perciben como de segunda clase), y su posterior crecimiento en
las encuestas, se debió al eco despertado entre todos los descontentos con la
actual situación política (que eran y son muchos), y por eso su naturaleza
radical no solo no era nociva, sino que resultaba atractiva para quienes
deseaban protestar contra el sistema. Sin embargo, en lo que respecta a las
elecciones locales y generales las cosas son distintas. Sencillamente, hoy por
hoy un partido de extrema izquierda no puede conseguir el poder en España,
porque no cuenta con el suficiente respaldo electoral. Puede alcanzar cierta
cota de poder, puede convertirse en un partido bisagra, pero no ser la formación
dominante.
Ante ese problema de
marketing, la cúpula dirigente de Podemos tomó dos decisiones: cambiar el
producto y cambiar el discurso de venta. Para ello se basó en tres acciones
estratégicas:
1. Hasta ahora, el
debate político se establecía en base a la dicotomía derechas-izquierdas.
Podemos rompe esa dialéctica y crea una nueva: los que mandan (la “casta”) y el
pueblo (cuya representación es Podemos). De ese modo, el partido se declara
transversal y, por tanto, abierto a votantes de todo el espectro político. Así
pues, su propuesta política no se basa en el progresismo frente al
conservadurismo, sino en la honestidad y la regeneración frente a la
desvergüenza y corrupción de la casta dirigente.
En publicidad, se
denomina “grupo objetivo” (target group) al conjunto de consumidores a
quienes va dirigido determinado producto (por ejemplo, el grupo objetivo de
Tampax son mujeres de entre, digamos, 14 y 40 años, urbanas, de clase media,
etc.). Cada producto tiene su propio target group que jamás es el total de los
consumidores (ningún producto es para todo el mundo). Para ampliar el target
hay que cambiar el producto o cambiar la percepción que los consumidores tienen
del producto. Podemos está haciendo ambas cosas.
2. A finales del año
pasado, cuando Podemos presentó el borrador de su proyecto económico, Pablo
Iglesias declaró que su modelo eran las democracias nórdicas. Es decir, que
Podemos se declara socialdemócrata.
Eso significa que
Iglesias no pretende en realidad ser absolutamente transversal (eso es
imposible). Podemos está fagocitando los votos de Izquierda Unida (y sus
cuadros) sin necesidad de atacar a esa formación (que ofrece una imagen
anticuada e inoperante). Gran parte de su target vendrá también de los
desencantados del PSOE. Pero para alcanzar el poder, necesita a los votantes de
centro, que rechazan las propuestas radicales. Así que Podemos decide ofrecer
un imagen más moderada, vinculándose a posiciones socialdemócratas
(precisamente ese viaje al centro ha sido, supuestamente, el motivo de la
dimisión de Monedero).
En resumen, el target
group que persigue Podemos es el que va de la izquierda al centro. Es decir, pretende
desplazar al PSOE y ocupar su espacio, intentando conservar a los votantes más radicales
arrebatados a Izquierda Unida.
3. Es imposible
confeccionar un programa político que satisfaga por igual a, por ejemplo, un
marxista de Izquierda Unida y a un centrista ex-votante de UPyD. Es como
intentar taparse con una manta corta: si te cubres los pies, destapas la
cabeza, y si tapas la cabeza, destapas los pies. Dado que existen gran número
de propuestas programáticas que generarían rechazo en una u otra parte de su
posible target group, Podemos ha optado por la inconcreción. Más allá de las
críticas al actual sistema político (que todos los desencantados, de un signo u
otro, comparten), la formación de Iglesias no se define claramente en una serie
de cuestiones fundamentales (estructura del estado, fiscalidad, ley electoral,
relación con la Iglesia... incluso la mismísima ideología del partido). Los
líderes de Podemos hablan de ello con generalidades, pero sin concretar los
medios ni los objetivos finales. Para no molestar a nadie. A fin de cuentas,
ésa es una de las máximas de la publicidad: hay que persuadir, y jamás ofender.
La campaña de
comunicación de Podemos ha sido excelente (no olvidemos que el partido se
fraguó al principio en un plató televisivo, el de La Tuerka). Por un lado, ha
utilizado los medios tradicionales multiplicando hasta la extenuación le
presencia de Pablo Iglesias en toda suerte de programas de debate. El líder de
Podemos es un excelente comunicador y un hábil polemista; gran parte del éxito
de su formación se debe a él. Por otro lado, el partido ha utilizado de forma
magistral los medios digitales, lo que le ha permitido realizar campañas muy
efectivas a muy bajo coste.
En realidad, la
estrategia de comunicación de Podemos no es original. Está calcada de la de la
primera campaña a las presidenciales de Barak Obama. De hecho, esa copia afecta
incluso al nombre del partido: Podemos-Yes we can. Pero eso no importa;
una de las características del marketing es utilizar estrategias que ya han
demostrado su eficacia. Y Podemos las ha puesto en práctica magníficamente.
Sin embargo,
últimamente el avasallador empuje inicial de Podemos parece estar perdiendo
fuelle, incluso retrocediendo. Paradójicamente, las causas de esto proceden de
las mismas acciones de marketing que provocaron su éxito inicial.
En primer lugar, hay
que tener en cuenta que el fulgurante crecimiento de Podemos no se debió tanto
a las habilidades de sus líderes como a la existencia de una amplio nicho de
mercado vacío. (Ejemplo: En una ciudad sin panaderías, cuyos habitantes quieran
pan, la primera tahona que abra se forrará). Podemos, al principio, ocupó gran
parte de ese nicho, y pretende ocuparlo todo, pero es imposible. Una de las
leyes básicas de la publicidad es que nunca hay que transmitir mensajes que
vayan en contra de los hábitos y costumbres de los consumidores. Lo cual se
traduce en lo siguiente:
Podemos intentó, e
intenta, romper el discurso izquierdas vs. derechas y sustituirlo por pueblo
vs. casta. Pero los consumidores/votantes siguen percibiendo la política en
términos de progresismo y conservadurismo. Y mayoritariamente, sean
simpatizantes de Podemos o no, lo perciben como situado muy a la izquierda.
Por tanto, de forma
natural Podemos sólo podía apoderarse de una parte del nicho, la correspondiente
al centro-izquierda. De modo que seguía habiendo un nicho vacío, el situado a
la derecha, y ese nicho lo está llenando otra formación emergente: Ciudadanos.
Ambos partidos compiten ahora, no sólo contra PP y PSOE, sino también entre sí
para conseguir el apoyo de los votantes de centro.
En segundo lugar, la
inconcreción programática de Podemos, cuyo objetivo es no inquietar al
electorado de centro, comienza a ser contemplada con suspicacia. Su target
group situado más a la izquierda (es decir, su clientela natural), tiene la
sensación de que el partido se está descafeinando. Y su posible target group
centrista sospecha que Podemos oculta algo. En realidad, la formación de Pablo
Iglesias, que tan hábil ha sido hasta ahora en la comunicación, se está
equivocando en este aspecto. En publicidad, los mensajes han de ser claros y
concretos. Los mensajes difusos no calan en el consumidor.
Por último, Podemos se
lanzó como un producto fresco, natural e innovador. Ese sería su brand
character (personalidad de marca). Sin embargo, su cada vez más evidente
tacticismo, así como las grietas en su estructura (luchas internas, disensiones
entre la cúpula y las bases, escándalos de algunos de sus líderes, vinculación
a países extranjeros...), enturbian su imagen y generan dudas sobre la eficacia
del producto.
Y eso es casi todo,
amigos míos. En este post he intentado analizar a Podemos teniendo en cuenta
exclusivamente su estrategia de comunicación. En la próxima entrada daré mi
opinión personal sobre ese partido.