Hoy ha salido a la venta mi último libro,
la antología de relatos Trece monos, publicada en la
colección Fantascy de la editorial Penguin Random House. Se trata de trece
historias (doce cuentos y una novela corta) de fantasía y ciencia ficción. En
concreto, ocho pertenecientes al género fantástico y cinco a la cf. El libro
también incluye un excelente y apabullantemente documentado prólogo de Juanma
Santiago y una introducción mía. Además, los relatos van precedidos por breves
notas donde explico el origen y las circunstancias de cada cuento.
Sólo una de las historias que
componen la antología, El decimoquinto
movimiento, es muy conocida. Se trata del texto más antiguo de todos y ha
sido reeditado varias veces; la última en el libro Los premios Ignotus 1991-2000 que editó Sportula el año pasado.
Cuatro de los cuentos formaron parte de la tradición de historias navideñas de
Babel. Otros seis relatos aparecieron en publicaciones muy alejadas del mundo
del fantástico hispano, así que son prácticamente desconocidos. Y, finalmente,
hay un cuento, Fiat tenebrae, y una
novela corta, Naturaleza humana, que
son absolutamente inéditos.
Supongo que la cuestión es: ¿por qué
ahora esta antología, después de veinte años de la anterior, El círculo de Jericó? Buena pregunta.
Hace unas semanas, hablando
precisamente de Trece monos, mi gran amigo, y excelente escritor, Samael me
formuló otra pregunta: “¿No has renunciado a algo por dedicarte a la literatura
juvenil?”. Se refería a un par de cosas: si he renunciado a la literatura para
adultos y si he renunciado al fantástico. Respecto a lo primero, siempre he
dicho (aunque casi nadie me cree) que no hago diferencias entre escribir para
jóvenes o para adultos. En cuanto a lo segundo, más o menos la mitad de mis
novelas juveniles pertenecen o tienen componentes de fantasía y cf. Por otro
lado, si pudiese seguir siendo escritor profesional dedicándome en exclusiva al
fantástico, ¿aceptaría? La respuesta es: no, ni de coña. Lo que más me gusta de
la literatura, de escribirla, es su inmensa libertad. Y ceñirte a un género es
perder parte de esa libertad.
No obstante, le contesté otra cosa:
Sí, sí que (casi) he renunciado a algo: a los relatos cortos, a los cuentos. Pero
no por dedicarme al género juvenil, sino por ser escritor profesional. Porque,
amigos míos, en España no hay mercado para los cuentos, ni publicaciones donde
publicarlos. Fijaos: después de 25 años dedicándome a la literatura, sólo en
siete ocasiones me han pedido un cuento remunerándolo (eso sí, gratis un montón
de veces).
Lo malo es que me encantan los
cuentos, disfruto escribiéndolos; del mismo modo que no disfruto escribiendo
novelas (aunque sí habiéndolas escrito). Por desgracia, las novelas, que son lo
que me permite dedicarme profesionalmente a la literatura, me roban mucho
tiempo para escribir relatos. Aun así, no he renunciado del todo a ellos y, en
cuanto tengo la más mínima oportunidad, escribo alguno. Por eso la tradición de
los cuentos navideños en Babel. Además, casi todos mis relatos son de fantasía
o cf, porque amo el fantástico con todo mi corazón. Y porque siempre he pensado
que esos géneros donde más brillan es en los cuentos.
Los trece relatos que componen Trece
monos apenas me han proporcionado dinero (poco más de cuatro mil euros
en conjunto), pero sí un montón de buenos ratos y satisfacciones. Todos los he
escrito por amor a un género que me ha acompañado, y maravillado, a lo largo de
mi vida. Cuando escribo relatos de fantasía y cf me siento parte de una gran
familia de soñadores formada por todos los escritores que me han asombrado
desde la adolescencia. En cierto modo, escribir esos relatos ha sido como regresar
a la infancia, como volver al hogar. Me veo a mí mismo cuando tenía catorce o
quince años, leyendo asombrado relatos de Brown, de Kuttner, de Bester o de Sheckley,
y me digo: ahora no eres el que lee; ahora eres el libro. Y me siento de puta
madre, qué queréis que os diga. En ese inmenso mosaico de sueños que es la f
& cf, algunas teselas las he puesto yo.
Ya, ya, muy poético; pero ¿por qué ahora
esta antología?
Tras publicar El círculo de Jericó, donde aparecían la mayor parte de mis relatos
escritos antes de 1995, comencé a dedicarme a la literatura juvenil; es decir,
a escribir puñeteras novelas. No obstante, seguí escribiendo cuentos, pero a un
ritmo mucho menor. Y siempre tuve claro que, cuando reuniese los suficientes buenos
cuentos, publicaría una nueva antología. Más o menos hacia 2010 consideré que
ya tenía material suficiente, pero aún faltaba algo: una novela corta. Había
una en El círculo de Jericó (La casa del doctor Pétalo) y quería que
hubiese otra en la nueva recopilación. Así que retomé una vieja idea que tenía
empezada, Naturaleza humana, y la
concluí en 2011.
En Trece monos no están
todos los relatos que he escrito desde 1995, sino menos de la mitad. Hice una
selección y escogí los que me parecían mejores. Aunque debo reconocer que se me
escapó un: Más allá, un cuento breve
que publiqué aquí, en Babel, en octubre de 2010. No es una obra maestra, pero
parte de una idea que me parece muy divertida. Por desgracia, me olvidé por
completo de él; en caso contrario, lo habría incluido.
No me gusta que las antologías presenten los relatos uno tras
otro, a palo seco, como si fuera una ristra de chorizos. Por eso en El círculo... hice un fix up. Pero no
quería repetir esa técnica en la nueva antología, así que lo que he hecho es
presentar cada relato con una breve introducción. De ese modo el texto queda
más próximo y personal, ¿no?
Pues bien, ya está. Moví el original
y Random House se interesó por él, aunque luego su publicación se ha retrasado
bastante. Pero ahí lo tenemos ya, en las librerías.
Supongo que ahora se planteará la
cuestión de cuál es mejor antología, El
círculo de Jericó o Trece monos. Sinceramente, no lo sé.
En la primera había tres historias muy potentes: El rebaño, mi relato más conocido, celebrado y reeditado; La pared de hielo, de cuya estructura me
siento muy satisfecho (aunque no tanto del resto); y La casa del doctor Pétalo, quizá mi texto más inspirado (aunque no
necesariamente el mejor). Esas tres narraciones, lo quiera o no, forman parte
de la historia de la cf española, y es muy difícil luchar contra los mitos, por
minúsculos que sean.
Por otro lado, ahora... en fin, no
sé si soy mejor escritor que entonces, pero estoy seguro de que domino más la técnica.
Creo que en 1995 no habría sabido escribir un relato como, por ejemplo, Cuento de verano. Todo lo que puedo
decir es que estoy satisfecho con cada uno de los cuentos que aparecen en Trece
monos. En ellos está lo mejor de mí mismo, aunque no sé si eso es mucho
o poco.
Pero claro, un escritor es el peor
juez de su propio trabajo. Así que ni lo intento. De lo que sí me he dado
cuenta es de que he cambiado. Me he vuelto más escéptico y más pesimista. Lo
cual no quiere decir que esta nueva antología sea lóbrega y oscura, ni mucho
menos. Al contrario, en ella hay mucho humor, más que en El círculo de Jericó, y algunos relatos, como Cuento de verano o Ensayo
general, son abiertamente humorísticos. Pero es un humor descreído, ácido,
el humor de alguien que prefiere la risa a la esperanza. Como señala Juanma
Santiago en su introducción, la novela corta Naturaleza humana contiene, de lejos, mi visión más negativa sobre
la humanidad.
Y para finalizar, dos cuestiones. En
primer lugar: ¿por qué la antología se llama así? Pues veréis, tenía yo
totalmente lista la antología, pero no se me ocurría ningún título.
Afortunadamente, mi buen amigo Ricard Ruiz Garzón sugirió uno que nos convenció
a todos: Trece monos. En fin, “trece” porque el libro contiene trece
historias. Pero, ¿por qué “monos”? La respuesta, que no tiene nada que ver con
el film de Terry Gillian, la encontraréis en el libro. Pero os adelanto que uno
de los relatos se llama Cien monos.
En segundo lugar, la portada. ¿Os
gusta? A mí me encanta. Cuando el departamento de arte de Random House nos la
presentó, todos, editores, asesores y el autor, nos entusiasmamos. Hace poco,
en un blog literario, la consideraban una de las mejores portadas del año.
Estoy de acuerdo. Esta mañana he visto el libro en la mesa de novedades de una
librería y destacaba claramente sobre el resto de los títulos. Es una portada estupenda.
Y ya está. Pero hay algo que no me
explico: ¿qué coño hacéis ahí leyendo en vez de correr a la librería más
cercana para comprar el libro? Jesús del Gran Poder, cuánta desidia...
















