
Hace mucho tiempo, quizá a comienzos de los 70, mi padre me contó el argumento para un relato que no sé si llegó a escribir. Lo he recordado porque está relacionado con el tema de la anterior entrada.
El asunto gira en torno a Jorge Bustamante, un famoso autor de teatro que muere dejando una obra póstuma. Su viuda, una gran actriz, la estrena, obteniendo un éxito colosal. La crítica se muestra unánime: se trata de una obra maestra indiscutible; con gran diferencia, el mejor trabajo del autor y un broche de oro para su talentosa carrera.
Un día, semanas después del estreno, un joven periodista entrevista a la actriz. Le pregunta sobre todo acerca de su célebre y difunto marido, ya que es un gran admirador suyo, y ella, enternecida por la devoción que muestra el joven, le dice al finalizar la entrevista:
-¿Quiere conocer un secreto acerca de la última obra de mi esposo?
-Claro -responde el joven.
-Pero, si se lo cuento, no podrá publicarlo.
-Como usted desee, señora. Seré discreto.
La actriz reflexiona unos instantes y, finalmente, dice:
-Nos conocimos hace casi treinta años, cuando yo empezaba a cosechar mis primeros éxitos como actriz y Jorge sólo era un desconocido aspirante a escritor. Vino a verme a mi camerino; traía el libreto de una obra que acababa de escribir y quería que yo lo leyese para conocer mi opinión. Me cayó bien, así que accedí y me llevé a casa el libreto. Al principio comencé a leerlo con escepticismo, pues la mayor parte de las primeras obras son muy deficientes, pero el texto no tardó en atraparme. Mejor dicho, en apasionarme. Lo leí de un tirón y nada más acabar fui plenamente consciente de que era la mejor pieza teatral que había leído en mi vida, una obra maestra indiscutible. Entonces, me reuní con Jorge y le di un consejo: escribe otra obra y yo misma la estrenaré, pero este trabajo guárdalo y no lo hagas público hasta el final de tu carrera. Es demasiado bueno; si comienzas tan alto, pasarás el resto de la vida eclipsado por el éxito de esa primera obra magistral. -La actriz suspira y concluye-: Afortunadamente, Jorge me hizo caso.
El periodista, boquiabierto, musita:
-Entonces, la obra póstuma de Jorge Bustamante...
-No es el último trabajo de mi marido -asiente ella-. Fue el primero.
Bueno, más o menos era así, aunque mi padre lo habría narrado mejor. La verdad es que siempre me ha parecido un excelente argumento. Si mi padre llegó a escribirlo, debió de ser en formato guión para su programa de radio Confidencias, pero no lo sé a ciencia cierta.
La pregunta es: ¿fue El Coyote una losa para José Mallorquí? No lo sé, supongo que hasta cierto punto sí. Lo que pasa es que, al poco de concluir la serie que le hizo mundialmente famoso, mi padre abandonó el mundo de la literatura popular para convertirse en escritor radiofónico, una actividad que le granjeó nuevos y diferentes éxitos. De todas formas, pese a ello, pese a todo lo que hizo antes y después, hoy en día se le recuerda fundamentalmente por su alter ego enmascarado: don César de Echagüe, El Coyote.