Pocas cosas dan tanta pereza como
discutir sobre cuestiones en las que es imposible ponerse de acuerdo. Eso
sucede con la religión, por ejemplo: jamás un ateo convencerá a un religioso y
viceversa, y lo mismo ocurre con la política, los toros o el nacionalismo. El
problema es que en estas cuestiones interviene en gran medida el factor
emocional, y se puede debatir civilizadamente en base a razones, pero no
enarbolando sentimientos.
Uno de esos temas controvertidos es
el del aborto, que tan de moda está
ahora gracias (?) al proyecto de ley Rajoy-Gallardón (porque, no lo olvidemos, dicha
ley no solo está impulsada por ese ministro que tanto se parece al señor Smithers
de los Simpson, sino también por nuestro ínclito presidente de gobierno). Voy a
intentar dejar clara mi posición al respecto: Creo que la mujer es la única que tiene derecho a decidir sobre lo que ocurre con su
cuerpo, y eso afecta a algo tan determinante como el embarazo. Así pues, creo
que el aborto es un derecho inalienable de la mujer. Con ciertos límites; en
concreto, el momento en que el feto pueda llevar una vida independiente de la
madre, salvo que la salud de ésta corra peligro. La actual ley de plazos
establece ese límite en 14 semanas, y mí me parece bien porque está claro que
un feto de 14 semanas no puede llevar una vida independiente.
Bien, ésa es mi posición, pero no el
tema que pretendo debatir aquí, de modo que no pienso entrar al trapo de si el
aborto es moralmente bueno o malo. Porque de lo que quiero hablar es de la
hipocresía de ese proyecto de ley y de muchos antiabortistas. Y lo voy a hacer
utilizando sus mismos argumentos.
La única razón para oponerse al
aborto es considerar que el feto, desde el momento de la concepción, es un ser
humano con los mismos derechos que cualquier otro ser humano, como tú, el
vecino o quién sea. Yo no lo creo, igual que no creo que una bellota germinada
sea una encina, pero lo que yo crea o deje de creer carece de importancia. El
caso es que ése es el principal argumento de los antiabortistas: que los fetos
son desde el primer instante seres humanos con todos sus derechos plenamente
vigentes. Prueba de ello es que los antiabortistas, en sus campañas, nunca
muestran la imagen de un feto de 14 semanas, que viene a tener el tamaño de un
ratón, sino fotos de sonrientes y rollizos bebés de ojos azules y varios meses
de edad. Es decir, que para ellos un feto y un niño son lo mismo (con la única
salvedad de que el niño sale mejor en las fotos). Por tanto, un aborto es un
asesinato.
Pues bien, como mero experimento
mental, vamos a aceptarlo. Y a partir de aquí, ojo, no voy a argumentar en base
a mi punto de vista, sino siguiendo el criterio de los antiabortistas.
Según el proyecto de ley
Rajoy-Gallardón, para poder abortar legalmente sólo existirán dos supuestos:
Violación o riesgo para la salud de la madre. Sobre el segundo supuesto
podríamos hablar mucho, pero sería más farragoso, así que vamos a centrarnos en
el primero, la violación.
Una mujer es violada y queda
embarazada. El violador es un hijo de puta sobre el que debe recaer todo el
peso de la ley, en eso estamos todos de acuerdo. Ahora bien, ¿qué culpa tiene
el feto de los delitos de su padre biológico? Ninguna, es un ser totalmente
inocente. Y además, según hemos aceptado, es un ser humano en plenitud de sus
derechos. Sin embargo, la ley Rajoy-Gallardón ¡permite el asesinato de un
inocente niño!
No lo entiendo.
Y hay otra cosa que no entiendo.
Gallardón ha insistido mucho en que su ley (y la del presidente) "libera a
la mujer de la posibilidad de sufrir cualquier reproche penal". Es decir,
que una mujer podrá asesinar a su hijo y quedar legalmente impune. Pero, vamos
a ver, ¿no hemos quedado en que un feto, cualquiera que sea su estado de
desarrollo, tiene los mismos derechos que tú y que yo? Entonces, una madre que
comete el horrible crimen de matar a su hijo debería ser juzgada por asesinato,
con las agravantes al menos de parentesco, alevosía y abuso de superioridad.
Pero por algún extraño motivo, no es así.
Continuemos con mi incomprensión.
Una mujer que se someta a un aborto ilegal no será perseguida legalmente; sin
embargo, el médico que la asista sí. O sea, que contrato a un asesino a sueldo
para matar a mi hijo y, si nos pillan, al asesino le enchironan, pero yo, pese
a ser inductor del delito, me quedo tan pancho. Sé que me repito, pero no lo
entiendo.
Una última perplejidad. El médico
que realice un aborto ilegal se arriesgará a una pena de tres años de cárcel.
¿Sólo tres años? Porque, a ver si me entero, el asesinato en España se castiga
con un máximo de 25 años de cárcel. Matar a un feto, según hemos aceptado, es
exactamente lo mismo que matar a un adulto, ¿no? Entonces, ¿por qué matar a un
feto tiene ocho veces menos pena que matar a un señor de Cuenca o a un bebé sonrosado?
En fin, es como si el feto fuese
igual que un lustroso bebé, pero no del todo. Como si tuviera los mismos
derecho que cualquier adulto, pero sin pasarse. Como si, jurídicamente, los
fetos no fueran seres humanos al cien por cien, sino ¿la octava parte de un ser
humano?
Nada de eso tiene sentido; es pura
arbitrariedad.
Si realmente crees que un feto de 14
semanas es exactamente lo mismo que una persona hecha y derecha, entonces
estarás en contra de cualquier forma de aborto, sin excepción alguna. Yo no
comparto la premisa inicial, pero, en buena lógica, si la aceptas la única
conclusión coherente es esa.
El proyecto de ley Rajoy-Gallardón
es, por su parte, pura incoherencia, y sólo se entiende si lo examinamos desde
cierto punto de vista: el de la hipocresía.
Para contentar a sus votantes más
recalcitrantes (la extrema derecha) y para devolverle favores a la jerarquía de
la Iglesia, este gobierno nuestro ha decidido convertir el derecho al aborto en
un delito. Pero, claro, eso de obligar a dar a luz a niñas violadas queda muy
mal, así que hagamos una excepción. Y empezar a meter a pobres mujeres en la
cárcel tampoco viste mucho, así que la mujer que aborte ilegalmente
delinque..., pero no delinque. En cuanto a las malformaciones del feto, ahí
también se le puede dar un poco de cancha a la derechona, porque niñas violadas
pariendo en contra de su voluntad y mujeres en la cárcel son imágenes muy
dañinas a la hora de las votaciones. Pero la imagen de un feto con graves
malformaciones puede ser sustituida por la imagen de cientos de bebés
sonrosaditos y tulliditos a punto de ser víctimas del genocidio nazi.
Entre otras muchas cosas malas, ese
proyecto de ley regresivo perpetrado por Rajoy y Gallardón es un bonito
conglomerado de manipulación, incoherencia y arbitrariedad.
Y, por supuesto, de mucha
hipocresía.














