viernes, octubre 11

Gravedad



            Amo el cine casi tanto como amo la literatura. De hecho, como escritor suelo utilizar técnicas de narrativa cinematográfica en mis textos. No soy el único que lo hace; la literatura del siglo XX está influida por el cine, igual que el cine estuvo influido por la literatura desde su nacimiento. Son artes primas hermanas.

            Como lector, ha habido grandes hitos en mi vida, libros que me han maravillado, que me han cambiado aunque sólo sea un poquito. De entre todos ellos destaca, con gran diferencia uno que leí cuando tenía 17 o 18 años; en realidad dos: Ficciones y El aleph, de Jorge Luis Borges. Nunca había leído nada igual; fue una especie de epifanía, como cruzar una puerta que te conducía a un universo paralelo. En realidad, leer los relatos de Borges supuso una experiencia que trascendió lo literario y me llevó a... no sé, lo metafísico, lo numinoso, o quizá más bien lo lisérgico. ¿Podemos llamarlo experiencia iniciática? Pues como escribo yo y el blog es mío, podemos. Fue como tomarse un tripi.

            El equivalente cinematográfico de esto ocurrió cuando, teniendo yo 16 años, fui con mi padre a ver 2001: Una odisea del espacio. Levité sobre el asiento. Vamos a ver, yo era un pirado de la ciencia ficción y, de repente, veía de forma absolutamente verosímil lo que tantas veces había leído. Es decir: nunca había visto nada igual; aquello era un experiencia totalmente nueva. Tened en cuenta que, hasta entonces, los efectos especiales más elaborados habían sido los de, no sé, Planeta prohibido quizá. Y son de barraca de feria, podéis comprobarlo en YouTube. Pues bien, de repente te encuentras con unos efectos totalmente realistas y te quedas con la boca abierta. De hecho, pese a los 44 años que han transcurrido desde su estreno, y pese a estar realizados con la clásica técnica analógica del caché/contracaché, los efectos de 2001 siguen siendo asombrosamente eficaces.

            Pero no solo era la perfección técnica de la película, sino también los temas que trataba -clásicos de la cf: el primer contacto, la exploración espacial, la inteligencia artificial-, la majestuosa dirección, la música, las coreografías en gravedad cero... En fin, no voy a enrollarme. 2001 era, y es, sobre todo un grandísimo espectáculo, con sus rutilantes 70 mm proyectados en una pantalla gigantesca. Fue una experiencia del todo nueva, una experiencia que trascendía lo narrativo para adentrarse en lo puramente sensorial. Eso sí que era como tomarse un tripi. De hecho, así se anunció la película: 2001 a space odyssey. It's a trip.

            Más  tarde vi en el cine otros grandes espectáculos visuales basados en efectos especiales: Star Wars, Encuentros en la tercera fase, Matrix, El señor de los anillos, la más bien tonta Avatar... Pero, con independencia de lo mucho o poco que me gustaran esas películas, ninguna supuso la experiencia alucinada que fue para mí 2001. La verdad es que, saturado como estoy por la sobreabundancia de efectos especiales cada vez más perfectos, pensaba que ya nada podría sorprenderme. Me equivocaba, porque lo importante no es la perfección técnica de los efectos, sino el uso que se haga de ellos.

            El pasado domingo tuve el gozoso privilegio de volver a zambullirme en la misma epifanía que sentí cuando presencié 2001. Vi algo que jamás había visto, una experiencia sensorial y lisérgica totalmente nueva. Vi Gravity, de Alfonso Cuarón. Y me quedé con la boca abierta.

            Tanto 2001 como Gravity están ambientadas en el espacio, pero no pueden ser más distintas. 2001 es una historia grandiosa que abarca millones de años y afecta a toda la humanidad, mientras que Gravity es una historia pequeña que sólo atañe a un par de personas. Por otro lado, cabría preguntarse si mi afición a la ciencia ficción no influye en lo mucho que me gustan ambos films. Y la respuesta es sí, claro que influye. Pero hay algo más. Desde siempre, el firmamento nos ha fascinado; tanto, que hemos situado allí la morada de los dioses. Y también ha formado siempre parte de la poesía; ¿cuántos poetas han hablado del Sol la Luna y las estrellas? El firmamento, el espacio exterior, es poesía cósmica. La música de las esferas. 2001 trasmite esa poesía, una poesía fría y grandiosa que me recuerda a los versos de Borges. Gravity también emana poesía, pero una poesía íntima y cálida; aunque en el fondo, ambos films son epopeyas.

            La historia de Gravity es muy sencilla: Durante un paseo espacial rutinario, dos astronautas, la doctora Stone y el veterano Kowalsky, -interpretados por Sandra Bullock y George Clooney- sufren una accidente causado por el impacto de los restos de un satélite contra el transbordador espacial en el que viajaban. Ambos se quedan flotando en el espacio y su única posibilidad de volver a la Tierra es llegar a la lejana estación espacial china, que cuenta con una cápsula de reentrada.

            Todo el metraje del film simula la gravedad cero (de ahí el título), y la mayor parte del tiempo los personajes están enfundados en trajes espaciales. De hecho, la película comienza con un plano secuencia de 17 minutos (¡) que muestra el paseo espacial de tres astronautas y el accidente.

            Los efectos especiales son (casi) perfectos. Eso significa que lo que vemos parece totalmente real. Por otro lado, la cámara se mueve en gravedad cero, vuela. Si os paráis a pensarlo, todas las películas son bidimensionales, porque la cámara está, o se desplaza, en un plano de dos dimensiones (el suelo). También hay movimientos de grúa que añaden la tercera dimensión, es cierto, pero sólo ocasionalmente. En Gravity, la cámara siempre se mueve majestuosamente en un espacio de tres dimensiones donde no existe el arriba y el abajo.

            Por otro lado, a la fascinante belleza de las imágenes se une la no menos fascinante coreografía de la gravedad cero, donde cada acción lleva consigo una reacción. Si empujas algo hacia delante, te verás proyectado hacia atrás con la misma fuerza. Eso ocurre con todos los objetos y personajes que aparecen en pantalla, componiendo un hipnótico ballet espacial coreografiado por Newton.

            Pero nada de eso pasaría de ser un ejercicio de estilo si Cuarón hubiese descuidado los aspectos narrativos y dramáticos de la historia, cosa que no sucede. Por el contrario, el espectador empatiza con la doctora Stone –el trabajo de Sandra Bullock es espléndido-, sufre con ella, lucha con ella, se mete por completo en su piel. Reconozco que en más de un momento me vi a mí mismo aferrado a los brazos de mi butaca por la tensión y el suspense. Hay muchas secuencias maravillosas en esta maravillosa película, pero dos se me han quedado especialmente grabadas. Una, cuando la doctora Stone llega a una estación espacial y, ya en su interior, se quita el traje y se queda flotando en posición fetal. Es como un parto (ella ha vuelto a nacer), pero también, creo, un pequeño tributo a 2001. La segunda secuencia es un primer plano de la doctora Stone llorando, una de las imágenes más poéticas que he visto en mi vida. No explicaré por qué para evitar spoilers.

            Hay un tema controvertido: las 3D. Hasta ahora, se me antojaba una chorrada que lo único que valía es para restar luminosidad a la proyección. En ninguna de las películas que he visto en ese formato –incluida la tan cacareada Avatar- me ha parecido que las 3D aportasen nada. Así que, después de tres experiencias negativas, dejé de ver películas con las gafitas de marras.

            Pero leí varias críticas donde se decía que en este caso las 3D eran imprescindibles, de modo que volví a ponerme las gafas polarizadas. Afortunadamente. Es la primera película que he visto donde las 3D contribuyen significativamente a la experiencia cinematográfica. Entre otras cosas porque, como he dicho antes, en este film la cámara se mueve en tres dimensiones. Sea como fuere, las extraordinarias 3D de Gravity contribuyen a que te metas más en la historia, a que la sensación casi física de estar allí, flotando en el espacio, sea abrumadora.

            ¿Es  Gravity un film de ciencia ficción? Pues la verdad es que no; toda la tecnología que aparece en pantalla se corresponde con la actual. Aunque, por otro lado, hay una estación espacial china, y los chinos tienen previsto situar en órbita su estación para el año 2023. Así que la película transcurriría al menos diez años en el futuro. Pero da igual; si te gusta la ciencia ficción, el film de Cuarón te encantará. Y si no te gusta, también.

            En fin, amigos míos; en la anterior entrada os recomendaba un libro un poco friki. En ésta os recomiendo una gran película para todo el mundo. Id a verla, en las puñeteras 3D, porque vale la pena. Es espectacular, es poética, es emocionante, es grandiosa e intimista a la vez, es algo que nunca antes habéis visto, una experiencia sensorial totalmente nueva.

            ¿Qué demonios hacéis ahí sentados leyendo esto? ¡Corred a ver Gravity! ¿Acaso no ha quedado claro que es una pequeña –o grande, no sé- obra maestra?
 
 

11 comentarios:

  1. Anónimo12:32 p. m.

    La veré. Ya sois demasiada gente la que me lo ha dicho. ¡Gracias por la recomendación!

    Rickard

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  2. Pues la vi este pasado fin de semana y me pareció una experiencia abrumadora. Es de esa clase de películas que, cuando sales del cine, no sabes muy bien como valorarlas por no poder compararla con nada visto hasta la fecha. Que yo recuerde, ese estado de shock solo lo había sentido viendo Pulp Fiction y, probablemente, porque era un adolescente.
    La historia es sencilla, pero el movimiento de cámara del maestro (si, ya ha llegado a ese nivel) Cuarón hace que te sumerjas no solo en la piel, sino en el alma de los personajes. Otra novedad que aporta, en este caso las 3D, es ser capaz de dotar de mayor dramatismo a las escenas (y aquí me refiero a esa que mencionas del primer plano de la mujer llorando). Puede que juegue un poco con nuestro subconsciente, pero quien no se emocione en ese tramo es que está muerto (o dormido, que alguno vi).
    También es cierto que tiene más de ciencia que de ficción, aunque hay algún momento en que puede resultar inverosímil. Pero si uno quiere una película de ciencia-ficción solo tiene que visitar (en mi caso sería re-visitar por décima u onceava vez) el anterior film de este mismo director, "Hijos de los hombres". También con unos falsos planos secuencia interminables (marca de la casa) y una historia algo más convencional, pero igualmente fascinante.

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  3. Anónimo4:35 p. m.

    casualmente esta mañana le dijo a mi hija de ir a verla, vi el cartel en una parada de autobus.

    Por cierto César, has escrito alguna vez un guión de cine?.

    sds
    Mazarbul

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  4. Saludos, César:

    Confieso que te envidio un poquito, César. Yo nunca pude ver en pantalla de cine 2001 A Space Odyssey. La descubrí de madrugada en la Segunda Cadena de TVE, cuando era un adolescente y, aunque ya había leído sobre ella y me atraía, me sentí atrapado por el film de una manera parecida a la que despertó en mí el visionado de Solaris -la de Tarkovsky, aunque la de Sóderbergh también me gustó de otra manera- también de madrugada en la Segunda. Es una película que no deja indiferente a casi nadie: o la adoras, o la odias.
    Y coincido en que lo mejor de ella son los temas que trata, antes que sus efectos especiales. Aunque estos han influido en otros filmes tales como Naves silenciosas (Silent Running, 1972, Douglas Trumbull), el tema de la Inteligencia Artificial cabrona (HAL) que va cargándose a los seres humanos poco a poco para que no estorben el objetivo final de la misión, se repite en Alien con el androide Ash, por ejemplo.
    Su adaptación al cómic fue realizada para Marvel por Jack Kirby -supongo que lo conocerás-, que posteriormente realizó una serie de comic books usando y siguiendo los temas de la película y el cuento (anterior) y la novela (posterior) de Arthur C. Clarke.
    ¿No viste Blade Runner? Es raro que no la nombres, pues fue influyente sobre todo en la estética futurista sucia, además de dejar un soliloquio para la posteridad. Y también trata algún tema interesante.
    No he visto aún Gravity. Cuando vi el anuncio, no me interesó mucho -no soporto a Sandra Bullock, aunque soy fan de George Clooney-, pero ya he leído dos críticas muy buenas sobre ella, de gente que me merece un respeto, así que me parece que este fin de semana caerá.

    Un saludo

    Juan Constantin

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  5. Rickard: Te gustará, ya verás.

    Mazcota: Totalmente de acuerdo contigo, amigo mío. En cuanto a "Hijos de los hombres", es una excelente película, pero no el espectáculo sensorial que es "Gravity". Nada en Cuarón (ni en nadie, si vamos a eso) hacía prever algo así.

    Mazarbul: Pues sí, he escrito más de un guión de cine. La mayor parte no llegaron a producirse, y los que acabaron en rodaje fueron tan masacrados que más vale olvidarlos.

    Juan Constantin: "Blade Runner" me gusta muchísimo. De hecho, está entre las, digamos, cinco películas de cf que más me gustan. Y reconozco su influencia. ¡Coño!, pero si el cyberpunk se lo debe casi todo a esa película. Es una obra maestra, pero por otros motivos. No es algo tan radicalmente nuevo como lo fue "2001" y ahora es "Gravity", ni tampoco es un abrumador espectáculo visual/sensorial.

    En cuanto a Sandra Bullock, créeme, está espléndida.

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  6. Tengo entradas para verla esta tarde precisamente. Anda que como no me guste, voy a quedar de rarito, pero si es así lo diré en este animado debate de todas formas.

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  7. Anónimo6:41 p. m.

    Gracias por la recomendación. La pensaba ver de todas formas, pero ni me había planteado lo del 3D hasta que leí tu reseña.

    Me sumo a las recomendaciones: es una peli imprescindible. Cuesta creer que desde "2001..." nadie se hubiera planteado hacer una película del espacio de verdad... todavía me acuerdo en, no sé si "La guerra de los clones" o una de estas, que cuando el destructor imperial se "inclinaba" los protas se "caían". Eso me desconectó totalmente de la película.

    Por cierto, he aquí un análisis riguroso de aciertos y fallos científicos y ténicos de la mano de Daniel Marín, un "friki" de la cosa espacial.

    Para mi la epifanía vino de "Naves del espacio "(silent runnings) que vi siendo realmente pequeño (¿8 años?) pero que se me quedó grabada en las retinas. Sí, no era una película que respetara mucho las leyes de Newton, tal y como hemos visto en "Gravity" y "2001...", pero con esa edad fue algo inolvidable.

    "2001..." la vi de adolescente y me impactó muchísimo. Al día siguiente me leí el libro con ansia. A pesar de ese impacto, no recuerdo bien las circunstancias en que la vi, aunque sospecho que fue en cine y no en TV: esas gloriosas tardes de sesión continua que ya se han perdido como lágrimas en la lluvia...

    Para finalizar, de las escenas que más me impactaron de "Gravity" fue al final... no quiero dar datos para quien no la haya visto (atención: ¡¡¡destripeesss!!!)

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    Me refiero a cuando Ryan trastabilla al ponerse en pie cuando llega a la orilla: lógico tras la habituación a gravedad 0. Pero yo ahí vi otro guiño a "2001..."

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  8. Ya la he visto y como prometí, me integro de nuevo al debate.
    La película es, como todo el mundo ha dicho aquí y en otros foros igual de respetables, fantástica desde muchos puntos de vista. Para mi modesta opinión lo mejor que tiene es el ritmo dramático y la narrativa, pues está hecha de tal manera que te engancha nada más empezar y no te suelta hasta que aparecen los créditos. Eso solo se ve en películas bien hechas. Olé.
    Los peros están explicados en el enlace que tan amablemente ha puesto a nuestra disposición Manolo. Quizá no haya que darle importancia, pero yo sí se la doy. Como al hecho de que (atención voy a contar el final) americe en un lago justo a veinte metros de la orilla. Vaya potra.
    Ni que decir tiene que la sensación de ingravidez está logradísima. De hecho os juro que durante la proyección pasaron por delante de mis ojos varias bolsas de palomitas flotando con lentitud hacia la pantalla, y alguna chaqueta perseguida por su dueño que trataba de asirla desesperadamente. Menos mal que yo estaba bien sujeto a mi asiento con mi arnés.
    NO dejéis de llevarlo los que aún no la habéis visto.

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  9. Anónimo12:21 a. m.

    Hola César, gracias por la recomendación cinematográfica, la tendré en cuenta...

    Mi pregunta es que si has leido algo de la recientemente galardonada con el premio nóbel, Alice Munro?

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  10. Manolo: Hacer una película del espacio "de verdad" era dificilísimo, porque no existía la tecnología necesaria. De hecho, Cuarón tuvo que esperar 7 años desde que parió el guión hasta que pudo realizarlo, porque hubo que desarrollar esa tecnología.

    Sí, es posible que el final también contenga una referencia a "2001".

    Samael: ¿En "Gravity" hay errores científicos? Por supuesto; los que menciona el enlace y otros, como uno que he visto repetido por la Red: el pelo de Sandra Bullock no flota. Con todo, el principal error (aunque yo lo llamaría licencia) es situar a tan poca distancia el Hubble, la Estación Internacional y la estación china. Pero es que, de no ser así, no habría película.

    Y ahí está la clave: "Gravity" no es un documental, ni una pieza de divulgación científica. Es una película dramática. Aún así, quizá sea la peli del espacio más fiel a la realidad jamás filmada. En una entrevista a Pedro Duque que escuché por radio, este afirmaba que las imágenes del film reproducían con mucha fidelidad la experiencia de un paseo espacial.

    En cualquier caso, he comprobado que los propios científicos que han señalado los errores, confiesan que se lo pasaron de maravilla viendo la película.

    Una película, no un documental.

    Anónimo de las 12:21: Confieso con vergüenza que jamás he leído un relato de Alice Munro.

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  11. Desde luego vale la pena verla, y las gafas de 3D son imprescindibles.

    También hay que reconocer que el género al pertenece es el porno: 100% excitación visual, montada en un argumento que no tiene ni finge tener el más mínimo sentido.

    Cuando ella está en la estación rusa y de repente aparece un incendio de la nada para que ella tenga que salir y la lluvia de basura espacial la pille fuera, yo ya desconecté la parte del cerebro que gestiona el argumento de las cosas.

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