martes, marzo 3

Es ilógico, capitán.



            ¿Cuál es el personaje de ciencia ficción (cf) más famoso del mundo? Probablemente Superman. Pero también el monstruo de Frankenstein. Y Darth Vader, Terminator o Alien. Es curioso, los tres últimos (cuatro si incluimos al monstruo) son villanos. Ahora bien, ¿cuál es el personaje de cf más famoso y querido? Sólo se me ocurre una respuesta: el señor Spock, de Star Trek.

            Pues bien, el pasado 27 de febrero murió Spock. No, miento; el vulcaniano sigue vivo, reencarnado (y muy bien, por cierto) en la figura de Zachary Quinto. En realidad, quien ha muerto es Leonard Nimoy, el primer y genuino Spock, el actor que lo interpretó en la serie original y en ocho películas.

            Supongo que para alguien que se ha criado viendo las pelis de Star Wars debe de resultar difícil de entender el impacto que para algunos pirados supuso la serie Star Trek (1966-69). A fin de cuentas, los efectos especiales eran cutres, los decorados de cartón piedra y el maquillaje de los extraterrestres de pacotilla. ¿Qué tenía de especial para acabar convirtiéndose en un mito popular?

            Star Trek era algo que no se había visto jamás en TV: un space opera moderno. Hasta entonces, la mayor parte de los productos audiovisuales de cf eran creados por personas ajenas al género, pero Star Trek provenía de las entrañas mismas del género. Eso queda patente en sus guiones, muchos de ellos escritos por prestigiosos autores de cf como Harlan Ellison, Theodore Sturgeon o Robert Bloch, o adaptados de relatos tan famosos como Arena, de Fredric Brown. En resumen: Star Trek ofrecía mejor y más genuina cf que cualquier otra producción audiovisual de la época.

            Star Trek estaba ambientado en un universo más o menos coherente y fue construyendo una mitología propia. Ambos factores, universo y mitología, daban solidez a la serie y permitieron, posteriormente, que su concepto se multiplicara en diversas producciones situadas en el mismo escenario.

            Los efectos especiales de Star Trek son cutres comparados con los actuales, pero durante la segunda mitad de los 60 resultaban sorprendentemente buenos, sobre todo tratándose de TV. Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, la película con mejores FX de tipo espacial era Forbidden Planet (1956), que vistos hoy resultan irrisorios. 2001 aún no se había estrenado.

 
           Star Trek respiraba un aura liberal. En el futuro que mostraba había igualdad entre nacionalidades, razas y sexos. Una  curiosidad: fue la primera serie en la historia de la TV que mostró un beso interracial; el que se daban el capitán Kirk y la teniente Uhura en el capítulo 10 de la tercera temporada. Por otro lado, Star Trek presentaba un futuro optimista, algo muy de agradecer para los espectadores de entonces, en plena guerra fría y bajo la amenaza de una guerra nuclear.

            Y lo más importante de todo: Star Trek era una serie de personajes centrada en un trío de caracteres perfectamente ensamblado. El impulsivo y simpático Kirk, el malhumorado y prudente doctor McCoy y el frío y racional Spock. Tres personajes opuestos entre sí, y sin embargo unidos por la amistad (aunque no paraban de discutir). No solo es que fueran buenos personajes, es que además el casting era perfecto. A esto hay que añadirle el sentido del humor y un aire desenfadado muy agradable.

            Creo que esos fueron los principales factores que acabaron convirtiendo a Star Trek en el mito popular que ahora es. Lo cual no significa que fuera una serie perfecta, ni mucho menos. La dirección de arte y los decorados eran muy deficientes, muchos episodios eran malos e incluso ridículos y la realización dejaba mucho que desear. Pero el producto tenía algo muy valioso: le caía bien a la mayor parte de los espectadores. Era simpático. A lo largo del tiempo he oído a gente poniendo a parir Star Wars, pero jamás he escuchado a nadie echar pestes de Star Trek (aunque sí de algunas de sus películas cinematográficas, y con razón).

            Pero hay un factor más: un personaje carismático que enlazaba emocionalmente con el público. Me refiero, claro, al señor Spock. Pero, ¿qué tenía el vulcaniano de especial? Pues algo que por entonces era nuevo e incluso revolucionario (a pequeña escala, claro). Hasta ese momento, la fría racionalidad sin emociones solía presentarse como una actitud negativa, inhumana y, en última instancia, peligrosa. Sin embargo, Spock demostraba que la fría racionalidad conducía a la ética, y que eran las emociones lo que con frecuencia llevaban al desastre. Según la lógica de la serie, Spock era bueno, porque ser bueno es lo racional. Eso no lo había dicho nadie, al menos en TV. Si a esta peculiaridad le añadimos un aspecto físico muy reconocible –ese peinado raro, esas orejas puntiagudas y esas cejas perpetuamente alzadas-, pues ya tenemos un bonito arquetipo.

            Leonard Nimoy encarnó perfectamente a Spock. Porque, no nos engañemos, Nimoy era un actor muy limitado y muy, pero que muy, inexpresivo. Es decir, el actor perfecto para encarnar a un hierático extraterrestre carente de emociones. Al final, el personaje acabo devorando al actor; a partir de su intervención en la serie, Nimoy ya sólo era y sólo podía ser Spock. Pero también es verdad que ese personaje le convirtió en un icono y en un mito del siglo XX. Después de todo, no está tan mal.

            Supongo que todos conocéis la historia de la serie. En su primera emisión no fue ni mucho menos un éxito, y si duró tres temporadas fue por el empeño de la empresa que la producía, Desilu. Lo que no sé si sabéis es que la productora Desilu pertenecía a la famosa actriz de comedia Lucille Ball. El caso es que, tras el relativo fracaso de sus emisiones iniciales, Star Trek se popularizó masivamente gracias a las reposiciones en las emisoras locales. En 1979 llegó la versión cinematográfica y luego vino todo lo demás.

            Yo, por aquel entonces un teenager pirado por la cf, era fan de Star Trek. Pero no me interesaron lo más mínimo las series posteriores: la Nueva Generación, o Espacio Profundo, o Voyager, o Enterprise (a decir verdad, de las tres últimas no he visto ni un solo episodio). La Nueva Generación contaba con muchos más medios y mucho mejores efectos especiales. Pero me parecía un producto de laboratorio sin alma, puro marketing. De hecho, le faltaba lo fundamental: personajes con garra. Por ejemplo, el equivalente a Spock en esa serie era Data, un robot sin emociones humanas (vaya, qué original). Pero Data no le llegaba ni a la altura de los zapatos al vulcaniano. En mi opinión, a la Nueva Generación le faltaba la frescura que derrochaba la serie original.

            Por último, nos ha llegado el reboot cinematográfico de Star Trek, con dos películas hasta ahora: Star Trek (2009) y Star Trek: En la oscuridad (2013).

Y está bien, me gusta. J. J. Abrams, que es muy listo, entendió cuál era la razón del éxito de la serie y volvió al principio, a los orígenes, a los personajes iniciales –Kirk, McCoy y Spock-, interpretados por otros actores de características similares a los originales (resulta asombroso el parecido entre DeForest Kelley y Karl Urban, los actores que han encarnado al doctor McCoy en la serie original y en el reboot, respectivamente).

            En fin, ya era un hombre muy mayor, pero lamento la muerte de Leonard Nimoy. Su Spock forma parte del paisaje de mi adolescencia y primera juventud. Tan es así, que mi último perro (allá por los 80), un encantador y enorme mastín del Pirineo, se llamaba Spock. Era un pequeño homenaje. Esta entrada también lo es.
 
 

2 comentarios:

  1. Anónimo4:05 p. m.

    Coincido en todo lo que dices. Tú llamaste Spock a tu perro y yo me disfracé de Spock en el Halloween de hace dos años.

    Yo nací en el 70 y soy, por tanto de la generación de Star Wars. Conocí Star Trek a través del cine y no fue sino varios años después cuando, gracias al DVD llegué a ver la serie original y me enamoré completamente de ella hasta tal punto que, hoy día, soy más fan de Star Trek (de la serie original) que de Star Wars.

    Estoy de acuerdo en tu análisis de la serie, en lo bueno y en lo malo pero dejando claro que sus virtudes superan con mucho (o nos hacen olvidar) sus defectos. En concreto me quedo con una de las cosas que mencionas: yo creo que la serie me gusta tanto porque, a pesar de todo, es radicalmente optimista en cuanto al ser humano y al futuro del ser humano. De hecho, siempre que me encuentro anímicamente mal por algún motivo, deprimido o cabreado tengo un excelente remedio: me pongo algún capítulo, el que sea, de la serie de Star Trek y es seguro que termino de buen humor y casi seguro que con una sonrisa.

    Y gran parte de la culpa de eso la tiene Leonard Nimoy y su personaje de Spock, al que queremos tanto no porque no tenga emociones (al contrario) sino porque es capaz de controlarlas y anteponer la lógica cuando es necesario. Ello no quiere decir que las emociones sean negativas, pero pueden serlo cuando no están contrapesadas por la razón y es por eso que funciona tan bien el triángulo Spock-Kirk-MCCoy pues entre los tres representan las tres naturalezas del ser humano: la racional y lógica, la puramente emotiva y la parte que tiene que lidiar entre ambas para hacer lo mejor. ¿Cómo no iba a gustarnos una serie tejida con esos mimbres?

    Así que, sí, echaré de menos mucho a ese entrañable sr. Spock y a todo lo que él representa. Me quedo con la frase que pronuncia acerca de él su viejo amigo el capitán Kirk al final de la segunda de las películas de la franquicia: "De todas las almas que me he encontrado en mis viajes, la suya fue la más... humana."

    Descanse en paz.

    Rickard

    ResponderEliminar
  2. Descanse en paz, Leonard Nimoy.

    Yo tengo que reconocer que si le conocí fue a través de sus apariciones en Los Simpsons (soy del 93).

    Nunca he visto Star Trek, creo que ya es hora de que empiece.

    ResponderEliminar