jueves, mayo 11

Querida Care...

Ayer estuve en Barcelona, dando unas charlas. De hecho, acabo de regresar, así que he encendido el ordenador, he revisado el correo electrónico y me he dado un paseo por los blogs que suelo frecuentar, entre los que se encuentra El aprendizaje de la soledad, cuya dueña y señora es Care Santos. Y he descubierto que ese lugar va a desaparecer. Hoy.

Había quedado a cenar con Care, pero no llegamos a vernos. Care me llamó ayer por la tarde al móvil y me dijo que no podíamos cenar juntos, que estaba pasando los peores días de su vida... luego, me contó lo que le sucedía. Por supuesto, no seré yo quien revele lo que le pasa; aunque al menos me gustaría aclarar –para aquellos que, aunque no la conocen, han aprendido a apreciarla- que su problema no tiene nada que ver con la salud. Care, afortunadamente, está sana como una manzana.

Pero también está hecha polvo. Por eso cierra su blog.

¿Sabéis una de las razones por las que me gusta House? Porque me identifico con el personaje; y no porque yo, como él, sea capaz de detectar el Síndrome de Sjögren en un paciente con sólo echarle un vistazo a la pelusa del ombligo de su abuela, sino porque yo, como él, tengo cierta tendencia a la misantropía. La mayor parte de la gente no me gusta. No es que odie a la raza humana –aunque motivos hay-; es que las personas suelen parecerme aburridas, o mediocres, o malas, o vanidosas, o pesadas, o... vamos, un coñazo. Así que, al igual que House, no hago el menor esfuerzo por ser simpático con las personas que no me gustan.

No obstante, también existe gente extraordinaria. Gente inteligente, o buena, o divertida, o, sencillamente, diferente. No hay muchos, así que conviene cuidarlos, porque son una especie en extinción.

Care Santos es una de esas personas. Inteligente, culta, buena persona, gran conversadora, excelente escritora, dinámica, emprendedora, comprensiva, sensible, bondadosa, leal, expansiva, con un gran sentido del humor... No es lo que habitualmente se entiende por una “tía buena”, pero a los cinco minutos de hablar con ella tienes la sensación de estar con la mujer más guapa del mundo. Posee un inmenso atractivo personal.

Me honra ser su amigo, creedme; es un lujo conocer a alguien tan cojonudo como ella. Y si alguna persona, por alguna extraña ceguera o ofuscamiento, no fuera capaz de darse cuenta de lo maravillosa que es Care, el problema sería de esa persona, no de Care. Porque ella... brilla, es una luz, un refugio, un motivo para creer que la especie humana tiene redención.

Care, tu blog solamente está equivocado en una cosa: el nombre. Tú no necesitas someterte al aprendizaje de la soledad, porque jamás estarás sola.

11 comentarios:

Braulio Llamero dijo...

Bienvenido al Club (de los misántropos).

mazarbul dijo...

Bueno, si no es por salud, un peso menos. Su comentario era tan apocaliptico que hacía temer cualquier tragedia de cama y hospital.
Si os soy sincero no tengo ni idea de qué ha podido moverla a dejar el blog (ya dije que no hace falta escribir a diario, al igual que no estamos obligados a tomar cerveza o leer un libro por obligacion), pero parecia hecha polvo, y bastante. Y siendo tan vitalista y escritora (uno de esos espejos en que nos vemos algunos) y tan buena gente (y no la conozco personalmente) la verdad es que es como un mazazo.
Personalmente le deseo lo mejor. Era uno de mis lugares de paseo habituales.

miwok dijo...

Estoy de acuerdo con todo lo que dices de Care, César, y eso que sólo la conozco de mails(hace años), blogs, y verla en ese extraordinario Sant Jordi. Seguro que le irá bien, volverá y aquí estaremos todos esperándola.

Óscar dijo...

Gracias, César, por compartir que no se trata de un problema de salud. Me has quitado un peso grande de encima.
Por lo demás, suscribo todo lo que has escrito sobre Care.

Anónima de las 9:59 dijo...

La magia del universo virtual hace que respires y vivas con los que has conocido allí.

Yo a Care sólo la conozco por sus libros y su blog. Y la echaré de menos. Y sea lo que sea lo que le duele, lo siento y me duele.

También creo que el cariño y apoyo de sus lectores del blog, puede servirle en los malos momentos.

Y oye César, ¿por qué no avisas de tus "eventos" en el blog?: "Que iré a BCN a dar una charla sobre xxx en tal sitio". Así te podré pagar la que te debo... y si no disfrutar de algún pasatiempo intelectual.

Anónimo dijo...

Yo no conozco a César. Pero después de leer lo que escribe de Care, le aprecio y mucho. Sí conozco a Care, a la misma Care que describe César, la que brilla con luz propia, la inteligente, la divertida, la apasionada, la que regala momento mágicos....
También se que, a pesar del mal momento, volverá con una sonrisa más grande si cabe. Y con la misma fuerza y con tanta pasión como ella acostumbra a conducirse. Y ese dia será cuestión de cruzar una calle de 600 kmts o de 9.000......da igual.....al otro lado estará Care.

Abrazos

Jesús Duce dijo...

Siento lo de Care, amigo César.
Por lo que cuentas, parece una persona excelente, de las que te insulfan energía en el momento que apenas las vislumbras por una esquina, o cuando las recuerdas desde algún resquicio de la memoria, pensando, quizá, en aquello que no le dijiste y que ahora lo harías tan dichosamente a gusto.
Lástima, Care, por tu sufrimiento, por tu abandono. Seres como tú son bien necesarios para que sigamos hablando aquí mismo de cosas hermosas, provocando que nuestros pensamientos nos lleven a buscar a todas aquellas y aquellos Cares que hemos conocido y nos han hecho felices en tantos momentos. ¿Les habremos dado las gracias con justa medida?
Respecto a la misantropía, queridos contertulios, siento deciros que mi opinión es tajante: se trata de una máscara, de un refugio, incluso de una mentira. Somos seres de convivencia y de lucha, de amor y de rechazo. Es verdad que somos contradictorios, pero a una isla desierta siempre me llevaría un buen puñado de personas (y muchos libros).

Braulio Llamero dijo...

Pues yo a una isla desierta me llevaría, como mucho, una persona y no precisamente masculina. Y en vez de libros, ordenador portátil para escribírmelos. En cuanto a lo de la máscara misántropa, querido Duce, la mía, si de verdad existe, está pegada de narices: ni me la noto.

Anónimo dijo...

Gracias, César.
Es un alivio de verdad saber que no es nada de salud el motivo del "Adiós" de Care.
Yo he sido de las afortunadas que sí conozco a Care y somos amigas. Siempre la he admirado, respetado y además le tengo un cariño enorme. Ella prologó mi primera novela. Ahora vivo en Cancún y desde aquí le mando un abrazo... y a ti aunque no te conozca.
C.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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