viernes, septiembre 1

75-74

No soy aficionado a los deportes-espectáculo. Puedo ver un partido de fútbol si es muy bueno y/o emocionante, pero la mayor parte de los encuentros me parecen un coñazo. El resto de los deportes de equipo -con una salvedad- me aburren igualmente, como me aburre el tenis, el golf, el automovilismo o las carreras de ciclistas dopados. No obstante, hay un deporte que puede llegar a apasionarme: el baloncesto. Quizá se deba a que lo jugué cuando era un chavalote y mi metro noventa y dos de altura me convertía en un pívot nato (ahora, esa estatura sería más apropiada para un base). El caso es que, aunque no hago gala de ello, me gusta el baloncesto

Pues bien, hace no mucho escribí aquí un “JA” como la copa de un pino cuando la Selección Española de Fútbol fue derrotada y humillada por la francesa. Puse ese “ja” porque los medios de comunicación habían sobrevalorado hasta el ridículo las expectativas de una selección, la española, que en realidad es mediocre y triste; era un “ja” que equivalía a decir: “menos lobos, caperu”.

Ahora, de cara al Mundial de Baloncesto, los medios han vuelto a loar delirantemente la calidad de nuestra selección. Pero con una diferencia: la Selección Española de Baloncesto sí que es buena, y mucho. Probablemente jamás volvamos a ver un equipo como éste; cuenta con dos cracks absolutos, Gasol y Navarro, pero el resto de los jugadores (magníficos Garbajosa y Rodríguez) tienen un nivel sobresaliente. Y sobre todo, son un equipo tan bien conjuntado, tan rápido y efectivo, que al verlos jugar uno tiene la sensación de que lo que hacen es facilísimo. Pero no lo es, ni mucho menos.

Pues sí, asombra la contundencia con que han ganado todos los partidos... salvo el de hoy contra Argentina. Debo reconocerlo: no lo he podido ver, me ponía demasiado nervioso. Porque ése es el único problema que tengo con el baloncesto: me ponen histérico esas finales apretadas en las que, en el transcurso de un famélico minuto, el marcador puede dar varios vuelcos consecutivos. Pero bueno, al final han ganado los españoles por 75-74, demostrando que nuestra selección tiene lo único que le faltaba para ser una gran campeona: suerte.

Por otro lado, amigos míos, la selección USA ha perdido frente a Grecia por 101-95. Y no sabéis cuánto me alegro. Durante muchísimos años, los yanquis dominaron de tal modo este deporte que se permitían el lujo –y la chulería- de mandar selecciones universitarias a las Olimpiadas o los Mundiales y ganar. Pero ya hace años que eso no sucede; ahora envían profesionales de la NBA... y pierden. Vale, la liga americana es la mejor del mundo, nadie lo duda; sin embargo, el baloncesto americano ya no lo es. Por muchos motivos, pero sobre todo por dos: 1.- Porque el baloncesto mundial (y particularmente el europeo) ha evolucionado muchísimo en las dos últimas décadas. 2.- Porque los jugadores norteamericanos son un prodigio de técnica individual y facultades físicas, pero no tienen ni pajolera idea de jugar en equipo.

Fijaos si no en los últimos minutos del partido Grecia-USA: han sido un auténtico desastre táctico por parte de los yanquis. Daban pena. ¿Y qué me decís de la defensa? Antes era su arma más letal y ahora son un coladero (Grecia les ha encasquetado ¡101 puntos!). Pero hombre, si ni siquiera saben jugar en zona (ni contra ella). Y esas virguerías que se marcan, los mates, los alius, colgarse del aro y todas esas zarandajas, no son más que adornos, pavoneos; se puede hacer lo mismo sin tanto teatro. Pero claro, en yanquilandia lo que manda es el espectáculo, no la verdadera calidad. Y hoy la calidad no está de su lado. En fin, que me alegro mucho de que les sigan bajando los humos a esos gallitos vanidosos.

Volviendo a la Selección Española, jugará la final contra Grecia este domingo a las 12:30. No será fácil ganar; los griegos son una selección compacta y correosa (que se lo pregunten a los yanquis), y la lesión de Gasol deja a los nuestros sin su mejor hombre. Pero da igual; gane o pierda, la Selección Española ha demostrado ser un equipo extraordinario que ha hecho disfrutar de lo lindo a todos cuantos amamos el baloncesto. Hagan lo que hagan, ya se merecen un “OLÉ” por lo menos tan grande como el “JA” de antaño.

4 comentarios:

R. Mármol dijo...

OLÉ

Aquí uno que está totalmente de acuerdo. De lo del partido de Grecia y EEUU no puedo decir nada porque no lo he podido ver, pero los comentarios que me han hecho al respecto coinciden.

Iba a dejar los comentarios al respecto de la selección para cuando hubiera acabado el mundial y creo que lo voy a mantener. Simplemente reitero que estoy de acuerdo con lo que has dicho en esta entrada.

También prefiero el baloncesto a cualquier otro deporte y es el que más me ha hecho vibrar en mi vida. Yo disfruto esos finales apurados, es mi padre el que los sufre en mi caso (creo que no ha llegado a ver un partido entero de baloncesto en su vida, se pasa los cuartos dando vueltas cada vez que hay un cambio en las tornas del partido. Y también puede ser que esta afición me venga del tiempo que jugué al baloncesto cuando niño, aunque como no era ni alto ni bueno casi lo único que hacía era calentar banquillo. :P

Kaplan dijo...

Yo confieso que he dudado. Parecía que iba a ocurrir lo de siempre con nuestros deportes de equipo, que en el partido decisivo no dan una y las figuras no aparecen (Navarro creo que cuatro puntos). Pero por fin hemos sido competitivos, que es lo que siempre nos falta.

jesús dijo...

Totalmente de acuerdo en tus comentarios de baloncesto.En cuanto a lo que dices de 'Ciclistas dopados',es una pena que por cuatro que se dopen se juzguen a todos los demás,cuando hay más de cien chavales ilusionados que están en el pelotón ganándose unos euros para poder vivir haciendo lo que les gusta,pero eso no es noticia,que pena.

César dijo...

Tienes razón, Jesús: generalizar es siempre un acto injusto. No obstante, los escándalos por dopaje son tantos en el mundo del ciclismo que uno empieza a preguntarse si la figura del ciclista limpio de drogas no es más una excepción que la norma.