viernes, febrero 18

Pensamientos de un parásito privilegiado (y II)


(Proviene de la anterior entrada)


Privilegio: Exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia. Parásito: Persona que vive a costa ajena.


Desde muy pequeño se me daba bien escribir, redactar. No creo que fuese un don, ni una cuestión genética; crecí en un hogar más o menos culto, rodeado de adultos y de libros, y con un padre escritor profesional. El caldo de cultivo perfecto para desarrollar cierta habilidad para la escritura. No recuerdo exactamente cuándo empecé a escribir con alguna constancia; debía de tener trece o catorce años, supongo. Publiqué mi primer relato a los quince y comencé a colaborar en La Codorniz a los diecisiete. Durante un corto periodo de tiempo, a los diecinueve, elaboré guiones para la SER. Nada de eso me proporcionó excesivos ingresos.


Mis padres murieron siendo yo muy joven. Estudié periodismo y pude mantenerme gracias a los derechos generados por la obra de mi padre. Pero eso sólo duró unos años. Durante un tiempo fui pobre como una rata; tanto que tenía que gorronear a mis amigos para poder comer. Nunca dejé de escribir, de practicar. Pero textos cortos; cuentos, artículos, ensayos breves... A los veinte o veintiuno probé suerte con la novela. El texto falleció de muerte natural tras quince patéticas páginas. Comencé a colaborar con algunas revistas y seguí probando suerte con la novela. Y acumulando fracaso tras fracaso hasta llenar la papelera de textos fallidos. Cuando cumplí los veintiséis tiré la toalla. Sabía redactar, pero no narrar. Ajo y agua. Además, para colmo, no me gustaba el periodismo. Momento ideal para darle un vuelco a mi vida.


Hice la mili (porque me obligaron, no porque quisiera) y luego entré en el mundo de la publicidad, donde trabajé durante una década. Y a lo largo de ese tiempo no escribí ni una sola línea de ficción. Estaba desengañado, me consideraba un fracasado en ese terreno. Sin embargo, nunca dejé de imaginar historias, de elaborar personajes argumentos; lo hacía en mi cabeza, por pura diversión, para pasar el rato durante los tiempos muertos. Pero no escribí nada durante diez largos años.


Por desgracia, llegó un momento en que no sólo me había hartado de la publicidad, sino que además estaba a punto de volverme loco. Lo dejé. Tenía suficiente dinero en el banco para aguantar un par de años. Hice trabajos free lance, impartí clases de creatividad publicitaria. Entre tanto, comencé a tantear el mundo de la TV, escribí algunos guiones, participé en algunos proyectos que no llegaron a buen puerto. Algunas de las ofertas que me hicieron eran, en el mejor de los casos, deprimentes. La verdad es que, por aquel entonces, el mundo de la TV se me antojó aún peor que el de la publicidad y mucho menos profesional. Pero al principio de ocurrir todo eso, cuando acababa de dejar mi trabajo, hice algo: me propuse aprender a narrar y a ello dediqué toda una primavera y parte de un verano (el método que empleé está recogido en alguna entrada de este blog, lamento no recordar cuál).


Para poner a prueba y practicar lo que había aprendido, comencé a escribir relatos y novelas cortas, y elegí el género por el que más cariño sentía y con el que más familiarizado estaba: la fantasía y la ciencia ficción. Gané varios premios y publiqué mis tres primeros libros. Nada de eso me dio suficiente dinero para vivir; ni siquiera para malvivir. Pero me dio experiencia y cierto grado de sabiduría. Un día vi en el periódico la convocatoria de un premio de literatura juvenil. Estaba económicamente bien dotado, de modo que decidí probar fortuna. Escribí una novela, mi primera novela larga; ni siquiera entró a concurso porque excedía la longitud fijada por las reglas. Pero la editorial la contrató. Al año siguiente volví a presentarme y gané. Además, esa novela acabó convirtiéndose en un pequeño best seller. Luego, he ganado otros seis premios de literatura juvenil (juro por lo más sagrado que ninguno estaba amañado). He escrito quince novelas juveniles; ninguna ha sido un fracaso y tres o cuatro son long sellers, es decir: éxitos de venta de larga duración en el tiempo. De hecho, todas siguen editadas y en activo.


Gracias a ello por fin conseguí lo que me había propuesto: poder vivir razonablemente bien de la escritura. Pero cuánto esfuerzo invertido, cuántas páginas tiradas a la basura, cuántos momentos de depresión y desesperanza, cuántos errores, cuántas dudas, cuántas lágrimas... Sin el apoyo incondicional de Pepa, mi mujer, jamás lo habría conseguido. Pero ya está, ¿no? Has llegado adonde querías y ahora el resto del camino es sencillo y placentero, ¿verdad? Tengo la enorme fortuna de trabajar en algo que me gusta, eso es innegable. Además, no tengo jefe. Y puedo trabajar cuando me venga en gana. Y puedo escribir lo que me salga de las napias.


Pero hay algunos problemas. Para mí, imaginar historias y personajes es una diversión, pero escribir no. Escribir es trabajoso y muchas veces desesperante, no me lo paso nada bien escribiendo. Peor es picar en una mina, por supuesto; pero la escritura requiere grandes dosis de paciencia y perseverancia, es una lata. Además, es una labor tremendamente solitaria. Me encanta haber escrito, lo reconozco; pero odio escribir. Para mí es puro trabajo. Ahora bien, soy mi propio jefe sí; y juro que jamás he tenido un jefe tan tocapelotas como yo mismo. Como sé que la escritura requiere constancia, me impongo horarios de oficina siniestra: de 9:30 a 13:30 y de 17:00 a 21:30, de lunes a viernes. También me obligo a un mínimo número de páginas diario. Y puedo escribir lo que quiera, sí, pero sabiendo que, según lo que quiera escribir, me arriesgo a un fracaso de ventas y a una lamentable pérdida de esfuerzo y tiempo.


Mis dos últimos libros, los dedicados a Carmen Hidalgo, no han tenido el éxito esperado. He ganado muy poco con ellos; desde luego nada que compense el año y medio o así que me llevó escribirlos. Me jode, porque me gustan esos libros y ese personaje, pero en fin, son gajes del oficio. Eso forma parte del juego. Tengo varias novelas empezadas que nunca acabaré y una larguísima novela escrita que me he comido con patatas porque yo mismo decidí que no era lo suficientemente buena. Nadie me paga un céntimo por esos fracasos; corren por mi cuenta. Al menos, aprendo de ellos. O eso creo. No tengo sueldo fijo; si mis libros gustan y se venden, gano dinero. Un diez por ciento sobre el precio de venta sin IVA. Si no se venden sólo gano el anticipo, que nunca es demasiado. Afortunadamente, la mayor parte de mis libros se vende muy bien. Pero eso puede dejar de ocurrir en cualquier momento. No hay ninguna corporación que me apoye, ningún colegio, nada. Soy un artesano sin gremio, un caminante solitario.


Entendedme, no me quejo. He sido yo quien decidió arriesgarse, nadie me obligó. Además, me ha ido bien. Pero, por favor, decidme: ¿dónde demonios intervienen en todo esto los privilegios? ¿En qué sentido se me pude considerar un parásito? Nunca me han regalado nada. Jamás he solicitado ni recibido subvención estatal alguna. Ni siquiera pertenezco a CEDRO y no cobro, por tanto, mi porción del canon; no quiero, no me parece justo. Todo depende de mí, de mis lectores y de la suerte. El camino recorrido ha sido incierto, trabajoso y muchas veces abrupto. ¿Privilegiado yo? Vamos, no me jodas.


Y mi caso, lo que os acabo de exponer, no es una excepción. Todos los artistas que he conocido, sean escritores, pintores, músicos, cineastas, escultores, fotógrafos o actores, todos sin excepción han recorrido caminos similares. Todos las han pasado canutas, todos han sudado y vertido lágrimas, todos han trabajado como burros, todos han caído mil veces y mil veces se han vuelto a levantar. No, el arte no es una profesión sencilla. En la meta caben pocos, así que la mayoría se queda en el camino. Algunos injustamente. El arte es una profesión cruel. ¿Privilegiados los artistas? Puede que alguno haya, no lo dudo; sobre todo los que están a sueldo de una u otra ideología. Pero más privilegiados me parecen esos funcionarios que se tocan los huevos a costa del erario público, o esos ejecutivos que pueden cagarla una y otra vez impunemente (véase la actual crisis de los cojones), o esos políticos que practican el “tú ponme donde haya pasta, que del resto me ocuparé yo”, o quienes se aprovechan del trabajo ajeno para pescar con la Red. Esos sí que son privilegiados. Bueno, y también los hijos de los millonarios, los traficantes de armas y los diseñadores de ropa interior femenina.


¿Privilegiados los profesionales del arte? No; sencillamente son, somos, el eslabón más débil de la cadena.

23 comentarios:

Anónimo dijo...

> me propuse aprender a narrar y a ello dediqué toda una primavera y parte de un verano (el método que empleé está recogido en alguna entrada de este blog, lamento no recordar cuál).

Me imagino que te refieres a la serie de posts "En la mente del escritor", que todavía releo de cuando en cuando. Aprovecho para agradecerte aquellos textos, ya que no lo hice en su día.

Saludos.
Juanfran.

César dijo...

Juanfran: Pues sí, es posible que eso aparezca en "En la mente del escritor". O si no, en algún post inmediatamente previo a esa serie.

Por cierto, si esos post te han servido de alguna ayuda, me haces muy feliz. Para eso los escribí: para intentar ayudar. Gracias por tu comentario

Juanfran dijo...

Gracias a ti. Creo que en el fondo sabes que cualquier persona que conozca tu trayectoria no puede pensar (ni piensa) que seas un parásito.

Y si eso no te sirve de consuelo, piensa que te has ocupado en reflexionar sobre los entresijos de tu manera de trabajar, para luego compartirlo generosamente aquí. Al menos nadie puede decir que te estés guardando el secreto de la Cocacola para ti solo, jejeje. ;-)

leo dijo...

Te agradezco la generosidad con la que cuentas tu experiencia.
En concreto me ha encantado cómo rompes con la imagen idealizada del hecho de escribir que se tiene en general, y que hace pensar que uno debe de ser idiota cuando, al experimentarlo en las propias carnes, sufre y vive como muy poco bohemio el esfuerzo, el tesón, la inseguridad... Además siempre hay algún escritor consagrado y estupendo que afirma que se lo pasa bomba escribiendo sus novelas.
Pues eso, que leerte me ha hecho sentir menos sola en mi modesta labor.
Un saludo.

Luis Manuel Ruiz dijo...

César, eres mi héroe. Yo pertenezco a la raza mestiza (numerosa, por otra parte) de los funcionarios-artistas, pero suscribo cada una de tus frases. Pero ¿sabes qué? Te vas a echar encima no sólo al público lego, sino, lo que es peor, a los Artistas con mayúsculas: esos para los que escribir con horario de oficina es como manchar de ketchup la Mona Lisa.

Júlia dijo...

Muy buen post. Has dejado claro que los artistas no sois unos parásitos como algunos dicen... y siempre es reconfortante que te recuerden que todo el mundo tiene sus malos momentos, que inclusos los mejores han tenido que trabajar muy duro para llegar donde están. :)

César dijo...

Juanfran: Una cosa buena que tiene la literatura es que todo está a la vista, no hay secretos. Si lees con atención cualquier novela no tendrás ningún problema en detectar su estructura y su estrategia narrativa. Así que en realidad no he contado nada que antes no hubieran revelado mis textos. Gracias por no considerarme un parásito :)

Leo: La inseguridad, sí; creo que el trabajo creativo es el que más inseguridad mental crea. Y es horrible. Cada vez que acabo una novela estoy convencido de que es basura y me deprimo. Pero bueno, uno se acostumbra. En cuanto a esos autores que afirman divertirse escribiendo... Bueno, si lo dicen será verdad. Qué envidia. Yo, desde luego, lo paso mal.

Luis Manuel Ruiz: Se me va a echar encima todo dios: los legos, los ARTISTAS, los autores fracasados, los noveles... Por lo que digo, pero sobre todo por lo que no digo. Bueno, qué le vamos a hacer.

Oye, una cosa: cuando menciono a los funcionarios no me refiero a todos los funcionarios, sino sólo a aquellos que se tocan los huevos. Igual que cuando menciono a los ejecutivos me refiero sólo a los torpes y corruptos. Lo sustancial es que ambos comportamientos no son corregidos ni castigados.

Julia: El camino del arte es duro para todos. Pongamos el caso de un escritor actual superventas: Ken Follet. Antes de triunfar con "La isla de las tormentas" escribió la friolera de doce novelas. Doce fracasos relativos, doce caídas. Es duro, sí.

Byron dijo...

El problema César es que siempre es muy muy fácil juzgar a los demás, y parece que en estos tiempos la empatía escasea. Uno siempre es muy muy trabajador y no sólo merece lo que tiene en la vida, sino que encima merecería más, pero los demás, por supuesto, son unos vagos y unos trepas con mucha suerte.
Cada vez se oye más pedirle al artista que "trabaje" gratis por amor al arte, pero nadie se ofrecerá a pagarle las facturas a cambio del tiempo que necesita para crear (porque como tengas que trabajar para mantener la hipoteca, la luz, el agua, internet y la familia, ya me dirás de dónde sacas el tiempo).
Un saludo

Natalia dijo...

Me alegro de que las ventas de tus libros no hayan decaído. Eres uno de mis escritores favoritos, así que espero que las cosas te sigan yendo bien.
¡Un abrazo!

Anónimo dijo...

Un agran abrazo, amigo César, yo me alegro mucho de que todo te saliera bien y puedas vivir de algo mejor que esa publicidad que te olvía locuelo. :-D

Has pensado en unierte a Facebook? Aprovecha y promociónate a través de él, que saldrás ganando! Todo ventajas.

No deseches tan fácilmente esas "novelas que tuviste que comerte", porque quizá al´gun día puedas tú mismo venderlas por inet sin intermediarios, sólo necesitas haberte publicitado bien. :)

Un saludo,
Jose Miguel

PD: Ahora que llega el ebook os deseo suerte a los autores, la polémica de la piratería no sé cómo la contemplarás...

Big Brother dijo...

Querido parásito,
Nací en la misma casa que tú, rodeado por el mismo paisaje y paisanaje que tú. Como tú, siempre fuí capaz de redactar correctamente sin mayor dificultad.
Pero tú tuviste algo de lo que yo carezco (al menos en el campo de la escritura creativa): talento.
¿Y tú me preguntas fijando en mi pupila tu púpila azul (bueno, vale, verdosa) qué es lo que hace de tí algo o alguien privilegiado?. El talento anciano muchacho, el talento que, como el cariño verdadero, ni se compra ni se vende

César dijo...

Byron: La gente es, en general, mezquina, amigo mío.

Natalia: Muchas gracias, princesa. Yo también deseo que te vayan bien las cosas.

José Miguel: Lo del Facebook debo hacerlo, es cierto, tienes toda la razón. Pero me da una pereza...

En cuanto a las novelas que me he comido, no me las he comido porque no quisieran publicarlas, sino porque yo no las consideraba lo suficientemente buenas. Con Internet o sin ella, se quedarán en el cajón. O serán reescritas, quién sabe.

Big Brother: Gracias por tu opinión, hermano. Pero el talento, lo tenga yo o no, sin práctica y trabajo no es nada.

Anónimo dijo...

En primer lugar,es la primera vez que escribo en tu blog, a pesar de que llevo años observándote desde la sombra. Quiero comunicarte mi más sincera admiración, no hacia el escritor, que también, sino hacia la persona que dejas entrever en cada palabra que publicas.

Tras dorarte la píldora un poco(reminiscencias de ser un mequetrefe y estar acostumbrado a tener que hacerlo cada día)me gustaría intentar dar mi opinión sobre esta entrada, dividida en dos, que has publicado.

Mi opinión es que, estrictamente sobre el tema que has expuesto, estoy de acuerdo contigo.No me parece bien despreciar a los autores, sean literarios, musicales o sean de lo que sean, llamándoles "parásitos", puesto que, como todo el mundo, los autores sólo piden lo justo:que su trabajo sea remunerado. Como hacemos todos.

Pero,ciertamente, ¿son los lectores los únicos culpables de ésta situación?

Déjame, antes de nada que te cuente algo. Me encanta leer. Es algo que me apasiona(casi tanto como odio escribir), y llámame romántico, pero prefiero hacerlo en el formato clásico que delante de un ordenador. Por muchas razones, por el contacto, por el olor y, por otras tantas razones de las que tú estás cansado de argumentar en este blog. También por salud visual. No nos engañemos.

Así que, siempre que he tenido la oportunidad, me he comprado un libro(o varios)Llevo unos 150 libros en los últimos 6 años y, otros tantos, me he quedado con las ganas de comprarmelos porque mi cartera hacía una importante criba. Tampoco es un bagage espectacular, pero es todo lo que he podido.

Así que cuándo mi cartera no daba para más y mis estanterías estaban vacías de novedades, muy a mi pesar(sobre todo para mis ojos), usaba Internet para descargarme libros en formato electrónico que es mejor que no tener nada o tener que esperar semanas hasta que se quedara libre el libro de turno.

Sin duda, no es algo de lo que enorgullecerse, ni de lo que avergonzarse. Tampoco voy a instigar a nadie a hacerlo.

Sigue...

Anónimo dijo...

Sigue...

No obstante, sin un libro me gustaba mucho de los descargados, lo terminaba comprando cuándo podía porque, como ya he dicho antes, me gusta conservarlos en papel. Es cierto que otros libros que simplemete me gustaron(sin euforias), se quedaron en las tiendas, quién sabe si para mejor ocasión, pero incluso muchos de éstos, han servido para que haga un seguimiento de autores nobeles o desonocidos para mí, de los que tiempo más tarde he comprado otros libros suyos que han caído en mis manos.

Insisto, no voy a defender la piratería. Lo que quiero decir es que hay casos y casos. Entiendo que no todo es blanco o negro, que dependiemdo de las circunstancias, no siempre es perjudicial. Hay libros que jamás estarían ahora mismo en mi estantería si, antes, no me hubiera llegado a mi poder en formato electrónico. Es cierto que habría otros que sí lo estarían y me dolería en el alma(Je,je).

No sé si todo el mundo actua como yo, pero quiero creer que hay bastante gente que, a pesar de que se descargue los libros por Internet(vale para música o lo que quieras), si encuentra interesante ese libro, lo termina comprando. Ya sé que no todos, pero no creo que sea una minoría.E incluso, lo que ahora no compran tras descargárselo...¿quién sabe? Igual son futuros compradores.

No obstante, volviendo a lo escrito por ti en la entrada, hay algo que me sorprende: ¿sólo recibe el autor un 10% del PVP del libro?¿también en los ebooks que no tienen apenas trabajo para la editorial y casi nada de gasto?No sé, César, pero creo que los mayores beneficiados de toda este asunto son los que ponen precios abusivos a los lectores y porcentajes aún más abusivos a los autores. Mientras, ellos, a contar la pasta.

En cualquier caso, aquellos que te consideran a ti, o a cualquier artista(se dedique a lo que se dedique), un parásito, son absolutamente estúpidos. Creo en tu derecho a pedir algo justo...como en el mío. El problema es que para un mismo tema cada uno tiramos hacia dónde nos interesa y tomamos los argumentos que nos favorecen, desechando los que no lo hacen. Tanto en un lado como en el otro de la balanza. y los que están en medio no necesitan poner argumentos, ponen la mano para recibir dinero de unos y su trabajo de los otros.

No obstante, yo siempre compraré tus libros, a no ser que no pueda comprar ni los tuyos, ni los de nadie...y mil perdones por el rollazo.

Darío.

César dijo...

Darío: ¿Tienen culpa los lectores? No, no todos los lectores, desde luego. Ni siquiera la mayoría de aquellos que realiza descargas piratas. ¿La tienen los autores? Tampoco, pues rara vez intervienen en la comercialización de sus libros. Entonces, ¿la tienen los editores? Pues... ¿culpa de qué? ¿Del coste de los libros?

En primer lugar hay que tener en cuenta algo: cuanto mayor es la tirada de un libro, más barato es el coste de producción. Por desgracia, en España las tiradas son muy cortas, así que de momento no podremos igualar los precios de los libros ingless o yanquis. El coste de un libro (cito de memoria) se reparte más o menos de la siguiente forma:

- El 30% corresponde a costes de fabricación.
- El 10% son derechos de autor (el 7% si es de bolsillo)
- El 10% es beneficio editorial.
- El 50% se destina a la distribución (punto de venta y empresa distribuidora).

Como puedes ver, la editorial no se lleva demasiado. No tanto, por ejemplo, como las empresas de cosmética o de complementos. Es cierto que con la llegada del euro, las editoriales aplicaron una fuerte subida a los libros, y eso fue una cabronada y un error (muchas otras industrias hicieron lo mismo). Afortunadamente, si te fijas, el precio de los libros ha bajado y ahora las novedades oscilan entre 18 y 22 euros de media. Es decir, que suponiendo que una persona lea un libro a la semana (y ya es suponer), su coste mensual de literatura ascenderá a unos 80 eruos mensuales.

No obstante, hoy en día ya se publica todo en bolsillo, y los libros de bolsillo cuestan entre 6 y 10 euros. Pongamos una media de 9. Eso supone 36 euros mensuales invertidos en litaratura. Menos que el presupuesto para tabaco. ¿Tan caro es eso? Supongo que para algunos lo será, pero en general me parece muy asequible.

Ahora veamos por dónde pueden andar los costes de un libro electrónico. A los costes generales de fabricación hay que restar el coste del papel, la encuadernación y la imprenta. Aún así, hay que sumarle la parte correspondiente de los gastos generales de la editorial, el traductor si lo hay, corrector de estilo y alguien que se ocupe de adaptar el borrador a formato electrónico. Digamos que podemos reducir esta partida a la mitad y dejarla en un 15 %. Los derechos de autor aumentan (luego veremos por qué), pero dejémoslo en el 10%. Dejemos igual también el beneficio editorial. En cuanto a la distribución, se obvia la empresa distribuidora, pero aumentan los costes de punto de venta. Apple Store, por ejemplo, se lleva el 30% de cualquier venta.

Así pues, el ahorro máximo que puede tener un libro electrónico es del 35 %. Digamos que su valor podría ser de alrededor de dos tercios de su precio actual. Un libro de 20 euros costaría en torno a los 13 o 14.

Contestando a tu pregunta, y aunque el tema todavía no está nada claro, en el caso del libro electrónico el autor se lleva entre un 15 y un 20 % del PVP menos IVA.

Volviendo a la cuestión que planteas. La culpa no es de los lectores, sino del gran número de no lectores que hay en España, lo que implica tiradas cortas y, por tanto, más caras.

César dijo...

Dario: Por lo demás, no te considero culpable de nada. Tu actitud es honesta y bastante castigo es leer en la pantalla de un ordenata.

Pero hay otros, como cierto anónimo zumbón que anda por ahí, que sí son un problema. No porque pirateen mucho (dudo que lea demasiado), sino porque no sólo demuestran un gran mezquindad, sino que además se creen héroes de la liberación cultural, cuando sólo son unos mezquinos que ni siquiera tienen valor para robar libros en El Corte Inglés, no vaya a ser que les pillen. Son listillos que van de héroes del pueblo, cuando sólo son unos impresentables descerebrados.

No es tu caso, por supuesto. Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Hola Cesar,
En primer lugar agradecerte como han hecho otros ya tus comentarios sobre el oficio de escribir, me parecen sumamente valiosos y útiles.
Por otro lado, cundo hablas de long sellers en lit juvenil..por tener una idea de algún título tuyo, ¿de cuantos ejemplares estamos hablando?...
Gracias, y seguiremos comprándote los libros para que sigas atado a la cadena de la máquina de escribir.
Mazarbul

César dijo...

Mazarbul: Es un placer compartir con los demás lo poco que sé sobre este oficio. Ojalá sirva de algo.

Contestando a tu pregunta, vamos a ver: por ejemplo, "La catedral" supera los 150.000. "Las lágrimas de Shiva" no lo sé a ciencia cierta, pero debe de andar por los 200.000.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por compartir todo esto con nosotros, César. Como siempre, me encanta leer su blog. Prometo comprarme (y leerme, que es lo importante) un libro suyo antes del verano (en alguna feria del libro, o en Sant Jordi).

Por cierto, afirma que internet cambiará mucho en los próximos años, ¿se basa en algo en concreto, es una corazonada, o un microrrelato de ciencia ficción?

Saludos

Un parásito menos (por fracasar, qué se le va a hacer)

jesus dijo...

Rafa Marín lo tiene muy claro http://crisei.blogalia.com/historias/68965
De nada.

jesus dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Gracias por tus explicaciones, cesar, y sigue siendo así.

Darío.

Atticus Finch dijo...

Parásitos los bancos, el negocio más absurdo que se ha inventado jamás: convencernos de que les demos nuestro dinero para que se lo gasten en lo que les venga en gana y cuando quieras retirarlo te ponen pegas o no les queda nada.