viernes, mayo 11

La ciencia ficción y yo (VI)



La cf española tiene escasa historia. Los referentes más lejanos (todos ellos del XIX) quizá sean Nilo María Fabra, José de Elola o Enrique Gaspar, que se adelantó a Wells imaginando la primera máquina del tiempo; y, ya a comienzos del XX, Jesús de Aragón, a quien llamaban el “Verne español”... porque imitaba a Verne. En 1953, mi padre, José Mallorquí, promovió y coordinó la Colección Futuro. Su propósito era editar en nuestro idioma las mejores obras de cf anglosajona del momento, pero como no había pasta para conseguir los derechos, mi padre las reescribió, publicándolas con seudónimos. Ese mismo año, Pascual Enguídanos (bajo el nombre George H. White) comenzó a publicar la Saga de los Aznar, una larga serie de “novelas de quiosco”.



En fin, hubo otras aportaciones aisladas por parte de escritores como Agustín de Foxá, Pedro Salinas o (y sobre todo) Tomás Salvador. Luego llegaron los escasos autores que comenzaron a publicar en la colección Nebulae, como Antonio Ribera, Carlos Buiza, Juan Atienza o Domingo Santos (aunque éste destacó más en calidad de editor que de escritor). Más tarde vino el grupo formado en torno a la revista Nueva Dimensión, con nombres como Carlo Frabetti, Juan Carlos Planells, Luis Vigil, Gabriel Bermúdez, Enrique Lázaro o Rafael Marín, quien quizá fue el primer autor surgido del fandom que aportó calidad literaria a la cf autóctona.


Tras desaparecer Nueva Dimensión, la cf española entró en crisis, así que toda la actividad se concentró en los fanzines, las revistas de aficionados (en papel; Internet todavía no era nada). En ese entorno comenzó a publicar Elia Barceló, la segunda figura literaria del género en nuestro país. Y no debo olvidarme de Juan Miguel Aguilera que, a finales de los 80, escribió junto con Javier Redal un clásico de la cf española: Mundos en el abismo. Fue precisamente en los fanzines donde yo inicié mi carrera de escritor. A mucha honra.


A principios de los 90 había pocas colecciones y publicaciones de cf. Sin embargo, la actividad del fandom era muy intensa. Había muchos fanzines, muchas reuniones, muchas asociaciones y, también, tertulias. Cuando gané el Premio Aznar, debía recogerlo en la Hispacon del 91, que se celebró en Barcelona, pero no asistí. De modo que, un tiempo después, quedé con Julián Díez (a quien no conocía) para que me entregara la placa. Julián me cayó muy bien y acepté su invitación a participar en la Tertulia Madrileña de CF (TerMa), que se reunía los jueves en la cafetería Alameda del paseo de Recoletos. Así, después de veinte años, volví a entrar en contacto con el fandom.


Pero ya no era el fandom que había conocido en los 70. Para mi sorpresa, me encontré con un grupo de gente culta, aficionada a la cf, pero también a la literatura general, gente interesante, estimulante y divertida. Los muy cabrones eran mucho más jóvenes que yo, pero nadie es perfecto. El caso es que comencé a participar en las reuniones de la TerMa y poco a poco fui entrando en el fandom. Por aquel entonces, había muchísimos premios de relato corto, y aquello me pareció un medio excelente para ir afinando mis habilidades narrativas (si es que las tenía). Aunque durante mi etapa de publicitario no había escrito nada, sí que había acumulado unos cuantos argumentos e ideas para relato (no sé por qué lo hacía; supongo que para pasar el rato). Dos de esas ideas se transformaron en mis siguientes cuentos: El rebaño y La pared de hielo (con este último gané el premio Alberto Magno).


Fue paradójico; comencé a escribir cf cuando ya apenas leía cf. No obstante, lo hice a mi modo. En primer lugar, renunciando al “futuro”. Todos mis relatos transcurrían en el presente, o en un futuro muy cercano indistinguible del presente. En segundo lugar, españolizando las historias. Por entonces, muchos escritores españoles de cf (en su mayor parte aficionados) tendían a copiar los modelos anglosajones, lo que les llevaba incluso a situar sus historias en entornos anglosajones. Yo encabecé una pequeña cruzada en contra de esa tendencia, sosteniendo que la cf española sólo cobraría entidad cuando adquiriese una “voz propia”. No era el único que pensaba eso y, al final, fue el criterio dominante.


Por aquel entonces, durante los 90, hubo una eclosión de la cf española con la aparición de un grupo de autores (y editores) que renovó el género en nuestro país. A los nombres de Marín, Barceló y Aguilera, que seguían (y siguen) en activo, se añadieron Rodolfo Martínez, Javier Negrete, León Arsenal, Eduardo Vaquerizo o Armando Boix, entre otros. Y también éste vuestro seguro servidor, el más añoso de todos. Durante la primera mitad de los 90 gané los principales premios de relato que había por entonces. El que más me costó fue el UPC de novela corta, el más prestigioso en aquel momento. Y aquí no puedo dejar de referirme a Miquel Barceló, el promotor del premio y uno de los impulsores clave de la cf autóctona; en gran medida, a él se debe la eclosión de los 90. El caso es que gané el UPC a la tercera intentona, con El coleccionista de sellos, una (pseudo) ucronía ambientada en el Madrid del final de la Guerra Civil. Aparte de ese título (que, por cierto, acaba de ser reeditado), mi producción de cf fue escasa; se limitó a otra novela corta, La vara de hierro, la antología El círculo de Jericó y un puñado de cuentos dispersos aquí y allá.


Entre todos esos relatos, hay uno –sólo uno- que me gustaría comentar: la novela corta La casa del doctor Pétalo, que aparece en la antología El círculo de Jericó. Durante mucho tiempo, cuando me preguntaban al respecto, solía contestar que ese relato es lo mejor que he escrito en mi vida. Ahora no sé si es lo mejor, pero sigo convencido que es mi texto más inspirado. La historia de su gestación es curiosa. Al principio, sólo tenía un nombre: “doctor Pétalo”, y durante meses lo repetía en ocasiones mentalmente, como si recitase un mantra. Al cabo de un tiempo le añadí algo más: “La casa del doctor Pétalo”. Me pareció un buen título para un relato, salvo por el hecho de que no tenía relato. Así que dejé ese título flotando en mi mente, en stand by.


Semanas después, un sábado por la tarde, estaba en el salón de mi casa con mi mujer y una de mis cuñadas. De pronto, sin venir a cuento, me hice mentalmente una pregunta: ¿Qué tiene de especial la casa del doctor Pétalo? Y entonces, como un torrente, en menos de cinco minutos, me vino a la cabeza el argumento, la trama, los personajes, hasta el menor de los detalles de una historia sobre la que no había reflexionado ni un segundo. Nunca antes me había ocurrido ni me ha vuelto a suceder. Todos mis argumentos surgen de una pequeña idea que va creciendo poco a poco conforme medito sobre ella y la trabajo, pero la historia de La casa del doctor Pétalo apareció de repente, totalmente desarrollada y estructurada. ¿De dónde vino? No tengo ni idea. Pero gracias por el regalo.


Aquel sábado tuve que correr en busca de lápiz y papel para apuntar todo lo que se me había ocurrido de repente. Posteriormente, escribí la historia de forma frenética, sintiéndome más un transmisor que un creador. Cuando acabé, presentí que había escrito algo valioso. Una versión de la Bella y la Bestia en clave de cf (aunque ambientada en el presente), un relato melancólico sobre la soledad, el amor, la pérdida y la memoria. Creo que es un muy buen relato; y me puedo permitir la falta de humildad de decirlo porque no me considero del todo su autor. Creo que sólo fui su médium.


Volviendo al UPC, tras ganarlo decidí dejar de escribir cf y alejarme del fandom. Había varios motivos; en primer lugar, la cf (la anglosajona; es decir, la corriente principal) había tomado un rumbo que no me interesaba lo más mínimo. Ya no leía cf; por tanto, ¿qué sentido tenía escribirla? En segundo lugar, el fandom de aquel entonces tenía cosas muy buenas, pero también algunas muy malas. Por ejemplo, las rencillas; especialmente entre los aficionados de Barcelona y los de Madrid. Daba igual si ibas de por libre y no te metías en nada; bastaba con ser amigo de la persona “inadecuada” para que te declararan la guerra. Una jaula de grillos. Además, el fandom es un lugar fantástico para velar tus primeras armas de caballero literato, pero no es un sitio para quedarse. Así que desaparecí del mapa, aunque, por supuesto, he mantenido la amistad con la mayor parte de aquellos aficionados de los 90 (muchos de los cuales también acabaron abandonando el fandom). En último lugar, por entonces ya había publicado dos novelas juveniles con bastante éxito. Cabía la posibilidad de dedicarme profesionalmente a la escritura, pero para conseguirlo tenía que centrarme y dejar de lado géneros tan minoritarios como la cf.


A partir de ese momento, creo que sólo escribí tres o cuatro cuentos más de cf (todos ellos solicitados). De hecho, dejaron de ocurrírseme ideas relacionadas con ese género. Tampoco escribí novelas juveniles de cf, aunque sí de fantasía (o, más bien, con elementos fantásticos). Mi ruptura con el género fue total.


Y no os creáis que no lo lamenté: fue como perder a un viejo y querido amigo.


21 comentarios:

Palimp dijo...

Creo habertelo dicho en algún otro comentario. 'El coleccionista de sellos' es, posiblemente, la mejor novela corta de ciencia ficción española.

Arcadi dijo...

César ¿ has leído alguna de esas contribuciones a la cf de Salinas , Foxà y Salvador ? Si es así ¿ qué te han parecido ?
A mí me gustaría hablaros de un personaje que tuvo una vida novelesca, aunque maldita gracia le debió hacer.
Frederic Pujalà i Vallés . Nació en Palamós creo que en 1874 . Se crió en Cuba y estudió derecho en Barcelona. Antes de la I Guerra Mundial escribió Homes artificials ( Hombres artificiales ) de fuerte inspiración nietzscheana , considerada la primera novela de ciencia ficción en lengua catalana .
Pujalà era un esperantista convencido y se movía por los círculos libertarios de la Barcelona anterior y posterior a la Semana Trágica . Picasso era amigo suyo y le hizo un retrato. Su vinculación a publicaciones nacionalistas y progresistas que molestaban a los militares le llevaron al exilio , el primero , en 1905 .
Luchó como voluntario en la I GM en el ejército francés , y en primera linea . Las atrocidades que debió presenciar le marcaron por vida . Se volvió un hombre retraído y silencioso , aunque sus convicciones esperantistas , naturistas y catalanistas no se movieron ni un milímetro . Así que en 1923 , con la dictadura de Primo de Rivera otra vez al exilio . En 1939 las tropas franquistas le detienen en Barcelona y es condenado a muerte , conmutada posteriomente a veinte o veintidós , no me acuerdo . ¿ Delito ? Masón y separatista .
Al cabo de dos años y medio le liberan , con la prohibición expresa de ejercer la abogacía y el periodismo .
Pujalà se queda en Barcelona y hasta entrada la década de los 50 no escapa a Francia . Leí no sé dónde que un desagradable incidente fue lo que le decidió a emprender la senda del exilio por última vez . Seguramente no fue nada más que el asco ante las condiciones de vida de la España de entonces , o quizá algún abuso por parte de los salvadores de la patria , o que le negaron el pasaporte hasta entonces ( aunque tenía doble nacionalidad ). La cuestión es que este episodio está envuelto en un aura de misterio , al menos para mí ... y la imaginación se me dispara . Muere en Francia en 1962 .
Le dió para más de lo que le hubiera gustado , me parece .

Anónimo dijo...

"El coleccionista de sellos" es lo que más me ha gustado de todo lo que he leído de tí hasta ahora y está entre mis relatos favoritos de cf.

En otro orden de cosas, el pasado fin de semana terminé de leer “La isla de Bowen” y, aunque lamentablemente me duró sólo unos pocos días (y digo lamentablemente porque es de esos libros que te da pena que se terminen), quería darte las gracias por las horas de auténtica felicidad que me ha proporcionado, y, al menos, me ha servido para abstraerme durante un tiempo de mis últimas preocupaciones laborales permitiéndome viajar a lugares ignotos y disfrutar de emociones mucho más agradables.
He de decir que “me lo he pasado teta” o, como también se dice “como un enano”. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto y gracias a tu novela he vuelto a sentir las mismas emociones que me provocaban todas aquellas añoradas novelas de mi infancia/adolescencia.

Lo que quería comentarte de ésta novela es algo que me ronda por la cabeza desde que la leí. Al final del libro hablas de algunas de las evidentes influencias literarias y cinematográficas que recibe la novela aunque hay algunas que también están ahí y que supongo que también por evidentes no mencionas. Para mí esta clara, por ejemplo, la influencia de "las aventuras de Arthur Gordon Pym" de Poe y esas dos continuaciones que son "La esfinge de los hielos" de Verne y "En las montañas de la locura" de Lovecraft. De hecho, gran parte de las escenas en la ciudad subterránea, con sus grabados y demás, tiene un toque muy lovecraftiano y, mientras los personajes estaban en la isla de Bowen, siempre esperé que en algún momento oyeran el famoso "Tekeli-Li", jejeje.

Bueno, el caso es que también creo que hay otra influencia pero no sé si sera cierta o es cosa mía pero me gustaría saberlo por curiosidad. Hay una película de Disney que vi en el cine cuando era pequeño y de la que guardo un recuerdo algo difuso pero muy grato pero que muy poca otra gente parece haber visto. la película se titulaba "La isla del fin del mundo" y en ella, según creo recordar, un científico de caracter rudo, al estilo de Zarco, montaba una expedición para ir a buscar a su hijo que se había perdodo por el ártico. El caso es que llegaban a una isla donde todavía vivía, a principios del siglo XX, un pueblo perdido de vikingos que mantenían intactas todas sus costumbres. No recuerdo mucho, salvo que en la película también salía un dirigible y que al final los protagonistas tenían que escapar por piernas de la isla huyendo de una erupción volcánica.

¿Viste tú también esa película y te dejó un recuerdo tan grato como a mí o son sólo imaginaciones mías. realmente me gustaría dar con alguien que también la hubiera visto en su momento y que la disfrutara tanto como yo lo hice. No la he vuelto a ver desde entonces, aunque sé que la editaron en DVD hace poco, más que nada por el temor a que haya envejecido mal y su visionado me emborrone esos recuerdos que guardo.

Bueno, sólo era eso y darte las gracias otra vez por esa estupenda novela y el buen rato que me has hecho pasar.

Rickard

Anónimo dijo...

Perdón por la repetición del mensaje. Ha debido ser cosa de mi ratón. En cualquier caso, valga como doble agradecimiento.

Rickard

Samael dijo...

La Casa del Doctor Pétalo, es la historia que más me ha gustado de todas las que has escrito. No se si es la mejor a los ojos de un crítico literario, pero para mí sí. Recuerdo que entonces pensé y no se si te lo dije, supongo que sí, que ese camino abierto (estilo, género, tipo de historia,... todos los parámetros que definen una obra literaria) era espléndido, pero creo que me dijiste, o me lo imaginé yo (tanto tiempo ha pasado que confundo lo que sucedió dentro de mi cabeza y fuera), que en España no era rentable.
Una lástima.

César dijo...

Palimp: Vaya, pues gracias... :)

Arcadi: De los tres autores que mencionas, sólo he leído a Tomás Salvador. Su obra de cf más conocida es "La nave" (la ya entonces manida historia de nave generacional cuyos ocupantes han olvidado por qué están ahí), pero personalmente me quedo con su trilogía "X", "Y" y "T". Son tres novelas de "futuro próximo" que, supongo, hoy estarán deliciosamente anticuadas. Imagínate un futuro en el que el espíritu de los años 60 (James Bond, Los Beatles, la psicodelia...) no hubiera desaparecido jamás. Las recuerdo con agrado. Curiosidad: en uno de los títulos, Salvador se permite el lujo de plagiar parcialmente "Más que humano", de Sturgeon.

No conocía a Pujalá, pero su historia es tristemente parecida a la de tantos españoles que les pasó por encima la primera mitad del siglo XX.

Rickard: No sabes cuánto me alegro de que te haya gustado "La isla de Bowen" (sobre todo, si te ha ayudado a olvidar esta realidad de mierda). Y me alegro de que te haya hecho rememorar esas viejas y maravillosas novelas de aventuras de nuestra infancia, porque eso era lo que quería conseguir. Comentarios como el tuyo hacen que escribir valga la pena. Gracias.

Por supuesto, en esa nota final no enumeré todas las "influencias" que hay en la novela; sólo algunas de las principales. Pero, en efecto, "Las aventuras de Arthur Gordon Pym", de Poe, son un referente claro, igual que lo es "En las montañas de la locura", que no en vano es el relato de Lovecraft que más me gusta. En cuanto a "La esfinge de los hielos", de Verne, sólo te diré que el episodio del peñón magnético está sacado de esa novela.

Respecto a la película, la cosa tiene su gracia. No la he visto, ni recuerdo su estreno, aunque me suena vagamente haber leído algo sobre ella. El caso es que, cuando empecé a buscarle título a la novela, se me ocurrió precisamente "La isla del fin del mundo". Pero me sonaba, así que lo busqué en Google y encontré esa película. Y, cuando leí su argumento, casi me dio un soponcio porque había coincidencias. Afortunadamente, encontré un trailer y comprobé que la película iba por otro camino. Aunque, claro, también es un "homenaje" a Verne, por lo que no resulta extraño que haya un dirigible y un volcán.

Gracias por tu amable comentario y no te preocupes, porque eliminaré la repetición.

Samael: Me encantaría haber seguido la línea que inicié con "La casa del dr. Pétalo", amigo mío; pero no me habría jalado un rosco. Es un género muy minoritario.

Byron dijo...

¡Qué grata sorpresa me llevo al enterarme que Pedro Salinas escribió una novela de ciencia ficción! Es algo que desconocía completamente. Sabía que Salinas era un académico y que tenía su faceta de crítico literario. Pero en el sentido más positivo posible, como ejemplo de lo que un académico debiera ser: alguien interesado por toda la literatura, y no cerrándose en banda. Saber que escribió una obra de ciencia ficción no es más que la confirmación de ello.

Y respecto a los relatos de ciencia ficción que escribist tú en su momento, César, ¿se encuentran publicados hoy en día?
Un saludo.

César dijo...

Byron: En efecto, Pedro Salinas escribió "La bomba increíble" en 1950, una distopía sobre la bomba atómica. La reeditó Berenice hace un par de años, así que no creo que tengas problemas en encontrarla.

En cuanto a mis relatos de cf, se acaba de reeditar la novela corta "El coleccionista de sellos" (Alberto Santos Editor). Cabe la posibilidad de que próximamente se reedite mi antología "El círculo de Jericó".

Anónimo dijo...

Hola César, también me jalé la isla de bowen con felicidad completa. Un regalo que me hice y que, al igual que rickard, me sirvió para salir de esta realidad sin alternativa en la que vivimos. Por cierto, quería preguntarte por un detalle. Normalmente, y especialmente en la novela juvenil, siempre me han encantado esos índices repletos de capítulos con nombres sugerentes, casi un menú de aventuras de lo que te vas a comer, y que más que adelantarse a los hechos, te hacen dar vueltas sobre el derrotero de la novela. ¿que querrá decir con tal o cual título?. y mi pregunta es: ¿has omitido deliberadamente el índice? ¿se te ha olvidado?...umm...no se...es que me intriga....
y por cierto, del círculo de jericó, aparte de cada uno de los relatos, que no tienen desperdicio, destacaría la última historia, es decir, la historia que une a todas las historias, ya que cada una es narrada por un personaje. Me pareció un acierto y que le daba una unidad al libro increíble.

un saludo
Mazarbul

César dijo...

Mazarbul: Me alegro mucho de que te haya gustado mi novela y que te haya servido para distraerte un poco de la realidad. Gracias por decírmelo.

Ese índice que mencionas suele hacerlo el editor (porque la numeración de las páginas sólo es difinitiva tras la maquetación). Sin embargo, esta vez se le ha pasado. No es importante, pero yo también lo eché en falta.

Respecto a "El dírculo de Jericó", muchísimas gracias también. Creo que eres el único al que le ha gustado la historia que sirve de marco a la antología. Por lo menos, el único que me lo ha dicho. Siempre me han criticado que hiciera un fix-up en vez de una antología a secas. En fin, no sé... Creo que el libro queda más "compacto" así y, en el peor de los casos, la historia marco no molesta demasiado.

Luis M. Rebollar dijo...

Cesar, me parece harto interesante tu apreciación "la cf (la anglosajona; es decir, la corriente principal) había tomado un rumbo que no me interesaba lo más mínimo", y de especial interés para mi porque creo que tiene que ver con mi personal desencanto y distanciamiento con el género. ¿Podrías elaborar algo más al respecto? Muchas gracias, y recibe el más cordial de los saludos.

César dijo...

Luis M. Rebollar: Por supuesto, amigo mío; en la próxima entrada tengo previsto explicar las razones de mi desencanto.

Luis M. Rebollar dijo...

¡Perfecto, César! Está garantizada mi participación en los comentarios.

Anónimo dijo...

Lo que yo eché de menos en “La isla de Bowen” no fue el índice sino un mapa. Me encantaba cuando era más joven que los libros de aventuras vinieran ilustrados con un buen mapa. Eso para mí acrecentaba el sentido de la maravilla y la aventura. Me encantaba volver a las páginas iniciales o finales del libro (donde sea que estuviera el dichoso mapa) y seguir con el dedo la ruta que, según había leído, acababan de seguir los protagonistas del relato. De todas formas, tanto lo del índice como lo del mapa no son sino minucias sin importancia que en nada disminuyen el disfrute de la novela.

Por otro lado, a mí también me gustaría saber las razones que te llevaron, César, a ese desencanto con la cf anglosajona. Después de todo, no me parece tampoco que el panorama cienciaficcionero anglosajón de los 80 y 90 fuera tan desalentador: “El juego de Ender” (1985) y “La voz de los muertos” (1986) de Card; “Las torres del olvido” (1987) de George Turner; "Hyperion" (1989) y “La caída de Hyperion” (1990) de Simmons; “El libro del día del Juicio Final” (1992) de Willis; “Marte rojo” (1992) de Stanley Robinson; “Snowcrash” (1992) y “La era del diamante” (1996) de Stephenson; “Un fuego sobre el abismo” (1992) de Vinge… Y no, no me he olvidado de Iain Banks, es, simplemente que a mí la serie de “La cultura” no me gusta mucho pero, bueno, ahí está también.

Sí, vale. Todas las continuaciones posteriores de Ender son un truño impresionante (y coincido con Norman Spinrad en que el tufillo ya se empezaba a notar en “La voz…”) y hoy Card no es sino una parodia de lo que fue. Yo también lamento la deriva bestsellera de Simmons pero ¡qué caray! tampoco voy a quejarme del tipo que en tiempos recientes ha sido capaz de regalarme dos obras como “El Terror” y el díptico formado por “Ilión” y “Olimpo”. Connie Willis escribió en 2001 “Tránsito” que, aunque un poco inflada de páginas, me parece un soberbio tratamiento en clave de cf de un tema tan dado a caer en el misticismo barato como el de las experiencias “más allá de la muerte”. También reconozco que he sido incapaz de leerme (aún) las dos obras restantes de la trilogía marciana de Robinson (y que también la primera me costó lo suyo aunque luego agradecí el esfuerzo). En suma, que aunque varios de esos autores luego siguieran una trayectoria muy irregular, tampoco me parece que fuera como para abandonar el género (aunque yo mismo reconozco que lo leo mucho menos que antes). Eso por no mencionar, como ya habréis podido ver, qué magnífico año fue 1992… (a pesar de que algunas de esas obras no llegaran aquí hasta unos cuantos años después). Incluso en épocas recientes el género es capaz de darnos alguna que otra sorpresa y si no, ahí están obras como la magnífica “La chica mecánica” de Paolo Bacigalupi.

En cualquier caso, me encantará leer lo que tienes que decir al respecto como, por otra parte, todo lo que sueles escribir por aquí.

Rickard

César dijo...

Rickard: Por supuesto, hay excepciones y, además, estoy hablando de un proceso evidentemente gradual. Varios de los títulos que propones son obras muy notables; otros, sin embargo, ya no me lo parecen tanto. Los Martes de Robinson me parecieron aburridos y escasamente consistentes, y “El libro del día del Juicio Final” se me antojó alargado hasta el tedio. Pero lo peor es Scott Card y sus Ender, incluyendo el primero, que ya arrojaba un tufillo sospechoso. Te recomiendo la crítica que John Kessel hizo de "El juego de Ender"; es demoledora. O el famoso artículo de Spinrad "El emperador de todas las cosas", porque eso es lo que es Ender: un pequeño mesías emperador de todas las cosas.

En fin, cuestión de gustos.

Anónimo dijo...

Bueno, ya he comentado que yo tampoco he podido, de momento, con los dos últimos tomos de la trilogía de Marte así que, en parte estoy de acuerdo contigo. Disentimos con lo de "El libro del día del juicio final" pero, como dices, es cuestion de gustos.

Sin embargo, una matización con respecto a lo de Ender: en el artículo de Spinrad "El emperador de todas las cosas", la crítica no es tanto hacia el primer libro "El juego de Ender" sino hacia el segundo "La voz de los muertos" pues es en este segundo libro donde Ender pasa de ser "el héroe de las mil caras" en que se había convertido al final del libro, a ser, como tu dices, "el emperador de todas las cosas" que ya será a partir de entonces y que prefigura el lamentable camino que seguira la carrera literaria de Scott Card a partir de entonces.

Rickard

Anónimo dijo...

Acabo de leer la crítica de Kessel que mencionabas sobre Ender y realmente es demoledora. Va mucho más allá de la que le hace Spinrad en su artículo y la verdad es que, viendo la deriva ideológica que ha ido tomando Card en sus obras posteriores, parece difícil negar muchos de los argumentos que plantea Kessel. Me recuerda a otra crítica que leí (no recuerdo de quién, creo que fue en Gigamesh) que explicaba las razones del éxito de la serie de Miles Vorkosigan, otra serie de cf muy popular y que también desprende un tufillo muy fascistoide (aún más que el de Ender).

Por otro lado, una curiosidad: en el último número de la revista Scifiworld, para celebrar que ha llegado a sus 50 ejemplares, los colaboradores han hecho, mediante votación, un listado de sus 50 libros favoritos de temática fantástica (englobando ciencia ficción, terror y fantasía) y entre ellos está "El coleccionista de sellos".

Las otras obras españolas que también aparecen en ese listado de las 50 favoritas son: "El mapa del tiempo" de Félix J. Palma, "Lágrimas del luz" de Rafael Marín, "Mundos en el abismo" de Aguilera y Redal, "La espada de fuego" de Javier Negrete, "Memorias de Idhun" de Laura Gallego, "Necróparis" de Fernando Cámara y "Noches de sal" de David Mateo.

De todas las obras españolas mencionadas, yo hubiera elegido alguna otra de Negrete (a mi no me gusta mucho la serie de Tramórea, prefiero con mucho "La mirada de las furias", "Señores del Olimpo" o "Nox perpetua"), tampoco me gustaron mucho las "Memorias de Idhun" de Laura Gallego (demasiado enfocada al lector adolescente para mi gusto) y reconozco no conocer las de Cámara o David Mateo. En cambio, hubiera añadido "El señor de la rueda" o "Viaje a un planeta Wu-wei" de Gabriel Bermúdez Castillo.

Por último, he de decir que estoy leyendo en estos momentos "El círculo de Jericó". Se me pasó en su momento y luego, aunque lo busqué por aquí por Zaragoza, no pude encontrarlo hasta la feria del libro viejo que se organizó aquí el año pasado. A pesar de que no estaba en muy buen estado (da la impresión de que su último dueño se lo hubiera dejado a la intemperie en un día lluvioso) no me importó pagar los 10 eurillos que me pedían por él. A pesar de que esperaré a terminarlo del todo para dar mi opinión completa ya puedo decir que, de momento los tres primeros relatos (el del pacto con el diablo, el del rebaño y el del mensaje perdido) me han dejado un poco frío. Sin embargo, "La pared de hielo" me ha encantado y el que me estoy leyendo ahora, "Materia oscura" también me está gustando mucho, supongo que porque se nota la evolución literaria del autor, no sé. Bueno, cuando lo termine del todo ya comentaré más.

Rickard

César dijo...

Rickard: Sí, yo también recuerdo la crítica a la serie de Vorkosigan, aunque no su autor. Lo que pasa es que, si mal no recuerdo, esa serie es abiertamente bélica, mientras que la de Ender, partiendo también de planteamientos bélicos, tiene ambiciones humanistas, lo que la hace más éticamente peligrosa. En fin, que Scott Card me cae fatal.

Vaya, me alegro de figurar en esa lista. Y sí, yo también habría elegido otra novela de Javier; pero es que, claro, no me gusta el fantasy, ni el foráneo ni el autóctono.

Espero que el resto de los relatos de "El círculo de Jericó" te resulten más estimulantes que los primeros :)

Juanma dijo...

Fue paradójico; comencé a escribir cf cuando ya apenas leía cf.

César, yo creo que eso es lo que te hizo escribir esa ristra de buenos cuentos de cf, y no es ninguna boutade.

Hace un par de semanas me releí "El rebaño", y joder, cómo sigue emocionando.

Los primeros años de la TerMa fueron muy divertidos. Me acuerdo de los zambombazos que metías jugando al futbolín en el bareto de la calle Barquillo al que íbamos cuando nos cerraban el restaurante chino Kindu, o de las discusiones que os marcábais León Arsenal, Javier Negrete, Julián Díez y tú, o de la frase lapidaria que soltaste en la entrega del premio Aznar a "El mensaje perdido" ("La cf española sigue en las catacumbas", y era verdad: estábamos en los sótanos de la librería El Aventurero), o... Hubo tantas cosas... Es lógico que de allí salieran tantos proyectos y cosas interesantes.

César dijo...

Juanma: Entiendo perfectamente lo que quieres decir y puede que tengas razón.

Sí, recuerdo con mucho cariño quella época de la TerMa, aunque había olvidado las partidas de futbolín... A ver si volvemos a vernos alguna vez, amigo mio.

Juanma dijo...

Ojalá podamos vernos pronto, César. Me apetece mucho. :)