lunes, julio 1

I am lovely


 
Una amabilísima merodeadora, Begoña, ha tenido el detalle de otorgarle, en su bitácora Días de lluvia, el premio One Lovely Blog a La Fraternidad de Babel. Muchas gracias, Begoña; eres un encanto.

            Begoña aduce que una de las razones para elegir mi blog es “por su sinceridad descarnada”. Me ha sorprendido un poco esta afirmación. ¿Soy descarnadamente sincero? ¿Soy, tan siquiera, sincero a secas? De hecho, ¿hay alguien que siempre sea sincero? Como decía mi admirado Gregory House: “Todo el mundo miente”. Es más, mostradme a alguien absolutamente sincero y yo veré a un maleducado.

            La mentira forma parte de nuestra naturaleza. Mentimos por cortesía, como por ejemplo cuando le decimos a nuestra vecina que está guapísima, aunque en realidad nos recuerde mucho a una cabra. Mentimos por comodidad, por interés, por miedo, por compasión, por esnobismo, por diversión, por aburrimiento, por reflejo, por dinero, porque sí… Coño, pero si incluso nos mentimos a nosotros mismos, porque seríamos incapaces de aceptar lo que realmente somos. Volviendo al doctor House: ¿Por qué miente la gente? Porque funciona. Así que, en definitiva, ahí reside el quid de la cuestión: la mentira es una herramienta. Y no solo eso, sino además una herramienta multiusos, como las navajas suizas, porque vale para muchas cosas distintas. Así pues, ¿yo miento? Pues claro, como todo el mundo.

            No obstante, reconozco que aquí, en Babel, quizá sea donde más sincero me muestro. No del todo, por supuesto, entre otras cosas porque yo elijo los temas sobre los que sincerarme (sobre esto sí, sobre esto otro no). Es decir, muestro una parte de mí mismo, pero oculto otras. Además, juego en terreno favorable, porque en un blog el medio de expresión es la palabra escrita. Que es mi especialidad. Lo cual me permite manipular.

            Pondré un ejemplo. Cuando Begoña habla de sinceridad descaranada, probablemente se refiere a los post que he publicado sobre mi familia; sobre todo a los dedicados a mi hermano Eduardo, donde realicé una especie de strip-tease emocional. Recuerdo que redacté esas entradas sin ningún plan, escribiendo deprisa, sin meditarlo mucho, según me venían los recuerdos a la cabeza.

            Pues bien, al cabo de un tiempo de acabar, releí la serie de entradas… y me quedé de piedra. Porque me di cuenta de que, sin proponérmelo, las había escrito utilizando técnicas narrativas. Comenzaba por el final (un suicidio) para captar la atención del lector; adelantaba información, ocultaba otra, iba hacia delante y hacia atrás en el tiempo… Es decir, había empleado los mismos trucos que habitualmente uso para escribir ficción.

            Pero yo no pretendía eso; mi intención era escribir un relato sincero sobre la vida y la muerte de mi hermano. Sin embargo, mi conocimiento de las técnicas narrativas actuó automáticamente, haciéndome llevar el relato por donde yo quería. O sea: manipulando al lector.

            ¿Eso es engañar? Porque lo que yo contaba era verdad, mi verdad al menos. Pero era una verdad articulada a mi manera, una verdad presentada y expuesta de la forma que yo quería. Ahora bien, ¿no es eso lo que hacemos todos? Cuando somos sinceros, articulamos la verdad desde nuestro personal punto de vista. Pero también es cierto que no todos saben manejar las palabras con igual destreza… A fin de cuentas, soy escritor; estoy acostumbrado a trabajar con ficciones, con engaños. Aunque, ¿acaso la literatura no consiste en decir verdades contando mentiras?

            Bueno, pajas mentales aparte, en Babel procuro ser lo más sincero posible. Entre otras cosas, porque no le veo sentido a llevar una especie de diario (eso es en definitiva un blog, ¿no?) para mentir. Lo que más me gusta de la bitácora es poder hablar sobre cosas que me interesan, pero que no tienen cabida en ningún otro lugar. ¿En que otro sitio podría confesar que amo a King Kong tanto como a Betty Page? De modo que sí, creo que soy razonablemente sincero en Babel.

            Volviendo al principio, el premio que tan amablemente me ha otorgado Begoña lleva consigo dos obligaciones: Otorgarle yo el premio a otros once blogs y responder a un cuestionario. Respecto a lo primero, lamento no poder cumplir con mi deber. Por la sencilla razón de que no sigo once blogs. Es decir, sí, podría mencionar once blogs; pero repetiría varios que ya he citado en otras ocasiones y el resto serían bastante arbitrarios. Además, no sé por qué, la mayor parte de las veces que me pongo a seguir una bitácora, ésta se actualiza cada vez más de tarde en tarde, o directamente desaparece. Creo que soy gafe para los blogs. Soy un blogafe.

            Pero el cuestionario sí que puedo responderlo:

1 ¿Qué valoras más del mundo de Internet?
Pues, dejando la pornografía aparte (es broma) (¿lo es?), lo que más valoro es la milagrosa facilidad para obtener información. Y los blogs, claro. Las redes sociales, sin embargo, me aburren.

2 ¿Qué defectos le encuentras?
La dificultad para obtener información fiable. Y las diversas y muy variadas formas de delincuencia y deshonestidad digital.

3 ¿Qué temas te interesan más?
Todo lo inútil; como por ejemplo la literatura, el cine o el cómic. En general, la cultura popular.

4 ¿Por qué decidiste abrir un blog?
Fue impulsivo e impremeditado. Un caso claro de procrastinación. Una tarde, estaba en mi despacho trabajando cuando me llegó un e-mail de Care Santos invitándome a conocer su nuevo blog. Entré en él y, tras leerlo, también entré en Blogger. Y así, a lo tonto, por perder el tiempo, por procrastinar, comencé a crear un blog. Una vez terminado, sin pensarlo mucho, lo activé y… hasta hoy.

5 ¿Cuándo lo actualizas?
Cada semana, más o menos.

6 ¿ En algún momento te planteaste cerrarlo?
Muchas veces; sobre todo al principio.

7 ¿Qué te impulsó a seguir escribiendo en él?
Entender para qué quería un blog. Lo había creado sin ningún propósito concreto; cuando encontré ese propósito, el blog se consolidó.

8 ¿Crees que un blog es...?
Un punto de encuentro, una luz en la oscuridad, una tertulia de café.

9 ¿ Qué proyectos de futuro esperas incluir en él?
¿"Proyectos de futuro"? ¿Eso qué es? No tengo proyectos, lo normal es que vaya improvisando. No obstante, hay dos promesas que quiero cumplir. Continuar una entrada sobre Stonehenge que dejé interrumpida hace años. Y volver a hablar sobre alguno de los aspectos de la leyenda artúrica, algo que probablemente haga en el siguiente post.

10 ¿Sientes que tú lo escribes o que se va escribiendo solo?
Lo escribo yo; vaya si lo escribo yo. Nada se escribe solo. Salvo los comentarios de los merodeadores, claro.

11 ¿Qué te gustaría que los demás encontrasen al entrar en él?
Un lugar confortable donde poder charlar tranquilamente sobre temas que, por lo general, no le interesan a nadie.

18 comentarios:

Naeros dijo...

El tema de la sinceridad siempre me ha fascinado, entre otras cosas porque tolero muy mal la mentira, tanto propia como ajena.
Pero como bien apuntas la sinceridad descarnada supone un error social, en tanto resulta dolorosa muchas veces e injusta en ese sentido.
Supongo que en ese dilema para mí una mentira es decir algo que no es cierto siendo consciente de ello y de que estás engañando a la otra persona, mientras que ocultar información o decir sólo una parte de la verdad es un terreno distinto.
Sigue siendo un tipo de engaño, pero en mi opinión bastante diferente.
Es un terreno pantanoso, la verdad, pero muy interesante.

DANNY dijo...

En respuesta a la pregunta de qué te interesa, dices "todo lo inútil, por ejemplo la literatura". Menos mal que tú mismo te contradices y además lo haces por adelantado en la entrada anterior: "Muchos escritores han contribuido a hacerme más feliz, a mejorar la calidad de mi vida, muchos escritores me han proporcionado momentos maravillosos, y a esos escritores solo les debo una profunda gratitud". ¿Contribuir a la felicidad es algo inútil?

Mazcota dijo...

Resultan curiosos los caminos a los que te puede llevar una mentira. Recuerdo una broma/mentira, en concreto, que perpetré a un amigo: le dije que Men in Black era una película buenísima y que sería un pecado no verla. Obviamente mentí. De hecho es el único film que ha logrado que me duerma en un cine. Pues bien, volví a encontrarme con mi amigo, unas semanas después, y me comentó que tenía razón. Le había encantado. Lo que para mi era una mentira traviesa, para mi amigo era la más pura verdad. Y, lo peor, no pude mentir ni queriendo.
Aunque, ahora que lo pienso, es posible que me devolviera la broma haciéndome creer que le había entusiasmado el bodrio. Si es así, lo ha bordado. Hasta se ha comprado la trilogía en bluray solo para mantener el engaño.
Pero, si realmente le gusta, no me lo acabo de creer y pienso que me miente aunque realmente me diga la verdad.
Bueno, eso demuestra que puedes tener la misma credibilidad mintiendo que confesando.

Saludos.

Begoña dijo...

Creo que tienes razón, al escribir mentimos porque podemos mostrar la parte de nosotros que queremos, nuestra cara de perro cuando estamos de pésimo humor o nuestra cara amable cuando vislumbramos algo que nos toca la fibra; Y solemos elegir la segunda porque sabemos que ella nos ayuda a ser nuestra mejor versión.
Por sinceridad descarnada me refería a tu forma de dejarte mal -lo has hecho montones de veces a lo largo de esta entrada-, y a esa incapacidad de que yo como lectora te crea una peor persona que yo por ello; sucede justamente al revés =)

A veces siento que yo no escribo mi blog, sino que se escribe solo, quizá sea una mentira para no tener que asumir mis propios errores si alguna vez alguien los subraya con un rotulador chillón. Es cierto, todos mentimos, porque otras veces sudo tanto mientras escribo que es imposible que no esté escribiendo yo.
¿De veras que no sigues 11 blog?, me lo voy a creer porque lo dices tú y comienzas y terminas infinidad de novelas.
Un placer leerte, como siempre.

Anónimo dijo...

Como casi siempre, coincido con tus opiniones.Yo no creo en la sinceridad de nadie,es más,cuando alguien dice: "mira,te voy a ser sincero..." generalmente es cuando más miente,o más necesita justificarse. Además,la convivencia sería un desastre: imagina,todo el mundo diciendo lo que piensa de verdad...a no ser que te falle algo en el cerebro,que hay casos,claro.Y pienso en ese personaje que nos gusta a ambos,Sheldon Cooper. Nos hace gracia en la serie, pero convivir con alguien así...ufff. Y pienso también, al hilo de este tema, en algo curioso que me ha pasado muchas veces: cuando cuento cosas que me han ocurrido a mí de verdad me suenan a mentiras...¿tendré que inventarme historias ficticias para que me suenen a verdad? O será que yo no sé contar,ni mentiras ni verdades...
César,dices que al contar la historia de tu hermano has usado técnicas narrativas...claro,eso es como instintivo,pero no por ello significa que manipules o engañes. Cuando contamos algo hay que contarlo de alguna forma, y en eso,hay gente con talento y gente sin él. Recuerdo a una amiga de mi madre,una señora muy mayor que iba a merendar a mi casa de vez en cuando y a pasar la tarde de charla. Aquella mujer tenía muy poca cultura de libro o ninguna,pero contaba las cosas con una habilidad y un encanto que yo,aunque niña poco interesada en asuntos de mayores,no podía evitar escucharla encandilada...recuerdo hasta su olor. Creo que aquella señora tenía el don de la palabra y usaba las técnicas narrativas instintivamente...
Lo estupendo de tu blog,con o sin premios,es que puedes hablar de lo que te dé la gana y decir lo que te apetezca o simplemente,no dar tu opinión...a veces no hace falta mentir ni decir la verdad.Con callar,basta.
Besos desde Santander....Aurora Boreal
P.D. ¿Hay viaje este verano,César? Me encanta cuando vuelves y nos cuentas...

juan constantin dijo...

Saludos César:

Felicidades por el premio. Los inesperados suelen ser los que más se disfrutan.
Sigo varias bitácoras y, aunque a menudo me han interesado los temas que trataban, casi nunca he sentido el deseo de comentar en ellas. En algunas porque daba la sensación de que el menor comentario iba a desencadenar una discusión interminable; y en otras, porque el autor parece más centrado en alimentar su ego, que en comunicarse con sus lectores, aunque no evite presumir de su número.
Sin embargo, en tu bitácora, siempre he tenido la sensación de estar en "un lugar confortable donde poder charlar tranquilamente sobre temas que, por lo general, no le interesan a nadie" como bien dices en la undécima respuesta al cuestionario. Aquí discrepar no significa discutir.
Como lector te agradezco el tiempo que pasas ocupado en la bitácora, y contestando nuestras entradas, amén del tono amigable y distendido que usas.

Saludos.

¿Temas artúricos? Hummm, interesante. Iré preparando el Carmina Burana...

¡Ah! Me he regalado La isla de Bowen por mi onomástica y tras unas 70 páginas, me ha encantado su sabor a Verne y Conan Doyle, y que los protagonistas sean personajes de su época, con los prejuicios y virtudes propios de su época, y no personajes trasplantados desde el presente, con una forma de pensar y actuar más propia de la nuestra.

Anónimo dijo...

Amo a la mentira, lo reconozco. Esa mentira amable que nos da un pequeño toque de suspense, esa mentira que nos alegra la vida, la mentira de que hoy estas guapo, la mentira del te quiero, la mentira del si o la del no adecuados. En cambio la mentira del engaño a la esperanza, la que destruye, o la que verdaderamente miente... esa no la soporto. Ramón.

César dijo...

Naeros: Hay muchas clases de mentiras, y muchos grados en la magnitud del engaño. En realidad, la verdad es inalcanzable; sólo podemos aproximarnos a ella.

Danny: Tienes razón, pero cuando hablo de "inutilidad", lo hago en contraposición a la "utilidad práctica". Leer un ensayo de economía, por ejemplo, es práctico. Leer "La metamorfosis", no. La literatura no es práctica; de hecho, probablemente la felicidad tampoco lo sea.

Por supuesto, puedes decirme que la literatura es útil para disfrutar. Pero ese disfrute no es práctico, incluso puede considerarse una distracción innecesaria que te aparta de las cosas realmente importantes de la vida. Hay mucha gente que piensa así.

De hecho, hay mucha gente que desdeña los sueños y que cree que lo único importante es ser muy realista y estar siempre muy despierto. Puede que en parte tengan razón, pero a mí lo que me interesa son los sueños, aunque aparentemente no sirvan para nada. A eso me refiero cuando digo que me gusta lo inútil, y que la literatura, el cine y el cómic lo son. Maravillosas cosas inútiles.

Begoña: Siempre he creído que uno de los pecados más estúpidos en los que cualquiera -pero un escritor más- puede caer, es la vanidad. El césar -y yo me llamo César-, cuando era aclamado por las masas, tenía a un tipo a su lado diciéndole: "Recuerda que eres mortal". Así que yo me digo a mí mismo: "Recuerda que eres idiota".

Aurora Boreal: Tienes razón, por supuesto, pero... Mira, esto me recuerda a cuando estudiaba periodismo. Lo primero que te decían en la facultad es: "La objetividad es un mito, no existe". En un periódico, por ejemplo, ante cualquier noticia, la primera decisión es si publicarla o no. Si se publica, ¿en portada o en páginas interiores? Si es en el interior, ¿en página par o impar? ¿En qué parte de la página? ¿Con qué extensión?... Fíjate cuántos factores hay que tener en cuenta -factores que distorsionan el alcance de la noticia- antes incluso de escribir una línea. A la hora de decir la verdad, o una mentira, importa el qué, pero también el cómo.

En cuanto al viaje veraniego... ay, se nos descabalaron los planes que teníamos (Islandia o Irlanda) por fechas, así que esta vez nos vamos más cerquita. Al norte de Portugal y a Galicia, probablemente.

Juan Constantin: Me alego muchísimo de que te sientas cómodo en Babel, y de que ello te permita comentar, porque tus opiniones siempre son bienvenidas.

Y gracias a ti, y al resto de los merodeadores, porque sin vosotros Babel no tendría sentido. Soy yo el afortunado.

Ah, tienes razón: el Carmina Burana le va muy bien a la leyenda artúrica. Lo pondré mientras escriba la entrada.

Y, por supuesto, me alegro infinitamente de que te esté gustando "La isla de Bowen". Espero que las 430 páginas restantes no te defrauden.

Mustapha Bousakla dijo...
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Mustapha Bousakla dijo...
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Mustapha Bousakla dijo...
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Mustapha Bousakla dijo...
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Mustapha Bousakla dijo...
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Mustapha Bousakla dijo...

En primer lugar, qué envidia me das, Juan Constantín; yo aún estoy esperando a que me llegue el libro de «La isla de Bowen». Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? La paciencia es una de las grandes virtudes ausentes en mí...
En segundo lugar, permíteme, César, felicitarte por el premio. Sí es verdad que eres bastante sincero en tu blog —incluso bastante emotivo, según he visto—, pero hay otra cosa que también me gusta: la atención y el entusiasmo que nos prestas a todos los «merodeadores» que «merodeamos» por tu blog. Y, si tuviera que mencionar otro rasgo que me gusta de tu blog, diría que la amenidad con la que escribes tus posts —mejor dicho, la mayoría de tus posts-. No obstante, si tuviera que matizar mis palabras, te diría que sabes escribir de todo y en todos los contextos posibles: emoción, humor, romance, terror, misterio...; es decir, que te sabes adaptar a todo —ahora te estoy hablando, sobre todo, de tus novelas—. La verdad es que he leído pocos escritores capaces de hacer eso, pero tampoco es que me haya leído muchos...
Y para acabar, permíteme hacerte dos preguntas, César, una acerca de tu blog y otra de periodismo. ¿Con qué propósito has creado este blog? Siento no saberlo aún, pero entenderás que soy un novato...
Y finalmente, ¿de verdad crees que la objetividad es imposible en periodismo? ¿Por eso los medios de comunicación son tan parciales? Me encantaría que un ex periodista como tú me contestara a esa pregunta.
Gracias, y un abrazo desde Menorca.

Begoña dijo...

Me gustaría advertirle a Juan Constantin que usé un trozo de su comentario para elaborar una entrada de blog:

http://dasdelluvia.blogspot.com.es/2013/07/algo-tener-en-cuenta-la-hora-de-relatar.html

Me pareció un comentario interesante para quienes pretenden elaborar una historia, pero si le molesta la suprimo.

Saludos

Caballero de Olmedo dijo...

Pero... ¿qué es la sinceridad y la mentira? Ambos son tan dependientes del propio punto de vista que lo que para tí es una verdad fundamental, para otra persona no puede ser más equivocado, e incluso ser una mentira... y al revés, lo que para tí es una mentira o una visión sesgada de la realidad, para otra persona no lo sea... Por ejemplo Mazcota en un post anterior dijo que recomendó Men in Black y mintió. Para mí esa recomendación no habría sido una mentira. No es la película de mi vida, pero me reí y la disfruté como un niño pequeño. Y lo mismo hacen ahora mis retoños...
Para mí el cómic no es inútil, es más, si no hubiera sido por él, creo que no habría conseguido pasar esa etapa terriblemente aburrida de mi vida que fue la adolescencia.

Caballero de Olmedo dijo...

Pero... ¿qué es la sinceridad y la mentira? Ambos son tan dependientes del propio punto de vista que lo que para tí es una verdad fundamental, para otra persona no puede ser más equivocado, e incluso ser una mentira... y al revés, lo que para tí es una mentira o una visión sesgada de la realidad, para otra persona no lo sea... Por ejemplo Mazcota en un post anterior dijo que recomendó Men in Black y mintió. Para mí esa recomendación no habría sido una mentira. No es la película de mi vida, pero me reí y la disfruté como un niño pequeño. Y lo mismo hacen ahora mis retoños...
Para mí el cómic no es inútil, es más, si no hubiera sido por él, creo que no habría conseguido pasar esa etapa terriblemente aburrida de mi vida que fue la adolescencia.

Blogger dijo...

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