lunes, mayo 7

The ultimate trip. 50 años



            El dos de abril de 1968, cuando la película se estrenó en USA, yo tenía quince años y era un pirado de la ciencia ficción. Desde hacía tiempo se venía oyendo hablar del nuevo proyecto que Stanley Kubrick se traía entre manos: una superproducción de ciencia ficción. Además, colaboraba con él Arthur C. Clarke, uno de los escritores del género más prestigiosos. Decir que yo estaba ansioso por ver la película se quedaría tan corto como que Noé hubiera decidido comprarse un paraguas en vez de construir un arca.

            Para empeorar las cosas, mi hermano José Carlos vio la película en Londres antes de que llegara a España y me convirtió en el ser más envidioso del planeta. Me trajo un lujosamente editado programa de mano con fotos a todo color; yo lo miraba embobado, lo acariciaba, lo olía, incluso creo que le di algún lengüetazo. Aún conservo ese programa.

            Y, finalmente, el diecisiete de octubre de ese mismo año, 2001: Una odisea del espacio se estrenó en Madrid. En el cine Albéniz, que había sido adaptado al formato Cinerama y tenía una inmensa pantalla, muy apropiada para los 70 mm de la película. Fui a verla con mi padre a la sesión matinal del domingo.

            ¿Cómo describir la experiencia? Hasta entonces, los efectos especiales más sofisticados que había visto eran, no sé, quizá los de Planeta prohibido; que resultaban entrañables, pero cantaban mucho. Sin embargo, lo que estaba viendo parecía real. Eso que tantas veces había imaginado durante mis lecturas de ciencia ficción, estaba sucediendo ahora ante mis alucinados ojos. Y esa asombrosa mezcla de imágenes y música; la majestuosa obertura de Así hablaba Zaratustra,  de  Richard Strauss, los enigmáticos sonidos de Ligeti… para muchos, hoy nos resulta imposible escuchar el Bello Danubio Azul sin evocar la danza entre la nave espacial de la PanAm y la estación orbital en forma de rueda.
            Recuerdo que, cuando acabó la película, me levanté y me quedé mirando a mi padre con una tonta sonrisa en los labios, incapaz de decir nada. Me sentía flotando en una nube, absolutamente feliz. Había sido la experiencia cinematográfica más potente de mi existencia. Volví a ver la película en el cine otras seis veces.

            Sin duda, los efectos especiales de 2001 son excelentes; tanto que todavía hoy, medio siglo después, resultan convincentes. Probablemente sean todo lo lejos que se puede llegar con la técnica clásica de trucaje caché/contra-caché. Pero los actuales efectos digitales pueden ir mucho más lejos, de modo que si solo fuera por eso, por los efectos, la película no sería tan recordada y admirada. En 2001 hay mucho más.

            Kubrick era un megalómano perfeccionista que con cada proyecto se proponía hacer la mejor película jamás filmada del género al que perteneciese. Así que, con la idea de hacer la mejor película de ciencia ficción del mundo, comenzó a buscar material literario en que basarse. No es extraño que acabara fijándose en Clarke, porque era un escritor más interesado por los aspectos intelectuales y filosóficos del género que por las meras aventuras futuristas. Concretamente, el relato que llamó la atención de Kubrick fue El Centinela (1948). Podéis encontrarlo en internet; vale la pena. El relato, escrito con prosa funcional (Clarke nunca fue un estilista), nos sumerge en la esencia numiosa del universo, en su profundo misterio, en lo inefable. Es una historia que no ofrece respuestas, pero plantea una pregunta de esas que, de puro inquietante, jamás se olvidan.

            El cuento es estupendo, pero su argumento no da para una película. En 2001 sólo ocupa el segundo segmento, llamado TMA-1 (Anomalía Magnética de Tycho Nº 1). Las otras tres partes -El amanecer de la humanidad, Misión a Júpiter, Júpiter y más allá del infinito- fueron creadas conjuntamente por Clarke y Kubrick. De hecho, Clarke escribió la novela al tiempo que desarrollaba el guion (por eso los finales de película y novela son distintos). No obstante, aunque la película toma el argumento de El Centinela como germen, las ideas que subyacen detrás del film proceden de otra historia de Clarke, la novela El fin de la infancia (1953).
            2001 tuvo en general malas críticas en su estreno. Se la tildó de incomprensible, pretenciosa, hermética y vacía. Tampoco fue un éxito inmediato. Pero eran los 60, la psicodelia, y de repente las salas de cine comenzaron a llenarse de hippys fumetas. Entonces se diseñó una nueva campaña publicitaria que anunciaba la película así: 2001: A Space Odissey. The ultimate trip. Huelga decir que ese “trip”, que significa “viaje”, se refiere más bien a un “acid trip”, viaje de LSD. Y la película se convirtió en un exitazo lisérgico.

            Como el propio Kubrick afirmaba, 2001 es básicamente una experiencia sensorial (sólo 40 de sus 143 minutos de duración contiene diálogos). También es cierto que la historia no está narrada de forma convencional. Martin Scorsese decía que era una superproducción y una película experimental al mismo tiempo. Sin embargo, nunca he comprendido por qué tanta gente se empeña en no entenderla, porque en el fondo es una historia sencilla.
            Vale, el hecho de que comience en un pasado remoto, cuando ni siquiera éramos humanos, puede despistar. Pero lo que ocurre está claro. Una civilización extraterrestre nos vigila y nos tutela. Los alienígenas envían a la Tierra un artefacto con forma de monolito (cuyas proporciones son 1-4-9, el cuadrado de los tres primeros números). El objetivo de ese artefacto es hacer evolucionar a un grupo de simios. En efecto, mientras juguetea con un hueso de tapir, uno de los prehumanos –llamado Moonwatcher en la novela- se lo queda mirando, pensativo. Ese robusto hueso puede ser una ventaja… Poco después, los miembros de ese grupo, armados con huesos, se enfrentan a otro grupo que les había arrebatado un manantial y los vencen, porque Moonwatcher mata al líder rival golpeándolo con el hueso. Ese hueso es la primera herramienta, y también el primer arma. Moonwatcher, exultante, lanza el hueso al aire. La cámara lo sigue en su acenso y, zas, corta a la imagen de un satélite artificial, en la elipsis más larga de la historia del cine.

            Aparentemente, esa elipsis nos muestra lo mucho que ha avanzado la humanidad al cabo de millones de años; pero un pequeño detalle lo desmiente: ese satélite es en realidad una estación orbital de lanzamiento de misiles nucleares. Un arma, igual que el hueso. Lo que la elipsis dice es que éticamente no hemos avanzado nada.

            En el siguiente tramo del film, la humanidad ha establecido bases en la Luna y ha encontrado, enterrado, un artefacto alienígena: otro monolito. Cuando unos astronautas se acercan a él y el sol lo ilumina, el monolito comienza a lanzar una señal. En realidad, se trata de un centinela. Cuando la humanidad haya logrado alcanzar el satélite de su planeta y encuentre el monolito, éste emitirá una señal… ¿de alerta?... ¿de alarma? Pero no sólo es eso, sino también un camino, porque la señal está orientada hacia Júpiter.

            El tercer segmento del film narra el viaje de la nave Discovery hacia Júpiter en busca del lugar de destino de la señal alienígena. Aquí tiene lugar el conocido incidente con la IA llamada HAL 9000. Esta parte del film la entiende todo el mundo, así que la pasaré por alto. La nave se aproxima a Júpiter con un único astronauta vivo: Bowman. Allí, flotando en el espacio, encuentra un inmenso monolito. Bowman, a bordo de una capsula, sale de la nave, se acerca al monolito y lo atraviesa. En realidad se trata de una puerta estelar.

            Acto seguido tiene lugar el “viaje estelar”, una sucesión de imágenes psicodélicas que describen un viaje a velocidad ¿hiperlumínica? Está bien, pero constituye el (para mí) casi único defecto del film: dura demasiado.
            Y llegamos al último capítulo de la película; la parte, supongo, que más confusión crea. Al principio, Kubrick y Clarke tenían previsto mostrar a los extraterrestres, pero no tardaron en desechar la idea. El objetivo de 2001, igual que el de El Centinela, es enfrentarnos al inmenso misterio del universo, a lo desconocido. Por eso, mostrar a los alienígenas habría sido demasiado concreto, y con seguridad decepcionante y anticlimático. Los extraterrestres son entidades abstractas representadas por el monolito.


            Tras el “viaje estelar”, Bowman aparece en una lujosa habitación blanca, algo así como la suite de un hotel. Está decorada de forma clásica y tiene un aspecto vagamente irreal. Asistimos a una serie de saltos en el tiempo que nos muestran el progresivo envejecimiento de Bowman. ¿Qué es ese lugar creado por los alienígenas? ¿Una cárcel, un zoológico…? No, es una incubadora.

            Finalmente vemos a un Bowman muy anciano agonizando en la cama. De repente, el monolito aparece ante él y Bowman tiende la mano, como si quisiera tocarlo… Ahora Bowman es igual que Moonwatcher, el prehumano del principio.  El monolito, las inteligencias que nos tutelan, van a ayudarle a dar el siguiente paso en la escala de la evolución.

            Por corte se pasa a un plano general de la Tierra. Poco a poco, aparece un feto flotando en el espacio en su bolsa de líquido amniótico. Es Bowman; ha trascendido a su naturaleza humana, ha evolucionado y es el inicio de una nueva humanidad. Y eso es todo. Bueno, realmente no lo es; pero así se desarrolla el argumento básico de la película.

            Se han cumplido cincuenta años desde el estreno de 2001, por eso he escrito esta entrada. Siempre he dicho que si todas las películas de ciencia ficción fueran iglesias, 2001 sería una catedral; por eso no descarto escribir alguna que otra entrada sobre ella. Y no, no es una advertencia; es una amenaza.

            Besitos

36 comentarios:

Kaplan dijo...

Es difícil de comprender para quien no frecuenta el género, César. Los que lo hemos leído toda la vida y estamos acostumbrados, ya no a los gadgets y los conceptos tecnológicos y científicos, sino sobre todo a la narrativa de la cf, en esencia alegórica, metafórica, simbólica, accedemos a sus relatos en modo on, con la herramienta interpretativa adecuada. Y los conceptos, que proponen probabilidades más allá de lo conocido, los tenemos asumidos. El espectador/lector mainstream (ahora cada vez menos) se desorienta cuando propones lecturas fuera de lo literal y conceptos más allá de lo cotidiano. Lo vi hace poco con La llegada, película que tampoco entendió nadie y que para un lector de cf debería de ser muy simple: ella pasa a percibir el tiempo smultáneamente. No se pilla el concepto tanto por inesperado e irreal como por la forma de hacerlo llegar al espectador, que ha de interpretar el paso de flashback (al principio) a simultaneidad.
Es decir, el concepto de 2001 era inusual para un espectador normal, pero sobre todo, la narrativa de la película, desde lo estético al lenguaje mismo, era complicada de interpretar para quien solo ve realismo y linealidad.

César dijo...

Kaplan: Sí, supongo que tienes razón. Los aficionados al género estamos acostumbrados a manejar ideas "raras" y, sobre todo, a interpretarlas. Por otro lado, reconozco que Kubrick eligió una narrativa que no se lo ponía fácil al espectador. Pero creo que, una vez explicado, el argumento del film se vuelve evidente. Es decir: no hay otra explicación posible. Así que, a la extrañeza connatural del género, habría que añadir la pereza mental de muchos espectadores.

Jane Jubilada dijo...

Me ha gustado tu explicación. Yo vi primero la película que también me impresionó y me dejó llena de interrogantes. Un tiempo después, un grupo de alumnos míos entusiastas de la ciencia ficción, me regalaron el libro de Clarke, que me dijo mucho. Y cada vez que hablo con alguien de la película y de la novela aprendo más. Solo por eso, por las preguntas que abre y por lo que sugiere, ya merece un lugar entre las grandes.

César dijo...

Jane Jubilada: En efecto, tanto la película como la novela nos hablan de lo que realmente es el universo: misterio y asombro.

Anónimo dijo...

Espero que cumplas tu amenaza.

Miguel Valle dijo...

Hola, César:

He disfrutado enormemente de tu entrada, por su claridad expositiva y porque no soy fan de Kubrick (más bien anti-fan, si existe ese palabro) ni de 2001. Y no porque no me guste la película sino porque me irrita, creo que es la palabra adecuada, todo el fenómeno que existe con ella.

Como bien dices, no es nada compleja en su esencia ni, honestamente, en su narrativa, ya que es totalmente lineal, y las alegorías que maneja no me parecen tan abstrusas.

Aunque ahí podemos discrepar. Me cuesta entender que "sólo los iniciados en la cifi" puedan manejar con soltura ideas como la evolución o el motor de la misma (el monolito). Ya en gustos podríamos discutir cuál es, e incluso habrá algunos que se lo adjudiquen a dios. Creo que, así, entre nosotros, lo tenemos claro. La virtud de Kubrick, si queremos verlo así, es ser lo suficientemente críptico para dejarlo a la interpretación del espectador.

Más allá de eso, más allá de lo revolucionaria que fue en el apartado visual y técnico, de la experimentación, la película es bien sencilla y, aquí viene mi regodeo malicioso al haberte leído.

En contra de muchísimos "kubrickianos" afirmas que es sencilla, como yo siempre he sostenido pero mi aversión a ese genio que de vez en cuando hacía cine me hace sospechoso de inquina cuando lo digo.

Así que me alegra que un fan del filme y una opinión de autoridad también lo diga (alimenta mi ego, que de vez en cuando no viene mal).

2001, si es una obra maestra, lo es por sus cualidades fílmicas y no por lo abstruso de su propuesta, lo es porque te transporta, crea un mundo reconocible y, al mismo tiempo, totalmente inimaginado y nos hace sentir (y hasta pensar).

Amparo Vázquez Sánchez dijo...

¡Ay Dios mío qué analfabeta soy!
César me has abierto un trozo del cerebro. Ahora entiendo muy bien toda la filosofia de la película que he debido de ver 50 veces porque me encanta, aunque lo del monolito no lo acababa de ver con sentido. Con tu explicación se entiende de maravilla y me va a obligar a volver a ver la película para saborearla de nuevo, pero ahora con todo el sentido.
Se me hace larga porque es lenta, pero también entiendo ahora la lentitud. El libro le leí siendo muy joven porque me apasionaba la ciencia ficción y me doy cuenta que me quedé en el puro libro sin más, igual que leía a Asimov o a otros del género. Creo que voy a tener que volver a releer todos esos libros de mis 17 años.
También apasionada por las películas de ciencia ficción, pero las velocidades que llevan ahora no me convencen, me agobian (supongo que los 77 años lo notan las células del coco por mucho que las hago trabajar). Todavía no tengo muy clara Blade Runner que, no sé porqué, me inquieta desde el primer momento de la proyección.
Como de mis 4 hijos tengo dos cinéfilos, les voy a mandar tu artículo porque estoy segura de que no han llegado a la profundidad de lo que en él expones.
Un abrazo y gracias por refrescarme la cabeza.

César dijo...

Anónimo de la 1:07: No me tientes, no me tientes...

Miguel Valle: Es un argumento sencillo, en efecto, pero con implicaciones complejas. Como bien dices, uno de los aciertos de Kubrick y Clarke es darle al espectador espacio para pensar y para sacar sus propias conclusiones. Por otro lado hay gente muy apegada al realismo, o poco familiarizada con lo fantástico, a la que le cuesta mucho manejar símbolos e imágenes irreales. A eso creo que se refiere Kaplan.

En lo que no estoy de acuerdo es en que la narrativa no sea compleja. Es lineal, cierto, pero la información se suministra con cuentagotas y a veces muy sutilmente. Por ejemplo, la relación entre la misión a Júpiter y el monolito no se conoce hasta el final de ese tramo. Por no hablar del uso de la elipsis, en ocasiones muy radical.

Amparo Vázquez: Me alegro de haberte ayudado a disfrutar de esa joya. Una vez que entiendes lo que es el monolito, todo está más claro.

Miguel Valle dijo...

mmmm... imagino que debo ser obtuso.

Sigo sin ver la complejidad narrativa. No utiliza recursos desconocidos, en absoluto; por ejemplo, la elipsis o el montaje los tildaría de eminentemente clásicos, ni siquiera las secuencias mudas o musicales son prerrogativa de la cinta. El cine clásico, constreñido por el código Hays, era experto en sugerir o en utilizar elipsis precisamente para transmitir aspectos que, claramente, no podían mostrar abiertamente. Dudo que un espectador se sienta desconcertado por ello.

Concedo, quizás, las implicaciones complejas/trascendentes o la resolución final, más especialmente en el momento de su estreno. Puede que sea incapaz de realizar el ejercicio de abstracción necesario y ponerme en los pies de alguien que no haya leído nunca cifi o se haya realizado alguna pregunta sobre la humanidad. Vale.

Pero, hoy día, no puedo dejar de pensar que son los apologistas de Kubrick los que han exaltado la complejidad de la cinta para engrandecer al autor. A veces, pienso que 2001 tiene un halo legendario que dificulta su abordaje por los espectadores y que ese halo es más fabricado que real, sin obviar que no es, evidentemente, un Independence Day.

Terminando de teclear esto me pregunto si las connotaciones políticas/sociales de los clásicos de la ciencia ficción de los cincuenta eran obviados por el espectador medio. Si esto es así, puedo entender la "incomprensión" de 2001, pero si alguien ve más allá de lo evidente en Los Ladrones de cuerpos, El enigma del otro mundo o Ultimátum a la tierra, me cuesta creer que no entendiera nada de 2001.

Saludos

Miguel

PD: Acepto que se me nomine al contumaz de la fraternidad.

César dijo...

Miguel Valle: No pretendo discutir, pero lo cierto es que mucha gente no entendió la película en su momento. Eso no es una opinión, sino un hecho. Por algo será, ¿no?

Anónimo dijo...

Yo reconozco que no la entendí bien al principio (sobre todo la parte del final), pero cuando leí el Centinela me di cuenta de que Bowman trascendía su humanidad igual que Moonwatcher. Lo que no he leído ha sido el resto de la saga. Me da la impresión que segundas y terceras partes aquí no son buenas.

Eso si, aluciné visualmente. Era el pensamiento ci-fi hecho carne. De hecho de niño jugaba con mis hermanos a 2001, porque los clic de famobil tenían una serie de ciencia ficcion (no los actuales) cuyos trajes y naves estaban inspirados en 2001 claramente. El traje de astronauta era el de 2001, así como una nave circular. Mi padre, melómano empedernido, ponía el así habló Zaratrusta en el tocata cuando nos veía jugando. ¿que más hace falta para viajar a las estrellas?

Mazarbul

Miguel Valle dijo...

César, es precisamente lo que he dicho. O he intentado decir.

Entiendo que en el momento de su estreno fuera compleja conceptualmente y que el espectador medio tuviera dificultades para entenderla (aunque me cuesta hacer el ejercicio de ponerme en sus zapatos). No obstante, no veo el problema formal, creo más bien que todo se mezcla al "perderse" el "mensaje principal" del filme.

Creo que en su concepción, 2001 es una película formalmente hermosa, con momentos musicales que podrían ser, por poner un ejemplo muy alejado temáticamente, una secuencia de Fantasía de Disney, pero esencialmente clásica en su narrativa y composición formal. Tienes muy claro el punto de vista, los planos subjetivos, los encuadres, etc.

Luego, me ha asaltado una duda: ¿no veían las segundas lecturas de las películas de cifi de los 50? Pero eso es por mi tendencia a la contumacia.

Ahora, dicho y reconocido esto, creo que hay mucho de creación y contribución al mito Kubrick por parte de los fans irredentos del director, que genera un halo respecto a todas las películas de Kubrick. Pasa, por ejemplo, en la que más me gusta de él (porque no es suya): Espartaco. Escuchas decir que Kubrick hizo el peplum definitivo y bla, bla, bla... Cuando explicas que Kubrick no hizo "nada", más allá de dirigir y poner la cámara -lo que no es poco- porque llegó para sustituir a Anthony Mann, y con Douglas como productor ya estada toda la "conceptualización" hecha y le tenían bien atadito en corto... la gente no se lo cree.

Esa era mi objeción a 2001, vista hoy día, insisto.

Ahora, posiblemente, y ahí entra el razonamiento de Kaplan, mi discurso sólo es válido para personas con un mínimo de capacidad reflexiva, una pizca de conocimiento y que vayan más allá de deglutir cine como quien engulle una burger king. Es muy probable que para quienes consideren, no sé, el Código Da Vinci como el culmen de la literatura hermética, 2001 sea tan abtrusa como -poned aquí el ejemplo que más os guste-.

Con lo cual, es muy probable que vuestro enfoque sea más acertado si ampliamos el espectro. Como ya hablamos en el lector ingenuo es difícil abstraerte de lo que sabes, y es igualmente válido para los conceptos narrados.

Saludos

Miguel

PD: En mi ánimo tampoco está el buscar enfrentamientos, sólo pequeños duelos a primera sangre ;)

César dijo...

Mazarbul: Yo leí la segunda parte -"2010"- y ninguna más. Me parece muy bien que Clarke decidiera explotar la mina que había encontrado, pero no me interesa. Segundas, terceras y cuartas partes no suelen ser buenas, en efecto. De hecho, te confieso que 2001, la novela de Clarke, me parece inferior a la película de Kubrick. Qué majo tu padre ayudándote a viajar a las estrellas :)

Miguel Valle: Me parece que tu animadversión a Kubrick te enturbia la mirada. Y no me extraña; a mucha gente le carga la megalomanía del viejo Stanley. Para gustos los colores, ¿verdad? Así que no voy a discutírtelo. No soy un fan irredento suyo, pero varias de sus películas me gustan mucho. Y 2001 muchísimo (aunque no descarto el factor nostalgia).

Pero no me convences. La narrativa de 2001 no es clásica, sobre todo por la forma en que se suministra la información. Si no fuese porque me da pereza, te describiría cómo sería la historia de 2001 narrada de forma clásica. Con las elipsis suavizadas, con un protagonista bien definido, con un montón de explicaciones, quizá una voz en off, y un final en el que aparecen ET's al estilo "Encuentros en la tercera fase". Pero bueno, sólo es mi opinión.

Respecto a si los espectadores de los 50 eran conscientes del subtexto de las pelis de ciencia ficción, estoy convencido de que no. Igual que el público actual no es consciente de lo que significan los zombis.

Como sabes, La Fraternidad de Babel es en realidad una sociedad secreta, y yo su gran maestre. Por eso, en virtud de mi autoridad, he decidido nombrarte Soberano Caballero del Águila Contumaz de grado 33 :-))

Jarl-9000 dijo...

Yo creo que más bien lo que le pasa a 2001 es que mucha gente no la entiende porque simplemente les resulta pesada por su lentitud y preciosismo (aparte de que las elipsis te descolocan, hay que decirlo). Si no tienes un interés real de partida en los temas que trata te cuesta mucho conectar con la historia, y aun así no lo tienes garantizado. Hablo por experiencia propia, pues cuando la vi por primera vez era muy niño y no tenía la madurez necesaria para afrontarla. Fue mucho después cuando conseguí vencer la reticencia que me quedó del primer visionado y aprendí a disfrutarla.

A mi juicio, prueba de esto es lo que ha dicho César de que la parte más entendible es la de Jarl... perdón, HAL-9000 (nunca una lucecita fue tan intimidante). Y es que esta parte es como una pequeña película dentro de la película. Aunque, eso sí, he de confesar que el comportamiento de HAL siempre me generó algunas dudas, no fue hasta leer el libro que me quedó claro del todo que se vuelve "loco" porque fue obligado a mentir, lo que iba en contra de su programación.

Hay que decir que la novela sirve de muy buen complemento de la película (y viceversa). Recuerdo con especial cariño el momento en que Bowman entra en el monolito y dice aquello de "Oh, Dios mío... ¡está lleno de estrellas!" (que creo que no sale en 2001 película, sino en 2010) y se da cuenta de que la progresión de cuadrados del mismo no se limita a 1-4-9, sino que continúa en muchas otras dimensiones. Me pareció una forma muy acertada de ilustrar que había entrado en un lugar que transgredía todas las leyes físicas conocidas.


PD: Yo también te tiento. Y, si hace falta, te amenazo. ;)

Miguel Valle dijo...

Acepto con honor y satisfacción el nombramiento, Gran Maestre.

Y sólo en atención a tu tiempo precioso (mejor dedicarlo a escribir que a contestar a un contumaz como un servidor) me abstengo de para en cuarta y comenzar a rebatir la no clasicidad de 2001... Formalmente es muy clásica -uso del espacio, planos y encuadres, hasta montaje, pero tendría que revisarla en detalle- y lo que apuntas está más en la estructura narrativa y en el guión que en la forma de rodar. Curiosamente, percibo cierta desconfianza hacia el narrador clásico (al menos, hacia los buenos), honestamente, no creo que un tuerto capaz de mostrar un romance pasado con una caricia en un capote usado se sorprendiera por la narrativa de 2001. Lo que describes me suena más al narrador posmoderno actual...

Ainsss... ya me he tirado a fondo. Pido disculpas al Gran Maestre. Reconozco cierta animadversión hacia Kubrick, lo que indudablemente enturbia mi juicio crítico -creo que lo dije al principio, suelo advertir de mis filias y fobias al comienzo de estos debates-.

Por mi parte, y sé que la he visto bastante joven, nunca he tenido revelación alguna con 2001. Siempre me pareció asequible y entendible, aunque no siempre visible. No siempre estamos de humor para ese ritmo que impone Kubrick.

Hablando de complementos, y para ocultar mi recaída en la contumacia.

¿Qué os parece 2010, la película?

Sin duda, totalmente alejada de 2001, pero a mí me parece un producto artesano muy digno. Una forma decente de (re)cerrar una historia (ya cerrada, por otro lado) pero que te hace pasar un rato entretenido.

Jarl-9000 dijo...

Sobre 2010: Totalmente de acuerdo contigo, Miguel.

Juan Constantin dijo...

Saludos:

Yo he llamado a mi ordenador (no el que tengo ahora) Hal y de fondo de escritorio tenía el "ojo" parpadeante, y cambié los iconos por otros de 2001, así que...
Diossss, la larga espera ha merecido la pena. 2001 es una de mis películas de CF favoritas. Otra, por cierto, aunque a otro nivel es Planeta Prohibido (o Shakespeare en el Espacio).
Creo que la película es muy importante en la historia del cine de CF. No por su temática o construcción, que también, sino más bien porque un director de prestigio filmó una historia de CF -hasta entonces un género menor de serie B- de manera seria, en colaboración real con un famoso escritor de CF y tuvo un impacto en taquilla y en la cultura popular similar al que tuvo en literatura The Lord of the Rings.
Es cierto que por aquellos años algo iba cambiando en el cine de CF -El planeta de los Simios, Naves silenciosas- iban aprovechando las mejoras en FX, pero el espaldarazo primero lo dio 2001 y posteriormente Alien, Encuentros en la 3ª Fase o E.T..
Es más, creo que influyó a otros directores de otras filmografías como Tarkovsky y su Solaris basada en la obra homónima de Stanislaw Lem y también con música clásica y moderna en su banda sonora.
Además, no debemos olvidar que 2001 tuvo una adaptación en cómic (2001: A Space Odyssey treasury special (1976)), tardía cierto, pero dibujada por el gran Jack Kirby, amén de una posterior miniserie de 10 números en la que The King iba mucho más allá de la película y la obra literaria y que creo que es también un buen complemento, junto con 2010 (pequeña y modesta, con buenos secundarios, dirección correcta y apañados FX); las posteriores novelas de Clarke (2061: Odisea Tres y 3001: Odisea Final), son más bien para los muy cafeteros...

Daisy, Daisy...

Juan Constantin

César dijo...

Jarl-9000: Esta entrada está hecha a tu medida, ¿no? Creo que estoy de acuerdo con todo lo que dices. Probablemente la lentitud del film expulsa a muchos espectadores. La película siempre ha tenido entusiastas admiradores (como yo) y enconados detractores (como el errado Miguel, pobre). Eso significa que es polémica, lo que no está nada mal. En lo que a mí respecta, más allá de su argumento y su significado, la considero una experiencia sensorial soberbia con momentos de abrumadora fuerza.

Miguel Valle: Me arremango y me pongo en guardia, dispuesto a cruzar nuestros aceros. ¡Por supuesto que hablo de la estructura narrativa! Pero hombre de dios, si lo vengo diciendo todo el rato: la narrativa de 2001 no es clásica. La narrativa. Lo otro, los encuadres "originales" o las ocurrencias de montaje, suele estar sujeto a modas y me interesa muy poco. Pero la narrativa es el esqueleto de toda ficción, lo básico. El alma.

Y eso no es algo que simplemente esté en el guion. Si conocieras los métodos de trabajo de Kubrick no lo dirías. El guion cambió mucho durante todo el proceso de preproducción, producción y posproducción del film. De hecho, Clarke, que escribía la novela junto al guion, se volvía loco con los constantes cambios de Kubrick, pues le obligaban a ir corrigiendo la novela. Clarke mandó a imprenta el texto antes del estreno de la película, pero Kubrick hizo cambios de última hora y por eso la novela y la película acaban de distinta manera. Así que la estructura narrativa de 2001 es 100% obra de Kubrick. ¿Te sigue pareciendo clásica? Vale, pues te reto a que me menciones otros films anteriores a 2001 con unas elipsis tan radicales, tan escaso diálogo y una dosificación de la información tan minimalista.

En cuanto a 2010, estoy de acuerdo. Es una película solvente y respetuosa con la inteligencia del espectador, bien hecha y entretenida. Además, es una de las escasísimas muestras de cine de cf hard. Pero, claro, el peso de 2001 era excesivo.

Juan Constantin: Mi ordenador tiene como fondo de escritorio... el ojo de HAL. Y mi foto de portada en FB es la rueda orbital. Estoy de acuerdo en que uno de los valores de 2001 es haber trasladado el cine de cf de la serie B a la A. Sin duda, 2001 es un referente para muchos creadores. Por desgracia, no he leído ninguno de los comics basados en el film, así que no puedo opinar.

Miguel Valle dijo...

Don César, tengo que hacer un esfuerzo por mantener el trigésimo tercer grado que me ha concedido. Cuando uno se pone serio, relucen las espadas y profieren retos, el usted es obligación.

Antes de ponerme en guardia, una puntualización: que no me guste Kubrick no quiere decir que desconozca cómo fue el rodaje de 2001 (¿qué pasó con esa partitura que preparó Alex North, el mismo de la de Espartaco?) O, de hecho, de muchas de sus películas -creo que he visto todas ellas y, quitando Eyes Wide Shut y Teléfono Rojo, juraría que más de una vez.

Soy consciente de que Kubrick modificaba constantemente el plan de rodaje, de su concepción del actor (no muy elevada, por decirlo suavemente), así como de sus manías técnicas o su obsesión por el control (por eso adoraba y, al final, exigía rodar en estudio). De ahí, por ejemplo, que renegara de los filmes en los que no tuvo poder absoluto, y que yo citaba antes.

Así que, en mi descargo y por mor de mi pobrecito ego, quiero aclarar que cuando sostengo una opinión lo hago con cierto criterio; quizás, no el mejor, no el más autorizado pero sí fruto de una reflexión.

Ahora, tomemos posición, coloquémonos en guardia y confiemos en que los padrinos estén en su papel, a los duelistas se les presupone el buen hacer.

Existe correlación entre la técnica de rodaje, el uso de los planos o la profundidad de campo con la estructura narrativa de lo que se cuenta, con el uso de la información y con el punto de vista adoptado.

De ahí, que mi afirmación de que 2001 es esencialmente clásica se basa en que fundamentalmente Kubrick lo es, por lo menos en ese momento; si bien magnifica numerosos recursos cinematográficos y narrativos -la elipsis del hueso, quizás la más famosa, es brutal por el tiempo que abarca y por todo lo que resume o por las connotaciones que tú mismo comentas-, todos ellos ya están presentes en el cine anterior -del que mama, evidentemente-.

Que es más radical y ambicioso en el uso de esos recursos, no lo niego, en absoluto. Y que es algo que está condicionado por lo que narra es evidente y, sobre todo, por lo que tiene en mente.

Kubrick y se ve en mucho de su cine posterior desconfía del ser humano –de ahí que, posiblemente, se sintiera atraído por la trascendencia de Bowman, abandona la humanidad, la trasciende a algo más perfecto; alejado de la guerra y de la violencia que, al mismo tiempo, engendra muchos de nuestros triunfos (en línea del discurso de Harry Lime en El tercer hombre). Pero a cambio de un precio, pierde la emoción, el alma. De ahí, creo, la inexpresividad e indiferencia de Bowman hacia el final.

Como es cerebral, frío y así es su película, para lograrlo necesita exprimir el potencial formal a la hora de narrar y ser más audaz en el uso de los recursos disponibles (planificación, uso de luz blanca y fotografía, duración de los planos…).

No obstante, creo, sin ser un experto, sólo un aficionado, que Kubrick no rompe la estructura del montaje clásico, mantiene la linealidad temporal, es muy claro con el punto de vista en cada secuencia, por ejemplo; no distorsiona el tiempo subjetivo (o no lo hace mucho)... Más rupturista es, por ejemplo, el montaje de Sam Peckinpah por no irnos lejos en el tiempo, Mayor Dundee debe ser un poco anterior a 2001 y Grupo Salvaje es del 68-69, casi coetánea de 2001, que es del 68.

Elipsis hay en el cine desde el principio de los tiempos (y creo que no digo nada que desconozcamos). Algunas también bruscas, como en Lawrence de Arabia, cuando Peter O'Toole juega con la cerilla y de ella saltamos al sol del desierto ¿más evidente que algunas de Kubrick? Sí, claro, ya lo he dicho.

(sigo)

Miguel Valle dijo...

(continúo)

Elipsis podemos encontrar a cascoporro en Centauros del Desierto, algunas simplemente sirven para reflejar el paso del tiempo, otras dosifican y ofrecen información que podemos imaginar (el capote de Ethan que acaricia Martha simbolizando una historia pasada y que ocurre en segundo plano). Kubrick escamotea información, la dosifica, otros la ofrecen en segundo o tercer plano o la sugieren. Creo que ahí, él juega más con el espectador, aunque tendría que revisar la película.

En Río Rojo también abundan, omiten la construcción del imperio de Tom Doniphon –pasamos de matar a tres forajidos que le disputan el terreno, creo recordar, a verle envejecido dueño de un mega rancho-. Hasta en El Cid cuando se nos presenta un envejecido Charlton Heston de forma totalmente abrupta. A propósito, que conste, estoy usando ejemplos mainstream de la época.

¿Planos secuencia? Kubrick tiene uno magnífico en Senderos de Gloria; Welles, varios años antes, se marca el famoso de Sed de Mal, por ejemplo.

¿Ausencia de diálogos o secuencias totalmente musicadas? El cine nació mudo. En Cantando bajo la lluvia, Donen y Kelly introducen una historia sin palabras de principio a fin en el número musical de Melodías de Broadway.

¿Simbolismos? Un paseo por el cine de Hitchcock y tenemos los que queramos. Esos periquitos en Los pájaros o la inversión de papeles en el ataque en la cabina. Y si nos vamos a Welles ya no paramos.

Menos tradicional, por ejemplo, es la narrativa de Siodmark en Forajidos, donde va construyendo a retales la historia del sueco. Y que completa los agujeros que deja Hemingway en su relato. Ahí podríamos enlazar con la descripción que realizas, César, sobre el cine clásico –percibí un tono no muy apreciativo, aunque pueden ser cosas mías-.

Lo que quiero decir es que dudo que a un conocedor 2001 le rompiera los esquemas formalmente, incluso narrativamente, a pesar de que Kubrick llegara, posiblemente, hasta extremos nunca vistos.

Otra cosa muy distinta es que al espectador medio le sorprendiera ver fuera del circuito de serie B una producción de ciencia ficción y encima que prácticamente es un documental y cuando no lo es aborda temas trascendentes.

En ningún momento, pretendo negar el impacto duradero de 2001, ya que 50 años después de su estreno aquí seguimos dándole vueltas. No ya a su significado sino a lo que representa y a la figura del propio Kubrick. Creo que eso es lo que más agradaría a su ego.

Por buscar puntos en común. Es muy posible que Kubrick se posicione al final de una larga tradición, que exacerbe muchos recursos narrativos y formales pre-existentes, que aplicara su enorme talento y los llevara a su máxima expresión. En ese sentido, se alejaría del clasicismo y de la simplicidad imperante en numerosas producciones de las grandes Majors.

Dicho esto, creo que su cine, en general, más allá de experimentos como la Naranja Mecánica u obsesiones por la luz como en Barry Lindon, sigue estando más cerca del clasicismo que del posmodernismo.

Una pregunta mientras recuperamos el aliento. Si mis puntos de vista están mediatizados por mi (reconocida) animadversión por Kubrick, ¿no se puede decir en la misma línea que la devoción puede también inducir a la confusión?

En realidad, suponiendo que mi afirmación sobre el clasicismo (relativo) de Kubrick sea cierta, no creo que sea un demérito, en absoluto. A diferencia de muchos realizadores, Kubrick tenía muy claro lo que quería, los recursos que iba a aplicar y el punto de vista de lo que pretendía contar. Así como el bando en que quería estar, sospecho que más cerca del Bowman trascendido, que del ser humano.

Creo que en alguna de mis intervenciones robé la afirmación, no recuerdo de quién, que Kubrick era un genio que, de vez en cuando, hacía cine.

Saludos y gracias por el aguante.

Miguel

PD: Confío en que el duelo acabe a primera sangre, como mucho. O que vengan unos esbirros del Cardenal y nos hagamos amiguetes.

Francisco Javier x dijo...

Me gusta tu artículo,creo que hace una de las lecturas posibles de la película, aunque creo que puede haber otras interpretaciones, y la considero cualquier cosa, menos sencilla. De hecho creo que hay bastantes flecos para que cada cual saque sus conclusiones.
Por otro lado creo que la paranoia de HAL 9000 es una parte importante de la película por las connotaciones que tiene.
Desde luego en lo que estamos de acuerdo, es que es una gran pélicula, y como he oido muchas veces, hizo adulta la ciencia ficción. ( Al menos en el terreno del cine)

Hay un buen libro de Raul Alda "2001 La Odisea Continúa" de lo poco que hay en castellano, que hace un analisis bastante completo sobre la película, rodaje, producción y multiples anecdotas, algunas muy curiosas.
No sé si considerar genios a Kubrick y Clarke, pero crearon algo genial.
Saludos.

Eladio Lestrove dijo...

Gracias, César. También es una película que me marcó a mí. Acudí a verla, curiosamente también, con mi padre. Y recuerdo que justo antes de entrar paramos en una librería -mi padre era un tipo poco cultivado, autodidacta, al que le encantaba comprar libros que después devoraba con la ansia típica de un analfabeto curioso de un hambriento de cultura- y compramos el libro.
La película me fascinó. Pero el libro lo devoré varias veces. Curiosamente ambos -guión y libro- se hicieron a la vez, y van a planetas distintos.

Jarl-9000 dijo...

Pues, tras todo lo comentado aquí, ayer me dio por ponerle a mis niños la película (11 años el mayor, 5 los pequeños), así también tenía una excusa para revisitarla. Asombrosamente, los tres aguantaron muy bien (los pequeños con más esfuerzo, claro, hubo momentos en que uno se aburrió y el otro se durmió, pero, aun así y todo, el resultado fue mejor que con otras películas más juveniles). Les fui dando explicaciones a medida que veía que las necesitaban. Y al menos el mayor me las agradeció y con ellas disfrutó mejor de la película, porque la verdad es que lo poco que te explican no se entiende por culpa de la traducción, bastante deficiente, de lo que no me había percatado antes.

El ejemplo que me parece más crítico:
"Hace 18 meses, se descubrió la primera señal de vida intelectiva fuera de la Tierra. Estaba enterrada a 12 metros por debajo de la superficie lunar, cerca del cráter Cracovia. Si no fuera por una potentísima emisión de radio orientada hacia Júpiter, el negro monolito de 4 millones de años edad hubiera permanecido completamente inerte, y su origen y finalidad son todavía un misterio total."

Una traducción más correcta, partiendo del original en inglés, sería la siguiente, apenas cambiando unas pocas palabras:
"Hace 18 meses, se descubrió la primera señal de vida inteligente fuera de la Tierra. Estaba enterrada a 12 metros por debajo de la superficie lunar, cerca del cráter Tycho. Excepto por una potentísima emisión de radio dirigida a Júpiter, el negro monolito de 4 millones de antigüedad ha permanecido completamente inerte, y su origen y finalidad son todavía un misterio total."

Sobre los planetas distintos en película y libro: Cierto. Y me gusta más la elección del libro, en el que van a Saturno, concretamente al satélite Japeto, y dan una "explicación" a su aspecto tan peculiar (mitad mate, mitad brillante). Más tarde me enteré de que, efectivamente, así es como es. Desde entonces, para mí siempre ha sido el "ojo de Japeto".

César dijo...


Miguel Valle: No se me mosquee, don Miguel; muy lejos de mi intención era tildarle de ignorante. Sinceramente creía que, al no ser devoto del director, no estaba al tanto de los (neuróticos) procedimientos de trabajo de Mr. Kubrick; lamento haber dudado.

Aunque su andanada de estocadas, por extensa e intensa, me ha dejado agotado, intentaré ejecutar una parada en primera seguida de un "riposte" a fondo. Empecemos por la elipsis. Toda narración, sea literatura, cine o cómic, está basada en la elipsis; eso bien lo sabe vuecencia. Cuando se narra una historia, sólo se cuentan partes y las partes que no se cuentan se convierten en elipsis. Esto no se hace, necesariamente, para ocultar algo, sino porque contarlo todo sería un coñazo. No vamos a narrar las ocho horas de sueño del protagonista, ni sus comidas, ni cuando va al váter. La mayor parte de las veces esas elipsis se hacen de forma fluida, para que no se noten; pero a veces las elipsis se subrayan para que actúen como, por decirlo así, "fulcros" del relato, puntos de inflexión.

Cuando hablo de elipsis radicales en 2001, no me refiero a la primera, la famosa, la del hueso-satélite. Es radical por su extensión, pero no por su caligrafía, porque se entiende muy fácilmente: el brutal transcurso del tiempo representado por el paso de una tecnología primitiva a otra tremendamente sofisticada. Es una elipsis elegante, potente, pero clásica. Me alegra que la compare usted, don Miguel, con la del fósforo-sol de Lawrence de Arabia, porque son con diferencia mis dos elipsis favoritas (junto, quizá, con una de El Sur, de Erice). A la elipsis que me refiero (en principio) es a la segunda, la que une el episodio de la Luna con el viaje de la nave Discovery.

Veamos cómo se narra. En 1999, el Dr. Heywood Floyd viaja a la Luna para investigar un artefacto extraterrestre que ha aparecido enterrado. Cuando Floyd y otros científicos enfundados en trajes de astronauta se aproximan al monolito, suena un intenso pitido. No hay ninguna explicación de qué es ese pitido.

Y entonces, por corte, pasamos a la misión a Júpiter, en 2001. No se sabe exactamente cuál es el objetivo de la misión, nada se dice de lo ocurrido en el tramo anterior, Floyd desaparece de escena. Es como si empezara otra película, lo cual desconcierta al espectador, habituado a un hilo narrativo clásico. Durante un buen tramo del metraje, asistimos a la vida cotidiana de los dos astronautas. Ahora el protagonista es Bowman. Luego tiene lugar el episodio de HAL. De nuevo nos parece una digresión del argumento principal. Pero luego, una vez visto el film, percibes el encaje a través de uno de sus posibles significados simbólicos. Bowman, de puro frío, parece un robot. De hecho, HAL nos resulta más humano que él. Cuando Bowman desconecta a HAL, lo que significa es que la humanidad debe trascender a su dependencia de las máquinas para dar el siguiente paso evolutivo. Pues bien, sólo al final de ese tramo (el más largo) aparece un mensaje grabado por el dr. Floyd dando una explicación. Sólo en ese momento se entera el espectador de lo que pasó en la Luna y de la relación que tiene el viaje de la Discovery con el monolito.

Luego tiene lugar el viaje estelar. Y acto seguido hay un súbito cambio de escenario a un lugar casi irreal de puro hiperreal que nada tiene que ver con lo anterior. Acto seguido, sobreviene una sucesión de elipsis que describen de forma muy abstracta el envejecimiento de Bowman en soledad. Y, finalmente, el "niño estelar". Y todo eso sin diálogos ni información adicional. Pocas películas dejan tanto margen de interpretación al espectador, ni le obligan de tal modo a reflexionar sobre lo que está contemplando(ojo: he dicho pocas, no ninguna)

César dijo...

Miguel Valle (sigue): Pues bien, estimado amigo, si su ilustrísima insiste en afirmar que eso es narrativa clásica, a mi modo de ver queda claro que usted y yo entendemos el término "clásico" de forma muy distinta, y por tanto, al partir de premisas diferentes, ningún sentido tiene prolongar un debate condenado desde el principio a la mutua incomprensión.

En cualquier caso, reconozco que Kubrick era por lo general un director de estilo clásico; incluso hiperclásico, como en el caso de Barry Lyndon. Aunque, eso sí, con estilemas muy marcados, como el uso del gran angular, las simetrías, los largos travellings o la frialdad. Y no, no me parece que tildar de clásico a un creador, o a su obra, sea un insulto o demérito, muy al contrario; la mayor parte de mis directores favoritos son de caligrafía clásica. Si usted, honorable interlocutor, hubiera afirmado que Kubrick era una director clásico, nada habría objetado yo. Pero si nos referimos en concreto a 2001, ahí no podemos estar más en desacuerdo, porque la narrativa de ese film, como señalaba Scorsese, es casi experimental.

Por último, no me cabe la menor duda de que mi gran interés por Kubrick obedece en gran parte a razones emocionales. La primera película suya que vi fue 2001, y me conmocionó; desde entonces esperaba con impaciencia sus nuevas producciones. Estoy seguro de que tiendo a pasar por alto sus defectos (que los tiene) y a centrarme en sus virtudes (que también las tiene). Pese a ello, estoy razonablemente seguro de que Senderos de Gloria y 2001 son sendas obras maestras. Y que Teléfono Rojo es una comedia filmada con ácido sulfúrico en vez de celuloide. Y que La Naranja Mecánica es un icono pop. Y que The Killing es un perfecto mecanismo de relojería. Y que El Resplandor más me gusta cuanto más la revisito. Y que la primera parte de Full Metal Jacket es sobrecogedora...

Por último, dilectísimo debatiente, me gustaría remarcar la importancia cultural y popular de 2001 con una sencilla pregunta: ¿Cuántas películas han sido tan ampliamente conmemoradas como ésta en su 50 aniversario? Qué yo recuerde, sólo Casablanca.

Reciba su ilustrísima un cordial saludo, con la esperanza y el deseo de que la sangre no haya llegado al río.

César dijo...

Francisco Javier x: Por supuesto, 2001 tiene múltiples lecturas; la que he esbozado yo quizá sea la más literal, pero no la única. ¿Clarke y Kubrick genios? No lo sé; pero estoy seguro de que ambos hicieron notables aportaciones a la cultura, y de que 2001 es una obra maestra. En cuanto al libro de Alda, lo tengo :)

Eladio Lestrove & Jarl-9000: Si escribo otra entrada sobre 2001 será comentando algunas curiosidades sobre el film. Y una de ellas sería lo del cambio de planeta. Tanto Kubrick como Clarke estaban de acuerdo en que el planeta hacia donde viajaba la Discovery sería Saturno. Es natural, porque Saturno es el planeta más fotogénico del Sistema Solar, con esos alucinantes anillos. No parece un planeta real, sino uno inventado por algún portadista de cf pulp. Es precioso.

Esa era la intención, pero el equipo técnico no fue capaz de crear una imagen realista de Saturno, probablemente a causa del efecto de profundidad que exigían los anillos. Así que Kubrick cambió a Júpiter, mientras que en el libro de Clarke, ya impreso, siguió siendo Saturno.

Rickard dijo...

Hola, César. Excelente entrada.

Yo tampoco entendí nunca que hubiera gente a la que 2001 le resultara incomprensible, cuando para mí estaba todo muy claro. Recuerdo que el crítico Carlos Pumares, hace tiempo, todos los años hacía un especial radiofónico sobre 2001 explicando sus claves. Era casi un "2001 for dummies".

Tampoco entendí nunca a esa gente que defendía esa teoría que decía que "el monolito es Dios". Lo que esa gente no tiene en cuenta es que en 2001 aparecen tres tipos de monolitos diferentes: el monolito que hace evolucionar, que es el del principio y el final; el monolito-alarma, que es el que está en la Luna y lanza la señal de aviso cuando los humanos lo descubren y, por último el que yo llamo el monolito-puerta, el que transporta a Bowman hasta el lugar donde va a tener su proceso de evolución a una nueva etapa de la humanidad. Y digo yo: si el monolito fuera Dios, ¿para qué iba a necesitar una alarma y una puerta?

Otro aspecto a destacar es la música, sobre todo el "Así habló Zarathustra" de Strauss. Sólo suena tres veces en la película y cada una indica un nacimiento: la primera nada más empezar cuando el sol sale sobre la Tierra, simbolizando el nacimiento de la vida; la segunda cuando el simio se da cuenta de que el hueso puede ser una herramienta, simbolizando el nacimiento de la inteligencia, es decir del homo sapiens y, por último, al final, con la transformación de Bowman en el niño estelar, simbolizando el nacimiento de una nueva especie humana, un nuevo paso en la evolución. Nótese que dicha música no aparece con el monolito-alarma ni el monolito-puerta.

Y, por último, está la cuestión de Hal 9000. ¿Por qué actúa como actúa? Si nos fijamos bien, Hal-9000 es el único de a bordo que demuestra tener sentimientos. Ni Bowman ni Poole parecen tenerlos. Obsérvese, por ejemplo, la total carencia de emotividad con que Poole recibe el mensaje de su familia el día de su cumpleaños. Pues bien, ¿qué emoción siente ante todo Hal-9000? Pues una emoción tan humana como es el miedo. Hal-9000 es el único que, gracias a su inteligencia, ha logrado intuir a donde van y a lo que van. Intenta, de hecho, comunicarle sus sospechas y sus miedos a Bowman, encontrándose con la total indiferencia de éste y es entonces cuando empieza a "fallar". Porque, después de todo, si van a donde Hal cree que van... una vez que el ser humano haya dado el salto evolutivo ¿dónde deja eso a los ordenadores como Hal, por muy sofisticados que sean? ¿qué falta harán? Especialmente emotiva es la escena en que Hal suplica cuando Bowman intenta desconectarlo y resulta curioso que el último de sus recuerdos en desaparecer sea la nana que le cantaba su programador. Al final hal-9000 resulta ser más humano que los humanos y, como los replicantes de "Blade Runner" (la otra catedral de la ciencia ficción cinematográfica), tiene miedo a morir.

Como dices, César, si 2001 sigue siendo una obra maestra y fascinándonos a tantos años de su estreno no es por sus efectos especiales (de hecho, su estética, bastante setentera, se ha quedado hoy día bastante desfasada) sino porque las preguntas y cuestiones que plantea (como cantaba Siniestro Total: "¿De dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿estamos solos en la galaxia o acompañados?" y lo que es más importante ¿Qué significa "ser humano?") siguen siendo tan pertinentes hoy día como entonces.

Rickard dijo...

Se me ha olvidado remarcar el paralelismo que hace Kubrick entre esos simios que, asombrados ante la aparición del monolito, se acercan, lo tocan con miedo, incluso lo lamen... y esos humanos que ante el monolito encontrado en la luna se comportan también "haciendo el mono": se acercan, lo miran, lo tocan, se hacen fotos posando... En el fondo no hemos evolucionado tanto.

Y sobre el impacto de 2001 en la cultura popular no hay más que dar cuenta de un detalle y es que el logo del programa "Gran Hermano", tanto aquí como en el extranjero, sea nada menos que una copia nada disimulada del "ojo" de Hal-9000. La lástima es que el 99 de los jóvenes que ven ese "programa", por llamarlo de algún modo, (y ya no hablemos de los que participan) ni entenderán la referencia ni probablemente les importe (como tampoco el porqué de que el programa se llame como se llama).

Rickard dijo...

Un último apunte y ya me callo (perdón por lo pesado). Siempre he pensado que el final de 2001 tenía una lectura muy inquietante y es que el requisito fundamental de esas entidades alienígenas para hacer avanzar a Bowman (y por ende a la especie humana) a su siguiente estadio evolutivo es, precisamente, carecer de sentimientos o emociones. Por eso Hal-9000 y otras inteligencias artificiales como él se quedarían fuera de esa evolución.

¿En qué me baso? Fijaos en el remedo de habitación en el que esas inteligencias ponen a Bowman a experimentar su evolución. Basta con echar un vistazo a esa habitáculo para ver que, si bien es arquitectónicamente perfecto en su acabado y proporciones, está totalmente carente de sentimiento y emoción. Toda ella es neutra, blanca, fría. No hay calor humano en esa habitación. Ni siquiera la luz es cálida, es una luz uniforme, sin sombras. En realidad esa habitación despierta una sensación (por lo menos a mí) de algo totalmente ajeno, extraño (como muchos de los decorados del Overlook en El Resplandor, por otro lado). Es como si le hubieran encargado diseñar una habitación perfecta a una inteligencia pura, que aplicara una lógica perfecta pero sin nada de sentimiento. Hasta los pocos cuadros que aparecen, parecen haber sido puestos ahí simplemente en orden a esa lógica.

Por eso el final siempre me deja con una sensación un poco (bastante) desasosegante.

Juan Constantin dijo...

Saludos:

Recordando la película y, en concreto la escena del monolito de Tycho que menciona Rickard, no he podido dejar de imaginar que el Monolito apareciera hoy en día en cualquier lugar de la Tierra... selfies a cascoporro y trending topic instantáneo... para ser olvidado casi al instante seguramente. ¿Seguro que hemos evolucionado?

Y también siempre me recordó a Hal 9000 el logo de Gran Hermano, aunque su nombre, como bien sabemos, remita a Orwell y su denuncia de los totalitarismos. ¿Nunca se han molestado en explicar de donde viene el nombre del reality show, ni como curiosidad siquiera?

Juan Constantin

Miguel Valle dijo...

¡Ah, no, Maese César! Su envite de octava va a ser ignorado por un servidor, así que su parada de sexta y respuesta en golpe recto se va a quedar “ande está”. Ambos somos perros viejos para esas tretas. Podría intentar una finta para provocar su parada respuesta pero quién sabe si no se trata de un ardid producto de su mente maquiavélica.

Así que un servidor rompe distancia.

Nunca he negado el impacto de 2001 ni pienso hacerlo, estoy de acuerdo con ello, a mi pesar (por tratarse de Kubrick). Es más, creo haberlo dicho expresamente con anterioridad, veamos, aquí está: “En ningún momento, pretendo negar el impacto duradero de 2001, ya que 50 años después de su estreno aquí seguimos dándole vueltas”. Así que “nanay”, no, señor. Ahí no entro yo. Ni loco.

Es más, vista la situación desde esa distancia, con las espadas todavía en alto pero fuera de alcance, uno siente la tentación de darse por satisfecho con el punto al que hemos llegado. Por varios motivos que expondré a continuación.

Creo que mi pundonor queda salvaguardado al reconocérseme cierto conocimiento sobre Kubrick –cuestiones que sabemos han desembocado en salvajes duelos a sable, arma mucho más brutal que la espada, que es de caballeros como nosotros-.

Agradezco (otra vez) el tiempo dedicado a responder a este contumaz duelista y los lances cruzados contigo –vuelvo al exigido tuteo-, nuestro ilustre anfitrión, amén de la exposición clara y didáctica sobre tu punto de vista –me has hecho recordar momentos del filme que tenía olvidados-, y que, al menos en mi ánimo, me permiten llegar a una síntesis desde nuestros respectivos puntos de vista. Tal es el objetivo de un intercambio de pareceres y conseguirlo debe acreditarse como un triunfo de la razón.

En este punto, considero que nuestra discrepancia no es tan grande como a priori pueda parecer; a pesar de que consideres que partimos de concepciones radicalmente opuestas sobre lo que es narrativa clásica.

Creo, honestamente, que esto podría ser una síntesis válida, como reconocimiento de ambos puntos de vista:

“Como Kubrick es un director eminentemente clásico, las bases formales de las que parte son clásicas, si bien, en 2001 experimenta con ellos hasta límites pocas veces vistos antes. Lo hace muy especialmente con cortes abruptos que sobrepasan las elipsis al uso y con la dosificación de la información, obligando al espectador a poner mucho de su parte para interpretar lo que acontece en la pantalla. En este sentido, 2001 se convierte en una película experimental y clásica al mismo tiempo”.

Luego, ya cada uno podría inclinar un poco la balanza hacia su lado.

Por tanto, un servidor se da por satisfecho, si no de este intento de síntesis (cuestionable como todo), sí de haber comprendido el punto de vista de mi ilustre antagonista.

En lo que no nos pondremos nunca de acuerdo es el plano emocional de las cintas de Kubrick. Creo que se dejó ese componente a medida que se iba convenciendo de que su cometido era “crear obras de género definitivas” y que se percibe cada vez más a partir de 2001. Sus películas pueden provocar una emoción, estar diseñadas para generar respuestas en el espectador pero no son emocionales. No sé si se me entiende y tampoco si me estaré metiendo en otro jardín. Así mejor lo aparcamos.

Dicho esto, levantó la espada en señal de saludo. Creo que el honor ha quedado satisfecho y propongo estrechar las manos.

Saludos

Miguel

PD: siempre y cuando conserve mi cargo Soberano Caballero del Águila Contumaz de 33 grado. De lo contrario, me batiré para conservar tan distinguido galardón.

Miguel Valle dijo...

Rickard: Sobre la inhumanidad de la trascendencia, algo que comparto y que también comentaba (es una de mis objeciones al punto de vista de Kubrick en mucho se su cine). Mi pregunta es si esa conclusión la compartía Clarke.

Reconozco que, a pesar de haberle leído bastante, no tengo una imagen completa de su obra como para posicionarme con seguridad completa. Por ejemplo, Cánticos de la tierra lejana, y es una de sus obras, me parece tremendamente humana y optimista aunque los talassianos hayan sido condicionados para prescindir de ciertos elementos negativos muy humanos.

Siempre me ha parecido un edén y una visión de lo que debería ser el ser humano... y muy lejos de la trascendencia que aparece en 2001.

Saludos

Miguel

César dijo...

Rikard: ¿Tres tipos de monolitos? Pues está claro: la santísima trinidad. ¡El monolito es dios! Bromeo. En efecto, o hay tres clases diferentes o el monolito es una especia de navaja suiza que puede hacer de todo (pero el enorme tamaño del monolito-puerta parece desmentir esa segunda opción).

Muy interesante lo que señalas sobre la música, en concreto sobre la de Straus. No me había fijado. Pensando sobre ello, las apariciones de los monolitos siempre van acompañadas de los temas de Ligeti, aunque no recuerdo si esos temas suenan también en otros momentos. Coño, tengo que volver a ver la película...

Las lecturas que haces del film son también muy interesantes, y demuestran que una de las grandezas de 2001 es que admite múltiples interpretaciones y matices. Tocas un aspecto, por cierto, que siempre me ha intrigado: la evidente frialdad (¿inhumanidad?) de Bowman. Lo que me hace dudar es que Kubrick era un director gélido, y puede que Bowman no sea más que un reflejo de Kubrick. Pero creo que no, porque hay dos escenas que subrayan esa frialdad: el astronauta oyendo el mensaje de felicitación de sus padres con aparente indiferencia, y el momento en que desconecta a HAL y la única emotividad corre a cargo de la máquina.

Moonwatcher no era un mono normal, era el más evolucionado de los monos, el adecuado para dar el siguiente paso evolutivo. Lo demuestra matando al rival que le había robado su manantial. Entonces quizá Bowman no sea un humano normal, sino el más evolucionado de los sapiens. HAL le roba la nave a Bowman, y éste la recupera matando a HAL. Es lo mismo que en el episodio de los prehumanos. Si esto es así, la frialdad de Bowman no sería tal, sino una muestra de ajenidad; nos parece frío porque es distinto. Nos resulta inquietante porque no tiene emociones; pero quizá esa carencia de emociones no sea algo negativo. Puede que la pura racionalidad conduzca a la bondad. A fin de cuentas, los ET's han tutelado a la humanidad, son nuestras bondadosas niñeras. Quizá Bowman se convierte en algo similar. En la novela, al final, el niño estelar destruye todas las armas nucleares.

César dijo...

Juan Constantin: Por un momento me he imaginado al monolito apareciendo en la Casa Blanca y a Trump acercándose a él en plan simio. No sé si me gusta esa imagen. Yo también me he preguntado muchas veces cuánta gente sabe por qué Gran Hermano se llama así. Pero casi peor era aquel infame programa que se llamaba Crónicas Marcianas. Qué forma de mancillar la obra maestra de Bradbury...

Miguel Valle: Un momento, un momento. ¿Quieres decir que tras un largo y denodado debate, esgrimiendo con viril fiereza argumentos contrapuestos, al final vamos a acabar llegando a un razonable acuerdo, sin insultos ni agresiones? ¿De verdad? Pero, pero... ¡Eso es antiespañol!

De acuerdo, sea como queráis, amigo mío. Puedo suscribir su síntesis sin añadir ni quitar término alguno. Así pues, depongo mi acero, estrecho su mano y le agradezco tan estimulante debate. Y, por supuesto, su cargo suyo es; los títulos que otorga la Fraternidad de Babel son como tatuajes en el alma, imborrables y eternos.

Saludos (secretos, por supuesto)

Rickard dijo...

Vuelvo a coincidir con todo lo que dices. Lo de la música de Strauss es muy claro pues sólo suena en tres momentos de la película y los tres coincidiendo con tres nacimientos: el comienzo, cuando sale el sol sobre la Tierra (nacimiento del día = nacimiento de la vida), cuando a Moonwatcher, después de estar mirando el monolito, "se le hace la luz" y comienza a golpear el hueso contra el suelo y, por último, con la aparición del bebé estelar.

Es curioso que las dos películas que, sin duda, más discusiones y/o conversaciones cinéfilas han suscitado entre mi grupo de amigos, sobre todo en mis tiempos universitarios, han sido "2001" y "Apocalypse now". Si bien son dos películas muy diferentes, las dos son obras de dos directores maniáticos, obsesivos y perfeccionistas y las dos tratan sobre un viaje iniciático al final del cual el protagonista queda transformado.

Miguel Valle dijo...

César, como antiguos defensores de la tierra plana y fervientes impulsores de la máquina de movimiento perpetuo, estamos por encima de clichés cainitas y dado que la cosa va de trascender la humanidad, ¡yes, we can!

Rickard, creo que Apocalypse tiene más concomitancias con 2001 que el viaje transformador, también es un juicio a la humanidad/civilización en el que no sale especialmente bien parada. De todos modos, creo que hay una diferencia sustancial entre Coppola y Kubrick, y es la emoción. Coppola es mucho más emocional, incluso sentimental.

Saludos

Miguel

PD: ¡Qué casualidad! Leyendo un libro sobre Welles de Peter Conrad, descubrí que estuvo trabajando bastante tiempo en una adaptación de El corazón de las tinieblas, y que tenía bastante obsesión con Kurtz.