viernes, julio 3

Fracasos en un pendrive



            A veces me preguntan de dónde saco las ideas para mis relatos. Y yo respondo que de todas partes. De lo que veo, de lo que leo, de lo que me sucede, de lo que sueño, de lo que me cuentan... En realidad, la pregunta debería ser otra: ¿Cómo y por qué entre tantas ideas escoges una en concreto? Ojo: cuando digo “idea” no hablo de un argumento, sino de algo mucho más pequeño, poco más que un tema. Pues bien, cada idea plantea una pregunta diferente. Lo que hago es escoger la pregunta que en ese momento más me interesa.

            Por ejemplo, hace ocho años, tras una de mis múltiples lecturas sobre mi leyenda favorita, la del Rey Arturo, reflexioné acerca del tema general de la leyenda y llegué a la conclusión de que trata sobre la barbarie y la civilización, y sobre la difusa frontera entre una y otra. Entonces surgió la pregunta: Si la sociedad se derrumbase y cayera en la barbarie, ¿qué harías: intentar mantener la civilización o convertirte en un bárbaro? Lo que me fascinó de esa pregunta es que no tiene una respuesta sino muchas, y que incluso las respuestas más antagónicas se sostienen sobre argumentos razonables.

            Mi forma de intentar responder (o no encontrar respuesta) a esas preguntas consiste en escribir ficción, así que ideé un argumento y me puse a darle al teclado. Al cabo de un par de semanas, paré, revisé lo que había escrito y llegué a la conclusión de que aquello era malo, malo, malo. Esa no era la respuesta, así que dejé de escribirlo.

            Entonces ideé otro argumento. No me limité a corregir lo anterior, hice algo muy distinto. Y al poco volví a pararme, volví a releer y volví a mandar a la mierda lo que llevaba escrito.

            Dejé pasar un tiempo para reposar las ideas. Al cabo de unos dos años, más o menos, volví a retomar el proyecto, desarrollé un nuevo argumento distinto a los otros dos, y entonces la cosa funcionó. Escribí la mitad de la novela y tuve que parar para atender otros compromisos editoriales. Finalmente, hace unos meses, la acabé.

            Pues bien, ayer estaba revisando el contenido de un pendrive y encontré un archivo sin título (sólo ponía “novela”). Tras abrirlo, descubrí que era un texto de casi treinta páginas. Lo leí y me quedé perplejo: lo había escrito yo, pero ni recordaba haberlo hecho ni tenía la menor idea de lo que era. Finalmente caí: se trataba de la primera versión de la novela. ¡Pero no me acordaba de nada!

            Y eso no es normal. Veréis, aunque planifico mis novelas antes de escribirlas, apenas tomo notas, porque lo guardo todo en la cabeza. Para otras cosas tengo memoria de pez de colores, pero a la hora de escribir soy una máquina. He sido capaz de escribir una novela corta a lo largo de casi 20 años, recordando cada detalle del argumento. Pero ese texto se había esfumado de mi cabeza; tanto que al releerlo no encontraba nada familiar en él. Nada me sonaba. Era como si lo hubiera escrito otra persona. Y debía de haberlo trabajado bastante, porque los personajes empleaban una jerga inventada.

            ¿Por qué lo olvidé? Supongo que al descubrir que lo que había escrito no valía, me cabreé. Demonios, a buen ritmo (en mi caso) 30 páginas son más de una semana de trabajo tirada a la basura. Así que mi rencoroso cerebro debió de mandar a la mierda aquel texto inútil, no dejando ni rastro de él en la memoria.

            El caso es que en el pendrive había otro archivo sin nombre: la segunda versión de la novela. Sólo ocho páginas. Que tampoco recordaba haber escrito; aunque había cosas que me sonaban. Vagamente.

            Es curioso eso de leer textos propios como si fueran ajenos. Da un poco de grima. Aunque al menos me permitió averiguar en qué me había equivocado las dos primeras veces. ¿Recordáis la pregunta? Si se derrumba la sociedad, ¿intentas conservar la civilización o te sumes en la barbarie?

            La primera versión presentaba un futuro en el que la sociedad se derrumbó hace tiempo y la gente ha vuelto a una vida tribal y nómada. El problema es que en ese contexto no hay nada que conservar; en todo caso, se trataría de refundar la civilización, no de mantenerla. Y no era eso lo que yo quería hacer. Otro problema era que el texto parecía una mezcla entre Mad Max y La naranja mecánica. Es decir, más visto que el TBO (qué frase hecha más añeja, pardiez).

            La segunda versión se desarrollaba en un futuro cercano en el que una minoría de privilegiados vive en ciudades fortificadas, mientras que el resto de la población malvive en medio de la barbarie. De nuevo no hay civilización alguna que mantener, porque ya existe la civilización, aunque en manos de pocos. Eso sería un escenario situado antes del colapso definitivo. No me extraña que abandonara ese argumento tan rápido, porque no respondía a ninguna pregunta.

            La versión definitiva, ambientada en un futuro más cercano todavía, se sitúa en el momento en que la sociedad se colapsa definitivamente. Es justo ahí cuando la pregunta es pertinente, porque es en ese preciso momento cuando se plantea la cuestión. Aunque descarté por completo los dos primeros argumentos, tomé algunos elementos de ellos, pero apenas unos cuantos detalles. Incluso en los errores siempre hay algo aprovechable.

            Por si alguno se pregunta cuál es la respuesta a la pregunta, no le responderé que tendrá que aguardar a leerlo en la novela, porque como decía antes, no hay respuesta correcta. La historia está protagonizada por tres hermanos; cada uno de ellos representa una respuesta distinta. Que el lector decida.

            ¿Qué haría yo si la civilización se colapsase? Pues nada, porque dudo mucho que formara parte de los supervivientes.

11 comentarios:

Juan H. dijo...

Me has dejado con la pregunta en la cabeza, ¿Yo que haría? , aunque lo más probable es que también palmara de los primeros, tendría días de ser un mal nacido(no dudaría en hacer daño para defender a los mios) y otros de arrepentimiento(madre mía! como pude hacer eso!), no lo sé, supongo que es la bipolaridad del ser humano medio..., muchas ganas de leer esta nueva novela. Por cierto conseguí la " Vara de hierro" en los cuadernos UPC y me está gustando un montón, está genial.
El tiempo en que se plantea, la pregunta me ha recordado al "Apocalipsis" de King, que creo que es una de sus mejores novelas, apenas pasa en los 9-10 meses desde que la supergripe acaba con casi todos y la lucha entre el bien y el mal por reconstruir la civilización.
Que no te acuerdes de los textos creo que es normal, por un lado mira la fecha en que empezaste, seguro que hace unos años y si le asocias el refuerzo negativo de que no salió bien, la mente tiende a olvidar lo malo y recordar lo bueno, creo, o eso dicen. Saludos César.Por cierto, este año, ¿Pasarás por el Celsius?
Juan H.

César dijo...

Juan H: En cierto modo has resumido las respuestas de los tres hermanos: El menor se adapta a la barbarie, el de en medio intenta ser civilizado en un mundo que ya no lo es, y el mayor adopta un punto de vista pragmático, a veces civilizado, a veces brutal.

¡La vara de hierro! Santísima virgen de los desamparados, cuantísimo tiempo hace que lo escribí. Me daría mucho miedo releerlo. En cuanto a Apocalipsis, también es una de mis novelas favoritas de Mr. King. Aunque la leí cuando se publicó por primera vez, y entonces se llamaba "La danza de la muerte" (y venía en dos tomos)

Juan Constantin dijo...

Saludos:

Apocalipsis es una de las novelas que más me gustan de Stephen King. Creo que algo tendrá que ver que esté muy influenciada por El Señor de los Anillos, y no sólo en su longitud.

Buena pregunta la que te hiciste, César. Muy adecuada a la época que nos ha tocado vivir últimamente. Aunque el Covid19 no se parezca en nada a la supergripe de King, el pánico que ha desatado a nivel mundial y las consecuencias económicas y sociales que trae (ya veremos cuánto duran) me hacen pensar en qué pasaría si... y me da miedo ver que niuestra sociedad puede caer como un castillo de naipes al menor soplo de viento.

Juan Constantin

Joaquín dijo...

Nathan el Sabio, de Lessing tiene las tres respuestas.

No hace falta ponerse apocalíptico (un decir) cuando no sólo por la covid se tienen algunos dilemas ético de un calibre similar, a saber: si le amputan las piernas (al paciente) puede vivir, quizás, dos años más... Y luego como Nathan tiene que decidir entre tres qué hacer: uno dirá «vaya mierda vida que se le presenta,pero», el segundo dirá «qué pero..., tiene cierta esperanza de vida», el tercero dirá «si miramos la eficiencia de vida que le queda...», justo hace una tríada de los dos, aunque no una síntesis.
El final se puede discernir: su vida será una mierda. Que no decida nadie por ti. Decía una pintada en La Sobornna

César dijo...

Juan Constantin: La frontera entre civilización y barbarie es tan delgada como un pelo. Para pasar de lo uno a lo otro basta, por ejemplo, con que en una gran ciudad haya un apagón eléctrico prolongado. En el gran apagón de New York de 1977 hubo disturbios y saqueos a mansalva. Fue un caos, y sólo falló la corriente durante 24 horas. ¿Te imaginas lo que habría sucedido si hubiera durado una semana?

Joaquín: Bueno, ese dilema ético que mencionas es de índole distinta, y se llama triaje.

Joaquín dijo...

Basta ir a Urg., para ver qué es un triaje no es un dilema es un enfermero/a que hace una primera clasificación atendiendo varios parámetros. No hay dilema ético de ningún tipo.
La barbarie se da cuando en un equipo médico se intenta mantener vivo a alguien a un a costa de sólo mantenerlo vivo sin saber las condiciones en que queda y aún a costa de no preguntar al paciente si quiere vivir así.
Pasa más a menudo de lo que se sabe.
Pero creo que he errado el tiro de la pregunta que planteas. Hay una escena de Orson Wells en una noria que plantea algo similar. Si le dan por cada puntito que se ve en miniatura (es una persona) una cantidad de dinero si le importaría ver menos «puntitos».
Lo mismo lo he interpretado de otra manera la hermenéutica da para mucho.

Javier Albizu dijo...

Llevo un tiempo haciendo acopio de las cosas que he escrito a lo largo de los años y, aunque siempre terminan apareciendo por ahí cosas que no sé dónde ubicar en el tiempo, por lo general acostumbra a haber algo en mi cabeza algo que resuena. Una parte que cree, o quiere creer que recuerda lo que pretendía con aquello.
Hace cosa de un año me dediqué a recopilar todo lo que tenía en disketes, a leer los metadatos de los textos, y a crear una hoja de cálculo con la progresión temporal de lo que fui encontrando. Pero no sólo los políticos son susceptibles a la corrupción, los metadatos, sobretodo en soportes electrónicos, también son susceptibles a ese mismo mal. Cuando llega el momento de conflicto entre lo que veo y lo que recuerdo, al final suele imperar lo segundo, pero la duda siempre queda ahí.

Esto nos lleva hasta el género postapocalíptico, uno del que nunca he sido muy fan.
Obviamente, dentro de algo tan amplio, hay alguna obra con la que sí que consigo conectar, pero es posible que esta falta de cariño venga dada por el pánico que me provoca la posibilidad de que me toque vivir el fin de "la civilización".
Cosas de ganarme la vida gestionando datos, de entender parte de la tecnología y las dependencias que genera, y de tener claro que, con los niveles de sofisticación, miniaturización y dependencia que hemos alcanzado con la tecnología, la hostia sería enorme y el proceso de reconstrucción harto complicado.

Todo eso le sienta muy mal a mi TOC y a mi necesidad de sentirme (falsamente) "en control de la situación y autosuficiente".

César dijo...

Joaquín: En fin, hay muchas clases de problemas éticos, en efecto. El que yo me planteo podría resumirse en una pregunta: El bien y el mal ¿son valores absolutos o dependen del contexto?

Javier Albizu: Si algo nos revela la historia es que todas las civilizaciones acaban derrumbándose. Lo que llamamos "civilización occidental" lleva muchos siglos imperando en el mundo. La pregunta no es si caerá, sino cuándo caerá.

Anónimo dijo...

Saludos César, como siempre un placer leerte.
Pensé que yo era el único al que le había pasado eso de escribir algo y después no reconocer lo escrito.

En mi caso escribí un par de cuentos (de los cuales debo decir que había quedado medianamente conforme con el resultado) y los dejé almacenados al rededor de 6 meses. Tendrá aproximadamente 2 semanas que decidí releerlos y vaya sorpresa que me he llevado.

Resulta que al releerlos ahora, no reconocía lo que había escrito, al grado que literalmente me parecía que los había escrito alguien mas pero en el sentido positivo, me parecieron mucho mejores de lo que originalmente había pensado, tanto, que hasta podría decir que estaba leyendo algo escrito por un profesional (aclaro que soy totalmente amateur en esto de la escritura).

Fue una sensación muy extraña y en el fondo satisfactoria encontrarme con esto. lamento que tu caso haya sido inverso, pero, ¿acaso alguna vez te ha pasado algo similar a lo que cuento?

Muchas gracias por la atención

Neuromante.

César dijo...

Neuromante: La verdad es que no creo que en seis meses pudiera olvidarme de algo que he escrito. Esos dos comienzos de novela que he comentado los escribí hace siete u ocho años. En general, no suelo olvidar lo que escribo. Ahora bien, sí me ha pasado algo parecido a lo que comentas. Cuando acabé el primer borrador de mi novela "La caligrafía secreta", la dejé aparcado durante más o menos un mes. Pasado ese tiempo, me puse a corregir el texto y, para mi sorpresa, era mejor de lo que yo esperaba. No es que lo hubiera olvidado, es que no lo había valorado debidamente.

Joaquín dijo...

Pregunta del absoluto y del contexto.
Un kantiano lo vería de forma absoluta. Denunciaría o condenaría a su hijo (claro que él no tenía hijos).
Uno más cercano..., pongamos Unamuno: él cuando escribió en La lucha de clases (tres o cuatro años que se proclamó abiertamente socialisTa) escribió un artículo sobre el Tribunal militar; estos dijeron quién escribió eso (ya que escribía artículos con apodos) pues no tuvo la suficiente parresia de decir que fue él. El propio director del periòdico se adjudicó la autoría, y Unamuno cayo a cierta parte de los socialistas mal.
A mi escaso juicio como presunto filosofín que dice mi máster ver de forma absoluta un dilema ético es imposible y dependiendo el contexto existe una posible verdad que se hacen entre todos, como diría Giner.
Addenda: Volvi loco a mi director de máster (Santesmases) pq le varié la tesina cinco veces; y al final le entregué una sexta. No le importó pq siempre mejoré la misma.
PD: Dice Felix Duque que hacer un màster es plagiar tres libros. A mi me gustaría saber sobre los literatos si plagian a sabiendas de allende los bares o son ideas «propias» refritadas. No lo digo por ti César es una pregunta que me hago...