jueves, diciembre 24

El tradicional y entrañable cuento navideño de Babel

 


            ¿Recordáis que el año pasado nos despedíamos diciendo “feliz año nuevo”? Vaya ojo teníamos, ¿eh? Que 2020 ha sido (está siendo) un año de mierda no lo duda nadie. Así que no le demos más vueltas: Vaffanculo duemilaventi!

            Pero, claro, ahora este puñetero año siniestro amenaza con cargarse la Navidad. Vale, pues que se la cargue; mejor eso que acabar boqueando como un pez fuera del agua. No olvidemos que este bicho es muy chungo y sigue aquí. ¿Qué es terrible no poder abrazar a los seres queridos? (Joder, qué manía con abrazar...) Pues más terrible aún sería infectar a tus seres queridos a base de arrumacos. Así que ni abrazos, ni besos, ni achuchones, salvo con tus convivientes; a esos puedes sobarlos todo lo que quieras. Y de follar con extraños/as, ni hablamos. Qué triste, ¿no?

            ¡Pues no! No tiene por qué ser así. Vale, se supone que en estas fiestas nos reunimos con toda la familia. Pero, ¿de verdad queréis encontraros con toda, toda, toda la familia? ¿También con ese cuñado facha? ¿O con esa prima que no para de hablar? ¿O con los horribles hijos de tu hermano? ¿O con esa tía que tiene una risa tan irritante? ¿O con el abuelo, que es una máquina tirándose pedos? ¿O con todos esos que ya están borrachos antes de llegar al segundo plato?

            Ya, ya, en tu familia también hay gente encantadora con la que te encantaría reunirte. Pues no pienses en ellos, sino en todos aquellos que afortunadamente no vas a ver este año. Parafraseando a Tagore; no llores por los que no están y te gustaría que estuviesen, porque las lágrimas te impedirán disfrutar de las jubilosas ausencias. Además, siempre nos quedará Zoom.

            Céntrate en tu familia más próxima. ¿Os queréis? Pues entonces tienes de sobra con eso. Aunque puede que tus hijos te ignoren y tu pareja quisiera poder ignorarte... Pero da igual: es Navidad, el momento ideal para fingir. Aunque no, seguro que os queréis. Pues céntrate en lo que tienes, disfruta de lo pequeño. ¿Que no podéis estar más de seis juntos? Coño, pero si en mi familia, de pequeño, éramos seis y ya me parecía una multitud.

            Me voy a poner cursi: La Navidad no está fuera, sino dentro de uno mismo. La Navidad es un estado de ánimo. ¿A que doy asquito? En realidad, preferiría llamarlo Solsticio de Invierno, que es el auténtico origen de esta festividad; pero si lo hago se me enfada Casado, porque, para él, todo lo que no sea cristiano y/o rojigualda es antiespañol.

            Igual que para Almeida, el pequeño alcalde de Madrid. El tío ha puesto, como luces navideñas, una bandera de España luminosa de más de un kilómetro de largo en el paseo de la Castellana. En fin, no tengo nada contra la bandera, tampoco a favor; es un símbolo y, como tal, significa lo que a cada cual le salga de las narices. Pero, ¿no se supone que la Navidad es una celebración ecuménica que propicia la unión y la fraternidad? Entonces, ¿a qué viene mezclarla con el puñetero nacionalismo, que es la esencia misma de la desunión? Al final todo se reduce a ver quién la tiene más grande. La bandera, digo.

            Volviendo al tema inicial, nada en esta coronavidad va a ser lo mismo. Por ejemplo, yo tengo un ritual: Al llegar estas fechas, voy al barrio donde vivía, Chamberí, y deambulo por algunas de sus calles; sobre todo por Manuel Silvela, donde estaba mi primer colegio, por la parroquia del Perpetuo Socorro o por la plaza de los Chisperos. Luego voy a la bodega La Ardosa, en Santa Engracia, y me tomo una bravas (quizá las mejores de Madrid). Es decir, visito los escenarios de mi infancia. Pues bien, este año no lo he hecho. No me apetece ir con mascarilla y miedo al bicho. Ya volveré el año que viene.

            Afortunadamente, hay cosas que no cambian, y una de ellas es el tradicional cuento navideño de Babel, tan entrañable él. Normalmente, al llegar noviembre me pongo a pensar en argumentos; a veces, porque estoy liado con otras cosas, tardo en encontrarlo y me entra la paranoia; otras veces se me ocurre a tiempo y me relajo. Este año, a finales de noviembre tenía dos argumentos para dos cuentos distintos: uno triste y otro gamberro. Bastantes tristezas hemos tenido este año, me dije, así que ya sabéis cuál escogí.

            Quizá penséis que me inclino por los cuentos navideños irreverentes y/o traviesos. Y, bueno, es cierto que mi lado anarco, y mi negro sentido del humor, me llevan a escribir con frecuencia sobre caníbales, extinciones masivas o demonios. Pero también es verdad que me gustan los cuentos navideños tradicionales, siempre y cuando sean originales y no demasiado babosos. Os confesaré que, de todos los que he escrito, mi favorito es La historia del indiano, un cuento que es puro buen rollo. Pero es difícil encontrar historias navideñas que no suban la glucosa; además, creo que tiendo al gamberrismo; debería volver a tomar la medicación...

            El relato de este año se llama “El poni” y cuenta la conmovedora historia de un tierno Santa Claus. O algo así. Espero que os guste.

            Un año más, amigos, os deseo que paséis unas fiestas estupendas. Ya os habéis librado de la comida de empresa y os vais a librar de los parientes pesados, ¿qué más le podéis pedir a la vida? Sed felices, cuidaos mucho, quedaos en casita –que es donde mejor se está- y no toqueteéis a los extraños. Queridos merodeadores: un gran y virtual abrazo de oso (amoroso)

 

            El poni

            By César Mallorquí

 

            Como buen Santa Claus que era, a Germán le encantaban los niños y la Navidad. Por eso cada año, cuando la ciudad se vestía de luces de colores y el aire se llenaba de villancicos, Germán se ponía un traje rojo con ribetes blancos y acudía a distintos centros comerciales para atender pacientemente las peticiones de los niños.

            Lo hacía por ellos, por los niños, pero también por el dinero que le pagaban, una cantidad que le venía muy bien para complementar su magra pensión. Y, justo es reconocerlo, Germán era un excelente Santa Claus. No necesitaba barba postiza, pues la suya era blanca, larga y algodonosa, y tampoco requería un traje acolchado, pues era de natural entrado en carnes. Además, tenía la edad adecuada: setenta y dos años. La verdad es que, incluso con traje de calle, Germán parecía Santa Claus. Eso por no mencionar su carácter, tranquilo, cariñoso, bonachón y apacible (...)

 

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37 comentarios:

Ángel dijo...

Cesar, Felices fiestas, comparto totalmente tus reflexiones, que alegría no tener que compartir mesa con según quien. El cuento lo tomo como un regalo, me has echo reír.
Un saludo.

Unknown dijo...

Me has hecho la navidad con la frase "el abuelo que es un máquina tirándose pedos" y felices fiestas tus libros me cambian la vida

Quique dijo...

Felices fiestas desde el norte. El cuento me ha gustado pero, no se por qué, esta año esperaba uno entrañable.

Angel M dijo...

Acabo de leer el libro de César Mallorqui "el juego se Cain" (2008)y las similitudes con el libro de Philip Kerr "falso nueve"(2015) son evidentes.

Diva Chalada dijo...

Querido César:

en primer lugar, felices fiestas. O algo así.

En segundo lugar... falta cuento. Ese no puede ser el final, tiene que haber más.

Quiero.mi.final. (lo siento, no he podido resistirme :D)

En realidad un cuento gamberro este año me parece bien, pero este es demasiado realista. Pero me ha encantado tu detalle de incluir "Noche de paz" :)

Este año se me ha olvidado hasta cómo escribir comentarios en condiciones, así que voy a dejarlo aquí. Un abrazo enorme.

Cristina la de los veinte mil nicks que lleva años sin comentar

Juan Constantin dijo...

Saludos:

Buen cuento. Nos recuerda que hay otros peligros además del Coronavirus rondando por estas fechas (bueno, y cualquier fecha) y que ni Papá Noel está libre de caer en ellos. Si hubieran sido los Reyes Magos los habrían llamado La Manada de Oriente...

Juan Constantin

Anónimo dijo...

Ja, ja, ja menuda psicópata era la niña. Y yo pensando a ver cómo se las ingeniaba el pobre Germán pa llevarle un poni. Seguro que te has inspirado en algún político. Menuda gamberrada de cuento, no quiero pensar cómo era el otro. Pero me ha gustado, Santa siempre parecía ocultar algo, aunque éste era un buen tipo. ¿Qué comiste el día que se ocurrió el argumento?.
Un abrazo y Feliz Navidad!!!!
Mazarbul

Anónimo dijo...

Felices navidades, César, dentro de lo que nos cabe a todos.
El cuento, divertido, como siempre son tus cuentos...Me ha gustado mucho que sea tan fácil de visualizar, al menos yo he ido viendo a todos los personajes con claridad, aunque administras muy bien la información que nos das, la justa: ese Santa paciente y satisfecho; la niña con mala leche,monísima pero mala,mala...Es que hay niños así, aunque nos cueste admitirlo...Esa madre que suelta a su hija y se pierde con el móvil; los demás niños esperando; los villancicos que suenan...
Saludos afectuosos desde Cantabria..........................................Aurora Boreal

César dijo...

Ángel y anónimo de las 6:46: ¡Felices fiestas!

Quique: A la hora de escribir estos cuentos no tengo ningún plan fijo. No alterno entrañables y gamberros, ni nada de eso. Sencillamente, escribo la primera idea que se me ocurre, y que me guste, claro.

Cristina: Vaya, lamento que el cuento no te haya convencido. Quizá echas en falta algún toque de fantasía... Pero es que no solo se trata de si el cuento es entrañable o gamberro, sino también si es realista o fantástico o de ciencia ficción, o satírico, o triste, o nostálgico. Para mí está bien que nunca sepas qué te vas a encontrar. Aunque, claro, eso puede frustrar las expectativas.

Juan Constantin: Qué bueno, me has hecho reír con lo de la "manada de oriente". Gracias.

Mazarbul: Sería estupendo que la comida definiera el tipo de cuento que se escribe. Si como chili picante, escribo un cuento erótico. Si como huevos, un relato machista. Y si tomo peta zetas, un cuento infantil...

Aurora Boreal: Supongo que en eso que dices tiene que ver que, para escribir cualquier escena, tengo primero que visualizarla mentalmente. Y también con que, en este caso, describo una situación que has visto mil veces: un gran almacén en Navidad, Santa Claus sentado con una niña en las rodillas, villancicos por la megafonía... El escenario es de lo más normal; lo que ya no es tan normal es lo que pasa. Felices fiestas desde el gélido Madrid.

Ángel M: Pues no tenía ni idea de eso que dices. Mi hijo Óscar tiene "Falso nueve" en su pila de novelas pendientes de leer, así que le echaré un vistazo. Gracias por la información.

Jane Jubilada dijo...

Buenísimo el cuento de Navidad, pobre Germán. Me has hecho reír en un día en que me han dicho que tengo que estar sin salir de casa 10 días. Si puedo leer buenas historias como esta , no me importa en absoluto.
Un abrazo y feliz año.

Jarl-9000 dijo...

El cuento está muy bien. De hecho, está tan bien escrito que no puedes evitar ponerte en la piel de Germán, que bien podría ser la de cualquiera de nosotros. Por ello, siento decirte que me ha generado tal mezcla de sentimientos (diversión, sí, pero mayormente angustia, tristeza, indignación...) que me ha puesto de mal cuerpo y mala leche. Sé que no era tu intención, claro, pero es lo que me ha pasado y así te lo cuento. Más que nada, creo que se debe a que lo que le pasa a Germán en el cuento es perfectamente creíble, diría que de rabiosa actualidad: las personas buenas asisten indefensas a cómo unas leyes mal hechas les arruinan la vida cuando unos indeseables se aprovechan de ellas. Es descorazonador y, en cierto sentido, puede que sea el cuento más terrorífico que has colgado por aquí.

Me gustaría ser más alegre, pero no me sale, no en esta entrada. Feliz Navidad a todos y ojalá 2021 sirva para demostrar que hemos aprendido algo de los errores. Ojalá.

César dijo...

Jane Jubilada: Feliz año, querida. Y que te sea leve el confinamiento.

Jarl-9000: Joder, qué putada te he hecho sin querer... Lo siento, de verdad; ya sabes que pretendía todo lo contrario. Supongo que es el problema que tiene el humor negro, que según cómo lo tomes te hace de todo menos gracia. Es cierto, lo que cuenta el relato puede ser posible, y es tremendo que vivamos en una realidad en el que algo así podría suceder. De hecho, a un amigo mío le pasó algo similar, aunque afortunadamente no tuvo consecuencias. Gracias al cielo, no abundan los niños psicópatas. En fin, el año que viene intentaré escribir un cuento de buen rollo. Un abrazo y feliz año nuevo.

Miguel Valle dijo...

¡Feliz Año, que no queda ya nada, César!

Gracias por animarnos desde este faro de, de... ¡vaya! No puedo decir esperanza, porque me has dejado como a Jarl-9000 (quizás no tanto). Lo primero que he pensado es menuda hideputa, la niña, pero luego me ha asaltado la impresión de que algo así podría pasar y he torcido el morro.

No me entiendas mal, me ha gustado, me parece muy ingenioso, pero creo que mi ánimo, hoy, requiere un puntito de luz al final del túnel.

¡Me voy a ver una de Capra!

Sed buenos, disfrutad de los convivientes, pensad que podemos ser mejores y si oís unas campanillas, es que un ángel de segunda ha conseguido sus alas.

Mucha salud y amistad para todos... incluso a esa cabrona de niña :)

Gracias por todo, César.

César dijo...

Miguel Valle: Diantres, sin darme cuenta, parece que he tocado un temor íntimo oculto en los varones. Y debo decir que lo comprendo, pues en algún momento lo he experimentado yo mismo en forma de prevención: no hagas eso, no vaya a ser que alguien se confunda. En fin, no era consciente de ello cuando escribí el cuento.

El humor negro es muy delicado, pues se construye sobre el dolor y la desgracia. Hay que provocar cierto grado de distanciamiento entre el lector y lo que se narra, porque si no la sonrisa se transforma en rictus. Y supongo que ese es el problema: si el lector piensa que lo que está leyendo podría pasarle a él con toda facilidad, se rompe el distanciamiento y la cosa ya no tiene ni pizca de gracia. Imagino que ese cuento será mejor recibido por las mujeres. Qué curioso...

De todas formas, tienes razón; precisamente este año, debería haber escrito un cuento más a lo Capra. Prometo que el año que viene intentaré escribir un relato de buen rollo. Feliz año nuevo y un gran abrazo.

Anónimo dijo...

Pues qué curiosa reacción. Es cierto que has conseguido que el lector viva esa angustia del pobre Germán: haga lo que haga va a ser malo el resultado. Me he acordado de una película no muy conocida, pero que a mí me impresionó y me dejó muy pensativa. No recuerdo el título. Sé que uno de los actores era Martin Sheen y estaba ambientada en el mundo del periodismo. Se seguía el caso de un profesor de instituto acusado por una alumna de abusos sexuales. Todo era mentira,pero a él le destrozaron la vida, incluso después de saberse la verdad. Da mucha angustia saber que por la inconsciencia de una niña la vida de alguien puede verse tan trastornada.
Te tomamos la palabra: para la navidad de este año un cuento a lo Capra...
Saludos congelados desde Cantabria.................Aurora Boreal

César dijo...

Aurora Boreal: Hay una novela de Ian McEwan, "Expiación", que trata precisamente de eso, de los desastres que pueden causar esa clase de mentiras. En fin, no me imaginaba que este iba a ser uno de mis cuentos más controvertidos... Pero me parece bien; si un texto remueve interiormente, de la forma que sea, es que algo bueno tiene ese texto. De todas formas, haré lo humanamente posible para que el cuento navideño de este año sea tan entrañable que le causaría hiperglucemia al mismísimo Walt Disney. Pero tendré que empezar a buscar ideas desde ya, porque la mayor parte de las cosas que se me ocurren son gamberrillas. Un saludo igualmente gélido desde Madrid.

Anónimo dijo...

Como siempre muchas gracias, tu cuento navideño forma parte de las tradiciones de mis fiestas, y como siempre una petición, recopilarlos todos (y alguno más en un libro), reserveme una miriada de ejempleres. Feliz año.-

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