sábado, octubre 21

El placer de lo inútil

Ayer escuché en la tele el discurso que leyó Paul Auster durante la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. Pocas veces he estado tan de acuerdo con las palabras de un escritor, y menos de un escritor premiado. Más allá de la empalagosa mística literaria, Auster habló de la bellísima, de la radiante inutilidad del arte de escribir (algo muy en sintonía con este blog). Así pues, no me resisto a reproducir un fragmento de dicho discurso... Vale, un fragmento no; casi todo. Pero merece la pena.

“Esa necesidad de hacer, de crear, de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto? ¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no disfrutan de los libros tanto como el que más?

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente… inútil.

La narrativa, sin embargo, se halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar? Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones, canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son inofensivos.

Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos llaman la “era posliteraria”. Puede que sea cierto, pero de todos modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea cual sea la forma en que se presenten –en la página impresa o en la pantalla de televisión–, resultaría imposible imaginar la vida sin ellas”.

Paul Auster 20-10-2006

13 comentarios:

Javier Albizu dijo...

Tiene razon, pero tampoco se pueden tomar esas palabras como una regla infalible.
La "utilidad" de la escritura depende muy mucho de la intencionalidad. El que una obra sea de ficcion, no implica que no pretenda "enseñar" algo (tengo una sensacion como de deja vu. Me parece que estoy repitiendo, o ampliando, un comentario de los del anterior post).
Se puede escribir con el objetivo del mero entretenimiento, o el de la pura evasion, pero aquellos que tienen un merito real, son aquellos que logran llegar un poco "mas alla".
En las palabras de Auster, lo que yo leo es un intento de bajar los humos de aquellos que, por llamarse a si mismos (o ser llamados por otros), "artistas" se creen moral o culturalmente superiores a aquellos con unos trabajos (o gustos) "normales".
No considero la literatura como algo "inutil" (ni creo que lo haga Auster, al menos en su acepcion mas comun). Quizas no de como resultado algo material o practico (mas alla de un monton de hojas cosidas que pueden ser usadas para compensar la pasa de una mesa), pero eso no le niega una utilidad distinta (ni mejor ni peor)
Existe utilidad en lo bello, y belleza en lo practico.

Hala, ya me he vuelto a enrrollar.

Víctor M. Ánchel dijo...

Es curioso, pero de todo el texto a mí lo que más me llegó al alma es justo lo que has cortado:

"No sé por qué me dedico a esto. Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir, y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe…, salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente: porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa. "

Y luego el final:

"De todos modos, en lo que respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que exhale mi último aliento.
Nunca he querido trabajar en otra cosa."

Con perdón por la longitud, pero es que había que recuperar estos dos fragmentos.

V.

mazarbul dijo...

No hay desperdicio. Me parece acertadísimo. El concepto de inutilidad en cualquier caso es muy relativo, invadido de que todo tiene que tener una utilidad y un usufructo, un beneficio. Es aplicar teorías mercantiles a todo. Incluso a la literatura. Y eso de que que no es util habría que verlo. Yo no podría vivir sin ella, en cualquiera de sus formas, así que si tengo una necesidad que me cubre, no debe de ser tan innecesaria ¿no?.

Mariano Planells dijo...

jajajaja, quizás no sea tan inútil... en el fondo cuando leemos o escribimos -inconscientemente- aspiramos a algo (aparte de los ácaros del polvillo). El sólo hecho inconsciente ya nos altera la bilis (la actitud).
¿Servir para algo? Como el bacilo de Kock o el virus ese del sida...son poco socializables o poco remomendables, pero inútiles no.
Lo que me parece inútil es esta postura bancaria de la vida: sacarle rentabilidad y máxima rapidez útil a todo lo que nos rodea. Las putas prestaciones.
Recuperar la lentitud, el derecho a la diferencia y el puro amor por las cosas bien hechas (aunque parezcan inútiles) creo que son posturas muy sanas. Ojalá que Hitler hubiera prosperado en esta postura: más pintura, más tiempo perdido, más paseos por el campo.
Eligió la eficacia, la máxima rentabilidad de su tiempo, la gestión del tiempo.
En fin, qué rollo: ¡Vivan las cosas inútiles! que son las únicas que nos son de alguna utilidad a largo plazo.

J.Fidel dijo...

El concepto de inutilidad al que hace referencia Auster está bastante extendido. Tengo un amigo que dice que no lee libros (que no sean técnicos sobre su trabajo) ya que según él, si un libro es suficientemente bueno harán una peli de él, y entonces es mucho más provechoso verlo en dos horas que tener que perder el tiempo leyéndolo. Y es una persona de más de treinta años, con carrera universitaria.
Así que cada día me esfuerzo más en disfrutar de las cosas inútiles, que son las que hacen que la vida merezca la pena.

pies diminutos dijo...

Me ha encantado leer el discurso lentamente, sopesando sus ideas... y la verdad es que tal y como lo plantea Auster, es muy difícil no estar de acuerdo...

Skalagrim dijo...

Hay una parte, ésta, con la que no estoy muy de acuerdo:

"Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados..."

Creo que el arte y los libros tienen a menudo una importancia enorme. Nos trasladan ideas y principios que nos hacen mejores o peores, que exaltan en nosotros partes luminosas u oscuras. Y nos deciden a actuar en un sentido u otro.

Un ejemplo: muy poca gente sabe que Washington, el primer presidente USA, era un tipo más bien conservador y monárquico. Su inclinación natural hubiera sido, probablemente, oponerse a la rebelión de las Colonias. Sin embargo, la lectura de THE COMMON SENSE, de Thomas, Payne, le convenció para unirse a la revolución, según confesó más tarde. Muchos historiadores opinan que, sin su presencia aglutinadora, nunca habrían existido los EEUU (y eso, a su vez, puede ser contemplado como algo positivo o negativo para la humanidad).

Pocas cosas me parecen tan poderosas e influyentes como el arte. La pluma siempre ha sido más poderosa que la espada. Y creo que Auster lo sabe.

Yarhel (Enric Quílez) dijo...

Opino como skalagrim que los libros tienen (o tenían) una influencia enorme en el desarrollo del pensamiento y de la filosofía y que ello se acaba traduciendo en cosas concretas y prácticas.

Por otro lado, la idea de Auster, supongo que es más bien a corto plazo. En eso también coincido, pues dichos efectos suelen verse a muy largo término, por lo general (también hay excepciones).

Anónima de las 9:59 dijo...

A mí me ha gustado el "equiparamiento" entre literatura, cine, cómic... Todo ello no son más que formas de contar historias.

La "necesidad de ficción universal" se alimenta, según la cultura/ educación/ momento de la historia/ construcción cerebral de cada uno, desde diferentes canales.

Sí, sí, la literatura está muy bien, pero no se puede despreciar el cine, el cómic, la telenovela...

Todos son igual de válidos. ¡Aunque aún no haya Nobel de cómic o de cine! ;)

Pedro Terán dijo...

Estoy sorprendido por los comentarios, la verdad es que al leer el discurso en la prensa pensé que habría un acuerdo universal con Auster.

No sé si habría las mismas prevenciones respecto a la palabra "inutilidad" si estuviéramos hablando de cualquier otra cosa que no tocara a los presentes tan de cerca.

O, en palabras de G. H. Hardy en su "Apología de un matemático" (1940):

Parece absurdo suponer que me hubiera podido "ir mejor". Carezco de habilidades lingüísticas o artísticas y tengo muy poco interés por las ciencias experimentales. Podría haber sido un filósofo aceptable, pero no muy original. Pienso que podría haber sido un buen abogado; pero el periodismo es la única profesión, fuera de la vida académica, en la que yo hubiera confiado en mis habilidades.

(...)

No he hecho nunca nada útil, ningún descubrimiento mío ha producido, o va a hacerlo directa o indirectamente, para bien o para mal, la menor diferencia en el bienestar del mundo. He ayudado a formar a otros matemáticos, pero del mismo tipo que yo, y su trabajo ha sido, al menos en la parte en que yo les he ayudado, tan inútil como el mío. Si se juzga desde un punto de vista práctico, el valor de mi vida matemática es nulo; y, en cualquier caso, es trivial fuera de las matemáticas. Sólo tengo una posibilidad de escapar a un veredicto de completa trivialidad: que pueda ser juzgado por haber creado algo digno de serlo (...)

Por tanto, la justificación de mi vida o la de cualquier otro que haya sido matemático en el mismo sentido en que yo lo he sido, es ésta: he añadido algo al conocimiento y he ayudado a otros a añadir más; estas aportaciones tienen un valor que difiere sólo en grado, pero no en el tipo, de las creaciones de los grandes matemáticos, o de las de cualesquiera otros artistas, grandes o pequeños, que hayan dejado algún tipo de huella detrás de sí.


El parelelismo es cuando menos llamativo.

Anónima de las 9:59 dijo...

No si al final la única utilidad en el mundo será la de los albañiles, fontaneros...

Los demás revoloteamos alrededor como parásitos que nos alimentamos de su trabajo.

Por no hablar de los intelectuales que piensan que están salvando el mundo...

:P

Skalagrim dijo...

La literatura -y como ella, todas las artes, como su heredero natural, el cine -ha tenido y tiene una influencia enorme en la historia de la humanidad. Mueve convicciones y desata pasiones, eleva ideas y despedaza convencionalismos como pocas fuerzas sociales pueden hacerlo.

En 1851 una mujercita de Conneticut llamada Harriet Beecher Stowe publicó una novela, enojada por una ley de 1850 que obligaba a denunciar a los esclavos fugitivos aún en los estados que no tenían esclavitud. "La Cabaña del Tío Tom" era un drama lacrimógeno. Se tradujo a 32 idiomas, y sacudió al mundo civilizado como un latigazo en las conciencias.

Cuando años más tarde, en plena Guerra Civil, fué presentada a Lincoln, el presidente le dijo "Asi que usted es la mujercita que ha provocado esta terrible guerra...". La novela ayudó a poner a casi todo el mundo civilizado del lado de la Unión, y a pesar de que en ese momento era politicamente conveniente para Francia o Inglaterra reconocer a los estados del sur, el posicionamiento de la opinión pública -en buena medida gracias a la novela de Stowe -lo hizo imposible. De hecho hubo revueltas populares en Inglaterra que impidieron que astilleros ingleses entregaran naves de guerra acorazadas a la Confederación, asfixiada por un bloqueo naval.

Pocas cosas hay más terribles que el poder de las ideas. Se podrían llenar cientos de blogs con ejemplos. Y no hay forma más poderosa de expresarlas que el arte. Que no tiene necesariamente que ser útil, y que desde luego no hace mejor ni peor a quien lo crea, pero probablemente sí cambia a quien lo recibe.

arturo villarrubia dijo...

Recordemos a Upton Sinclair:
"Sinclair se hizo famoso con su novela La jungla (1906), en la que su exposición de las condiciones en que se encontraban los mataderos de Chicago y los abusos de la industria distribuidora de carne produjo una investigación del gobierno federal que provocó un proyecto de ley sobre la pureza de los alimentos"
( tomado de http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2318)