lunes, diciembre 17

En la mente del escritor 10. La corrección.

Por lo general, comienzo a escribir mis novelas con un gran entusiasmo que poco a poco va decreciendo hasta desembocar, mediado el texto, en una crisis de angustia en la que me lo cuestiono todo. ¿Es realmente interesante el argumento? ¿Está bien el texto que llevo escrito? ¿Tiene ritmo? ¿Son atractivos los personajes?... Normalmente, la respuesta que doy a todas estas preguntas es NO, pero como se trata de una crisis existencial no hago mucho caso. Superado el bache, continuo escribiendo, pero ya sin demasiado entusiasmo, por pura profesionalidad. Más de uno podría aventurar que ese cambio de actitud afecta a la calidad del texto, y es cierto: en general, están mejor escritas las partes hechas con profesionalidad que las regidas por el entusiasmo.

Bien, el caso es que concluyo el primer borrador de la novela sintiendo hacia el texto cierto resquemor. Se trata de un borrador muy acabado, pero todavía está por pulir. Hay que corregirlo. ¿Cuándo? Ésa es una buena pregunta, porque la experiencia me ha enseñado que cuanto más tiempo transcurra entre el fin de la escritura y la corrección, mejor. Es lógico: cuando concluyo el primer borrador estoy todavía tan metido en la historia y el proceso narrativo que carezco de perspectiva, de modo que muchos errores se me pueden pasar por alto. Necesito olvidarme del texto, refrescar la cabezota y adquirir un poquito de objetividad. ¿Cuánto tiempo lleva esto? Pues yo diría que lo ideal son entre tres y seis meses... Pero eso, ay, normalmente es imposible. De modo que, como mínimo, un mes, aunque muchas veces las presiones editoriales son tan fuertes (y mi retraso al escribir tan grande) que ni siquiera dispongo de ese tiempo. Pero, en fin, digamos que un mes es un tiempo razonable.

La primera corrección la realizo directamente sobre el texto en pantalla. Antes lo imprimía, pero aquí hago muchos cambios, de modo que me resulta más cómodo poder acceder directamente a Word. Para realizar esta corrección releo el texto de corrido, intentando determinar si tiene el ritmo adecuado, si el texto “fluye” correctamente. Por lo general, en esta fase no añado nada; más bien elimino. Antes solía cargarme en torno al 15 % del texto; ahora sólo echo a la papelera alrededor de un 5 %. Hasta yo aprendo. En fin, digamos que esta primera corrección la hago a grosso modo, sin fijarme mucho en los detalles, porque lo que me interesa aquí es ajustar lo más posible el texto a la estructura y comprobar el ritmo.

La segunda corrección también la llevo a cabo sobre el texto en pantalla y procuro realizarla como mínimo una semana después de la primera. El objetivo de esta corrección es repasar la prosa, cuidar el estilo, eliminar los errores tipográficos/ortográficos y mimar la sintaxis. Esta corrección es, por tanto, mucho más minuciosa que la primera. Y aquí es fácil caer en una trampa. Veréis, estoy trabajando con un material que no sólo he escrito, sino que además ya he leído varias veces. Por eso, mientras lo estoy releyendo, puede ocurrir en muchas ocasiones que mis ojos paseen por las líneas de texto sin leerlas realmente, porque lo que estoy haciendo sin darme cuenta es recordarlas. Por mucho empeño que ponga en evitarlo, eso sucede más veces de lo que yo mismo imagino. Pero hay un truco para remediarlo.

Para realizar la tercera corrección, ahora sí, imprimo el texto y lo releo sobre el papel. Pero esta relectura tiene una peculiaridad: la realizo en voz alta. Con ello consigo dos cosas: en primer lugar, evitar la “trampa del recuerdo”, pues para declamar el texto tengo forzosamente que leerlo de verdad; en segundo lugar, la sonoridad de las palabras me permite evaluar con mayor certeza la “fluidez del texto” y las posibles deficiencias sintácticas, así como la naturalidad de los diálogos.

Bien, tres es el mínimo número de correcciones que realizo sobre el borrador de una novela, pero normalmente hago una o dos más intentando pulir todos los detalles. Huelga decir que, a estas alturas, no queda en mí el más mínimo rastro de objetividad, de modo que las últimas correcciones las realizo por puro sentido común, pero sin pizca de instinto. Dicen que una novela se escribe con el corazón y se corrige con la cabeza. En fin, ¿cuándo podemos considerar que una novela está acabada? Respuesta: nunca. Porque también dicen que una novela no se termina, se abandona. Es cierto: podríamos estar corrigiéndola indefinidamente. Pero no es plan, ¿verdad?

El caso es que ya tengo un texto corregido que yo, a estas alturas, después de escribirlo y releerlo un huevo de veces, odio profundamente. Necesito un punto de vista objetivo, así que se lo doy a leer a alguien; por lo general, a mi mujer o a alguna de mis queridas editoras. Puede que alguna de estas amables personas haga comentarios respecto al texto y puede que yo siga su consejo, en cuyo caso ésas serían las últimas correcciones antes de enviar el borrador a la editorial. Pero, ¿será ésta, realmente, la última corrección?

Ni de coña. En la editorial le darán el texto a un corrector que encontrará un montón de errores que a mí se me han pasado por alto. Y me enviarán de nuevo el texto para que le de el visto bueno a las correcciones del corrector y añada alguna corrección de mi cosecha. Yo devolveré el texto y, al poco, me mandarán las galeradas, para que las revise y corrija, si es necesario. Les devolveré las galeradas y es muy posible que, pasados unos días, la editorial me mande unas segundas galeradas... Pero, en fin, para ese momento yo ya me habré colgado metafóricamente de un árbol.

Bueno, pues ya está: la editorial publicará la novela y la distribuirá. Fin de la historia. Aunque, antes de terminar, os daré tres consejos: 1. Existen unos signos internacionales de corrección que facilitan mucho la tarea, así que os recomiendo que los uséis al corregir las galeradas; podéis encontrarlos en Internet. 2. No os enamoréis de vuestro texto. Es probable que descubráis que algunas partes de lo que habéis escrito están muy bien, pero no aportan nada a la novela y rompen el ritmo. Por mucho que os gusten, que no vacile vuestra mano a la hora de eliminarlas. 3. Introducid en el contrato con la editorial una cláusula según la cual debáis dar vuestra aprobación a la portada y a los textos de contraportada.

Y, ahora que me doy cuenta, queda un tema sobre el que no hemos hablado: el título. Titular una novela es todo un arte para el que, lo reconozco, no estoy dotado. Ignoro por qué, pues mi experiencia como publicitario debería ayudarme, pero soy de lo más mediocre a la hora de titular. De hecho, no hay entre todas mis novelas un solo título que me parezca medianamente brillante. Seguro que vosotros lo hacéis mejor que yo, así que me callo.

En fin, amigos míos, se acabó la serie. Supongo que me he olvidado de un montón de cosas; por ejemplo, cómo publicar o cómo redactar contratos de edición, pero eso son actividades extra-literarias que no vienen al caso. Hace unas semanas, mi hermano, Big Brother, me preguntó hasta qué punto lo que había escrito en esta serie era una descripción real de mi forma de trabajar o, por el contrario, una racionalización de lo que en el fondo es algo más intuitivo. Casualmente, mientras he ido escribiendo estos articulillos me encontraba (y me encuentro) en pleno proceso (mental) de planificación de mi próxima novela, lo cual me permite evaluar en tiempo presente el equilibrio entre la teoría y la práctica. Así pues, contestando a BB, puedo asegurar que todo lo que he descrito compone, en efecto, la suma de procesos que llevo a cabo antes, durante y después de la escritura. Lo que sucede es que ese conjunto de técnicas lo he interiorizado hace tiempo, de modo que mi forma de aplicarlas se parece mucho a una actividad intuitiva. No sigo ordenadamente los pasos, muchas veces ni siquiera pienso en ellos de forma consciente, pero completo el proceso de cabo a rabo, eso os lo aseguro.

Y ya está, amigos míos, se acabó En la mente del escritor. Repitiendo lo que ya he dicho muchas veces desde que empecé, estas diez entradas no son un curso de escritura, sino la simple exposición de mi particular método de trabajo. Espero que mi experiencia le sirva de algo a los escritores noveles, aunque sólo sea para evitarles caer en mis errores, y también confío en que esta serie haya satisfecho la curiosidad de los amantes de la literatura que suelen frecuentar este blog (es decir: todos, si no me equivoco). Por último, quiero daros las gracias a cuantos merodeadores de Babel habéis contribuido con vuestros siempre interesantes comentarios. Si algo bueno tiene La Fraternidad de Babel, sois vosotros.

19 comentarios:

Víctor M. Ánchel dijo...

...y diez.

Decidí abstenerme de comentar cualquiera de las partes, no sé muy bien por qué, hasta que acabaras con el ciclo entero, aunque sí he seguido las discusiones. Ha sido una lectura muy enriquecedora; será morbo, algún tipo de curiosidad malsana, pero siempre me ha gustado saber de los métodos de escritura ajenos. Estas reflexiones acerca de tus experiencias como escritor me han interesado mucho. Ahora toca releerlas desde la primera para entrar a comentarlas, si es que sigue habiendo debate.

Un saludo.

Gentiana dijo...

Hola César:

Me ha encantado tu serie. No me importaría nada -aunque sea extraliterario- que nos hablases de los contratos editoriales. Es el Otro Lado que muchos no conocemos y siempre es interesante tener datos acerca de ello.

Por cierto, no había tenido la oportunidad de leer nada tuyo, así que he sacado de la biblioteca "La Mansión Dax" y me la he leido anoche de un tirón. Quiero felicitarte por ella. Como bien dices, para nada es juvenil y el estilo que utilizas me ha gustado mucho. Al principio quise detectar los elementos que habías citado aqui en tu entradas, pero desistí enseguida. Era mucho mejor sumergirse en la lectura y disfrutarla. Ya habrá tiempo para disecciones.

Me has "enganchado" de tal modo que estoy deseando empezar otra de tus novelas.

Enhorabuena y gracias.

Anónimo dijo...

Escribir es un acro de masoquismo.
Tienes tres fases de sufrimiento: Al comenzar, con el terror a la hoja en blanco. En la mitad, tal y como comentas, cuando te cuestionas todo lo que has hecho hasta ese momento y te preguntas si no habrás escogido un camino equivocado para contar lo que querías contar. Pero ya es demasiado tarde, porque tienes 200 páginas escritas que no vas a tirar a la basura (además del plazo del esitot). Y al final, cuando te entra la depresión post parto y no sabes qué hacer con tu vida a partir de ese momento.
Empezar una nueva novela y repetir el ciclo, claro.
En realidad, escribir tan sólo tiene una cosa buena para mí, y es conocer a gente como tú, César, y a otros colegas escritores que te hacen sertirte parte de un club muy desdichado, pero especial.

akaki dijo...

Muy buenas todas las partes César. Cada una tiene lo suyo. Algunas me salían solas al escribir, y la verdad es que te sientes sorprendido cuando ves que algo que haces intuitivamente tenga un sentido y ves que otras personas siguen ese mismo proceso o similar. He leído algunos detalles que me han resultado interesantes y útiles.

Después de esta temporada de "En la mente del escritor", que suena a serie televisiva, jeje, esperamos otra serie(sí, somos unos pesados pero había que decirlo, jaja)
Saludos, hasta pronto!

samael dijo...

ahora lo entiendo todo: si sabes que tienes que leer tres veces seguidas tu novela, más otras tantas veces de una forma espaciada, está claro que procurarás por todos los medios que sea amena.

natalia dijo...

Muchas gracias por esta última entrada. Me siento aliviada al saber que no soy la única que aborrece su novela cuando la corrige ^.^ Hasta que no pasa un laaaargo tiempo no vuelvo a leerla :)
Al igual que a gentiana, a mí también me interesaría mucho de los contratos editoriales y de cómo funciona todo, pero como veas ;)
Un beso!

Juanmi Aguilera dijo...

Hola César. He seguido con muchísima atención esta serie de artículos. Sobre todo me ha hecho sentir que, a pesar de que el nuestro es un vicio solitario, compartimos tantas cosas que en realidad no estamos solos. También he encontrado consejos muy útiles, que intentaré poner en práctica, para no ser tan desorganizado cuando escribo.
Tengo muchas ganas de verte y charlar en directo. De verdad que un rato de conversación contigo es todo un lujazo, pero te haces caro de ver.
Un abrazo muy fuerte. Gracias por tus artículos, y... ¡feliz navidad!
Juanmi.

Gandalf dijo...

Muy buena la serie. Muchas gracias.

Elaine Holmes dijo...

Qué bien me ha venido el ciclo, y en concreto este post porque estoy terminando de corregir algo y me asaltaba cada duda... -_-' pues eso, que gracias por compartir esto (y de forma gratuita, oye, que hay quien vende libros sobre su método personal de escritura).

Estoy de acuerdo con Gentiana en que nos hables del Otro Lado, por favor. xD (¿El contrato editorial lo redacta el escritor? ¿O se lo dan hecho y él añade las cláusulas que quiera? ¿Dónde está el límite de añadir condiciones? ¿Puedes vetar la venta de tu libro en alguna librería pequeña por motivos personales? Y así puedo seguir un buen rato...).

Eso del "miedo a la página en blanco" lo he oído mucho pero a mí no me pasa. O.o Yo veo una página en blanco y lo que me entran son ganas de llenarla.

Ginza dijo...

Hola César =)
La verdad es que llevo mucho tiempo siguiendo tus libros (es más, ¡hasta he conseguido que mi padre se enganche!) y en cuanto supe que tenías un blog decidí pasarme a ojearlo un poco ;)

Ahora que por fin me he puesto a escribir, cada vez que releo lo que llevo escrito tengo que admitir que muchas veces me da la tentación de borrar aquí y cambiar allá por que, no sé por que extraña circunstancia, todo me suena fatal.

A partir de ahora procuraré pasarme por aquí más a menudo =)

miwok dijo...

Yo creo que corrijo demasiado pronto, y suelo odiarlo todo hasta mucho tiempo después, que tengo que volver a corregir...pero siempre sigo dudando de mí misma ;-)

¡Qué putada esto de ser tan insegura!

Gracias por estos posts César, siempre ayuda saber lo que hacen los demás con tus mismos problemillas literarios...

mazarbul dijo...

Mil gracias César. Como es habitual, sencillo y preciso. Creo que no solo hemos aprendido sino que hemos satisfecho el vicio de saber cómo escriben los escritores (en este caso concreto tu). Creo que todos hemos sacado bastantes puntos en claro.
Felices Fiestas a todos.
Y por cierto Juanmi, ¿Cómo va esa aventura en Akasa Puspa?.

Víctor Eme dijo...

Qué decir...
César, tu blog es una maravilla. Y esta serie, una auténtica delicia.

Anónima de las 9:59 dijo...

Oooh! ¿Se ha acabado la mente del escritor?

Yo también voto por seguir explicando la parte contractual de la primera parte de la segunda parte...

A mí me gusta mucho corregir. Y a veces me engancho y me resulta difícil despegarme del texto. Creo que realmente es la parte en la que más "aprendo" o la "más técnica".
(¿He de preocuparme, Fray César?).

¡¡Felices Fiestas a todos!!

César dijo...

Victor m. anchel: recuerdo una serie de documentales que pasaron hace tiempo por TV: cada episodio estaba dedicado a una artesanía distinta y a cómo los artesanos realizaban su labor. Creo que a todos nos gusta saber cómo se hacen las cosas.

Gentiana: Me alegro de que te haya gustado "La Mansión Dax". Gracias por tus comentarios :)

Anónimo de las 9:42: No comparto el terror a la página en blanco, porque nunca lo he sentido, pero sí la depresión "post-parto", con esa extraña contradicción que supone ser feliz por haber escrito e infeliz porque no se escribe. La respuesta es reiniciar el ciclo, en efecto, y seguir formando parte del club de los masoquistas.

Akaki: ¿Otra serie? Pues mira, por ahora ¡ni loco!

Samael: pues ahora que lo dices, puede que tengas razón...

Natalia, Gandalf, Elaine Holmes, Mazarbul y Víctor eme: gracias por vuestro comentarios. En cuanto a los aspectos colaterales de la literatura... bueno, quizá hable de ello en algún momento, pero no ahora.

Juanmi Aguilera: ¡Qué alegría verte por aquí! En efecto, escribir es uno de los trabajos más solitarios que existen, pero no estamos solos. También me apetece mucho charlar contigo, así que ¿por qué no me llamas cuando te pases por Madrid? Feliz Navidad para ti también.

Ginza: Normalmente, son los padres quienes recomiendan libros a sus hijos, pero tu lo has hecho al revés. ¡Bravo!

Miwok: Es mucho mejor dudar que estar seguro, no lo dudes.

Anónima de las 9:59: No estás sola: a mí también me gusta corregir, al menos las dos o tres primeras correcciones. El resto ya es más coñazo.

Ferlocke dijo...

Guau!!!!

No sigo un método fijo para las correcciones pero creo que voy a empezar a usar el tuyo, que parece más ordenado que el mío y orden es lo que me falta a veces para corregir. Gracias!

Miguel Sanfeliu dijo...

Excelente serie. Siempre me gustaron los textos en los que un escritor habla de su experiencia, de su método, de sus hábitos...
Esta serie ha sido una prueba de generosidad, lo cual se agradece.
Me ha parecido muy interesante.
Saludos.

Ladynere dijo...

Muy interesante la serie, César. Tiene razón BB en que quizás algunos puntos eran la intuición o pasos seguidos por todos los escritores, pero otros, son tuyos, propios, y es agradable e interesante leerlos ;)

Vaya con las correciones, que es algo que también me trae de cabeza. Curioso que hagamos el mismo número y en el mismo orden de prioridades -hasta pasarlo a un amigo, que editores todavía no tengo, espero publicar en algún futuro ahora mismo lejano-.
También me atrae el otro mundo, el de los contratos editoriales y etc, un misterio para los que no tenemos nada publicado. Hay un lapso en blanco, un limbo entre poner el último punto a un texto y tenerlo en las manos. Edición, publicación, distribución, etc.

Y estoy de acuerdo con E.Holmes, muchas gracias por publicar esta serie gratuita y desinteresadamente; hay libros por ahí con métodos y trucos sobre lo mismo que tú has explicado en el blog ;)

Un saludo!

Mon dijo...

De lo mejorcito que he leído este años en artículos en blogs.

Como siempre es un placer leerte en blog y en libro.

Hacerte notar que de algún libro que tengo sobre el proceso de la escritura si lo que explicas es un proceso nacido de la experiencia la teoría sobre el proceso de la escritura es casi identica y se sobrepone. Así que tu modelo es de lo mas canónico.

Saludos cordiales.