lunes, abril 21

Mujeres

Creo que la única revolución del siglo XX que ha triunfado es la revolución femenina (o quizá feminista, no estoy seguro del término); todas las demás (el comunismo, los fascismos, el mayo del 68, el movimiento underground...) se han desvanecido en mayor o menor medida, pero el cambio de roles efectuado por la mujer no sólo permanece, sino que se expande y consolida día a día. Pero, antes de nada, ¿por qué la mujer ha estado sometida al hombre durante tanto tiempo? Por una sencillísima razón: en nuestra especie, los machos poseemos alrededor de un 20 % más de masa muscular que las hembras. Es decir, los hombres podemos partirle la cara a las mujeres, lo cual nos ha permitido someterlas durante milenios. A base de hostias, sí señor, así de simple... Además, las mujeres eran de vital importancia para las comunidades por su capacidad de tener hijos, lo cual las convertía en objetos valiosos. Atención: valiosos, sí, pero objetos, pues su valor dependía únicamente de su función (procrear), y no de su naturaleza, que era femenina, y por tanto débil, y por tanto despreciable.

Ahora bien, conforme la civilización ha ido avanzando, el valor de la fuerza bruta individual ha ido decreciendo. Antes, muchos trabajos requerían del músculo humano, y cuanto más músculo mejor, pero la tecnología cambió los bíceps por los motores, así que poco importaba ya si el operario tenía o no un 20 % más de masa muscular. Por ejemplo, recuerdo que, cuando era niño, los camioneros tenían los brazos como jamones, pues hacía falta mucha fuerza para manejar los volantes de aquellos viejos camiones (lo cual expulsaba de ese oficio a las mujeres). Sin embargo, con la aparición de la dirección asistida se acabaron los camioneros-suarcenaguer y las mujeres pudieron ejercer ese oficio sin necesidad de seguir el método Atlas o inflarse de anabolizantes. Pero el decaimiento de la fuerza individual no ha afectado sólo al trabajo, sino también a la más “viril” y testosterónica de las actividades humanas: la guerra. Antes, para ser guerrero había que estar muy, pero que muy cachas; se necesitaba mucho músculo para manejar una espada o tensar un arco de guerra. Sin embargo, la actividad bélica se ha ido tecnificando hasta el punto de que la fuerza muscular carece prácticamente de importancia. Hoy en día, los soldados son en realidad operarios cualificados de maquinaria especial, algo que puede realizar igual de bien un hombre o una mujer.

En fin, digamos que ese proceso de tecnificación de las actividades humanas se consolidó en occidente a mediados del siglo XX. Pues bien, en torno a ese momento ocurrieron dos cosas que cambiaron por completo la sociedad. En primer lugar, la Segunda Guerra Mundial. Durante cinco largos años, los hombres de multitud de países fueron movilizados para luchar, sea en el frente o en la retaguardia, lo cual causó una grave escasez de trabajadores para la industria. Así pues, se echó mano de la única fuerza de trabajo disponible: las mujeres. Atención: por primera vez en la historia, las mujeres se pusieron masivamente a desempeñar trabajos tradicionalmente reservados para los hombres. Luego, se acabó la guerra, los hombres regresaron y les dijeron a las mujeres: “Vale, gracias por la ayuda; ahora devolvednos nuestros trabajos y volved a fregar suelos”. Pero muchas mujeres respondieron: “Y una mierda; hemos demostrado que podemos trabajar tan bien o mejor que vosotros, así que ni de coña nos vamos de aquí”. Y ya nunca se fueron.

El segundo factor de cambio tuvo lugar en 1958, cuando el químico Gregory Pincus inició las pruebas del primer anticonceptivo oral de la historia. Tres años más tarde, en 1961, la “píldora” (Enovid se llamaba) comenzó a distribuirse en las farmacias. Y así se quebró el último eslabón de la cadena que esclavizaba al sexo femenino: la maternidad. La “píldora” dejaba en manos de las mujeres la decisión de si tener o no tener hijos, de cuándo tenerlos y en qué número, lo cual supuso que las mujeres podían programar su vida sin depender del varón. Ese acto de independencia se tradujo además en una nueva sexualidad femenina, no ligada ya a la concepción. La mujer podía practicar el “sexo recreativo” en igualdad de condiciones que el hombre, de modo que fue abandonando su carácter pasivo (“receptáculo de la semilla”) para convertirse en un sujeto activo de la sexualidad.

Todos estos factores han cristalizado en la actual situación: sin lugar a dudas, el siglo XXI será el siglo de las mujeres. Lo cual no quiere decir que todos los obstáculos se han derribado, ni mucho menos: sigue existiendo el machismo, sigue habiendo múltiples discriminaciones por razón de sexo. Pero cada vez menos, porque la igualdad entre los sexos ya está firmemente instalada entre los valores sociales, es un concepto que por fin forma parte esencial de nuestra cultura. El “macho alfa” ya no es el héroe, sino el malo de la película. Por supuesto que sigue habiendo machos alfa, pero se trata de una especie no protegida en proceso de extinción y, sobre todo, socialmente despreciada. Además, la propia lógica lo impone: la humanidad no puede seguir desaprovechando la mitad de su potencial en base a prejuicios sexistas. ¿Cuántas Einstein se han perdido, cuántas Kant o Adam Smith han muerto antes de florecer porque las mujeres han sido excluidas de la educación y el trabajo intelectual? Aunque sólo sea visto así, menudo desperdicio.

Porque los hechos hablan por sí solos, amigos míos. Hoy, el prototipo del lector medio español, no es hombre, sino mujer. Y son hoy las mujeres quienes consiguen las mejores calificaciones en los estudios, las que mejor se preparan y las más productivas a la hora de trabajar. Las mujeres son el futuro. Ya era hora.

Todo esto viene a cuento por las voces surgidas contra el nuevo gobierno de Zapatero –demasiado rosa según el payaso Berlusconi- y, en particular, por el nombramiento de Carme Chacón como ministra de defensa. En fin, no voy a reproducir lo que se ha dicho, porque es de vergüenza, igual que no voy a mencionar los cavernícolas comentarios realizados ante el nombramiento de Soraya Sáenz de Santamaría como portavoz del Grupo Popular. Los machos alfa se resisten a desaparecer, no cabe duda; pero son tan ridículos, lo que dicen suena tan desfasado y antiguo...

En lo que a mí respecta, me considero feminista. Por un lado, porque la lógica me dicta que hombres y mujeres somos intelectualmente similares y humanamente idénticos, por lo que debemos tener iguales derechos y deberes. Por otro lado, el machismo me parece la forma más recalcitrante de estupidez y cortedad de miras; es, además, una evidente muestra de inseguridad y complejo de inferioridad. Yo no quiero tener a mi lado un ser inferior que me admire y me tema y en el que de vez en cuando deposite mi semilla; quiero una compañera que sea mi igual, una mujer segura y decidida que me complemente como persona y con la que pueda compartirlo todo. Si el precio que hay que pagar por ello es participar a partes iguales en la limpieza de culos de bebé y el fregoteo de platos, lo abono sin rechistar. Me gustan las mujeres fuertes, lo reconozco, mujeres al estilo de los personajes femeninos de Howard Hawks, mujeres independientes que se labran su propio destino, mujeres que no me necesitan a mí (ni a cualquier otro hombre) y que si están conmigo (o con cualquier otro hombre) es, sencillamente, porque les sale de los santos ovarios. Así pues, gustándome esa clase de mujeres, ¿cómo no voy a ser feminista?

Además, creo que las mujeres están mejor preparadas para la supervivencia, para desenvolverse en la vida real, que los hombres. Veréis, últimamente han aparecido un montón de libros que hablan sobre las “profundas” diferencias entre hombres y mujeres, títulos como Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, ya sabéis. Pues bien, me parecen una verdadera chorrada; hombres y mujeres somos similares al 99’9 por cien, nos movemos por análogos impulsos y reaccionamos de forma muy parecida a los mismos estímulos. Sin embargo, hay diferencias y quizá la fundamental es que la mujer tiene los hijos. Y no sólo los tiene, sino que está biológicamente programada para cuidar de ellos. Y eso hace que su mente sea más realista, más pragmática que la masculina: no debe velar sólo por sus intereses, sino también por los de su descendencia. Debe, pues, percibir correctamente la realidad y saber adaptarse a ella. Pura supervivencia de la especie.

Una prueba de esto la encontramos en el hecho de que las mujeres maduran intelectualmente antes que los hombres. Un chico de quince o dieciséis años es todavía un niño, pero una chica a esa misma edad es ya una mujer, infinitamente más madura –tanto física como intelectualmente- que el chico. ¿Por qué? Pues porque las chicas de esa edad son fértiles, pueden quedar embarazadas y, por tanto, deben disponer ya de una mente que les permita sobrevivir, tanto a ellas como a su prole. Esto, que se ve muy claramente en la adolescencia, afecta a las personas a lo largo de su vida. De hecho, un hombre puede permitirse el lujo de no madurar nunca, pero las mujeres rara vez disfrutan de ese privilegio, si es que es un privilegio. Pero de los hombres hablaré en la siguiente entrada.

Las mujeres, pues, son más pragmáticas y están más preparadas para manejarse en la vida real. Pero es que, además, en ciertos aspectos son más complejas que los hombres. Cuando le preguntaron al director de cine Joseph L. Mankiewicz (autor de obras maestras como Eva al desnudo o Carta a tres esposas) por qué sus protagonistas solían ser femeninos, él contestó más o menos que cuando un hombre quiere conseguir algo, se lía a puñetazos, mientras que una mujer, al ser físicamente más débil, debe dar un rodeo para alcanzar sus fines; y ese rodeo, en su opinión, era más interesante que todos los ganchos a la mandíbula del mundo juntos. Estoy de acuerdo con él.

Nada de esto quiere decir que las mujeres sean moralmente mejores que los hombres, ni mucho menos. Cada uno con su particular estilo, somos exactamente igual de despreciables o maravillosos. Las dos peores personas que he conocido en mi vida eran mujeres, lo cual supongo que significa que, puestos a ser hijos de puta, las mujeres pueden llegar a serlo de forma más sibilina, intensa y retorcida. Y cuando las mujeres, por ejemplo en el mundo de la empresa, se ponen a jugar el juego de los hombres... bueno, para que una mujer triunfe debe demostrar que vale el doble que su más directo competidor masculino, así que para que una mujer sea un “machote” en el mundo empresarial tiene que demostrar el doble de testosterona que el macho más cercano. Y sé lo que me digo.

Cada vez me gustan más las mujeres, y no estoy hablando de sexo. Me gusta su forma de ver la vida, su pragmatismo, su sensibilidad, su capacidad de conectar emocionalmente con los demás; me gusta su delicadeza, su fragilidad y su fuerza, su tesón y su espíritu de lucha. Cada vez admiro más a las mujeres, qué le vamos a hacer. Es más, últimamente me ha dado por travestirme. Veréis, estoy escribiendo la segunda novela protagonizada por la detective Carmen Hidalgo, que, al igual que El juego de Caín, está narrada en primera persona por una mujer. Eso significa que, cuando escribo, tengo que ser Carmen Hidalgo, tengo que sentir, hablar y actuar como una mujer. Y la experiencia me parece de lo más instructiva; me siento cómodo en los zapatos de Carmen, aunque sean unos zapatos de tacón.

Bien pensado, quizá eso sea algo que deberían hacer todos los hombres: ponerse en los zapatos de una mujer. Seguro que, si lo hicieran, las cosas irían mucho mejor.

18 comentarios:

Manolo dijo...

Completamente de acuerdo, César. Realmente, poco más puedo aportar para defender tus tesis.

Puedo hacer algún comentario al margen.
Por ejemplo, haces hincapié en las diferencias físicas (masa muscular, peso...) entre varones y mujeres. También hay otras que la evolución no ha desterrado del todo, como la mayor predisposición del varón a la agresividad y la competencia para cumplir mejor su rol de sexo "prescindible": si como consecuencia de una guerra con otro clan, o del mayor riesgo de la caza (actividades para las que las cualidades anteriores son convenientes) la cantidad de varones disminuyera drásticamente, entonces el clan podría recuperarse. Si fuera al revés -que la cantidad de mujeres se redujera drásticamente- entonces el clan estaría condenado.

Por otro lado, te invito a participar en mi pequeña guerra léxica para desterrar el vocablo "hombre" como sustituto de "varón", por mucho que la RAE, el uso y las costumbres santifiquen este proceder. En mi opinión, puesto que "hombre" identifica a cada individuo humano, cada vez que usamos "hombre" en su acepción de "individuo de sexo macho de la especie humana" estamos lanzando subliminalmente el mensaje que sólo el varón merece ser distinguido con la esencia de "humanidad". Esto es se hace la identificación "varón" <- -> "hombre".

Por eso prefiero "varón/mujer" para aludir a mis coespecímenes según su sexo y "hombre" o "persona" cuando la alusión no implica un sexo concreto.

No quiero que entiendas esta invitación como un reproche por el uso del vocablo "hombre" en tu artículo: entiendo que tú, como escritor, haces un uso impecable del lenguaje según los cánones reinantes. Es sólo eso: una invitación.

Perséfone dijo...

A veces sucede que los hombres se ponen a la defensiva ante la palabra "feminismo" dado que piensan que son una fuerza represora de lo masculino. Por algún motivo, creen que feminismo es hembrismo (que sería el homólogo del machismo pero en versión femenina) y siempre dicen "sí, las feministas dicen que quieren igualdad, pero odian a los hombres" y demás chorradas. Es importante darse cuenta de que el feminismo no es un ataque contra lo masculino, sino una fuerza que busca colocar lo femenino al mismo nivel.

De todos modos, hay una corriente feminista un poco radical que reniega de los cambios que se están produciendo. Es decir, creen que la mujer está alcanzando la igualdad por medio de mimetizarse con el hombre, dado que llevamos los pantalones de los hombres, trabajamos en los empleos de los hombres y para ser tenidas en cuenta como mujeres fuertes e independientes tenemos que adquirir las características masculinas como son la fuerza del carácter, la agresividad, la seguridad y la frialdad. Creen que para mostrar nuestra valía como mujeres tenemos que adoptar papeles y maneras típicamente femeninos

Si lo piensas bien, algo de razón tienen, porque para ser aceptadas como iguales hemos tenido que cruzar la línea y ser "masculinas". No obstante, creo que lo masculino y lo femenino son moldes marcados por el machismo, que los pantalones pueden ser patrimonio de las mujeres tanto como de los hombres y que todo lo que ha sido marcado como femenino no es más que una decisión arbitraria hecha desde el machismo. ¿Por qué el maquillaje se considera femenino si en otras culturas es patrimonio de ambos sexos? ¿Por qué es femenino jugar con Barbies y no lo es jugar con Action Man? Espero que se entienda mi postura, vaya. No me gustan las corrientes radicales y menos las que me llaman "amachada" por ponerme pantalones.

Eso sí, el post me ha encantado, César. Ojalá empiecen a cambiar las cosas en serio.

Añado un link al post de un amigo sobre el cambio de los hombres. Las mujeres nos masculinizamos y los hombres se feminizan... :P

http://leescalier.blogspot.com/2008/04/revolucin-humana.html

Anónima de las 9:59 dijo...

Sí, eso, invito a los hombres a que se pongan unos tacones. Y así se den cuenta de que no hay manera de dar pasos SEGUROS, amplios, ni de correr con ellos...

Invito a los hombres a a ponerse una falda de tubo, un escote, unas medias y que luego intenten hacer su vida diaria con todo ello puesto.

Invito a todos a pensar en las clásicas indumentarias femeninas que no han sido/ son más que "cárceles", frenos, para poder llegar a una auténtica igualdad o a desarrollar cualquier actividad con una mínima comodidad.

Invito a reflexionar que no hay tanta diferencia entre unos taconazos de vértigo y la mutilación de un pie femenino (como hacían en China).

A nivel conceptual un taconazo, un escote, una faldita, es tan mutiladora como lo de los chinos.

Invito a reflexionar si la píldora es un gran invento, o es mejor un preservativo. (Leed los prospectos de ambos, por favor). ¿Por qué una mujer tiene que alterar la química de su cuerpo, cuando un tío puede ponerse un plastiquito en el pene sin más riesgo que el de una alergia al látex?... ¿Quizás porque "siente un poquito menos de placer"?.. ¿Es eso lógico? ¿qué diría Spock si analizase fríamente un preservativo frente a una píldora?..

¿Somos iguales? ¡Y una mierda! ¿Caminamos hacia la igualdad? ¡Desde luego que sí! Pero nos queda un camino taaaaan largo, y hay tantas gilipolleces por derribar en la mente de todos, que no viviremos ninguno de nosotros para ver esa igualdad.

Cuidado que hoy muerdo. Me han tocado la vena feminista. Grrr, grrr... ;-)

numael dijo...

Manolo: Yo creo que el error está en la denominación de la especie en sí, si dices "Hombre", estás hablando de solo la mitad de la especie, dejas fuera a las mujeres, yo prefiero como denominación genérica de toda la especie "ser humano".
Y en cuanto a lo que dice Cesar de las mujeres totalmente de acuerdo.

numael dijo...

Por cierto anonima, mi mujer no se pone nunca zapatos de tacón, ni casi nunca faldas, cada uno/a viste como le da la gana. Y comparar lo de los zapatos con la mutilación femenina me parece un disparate, a nadie le ponen una pistola en la cabeza para que se ponga tacones. Por cierto, usamos preservativos. A lo mejor lo tuyo también son prejuicios...

Morgenrot dijo...

¡ No sabes bien cuánto me alegra y tranquiliza tu entrada, César !

Hace tiempo que no me pasaba por aquí y hoy me he entusiamado con lo que has escrito, porque has dado en la diana con grato sentido común.

Ultimamente hay un resurgir de misóginos, que están generando violencia psíquica hacia las mujeres. Realmente es muy preocupante, porque no asistimos sólo a la misoginia de facto, sino declarada a bombo y platillo.

No quiero hacer pulicidad de los blogs dedicados a estos menesteres, pero haberlos " haylos " y muy peligrosos.

Manolo dijo...

Numael: "hombre", etimológicamente, significa "miembro de la especie humana" sin distinguir el sexo. Sólo la perversión sexista de la lengua durante siglos ha confundido el concepto de "varón" con el de "hombre", aunque este último también mantiene aún el significado original. Un caso más de "polisemia".

Por tanto me niego a completar el ciclo perverso de desposeer a "hombre" de su significado original. Así pues, cuando yo digo "hombre", me refiero al 100% de la especie.

Severian dijo...

Caray... no sé como entrar en este tema sin ofender a nadie...

Por ejemplo: Anonima de las 9:59 ¿quien te obliga a vestirte así, excepto tal vez la competencia con las otras mujeres? ¿realmente crees que los hombres te verían diferente si te vistieras con una camisa y un jean? ¿llamás a eso "carcel"? El hombre cuya mujer no trabaja, que se levanta a las 7:00 y se acuesta a las 24:00 ¿es el carcelero?

Manolo: ¿realmente te parece importante eso? ¿no hay plurisemias de consecuencias mas graves? (se me ocurre la de un país que se nombra con el nombre de todo un continente, por ejemplo)

Perdón, es que me choca que se haga incapié en este tipo de desigualdad, que siempre es un poco inventada, en un mundo donde hay desigualdades mucho más flagrantes... y de consecuencias más trájicas que el dolor de tobillo ocasionado por un tacón.

Manolo dijo...

Severian: las polisemias y otros artefactos lingüísticos me interesan mucho. Si yo mismo tuviera un blog en español estaría lleno de artículos sobre curiosidades lingüísticas e incluso propuestas de reforma, mucho más drásticas que la invitación a usar "hombre" sólo en su acepción de "miembro de la especie humana".

Si menciono ésta y no otra polisemia es porque viene a cuento del artículo de César.

En cuanto a su importancia... bueno, depende de cómo te tomes la hipótesis de Sapir-Whorf. Si eres adepto, y preocupado por que el sexismo en el lenguaje pueda influir (negativamente) en el sexismo social, entonces le darás más importancia que a otras.

Fernando Alcalá dijo...

Párrafo a párrafo, palabra a palabra, no puedo estar más de acuerdo contigo. Es algo que he defendido siempre. Además, que siempre me ha pasado, para que me gustara una película, para que me enganchara un libro, o una serie, o lo que fuera, siempre tenía que haber un personaje femenino interesante. Si no, muy difícilmente lo hacía...

César dijo...

Manolo: tienes razón, el lenguaje es sexista. Sin embargo, luchar contra eso, contra el lenguaje, es, sencillamente, una labor imposible. Las lenguas no surgen de arriba abajo, sino de abajo arriba. Es el habla de la gente lo que conforma al lenguaje y, hagas lo que hagas, el lenguaje adaptará la forma que la mayoría decida mediante su uso. Por eso no me convence, incluso me irrita, el lenguaje políticamente correcto; no sirve para nada y acaba resultando retorcidaamente cargante.

Así pues, disculpame si insisto en emplear el lenguaje común y sigo llamando hombres a los varones. Para el genérico prefiero, como numael, emplear el término "humano" o "ser humano". Tómalo como una simple cuestión de gustos.

Perséfone: La verdad es que hay feministas tan radicales que dan ganas de espachurrarles una tarta de merengue en la cara. Pero exaltados los hay en todos sitios. No cabe duda de que la mujer, conforme va logrando su independencia, se va masculinizando; es lógico, igual que resulta natural el proceso contrario: la feminización de los hombres. A fin de cuentas, esos roles tienen mucho de cultural, así que cambian según cambia la cultura. En realidad, como bien señalas, gran parte de lo que consideramos femenino o masculino no es más que mero adoctrinamiento cultural.

Anónima de las 9:59: Mira, dados los patrones de belleza imperantes, las piernas largas se consideran más bonitas que las cortas. Los zapatos de tacón estilizan las piernas, amen de poner en tensión las pantorrillas, de modo que hacen las piernas más bonitas, y eso es algo que reconocen tanto hombres como mujeres. Por otro lado, resultan más atractivas las personas altas que las bajas, y los zapatos de tacón pueden aportarte ocho o nueve centímetros más de altura. Eso está claro. Pero a nadie le obligan a ponerse tacones altos; si te los pones es porque quieres. Pepa, mi mujer, es adicta a los zapatos, tiene más de cien pares... pero ni uno de ellos es de tacón alto. Aunque, claro, Pepa mide 1'75 descalza...

De hecho, creo que en este caso el sexismo actua en contra de los hombres. Una mujer puede ponerse zapatos de tacón alto y así, pese a la tortura que suponen, conseguir ser más alta y tener unas piernas más bonitas. Sin embargo, un hombre no puede ponerse zapatos de tacón ni nada equivalente, porque si lo hiciese la gente se cachondearía de él.

En cuanto a lo de la píldora... ya, ya había oído usar tu argumento a otras mujeres, y no te puedes hacer una idea de lo equivocada que estás. Mira, un condón se lo pone el hombre; él decide si ponérselo o no, y si decide no ponérselo puede que, en esas ardientes circunstancias, la mujer acepte hacer el amor a pelo, corriendo el riesgo de embarazarse. Y esto no es una teoría, sino un hecho demostrado por la multitud de embarazos no deseados que se producían cuando sí había condones, pero no píldoras.

Con la píldora, es la mujer quien decide; ella tiene la sartén por el mango, sin contar para nada con que un varón decida o no ponerse el chubasqueiro do pito. Además, de ese modo la mujer está segura de tener el control, porque si la píldora la tomaran los hombres, ¿estarías segura de que tu pareja la ha tomado? Si yo fuese mujer, desde luego no me fiaría, porque quien pagaría las consecuencia sería yo, no él.

En fin, querida, creo que las posibles alteraciones químicas (que yo sepa más bien ligeras) que provoca la píldora quedan sobradamente compensadas por la libertad e independencia que ese farmaco ha proporcionado a la mujer.

En cualquier caso, hay métodos anticonceptivos femeninos tan seguros como la píldora y menos agresivos; por ejemplo el DIU. Por último, me apresuro a aclarar que en estos tiempos del SIDA el preservativo es fundamental para las actividades amatorias de cualquier persona sensata.

Severian: sólo una puntualización: una mujer que trabaja fuera de casa pero que además tiene que ocuparse ella sola del hogar, de los hijos y de su marido, es, sin lugar a dudas, una esclava.

Luis dijo...

César, me ha parecido muy bien tu comentario, da gusto que la gente piese asi, solo hay una cosa que te hace perder puntos. Me refiero al gran topicazo,( que mira que me pone malo) de que las mujeres son mas complejas que los hombres, vamos, te ha faltado decir que la culpa la tiene el periodo.
Por que segun tu y muchos de nosotros los hombres no somos compleos, no. Luego te vas a un museo a ver un cuadro de Dali o te lees un poema de Lorca y no, esos no eran complicados, y como estos puedo poner mil ejemplos.



Me parece que este topico es signo de que no te pones bien en el papel de las mujeres, porque si lo hicieras te darias cuenta de lo complicados que nos ven

César dijo...

Luis: o no me has entendido bien o, más probablemente, me he explicado mal. Yo he dicho: "Pero es que, además, en ciertos aspectos (las mujeres) son más complejas que los hombres". EN CIERTOS ASPECTOS, no en todos. Lo son en lo que señalo en la entrada; pero también, por ejemplo, en la sexualidad. Me apresuro a añadir que, en otros aspectos, los hombres somos más complejos que ellas. Cuando hable de los hombres me extenderé sobre este asunto.

Manolo dijo...

No lo digo siempre por no ser "pesao", pero ya va siendo hora de refrescarlo: César, muchas gracias por contestar *todo* lo que comentamos (y mira que lo ponemos difícil a veces...)

Acepto deportivamente el rechazo de mi invitación. Con que tú, y los que lo han leído, le hayan dedicado un solo minuto a reflexionar sobre el asunto me doy por satisfecho, incluso si la conclusión ha sido la contraria a la mia.

Sobre el sexismo en el lenguaje y lo "políticamente correcto", creo que no hay que meter todo en el mismo saco. Por ejemplo, yo tampoco soy partidario del "los vascos y las vascas" porque entiendo que el uso de *género* masculino en "los vascos" NO oculta al *sexo* femenino. Me parece más relevante, a la hora de combatir el sexismo lingüístico, desactivar la óptica de varón en el vocablo "hombre".

Recomiendo la lectura de un ensayo de Álvaro García Messeguer titulado ¿Es sexista la lengua española? donde pone de relevancia las verdaderas relaciones entre género y sexo de la lengua española. Son unas 15 páginas, pero leyendo sólo los puntos 1., 2., 8. y 9. se tiene ya una idea clara del contenido.

Respecto al uso de "ser humano" como sustituto de hombre... bueno. Es posible. Aunque hay veces que puede quedar "rara". Por ejemplo, en la expresión:
El hombre es el único mamífero que menstrua.
Si ponemos "ser humano" en lugar de "hombre" queda bastante artificioso.

O en ésta otra:
El perro es el mejor amigo del hombre.
Queda un poco incongruente la sustitución:
El perro es el mejor amigo del "ser humano".
¿Por qué sí "hombre" y no "perro"?
El "ser cánido" es el mejor amigo del "ser humano".

;-)

Nimbusaeta dijo...

Acabo de llegar a tu blog, César, y me ha alegrado mucho tu última entrada, porque me ha gustado mucho ver la cantidad de hombres (o varones :P) que hoy en día piensan como tú, siendo más igualitarios incluso que muchas mujeres.

Yo también te iba a comentar que la complicación que atribuyes a las mujeres es un topicazo, pero ya he visto lo que has contestado a Luis así que habrá que esperar a leer lo que dices sobre los hombres ;)

Una última cosa: Manolo, a mí personalmente no me suena mal "el ser humano es el único mamífero que menstrua" de hecho me suena mejor que diciendo "el hombre" precisamente por esa asociación cultural que hacemos hombre = varón, sabiendo todos que los varones no mentrúan ;) y "el perro es el mejor amigo del ser humano" yo diría que suena mal porque la frase con "del hombre" ya la conocemos como frase hecha, por lo tanto la tenemos mucho más interiorizada y nos suena mal cambiar alguna palabra. Es como si en vez de decir "las bibicletas son para el verano" digo "las bicicletas son para el estío", por ejemplo xD

¡ Un saludo !

Carlito's dijo...

César, completamente de acuerdo con todo. Realmente, poco más se puede aportar a tus entradas, la verdad.
Aunque sí quiero comentar lo del topicazo de que la mujer es más compleja. Yo no lo veo tal topicazo, yo creo que se acerca mucho a la verdad. Es decir, los hombres somos más "básicos", por norma general. Bueno, cuando yo digo que ellas son más complejas, no me refiero a que sea más difícil comprenderlas a ellas que a nosotros. Una mujer es tan misterio para un hombre como un hombre lo es para una mujer. Me refiero a que, generalmente, la mente de la mujer es, como dice César, más madura, va más allá intelectualmente, suelen tener más sensibilidad y otro tipo de intereses. Como ejemplo, sólo hay que ver quién compone el núcleo lector.
Y también estoy de acuerdo con César en lo del lenguaje políticamente correcto, la verdad es que me repatea.

PD: Y hablando de Carmen Hidalgo, me encantó. Me lo leí en dos patadas.

Saludos.

Vanbrugh dijo...

No soy un experto en el tema (ni en ningún otro) y hablo de oídas, pero tengo la impresión de que hay un segundo motivo, tan importante como su menor masa muscular, para que las mujeres hayan estado siempre sometidas a los hombres: la única forma de regular la población, el número de miembros de un grupo humano, es controlar el número de mujeres. El tamaño de un grupo -cuestión fundamental para su supervivencia en tiempos de escasez- depende directamente del número de mujeres que haya en él, y la principal forma en que todos los pueblos, primitivos y no tanto, se han regulado demográficamente, ha sido el infanticidio femenino. Si quiere menos gente, mate las niñas al nacer. Si puede permitirse más gente, permítalas vivir. Y para que esto pueda hacerse, hay que dejar claro de antemano que las mujeres son un sexo inferior, secundario y prescindible. Para lo cual, efectivamente, lo de que además sean fáciles de pegar viene bastante bien...

Excelente blog. Lo leo desde hace tiempo y, aunque no siempre estoy de acuerdo, siempre lo disfruto.

Anónima de las 9:59 dijo...

Todas las respuestas resultan interesantes. Da gusto tu blog, César. Pero sólo quiero aclarar otro tópico:

¡¡Las mujeres también pueden poner el condón!! (y llevarlo en el bolso, y asegurarse de que se pone como se debe poner)!!

Y ya nos explicarás lo de la mayor complejidad masculina. No me queda clara. (¿Se trata de lo del "Fuera de juego"?...). ;-)
Es una broma -por si no se nota-.