lunes, septiembre 22

Otoño


Hoy, a las 15:44 hora solar, tendrá lugar el equinoccio de otoño y el día y la noche durarán exactamente lo mismo. Os regalo la imagen de una amanita muscaria -a la sazón en estas fechas-, que era con lo que se colocaba la gente en la antigüedad.

13 comentarios:

Natalia dijo...

Bonita foto :-)

Consumidor irritado dijo...

Bonita foto, pero aclaro ... mas que colocarse se marchaban al "otro barrio", por su similitud con Amanita cesarea, era ideal para susituirla y cambiar de cesar.

César dijo...

Consumidor irritado: no, amigo mío, me temo que estás equivocado. La amanita muscaria es tóxica, pero no venenosa. De hecho, su dosis mortal es tan alta que, para matar al César, tendrías que conseguir que ingiriese unos cinco kilos, por lo cual, antes acabaría con él la indigestión que la muscarina.

La amanita muscaria quizá sea el embriagante más antiguo que ha usado la humanidad, pues hay constancia de su uso en el paleolítico. Desde antiguo, se considera que las amanitas muscarias son casas de los gnomos... porque la comes y ves gnomos (o algo parecido).

Quizá te confundas de seta, ya que la muscaria no se parece a la cesarea. En Europa, la muscaria tiene el sombrerete de color rojo sangre con "verruguitas" blancas, mientras que la cesarea lo tiene de color naranja y sin "verruguitas". Es cierto que en América la muscaria tiene un color amarillo-anaranjado, pero siempre con "verruguitas". Además, el tallo de la cesarea es mucho más grueso que el de la muscaria.

Probablemente la confundes con la amanita phalloides, que sí es sumamente venenosa (bastan 50 gr. para mandarte al otro mundo). Esa fue la seta que utilizó Agripina para cargarse al emperador Claudio.

Bambo dijo...

Vaya... yo venía a decir lo de la Amanita phalloides... La verdad es que las muscaria tienen una pinta tan de cuento de hadas que es imposible no quedarse embobada mirándolas, :D

Anónimo dijo...

ola buenas, antes que nada decir que no descubri ese blog hasta ace poco pero nunca me ha dado por comentar.. cesar e leio unos cuntos de sus libros y la verdad me enacantan todos jeje bueno:
lo que queria decir.. veo raro que un tema como el otoño del que creo se puede decir mas que la hora en la que comenzó se halla convertido en una convencion de setas creo que se puede hablar sobre otras cosas no?? aunque la verdad ahora mismo a mi no se me ocurre niguna pero seguro que a los habituales de este blog si, yo soy un negado jaja bueno un saludo ahh y cesar gracias por tenr este blog ya me has dado un entretenimiento algo distinto para "entre semana"

Anónimo dijo...

Las setas son habitantes de un planeta absurdo, lleno de formas de vida demenciales que generan todo tipo de residuos y restos pestilentes. Las setas también son absurdas pero más, aparecen sobre la superficie de ese planeta en el momento en que los demás seres entran en estados semiletárgicos e incluso mueren. Ellas a modo de espíritus revolucionarios antisistema, se llenan de fuerza, crecen en muy cortos espacios de tiempo y crean formas de curiosos colores y diseños inutilmente aerodinámicos ya que surgen de la tierra y de ahí no semueven.
La verdad es que yo me siento seta, y me siento bien, un pelín desubicado, pero toda una seta, ...hmmmm ¿en masculino habría que decir seto? no, ¿verdad? eso es menos emocionante. El otoño es magia y setas cachondas

marino dijo...

Mi primer recuerdo y vínculo con las setas fue en Verín (Orense), entonces vivía en medio de un monte (Monterrey se llama) y después de volver andando del colegio salíamos a dar vueltas mi hermano Carlos, Vicente (un amigo) y yo. Una tarde bajando del castillo hacia mi casa nos quedamos a ver como, a la entrada de un prado, un hombre atizaba una pequeña hoguerilla y colocaba una pequeña sartén al fuego. Le preguntamos si es que iba a cenar allí y él respondió que todo dependía de si la moneda que había puesto dentro se ponía verde o no. Nos fijamos y vimos que además de una moneda, dentro había colocado una seta troceada. Al poco la moneda se puso verde intenso y aquel hombre mostró su disgusto con un ¡carayo! y tirando al suelo las setas, recogió su moneda y nos dijo: "si alguna vez cogéis unas setas y no sabéis si son buenas, sólo tenéis que hacer lo que yo acabo de hacer, si la moneda cambia a verde, malo. Si la moneda va a negro puedes comerla pero no sabrá bien. Si la moneda se limpia disfrutaréis de un manjar".
La verdad es que todos pensamos que era un mago, un druida o que sé yo. Incluso Elicho (un chico de unos 15 años que vivia por allí y que había sufrido los efectos en su madre del alcohol metílico) que mordía las tapas de hojalata y bailaba siempre sin parar dando grititos, se quedó paralizado y abrió sus achinados ojos fascinado.
Las setas necesitan de algo de magia y rito para poder sacarles provecho. Hoy en día las hordas que invaden los campos para arrancarlas sin criterio alguno, han desgraciado ese mundo. Hay setas todo el año, artificialmente cultivadas y son casí tan populares como el "pollo de corral".
Lo estropeamos todo, es una pena que los misterios dejen de serlo o que, peor aun, se diluyan en la ignorancia a la que la Globalización de los cojones está llevando a este mundo de zombies.
¡Carayo!

samael dijo...

aún a riesgo de que me juzguéis mal y penséis que soy un obseso, no tengo más remedio que preguntar: ¿a esa amanita no se le está cayendo la ropa interior?

samael dijo...

Las plantas, los vegetales, cuando son salvajes, son eso: salvajes. Cuando conseguimos domesticarlos, lo llamamos agricultura. El hombre lo descubrió hace 10.000 años. Desde entonces ha llovido mucho, pero básicamente sigue siendo lo mismo, todo está basado en comprender la influencia de las estaciones en los periodos vitales de las plantas que luego nos vamos a comer. Ahora, en otoño, toca recoger la aceituna antes de que se estropee en las ramas, también es el momento de la vendimia, y se acabaron los días felices de los melocotones. Esto es algo que saben los olivos, las vides y los melocotoneros desde mucho antes de nuestros 10.000 años. Lo saben sin saber que lo saben, porque en realidad no saben nada, lo que no les impide sentirlo todo, que es su forma de saber. Sienten el otoño, como antes sintieron la primavera y “supieron” que era el momento de ponerse a polinizar alocadamente. Luego sintieron el verano y sin poder resistir el impulso de su naturaleza empezaron a transformar lentamente una parte suya, muy íntima, bajo la golosa mirada de los pájaros. Cambiaron almidones por azucares y sin darle importancia, mutaron hasta el olor. Ahora son otra cosa y aún les queda por sentir una parte más de su ciclo vital, el simulacro de muerte que les espera, ya sin hojas, cuando entre el invierno. Algunos ejemplares no conseguirán superar esta etapa, y en vez de simulacro, les habrá llegado la muerte real. Esto les ocurre a las plantas, lo sabemos, pero también, de otra forma diferente, no es necesario aclararlo, a los gatos, a los bueyes, a los escarabajos, ratas almizcleras,... y por supuesto a nosotros. No podemos zafarnos de la influencia de las estaciones sobre nuestro ánimo, al menos, yo hoy. Hoy siento el otoño y tengo unas ganas terribles de sentirlo fuera de esta ciudad que cada vez me agobia más. Yo también he transformado almidones en azúcares, lo que en mi caso significa que necesito... no tengo nada claro lo que necesito, pero se que es algo que solo lo puedo encontrar ahora, en otoño.
No me lo quiero perder.

César dijo...

Anónimo de las 12:47: otro años he dicho más cosas sobre el otoño. No quería repetirme, pero tampoco olvidarme de señalar el momento del equinoccio. Es una vieja costumbre. No obstante, este blog no es sólo lo que yo escribo, sino también lo que escriben los distintos merodeadores. Lee el segundo comentario de Samael; es muy hermoso.

Anónimo de las 3:35: me encanta tu comentario; algún día tenemos que compartir unas setas (alucinógenas, por supuesto).

Marino: todo lo relacionado con las setas tiene algo de mágico, y no sólo por los efectos secundarios de algunas de ellas. Por ejemplo, ¿sabías que el ser vivo más grande que existe sobre la tierra es un hongo? Pues sí, en efecto, la Armillaria Ostoyae, o seta de miel. Se extiende por una superficie de 890 hectáreas (en un bosque de Oregón) y tiene unos 2.400 años de edad.

Samael: bonito comentario. A mí también me sucede lo mismo cuando "siento" el cambio de estación; y no sólo el otoño, sino todas ellas, aunque reconozco que con más intensidad en otoño e invierno. Experimento la necesidad de hacer algo, pero no sé muy bien qué. Creo que lo que en realidad deseo es sumarme yo también a ese cambio, fundirme con él. Algo así como una experiencia espiritual, mística. Vale, como bien sabemos eso te lo puede proporcionar la seta adecuada; pero lo que al menos yo necesito es algo más permanente.

Creo que me gustaría abandonar Madrid y vivir, al menos un año, en una zona rural del norte, donde pondría en marcha un pequeño proyecto: describir y desmenuzar los cambios de la naturaleza durante el ciclo de las estaciones mediante fotografías y textos. Ya, sería mejor dibujos, pero no sé dibujar. Tampoco sé escribir, pero doy el pego.

samael dijo...

Gracias.
De los dibujos me puedo encargar yo, siempre que estés pensando en arte abstracto.

hache dijo...

Bueno, llevo ya casi una hora intentando comunicarme con el dueño del blog. He tenido que registrarme después de escribir un rollo que me ha desaparecido. En fin... voy a ello. Dos cosas solamente: primera, heredé de mis hermanos mayores las novelas escritas por José Mallorquí con las que pasé estupendos ratos durante mi infancia-adolescencia. Años después, descubrí al hijo con "Las lágrimas de Shiva" y, desde entonces, soy fiel lector de todo lo que de él encuentro publicado. Segunda, hoy, pasando por la Feria del Libro de Ocasión de Barcelona, he descubierto en un puesto de venta la colección completa de "Dos hombres buenos" (100 números), en perfecto estado y al precio de 500 €. Ignoro si el propietario del blog conserva esta obra de su padre, pero en caso de no ser así, como la librería que ocupaba el puesto es de Madrid, le informo de sus datos: Librería Anticuaria García Prieto, Alcalá, 123, teléfono 91 431 36 27.
Yo también soy "escribidor" desde hace muchos años y me da para comer...para cenar me suelo invitar a casa de los amigos. En fin, si antes de que acabe la feria del Libro me toca la loto, iré al puesto a comprarme "Dos hombres buenos".
Un saludo y muchas gracias por los buenos momentos pasados con sus obras.
J.L. Martín H., Barcelona.

César dijo...

Hache: Seguro que debe de haber algún método más sencillo para dejar un comentario en el blog, aunque probablemente no esté bien explicado. Gracias por tus amables comentarios acerca de mis novelas, y gracias por esa información acerca de los "Dos hombres buenos" de mi padre, aunque, afortunadamente, tengo la colección completa. Un abrazo