jueves, mayo 21

Buenas malas novelas


Un amable merodeador de Babel, Arturo Villarrubia, sugería llevar el juego de la anterior entrada al terreno literario; es decir, confeccionar una lista de buenos malos libros, de novelas que reconocemos como bodrios, pero que por algún motivo nos gustan. Me pareció buena idea, así que me puse a redactar una lista y... cuando sólo había anotado cuatro títulos me quedé paralizado, inmerso en un mar de dudas. No sabía si las obras que había elegido eran malas o buenas, no lograba encontrar baremos adecuados. Lo que era fácil aplicado al cine resultaba jodidamente trabajoso referido a la literatura. Pero, ¿por qué?

De entrada, no es lo mismo una novela que una película. Y eso que se parecen mucho, no os creáis que no; la narrativa es, en líneas generales, similar, tienen importantes elementos comunes (argumento y personajes, sin ir más lejos), y lo uno se puede convertir en lo otro (y lo otro en lo uno) sin demasiada dificultad, como demuestran las innumerables obras literarias adaptadas a la gran pantalla. Pero hay una diferencia básica: una novela es producto del trabajo de una única persona, el escritor, mientras que una película es fruto de un colectivo. Es decir, puede que una película tenga un argumento soso y una dirección plana, pero a lo mejor contiene una interpretación de quitar el hipo, o la fotografía es la pera, o la música maravillosa... Hay gran cantidad de elementos que influyen en la percepción de un film, y algunos de ellos pueden ser tan poderosos como para cambiar la apreciación acerca del conjunto.

Sin embargo, el escritor es omnipresente; él crea el argumento, diseña los personajes, les da voz, pone las luces, construye los decorados, lo hace todo: por tanto, si el escritor es un maula, eso afectará a todos los aspectos de la novela. O no, porque un escritor puede, por ejemplo, construir magníficos argumentos y ser flojo en el diseño de personajes, o ser brillante con los diálogos y un tarugo con las descripciones, o tener una prosa bellísima pero ni idea de narrar. En efecto, una novela puede gustarte (o disgustarte) sólo en parte; de hecho, sucede con frecuencia. Ahora bien, ¿cómo pondero esos elementos para evaluar la calidad global, teniendo en cuenta que debe tratarse de un texto que considero malo pero que al mismo tiempo me gusta los suficiente como para leerlo? Porque, ojo, una película se ve en un par de horas, pero una novela requiere mucho más tiempo; vale, no tenemos inconveniente en perder ciento veinte minutos en una nadería, pero ¿y veinticuatro horas?

Hay cosas que no le perdono a un texto escrito, pero sí podría eventualmente aceptar de una película. Por ejemplo, los personajes. Soy incapaz de leer novelas con personajes planos y/o inconsistentes, sencillamente me desconecto; sin embargo, una película con malos personajes puede ofrecerme un espectáculo visual trepidante a cambio. ¿Qué puede ofrecerme una novela para compensar unos caracteres mal compuestos? ¿Un gran argumento? Una trama sin personajes no me interesa. Entonces, ¿la prosa? Pues mira, ese es quizá el baremo más usado para juzgar la calidad de un texto. Así pues, podríamos confeccionar una lista de buenas malas novelas escogiendo textos escritos con una prosa digamos que meramente funcional, pero muy bien narrados, con personajes sólidos y argumentos imaginativos. Lo que pasa es que, si hacemos eso, la lista puede acabar siendo inmensa. Además, no creo que la prosa sea el elemento sine qua non para determinar la calidad de un libro. En mi opinión, tratándose de novela el factor clave es la técnica narrativa, aunque ni siquiera eso puede considerarse una norma general, pues hay verdaderas obras maestras con muy poquita narrativa dentro.

En cierta ocasión, mi buena amiga y gran escritora Care Santos me comentó que estaba leyendo los cuentos de Robert Bloch. Ella no tenía por aquel entonces mucha experiencia con la literatura de género –en concreto, no conocía a ese escritor- y, comentando la calidad de esos relatos, recuerdo que dijo: “no sé si son comida basura o maravillosas delicatessen, pero me encantan”. Y es que, según el punto de vista que se escoja, un mismo texto puede ser un bodrio o una pequeña obra maestra. Si encima nos movemos en la nebulosa zona de los buenos-malos la cuestión se vuelve aún más compleja.

Pero hay algo más: creo que, de algún modo, le exigimos menos al cine que a la literatura. Parece como si al cine, al ser un espectáculo, se le permitiera ser entretenido sin poner en duda su calidad, mientras que calificar a una novela de entretenida es ponerla automáticamente bajo sospecha. Diríase que el cine es un arte menor que, por tanto, puede consumirse con cierta ligereza, mientras que la literatura es un arte sublime que requiere para su consumo adoptar una expresión adusta y proveerse de grandes dosis de tenacidad. Por ejemplo, muchos intelectuales no tienen ningún reparo en reconocer que adoran el cine clásico de Hollywood y confiesan que les encantan los western de John Ford. Pues bien, ¿cuántos de esos intelectuales admiradores de Ford han leído aunque sólo sea una novela del oeste? Y quien dice western, dice thriller, ciencia ficción o cualquier otro género. De hecho, nadie tiene nada contra el cine de género, pero la literatura de género sigue levantando suspicacias en los círculos académicos.

A todo esto debe añadirse que, mientras que sí veo más de una vez las mismas películas, rara vez releo una novela. Por tanto, hay novelas que leí cuando era muy joven y me encantaron, pero que quizá ahora me pareciesen un pestiño, así que no puedo fiarme mucho de mi memoria ni de la huella que esas novelas dejaron en ella. En resumen, que no he podido confeccionar una lista de buenas malas novelas, así que comentaré brevemente los escasos títulos que había barajado.

En primer lugar, no una novela, sino un escritor: Keith Laumer. Se trata de un autor de ciencia ficción de segunda fila que acabó sus días literalmente como un cencerro. Hace mucho tiempo, leí varias obras suyas: El largo crepúsculo, La jaula infinita, Catástrofe planetaria, Un resto de memoria, Mundos de Imperio y puede que alguna otra que ahora no recuerdo. Casi todas son muy parecidas; sus protagonistas suelen ser superhombres amnésicos, o mesías oscuros, que van descubriendo poco a poco sus extraordinarios poderes, así como que forman parte de alguna confusa conspiración a escala cósmica. En fin, cuando leía esas novelas sabía con certeza que eran malas, pero había algo en ellas que me divertía profundamente. Vamos, que me están entrando ganas de releer alguna...

Otro candidato para la lista: Dune, de Frank Herbert. Sé que por decir esto más de uno me va a poner a parir, pero es lo que pienso, amigos míos. Herbert era un famoso escritor de ciencia ficción, pero un pésimo escritor. Era muy malo, de verdad, tenía una prosa espantosa, utilizaba recursos baratos, carecía de sentido del ritmo, no tenía ni idea de componer personajes y sus argumentos eran delirantes o, simplemente, aburridos. Pero en cierta ocasión escribió una novela, tan mal escrita como todas las otras, aunque con un argumento resultón (algo así como una novela “de Ruritania” en ambiente futurista). La cosa, muy larga, tenia toques místicos, un mundo y una mitología más o menos coherentes y un protagonista en plan “emperador de todas las cosas”. Lo llamó Dune, lo publicó y tuvo un éxito del copón bendito. En fin, la novela es tan mala como todas las suyas (luego se multiplicó en una inacabable serie aún más espantosa), pero también es divertida, tiene su punto, lo suficiente como para hacer olvidar lo mal escrita que está. Una buena mala novela, vamos.

En tercer lugar, otro autor; mejor dicho, dos autores: Douglas Preston y Lincoln Child. Esta pareja escribe género de terror, thrillers más o menos sobrenaturales, algún que otro tecnothriller e incluso novelas de aventuras. Son novelas absolutamente carentes de cualquier pretensión, simples entretenimientos, a veces malos sin paliativos; pero ocasionalmente consiguen pergeñar relatos muy divertidos que respetan la inteligencia del lector. Novelas como The Relic, Los asesinatos de Manhattan o la serie protagonizada por el agente Pendergast son ideales para pasar un buen rato sin grandes complicaciones.

Por último, El Padrino, de Mario Puzo. Y aquí se me desmontó el tenderete, porque no estoy nada seguro de que El Padrino sea una mala novela. La verdad es que no sé lo que es; igual se trata de un clásico contemporáneo, vete tú a saber. O bazofia populachera, depende del punto de vista. ¿Veis como no es fácil?

12 comentarios:

Juan dijo...

Hola César, coincido que Keith Laumer es muy entretenido y Dune, pese a que todo el mundo habla maravillas, tampoco es que sea la panacea, pero ojo, si es mala la primera, el resto de la saga ni te cuento...
Con preston/Child me pasa igual que con Clive Cussler y las aventuras de Dirk Pitt, que sí son malas narrativamente, y algunas veces llegan a aburrir, pero da la sensación de que a ese tipo de novelas le echan algo para que seamos adictos al libro. Y coincido en el padrino, está mejor la película como sucede con Los doce del patibulo, Lee Marvin inventa al personaje.
También Stephen King que en su producción media de su carrera, para mí son mejores sus primeras novelas y las últimas, tiene bodrios de casi mil páginas que me leía de un tirón y me lo pasaba como los indios.
También pequé mucho con Robert Ludlum, que simplemente creo que era malo, pero al que era también adicto.
Y para qué vamos a engañarnos al Quijote, que los académicos y escritores me perdonen, también había que darle unos cuantos tijeretazos.
Por último, la saga de marte de John Carter o el Tarzan, una vez releidos me parecen que no eran muy buenos pero para mí son droga dura.En fin que sobre gustos...
Un saludo.

Víctor M. Ánchel dijo...

No es fácil, no... Pero me solidarizo contigo en lo respecta a Dune: que yo recuerde, la única novela que me parecía mala mientras la leía pero que no pude dejar de leer hasta acabarla.
Algo tiene, pero no sé qué es.

Sr. IA dijo...

Mario Puzo una mala novela?
No sé… Me da que no… Hay quien considera sus diálogos a la altura de Sun Tzu… La historia es brutal y el conocimiento del entresijo familiar, ni cuento… Y el trasfondo… ese drama griego de los pecados del padre pagándolos los hijos, tampoco parece de tercera.

En vida, a Miguel de Cervantes le recriminaban ser vulgar,prosista descuidado y poco dotado… A pesar del éxito inmenso del libro… Los Quevedos, Gracianes (que desdeñaba abiertamente a Cervantes) y demás le consideraban un autorcete menor. El propio Cervantes hubiera cambiado el éxito del Quijote por el reconocimiento de la camarilla… Todas esas modernices estilística que vemos hoy en el Quijote, que si metaficción, oralidad, humor, contraste, oposición, síntesis cultural, etc… pasaron por completo desapercibidas… De hecho si no llega a ser por el super re-exitado quijotero en Inglaterra del XVIII, el retrato de Cervantes no presidiría la Academia… Muchos ilustrados españoles tampoco estaban a gusto con el Quijote… Una prosa demasiado plana, para el gusto…y temáticas populacheras-vulgaronas….

Luis Manuel Ruiz dijo...

Estoy absolutamente de acuerdo contigo en que somos mucho más alegres a la hora de admirar películas que libros, y coincido en que el principal factor de ello sea seguramente el tiempo: doscientas páginas de tu vida no es una extensión como para arrojarla alegremente por el retrete. En cuanto a lo que mencionas de Dune, me encanta encontrar el parecer de un especialista en c/f que por fin coloca ese título en el lugar que (creo) le corresponde, después de haber sido alabada en ciertos foros (como he visto) como el mejor texto de c/f de la historia. La literatura de género es pródiga en pésimas buenas novelas: entre nosotros, considero insoportable la mayoría de la producción de Hammett o Chandler, que seguramente sólo salve la caracterización de los personajes. Un abrazo.

Jose Antonio del Valle dijo...

La saga de Ambar (en la cabeza no, que estoy estudiando) para mí es todo lo que cuentas de Keith Laumer. A Stephen King es que le funciona muy bien lo de crear empatía con sus personajes (para mí es una virtud, la verdad) pero es cierto, las del medio hicieron que dejara de leerle por unos años. Y yo metería en buenas malas novelas a muchas de las clásicas de CF, empezando por las de Asimov.

Víctor M. Ánchel dijo...

Aunque podría estar de acuerdo en cuanto a alguno de los textos de D. Hammet, a mí Chandler me parece de los prosistas en lengua inglesa más dotados de todos los tiempos...

Vanbrugh dijo...

Aunque yo podría estar de acuerdo, en cambio, en cuanto a alguno de los textos de R. Chandler, para mi Hammet es uno de los mejores novelistas en lengua inglesa del siglo XX.

Artemisa dijo...

Un amigo me dijo una vez: "No hay libro, por malo que sea, que no tenga como mínimo una frase que no merezca la pena leer". Y Cervantes leía hasta los trozos de papel que se encontraba por el suelo.

En fin, de todo tiene que haber en la villa del Señor.

Sr. IA dijo...

Por otro lado, ¿si no hubiera hamburguesas, que gracia tendría un cocido?

Big Brother dijo...

¿Y qué pasa con la obra de José Mallorquí Figuerola? ¿Es que no es toda ella un ejemplo de que la literatura popular -y, por ende, mala- puede alcanzar cotas notabilísmas?
Y quede claro el hecho de que el que sea mi padre (y el de César, of course) me hace perder objetividad: es mucho mejor de lo que digo que me parece. Y, si alguien lo duda, que lea cualquiera de sus novelas. Hasta en la peor -que las hay- encontrará elementos de calidad literaria indiscutible.

César dijo...

Juan: totalmente de acuerdo con tus comentarios, salvo quizá en lo que se refiere a Stephen King, donde difiero un poquito. A mi modo de ver, el primer King, el anterior a "It", es un clásico del terror, igual que lo fueron Poe o Lovecraft. Ese King no era un mal escritor, ni mucho menos; el posterior sí.

Víctor. M. Ánchel: "Dune" es una mezcla de cosas que funciona sorprendentemente bien. En principio, es una traslación de la realidad árabe del siglo XX al futuro (especia=petroleo), y también es una decimonónica novela de aventuras a lo "Prisionero de Zenda", o incluso una de capa y espada a lo Dumas. La mezcla funciona argumentalmente, pero Herbert era un escritor tan malo...

En cuanto a Hammet y Chandler, creo que son dos de los escritores populares más importantes del siglo XX; elegir uno u otro es una cuestión de gustos.

Sr. IA: Te doy toda la razón; por eso "El padrino" me hizo dudar hasta el punto de renunciar a escribir una lista. Hay demasiadas cosas buenas en la novela de Puzo como para tildarla de mero best seller populachero.

Por otro lado, una hamburguesa bien hecha no está nada mal.

Luis Manuel Ruiz: cada vez que veo una listas de las mejores novelas de cf encabezada por "Dune" me entran ganas de echarme a llorar. Con esos criterios literarios, no me extraña que el género esté donde está.

José Antonio del Valle: Difiero en algo: la primera de la serie Ambar, "Nueve príncipes de Ambar", me parece una excelente novela fantástica. El resto son insoportables.

Yo dejé de leer a King a partir de "It", una novela terriblemente alargada. Creo recordar que en esa obra aparecia la siguiente escena: uno de los protagonistas llega a una gasolinera y King dedica una página a contar la vida del gasolinero, un personaje ¡que no vuelve a aparecer en el relato! Creo que entonces decidí que King se había acabado para mí.

Y sí, muchos clásicos de la cf son excelentes ejemplos de buenas malas novelas.

Big Brother: huelga decir que estoy de acuerdo con tu consideración sobre J. Mallorquí. Pero, ¿quién ha dicho aquí que la literatura popular es intrínsicamente mala?

A. Romero dijo...

Pues con todo y con eso, en el King post-"It" (dicho sea sin ánimo de coña) te pierdes unas cuantas de las mejores suyas: "Misery", "La milla verde", "La historia de Lisey"... otras tan divertidas como "Cell" o "La chica que amaba a Tom Gordon"... y bastantes cuentecillos de lo más potente. Eso sí, para dar con las perlas uno tiene que tragarse cosas como "Corazones en la Atlántida". Lo de King a mí siempre me ha parecido muy peculiar: el tipo es capaz de escribir finales tan tristes y melancólicos como el de "La milla verde" y justo después (o justo antes, no recuerdo), pegarle un horrible postizo sacarinoso a su propia adaptación televisiva de "El resplandor".

A la lista de patateras pero gozosas (y aun con dudas respecto a lo de patateras) yo añadiría:
- "La sangre de los King", la última de Jim Thompson, una autocaricatura pasadísima de rosca.
- Los pastiches pornográficos de Philip J. Farmer: las dos de la bestia, "A Feast Unknown"...
- Las novelas de caníbales desquiciados de Jack Ketchum: "Off Season" y "Offspring".
- "El horror que nos acecha" de Robert Bloch (ni yo mismo, que le tengo devoción al hombre, puedo negar que esta es de las peores suyas).
- Y esto es una perversión cercana a lo delictivo, pero reconozco que me divierte y me relaja una barbaridad leer a Losantos y compañía. Quizá no sean novelas en sentido estricto, pero casi casi...