jueves, junio 25

Posparto

Por primera vez desde el comienzo de Babel he empezado a escribir un par de post y los he abandonado a las pocas líneas. Hasta ahora, se me ocurría un tema, lo que fuese, y lo escribía de un tirón, pero en estos momentos me cuesta mucho darle al teclado. No es que no tenga cosas que decir, sino que no me apetece decirlas ahora, sea porque mi ánimo no es el adecuado, sea porque son demasiado largas y yo estoy demasiado aplatanado.

Por ejemplo, quiero hablaros de mi hermano Eduardo, fallecido hace ocho años. Veréis, un amigo (Oriol, el hijo de mis padrinos), me pidió las películas de súper-8 de mi familia. No estoy hablando de unos cuantos carretes, sino de varias horas de filmación realizadas sobre todo durante los años 60. Oriol es periodista y tiene la intención de realizar un reportaje audiovisual sobre mi padre, así que transfirió los súper-8 a DVD. La semana pasada me devolvió las películas y me entregó las copias electrónicas. La filmación más antigua es de finales de los 50 y la más moderna de 1971. Durante varios días, los diez DVD’s con el registro cinematográfico de mi familia permanecieron intocados sobre mi escritorio. No me atrevía a verlos.

En 1996, dejé la casa que había sido de mis padres y en la que vivía desde 1960, situada en el centro de Madrid, y me trasladé a Aravaca, en la periferia. Además de los problemas normales de una mudanza, tuve que empaquetar todo lo que había en un trastero abarrotado de cosas pertenecientes a mis padres y hermanos. Encontré, por ejemplo, las cartas que se habían intercambiado mis padres durante su noviazgo (y no me gustó lo que vi en ellas). Encontré fotos (miles de fotos), recuerdos, guiones, cuadros, libros, de todo... y también las viejas películas familiares. Una tarde, monté en el proyector una torta de película (varios carretes empalmados) y comencé a verla. Correspondían a unas vacaciones de la familia en Asturias a mediados de los 60. Ahí estaba yo, con doce o trece años, y mis hermanos, tan jóvenes, y... mis padres, de nuevo vivos en la pantalla después de tantos años muertos. Creo que no aguanté más de cinco minutos; al cabo de ese tiempo, las lágrimas me cegaban. Apagué el proyector, guardé la película y jamás volví a ver esas filmaciones. Luego el proyector se rompió y nunca reuní el valor suficiente para encargar un repicado de aquellos súper-8. Me limité a almacenarlos, como Pandora sin atreverse a abrir la caja.

Pero el sábado pasado cogí el primer DVD del montón, lo inserté en el ordenata y me dispuse a contemplar por primera vez en trece años las imágenes en movimiento de mi pasado. Lo primero que vi fue una antiquísima filmación de mis padrinos y de sus hijos, todos ellos afortunadamente aún vivos (ahí estaba el propio Oriol cuando era un mamoncete recién nacido). Pero ya en la segunda película apareció un muerto, mi hermano Eduardo. El carrete está fechado el 15 de noviembre de 1965; por aquel entonces, Eduardo tenía veintidós años. En realidad, quien más aparece en la filmación es María Pilar, la guapísima novia de Eduardo (y un lustro después su esposa), en algún punto de la Ciudad Universitaria; pero hay un momento en que María Pilar empuña el tomavistas y aparece mi hermano. Va vestido con chaqueta y corbata, tiene una sonrisa maliciosa y corre de un lado a otro, se agacha y se levanta para dificultar que su chica pueda encuadrarle. Está bromeando, es un joven feliz, enamorado, con un gran futuro por delante.

Treinta y seis años más tarde, el 17 de marzo de 2001, ese joven resplandeciente, convertido en un cincuentón derrotado por la vida, se suicidó.

Esta vez no he llorado, aunque sólo he visto el primer DVD. No obstante, contemplar esas imágenes de mi hermano me ha recordado uno de mis mayores fracasos como escritor. En 2001, tras su muerte, decidí que quería convertir la historia de Eduardo en una novela; hoy, ocho años después, sigo dándole vueltas sin ser capaz de llegar a ninguna parte. Sé la historia que quiero contar, pero no sé lo que quiero decir acerca de ella. Quizá estoy demasiado implicado emocionalmente y eso me confunde; pero, como dijo mi hermano mayor, Big Brother, si no estuviese implicado no querría contar esa historia.

En cualquier caso, es una historia interesante, el relato de un personaje contradictorio y desmesurado que dedicó su vida a la autodestrucción. Lo que pretendo no es escribir su biografía, sino una novela basada en él; no obstante, me gustaría contaros la verdadera historia de Eduardo Mallorquí, aquí, en Babel. Pero no ahora: tengo la depresión posparto.

Hace tres semanas acabé de corregir el manuscrito de mi última novela, El juego de los herejes, el segundo título protagonizado por Carmen Hidalgo. Aún le quedan un par de correcciones más, pero la obra está prácticamente acabada. Cuando termino una novela, invariablemente, lo que siento es un profunda depresión; estoy convencido de que se trata de lo peor que he escrito nunca. No un simple trabajo mediocre, sino un texto impublicable que los editores me tirarán a la cara en cuanto lo lean. Me siento fatal, me deprimo, me amustio. Esta vez me ha pasado lo mismo, como siempre.

Afortunadamente, Miryam, mi querida editora de Espasa, ya ha leído la novela y le ha encantado. Ayer me mandó el primer boceto de la portada y está muy bien. Todo guay. Pero sigo depre. Depre para escribir. Tenía previsto meterme ahora con una novela (la tercera de Jaime Mercader) que ya tengo totalmente diseñada en la cocorota, pero ha habido cambio de planes. Así que le estoy dando vueltas a tres argumentos distintos. Pero no escribo, y cuando estoy sin escribir más de un par de semanas seguidas comienzo a sentirme en falta, culpable. Y me deprimo aún más. Por eso me cuesta incluso escribir entradas para Babel. Soy una frágil recién parida con las hormonas descontroladas.

Mañana nos vamos Pepa y yo a Granada. ¿Sabéis que en la Alhambra, dentro del recinto monumental, hay un hotel, el Parador de San Francisco, situado en lo que era un antiguo convento del siglo XV? Tiene 36 habitaciones y está siempre lleno (hay que hacer las reservas con meses de antelación). El año pasado, Pepa y yo cumplimos nuestras bodas de plata y decidimos celebrarlo pasando unos días en el Parador de San Francisco; conseguimos reservas para este fin de semana. Así que mañana partiremos para Granada y pasaré un par de días en la bochornosamente cara suite del Parador, en medio de los jardines de la Alhambra, con una mujer maravillosa a mi lado.

Y si así no se me quita la depre posparto, es que soy total y definitivamente gilipollas.

21 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya,César,anímate...segurísimo que tu libro va a ser todo un éxito y que Granada estará espléndida...Lo vais a pasar muy bien.
Eso de hurgar mucho en el pasado...mmmm trae sus consecuencias,claro.Pero tú sabrás sacar de la vida de tu hermano una novela que nos emocionará y eso te servirá también de consuelo.
Saludos a la Alhambra,si los turistas lo permiten...
Aurora Boreal

Merak dijo...

Yo vivo ahí :) Bueno, hasta el domingo, que vuelvo a casa. Llévate gorra y protector solar a la Alhambra si no quieres morir. La mejor zona de tapas elegantes y clásicas es la calle Navas, al lado del ayuntamiento. Pregunta por el paseo de los tristes, y cuando llegues a plaza nueva, busca la heladería Tiggiani y cómete una tarrina a mi salud (también están en plaza Bibrambla).

En fin, cuídate. A ver si se te pasa la depre, guapo. Un beso,

Cristina

Ximo dijo...

César, ¡qué ganas tengo de que salga por fin tu nueva novela!
Disfruta de tu fin de semana especial. Yo, precisamente, estaré de mudanza. ¡Como te envidio!

Un saludo

Miroslav Panciutti dijo...

Hace poco mi hermano me pasó un DVD (no diez) con viejas películas de super ocho, apenas trozos inconexos, cuyo único interés es ver a mi familia a mediados y finales de los sesenta, en Madrid y San Sebastián. Yo tengo los recuerdos bastante embotados y, aun así, no pude evitar cierto regusto amargo al ver a mi padre jovencito, a un primo que se mató en la M-30, etc. Con lo que cuentas puedo imaginar lo que has sentido.

En todo caso, diviértete mucho en Granada (en ese hotel he estado alojado hará unos 6-7 años) y celebad a lo grande las bodas de plata. Felicidades (también por el parto; y déjate de depresiones).

Perséfone dijo...

Anímate, hombre, si luego las piezas mediocres vistas en el Word resultan ser bastante buenas. Al menos para los demás.

Por mi parte tengo muchas ganas de seguir a Carmen y al grupazo de secundarios que la acompañan.

Juan dijo...

Ánimo César, que ese "maternity blues", como dicen los anglosajones, pasará pronto, disfruta, relájate por Granada, y que esa novela sobre tu hermano esperamos todos que sea pronto una realidad en nuestras manos de lectores .Un saludo.

Anónimo dijo...

Olvídate de todo y descansa, colega, que te lo mereces ... A veces los escritores no sois conscientes de lo necesarios que sois y de lo felices que nos hacen vuestras historias...Gracias siempre por vuestro trabajo y vuestro sufrimiento... Si hay algo que haga hermosa esta vida, son vuestras historias.
Victorderqui

fernanda dijo...

Me da un poco de pudor comentar, porque el texto es muy íntimo y yo ni siquiera fui invitada a leer este blog. Llegué a través de un blog amigo, no sé cuál, y lo puse en mis favoritos.

Pero, bueno... quería decir que muchas veces he pensado cómo me gustaría tener cintas super 8 de mi infancia, como tienen otros. Me gustaría, por ejemplo, conocerme en movimiento, y no sólo en esas imágenes fijadas que ya he visto miles de veces y que casi me parece recordar con mi propia memoria. No es verdad, sin embargo, no recuerdo casi nada, y tal vez escriba para eso, para recordar o inventarme un pasado. Me imagino que mirar esas cintas ha de ser muy duro, sobre todo cuando las personas ya no están, pero así y todo, preferiría tenerlas. Preferiría, al menos, tener la oportunidad de decidir no mirarlas.

Ojalá escribas finalmente esa novela. Te deseo mucha suerte.

Saludos,
F

Claudia Botero dijo...

Cesar, que no sé de donde me viene lo atrevida, pero quería decirte que cuando inaguro muestra, quedo en ese estado que tu dices por días y cada vez se me estaba poniendo ams complicado.Hace un tiempito descrubri que si yo me fijaba menos en el resultado y mas en el proceso, la depre postparto rebajaba. Descubri que si me fijaba muchisimo menos en el resultado y mas en el proceso, disfrutaba mas de mi trabajo y mi "voz" salia mas mía y finalizaba en todo caso con menos cansancio y menos desgaste emocional. Creo que tu tienes mas experiencia que yo a la hora de crear. Y seguramene habrás pensado esto antes, si no, vale la pena tenerlo en cuenta.
Que te mejores, y espero leer mas cosas tuyas mas adelante.

Anónimo dijo...

Disfruta de la ciudad, que es preciosa, y olvídate de todo.
Y haz caso a las recomendaciones de Merak, muy buena heladería.
Mazarbul

Boeder Escalier. dijo...

Te pegaré. Como no te animé te encontraré y pegaré. Porque vamos, te lo tienes que estar pasando genial (quien pudiera)

Y hablando de libros. A ver, señor, una pregunta dificil. ¿Podrías recomendarme un libro para leer? Tuyo claro esta.

Anónima de las 9:59 dijo...

Uff. Yo desmonté parte de la casa de mis abuelos, y aún ¡me queda por desmontar!

Terminé con una melancolía profunda, y con el deseo, la promesa y el juramento de no acumular tanto. (Guardamos demasiadas cosas que no nos podemos llevar... Ahora "trabajo" por llevarme lo intangible, y las cosas las tiro más a la basura).

De todas formas, mira, la semana pasada se me ocurrió enseñar a mi nena de 6 años lo que guardaba de mis abuelos (unas gafas de hace casi 100 años, un reloj, una pipa...) y cuando terminé me dijo: "Cuando te mueras, ya guardaré yo todo esto".

No supe qué decir. ("¿Para qué?" "¿Por qué?" "¡No hace falta!"). No sé... Deberíamos tirar más los objetos y vivir las "vivencias".

Pásalo bien en "Graná". ;) (La tierra de mi abuelo, este de la pipa y las gafas) ;)))

Merak dijo...

Sé que no viene nada al caso pero si no lo pregunto me muero... Mazarbul, ¿eres de Granada? Supongo que sí, pero hay que confirmar. Y sí, la heladería Tiggiani es la mejor, echaré mucho de menos mi combinación mágica, piña con frutas del bosque, y tomármelo en la plaza de la catedral con buena compañía, ains...

César, más te vale haber disfrutado de mi segunda casa, porque me fui ayer y la echo mucho, mucho de menos. Un beso,

Cristina

en ocho clicks dijo...

hummmmm... recuerdo una noche de mi niñez en que mi tio volvió de Granada y me ofreció ser su madrina?

Alicia Liddell dijo...

¡Coño! Llevo años intentando reservar en el convento. Enhorabuena y disfruta de tus vacaciones

César dijo...

Lo de Granada ha sido estupendo; en un plis-plas se me ha pasado la depre y toda la tontería. ¡Muchas gracias a todos por vuestro buenos deseos!

Merak: Adoro Granada, me encanta. Además, esa ciudad está muy ligada a la historia de amor entre Pepa y yo, de modo que también existe una ligazón emocional. Los helados de Tiggiani son buenísimos, de lo mejor que he probado en mi vida. De hecho, ya conocía esa heladería; creo que en el Cabo de Gata... ¿Alguien sabe si tiene sucursales en Madrid?

Ximo: espero que la mudanza haya sido leve.

Perséfone: La siguiente novela de Carmen Hidalgo aparecerá en octubre.

Fernanda: Contemplar imágenes de tu pasado es fascinante, pero también triste. A veces duele.

Claudia Botero: Gracias por el consejo :) El problema es que para mí el proceso creativo también es "doloroso". En realidad, creo que en parte la "depre posparto" se debe a todas las dudas que me asaltan durante el proceso de creación. No obstante, la duda es indispensable...

Boeder Escalier: No tienes necesidad de buscarme y pegarme, porque me lo he pasado genial en Granada :)

¿Un libro mío? Pues, por ejemplo, cualquiera de los dos últimos: "La caligrafía secreta" o "El juego de Caín".

Anónima de las 9:59: Pues yo adoro las cosas. Soy una urraca que lo conserva todo. Y me encanta.

En 8 clics: Y yo recuerdo a una madrina que, a la hora de firmar en el acta, puso: "La madrina" ;)

Alicia Lidell: Nosotros conseguimos la reserva de un año para otro. Te recomiendo que vayas: es una maravilla asomarte a la ventana y ver el Albaicín y el Generalife. Por cierto, espero que ya estés recuperada del trompazo.

Anónimo dijo...

La fotgrafía no me hace gracia(entiendo que esa era la intención)me desagrada. También me cansa bastante la tan manida comparación con el parto; y no soporto lo de la Depresión postparto. Creo que de lo que tu hablas es de MIEDO puro y duro. Sientes terror a NO GUSTAR, con todo lo que esto supone. Creo que te estás haciendo muy blandito y necesitas que todos te digan lo buen escritor que eres. ESE NO ES EL CAMINO. Bueno eso TÚ ya lo sabes.

ODIME

César dijo...

Odime: Así que has comprendido que mi depre se debe al temor de que el fruto de mi trabajo no guste, ¿eh?... ¿Eso lo has descubierto solo o te ha ayudado alguien?

Anónimo dijo...

Tienes razón me ha ayudado el recuerdo de un amigo.Gracias el subconsciente te juega malas pasadas. Era una persona especial.


DRF.

Yoanetsensepor dijo...

Realmente me gustaria poder algun dia escribir algun libro para sentir este miedo al fracaso, aunque eso suele pasar con cualquier escrito que se hace.

Podria Jaime Mercader tener alguna aventura más? Ese chico acabará traumatizado.

No sabia de la existencia de este blog, pero ya que el que busca encuentra, me uno al club. Ala

César dijo...

Yoanetsensepor: Bienvenido al club, amigo mío. Y sí, habrá una novela más de Jaime Mercader, pero el año que viene. Espero que no se traumatice demasiado... :)