lunes, noviembre 22

Contra la música




No estoy dotado para la música. Me refiero a escucharla, porque “hacerla” ni me lo planteo. El caso es que salí de fábrica con el “área musical” del coco francamente defectuosa. Lo cual no quiere decir que no me guste la música, por supuesto; lo que pasa es que mis gustos musicales son limitados, vulgares y primarios. Y poco intensos; la verdad es que no suelo escuchar música voluntariamente. Desde luego, nunca cuando trabajo, porque me distrae, pero tampoco cuando leo, por el mismo motivo. Ahora que lo pienso, no existe ninguna circunstancia en concreto que me invite a escuchar música voluntariamente... Cuando quiero aislarme, quizá, y cuando estoy melancólico, y cuando quiero experimentar una sensación determinada. Pero muy pocas veces por el mero placer estético.

 Nótese que he empleado la palabra “voluntariamente”, porque estoy harto de oír música de forma involuntaria. Paraos a pensarlo un momento. Oímos música cuando vamos a un gran almacén, cuando cogemos un taxi, cuando esperamos en la consulta del dentista, cuando subimos en algunos ascensores, cuando caminamos por la calle, cuando llamando por teléfono nos ponen en espera, cuando intentamos dormir pero los vecinos dan una fiesta, cuando encendemos la radio o la TV, cuando suena un teléfono móvil, cuando vamos a una iglesia, cuando hay una feria, cuando se celebra prácticamente cualquier cosa... Hay mucha gente, además, que parece necesitar la música tanto como el oxígeno, gente que haga lo que haga tiene que tener siempre música a su alrededor. Mi mujer y mi hijo Pablo, por ejemplo; nada más meterse en el coche conectan la radio y no la apagan hasta llegar al destino.

Vale, cada uno es muy libre de hacer con su culo lo que le venga en gana. El problema es que, de todas las artes, la música es la más intrusiva. Yo decido cuándo consumo o no literatura, cine, teatro, cómic, pintura, escultura, danza, arquitectura... pero ¿música? No, la música se cuela sin mi consentimiento, me invade, y uno puede apartar la mirada, pero no apartar los oídos. Además, si esa música invasora fuese realmente arte, bueno, en fin, al menos habría una disculpa. Pero no, qué va... lo que más suena por ahí es un pop-rock malísimo y repetitivo, vomitivas canciones melódicas y, en fin, por esta época horribles villancicos. ¿Nos guiamos por los éxitos radiales? Rhiana, Oceana, Melendi, Bruno Mars, Flo Rida, El Pescao, Lady Gaga, Dani Martín, Nena Daconte, Alejandro Sanz, Enrique Iglesias, Raphael... estos son algunos de los “artistas” que, lo quiera o no, voy a tener que escuchar. Y no quiero, pero me jodo. ¿Qué voy a hacer, ir con tapones en los oídos por la vida?

 Igual que existe la contaminación atmosférica, o la contaminación lumínica, o la contaminación de las aguas, o la contaminación radioeléctrica, existe la contaminación sonora, y en este apartado no sólo deberían incluirse los estruendos, sino también la música. Igual que no se puede fumar en los lugares públicos, la música debería estar prohibida en esos mismos lugares. Nada de Mantovani o Los Indios Tabajaras en los ascensores, vedado Vivaldi en las consultas médicas, anatema sobre quien permita que Alejandro Sanz suene en los aparcamientos, multa para los capullos que vayan con la radio del buga a toda potencia. ¿No pedimos permiso para fumar cuando estamos acompañados en un lugar cerrado? Pues lo mismo cuando queramos encender la radio o poner el tocata. Joder, puede que la música, en mayor o menor medida, le guste a todo el mundo, pero no en todo momento ni en toda ocasión. Coño, un poquito de silencio.

El silencio... La gente parece tener una especie de horror vacui sonoro; le aterroriza la ausencia de sonidos y por eso se ve obligada a llenar ese vacío con música o hablando, y como la mayor parte de las personas no tenemos nada que decir, pues eso, la música.


Un sabio proverbio oriental reza: Antes de hablar, pregúntate si tus palabras van a mejorar el silencio. Porque el silencio, amigos míos, es una maravilla llena de matices; en gran medida, porque no existe el auténtico silencio, siempre hay algo. Ahora mismo, por ejemplo, estoy sentado en mi despacho, escribiendo esto. Escucho el tabaleo de mis dedos sobre el teclado, y el murmullo del ordenador, y algún que otro crujido del parqué. A lo lejos escucho a Patricia, mi asistenta, deambulando por la casa, y un coche pasando por la calle, y un perro ladrando en la distancia, y muy levemente alguien que habla con otra persona en el portal. Es decir: escucho la vida, no sonidos rítmicos enlatados. El silencio nos acerca a la realidad de las cosas y a nosotros mismos.

Por eso, antes de poner música preguntaros si esos sonidos van a mejorar el silencio.

10 comentarios:

Artemisa dijo...

Bueno, Beethoven era sordo y en mi humilde opinión, mejoró el silencio.

Peste dijo...

Comparto. Pero creo que la unica chance que tenemos de que musica sea tan absurdamente regulada como el humo de tabaco vendra de la mano de los sufrientes de sindrome de deficit de atencion (mas bien, de los neurologos que tomen la bandera de su representacion).

Gerardo dijo...

Aquí mi opinión al respecto, este artículo me ha hecho pensar.

http://melomanias.melomanias.com/index.php?option=com_content&view=article&id=278:musica-invasiva&catid=64:general

Por cierto la web tiene música pero puedes quitarla arriba a la derecha.

CorsarioHierro dijo...

Off topic.
Pues nada. Soy Luciano, profe de historia en Gran Canaria. Que he creado un blog (por un cursillo, no vayan a creer) para orientar a los alumnos en clase. (Más frikadas varias).

Copiar y pegar:

Primer post:

http://socialessinnata.wordpress.com/2010/11/22/emision-en-pruebas/

El blog:

http://socialessinnata.wordpress.com/

Vanbrugh dijo...

- Eres una amenaza pública. Parece que llevas semanas enteras amargando la vida a tus vecinos con no sé qué abominable instrumento musical. Y ahora te he visto con él en la mano. ¿Cómo te atreves a tocarlo en una casa respetable, endiablado loco?
Me mantuve frío y digno.
- ¿Ha dicho "endiablado loco"?
- Sí.
- Pues permítame decirle que el hombre que no siente la música en el alma...
Me asomé al pasillo para llamar a Jeeves.
- Jeeves: ¿de qué dice Shakespeare que es capaz el hombre que no siente la música en el alma?
- De traiciones, intrigas y maldades, señor.
- Gracias, Jeeves. Es capaz de traiciones, intrigas y maldades- declaré a Glossop.

Vanbrugh dijo...

Lo siento, Sir Roderick. Pero ya has visto lo que opinamos Bertie, Shakespeare y yo sobre el asunto.

(La cita es de Gracias, Jeeves).

Big Brother dijo...

En la desnuda luz vi
diez mil personas, o puede que más;
la gente charlaba sin hablar,
la gente oía sin escuchar,
la gente escribía canciones
que ninguna voz compartiría.
Nadie se atrevía...
a romper el sonido del silencio.

Simón y Garfunkel ("Los sonidos del silencio")

Anónimo dijo...

La música es el menos molesto de los ruidos (Napoleón)

O sea, ruido al fin y a cabo

Alicia Liddell dijo...

Yo también soy napoleónica. La música es el menos malo de los ruidos, pero ruido, al fin y al cabo.
Y todos esos que cita, en mi inacabable espíritu democrático, los sometería a castración química laríngea. Para que dejaran de atormentarnos.

papitolindo dijo...

Hay que desconfiar del que no canta por que algo esconde, alguien que no tiene una alegría en el corazón que cantar no puede ser una buena persona.

Facundo Cabral.

esto quiere decir que la música es natural en cada uno de nosotros, solo hay que saber escúcharla, por que es maravillosa, aprieta al alma.
habrá que superar a algúnos músicos reciclados en el camino.