martes, noviembre 9

Cuentos de invierno

Hace unos años me planteé escribir un libro que contuviese cuatro relatos largos (o novelas cortas), cada uno de ellos dedicado a una estación del año (no es una idea muy original, ya lo sé). Mi propósito era condensar en esos relatos la esencia de cada estación, explorar las sensaciones que me provoca cada época del año. El problema fue que, al cabo de un tiempo, había reunido varias ideas para el otoño y el invierno, pero ninguna satisfactoria para la primavera y el verano. En el prólogo del libro Antología del cuento triste, de Augusto Mentorroso y Bárbara Jacobs, los antologistas dicen: “Si es verdad que en un buen cuento se concentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento será siempre un cuento triste”.


Sin duda, se trata de una afirmación exagerada, pero no exenta de lucidez. Si me paro a pensarlo, muchos de los relatos que se me ha quedado grabados en la memoria son cuentos tristes. Volverán las mansas lluvias, de Bradbury, La mansión de las rosas, de Thomas Burnett Swann, Un suceso en el puente sobre el río Owl, de Bierce, Siete pisos, de Buzzati, Un día perfecto para el pez plátano, de Salinger... la lista es interminable. Aunque, en realidad, lo que más me gusta es esa forma más poética –y menos lacerante- de tristeza que es la melancolía (y su hermana, la nostalgia). Supongo que por eso me gustan el otoño y el invierno, porque son estaciones melancólicas. Y por eso todas las ideas que se me ocurrían estaban circunscritas a esas épocas.


Una de las ideas que tenía archivadas para ese libro que nunca llegué a escribir resucitó, años más tarde, como parte del “Proyecto Umbría”, del que ya he hablado en Babel. De ser un relato llamado “Cuento de invierno” pasó a convertirse en una novela llamada “Leonís”, y su proceso de escritura siguió un largo y tortuoso camino. Leonís es la historia de un hombre que intenta recuperar el pasado y descubre que nada fue como el creía que era. También es un relato de amor imposible, y una novela de misterio, y el retrato de un monstruo que nunca aparece, pero que siempre está presente, y una historia fantástica, y un cuento triste. Pero sobre todo Leonís es –pretende ser al menos- un destilado del invierno, un licor frío que te arde por dentro.


Cuando finalmente acepté publicar Leonís, sólo le pedí una cosa a la editorial: que me dejara coordinar la edición. Quería que Leonís fuese un libro diferente, un libro cuidado hasta el último detalle, un libro bonito como objeto. Así que me puse en contacto con mi buen amigo Miguel de Unamuno (tataranieto, sí, del escritor), que es un excelente diseñador y un gran artista, le dejé el borrador de la novela y le propuse que, si le gustaba, se ocupase de toda la parte gráfica del libro. Le gustó y aceptó.


Eso ocurrió hace casi exactamente un año. Durante todo ese tiempo Miguel y yo hemos estado en contacto, sea en persona, por teléfono o por Internet, preparando la edición del libro. La semana pasada terminamos de revisar las primeras galeradas. Está quedando precioso; lleno de detalles y símbolos, algunos fáciles de interpretar y otros ocultos (las capitulares, por ejemplo, ocultan secretos). En cierto modo, Leonís es un homenaje al libro material, en contraposición a ese fantasma de libro que es la edición electrónica. Además, es el único libro escrito por mí del que puedo hablar bien con toda desfachatez, porque no es sólo mío, sino también de Miguel.

Me gustaría haber colgado en esta entrada algunas de las ilustraciones realizadas por el señor de Unamuno para Leonís, pero problemas técnicos, o la ignorancia informática, me lo han impedido. A cambio, os dejos algunas obras suyas extraídas de su blog (cuya dirección podéis encontrar ahí al lado, en Universos Paralelos).

El libro se llama Leonís. Una historia de amor, magia, misterio y muerte, y aparecerá en febrero.

12 comentarios:

Natalia dijo...

¡Sí, recuerdo que escribiste sobre él en el blog y me pareció muy interesante! Qué bien que falte tan poco para que salga :)

Helmanticae Maria dijo...

Me hubiera gustado tenerlo ya en mis manos, la espera va a ser dura. Podrías al menos dejarnos la primera página en una de tus entradas.
Un abrazo.

Laura Uve dijo...

Adoro el invierno (también el otoño), así que me identifico bastante con lo que explicas. Me alegro de leerte porque la gente siempre me mira extrañada cuando digo que mi estación predilecta es esa (y soy zaragozana, así que sé lo que es el frio en condiciones). Desde luego tomo nota del libro, todo lo que dices es sugerente y además las ilustraciones preciosas.

Saludos.

leo dijo...

Si las ilustraciones se parecen a las que has colgado será magnífico, sin duda.
Qué gusto, poder cuidar así tu libro.
Un saludo.
(Y además es casi tocayo mío...;-)

samael dijo...

me va a gustar mucho tu libro, de momento me gusta mucho el título. Leonís... está muy bien.
Lo aceptaré encantado, como siempre ;-))

Luis Manuel Ruiz dijo...

A la espera quedamos. ¿Quién edita, César?

César dijo...

Helmanticae María: Más adelante cogaré una entrada con el comienzo de la novela.

Luis Manuel Ruiz: lo edita EDEBÉ en su colección de litaratura general.

Belisa dijo...

Qué ganas tengo de leerlo. Las ilustraciones son una delicia, y las de Leonís, con toda seguridad lo serán.

Severian dijo...

Aunque, en realidad, lo que más me gusta es esa forma más poética –y menos lacerante- de tristeza que es la melancolía (y su hermana, la nostalgia).

....pues entonces te recomiendo Crónicas del Angel Gris, de Alejandro Dolina, un clásico para la visión melancólica del mundo muy cara a este lado del Atlántico.

ANTONIO dijo...

¿se sabe la fecha exacta de salida a ventas? Es que estamos nerviosos. Por la pagina de Edebé no aparece ni una reseña de novedades.
Saludos(un fan)

César dijo...

Antonio: La novela acaba de salir de imprenta y comenzará a distribuirse a finales de febrero o comienzos de marzo. Gracias por tu interés.

Jose Luis G. dijo...

Será mía. :) Seguro que es una delicia de libro: buenas ilustraciones, excelente argumento y muchos misterios.