martes, julio 5

Mitos



Supongo que todos tenemos lugares míticos, sitios que nunca hemos visitado pero que, por las razones que sean, permanecen en nuestra mente rodeados por una aura de magia y misterio. Generalmente, al menos en lo que a mí respecta, esos lugares míticos se conformaron durante la niñez. Por ejemplo, siendo pequeño leí en un Reader's Digest la historia y las peculiaridades de Mont Saint-Michel, y desde entonces soñé con visitar esa abadía. Y acabé visitándola. De hecho, ya he estado en muchos de mis lugares míticos: Stonehenge, Glastonbury, Carnac, Cnosos, la Acrópolis, Micenas, las tierras altas de Escocia, el Gran Cañón, Teotihuacán, Chichén Itzá, las selvas tropicales, los Andes, Laponia, California...y aún me quedan muchos por visitar. Pero hay tres a los que, lo reconozco, me da miedo viajar, precisamente porque temo que me decepcionen. Y eso a pesar de que son tres de mis mitos favoritos. O precisamente por eso.

 El primero es el Tíbet. Cuando era niño leí Tintín en el Tíbet y El tercer ojo, de Lobsang Rampa, vi en TV Horizontes perdidos, de Capra, y desde entonces quedé tan hechizado por ese mundo del Himalaya que durante mucho tiempo devoré cuantos libros sobre el Tíbet caían en mis manos (Alexandra David-Neal, Heinrich Harrer, Michel Peissel...). Y, claro, siempre soñé con viajar allí. Lo malo es que el viaje era carísimo, y luego tuve hijos pequeños, y luego, cuando ya pude plantearme realizar el viaje, vi un documental en TV que mostraba los enormes cambios que habían realizado los chinos en el Tíbet, y se me cayeron las pelotas al suelo. Me decepcionó más que cuando supe que Lobsang Rampa no era un lama, sino un chalado inglés llamado Cyril Henry Hoskin. Cuando en 1950 los chinos invadieron el Tíbet, decidieron acabar con esa cultura y lo han conseguido. El Tíbet de mis sueños ya no existe.


El segundo lugar es Irlanda. Me enamoré de esa isla a través de las películas de John Ford (El hombre tranquilo, El delator, La salida de la luna...), luego descubrí sus leyendas y su mitología, y finalmente me atrapó su música. En cualquier caso, sé que la Irlanda que hay en mi mente es irreal, que no existe y probablemente nunca ha existido. Aún así, iré allí.


El tercer lugar es Argentina. Veréis, la primera revista de ciencia ficción en español se llamaba Más Allá, duró 48 números y fue publicada en Argentina entre 1953 y 1957. Cuando yo tenía once o doce años había unos cuantos viejos ejemplares de Más Allá en mi casa, probablemente comprados por mi padre o mi hermano mayor. Hojeando uno de ellos vi un cuento llamada Un rifle para el dinosaurio (de Sprague de Camp), una historia de viajes en el tiempo con una maravillosa ilustración de un T. Rex, y como me chiflaban los dinosaurios leí el cuento. Así comenzó mi afición a la ciencia ficción, y por supuesto leí todos los ejemplares de Más Allá que encontré (hoy tengo la colección completa).


Pero ocurría una cosa curiosa. En primer lugar, el español en que estaba escrita esa revista no era exactamente igual al español de Madrid. Además, en la sección de cartas al director aparecía gente que vivía en Córdoba, en Rosario, en La Rioja, en Mendoza... Ciudades como las españolas, pero que no eran españolas. Era algo así como un universo paralelo, el reflejo invertido en un espejo (algo que tenía sentido, porque cuando aquí es verano, allí es invierno, y viceversa). Creo que, en cierto modo, el sentido de la maravilla de la ciencia ficción se mezcló con la imagen mental que me había forjado de Argentina.


Luego estaban los tangos. Mi padre era muy aficionado a ellos y los ponía con, a mi modo de ver, excesiva frecuencia. No, los tangos no incrementaron mi amor por Argentina. Entendedme, no tengo nada contra ellos, pero acabé harto de oírlos. El caso es que, dada su afición por el tango, mi padre escribió para la SER una serie de programas dedicados a la vida de Carlos Gardel. El actor que interpretaba a Gardel era otro Carlos, de apellido Acuña, también cantante de tangos. Fue el primer argentino que conocí, un tipo muy simpático que hablaba con acento raro. Dada su amistad con mi padre, Acuña le regaló varios objetos de artesanía argentina, entre ellos unas calabazas para tomar mate y unas pipetas de plata para chuparlo. Y mate, por supuesto. Lo probé; oscila entre lo desagradable y lo repugnante. Cuestión de gustos, queridos merodeadores argentinos, no os enfadéis conmigo. El caso es que el mate tampoco incrementó mi amor por Argentina. No obstante, charlando con mi padre y con Acuña descubrí la mítica del gaucho, la Pampa infinita, las boleadoras... Cómo molan las boleadoras...


Entonces, cuando yo tenía 17 o 18 años, un amigo me regaló Ficciones y El aleph, de Borges, y mi mundo cambió. O, al menos, cambió mi concepción de la literatura. Leer a Borges era, y es, como entrar en un universo paralelo. Creo que Borges es el escritor que más admiro, el que más he releído... y era argentino. Pasaron los años y, en 1974, asistí al espectáculo de un grupo musical-humorístico llamado Los Luthiers. Pocas veces me he reído tanto en mi vida y desde entonces he asistido a todos los espectáculos que el grupo ha dado en Madrid. Los Luthiers son argentinos. ¿Cómo no voy a enamorarme de un país que cuenta con la más rica tradición de literatura fantástica en castellano, un país que ha dado gente tan talentosa y querida para mí como Borges y Los Luthiers (y Bioy Casares, y Pablo de Santis, y Héctor Alterio, y Quino, y Cortazar, y Oesterheld, y Fontanarrosa, y Posse, y Ocampo, y Solano López, y Roth, y Campanella...).


Sí, adoro Argentina... pero nunca he ido allí. En parte porque sólo podría hacer ese viaje en verano, cuando allí es invierno, aunque no es esa la verdadera razón. Lo cierto es que, en mi interior, espero encontrar una Argentina donde haya un aleph en cada trastero, donde toda la gente sea tan ingeniosa como Daniel Rabinovich o Joaquín Salvador, donde los gauchos sorban mate con aire taciturno en medio de una llanura desmedida, donde viejos criminales nazis aún se ocultan, donde lo sobrenatural está a la vuelta de la esquina. Y esa Argentina sólo existe en mi imaginación. Pero aún así, iré.


El próximo sábado, Pepa y yo partiremos para Oslo y después merodearemos durante quince días por los fiordos. Noruega es otro de los lugares míticos de mi niñez. Por los vikingos, por supuesto, y por las auroras boreales, pero creo que sobre todo por Thor Heyerdahl. Joder, con ese nombre o se es aventurero o va uno por la vida con cara de capullo. De niño me alucinaban sus historias, sobre todo el viaje de la Kon-tiki y Aku Aku. El único problema es que Heyerdahl fue un explorador tropical; pero no importa, porque hay un montón de exploradores noruegos polares, como Amundsen, Nansen, Ingstad, Larsen o Resvoll-Holmsen, que era una mujer. Eso por no hablar de Erik el Rojo, que también tenía un nombre que invitaba a la aventura.


Siempre me han fascinado los países nórdicos, en particular Noruega. De hecho, parte de la última novela que he escrito -La isla de Bowen- se desarrolla en Noruega, aunque más al norte de donde vamos a ir, en Trondheim, Havoysund (cerca del Cabo Norte) y Svalbard. Me habría encantado visitar Svalbard; es un archipiélago, la última tierra firme antes de llegar al Polo Norte. Dos terceras partes de su superficie están cubiertas por nieve perpetua y glaciares, y la única isla habitada es Spitsbergen, aunque sólo hay unos pocos cientos de personas en un poblacho inmundo, un par de minas, la Svalbard Global Seed Vault y tres o cuatro estaciones científicas. Debe de ser uno de los lugares más extraños, remotos y solitarios del mundo; de hecho, para recorrerlo por tu cuenta necesitas un permiso especial e ir acompañado por alguien armado, pues los ataques de osos polares son frecuentes. Sí, me habría encantado visitar Spitsbergen, pero había que elegir: o el Ártico o los fiordos. Otra vez será.


Bueno, amigos míos, ésta es la última entrada antes de irme de vacaciones. Reconozco que los diez post que escribí sobre mi hermano me han dejado un poco desfondado. No es que me supusieran ningún esfuerzo, los escribí muy rápido, pero parece ser que la intensidad emocional era mayor de lo que suponía, porque después de redactar el último, sencillamente ya no sabía sobre qué escribir; todo lo que se me ocurría me parecía una gilipollez. Me quedé... no sé, como vacío, al menos en lo que al blog respecta. Pero no os preocupéis, estas vacaciones nórdicas seguro que me refrescarán y a finales de julio volveré lleno de energía vikinga para seguir escribiendo las chorradas de siempre.


Feliz verano, merodeadores de Babel.

19 comentarios:

Jessica dijo...

O_O ¿en serio has estado en tantos sitios? yo, fuera de España, sólo he estado en Portugal xD
¡Uno de mis países míticos también es Escocia! ¿las Highlands son tan espectaculares como parecen? Y también me encantaría ir a Irlanda y a los países nórdicos, pero en mi caso tengo muchas ganas de visitar Suecia. ¿Tú has estado allí?
Espero que Pepa y tú lo paséis genial en Oslo :D
Un abrazo.

Bercebus dijo...

Que paséis míticas vacaciones. Envidia me dáis...

Gabriel dijo...

Yo tambien tenía la concepción mágica de Irlanda y tras ir hace tres años, me pareció perfecta. No ha perdido ni un apice de magia, al menos para mi

CorsarioHierro dijo...

FELIZ VERANO.
Mis lugares míticos(a donde no iré): Islandia(ese Viaje al centro de la Tierra); Irlanda, Asturias-a lo mejor aquí si voy....

Barcelona que de mito pasa a rutina pues voy casi todos los años pero bueno y, últimamente estoy mitificando Cádiz.
Interesante lo de Thor Heyerdhal. Lástima que su intrpretación de las Pirámides de Güímar sea incorrecta-parece que son del XIX y tienen que ver con labores agrícolas.

Luis Manuel Ruiz dijo...

Feliz verano, desde un amigo verde de envidia vikinga.

Anónimo dijo...

Que tengáis un viaje estupendo y que te sirva de inspiración para alguna novela...al menos,que no te defraude. Yo iré a Gales,cruzaremos en el Ferry desde Santander para llevar el coche y los planes son estar allí casi todo el verano (mi marido se ha ido a trabajar a Swansea) Ya he leído tu entrada de hace un par de años contando vuestro viaje por Gales y los tropiezos con la comida,el tiempo y las carreteras...voy prevenida...
Saludos y buen viaje...
Aurora Boreal

César dijo...

Jessica: La primera vez que monté en avión (a Ibiza) yo tenía 20 años y el único país que había visitado era Francia. Con esto quiero decirte que no te preocupes: tienes todo el tiempo del mundo para viajar. Además, cuando se es tan joven como tú, viajar puede ser muy barato.

Las Highlands no son tan espectaculares como parecen: son mucho más espectaculares y bellas. Te voy a recomendar algo: Visita Edimburgo en agosto; hay un montón de festivales (de arte, de teatro callejero, de música... más de 20) y el ambiente, mucha gente joven de todo el mundo, es fantástico. Otra cosa: recorre el Great Glenn, desde Inverness, en las Highlands, hasta Oban, en la costa, frente a las Hébridas. Es un viaje espectacular.

No, no he estado en Suecia ni en ninguno de los países escandinavos. El único país nórdico que he visitado es Finlandia.

Bercebus & Luis Manuel: Muchas gracias :)

Gabriel: Me alegra mucho lo que dices. Espero ir a Irlanda pronto; quizá el año que viene.

CorsarioHierro: Islandia, sí; también es uno de mis mitos. "Desciende al cráter del Yocul de Sneffels que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio, audaz viajero, y llegaras al centro de la tierra, como he llegado yo".

Heyerdhal se equivocó en muchas cosas, sobre todo en sus teorías difusionistas. Pero qué increíbles aventuras vivió...

Aurora Boreal: Realmente no estuve en Gales, sino en el sur de Inglaterra, desde Canterbury hasta Cornualles.

Un consejo muy valioso: Si vas a viajar por Inglaterra, llévate un navegador. Las carreteras allí, aparte de estrechas, son un lío.

Anónimo dijo...

Ah,es verdad,me confundí de región,de todos modos,por el sur estuvistéis y supongo que con coche nosotros haremos más de una excursión por allí...Lo del navegador ya está previsto y recuerdo que también lo comentaste en aquella entrada...Espero que no nos perdamos demasiadas veces (algunas es inevitable,forma parte de nuestra tradición familiar en los viajes,lo mismo que empezarlos con una avería...pero nada nos desanima...) Feliz viaje
Aurora Boreal

Arcadi dijo...

Que los vientos os sean propicios . Si no lo digo reviento . Sí , es curioso la cantidad de mediterráneos que soñamos con el Norte y como les chifla el sol a esta gente . Para ellos todo .
A Jessica , tuve la suerte de vivir dos años en Escocia . Mi idea era no volver . Es un lugar precioso , y la gente a mí me trató de una manera increíble . Gente más maja ....
Salté a Irlanda un par de veces , aún no había "paz declarada " en el Ulster y aún se notaba el pasado de pobreza . El oeste , Connemara , es uno de los lugares más bellos que he visto en mi vida . Jessica , no te creas que está tan lejos , si se te mete en la cabeza , irás fijo.
Planeo visitar Polonia y el Báltico , de momento sólo escucho a Wagner para ver si me vienen ganas. Es un chiste .César , disfrutad a degüello . Los polacos ibéricos decimos que sólo estamos cuatro días en esta vida y tres llueve . Ojalá veaís una aurora boreal . Salud.

Natalia dijo...

¡Felices vacaiones! :)

sfer dijo...

Ah, envidia...

En mi familia también tenemos mucho tiro por el norte. Yo de momento solo he estado en Dinamarca, pero me jacto de haber visto zonas a las que la gente normalmente no va, com la isla de Fanø, un lugar precioso. Mi hermana es la que más norte ha recorrido: Islandia, Suecia, Noruega y este año Finlandia. En Noruega estuvieron en Tromsø. Ya sé que la gente odia los pases de fotos post-vacacionales de sus amigos, pero con mi hermana es al contrario... ¡¡siempre me quejo de que hace pocas!!

Un abrazo, disfruta y desconecta. Algún año seguiré tus pasos... esperemos que pronto :-)

Juanma dijo...

Que envidia de vacaciones. ¡Vuelve lleno de fotos, experiencias y buenos recuerdos!

El único momento decepcionante de mi luna de miel en Irlanda fue ver "la casa de El hombre tranquilo", que ni siquiera estaba donde se había rodado esa parte de la película (estábamos en Connemara y la mayor parte se rodó en Mayo). El resto merece la pena, de principio a fin y de este a oeste, que es como la vimos. Galway, las islas de Aran, el Burren, los Cliffs of Moher y, sobre todo, Dublín merecen la pena. Si alguna vez desaparezco, buscadme en la abadía de Kylemore... Ups, ya lo he dicho... Bueno, pues buscadme en algún lugar indeterminado del oeste de Irlanda. :-D

Mis lugares míticos siempre han sido la Antártida, Alaska, Samarkanda, el desierto del Sahara y Petra. Demasiados Poe, Jack London, Pierre Benoit y Mil y Una Noches, supongo. Y todavía no he ido a ninguno de ellos.

Alberto dijo...

Hola Cesar, pues yo el viernes por la noche regresé de Noruega de luna de miel por decirlo de alguna forma. Salí de Madrid el día 5 a Oslo vía Estocomo (allí sólo vi el aeropuerto), por lo que, visto que te fuiste el día 9, hemos debido coincidir por allí algunos días (yo regresé el 15). He estado en Oslo, en Bergen y en Stavanger, y al final un par de días en Dinamarca.

La verdad es que he disfrutado de la naturaleza y de los fiordos, y de las cascadas, y de la subida a Preikestolen, y de las ciudades Noruegas, pero los precios de Noruega son, por decirlo de alguna forma, desorbitantes. Hemos ido por nuestra cuenta, sólo con avión y hoteles "baratos" que incluían desayuno (en Oslo teníamos salmón para desayunar), por lo que nos ha tocado comer de supermercado para poder sobrevivir. Y cuando digo caro es caro de verdad, no lo que se dice de sitios como París. Para que la gente se haga una idea que cojan el precio de Madrid, lo multipliquen por dos y le sumen un par de euros, pues ese es el precio de la vida en Noruega. Así estaba el mercado de pescado de Bergen, lleno de jovenes españoles trabajando sacando más en un mes allí que en todo un verano de trabajo en España.

Imagino que ya contarás tu viaje por allí, así que espero para poder comparar lo que hemos visto en común y lo que no, que visto lo grande y bello que es aquello ni en un mes te da tiempo a disfrutar toda Noruega.

Ahora me queda repetir pero de Trondheim hacía el Norte, aunque por desgracia no será dentro de poco.

A lo que no conseguí acostumbrarme fue a las 4 horas de oscuridad diarias, que a las 12 de la noche aún no hubiese anochecido y no tuviesemos ni persianas ni cortinas decentes me descolocaba. A las 4 de la mañana ya era de día.

Saludos.

Anónimo dijo...

Viajar es algo maravilloso, pero para mi lo magico es conseguirlo desde las historias de ficcion, aunque sea impagable poder ver de primera mano. Pero me encanta hacerme ilusiones, aunque luego los lugares visitados sean distintos a como los esperaba.

César, estábamos discutiendo en el bar esta tarde y nos hemos quedado con una duda que sería interesante preguntarle a un escritor profesional.

A cuantos folios de Word suele equivaler una novela tuya de 200 páginas? Cuando hablas de escribir cuatro páginas al día, te refieres a esos folios de Word o lo planteas en otros términos, como el número estimado de caracteres?

Dos de nosotros somos titulados en Historia y nos gustaria poder escribir algun dia una novelizacion de aquellos episodios que mas nos han emocionado y conmovido cuando los hemos estudiado. :) Gracias por tu labor, César!

Big Brother dijo...

Por si algun paseante se acerca hoy, 22 de julio, por aquí, preocupado por las noticias del atentado en Oslo, os informo de que he recibido un sms de César confirmando que tanto él como Pepa están bien aunque la cosa les ha debido de pillar relativamente cerca porque han oído la explosión.
En que maravilla de mundo nos ha tocado vivir (o, si no hay suerte, morir)

Arion dijo...

Borges es tremendo, empecé a leerlo hace unos años cuando ingresé a la universidad.

www.artbyarion.blogspot.com

Anónimo dijo...

Que fuerte, Jose Carlos. Menos mal que todavia les queda Carpe Diem por delante y no han tenido que sufrir eso.

Juanma dijo...

Tranquiliza saber que César y Pepa están bien. Ánimos y un abrazo muy grandote.

César dijo...

Anónimo de las 6:17: Mi "página-unidad" es, en efecto, una página de Word, Arial cuerpo 12 a dos espacios, lo cual equivale a unos 1600 caracteres. El mínimo que me marco son cuatro páginas diarias, pero por lo general escribo 6 o 7, es decir, unos 10.000 caracteres.

¿Su equivalencia con el libro editado? Es imposible calcularlo, porque depende del formato del libro, del diseño de las páginas y de los tipos y el cuerpo que se empleen. En mis novelas juveniles (formato bolsillo), cada página Word equivale, más o menos, a una página editada.