martes, octubre 30

Viejos mitos


Los merodeadores más veteranos ya sabéis lo mucho que me gusta Halloween. No lo celebro, ni me disfrazo, ni hago nada especial, pero me gusta que exista. Básicamente, porque le encanta a los niños, y porque va de monstruos y de terror, y porque es la única fiesta abiertamente pagana que se celebra en todas partes.

¿Sabíais que “pagano” viene del latín pagus, que significa “aldea”? Halloween (contracción de All Hallows' Eve, Víspera de Todos los Santos en inglés antiguo) tiene un origen campesino: proviene de la festividad celta de Samhain, el fin del verano y de la cosecha. En Samhain, el mundo de los vivos y el de los muertos se comunicaban. y, al caer la noche, espíritus malévolos acechaban a los mortales para devorarlos. Por eso, para calmar el hambre de tan terribles espectros, se dejaba un plato de comida fuera de casa. Y por eso ahora, en Halloween, los niños se disfrazan de monstruos y van de casa en casa pidiendo comida/chucherías.

Los antropólogos dicen que en la mayor parte de Europa hubo dos grandes tsunamis históricos que borraron casi todo rastro de las culturas anteriores: el Imperio Romano y el cristianismo. Ahora bien, los procesos de romanización y cristianización fueron mucho más rápidos y efectivos en las ciudades que en el campo. En las zonas rurales siguieron practicándose los viejos ritos, a veces mezclados con los nuevos, durante muchísimo tiempo. Por ejemplo, en el siglo XIV hubo un edicto papal contra los que veneraban a las piedras (a los megalitos). Es decir, que mil años después de instaurarse el cristianismo, aún había gente en el campo que practicaba ritos neolíticos. De hecho, siguieron practicándose, de una forma u otra, hasta bien entrado el siglo XX. Por eso “pagano” y “aldeano” eran casi sinónimos.

Durante el último siglo, nuevos tsunamis se extendieron por Europa (y el mundo en general) arrasando lo que quedaba de la cultura campesina: la radio, la televisión y ahora Internet. Los efectos homogenizadores de los medios de comunicación de masas, unidos a la escolarización masiva y la migración a las ciudades, han sido letales para el mundo rural.

Cuando yo era adolescente, allá por los 60, había un conocido musicólogo y cantante especializado en el folclore rural: Joaquín Díaz (de hecho, sigue en activo). Díaz iba de pueblo en pueblo, pidiéndole a los ancianos que le cantaran viejas canciones tradicionales para grabarlas y conservarlas. Recuerdo que ya entonces, Díaz comentaba que ese patrimonio de música popular estaba en peligro de extinción, que con cada anciano que fallecía se perdía una parte de la memoria tradicional. Pero eso viene de mucho más lejos. A finales del siglo XIX, Yeats escribió El crepúsculo celta, donde registraba tradiciones, mitos y leyendas de la Irlanda rural. Lo hizo porque ese mundo se estaba perdiendo y quería conservarlo, aunque sólo fuese como recuerdo.

La revolución industrial inició el masivo éxodo del campo a las ciudades; las zonas rurales se despoblaron y empobrecieron. Por señalar una frontera, podríamos decir que la Segunda Guerra Mundial marcó el final de un mundo y el nacimiento de otro distinto. Fue una brecha, una cicatriz en la historia, un cambio sin precedentes. Aunque no instantáneo, claro. Cuando yo era niño aún había en España zonas que conservaban más o menos intacta la cultura rural, pero eran comunidades al borde de la extinción que, de hecho, ya no existen.

Y no es que me parezca mal, por supuesto. El antiguo mundo rural estaba dominado por la incultura y la superstición, con unas condiciones de vida durísimas y una extrema pobreza. Superar todo eso fue un avance, no un retroceso. Pero no en todos los sentidos; perdimos algo e intentamos sustituirlo por otra cosa que no ha funcionado.

Las sociedades rurales estaban muy cohesionadas; la gente sentía un intensa pertenencia a la tierra y establecía fuertes lazos con su comunidad. En ese sentido había cierta sensación de seguridad y protección. Aunque estaban las calamidades externas, claro; las malas cosechas, los desastres naturales, los accidentes, las guerras y las enfermedades. El mundo, más allá de la aldea, era oscuro e inquietante. Para enfrentarse a eso, el antiguo campesino desarrolló a lo largo de los milenios una mitología que le servía para enfrentarse a lo desconocido, para explicarlo y, supuestamente, para controlarlo hasta cierto punto (por ejemplo, los esconjuraderos de los que hablé hace poco).

Era una mitología falsa, como todas las mitologías, pero proporcionaba seguridad. Te decía cuál era tu papel en el mundo, por qué ocurrían las cosas, y lo que tenías que hacer y no hacer. Ese conjunto de mitos y tradiciones, vinculados a la comunidad mediante ritos y fiestas, era como una manta que te arropaba y protegía frente a lo desconocido y, en última instancia, te consolaba de las desgracias.

Eso lo perdimos, junto con la inocencia, cuando dejamos atrás la cultura rural. Rompimos los lazos con la tierra y nos pusimos al servicio de las empresas que nos daban empleo. Al sumergirnos en la muchedumbre de las ciudades, los vínculos con la comunidad se difuminaron hasta desaparecer. Ni siquiera conocemos a nuestros vecinos. Sin comunidad no hay compromiso de mutua ayuda, así que establecimos un pacto con el Estado: nosotros cumplimos con nuestras obligaciones y, a cambio, el poder, un poder ciego e impersonal, nos protege.

Dejamos de creer en las hadas, las brujas y los demonios, así que inventamos nuevas mitologías. Mitologías políticas, mitologías capitalistas, mitologías sociales, mitologías de progreso y justicia, mitologías de los mass media, mitologías de la democracia y la libertad. Todo eso nos ayudaba a entender el mundo y a saber cuál era nuestro papel en él. Nos proporcionaba seguridad y cobijo. Nos consolaba en la desgracia.

Pero de pronto, eso falla. Tu pacto con el poder se quiebra y los mitos que has construido se derrumban uno tras otro. ¿Con quién puedes contar? ¿Con tus amigos de Facebook? ¿Con las hadas? Y entonces descubres que lo único que has hecho es cambiar una mentira por otra mentira, que no hay nada a lo que agarrarte, ni comunidad, ni compromiso, ni justicia, ni futuro.

Nuestra única certeza es que estamos solos y perdidos.

En el folclore tradicional (los cuentos de hadas, por ejemplo), el bosque simboliza lo desconocido, lo salvaje, la oscuridad donde habitan las entidades sobrenaturales y los lobos. El bosque es lo contrario de la aldea. Pues bien, ahora estamos en el bosque, de noche, y si cerramos los ojos seguro que podemos oír a los lobos.

Vale, ¿a qué viene este mal rollo? Pues a que se acerca Halloween, la fiesta del terror. Así que... temblemos.

Feliz Halloween, amigos; feliz Samhain.



23 comentarios:

Jarl-9000 dijo...

Jo, has conseguido darme miedo. :)

Cuando conocí Halloween por vez primera no me gustó porque era una fiesta impuesta por los americanos. Con el tiempo, aprendí sus orígenes y lo que significaba (más o menos, tampoco soy un experto), y ya me fue gustando más, aunque no la suela festejar. Eso sí, para nuestros nietos será una festividad como cualquier otra.

De hecho, algunas teorías proponen que los celtas eran oriundos de Iberia, así que tal vez sea la fiesta más auténtica que tengamos (al menos en origen, ya que la forma actual es básicamente anglosajona).

Personalmente, creo que la Samhain indicaba la necesidad de acaparar las provisiones para hacer frente a la mitad oscura del año, en contraposición a la Beltane, que era la fiesta del inicio de la cosecha, y que hoy en día tiene su equivalencia en la Noche de Walpurgis o en la Pascua (puede que en ambas: la noche de Walpurgis está a 6 meses de distancia de Halloween, pero la Pascua se celebra siempre en luna llena, como la Beltane).

Un detalle: en inglés, Pascua se dice "Easter" porque antiguamente era una fiesta dedicada a una diosa de la fertilidad del mismo nombre, por el inicio de la primavera y de las cosechas (como la Beltane). Esto hace que me pregunte si la Samhain estaba dedicada a alguna otra deidad. En ese supuesto me inclino por una deidad infernal, seguramente ctónica, que podría hacer referencia a la actividad minera, como tantas otras deidades infernales. Por cierto, que "easter" hace pensar en el este, el amanecer, la parte clara. Lo contrario sería el oeste, el ocaso, la parte oscura. Y antiguamente se decía que el infierno estaba en el oeste.

Hala, menudo rollo. Mejor lo dejo aquí.

Feliz Halloween, igualmente. Feliz Samhain.

Emilio dijo...

¡Me ha encantado, César!

Jarl-9000 dijo...

Una última cosa que se me había pasado: Me encanta cómo engarzas las ideas para empezar hablando de una cosa y acabar con otra. Me descubro. ¿El peloteo está permitido? :P

Emilio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
juan constantin dijo...

Saludos César:
Aunque soy lector de tus novelas y de tu blog desde hace algunos años, nunca antes me había dedidido a expresar mi opinión. Más que nada porque, casi siempre alguien se me adelantaba y venía a decir casi lo mismo que podría haber escrito yo.
Pero, bueno, alguna vez habría de ser la primera, así que allá voy...
La pérdida de costumbres, ritos, canciones, cuentos de viejas, etc que apreciamos en las zonas rurales, como tú bien apuntas, no es un fenómeno nuevo. Viene sucediendo desde la Prehistoria por lo menos. Siempre que un fenómeno cultural se ha hecho fuerte y se ha extendido, lo ha logrado a costa de otros fenómenos culturales más débiles o menos extendidos. La diferencia hoy en día son, seguramente, los medios de comunicación modernos, que permiten una difusión de la cultura más poderosa -el porqué lo es es otra cuestión también muy interesante-, mucho más veloz, extensa y fulminante; sencillamente no se puede evitar la derrota, no digo ya vencer, porque la lucha no es nada equilibrada.
Cuando éramos unos críos, mi hermana y yo, íbamos cada fin de semana al pueblo donde vivían mis abuelos paternos. Allí jugábamos con los niños de las casas vecinas, decíamos trabalenguas y acertijos, etc y para la festividad de Todos los Santos, solíamos preparar una sandía o calabaza, a la que ahuecábamos con alguna cuchara, y decorábamos su superficie, haciéndo cortes con una navaja -de esto se encargaban los padres o abuelos, claro-, en forma de cara diabólica, figuras de animales y así; luego le colocabas dentro una vela encendida, que se sujetaba mediante su propia cera derretida y le atábamos una cuerda para transportarla. Tras ello nos íbamos a pasear por todo el pueblo, pero no para pedir chuches. No era Halloween. Por lo menos, no como estamos acostumbrados a verlo en la TV y el cine.
Hoy en día en ese mismo pueblo, los niños ya salen disfrazados y pidiendo -en algunos casos exigiendo, so pena de ensuciarte la casa a huevazos- que les des chuches con el socorrido "Truco o trato", como si fueran de Boston o Nueva York. Te juro que la primera vez que abrí y la puerta y me encontré una pequeñas y encantadoras brujitas en tal situación, creí que estaba soñando despierto o que había sido teletransportado.
Por lo visto en la propia escuela se les fomenta que salgan a "celebrar Halloween", confeccionando disfraces y maquillándolos. Y, la verdad, no me agrada mucho que desde la escuela se ayude a instaurar una costumbra postiza, más impuesta que adoptada, fruto del bombardeo que sufrimos desde las series y películas yanquis, en lugar de ayudar a mantener las autóctonas, aunque sean como simples recuerdos...
Bueno, lo cierto es que me he enrrollado como una persiana, así que por ahora me retiro... aunque amenazo con volver cualquier otro día.
Feliz Halloween a ti también, César.

whorules476

P.S.: Los lobos que se oyen siempre han estado ahí, lo que sucede es que antes teníamos una hoguera, por mísera que fuera que los mantenía alejados, pero ya no van quedando ni las brasas... Me recuerda un cuento de Jack london, que no acaba demasiado bien para el hombre...

Helena dijo...

Yo tampoco celebro,ni doy caramelos,ni trucos,ni tratos,ni entro en el juego de vestimentas dispares típicas de las fechas.
Sí tengo que decir que la historia de esta fiesta pagana me ha llamado la atención en sus andaduras por la cultura española.
Provengo de tierra Celta y dentro de la historia gallega se cuenta que cada transición del 31 de octubre al 1 de noviembre empezaba el Año Celta,ya que en esas fechas se producían los cambios de estación,el cambio de las cosechas y dentro de todo esto se entremezclan las historias entre vivos y muertos(aquí podría tocar en otra puerta ya que entraría en las historias de Santa Compaña e historias que se cuentan al lecho de una hoguera como bien se refleja en la cantidad de libros que empapan la literatura gallega).
Según la tradición gallega del Sanaín,justo en esa transición,los difuntos tenían el derecho a entrelazar por un día su "vida"con la de los vivos ya que se creía que eran el enlace con los familiares de los fallecidos.
Los celtas en estas fechas encendían hogueras y hacían ofrendas alimenticias para mantener a dichos espíritus contentos y que los malos se mantuviesen alejados.
A los años,la historia se ha ido puliendo hasta dar en la actualidad con que el Cristianismo optó por reflejar el día 1 como el de Todos los Santos y el día 2 como el de Difuntos.
Cuando poco a poco el Halloween anglosajón se adentraba en España, por la parte gallega,López Loureiro revivió dicha historia para que se supiese que nosotros tenemos nuestra propia historia(lo se..repito mucho historia..otro día buscaré sinónimos)y no necesitamos leyendas foráneas para celebrar una festividad en la cual podemos evadirnos y "adentrarnos"en lo pagano y ancestral.
Así que alabo los cuentos y narraciones del viejo rural,historias que nacieron en cosechas de labriegos,historias que nacieron en reuniones de costureras y palilleras,historias que nacieron a pié de mar,historias que nacieron en esas fiestas populares del rural ya sea gallego,extremeño o andaluz(por nombrar..)
Me parece importante conservar estos puntos de historia,lo bueno de ello es que se refleja en los libros y ese es el mejor de los legados que podemos tener.
Y que quiero decir con todo esto?
pues simplemente que disfrutéis del Samaín(o Halloween para acérrimos anglosajones)
Aquí os dejo mi guiño en estas fiestas...ahora voy a contar la palabra historia jajaja
saludico para todos!

César dijo...

Jarl 9000: Muy interesante tu comentario, nada de rollo. Sólo una pequeña corrección: esas teorías que mencionas no dicen que los celtas, así en general, provenían de España, sino los celtas ingleses e irlandeses. Al parecer, la tribu que ocupó las islas eran los brigantes, y resulta que los brigantes también estaban en España; concretamente en Galicia, donde hoy está Betanzos.

No sé, ni creo que se sepa con certeza, si Samhain estaba dedicado a alguna deidad en concreto. Lo que es seguro es que también se celebraba en esa fecha la muerte de Cernunnos, el dios cornudo, que entre otras cosas era el señor del inframundo.

Pues sí, cada vez tengo más maestría en el arte de la divagación, aunque no estoy seguro de que eso sea bueno. En cuanto al peloteo, no solo está permitido sino que estoy pensando en hacerlo obligatorio ;)

Emilio: ¡Gracias!

Juan Constantin: Por supuesto que las costumbres cambian a lo largo del tiempo; algunas permanecen y otras son sustituidas y eso ha ocurrido siempre. La cuestión es el ritmo, la velocidad del cambio. Lo cierto es que la idea de futuro = cambio es relativamente moderna. Durante muchos milenios, el estilo de vida de la gente era idéntico de unas generaciones a otras, sobre todo en el campo. La vida allí era muy estática y eso fue así hasta la Revolución Industrial. Ahora la velocidad del cambio es mareante. Y sí, claro, los lobos siempre han estado ahí; pero antes la música ocultaba sus aullidos.

Helena: Me has dejado de piedra con eso de que Samhain se celebraba en Galicia hasta hace muy poco, llamándolo incluso con el mismo nombre: Samain. No lo sabía, pero he rebuscado en Internet y tienes toda la razón. Y no sólo en Galicia, sino también en el norte de Cáceres, en León y en Zamora. ¡Incluso se ahuecaban calabazas! Exactamente las mismas tradiciones y ritos que en la Islas Británicas. Asombroso.

Hace mucho tiempo (yo debía de tener 13 años, así que fue en el 66 o el 67), durante las vacaciones de verano hice un viaje con mis padres por toda Galicia. Un día recalamos en un pueblo muy pequeño del interior –no recuerdo cuál ni dónde estaba- y nos quedamos a dormir en la única pensión que había; lo que hoy sería un hotel rural. La pensión estaba regentada por una señora y sus dos hijas, y al caer la noche, después de cenar, nos estuvieron contando historias y leyendas de la zona, entre ellas la de la Santa Compaña. Fue mágico. Por otro lado, aquí puedes repetir la palabra “historia” cuantas veces quieras :)

César dijo...

Juan Constantin & Helena: Lamento no estar de acuerdo con vosotros cuando deploráis la “importación” de costumbres foráneas, como Halloween. La mayor parte de lo que llamamos fiestas o costumbres autóctonas lo son ahora porque ha pasado mucho tiempo desde que las adoptamos, pero en su momento fueron importadas. Por ejemplo, la Navidad. ¿Qué tiene de autóctono celebrar el nacimiento de un judío en Oriente Medio hace dos mil años? Y yendo al detalle, ¿a que no hay nada más español que nuestros belenes? Salvo que el origen de los belenes es napolitano y del siglo XVIII. O nuestro autóctono Día de Todos los Santos, que tanta gente cree que está siendo sustituido por Halloween (erróneamente, porque Halloween es la noche anterior). Nuestro día de todos los santos se celebraba originalmente el 13 de mayo, pero en el siglo VIII la iglesia lo cambió al 1 de noviembre precisamente para intentar cristianizar el Samhain (lo mismo pasó con la Navidad, que se situó en diciembre para solaparla con las festividades paganas del solsticio). Pues bien, ¿qué tenía en su momento de autóctono una fiesta que instauró universalmente Gregorio IV, un papa italiano del siglo IX? Lo autóctono entonces era Samhain, no la festividad cristiana.

Así que las costumbres van y vienen, y saltan fronteras. Aunque no tanto en este caso, pues, como tú misma reconoces, Helena, Samhain/Halloween se celebraba en parte de España mucho antes de que adoptáramos el cristianismo. De modo que lo que hemos hecho es recuperar una tradición, no adoptar una nueva (aunque sí es nuevo el modo en que se presenta).

Por último, Halloween no surgió como imposición comercial, sino de modo espontáneo. Comenzó en Madrid y Barcelona; los liceos ingleses, irlandeses y americanos celebraban Halloween, y eso suscitó la envidia y el interés de los alumnos de otros colegios e institutos, que poco a poco comenzaron a imitar la costumbre. Luego, por supuesto, el asunto se ha comercializado, pero es que todo se comercializa. En cualquier caso, Halloween se ha impuesto porque es una fiesta divertidísima para los niños. Y yo me alegro de ello.

Anónimo dijo...

Que sepas que me has dejado con muy mal rollo... (unque de eso se trataba ¿no? jejeje)

Muy buena entrada. Por cierto, decir también que el miedo en la sociedades primitivas y rurales también suponía, aparte de una advertencia ante los peligros del exterior, un estupendo mecanismo de control. Para entenderlo bien recomiendo el visionado de esa interesante (e incomprendida) película que es "El bosque" de M. Night Shyamalan (escribo de memoria el nombre, así que disculpad si hay errata).

Otra película muy interesante sobre el significado de los cuentos de hadas y su mitología y que también recomiendo para el que no la haya visto es "En compañía de lobos" de Neil Jordan.

Creo que son dos buenas recomendaciones para visionar este Halloween.

¡Feliz Halloween!

Rickard

Anónimo dijo...

A los que dicen (y deploran) que se celebre halloween porque es una fiesta “importada”:

Al margen de su origen celta, yo les diría que hay que tener en cuenta que los españoles que pertenecemos a una determinada generación, como yo, que nací en 1970 y los de ahí en adelante, tenemos una cultura en la que no sólo han influido características autóctonas” (por llamarlas así) sino muchas otras influencias procedentes del cine, la televisión, la literatura, etc., influencias que cada vez son más amplias cuanto más se abre nuestro mundo.

¿Cuántas oportunidades tenía de ir al cine un español medio de los años 40 o 50? Sin embargo, no se puede disociar nuestra formación cultural de la influencia que ha tenido la televisión y el cine en nuestras vidas. Y claro, la mayor parte de esa influencia es norteamericana. Eso es así y no es ni bueno ni malo, es parte del devenir histórico y cultural de los pueblos. En mi caso, yo he visto mucho cine y televisión desde pequeño y eso forma parte integrante de mi y de mi cultura y tal vez sea también una de las razones por las cuales no me identifico con las estrecheces de mirar de algunas ideologías patrioteras así que no tiene por qué ser malo.

El caso es que el primer recuerdo de Halloween que yo tengo es de cuando fui a ver “E.T.” de Spielberg. “E.T.” es del año 1982 lo que quiere decir que cuando se estrenó aquí (creo que fue en navidades) yo tendría unos 12 años. E.T es, en gran medida, un cuento de hadas y, al igual que estos, toca unos resortes que explican por qué esa película influyó tanto a los niños que la vimos en esa época. Pues bien, en E.T. hay una escena muy importante que transcurre en Halloween y yo me recuerdo en el cine, a los 12 años, y haber visto esa escena en la que los niños se disfrazaban de monstruos y salían a pedir golosinas y pensar: “¡Jo, qué fiesta tan chula! ¡Qué lástima que no se celebre aquí!” y estoy seguro que muchos de los niños de aquella época que vimos aquello pensamos lo mismo. Luego volví (volvimos) a ver aquella fiesta retratada en muchas películas (y en mi caso siempre sentí deseos de poder celebrarla alguna vez) así que pasó a formar parte también de nuestro acervo cultural por lo que no es extraño que tarde o temprano acabara celebrándose también aquí. Y qué caray, es que también es muy divertida.

Y no creo que tenga que ver con intereses comerciales (aunque también los haya, como en la Navidad, San Valentín, etc.). Es más bien que, a partir de un determinado momento, Halloween ya pasó a formar parte de nosotros, de nuestra “cultura”. Supongo que también el latín y el cristianismo durante un tiempo se vieron como algo importado hasta que, simplemente, pasó a formar parte de la vida de la gente.

Rickard

Jarl-9000 dijo...

Lo de los celtas británicos es otra cosa. En realidad, la teoría a la que me refería es una que va a contracorriente con lo comunmente aceptado, que tampoco es que defienda, pero bajo ese supuesto parece ser que algunas incoherencias cobrarían sentido. Básicamente diría que unos celtas muy antiguos, se podría llamarlos preceltas (algunos los asocian a los ligures), se extendieron desde Iberia hacia el este por Centroeuropa para mucho tiempo después volver al oeste, ya como los celtas que conocemos. Flujos de poblaciones que van y vienen, vamos.

Y aunque conocía al dios cornudo (desde que lo vi en Slaine) no sabía que su muerte se celebrase durante la Samhain, gracias por la información. No me digas que todavía voy a tener parte de razón. Pero todavía más, el sacrificio de Cernunnos se dedicaba a la diosa triple, ¿no? Supongo que más bien al aspecto de bruja de la diosa, lo que cuadraría bastante bien con mi conjetura: Una fiesta dedicada al aspecto más luminoso de la diosa, y otra al aspecto más tenebroso de la misma.

Y esto me recuerda a los sumerios y al sacrificio de Dumuzi, el esposo sol de Inanna (la "Señora del Cielo") a manos de la hermana de ésta y deidad opuesta, Ereshkigal (la "Señora del Inframundo"), pero con eso ya podríamos perdernos del todo...

Gracias también por tu amabilidad, pero sé que puedo aburrir a las piedras con este y otros temas, así que trato de contenerme. XD

Cristian García Álvarez dijo...

Coincido contigo César, está bien que aunque sólo sea por unos días, volvamos tiempo atrás y compartamos la cultura rural de aquel entonces.

Sobretodo me alegra ver que el 'espíritu' de Halloween sigue vivo, ya que muchas otras fiestas (como la Navidad) están perdiendo poco a poco esa magia que las hacía únicas.


¡Feliz Halloween a todos!

juan constantin dijo...

César: Totalmente de acuerdo en que la mayoría de las costumbres "autóctonas", si no todas, no se pueden considerar realmente así, siempre y cuando nos remontemos lo suficiente en el tiempo. La cultura, por suerte, se va formando con aportaciones de gentes que van y vienen, descubrimientos, nuevas tecnologías, escuelas de pensamiento, acontecimientos y catástrofes naturales lo suficientemente importantes como para que siga quedando constancia a lo largo de los siglos y milenios. No lo niego.

Quizá no me he expresado correctamente. Lo que quería señalar era que el cambio antes era bastante más gradual, de manera que la población se iba acostumbrando a él paulatinamente, tanto que cuando las costumbres "nuevas" se imponían a las "antiguas", lo hacían pasando por varias etapas en las que se iban introduciendo nuevos elementos y desechando otros: poco a poco, no de una vez y a lo bestia, sin anestesia.

Por ejemplo, ya que habéis nombrado la Navidad: en España, la tradición eran los belenes (napolitanos ciertamente, aunque el Reino de Nápoles perteneciera a la corona de Aragón desde 1442 a 1734, si no me equivoco, por lo que algo de autóctono sí tendría, al menos legalmente), pero poco a poco se ha ido añadiendo el Árbol de Navidad, que todavía no ha sustituido en todos los hogares que celebran la Navidad al Belén. Seguramente lo haga, pero por ahora conviven. En mi casa colocamos ambos, por ejemplo.

No deploro que se importen costumbres, así en general. Tampoco que se adopte Halloween en particular. No es que quiera que "nuestras" costumbres se mantengan puras e inmutables a lo largo de los eones. El cambio es necesario y conveniente. Lo defiendo.

No pretendo que en las escuelas no monten tales fiestas, sino que también haya lugar para las tradiciones, porque considero que debemos saber de dónde venimos para saber hacia donde dirigirnos. Como Joaquín Díaz que recogía canciones tradicionales para que no desaparecieran del todo.

No he escrito que sea una imposición comercial, sino una "imposición" cultural, fruto del visionado machacón y constante del "american way of life" exportado por las series y películas yanquis. Porque los chicos de los liceos influirían en Madrid y Barcelona, pero creo en los pueblos del tipo del de mis abuelos, fue bastante mayor la influencia de la TV. Y sí tiene un fuerte componente comercial (disfraces, maquillajes, chuches), como casi todas las festividades. Es el signo de los tiempos.

Rickard: No me nombras expresamente, pero me parece que me englobas en un genérico con el que abres tu intervención de las 11:33. Si no es así, y sólo es fruto de mi susceptibilidad, no te des por aludido con lo que sigue.

Nací antes que tú -escribes que en 1970-, así que tengo esas influencias que señalas. Siempre he agradecido haber tenido otras influencias, además de las "autóctonas", pero no me avergüenzo de tener también las "autóctonas". Forman parte de mí y de mi cultura, junto con todas las series, películas y documentales que he visionado, los libros, periódicos, revistas y tebeos que he leído, la música que he disfrutado, y las personas a las que he escuchado y con las que he conversado. Y sí, también son el motivo por el cual yo tampoco me identifico con las estrecheces de miras de algunas ideologías patrioteras. No creo que de las palabras que aparecían en mi intervención nadie pudiera deducir mi ideología. Máxime cuando me limitaba a exponer unos sentimientos y estados de ánimo. Sería, cuanto menos, apresurado.

Si te he malinterpretado, ruego me disculpes. No tengo la menor intención de participar en los comentarios de ningún blog para buscar camorra, ni discutir con nadie de ninguna manera que no sea amigable y respetuosa. No sería leal con el dueño del blog ni con los demás merodeadores.

Espero no haberme pasado de revoluciones.

Un saludo respetuoso para todos.

CorsarioHierro dijo...

Saludos.
Buena entrada: has derivado del Haloween a la crisisi actual (creo).

Pero yo me centraré en lo de Haloween. Estoy en contra de las típicas críticas al haloween americano. ¿qué ha venido de fuera? si vale. Pero por que nos familiarizamos a través de la tele con las películas y series. No fue algo impuesto-aunque reconozco que celebrar el día de acción de Gracias me parece más tonto pues algo más específico, como si celebrara el cumpleaños de alguien al que no conozco de nada. Supongo que nuevamente la tele nos familiarizó con una especie de Navidad2 por el tema familiar.

En cualquier caso Haloween como algo producido por las personas es tan válida como cualquier otra fiesta de celebración de los muertos: desde las mexicanas hasta las de mi tierra canaria, los finados, que como en toda cultura rural tiene innumerables variantes.

Mi opción es que se puede y se debe celebrar todo: yo el mismo año he ido a ver Un don Juan y luego un marathon de cine de terror.

Ramón Merino Collado dijo...

Muy buena la entrada, César, como siempre. He de reconocerlo: adoro Halloween. Y lo siento, no puedo con el chovinismo. Es muy frecuente escuchar por estas fechas todo eso de "eh, que nosotros tenemos nuestra propia tradición: llorar en los cementerios y cocinar gachas. Basta ya de imperialismo yanqui, que se metan sus costumbres por donde les quepa, chovinismo, chovinismo y arriba España la grande!". En fin...

Samael dijo...

lo mejor es hacerse huraño ermitaño papa cabrón. es una forma de volver a crear vínculos telúricos en plan individual.

Anónimo dijo...

Juan Constantin: espero que me disculpes. Cuando hablaba de lo de las estrecheces de miras patrioteras" ni me refería a tí ni me refería al hecho de celebrar las costumbres autóctonas, ¡faltaría más! Me refería a la entrada anterior de César en la que hablaba de los nacionalismos. En esa entrada ya comenté como no me identificaba con ninguna ideología nacionalista porque me considero producto de un montón de influencias culturales, no sólo españolas sino también de multitud de otros lugares, influencias norteamericanas en muchos casos 8debido a la influencia obvia del cine y la televisión sobre todo) pero también influencias británicas (¡cómo no puede sentirse un poco inglés todo aquel que haya leído, y amado como yo, las boras completas de Sherlock Holmes!), japonesas, etc. A eso me refería, no a tu entrada. Y por supuesto eso no tiene nada que ver con celebrar las costumbre autóctonas ni mucho menos, que yo soy el primero que voy al cementerio a poner flores en estas fechas, me hincho a comer "huesos de santo", "buñuelos de viento" y "panallets" y (si puedo) me gusta ver o releer por estas fechas el Don Juan Tenorio de Zorrilla (tradicional y clásico que es uno), jejeje. Y eso no quita que también me guste celebrar Halloween ni veo incompatibilidad entre unas cosas y otras.

Discúlpame tu a mí por no haberme sabido expresar correctamente, por favor.

Rickard

César dijo...

Jarl-9000: Disculpa, no conocía esa teoría acerca del origen español de los celtas.

Rickard: Siempre me ha interesado la simbología y la mitología de los cuentos de hadas. La repetición de ciertos números, sobre todo el 3 y el 7; la constante inclusión de elementos paganos, sean celtas, germánicos o grecorromanos; la sexualidad, muchas veces perversa, que está implícita en esas historias... Hay varios libros que estudian los cuentos de hadas desde un punto de vista psicoanalítico, pero eso me interesa muy poco. Enrique Balasch estableció la relación entre los cuentos y la alquimia en su libro “Una historia mágica de los cuentos”, lo cual me parece más interesante, aunque me convenció más su segunda parte, “El lenguaje secreto de los cuentos”. Personalmente, creo que parten de (o se mezclan con) la simbología medieval, con mucha influencia de las novelas de caballerías. Aunque es cierto que algunos cuentos son increíblemente antiguos... En fin, es un tema fascinante.

Coincido con Rickard y con CorsarioHierro en que mi bagaje cultural procede de muchos lugares y países. Debo reconocer que ha influido más en mí otras culturas que la española, que Wells, Verne o Dickens dejaron en mí más huella que Galdós o Baroja. Yo también me familiaricé desde niño con Halloween a través de las películas y las series de TV norteamericanas, y desde el primer momento sentí una envidia enorme por los chavales que tenían la suerte de celebrar algo tan divertido. Por otro lado, ¿cuál era nuestra alternativa autóctona? ¿Ir a comer al cementerio sobre una tumba? No creo que eso sea especialmente divertido para un niño.

También estoy de acuerdo en que había una costumbre muy nuestra para estas fechas y que por desgracia se está perdiendo: el “Don Juan” de Zorrilla. Es una obra muy divertida y me parecía de p. m. la costumbre de verla al llegar primeros de noviembre.


juan constantin dijo...

Rickard: No hace falta decir ni quinientas palabras más. Ha sido un malentendido, y como tal ya ha pasado y se ha olvidado. Reitero mis disculpas.
Coincido contigo en la afición por Sherlock Holmes, en sus vertientes literaria, cinematográfica, televisiva (aunque me gusta más Jeremy Brett o Peter Cuching que Robert Downey Jr. o Benedict Cumberbatch, no les hago ascos a estos últimos) y comiquera. Por cierto, hay una adaptación de "El sabueso de los Baskerville" realizada por Marvel en los años 70 en glorioso B/N, que me recuerda mucho a los filmes clásicos del personaje. No sé si la conocías. Ahora mismo no la tengo a mano, pero me parece recordar que el dibujante no era precisamente uno de los de más renombre.
Yo tampoco veo una incompatibilidad real entre esas fiestas, quizá me he dejado llevar por la nostalgia de la niñez, que de vez en cuando nos ataca. Errare humanum est.

Un saludo.

juan constantin dijo...

Rickard: No hace falta decir ni quinientas palabras más. Ha sido un malentendido, y como tal ya ha pasado y se ha olvidado. Reitero mis disculpas.
Coincido contigo en la afición por Sherlock Holmes, en sus vertientes literaria, cinematográfica, televisiva (aunque me gusta más Jeremy Brett o Peter Cuching que Robert Downey Jr. o Benedict Cumberbatch, no les hago ascos a estos últimos) y comiquera. Por cierto, hay una adaptación de "El sabueso de los Baskerville" realizada por Marvel en los años 70 en glorioso B/N, que me recuerda mucho a los filmes clásicos del personaje. No sé si la conocías. Ahora mismo no la tengo a mano, pero me parece recordar que el dibujante no era precisamente uno de los de más renombre.
Yo tampoco veo una incompatibilidad real entre esas fiestas, quizá me he dejado llevar por la nostalgia de la niñez, que de vez en cuando nos ataca. Errare humanum est.

Un saludo.

Arturo dijo...

Estimado César, no tenía ni idea de que existieras. Ni conocía tu blog, ni tus novelas, ni nada de nada sobre ti. Por casualidad accedí a tus reflexiones sobre tu hermano Eduardo, viniendo de visitar varias webs que hablaban del suicidio de Hilario Camacho. No soy muy de leer con profundidad blogs, pero ha sido empezar a leer el tuyo y engancharme hasta dedicarle varias horas seguidas. Ya he comprobado que son legiones los seguidores que tienes, y he tenido oportunidad de saber el por qué. Quiero añadirme, con toda humildad, a ellos. Me declaro rendido admirador de tu trabajo, y aprovecho para decirte que hacía mucho mucho mucho tiempo que no leía a alguien " desconocido" que me gustara tanto. La sencillez y profundidad que desprenden tus textos son sobresalientes, y hacen que uno no se canse de leerte. Esto, te lo digo con toda la humildad, y con toda mi grata sorpresa por haberte "encontrado". Seguiremos en contacto. Un fuerte abrazo, César.

César dijo...

Arturo: Muchas gracias por tus palabras, amigo mío; eres muy amable. Me alegro de que te encuentres cómodo en Babel y espero seguir viéndote por aquí. Además, llegas en buen momento, porque dentro de poco se cumplirá el octavo aniversario del blog, y el 24 de diciembre colgaré mi tradicional cuento de Navidad. Espero que te guste.

Gracias de nuevo y bienvenido a la fraternidad.

Anónimo dijo...

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