lunes, septiembre 16

No lo pienses: cópialo



            A comienzos de este año (o finales del pasado) se puso en contacto conmigo, a través del e-mail de Babel, un hombre –le mantendré en el anonimato- solicitándome fotografías de mi padre para una conferencia que iba a dar con motivo del centenario de su nacimiento. Siempre he colaborado con cualquier actividad destinada a mantener viva la memoria de mi padre, así que le envié diligentemente las fotos solicitadas. Meses después, el individuo en cuestión me mandó un mail invitándome a visitar su blog, donde acababa de colgar el texto de su conferencia. Lo visité, leí el texto y me quedé con la boca abierta.

            Veréis, en 2001 escribí una semblanza sobre mi padre, “José Mallorquí: El hombre tras la máscara”, que se publicó en el libro La novela popular en España, de Ediciones Robel. Años después, colgué ese texto en El scriptorium de Babel, para que estuviese a disposición de todo el que deseara consultarlo. Porque quería que hubiese una fuente fiable de datos biográficos sobre mi padre.

            Pues bien, cuando leí la conferencia de aquel desconocido descubrí que más de la mitad del texto procedía de mi semblanza. Y no, no me refiero sólo a los datos; estoy hablando de párrafos completos que habían sido copiados literalmente. Aquello era un cortipega de mi semblanza. Me quedé de piedra, pero lo que más me sorprendió es que el buen conferenciante me invitara a leer su texto confiado en que me gustara. ¿Cómo no me iba a gustar si lo había escrito yo?

            Hace unos meses, leí un artículo sobre mi padre en cierta publicación. De nuevo, el autor había entresacado y copiado párrafos completos de mi semblanza; sin entrecomillarlos ni citar su procedencia.

            Hoy mismo, por pura casualidad, he entrado en un blog –no diré cuál- y he leído un post sobre el autor de ciencia ficción Cordwainer Smith. Y de nuevo me he quedado boquiabierto. Porque, veréis, en 2006 escribí en Babel un post (en realidad dos) sobre Cordwainer Smith, prestando especial atención a su relato Alpha Ralpha Boulevard. Pues bien, la entrada del blog que he visto hoy no solo copiaba la estructura y los argumentos de mi texto, sino que reproducía literalmente párrafos completos. Sin citar mi nombre, por supuesto.

            Esto último me ha dejado perplejo. Se supone que uno pone un blog para exponer sus ideas. Entonces, ¿qué sentido tiene copiar las ideas –y las palabras- de otra persona? Es como esa gente que juega al ajedrez en Internet usando un programa. No juegan ellos, sino el programa; entonces, ¿para qué pierden el tiempo haciendo trampas? ¿Para molar?

            En cierta ocasión, una de mis editoras me comentó que algunos autores de literatura juvenil habían comenzado a imitarme. De hecho, conocí a uno de ellos, que me confesó con toda sinceridad que se inspiraba en mi forma de concebir el género. Eso lo entiendo, es natural y lógico. Yo mismo he llegado a la conclusión de que la forma en que enfoco la literatura juvenil está muy influida por las novelas juveniles de Robert Heinlein. Comprendo que uno se inspire en el estilo, los recursos, la estructura, incluso los argumentos de otro autores, pero... ¿copiar las palabras?

            Pongamos el caso de un plagio famoso: Sabor a hiel, de Ana Rosa Quintana. Aunque en realidad fue escrito por un negro, el periodista (y ex-cuñado de la “autora”) David Rojo. Pues bien, se demostró que el señor Rojo había copiado párrafos completos de tres autoras: Ángeles Mastretta, Colleen MacCullough y Danielle Steele. Recuerdo que, en su momento, leí algunos de los textos plagiados y, sinceramente, no lo entendí; porque muchos eran meros pasajes de transición, párrafos sin apenas importancia. ¿Por qué plagiar eso?

            Vamos a ver, si yo tuviera que plagiar un libro, copiaría el argumento, la estructura, los personajes y, quizá, alguna figura especialmente brillante; pero no las palabras. En primer lugar, porque si plagias literalmente estás haciendo oposiciones a que te pillen. Pero, sobre todo, porque para mí sería mucho más rápido y cómodo escribir con mis propias palabras que andar cortipegando.

            Por tanto, deduzco que tanto para David Rojo como para esos escritores que me han plagiado, resulta más sencillo cortar y pegar que reescribir. Quizá porque tengan dificultades a la hora de escribir. De hecho, es asombroso lo mal que escribe la gente (universitarios incluidos). Y no estoy hablando de escritura literaria, sino del simple acto de exponer por escrito una idea. Por lo general, la gente se embrolla, maneja de forma confusa los conceptos y destroza la sintaxis (eso por no mencionar la ortografía).

            En cierta ocasión, dando una charla sobre los malos usos del lenguaje, una de las asistentes me preguntó qué había que hacer para tener un estilo. Yo le contesté: “Si escribes con claridad, orden y sencillez, ya tienes un estilo”. Todo lo demás vendrá a partir de eso.

            ¿Por qué escribe tan mal la gente? En parte, por supuesto, por los bajos índices de lectura de nuestro país. Pero hay algo más. Yo creo que quien escribe de forma confusa y desordenada, en el fondo es porque piensa de forma confusa y desordenada. A fin de cuentas, escribir no es más que reproducir pensamientos mediante un código de símbolos. Si los pensamientos son confusos, la reproducción simbólica también lo será.

            El problema proviene, creo, de la educación que hemos recibido; una educación basada más en la acumulación de datos que en el procesado de esos datos. Ayer mismo, mi hijo Pablo me comentó el caso de un profesor de filosofía que tuvo en el colegio. Mi hijo le adoraba, pero los demás alumnos le detestaban. Porque en vez de seguir el temario y hacerles aprender listados de filósofos y obras, les planteaba cuestiones filosóficas, les obligaba a pensar. Y por lo visto, eso, que te obliguen a pensar, es casi una forma de maltrato.

            En nuestro país no hay clubes de debate, ni se practica el debate en los colegios. Tampoco los ejemplos de debate público que transmiten los medios de comunicación son un ejemplo a seguir. Y basta con echar un vistazo a cualquier foro de Internet para comprobar lo que no debe ser un debate y sí un gallinero. Menciono esto porque el debate, la discusión, es una buena forma de clarificar y ordenar las ideas. Un debate de nivel es como una esgrima de argumentos y contraargumentos; por desgracia, en nuestro país el debate se parece más a una pelea callejera, con gritos, insultos, descalificaciones y ocasionales patadas en los huevos.

            En nuestro sistema educativo no se enseña a pensar, a razonar con orden y claridad, ni por supuesto a escribir con corrección. Tampoco se enseña filosofía de la ciencia, ni ética, ni el pensamiento crítico. Supongo que no interesa. Y no solo es el sistema educativo; es toda nuestra sociedad, nuestros confusos y desordenados valores, nuestra incapacidad para distinguir entre lo superfluo y lo importante, entre la imagen y la realidad.

            Quizá por eso hay tantos que, a la hora de crear algo propio, sólo saben usar la función de copiar y pegar del procesador de textos.

            Volviendo al tema inicial de este post, alguien dijo que cuando un autor plagia a otro, en realidad está confesándole su admiración.

            Como tal me lo tomo.

14 comentarios:

Samael dijo...

Sí, en el colegio no se enseña a exponer, no se enseña a presentar, y ni siquiera se enseña a leer. Para leer con prosodia, marcando bien la intención a través de comas, puntos y otros signos de puntuación, es preciso haber practicado leyendo en voz alta a un público que según le leas, se aburrirá o atenderá la lectura (también depende del texto, obviamente). Si sabes leer, también sabrás puntuar a la hora de escribir.
Yo tuve un profesor de muy pequeño que sí nos hacía leer en público, y a mi me encantaba salir a hacerlo yo. El libro era espantoso (el diario de Daniel), pero a mi me divertía enormemente sin importarme lo que leía. También nos hacía recitar poesía.. en fin, una gloria para los que amamos el histrionismo. Es una lástima que ese profesor no estuviera en todos los colegios.
Por cierto, lo que tiene mayor delito es que los profesionales del discurso hablado y escrito, se sumen a esta regla general. Sí, los periodistas y políticos. No saben estar en un debate sin pisarse, gritar o interrumpir. Basta con poner cualquier cadena de TV donde haya un grupo de personas hablando, quitar el sonido y dejar los subtítulos para sordos: la mayor parte del tiempo, aparece como único subtítulor: TODOS HABLAN A LA VEZ.
Merece la pena que hagáis el experimento. Una lástima.

Mustapha Bousakla dijo...

A veces he leído textos míos de hace años o de algunos compañeros que me han dejado sin palabras. Están exentos de toda coherencia, las ideas carecen de toda cohesión, los signos de puntuación están mal o escasamente utilizados, y las palabras, carentes de todo acento. Todo ello, unido a otros motivos, hace que esos escritos no sean más que una simple sarta de letras y palabras ininteligibles. No sé cómo escribo ahora, pero cuando pienso en cómo lo hacía antes, me dan ganas de cavar un agujero en el suelo y esconderme. Supongo que a ti, César, te habrá pasado lo mismo alguna vez, ¿no?, cuando lees algo que has escrito hace tiempo. Pero supongo que eso tiene algo de positivo porque quiere decir que sabes corregir tus errores, ¿no?

Y ¿qué soluciones tienen estas carencias lingüísticas? Pues lo que dices tú, César: pensar bien, leer más, practicar más y, por descontado, cambiar el modo en que se enseña a escribir en las escuelas. Asimismo, creo que también estaría bien que los jóvenes —y no tan jóvenes— nos importara más nuestra manera de escrbir. En las redes sociales, por ejemplo, parece que los usuarios —adultos y jóvenes— escriben mal a propósito, como si escribir bien te convirtiera en un empollón —eso me han dicho más de una vez— o fuera algo ignominioso.

Para concluir, cabe destacar que no todos los jóvenes escriben mal, por lo que no sería correcto generalizar —ya sé que es una perogrullada—. Asimismo, es importante recalcar que los jóvenes que estudian dos lenguas en comunidades bilingües, tales como el catalán y el castellano, pueden tener más dificultades a la hora de escribir. En catalán, por ejemplo, son muy comunes las interferencias del castellano —los "barbarismes" o "castellanismes"—.

Saludos, César, y, tal como se dice en catalán, "fins una altra".

Mazcota dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, la educación escolar es esencial para la buena comunicación. Pero ojo, el primer paso de la educación está en casa y, hoy en día, apenas se hablan las familias. Posiblemente por culpa de la tele y más recientemente por internet, pero pocas veces veo a unos padres debatiendo entre ellos; y ya no digo con los hijos.
Por otro lado también pienso que uno ha de leer mucho para aprender a escribir (o incluso a hablar) bien, y como ejemplo mi caso: dejé de leer libros a los diecisiete años y he retomado la lectura a los treinta y siete. Demasiados años de dejadez para escribir como querría.
Pero no por el simple hecho de leer acabas escribiendo bien, también hay que querer. Mucha gente no pone ningún interés, y ya pasamos a las faltas de ortografía, en su manera de escribir. Hasta les hace gracia destrozar las palabras. Puedo entender que existan faltas de ortografía leves, de esas que no entorpecen la lectura, pero hemos llegado a un nivel de distorsión que no hay quien se entienda. Sabemos que el lenguaje tiene vida propia y se nutre de nuevas palabras inventadas por los pueblos que lo utilizan, pero todo ha de tener un límite.

César dijo...

Samael: En los debates públicos los polemistas no escuchan los argumentos de los demás, porque están muy ocupados preparando la respuesta. En eso también tiene mucho que ver nuestra tradicional mala educación. En cualquier caso, aunque todo el mundo respetara el turno de palabra, muchos no sabrían exponer con claridad sus ideas.

Mustapha: Lo que sería terrible es que leyeras textos tuyos escritos hace años... y te gustaran. Por supuesto que he sentido vergüenza al leer textos de mi juventud. De hecho, en mis primeras novelas publicadas encuentro multitud de fallos.

Lo que digo en este post no se refiere sólo a los jóvenes, ni mucho menos. Es algo que afecta a todo el mundo, de todas las edades. La diferencia es que los adultos ya somos casos perdidos, pero los jóvenes aún podéis cambiar.

Mazcota: Tienes toda la razón, el núcleo básico de la educación no es la escuela, sino la familia. Por ejemplo, en mi familia se hablaba mucho. Mis padres y mis hermanos (que eran mucho mayores que yo) debatían con frecuencia. Y yo, que era un enano, escuchaba. Creo que eso ha sido fundamental en la facilidad que siempre he tenido para escribir.

Ahora bien, ¿cómo se modifican las costumbres de las familias? ¿Cómo se cambia el "Mira quién salta" por una buena charla? Creo que esa es una labor de generaciones, así que el único camino que queda para acelerar las cosas es la escuela. O debería serlo.

César dijo...

Samael: En los debates públicos los polemistas no escuchan los argumentos de los demás, porque están muy ocupados preparando la respuesta. En eso también tiene mucho que ver nuestra tradicional mala educación. En cualquier caso, aunque todo el mundo respetara el turno de palabra, muchos no sabrían exponer con claridad sus ideas.

Mustapha: Lo que sería terrible es que leyeras textos tuyos escritos hace años... y te gustaran. Por supuesto que he sentido vergüenza al leer textos de mi juventud. De hecho, en mis primeras novelas publicadas encuentro multitud de fallos.

Lo que digo en este post no se refiere sólo a los jóvenes, ni mucho menos. Es algo que afecta a todo el mundo, de todas las edades. La diferencia es que los adultos ya somos casos perdidos, pero los jóvenes aún podéis cambiar.

Mazcota: Tienes toda la razón, el núcleo básico de la educación no es la escuela, sino la familia. Por ejemplo, en mi familia se hablaba mucho. Mis padres y mis hermanos (que eran mucho mayores que yo) debatían con frecuencia. Y yo, que era un enano, escuchaba. Creo que eso ha sido fundamental en la facilidad que siempre he tenido para escribir.

Ahora bien, ¿cómo se modifican las costumbres de las familias? ¿Cómo se cambia el "Mira quién salta" por una buena charla? Creo que esa es una labor de generaciones, así que el único camino que queda para acelerar las cosas es la escuela. O debería serlo.

Juan Constantin dijo...

Saludos, César:

Interesante entrada. Cuando la he leído no he podido por menos que sentirme reflejado en algunos de sus párrafos.
Es cierto que una de las razones por las que la gente copia sin pudor alguno es su incapacidad para expresarse, tanto por escrito como verbalmente. Pero así nunca aprenderán a hacerlo. La única forma de aprender a expresarse es expresándose, cometiendo fallos y corrigiéndolos, mejorando día a día. En una palabra: esforzándose.
El problema es que no puede obligarse a nadie a esforzarse si éste no quiere. No es algo que se solucione mediante Reformas Educativas -de eso aquí, sabemos un poco- ni trasplantando Sistemas Educativos de otros países, sin adaptarlos a nuestras necesidades y características. La cultura del esfuerzo no se logra si no la ejemplarizamos a diario en todos los ámbitos: educativo, social, político. Es como la ecología: piensa global, actúa local.
Las familias tienen un papel más importante que la escuela. No sirve de mucho intentar que los niños lean y escriban en clase si al llegar a sus casas se enchufan a la consola. ¿Cuántos hogares de este país no tienen ni un solo libro en ellos? ¿Cuántos padres leen algún cuento a sus hijos? ¿Cuántos hijos ven a sus padres leer o escribir? El simple acto de preguntar "¿Cómo te ha ido hoy en la escuela?" obliga a estructurar los recuerdos y expresarlos de forma inteligible.
El camino más largo comienza con un solo paso.
El papel de los medios de comunicación tampoco es desdeñable. Suelen magnificar los resultados del informe PISA y similares, dándoles tintes apocalípticos. ¿Por qué no intentan arrimar el hombro y proporcionar modelos positivos a seguir? ¿Por qué no se publicitan las experiencias educativas y científicas novedosas? ¿Por qué, por ejemplo, Antena 3, uno de cuyos accionistas es Planeta, no ha emitido un sólo programa cultural en toda su andadura?
Para educar a un niño hace falta toda la tribu.

Juan Constantin

Fran Nadie dijo...

El problema básico es que la gente no sabe pensar. La sociedad en la que vivimos lo hace por nosotros, nos dice qué tenemos que pensar, y de hecho casi siempre da dos opciones, el blanco y el negro, de manera que no solo podamos pensar que tenemos la razón sobre algo sino que además hay todo un montón de personas que estan en contra y, por ende, estan equivocados. Esto último sirve para subrayar que eres válido en la sociedad, no como "esos otros".
Mucha gente no sabe ver los matices que hay entre opiniones extremas, las ambigüedades y cuando se atreven a ello el subconsciente les recuerda que es incorrecto, que esa no es una de las (dos) opciones aceptables.

Abuelo Igor dijo...

Yo por llevar la contraria pienso que la generalización del plagio no viene de una incapacidad para escribir sino de que con las tecnologías de ahora resulta mucho más fácil de realizar que antaño, y, habiéndose ya estrujado la cabeza un tonto, ¿para qué lo van a hacer ellos? Recuerdo cómo hace tiempo, en una entrada mía antigua del blog sobre el cuento "Las manos de Bianca" de Sturgeon, me apareció el siguiente comentario (copio y pego):

waaa esta genial tu analisis!!!
me resolviste la tarea jojoj!!
Gracias
=)

A lo que yo contesté:

Mi única esperanza es que al menos no hayas cobrado dinero por esa "tarea resuelta"...



La Vieja Piragua dijo...

Enhorabuena. Acaba de publicar Cátedra un volumen con dos novelas de tu padre en esa colección tan estupenda que ha sacado, "Letras populares". Y lo sé porque me acaba de llamar el mío (mi padre) para decirme que lo había visto en una de sus librerías habituales ("Estudio en escarlata") y me lo había comprado.

Anónimo dijo...

Haciendo de abogado del diablo, no creo que esa persona haya tenido ni siquiera mala fé. estoy convencido que sus evocan una admiración por la obra de tu padre tremenda; y la prueba es que se puso en contacto contigo para pedirte usarlos.
Otra cosa es que ese señor supiera que si usas un texto que no es tuyo, y con todas las palabras, has de entrecomillarlo y hacer mención del autor.Si hubiera querido copiarlo, lo hubiera hecho sin más, sin email de por medio, y menos luego anunciándote la publicación en un blog. Creo, si no lo has hecho, que deberías enviarle un correo comentándole el tema (eso si no ha leído ya esta entrada) y que corrigiera el error.
Vais a pensar que soy yo, pero no, tranquilos, que no soy ese señor.
Por otro lado, el tema del plagio es curioso como fenómeno. Por pura casualidad me topé ayer mismo en youtube un video en el que dabas consejos a escritores noveles, y en uno de ellos dices: COPIA TODO (en el sentido de copiar la forma de escribir, cómo presentar a un personaje, pero con tus propias palabras, cómo mantener el suspense, etc.) Y me quedé un rato pensando en el tema del plagio. y es que el Plagio es muy puñetero, porque el que lo comete a veces no es ni consciente, como esa concejala de Marbella que decía que ella no había robado, simplemente se quedaba con un 10% de todas las obras, y que eso era normal. Esa persona no tenía noción de robo ni de lo que hacía.
Con el plagio es parecido, supongo. Primero porque las palabras están libres, de hecho las tienes todas en un diccionario. Luego, el que copia queda obnubilado por lo bien que ha quedado sobre el papel, tanto que no piensa que son iguales a las de otro. !joder! !es que expresan tb lo que quiere uno decir que no se me ocurre otra manera!, diría el plagiador. ¿cuántas veces nos ha ocurrido leer a autores que parecen encontrar siempre - los muy puñeteros, añado -, esa frase exacta, esa concatenación de palabras que dicen lo que dicen y mejor que de cualquier otra manera?.
Bueno, y esto sobreentendiendo buena fe; el de mala fe es otra historia, lo que quiere ahorrarse es trabajo puro y duro, si te copio 25 páginas, esas que me ahorro ¿no?. Pero esa es otra historia.
Y disculpad lo largo del post
Mazarbul

Anónimo dijo...

Y en cuanto al resto de tu post totalmente de acuerdo, no se valora nada de nada la autocrítica. De ninguna manera. Ni el noble arte de discutir y argumentar. Ese es uno de los estigmas del españolito.
Mazarbul

Verónica G. Lagos dijo...

Qué alegría descubrir un blog tan interesante y tan bien escrito. Enhorabuena.

Un saludo de, a partir de ahora, una lectora más por aquí.

César dijo...

Juan Constantin: Tienes toda la razón del mundo. El problema es: ¿cómo una tribu que no está educada puede educar a sus hijos? Creo que antes habría que modificar nuestros valores, cambiar el culto al dinero fácil y el pelotazo rápido por el respeto al esfuerzo y la educación.

Abuelo Igor: Lo que pasa es que esas tecnología que facilitan el plagio, también facilitan el descubrimiento del plagio (que se lo pregunten, si no, a varios políticos alemanes). En realidad, lo que a mí me asombra no es el plagio, sino el plagio literal.

La Vieja Piragua: Hablaré de eso en la próxima entrada.

Mazarbul: En realidad, creo que en nuestro país hay un profundo desprecio al derecho de propiedad intelectual. Cuando alguien escribe y publica algo, muchos creen tener libertad absoluta para apropiarse de ello. Lo usan, lo manosean, sin haber invertido el menor esfuerzo. Una vez más, es la cultura de lo fácil, de la picaresca, de la falta de respeto. ¿Para qué esforzarse en crear algo si lo puedes copiar? ¿Para qué pagar por un producto cultural si puedes piratearlo? Todo es parte de lo mismo.

Evidentemente, ningún escritor es propietario de las palabras que emplea, igual que los arquitectos no son propietarios de los ladrillos o el cemento. Lo que sí poseen los creadores es la propiedad sobre la reordenación que han hecho de los elementos constructivos. Corin Tellado y Borges escribían con las mismas palabras, pero estaremos de acuerdo en que la reordenación de esas palabras era muy distinta.

¿Por qué algún escritor ha expresado sus/nuestras ideas mejor que nosotros? Porque ha practicado durante años y ha puesto todos sus conocimientos, experiencia y habilidad en sus escritos. ¿Eso no merece respeto y reconocimiento? Al parecer, en este país de mierda no.

Verónica G. Lagos: Muchas gracias, amiga mía. Y bienvenida a Babel. Por cierto, le he echado un vistazo a tus blogs y qué actividades más interesantes las tuyas.

Jose Ramon dijo...

Hola a todos. Sigo mi merodeo por el blog, y trayendo al presente entradas cada vez mas antiguas. Supongo que no viene mal, de vez en cuando una mirada atrás, para tener perspectiva del presente. César, has tocado uno de mis temas recurrentes en conversaciones, tertulias y en todo lugar en el que pueda expresar mi opinión. Hablas sobre los bajos índices de lectura, y es cierto que los hay, entre otras cosas, porque a nuestros jóvenes es más fácil capturarlos a través de la imagen o el video juego, que te da un placer mucho más inmediato que la lectura, aunque más efímero y menos personal, en cuanto que la aportación del individuo es mucho menor. Una vez más entono el "mea culpa" como padre que no ha sabido canalizar a sus hijos hacia la lectura, precisamente por la atroz competencia con estos otros medios alternativos. Pero también, una vez más, descargo parte de mi culpa sobre un sistema educativo que se ha modernizado para dar cabida a lenguas cooficiales, pero que ha olvidado algo fundamental en la enseñanza básica, como es la lectura. Cuando era niño, cada día leíamos en clase, durante una hora, por turno y en voz alta. Así he leído una versión del Quijote que años después me llevó a la lectura de la versión "oficial". Descubrí libros de aventuras en lo que parecía literatura culta, como Zalacaín el aventurero, y aprendí a desarrollar un gusto por determinados géneros (aventura, ciencia ficción) de los que, con los años, he tratado de disfrutar, siempre que me ha sido posible. Mis hijos no han contado con ese empujón, a esa edad en la que es fácil despertar la curiosidad de alguien a quien todo sorprende. Ni las casi diarias visitas a la biblioteca municipal, han conseguido establecer el hábito que la lectura diaria en clase creó en los niños de mi generación.