miércoles, septiembre 2

Innisfree




            Tenía miedo de ir a Irlanda, porque ese país era (es) un lugar mítico para mí. Temía ir allí y descubrir que lo que iba buscando ya no existía; o aún peor: que nunca había existido. ¿Y qué deseaba encontrar? La Irlanda de los mitos celtas, la de Cuchulainn y el gigante Finn MacCool, la de los leprechaun y San Patricio, la de las baladas y las gigas, la Irlanda que describió Yeats en su antología de relatos El crepúsculo celta. Y, sobre todo, la Irlanda que filmó John Ford; especialmente en esa obra maestra que es El hombre tranquilo. Una Irlanda rural, legendaria y literaria. ¿Cómo iba a existir en la realidad algo así?

            Este año, Pepa y yo decidimos dedicar nuestras vacaciones a merodear por Irlanda. Diseñamos un tour de veinte días: Primero hemos ido a Dublín, al este de la isla (donde recogimos un coche de alquiler); después a Sligo, en la coste noroeste; a continuación Galway, al oeste; después Killarney, al sudoeste; y finalmente Cork, al sur. Estuvimos cuatro días en cada uno de esos sitios y desde ellos hacíamos excursiones.

            ¿He encontrado lo que buscaba? Pues, por sorprendente que parezca, sí. La Irlanda literaria, la de los mitos antiguos y modernos, existe. No al cien por cien, evidentemente, pero con frecuencia mucho más de lo que esperaba. Tranquilos, no os voy a aburrir contándoos nuestro viaje. Pero permitidme unas cuantas impresiones personales.

            1. Irlanda es muy verde, la “isla esmeralda”. Cierto, es verde hasta la extenuación. Aunque en realidad no es “verde”, sino “verdes”, porque allí ese color se declina en todos los matices posibles.

            2. En Irlanda llueve mucho. Cierto. Evidentemente, esto es la causa de lo anterior.

            3. Los irlandeses son, más o menos, como los ingleses. Rotundamente falso, no se parecen en nada. Vale, hablan inglés y conservan algunas costumbres de sus antiguos invasores, como inflarse de té o carecer de la menor noción sobre lo que significa la palabra “gastronomía”. Podría decirse que un irlandés es un inglés al que le han quitado el palo de escoba que los ingleses suelen llevar insertado en el recto, pero ni siquiera eso sería verdad. Los irlandeses son un pueblo alegre, cordial y abierto, gente relajada dotada de un peculiar sentido del humor. Además, los irlandeses detestan a los ingleses. Y tienen muchos motivos para hacerlo.

            4. Los irlandeses son un pueblo muy musical. Cierto. En Irlanda todo el mundo canta, aunque sea mal, y muchos tocan algún instrumento desde niños. Se oye música irlandesa en vivo en casi todas las tabernas, y también en la calle. La mayoría de los nacionalismos –los irlandeses son la leche de nacionalistas- giran en torno a un idioma, una cultura o una religión. En Irlanda también, por supuesto. El idioma oficial de la república es el gaélico, pero, aunque todos lo estudian en el colegio, muy pocos lo hablan fluidamente (al parecer es tela de difícil). El idioma que se emplea es el inglés, y sólo en algunas remotas zonas del oeste hay poblaciones bilingües. En cuanto a la religión, está clara la influencia del catolicismo en el nacionalismo irlandés.

            La cultura, en Irlanda, tiene dos vertientes principales: la literaria y la musical. Los irlandeses veneran a sus escritores, aunque no los hayan leído. No en vano Irlanda, un país que no llega a los cinco millones de habitantes, cuenta con cuatro premios Nobel de literatura. Pero yo diría que el eje del nacionalismo irlandés es la música. Allí se siguen cantando en los pubs baladas que tienen más de cien años; canciones que con frecuencia hablan de las luchas contra los ingleses (y sobre sus héroes/mártires) y de la emigración, la terrible hemorragia del país.

            5. Los irlandeses beben mucha cerveza; especialmente Guinnes. Cierto, trasiegan cerveza como cosacos (cosacos que hayan cambiado el vodka por la cerveza, claro). Pero, sorprendentemente, no vi borrachos metepatas. Allí la gente, incluso los dipsómanos, es muy tranquila.

            6. Los irlandeses tienen muchos hijos. Cierto; procrean como conejos (es el país con la mayor tasa de natalidad de Europa). Casi todas las familias que vimos estaban compuestas por progenitores jóvenes con al menos tres hijos casi consecutivos. Y, por cierto, al parecer en Irlanda los niños pequeños pueden hacer lo que les salga de los cataplines sin que sus padres tomen la menor medida al respecto.

            7. Irlanda es un país pobre. Cierto; su tejido industrial es aún muy precario. Hubo un boom económico a causa de la burbuja, pero huelga decir que eso ya es historia. Lo que se ve mientras se recorre Irlanda es un país dedicado a la agricultura, la ganadería, la pesca , los textiles y poco más. No sólo es pobre, sino que da la impresión de que siempre lo ha sido.

            Y la culpa de esto la tiene, sin lugar a dudas, Inglaterra. La historia de Irlanda es la historia del despojo inglés, de las persecuciones, de la brutalidad, de la injusticia de unos invasores que oprimieron a los invadidos hasta despojarles de lo básico para vivir. La gran hambruna que, en el siglo XIX, mató a más de dos millones de irlandeses, no se debió sólo a la peste de la patata, sino sobre todo a que el control de los alimentos estaba en manos de los ingleses, quienes siguieron exportando productos irlandeses mientras los habitantes de la isla se morían de hambre.

            Después de mi visita al elitista colegio de Eton, y ahora, tras viajar por Irlanda y conocer mejor su historia, mis sentimientos hacia los ingleses están sufriendo un serio revulsivo.

            8. Los irlandeses son un pueblo alegre. Cierto, lo son. Y, teniendo en cuenta su pésimo clima, su trágica historia y su precario presente (el país está intervenido), no me lo explico. Quizá, como dijo mi buen amigo Sergi, las únicas alternativas que les quedaban eran tomárselo a risa o suicidarse en masa.

            Como decía al principio, no voy a contaros el viaje. Pero sí una pequeña parte de él. Uno de los lugares que visitamos Pepa y yo fue la península de Connemara, al oeste del país. Connemara es exactamente la imagen preconcebida que todos tenemos sobre Irlanda: prados delimitados por muros de piedra, ovejas, lagos, verdes montañas, una costa abrupta con acantilados... Es un lugar muy bello, pero también es algo más: el lugar donde en 1952 John Ford rodó los exteriores de El hombre tranquilo.

            Pepa me acusa de ser un mitómano, y no se equivoca: tengo un montón de mitos literarios y cinematográficos. Y entre esos mitos refulge con luz propia El hombre tranquilo, un film que yo incluiré sin dudarlo en cualquier lista de las diez mejores películas de la historia. ¿La habéis visto? Si no es así, hacedlo, porque todo es maravilloso en esa cinta. No solo contiene el que quizá sea el mejor beso jamás rodado (el que le da John Wayne a la bellísima Maureen O’Hara, de noche, durante una tormenta) y una de las mejores peleas de la historia del cine; es que cada secuencia, cada plano, es pura poesía, una poesía llena de humor y de ironía. Siempre que veo El hombre tranquilo, y la he visto muchas veces, se me queda en la cara una sonrisa tonta, y un profundo amor a la vida en el corazón. Además, es una película que no podría rodarse hoy en día por su maravillosa incorrección política.

            Su argumento cuenta la historia de un boxeador norteamericano, Sean Thornton, que regresa a su Irlanda natal para iniciar una nueva vida. Allí, en un pequeño pueblo de Connemara, conoce a Mary Kate Danaher, una hermosa lugareña cuyo hermano, Willy Danaher, es una especie de orangután bravucón. Sean y Mary Kate se enamoran, se casan... y justo después de la boda estalla un conflicto por el pago de la dote, que el tacaño hermano de ella no quiere abonar. A Sean la dote le importa un bledo, pero para Mary Kate es fundamental, y el conflicto crece hasta desembocar en una espectacular pelea entre Thornton y Danaher.

Pues bien, el pueblo donde sucede la película, Innisfree, no existe en realidad. Pero sí existe el pueblo que sirvió de escenario para el film; se llama Cong y está en Connemara. Y allí fuimos Pepa (que aunque no lo confiese también es mitómana) y yo.

            Cuando llegamos, descubrimos que todo en ese pequeño pueblo está dedicado al film. No solo hay un museo de El hombre tranquilo, sino también una estatua de bronce de John Wayne y Maureen O’Hara que reproduce el cartel de la película. Cong ha embellecido su apariencia, pero conserva la misma estructura que en 1952. Aún quedan en pie muchos edificios que aparecen en la película. Huelga decir que el pequeño mitómano que mora en mi interior se retorcía de placer orgásmico.

            Siguiendo la N59, a veintitantos kilómetros de Cong, en mitad del campo, hay un puente de piedra sobre el río Owenriff. En la película, Wayne lo cruza con aire triste. A la derecha de la carretera una señal marca el desvío con un rótulo: The Quiet Man Bridge. No sé cómo se llamaba antes ese puente, pero estoy seguro de que ya es para siempre El puente del hombre tranquilo. Estando allí pensé que dentro de unos cuantos siglos la gente dirá que el viejo puente tiene un nombre muy poético, pero pocos sabrán qué significa y de dónde proviene.

            En días sucesivos también visitamos la playa de Inch, en el condado de Kerry, donde se rodaron secuencias de La hija de Ryan, de David Lean, y el puerto de Youghal, que John Huston eligió como escenario para Moby Dick. Pero nada de eso se puede comparar al mítico Innisfree.

            En fin, amigos, nos lo hemos pasado muy bien en Irlanda. Es un país muy hermoso lleno de gente amable y divertida. No se come bien (salvo su deliciosa Seafood Chowder), pero si os gusta la cerveza ése será vuestro paraíso. Si decidís visitarlo, os daré un consejo. En el sudoeste de la isla hay dos penínsulas, una encima de la otra. La de arriba, la más pequeña, se llama Dingle, y la de abajo Iveragh. En ésa última, en Iveragh, hay un circuito turístico llamado The Ring of Kerry, una excursión que os recomendarán encarecidamente todas las guías de viaje. Y con razón, porque el Anillo de Kerry es muy bonito, sobre todo el tramo del Parque Nacional de Killarney. Sin embargo, la vecina península de Dingle es igual de bonita y mucho más impresionante y salvaje. Además, como es menos conocida, hay pocos turistas. Si vais allí y tenéis que elegir entre visitar una de las dos penínsulas, os recomiendo Dingle.

            Y con este desinteresado acto de servicio público, doy por finalizada la maldita rentrée. Besos, abrazos y slan leat.

            NOTA: Si queréis ver el extraordinario beso de El hombre tranquilo pinchad AQUÍ. Y si queréis ver la no menos extraordinaria pelea final pinchad AQUÍ. No obstante, os aconsejo que, si no lo habéis hecho aún, veáis entera la película. Es una obra maestra.

            Breve galería fotográfica:
 
             La foto que preside el post muestra las aguas del lago Gill, en el condado de Sligo. En ese lago se encuentra Innisfree, la isla que inventó W. B. Yeats.
 
 
 
 
 
 
               La primera foto muestra la estatua dedicada a The Quiet Man que hay en el centro de Cong. Y debajo el póster de la película. En las otras dos fotos aparece Pepa demostrando que todo en Cong está dedicado a la película de Ford.
 
 
 
                   En la foto superior: El famoso The Quiet Man Bridge con un moderno y gallardo Sean Thornton encima. Y en la de abajo, la foto de John Wayne que hay junto al puente.
 
 
                  Aquí vemos la isla de Innisfree, en el lago Gill. En realidad, es un pequeño islote deshabitado que jamás se llamó así. Innisfree puede provenir del gaélico Inis fraoigh (Isla del Brezo) o, mezclando gaélico e inglés, significar Isla Libre. El nombre lo inventó Yeats al escribir un poema, La isla del lago de Innisfree, de carácter patriótico (Innisfree vendría a ser Irlanda sin ingleses tocando las pelotas).
 


                  En 1954, huyendo del macartismo John Huston decidió filmar parte de Moby Dick en el pueblo irlandés de Youghal (el resto se filmó en Gran Canaria), y fijó su cuartel general en un pub situado frente al muelle. La taberna se llamaba  Paddy Linehan's Pub, pero a raíz del rodaje cambió su nombre por Moby Dick's Pub. Ahí me veis a mí (aunque la foto de abajo está oscura), como un nuevo capitán Ahab.


                   Por último, este vuestro seguro servidor apoyado en la Piedra de Pie situada en la cima de la Colina de Tara, el mítico lugar donde se coronaban los reyes de Irlanda. Aunque me puse muy pesado al respecto, no me coronaron rey.

 

 

15 comentarios:

Rodolfo Martínez dijo...

Nunca he estado en Irlanda, aunque sospecho que me gustaría, y mucho.

Sí que he conocido a unos cuantos irlandeses y lo cierto es que siempre me han parecido muy similares en carácter a los asturianos (aunque posiblemente ellos canten mejor y, herejía para mi asturianidad, la gaita irlandesa me gusta bastante más que la asturiana).

Y ya, encima, haber recorrido los parajes de El hombre tranquilo... Si mi envidia fuera un arma, creo que el pedacito más grande que se podría encontrar de ti cabría entre dos átomos.

No digo más.

Anónimo dijo...

Muy fálica la última foto.

Ferran dijo...

Buenas César!

Pues yo tampoco he estado en Irlanda pero creo que debe de ser un lugar increíble.

Como a tí, a mi también me llama la atención por la "magia" que impregnan las leyendas irlandesas, pero sobre todo por la vida rural que tan romántica parece.

Me alegro que hayas disfrutado y recargado pilas! (supongo, porque el ascenso al trono, y mas si es fallido, nunca es fácil).

Respecto a la cerveza y la ausencia de borrachos, no se debe a que la cerveza que beben allí tiene menos alcohol, es decir, está mas rebajada? Lo digo porque yo fui a Alemania y me encontré litros y litros de cerveza pero ningún borracho. Además, cuando los irlandeses/alemanes... etc vienen a nuestro país parece que sí cogen buenas turcas.

Un abrazo enorme.

Ferran

Anónimo dijo...

¡¡Ohhh!! Has estado en Innisfree...¡Qué envidia me das! También es una de mis pelis favoritas,sin duda...como decía una amiga mía,es de esas que al salir del cine (cuando se va) te hacen sentir mejor persona... Yo tampoco he ido a Irlanda,aunque viviendo en Cantabria no hay más que adentrarse en algún valle para ver todo tipo de verdes lujuriosos,así que con eso y la ayuda de J. Ford me hago una idea. Mi hijo estuvo este verano unos días en Dublín y Galway y volvió encantado por la cerveza y la música que había en todos los pubs...
Muy guapetones los dos, tanto Pepa (aunque no sea pelirroja) como tú,que estás como J.Wayne...te falta el carro y el casamentero al lado...
Bienvenido otra vez a la rutina doméstica y cuéntanos todo lo que quieras del viaje...yo,al menos,te leo encantada...
Muchos saludos de Aurora Boreal

The Storyteller dijo...

Quizá conozcas el documental de Jose Luis Guerín "Innisfree" https://en.wikipedia.org/wiki/Innisfree_(film)
Es un pequeño retrato de ese lugar real en el que se rodó la película, lleno de miradas honestas y de ese ruralismo arraigado del que hablabas.
Si tienes problemas encontrándola online, puedo "compartir" sin problemas.
Un saludo.

César dijo...

Rodolfo Martínez: Comprendo tu envidia (yo también la sentiría): para un cinéfilo ir a Cong/Innisfree es como para un meapilas viajar a Lourdes. Sólo que mucho más divertido. Y, en efecto, los irlandeses tienen un carácter muy parecido al de los asturianos. De hecho, a los irlandeses les caemos muy bien los españoles. Por el carácter, porque somos un país supuestamente católico y, aunque te cueste creerlo, por la Armada Invencible. En cuanto a la gaita irlandesa, estoy de acuerdo contigo: la prefiero a la asturiana y la gallega. Irlanda te gustará, no lo dudes.

Anónimo de las 4:31: Tienes razón. Pero, a fin de cuentas, un menhir es una polla. El cielo fecundando a la tierra.

Ferrán: En efecto, Irlanda es un país estupendo en casi todos los sentidos (el "casi" es por la gastronomía). Respecto a la cerveza, puede que no te equivoques. A mí me pareció que tenía menos graduación que la de aquí. No obstante, por poco alcohol que contenga, con la cantidad de pintas que se toman, algunos irlandeses deberían agarrarse unos pedos tremendos.

Sí que he recargado las pilas. Al principio me molestó un poco lo de la no-coronación, pero luego comprendí que no hay nada mejor que ser un rey en el exilio.

Aurora Boreal: La verdad es que Irlanda, en cuanto a paisaje, se parece muchísimo a Cantabria. Pero con peor clima, por increíble que parezca. Como le decía a Rudy, comprendo tu envidia. Visitar Innisfree ha sido un sueño cinéfilo hecho realidad. Adoro "El hombre tranquilo", una película que, como bien dices, te hace sentir mejor persona. Y amar aún más la vida.

The Storyteller: Conocía el documental de Guerín, pero no lo he visto. Pensaba buscarlo en Internet. Gracias por el enlace y el ofrecimiento.

Juanma dijo...

Nuestro viaje de bodas lo hicimos a Irlanda (era más barato que Islandia, que era nuestra primera opción, y estábamos en abril, lo que invalidaba la opción islandesa), y volvimos enamoradísimos. Como no había mucho presupuesto, nos centramos en Galway y alrededores. El Burren es la única provincia o comarca irlandesa que no es verde-verde, se trata de una especie de Mordor caliza y primaria; ahí están los Cliffs of Moher, y enfrente, las islas de Aran. Es imposible ir a esa parte de Irlanda y que no te vengan a la cabeza referencias cinematográficas: El hombre tranquilo, Man of Aran, Innisfree, La princesa prometida...

El tour de El hombre tranquilo no llegamos a hacerlo, aunque nos pasamos por el Cottage, la cabañita tuneada para turistas que se supone que es la Blanca Mañana original. Tenemos las fotos de rigor con esos John Wayne y Maureen O'Hara de tamaño natural, porque yo también soy un puto friki de esa película. La pelea final la puedo ver mil veces seguidas, y es de las pocas cosas con las que lloro no porque emocione ni sea triste, sino de lo jodidamente bien rodada que está, de la alegría de vivir que te impregna. Ves esa escena y, literalmente, vuelves a nacer.

Un hecho destacable es que los irlandeses son exactamente igual de "gallegos" (la sangre celta, supongo) que en la película. Esa discusión que acaba a hostias, al principio de la peli, sobre cómo ir a Innisfree mientras le hacen perder tiempo a un Sean Thorton que ya viene de un tren que lleva cuatro horas de retraso es, ni más ni menos, la idisincrasia irlandesa en estado puro. Nada más poner el pie en Galway estás inmerso en esa atmósfera. El guía turístico que te hace el tour de Connemara y deja a todo un autobús de turistas en la estacada para irse "ten irish minutes" a echarle un ojo al rebaño. El guía turístico que te lleva en su mini furgoneta por Innishmore, la mayor de las islas de Aran, se detiene un segundito frente a una verja y se baja a saludar a su rebaño, que lo reconoce y se acerca balando a toda hostia a la fragoneta. Todo, todo eso es Irlanda.

La fertilidad de las irlandesas y cómo dejan campar a sus anchas a la prole. En el aeropuerto de Dublín cogimos el avión de vuelta a Barcelona con una tribu formada por un matrimonio de unos veinticinco años que llevaba a cuestas cinco churrumbeles *en pijama* y un sexto de camino.

También es un país donde hay costumbres curiosas y mucho deprimido. Esos flotadores junto a los puentes, con sello del Ejército de Salvación, o los carteles de "Need to Talk" junto al acantilado de Moher...

Innisfree la película debí de verla mal, porque no me dijo nada en su momento. Luego he visto otras cosas de Guerín y he visto adónde quiere ir a parar el director, de modo que creo que le tengo que dar una segunda oportunidad porque sospecho que ahora, después de haber estado por ahí durante cinco de los días más inolvidables de mi vida, me encantaría.

La Guinness. Yo solo digo que el único sitio donde pagamos entrada fue el Museo Guinness. Impresionante estructura, por cierto. Nos quedamos con ganas de ir a la cárcel de Kilmainham, pero no conseguimos entradas a la hora que nos habría venido bien.

Vuelves diferente de Irlanda. Y los irlandeses son un amor.

Me alegro de que tus vacaciones hayan ido bien. :)

Natalia dijo...

¡Me encanta Irlanda! Fui un mes hace un par de años y me maravilló. La gente es encantadora y los paisajes son bellísimos. Estoy deseando volver. :)

Juan Constantin dijo...

Saludos:

¡Has visitado Innisfree! Qué envidia. Debe ser un lugar mágico. No puede haberse rodado un obra de arte como The Quiet Man allí sin que haya impregnado su magia en los edificios y el paisaje. O quizá sea al revés, y sea la magia de Irlanda la que dotó a la película de su grandeza.
Desde que en mi infancia vi El Hombre Tranquilo en TV, quedé bajo su hechizo. Siempre que la reponen -aunque cada vez lo hacen menos, menos mal que existe Internet- me atrinchero en mi salón con suficientes vituallas para disfrutarla una vez más, como si fuera la primera vez, que lo es.
Una película que tiene humor, costumbrismo, romance, acción, crítica social, unos paisajes maravillosos, unos actores tocados por las musas y a John Ford como director.
No ha habido un director más poético y romántico que John Ford. Últimamente tratan de ningunearlo y desprestigiarlo, criticando sus westerns y películas bélicas. Pero, no creo que haya habido muchos directores que respetasen tanto a las tribus nativas americanas; sobre todo en sus obras de madurez, como Dos cabalgan juntos, El gran Combate, La legión invencible o Centauros del desierto.
La primera película suya que recuerdo haber visto es La patrulla perdida, con Victor McLaglen y Boris Karloff, pero la verdad es que no logro recordar ninguna película suya que me haya desgradado.
Bueno, volviendo al tema de Irlanda, John Ford la trató en varias de sus películas -nació en Maine, pero era hijo de padres irlandeses- algunas de forma más seria e histórica, como en El delator (The Informer, 1935) y otras de manera más humorística como en La salida de la Luna (The Rising of the Moon, 1957). En esta última, compuesta de tres historias, hay una: Un minuto de parada (A Minute's wait) en la que una parada de tren de un minuto, se va eternizando, por distintas causas, algunas bastante peregrinas, para asombro de un matrimonio inglés.
En fin, se nota que me gusta el cine de John Ford. También me atrae mucho todo lo referente a Irlanda y los celtas en general. Siempre tengo planeado como futuro viaje un garbeo por Escocia, Irlanda y País de Gales, pero, hasta ahora, no he podido realizarlo. Algún día.

Por las fotos y la entrada se nota que habéis debido disfrutar un montón. Eso es un viaje bien aprovechado.

Juan Constantin

Juan H. dijo...

Hola César, me alegro que hayas disfrutado las vacaciones en Irlanda, (llevo sin escribir/merodear la tira y por fin me he puesto al teclado), es un país aparte y muy especial, te recomiendo un libro que se llama Michael collins , día de ira, del autor afincado en Asturias, Juan Antonio De Blas, trata sobre Irlanda y los irlandeses en su lucha por la independencia, y merece la pena, es un buen libro, conozco al autor y además de sentir gra admiración por tu padre José Mallorquí también intercambiaban cartas de vez en cuando. Espero que el año que viene repitas el Celsius, este año no pude ir, pero el que viene ire cargado de libros para que me los firmes, je, je, y por cierto en la entrevista de La Página Escrita, he seguido la pista del avión alemán que se estrelló en la playa de San Sebastian en mayo del 45, iba en en él entre otros Leon Degrelle, un nazi belga que estuvo refugiado en España protegido por Franco hasta que murió aquí,en fin, spain is diferent...aunque seguro que tu ya sabes esa historia, un saludo muy fuerte!!

José Antonio dijo...

Al fin has vuelto, ¡se te echaba de menos! La próxima vez que te de por venir a Irlanda pásate por Belfast y te puedo hacer un tour por el norte... Calzada de los Gigantes, localizaciones de Juego de Tronos, etc.

La zona del Ring of Kerry, y Cork la estuve visitando el año pasado y la verdad me encantó. Dublin es genial (¿viste la estatua de Oscar Wilde?) sobre todo me gusta Trinity College y cualquier pub con música de los que hay por Temple Bar (pero justamente Temple Bar no me gustó tanto). Me queda por visitar Galway y toda esa zona, los Cliffs of Moher son espectaculares en foto no me quiero imaginar en la realidad. También te recomiendo Donegall, en el noroeste justo la zona donde sí que existen hablantes de gaélico.

Sobre el carácter la gente y lo bien que les caemos los españoles te doy toda la razón. Belfast está, por suerte o por desgracia, llega de españoles y Dublín más de lo mismo. Y sí que son muy "gallegos" la gente de aquí, hemos hecho amigos gallegos y se nota que tienen caracteres parecidos. También suscribo el punto del "saque" que tienen para beber pintas. Uno de nuestros colegas norirlandeses puede beberse 10-12 por noche y ni se le nota. Sufrí las consecuencias de intentar llevarles el ritmo a mis compañeros de trabajo en la cena de Navidad... never again.

Y por último (perdón por el tocho-mensaje pero me ha hecho ilusión que hayas venido a mi isla jaja) mi novia que trabaja como niñera con una familia de aquí de Belfast puede corroborar tu punto sobre lo mal que se portan los niños pequeños aquí, ¡lo sufre en sus carnes cada día!

César dijo...

Juanma: La verdad es que Irlanda es el país más celta que existe. De entrada, la isla nunca fue invadida por los romanos. Además, la iglesia católica autóctona, al estar tan lejos del Vaticano (de todas partes en realidad), gozó de una notable autonomía durante muchos siglos. De hecho, fueron los monjes quienes más contribuyeron a mantener la cultura irlandesa, poniendo por escrito lo que eran relatos orales. Por eso, en parte, Irlanda es tan especial.

Juan Constantin: Sinceramente, no creo que nadie a estas alturas ningunee a John Ford. Todo el mundo está de acuerdo en que era un genio. A ese respecto, recuerdo la respuesta que dio Orson Welles cuando le preguntaron quiénes eran en su opinión los tres mejor directores de cine de la historia: "John Ford, John Ford y John Ford". No solo era un director genial, sino que además era único. Nadie ha logrado imitarle jamás. Por otro lado, muy pocos directores pueden presumir de contar con tantas obras maestras en su filmografía. En mi opinión: El hombre tranquilo, Centauros del desierto, El hombre que mató a Liberty Balance, Las uvas de la ira, Qué verde era mi valle, El sargento negro, La diligencia, Río Grande... y podría seguir. Vi hace no mucho en TV The Rising of the Moon y me encantó. Es una obra menor, pero encantadora.

Es cierto, además, que protegió a las tribus indias. Rodaba tanto en Monument Valley para dar trabajo a los indígenas locales.

Respecto a Escocia, es un viaje que te recomiendo, sin duda. Pero cuando estuve me llamó la atención lo poco celta que era. Para encontrar el alma celta de Escocia hay que ir a la costa oeste y a las Hébridas.

Juan H: Gracias por la recomendación; buscaré el libro. Respecto al Celsius, sí, es muy probable que vuelva el año que viene; entre otras cosas porque a Pepa le encantó.

Sí, sabía la historia de Degrelle. Pero lo que más me llamó la atención del recorte de prensa es por qué, después de tantísimos años, alguien se interesó por el asunto hasta el punto de poner un anuncio en periódicos locales.

José Antonio: Coño, si llego a saber que conocía a alguien en Belfast habría incluido Irlanda del Norte en el viaje... No fuimos porque esa división contra natura me parece dolorosa, un enorme problema que aún no está solucionado.

Georgino dijo...

Me lo he pasado muy bien leyendo tu artículo. El hombre tranquilo es también una de mis películas favoritas de siempre.
Un saludo.

Corsariohierro dijo...

Yo tambièn adoro irlanda literaria: los pubs, los celtas, la verde y rural irlanda.

Lo q me he ido enfriando pues tambièn he descubierto, por cine, còmics, noticias... rasgos demasiado conservadores o tradicionales o q el problema del Ulster aun no este resuelto al 100% y q, claro, no es una d buenos y malos. Sino q es más complejo. No se si eso se notaba.
Aa

Blogger dijo...

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