lunes, abril 10

Publicar



Aún recuerdo la primera vez que publiqué algo; yo tenía quince años y gané un concurso de relatos de cf promovido por una revista de divulgación científica. Fui al quiosco, vi mi cuento impreso y regresé a casa dando, literalmente, saltos de alegría. Pocas cosas en la vida me han hecho tanta ilusión. Más adelante, cuando con diecisiete años empecé a colaborar con La Codorniz, me quedaba mirando con orgullo mis artículos impresos, satisfecho de mí mismo.

Esa es la gran ambición de todo aspirante a escritor: publicar, publicar algo, lo que sea, un folleto, un artículo, un cuento o, como máxima expresión de la gloria, un libro. Es lógico. No solo se trata de poder presumir ante los demás en plan, mira qué libro tan bonito, acarícialo, huélelo, dale un lametazo. ¿A que es una maravilla? Pues lo he hecho yo solito. Tampoco es únicamente el justo deseo, que todo creador alberga, de que su obra esté al alcance de cuantos más mejor. En realidad se trata de algo más importante: publicar tu primer libro es como cruzar un portal que te traslada a otra dimensión. Porque, vamos a ver, ¿cuándo puede alguien afirmar, sin ruborizarse, que es escritor? Pues cuando publica su primer libro. Ese es el rito de tránsito que te convierte en algo distinto (y mejor) de lo que eras. Es como el enclenque Billy Watson diciendo ¡Shazam! y transformándose en el superpoderoso Capitán Marvel.

Vale, es psicológicamente comprensible. Lo que los aspirantes a autor suelen ignorar es que eso, publicar un libro, no es más que la primera valla que un escritor debe sortear en lo que sólo puede describirse como una larga carrera de obstáculos. De hecho, publicar un libro puede –y suele- no significar absolutamente nada.

En fin, estoy hablando del proceso normal de edición. Mandas tu manuscrito a una editorial, te lo aceptan (o no), firmas un contrato, trabajas el texto con un editor y finalmente se publica en rutilante papel. Pero hay otras formas de edición. Por ejemplo la coedición. Es decir, vas a una editorial con tu novela y la editorial se compromete a publicarla. Pero tú pagarás la mitad de los costes de edición. A cambio, la editorial se compromete a corregirla, imprimirla, distribuirla y promocionarla.

Qué bonito, ¿verdad? No te van a decir que no; publicarán cualquier cosa que hayas escrito. El único problema es que la mayoría de las editoriales de coedición son un timo (y no digo la totalidad por respeto a la duda filosófica). Porque, veréis, lo más probable es que la editorial coeditora edite tu libro (si es que lo edita) gastando sólo una parte de la mitad que has pagado. O sea, que no arriesgará ni un céntimo. Por supuesto, no habrá prácticamente ninguna corrección del texto. La distribución (si es que la hay) será en dos o tres librerías de barrio. En cuanto a la promoción, habrá un par de presentaciones de la novela, en la que se venderán (a tus familiares y amigos) los únicos ejemplares que vas a vender de esa edición (cuyo importe se quedará la editorial, claro). Por supuesto, despídete de recibir derechos de autor.

          Otra variante es la autoedición. Es decir, publicas tú mismo tu novela. En Internet, que sale gratis. Vale, suena muy bien, pero tiene un problema: ¿Os hacéis una idea de cuántas novelas autoeditadas hay en la Red? No tengo ni idea, pero deben de ser cientos de miles. ¿Y cuántos saben algo de ellas, aparte de sus autores?

          Hace poco asistí a una charla sobre esto en feisbuc. La conclusión a la que se llegó es que es muy distinta la autoedición de un autor  ya conocido en el circuito mainstream, por decirlo así, que el caso de un desconocido que se edita a sí mismo porque nadie más quiere hacerlo. El primer autor ofrece ciertas garantías; sabes lo que ha escrito, has leído entrevistas y críticas, conoces su trayectoria... Mientras que del segundo autor lo único que sabes es que está desesperado por publicar.

          Esa es la cuestión: ciertas garantías. El año pasado se publicaron en España más de ochenta mil títulos. ¿Cómo puedes orientarte ante esa desmesurada oferta? ¿Cómo sabes cuáles son adecuados para ti y cuáles no? Hay diversos medios, claro. Uno de ellos es las garantías que te ofrezca la editorial. Por ejemplo, no me fio ni un pelo de los libros que edita Planeta, pero sí de los que edita Anagrama (o editaba la Minotauro de Porrúa). Eso no significa que me vayan a gustar todos los libros de Anagrama, pero sí que esos libros tendrán cierta sintonía con mi sensibilidad y, por supuesto, calidad.

          Esa precisamente es una de las funciones de las editoriales: filtrar los textos, eliminar los infumables y publicar sólo los que consideren adecuados. Pero, un momento, ¿qué es eso?... Ah, ya suenan airadas voces clamando: “¡Qué filtros ni qué hostias, con la cantidad de mierdas que se publican!”. Responderé por partes: 1 Evidentemente, hay malos editores, igual que hay malos escritores o malos lectores. 2 Incluso los mejores editores pueden meter la pata. 3 Aunque te sorprenda, “No me gusta” no es sinónimo de “Es malo”. 4 Las editoriales son empresas cuyo fin último es -¡oh cielos, qué terrible revelación!- ganar pasta. Si la gente compra El Código Da Vinci, se jartarán de publicar códigos da vincis, y si lo que se consume  son las Sombras de Grey, se pondrán ciegos de sombras (qué bonita imagen, ¿verdad?). 5 Hay gente para todo. Algunos son lectores exquisitos, como tú, mientras que otros preferirían una exploración anal antes que leer alta literatura. Por eso hay tantas clases de libros. ¿Cómo, que abundan los malos? Claro, pero recuerda la Ley de Sturgeon. 6 Por último, cuando digo que las editoriales –los editores- filtran la mierda, no sabéis hasta qué punto soy literal.

          A las editoriales llegan toneladas de manuscritos enviados por autores nóveles ávidos de publicar su primera novela. Ahora bien, si han mandado su original se supone que lo consideran bueno, un texto digno de competir con el catálogo de cualquier editorial. Pues, en fin, no os podéis ni imaginar los textos que envía la gente, ni haceros una idea de hasta qué punto la autocrítica es una virtud escasa. No estoy hablando sólo de historias adocenadas, con personajes de cartón piedra, diálogos encorsetados y descripciones toscas. No, qué va, es mucho peor.

          Hace años, estuve en una editorial que acababa de fallar un premio literario, así que había decenas de manuscritos amontonados. Comenté la abrumadora cantidad de originales que habían llegado y el gran trabajo que suponía leerlos todos. Entonces, mi amigo editor (o editora) me dijo que, en ocasiones, bastaba con leer un par de páginas para hacerte a una idea de cómo era el texto. Y, como ejemplo, me trajo uno de los originales y me invitó a echarle una ojeada (estaba firmado con pseudónimo, así que ignoro quién era el autor).

          Sólo leí un par de páginas, pero aquello era indescriptible. El texto carecía de la menor noción de sintaxis, y la puntuación se distribuía al azar. Las descripciones no es que fuesen mala, es que no se entendían. Los personajes hablaban como si fueran robots.

          Evidentemente, esa novela (?) no ganó el premio, y ningún editor en su sano juicio la publicará jamás. Sin embargo, su autor, convencido de que hay una confabulación mundial de editores en su contra, bien puede haberla autoeditado , y a lo mejor ese engendro está ahí, agazapado en Internet, a la espera de que algún insensato lo adquiera. Eso es lo que sucede cuando no hay filtros.

          Así pues, si alguna moraleja ha de tener este comentario, sería la siguiente: Con frecuencia es peor publicar antes de tiempo, que no publicar. Amigo escritor novel: como dije hace mucho, no intentes correr antes de saber andar, ni volar antes de dominar la carrera. No te desesperes por publicar, porque eso, en realidad, no es nada. Antes, preocúpate por aprender las técnicas y trucos del oficio de escritor. Y sólo entonces, cuando estés preparado, publicarás. ¿Y cómo sabrás que estás preparado? Pues cuando un lector experto (un editor, por ejemplo) te lo diga. Así de sencillo.

20 comentarios:

Miguel Valle dijo...

Buenas tardes, César:

Sólo puedo suscribir lo que dices, punto por punto.

En la conversación que mantuvimos en tu anterior hilo dije que no veía claro un nuevo modelo de negocio basado en la ausencia completa de intermediarios -editor de por medio- para el mundo de la literatura. Lo decía precisamente pensando en el papel de filtro que ejercen los editores o que debieran ejercer, ya que tengo la sensación de que cada vez su evolución se asemeja más a la de los grandes magnates de Hollywood, menos interesados en la literatura y más en el negocio, perdiendo el necesario equilibrio que debieran tener. La calidad no debería estar reñida con los ingresos, pero eso creo que es otra historia.

Más allá de esto, coincido en la poquísima autocrítica que hace el ser humano en general y el aficionado a la escritura en particular. Sólo he tenido una experiencia en el mundillo participando en el jurado de un premio de aficionados y doy fe de eso que comentas, juro que incluso alguno de los cuentos presentados denotaba severos problemas psicológicos en su autor.

Quizás otro elemento "preocupante" en el aficionado es la falta de mesura. Inundados como estamos de trilogías y novelas al peso, cualquiera se siente capacitado para escribir un tocho de 900 páginas sin haber pulido su estilo (o falta de) en historias cortas o cuentos. Formatos que considero fundamentales en la formación de cualquier aspirante a escritor. Me parecen un escenario idóneo para probar recursos y buscar una voz personal, aunque luego indudablemente hayan de cambiar al pasar a un formato más extenso.

Y aquí una pequeña confesión personal: he escrito algunas (más que algunas, en realidad) críticas y algún artículos cinematográficas on line y siempre me he sentido amparado al hacerlo en un canal ajeno, tras la supervisión de un editor. Es como una prueba de calidad de lo que estás haciendo, amén de que puedes recibir consejos útiles, especialmente al principio, y si alguien lo considera "digno" de aparecer es que no será tan terrible.

Saludos

Miguel

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo, don César. Luego están los que van a máster de escritura creativa aprenden todos los trucos y aún así como mucho de 50 sale solo uno (poniendo el listón muy alto) que puede no digamos vivir de eso sino estar atento de lo que hace pq puede sonarle un día la flauta y que le dejen escribir artículos en un periódico. Elegir al escritor he ahí la cuestión. Como decía Carlos Sagan en una biblioteca de NY con varios millones de libros "Que uno tiene q dejarse asesorar por sus profesores" (los buenos) y saber buscar es esencial. Fdo.: Joaquín Dos (desde el móvil)

Adela Castañón Baquera dijo...

Fabulosa reflexión. Y muy útil. Gracias. 😊

María dijo...

He hecho mis pinitos con relatos, pero como soy una imprudente de primera "novela" me puse con una tetralogía, cuyo primer volumen he sometido a revisiones constantes, que me demuestran lo mucho que he mejorado y me hacen intuir lo que me queda por mejorar.
Llevo con el primer libro "acabado" desde hace un par de años y el segundo lo estoy terminando estos días y mis lectores beta a veces intentan animarme a publicarlo ya, pero yo sé que no es mi momento. Quiero, cuando acabe poder revisarlo todo y aprovechar lo que haya aprendido, que será mucho.
Me has dado muchos ánimos en eso de "tomármelo con calma" (para publicar, que no para escribir). ¡Gracias!

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Esa es la realidad del escritor y la edición. Yo tengo publicado un libro y algunos ensayos, pero es diferente que el tema narrativo. En mi caso parí dos novelas (amén de muchos abortos chillones que están en un cajón). La segundo era juvenil, y la presenté al edebé. Bueno, no gané obviamente, pero me hizo gracia porque sabéis quien ganó: Cesar con la Isla de Bowen JA JA JA JA. Joder fui corriendo a comprármela y la disfruté como un enano. La próxima vez que te presentes avisa pa que no mordamos el polvo ja,ja,ja,ja. Bueno, la verdad es que yo disfruté escribiéndola, la verdad. En cuanto a la primera, era de ciencia ficción y no muy larga, y de aventuras, así que también la presenté al edebé. No gané obviamente, pero cuando me la devolvieron (cuando la devolvían, ahora no lo hacen) vi dos cosas en la primera página: arriba un número 272, que supongo que era el número que hacía mi novela (buff, ser el mejor de 272? Madre mía). Y en medio de la página 1 una palabra subrayada: “cosa”. Hostias, me dije. Alguien se ha leído la primera página, y al ver cosa (un vulgarismo que podía haber evitado de haberme empleado más a fondo en la corrección) directamente al rincón de los perdedores. Tal y como ha contado César. Esa es mi experiencia. Por eso el oficio de escritor profesional me parece de lo más difícil, porque incluso siendo bueno, puedes no tener éxito. Y viendo además los volúmenes de venta medios, o eres un rompedor o poco hay que hacer. Casi es mejor que la actividad literaria sea un pasatiempo con hechuras profesionales y no esperar mucho de los resultados en términos económicos, que no, pues a seguir disfrutando de la escritura.
Mazarbul

Jane Jubilada dijo...

Estoy de acuerdo, César. Leo en las redes poesías sin ritmo ni belleza y escritos infumables de gente que se considera poco menos que un aspirante al Nobel. Y también leo libros, publicados y con una legión de admiradores detrás, a los que todavía les estoy dando vueltas, intentando explicarme cómo es posible que alguien lo admire y cómo una editorial se atreve a publicarlo.
Como profesora, me he pasado la vida corrigiendo expresiones, faltas de ortografía, frases sin significado. Como lectora, sé que escribir bien tampoco convierte a una persona en escritor. Hace falta mucha autocrítica y romper muchas hojas escritas. Y también tener el "toque divino", que convierte un suceso anodino en una historia apasionante.
Una vez a Camilo José Cela alguien tuvo la ocurrencia de pedirle que le diera un buen argumento para hacer una novela. Cela le contestó: "Un hombre y una mujer se aman. Con talento, le puede salir a usted "La Cartuja de Parma". Porque de eso es de lo que se trata: no sólo escribir bien sino también tener talento, creatividad, imaginación, mirar el mundo con ojos nuevos.
Y eso es lo que los lectores esperamos cuando abrimos un libro.

Juan H. dijo...

La oferta de las editoriales es amplia, se publica mucho, bien y mal, hay libros buenos y malos, personalmente a penas leo cosas nuevas porque la mayoría me dejan tibio, prefiero leer viejas cuentas pendientes queme han quedado en las estanterías o reediciones de libros que hacía años que nos e publican, así como voy virando ya hacia el ensayo y la historia , pero eso va en gustos. Como lector, no soy escritor(aunque pequé en mi juventud), por otro lado, creo que internet abrió la caja de pandora para mostrar un número ilimitado de autores que más que talento pecan de autoestima demasiado alta y de carecer del talento(entiendo talento como haber aprendido el oficio lo mínimo para publicar) , a su vez, creo que la proporción es clara, a ojo, por cada autor que merece la pena y podría publicar, hay un millón o más que deberían abandonarlo o seguir aprendiendo, casi nadie nace con " el don de la escritura", y creo que mucha gente debería examinar el motivo por el cual quieren ser escritores, la imagen que devolvería el espejo, no les gustaría. Un abrazo.
Juan H.

Juan H. dijo...

Perdón por las faltas, siempre ando corriendo, encima en una entrada que habla de publicar y la escritura...menos mal que no soy escritor...
Juan H.

Luis Turina Serrano dijo...

Querido César:

Perdón por repetirme, detecté problemas en el blog el fin de semana que mandé este mensaje e igual por ello ha pasado desapercibido. Estoy muy interesado en contactar contigo por este tema, así que copio y pego ^^U

He de confesar que no sigo tu blog y te he encontrado más bien guiado por la desesperación generada por la falta de respuesta por parte de la editorial que, creo, es ahora mismo la propietaria de los derechos de la obra de tu padre.

Me gustaría poder avanzar en un proyecto que tengo con uno de los cuentecitos de la Editorial Molino, pero para eso hacen falta una serie de permisos que dependen de los propietarios de dichos derechos, eminentemente.

Te agradecería que te pusieras en contacto conmigo, si no te importa, en alguna, o las dos, de estas direcciones: luisturyn@gmail.com o info@cuartetononame.es, para pasarte al menos el mismo e-mail que he enviado a la editorial actual a través de varios medios para ver si crees que podría ser de interés.

El León Cobarde merece ser recordado y tener una larga trayectoria aún en la vida de los niños de este país.

Mil gracias por tu atención, sea como sea.

Luis Turina.

Antonio Jarreta dijo...

En mi candidez de escribiente-que-quiere-ser-publicado-pero-todavía-no, yo creo que eso de la publicación es un poco como lo de perder la virginidad. Vamos, que al que ya lo ha hecho no le parece para tanto, pero al que no lo ha hecho le parece un mundo, una montaña insalvable que hay que bregar sin saber muy bien cómo y sin la cual no se está completo del todo.

Anónimo dijo...

Tengo varias "novelas" escritas porque me encanta escribir, de vez en cuando me paseo por los centros comerciales y veo los montones de libros que se venden, algunos terminan en mercadillos al precio de un café, suelo comprar alguno. También me paseo por bibliotecas y me traigo libros a casa para leer, suelo leer o escribir todo el tiempo. Hace tiempo me obsesionaba la idea de publicar, entre los libros que me encantaron y los que me desencantaron se me quitaron las prisas, incluso a trocitos he encontrado parte de las historias que me parecían originales mucho mejor escritas que las mías, no tan originales.
Gracias por tus consejos y por tu blog.
Begoña

Mazcota dijo...

Cuando has comentado la poco autocrítica que campa a sus anchas, me ha venido a la memoria una anécdota que presencié hace años. Ahora trabajo en un almacén, pero por aquella época era transportista y me encargaba de repartir libros de La Ley por todas las abogacías de Barcelona. Un día me encontré en la recepción de una editorial (no recuerdo su nombre, pero creo que era en la calle Casanova), imagino que llevando unos libros al departamento jurídico; cuando, de pronto, se presentó un chico de unos veintitantos años con un inmenso cabreo y un manuscrito en las manos. A gritos, exigía hablar con el jurado de no sé qué concurso para hacerles ver lo muy equivocados que estaban por haber descartado su obra. Pero lo que más me impactó no fue ver a aquel tipo chillando como un energúmeno, sino la cara de la recepcionista. Resistía de forma estoica a todos sus improperios, pero también puso un semblante de hastío, como si estuviera más que acostumbrada a aguantar esa clase de escenas.

Jarl-9000 dijo...

Muy buena entrada. Es una reflexión interesante para invitar

No hace mucho, un amigo me habló acerca del proceso de coedición de un libro escrito por la mujer de un conocido suyo del trabajo, y en gran medida venía a ser como tú has expuesto; la mayor cantidad de ventas fueron realizadas por la propia autora entre sus conocidos, así al menos pudieron recuperar la inversión.

Desde luego, creo que el filtro más importante de todos debe ser el que pone uno mismo, porque sólo si éste es bueno podrás persuadir a otros para que se interesen por tu obra y apliquen el suyo. Lo cual significa que un aspirante a escritor debe convertirse primero en un lector experto y crítico y ser capaz de evaluar su propia obra como si fuera ajena. Desde mi humilde posición de estar todavía en esta primera fase, considero que una lectura recomendable (a la par que divertida) puede ser "Cómo no escribir una novela", de Howard Mittelmark (tal vez fuera en este mismo blog donde oí hablar de este libro).

Por cierto, César, por mi santo me regalaron "Las fabulosas aventuras del Profesor Furia y Mr. Cristal" y tengo que decirte que desde ya es mi nuevo libro preferido tuyo, por encima incluso de "Las lágrimas de Shiva" y "La isla de Bowen". No sé si se diferenciará mucho de la versión original de "La compañía de las moscas", pero esta versión revisada me ha encantado. Uno de las aspectos que más me han gustado ha sido la utilización que haces de cierto recurso narrativo, el de alternar una narración tradicional en tiempo pasado con otra menos convencional en tiempo presente (sí, hay más estilos, pero considero que estos son los principales) y, en particular, las diferencias de tratamiento entre ambas: la segunda resulta mucho más distante con los personajes que la primera (casi diría aséptica) y, sin embargo, consigue transmitir muchas emociones al lector; algo que se ve reforzado por la forma que tiene tan directa de dirigirse a él. Da la casualidad de que justo me planteaba esto mismo para mi todavía hipotética futura primera novela (creyendo ingenuamente que sería algo original), pero no estaba seguro de cómo hacer que funcionase. No sé si tú te habrás inspirado en algún otro autor para ello o si ha sido algo puramente tuyo, pero quiero felicitarte por lo bien que te ha quedado y agradecerte la inspiración que me ha ocasionado.

César dijo...

Miguel Valle: Es verdad, a veces ciertos escritos evidencian serios trastornos mentales. Aunque, por lo general, evidencian un profundo desorden mental.

Joaquín Dos: Siempre es necesaria una opinión experta.

María: Que tu primer libro sea una tetralogía me... no sé, me deja sin aliento.

Mazarbul: Vaya, lamento haberte pisado el premio. Está claro que le mandaste al jurado menos jamones que yo. Y sí, el oficio de escritor profesional es muy jodido.

Jane Jubilada: En realidad, lo importante no es lo que escribes, sino cómo lo escribes.

Antonio Jarreta: Muy cierto.

Begoña: Hace veintitantos años escribí una novela de quinientas páginas. Me hicieron ver, y vi, que estaba mal. Me la he comido con patatas y jamás intentaré publicarla. Pero no me arrepiento; de los errores se aprende.

Juan H: Es que antes, incluso para publicar en un fanzine tenías que pasar algún filtro. Pero ahora, con Internet, cualquier chorrada puede (auto)editarse.

Mazcota: Alguna vez he visto cosas parecidas a lo que cuentas. ¿Autocrítica? ¿Qué es eso?

Jarl 9000: Tengo el libro de Howard Mittelmark que mencionas. Sobre todo es muy divertido (básico, pero útil).

Me alegro de que te haya gustado la nueva versión de mi novela (es casi igual a la original). Eres un lector muy perspicaz al fijarte en ese recurso; no todo el mundo se daría cuenta. Te voy a explicar cómo llegué a él. Son dos recursos en realidad. En primer lugar, cambiar a tiempo presente hace que lo narrado sea más inmediato, como si estuviese sucediendo frente a los ojo del lector, En segundo lugar, lo del tono aséptico... Verás, muchos de mis recursos literarios los he sacado del cine. Pues bien, al ver secuencias dramáticas (por ejemplo, un padre contempla el cadáver de su hijo) había comprobado una cosa: Supongamos que el padre rompe a llorar y a gemir, y abraza desesperado el cuerpo de su hijo. Bueno, pues eso me resulta mucho menos emotivo que si el padre se queda quieto y mudo, intentando contenerse, pero sin poder evitar que una lágrima le resbale por la mejilla. Es decir: cuanto menos énfasis más emoción.

Eso es lo que hago en la novela. Narro unos hechos horribles pero sin el menor énfasis, con la mirada de un entomólogo. Y eso hace que los hechos sean más horribles aún. Al menos es lo que pretendo.

Miguel Valle dijo...

César dijo: "Verás, muchos de mis recursos literarios los he sacado del cine. Pues bien, al ver secuencias dramáticas (por ejemplo, un padre contempla el cadáver de su hijo) había comprobado una cosa: Supongamos que el padre rompe a llorar y a gemir, y abraza desesperado el cuerpo de su hijo. Bueno, pues eso me resulta mucho menos emotivo que si el padre se queda quieto y mudo, intentando contenerse, pero sin poder evitar que una lágrima le resbale por la mejilla. Es decir: cuanto menos énfasis más emoción".

No he podido contenerme al leer esto. Tienes más razón que un santo. Menos es mas en estas ocasiones. A mí, casi siempre un plano general o la situación que describes me parecen mucho más expresivos que un primer plano del tipo desgarrado llorando. Se trata de un asunto que casi diría me obsesiona. Hay veces que te preparan de manera genial para un momento y lo joden en la realización final (primer plano del tipo lloroso).

En fin, que tendrías que haber matizado, "lo he sacado del cine clásico". Hoy, el exceso, la cámara lenta enfática y la sobreexposición emocional predominan en el cine, no vaya a ser que no te enteres de que toca emocionarse.

Perdón por el offtopic.

Saludos

Miguel

César dijo...

Miguel Valle: Tienes razón; hoy en día el cine no es muy sutil que digamos (aunque Clint Eastwood da muestras de eso que estamos hablando en, por ejemplo, "Sin perdón" o "Million Dollar Baby"). A mí siempre me maravilló la capacidad que tenía el gran John Ford de transmitir emociones con sus planos generales. O mi favorito, el final de "El tercer hombre". Joseph Cotten está enamorado de Aida Valli, que es la novia de Orson Welles (el malo). Cotten mata a Welles y, al final de la película, está en el exterior, frente a la prisión de mujeres, esperando a que salga la chica. Es un plano muy, muy abierto, un GPG (Gran Plano General). Aida Valli sale del edificio y pasa frente a Cotten sin mirarle siquiera. Cotten se queda quieto, mirando cómo la mujer se aleja. Es un plano muy general, no vemos las caras, pero, joder, en ese momento sentimos la brutal desolación que está experimentando ese hombre.

¡Ah, ah, ah...! (Perdona, estaba teniendo un orgasmo sólo de recordarlo) Esa secuencia me gusta tanto que la plagié con todo descaro para el final de mi novela "La mansión Dax". Menos es más, claro que sí.

Miguel Valle dijo...

Es que eso son palabras mayores. Supongo que conocerás la anécdota -creo que la cuenta Bogdanovich en alguno de sus libros-, cuando le preguntaron a Welles quiénes eran sus directores favoritos dijo: John Ford, John Ford, John Ford.

De todas maneras, no sólo es el uso del plano general o de la contención como "dogma" sino la capacidad de usar todos recursos cuando es necesario. Mismamente, el inserto que hace Carol Reed en El tercer hombre durante la conversación que mantienen Cotten y Welles en el Pratt o yendo al maestro, ese primer plano casi desenfocado en la aparición de Wayne en La diligencia.

Ufffff... "me se" ponen los pelos como escarpias.

Saludos

Miguel

PD: Million Dollar Baby me parece la última obra maestra del tito Clint. Sus últimas producciones me han dejado bastante frío :(

Anónimo dijo...

Me encantó la Mansión Dax, y que el personaje principal fuera un sieso fue muy buena idea . Por cierto, mirad que buena frase de Lem sobre el oficio de escribir:"con la edad me volví impaciente y ya no soportaba la dura labor artesanal inherente a ser un fabulador, pues convertir una iluminación, una fulgurancia que cruza por tu mente en obra literaria requiere mucho esfuerzo, pero no sólo mental, sino también físico.". Sabía lo que se decía.
Mazarbul

Anónimo dijo...

He descubierto una novela por internet que desconocía, el argumento viene al hilo del tema editorial. Su autor se llama Camilien Roy y la novela se titula "El arte de rechazar una novela", y va de eso, cada capitulo es la respuesta de un editor a un escritor (uno petulante, otro humilde, otro engreido, ...). Supongo que habrá algún capítulo en blanco.

https://www.casadellibro.com/libro-el-arte-de-rechazar-una-novela/9788402420992/1228324

Mazarbul

Andrés Espiño mejuto dijo...

Hola Cesar, primero te pido que por favor lo leas hasta al fina, te estare muy agradecido, buenas tardes soy un niño de secundaria muy fan tuyo y me encantan sus libros, sobre todo la estrategia del parásito porque nos los han mandado leer en el instituto y bueno nos hemos quedado todos con la intriga y nos encantaria que hicieses una segunda parte, todos los niños de primero estan asniosos por una segunda parte, bueno, pensaras el tipico niño y no le daras importancia bueno yo te pido que si al menos lo lees por favor mandame un e-mail para saber que al menos lo has leido, mi correo es: mvrix11@gmail.com muchas gracias.