lunes, septiembre 17

El oficio de escribir (II)



            Un escritor profesional debe tener muy claro que la literatura es un arte, pero la edición una industria. Cuando publicas un libro, estás lanzando al mercado un producto -cultural en este caso- que va a competir con otros productos en un mercado saturado. ¡Por Zeus!, ¿cómo me atrevo a llamar “producto” a una exquisita muestra de la creatividad humana? Vamos a intentar reflexionar un poco sobre el asunto.

            Hay quienes consideran que la literatura no debe ser mancillada por el dinero. Que escribir por pasta es una corrupción. Que un escritor honesto debe trabajar por amor al arte. Estupendo, es una opinión y una opción; pero no la mía. No me gusta, ni como lector ni como escritor, acercarme a la literatura con reverencia, como si fuera una diosa altiva y distante. Prefiero considerarla una amiga con la que jugar. Creo que, para escribir, es mejor desacralizar la literatura y contemplarla como lo que en realidad -o, al menos, desde cierto punto de vista- es: una mezcla de inspiración, técnica y juego (a lo que hay que añadir una cuantiosa exudación, claro). Además, qué demonios, un escritor profesional es aquel que se gana la vida escribiendo, así que en este caso la pasta interviene ineludiblemente.

            Antes de seguir, una advertencia: Publico mis libros con editoriales; es decir, de la forma tradicional. Pero existe la auto-edición y la auto-publicación. Yo jamás he empleado ese sistema; no sé cómo se hace y, además, soy un pelín escéptico. A los interesados en esta fórmula les recomiendo que recurran a un experto; por ejemplo, Ana González Duque, que sabe mil veces más que yo sobre el asunto.

            Aunque, en realidad no importa; sea cual sea la forma en que publiques, al final de lo que se trata es de escribir de manera lo suficientemente atractiva como para atrapar el interés de los lectores. Eso implica desplegar una amplia gama de estrategias. Comentaremos algunas.

            “Sobre qué demonios voy a escribir”. ¿Qué género te gusta? ¿Cuál será la temática de tu novela? En mi opinión, no hay géneros buenos y géneros malos, sino buenas o malas obras; pero lo que sí hay es géneros más o menos populares. Según una encuesta de 2014 el género preferido por los españoles es la novela histórica, seguido por la novela “sin género” y por la novela de aventuras (sea lo que sea que entiendan por eso). El género menos valorado es el ensayo. La ciencia ficción y la fantasía ocupan también puestos bajos. Claro que eso son respuestas de boquilla. ¿Qué pasa con las ventas?

            Según  Mediaworks, refiriéndose sólo a ficción, en 2017 el género más vendido, con nada menos que un 39 % de cuota de mercado, fue el Infantil-Juvenil (el 11,5 % de la facturación total del sector editorial). Otros géneros  con grandes ventas son la Literatura Romántica, la Novela Histórica y, a cierta distancia, el Thriller-Misterio.

            Quizá pienses que entonces hay que escribir sobre los géneros más populares. Lo malo es que en esos géneros también encontrarás más competencia, incluso para simplemente publicar. Pero aquí hay que hacer un par de aclaraciones. En primer lugar, que se puede triunfar con casi cualquier género, porque influyen otros factores; entre ellos, la calidad de la obra y su oportunidad.

            En segundo lugar, y esto es importantísimo, no puedes escribir guiándote sólo por razones mercantiles. Debes amar la escritura, debes intentar dar lo mejor de ti mismo, debes creer en lo que haces. Si no te interesa el tema de tu novela, ¿cómo va a interesarle al lector? Recuérdalo: Lo que escribas te pertenece a ti, debe salir de ti.

            Tener en cuenta la popularidad de los géneros no sirve para decidir qué tienes que escribir, sino más bien para señalar qué sería mejor que no escribieras. Por ejemplo, si te apetece escribir ciencia ficción hard, pues hazlo; pero no esperes muchas ventas, ni poder vivir de ello. Yo mismo: si no fuera escritor profesional, no escribiría lo que escribo. De entrada, no escribiría novela, sino relato corto. Y me dedicaría a un género, una especie de fantasía contemporánea, que sólo me interesa a mí y a cuatro gatos más. Afortunadamente, la paleta de mis intereses es extensa y puedo escribir sobre diversos temas y géneros.

            “¿Cómo sé que estoy preparado para publicar?”. Siempre he pensado que lo mínimo que se le debe exigir a un escritor es que domine la ortografía y la sintaxis, que maneje un vocabulario amplio, que no sea tonto y que redacte decentemente. Bueno, pues al parecer no es así. Amigos editores me han confesado que no pocos autores, algunos muy conocidos, escriben tan mal que hay que reescribirles sus novelas en la editorial. Vale, lo entiendo; pero no me parece profesional.

            Una editora, buena amiga mía, me contó que una de sus correctoras le había pedido que le diese siempre mis manuscritos, porque apenas le daban trabajo. Bueno, ¿qué menos se le puede exigir a un escritor?, pensé. Cometo errores al escribir, es cierto; de hecho, corrijo mis textos al menos cuatro veces, y aun así se me escapan muchos fallos. Necesito que alguien me haga una corrección ortotipográfica. Pero ¿de estilo?... Mi estilo es parte fundamental de lo que escribo y, más allá de eventuales repeticiones o cacofonías, jamás consentiría que alguien pretendiera cambiármelo. Afortunadamente, nadie lo ha intentado. En mi opinión, si le das tu manuscrito a un corrector, y el corrector interviene mucho en el estilo, una de dos: o el corrector es malo, o tu texto es malo (probablemente lo segundo). Un escritor profesional debe manejar con soltura las herramientas de su oficio.

            Volviendo a la pregunta original, ¿cuándo estarás preparado para publicar? Pues cuando lo intentes y lo consigas. Por supuesto, si te auto-publicas estarás preparado cuando te dé la gana, pero no hablo de eso. Si una editorial contrata tu novela y corre con todos los gastos de edición, por la fuerza de los hechos será evidente que ya estás preparado para publicar. Lo cual no significa, por supuesto, que estés preparado para profesionalizarte como escritor.

            “¿Por qué sigue leyendo un lector?”. No me refiero a por qué un lector escoge determinado libro y comienza a leerlo; lo que planteo es por qué, después de haber iniciado una novela, un lector prosigue la lectura. Parece una pregunta tonta, y probablemente lo sea, pero en mi opinión es una pregunta fundamental.

Hay varias posibles razones para seguir leyendo un texto. Por ejemplo, que la prosa del autor sea tan exquisita que el mero hecho de leerla, diga lo que diga, suponga un placer. Vale, seamos sinceros, ¿a cuántos novelistas leéis exclusivamente por su prosa? En lo que a mí respecta, sólo hay dos escritores que, por su prosa, me harían disfrutar hasta con la lista de la compra: el Cervantes de El Quijote y Gabriel García Márquez. Pero por lo general, en narrativa la prosa no basta.

            Otro motivo para continuar leyendo es que las ideas que se desprenden del texto te interesen mucho. O que la novela aporte información que te apetece conocer. O que el ambiente y/o momento histórico que describe el texto te fascine. O por cualquier razón que ahora mismo no se me ocurre. Sea como fuere, hay dos poderosos motivos para seguir leyendo:

1. Que te gusten y/o interesen los personajes. A fin de cuentas, si un personaje no te interesa, o es de cartón piedra, tampoco te va a interesar lo que le suceda. Ya hablaremos en otro momento de este asunto, pero quiero señalar que un buen personaje puede sustentar todo el armazón de una novela (como es el caso del Holden Caulfield de El guardián entre el centeno).

            2. Un lector sigue leyendo porque quiere saber qué va a suceder. O cómo va a suceder. O por qué va a suceder. Esta es la razón primaria para seguir pasando páginas: la curiosidad. Somos monos cotillas, nos encanta que nos cuenten historias. Pero queremos que nos las cuenten bien.

            Es evidente, ¿verdad? Pues no tanto. ¿No habéis leído alguna vez una novela que empieza muy bien, pero por la mitad se desinfla? ¿O novelas en principio interesantes que tienen grandes baches de ritmo? O esas novelas en las que de repente el autor se pone estupendo y se marca una descripción de dos páginas, o una interminable disertación. ¿Nunca habéis leído esa clase de cosas en diagonal? Es decir, una novela puede ser apasionante en general, pero tener partes aburridas. Y el peor pecado de un escritor es aburrir.

            ¿Sabéis qué es lo que más me cuesta escribir? No las escenas de acción, ni los diálogos a varias bandas, ni las introspecciones, ni las descripciones, nada de eso. Lo que más me cuesta escribir son las “escenas de transición”. Me refiero a esas escenas que son necesarias, porque hay que aportar información, o por continuidad argumental, o por razones de ritmo, o por lo que sea, que son necesarias, insisto, pero no interesantes. Es decir, en sí mismas son un coñazo. Entonces intento aportar algo, una anécdota, un diálogo brillante, un toque de humor, lo que sea para que la escena se anime un poco. Y si no se me ocurre nada, la hago lo más corta posible.

            Tengo la costumbre de dejar de escribir cada cuatro o cinco páginas y revisar lo último que escrito con una pregunta en la cabeza: “¿Esto tiene interés?”. A veces descubro que no lo tiene y, hala, a rehacer. En realidad, se trata, en parte, de algo a lo que doy mucha importancia: la “fluidez del texto”. Pero de eso hablaremos el próximo día.

 

            Si reflexionamos sobre cómo leemos y cómo nos influye la lectura, obtendremos sabias lecciones acerca de la técnica de la escritura. A fin de cuentas, el hecho literario no se produce cuando alguien escribe un texto, sino cuando alguien ha escrito un texto y otra persona lo lee. Es en el momento de la lectura cuando el texto cobra vida y concreción. Es decir, que tu libro se desarrolla en la mente del lector; por eso viene bien averiguar qué demonios pasa en esa mente.

           

17 comentarios:

Jane Jubilada dijo...

¿Por qué sigo leyendo hasta las tantas muchas noches? Creo que, como dices, por curiosidad. Me encanta que me cuenten historias y que me las cuenten bien. Y muchas veces no dejo una novela hasta enterarme de los porqués, de los cómo y de los cuándo.
Pero también es verdad que también releo mucho. Entonces, si ya me sé la historia ¿por qué la vuelvo a leer y a emocionarme en los mismos párrafos y a suspirar con pesar cuando la termino? Ahí ya interviene el embrujo de la palabra, la magia de los personajes y la trama, la maestría del escritor para manejar las emociones y llegar al fondo del alma, el momento en que la leo...
Mi agradecimiento al escritor que está al otro lado de mis libros amados. Él y yo, su lectora, establecemos una comunicación única.

Ana González Duque dijo...

Salir en un post tuyo es todo un honor. Lo he visto y he soltado un gritito de emoción, de verdad. Pero independientemente de esto, me está encantando esta serie. Creo que es oro puro para cualquier escritor que intenta profesionalizarse porque derrocha sensatez (y mucho sentido del humor) por los cuatro costados.
Yo sí que creo que al principio el que te corrijan el estilo es bueno porque, cuando empiezas, tu estilo es malo. A lo mejor el tuyo no, pero en mi caso, cuando empecé a escribir no era consciente de las cacofonías, ni de las repeticiones de palabras, ni de las coletillas en los diálogos, ni de que me hinchaba a acotaciones... en fin, todo eso que aprendes a medida que escribes y te corrigen. Y en ese punto es el que difieren la autoedición de la autopublicación. La autoedición creo que solo es válida en personas que tengan un gran bagaje literario y que no les haga falta un corrector, pero si no, está claro que si quieres que el producto (sí, producto, olé por ti) que llega al lector sea lo mejor posible necesitas contar con los mismos profesionales que cuenta una editorial: un corrector-editor, un maquetador y un portadista. Incluso unos lectores cero que te digan que aquello es un truño infumable y que lo reescribas hasta los cimientos.
Así que ya no sería autoedición, sino autopublicación porque lo que tú haces solo es publicar. Y trabajar el resto con un equipo.
Espero ansiosa la siguiente entrega :D (Y digo yo, ¿por qué no la conviertes así poco a poco en un libro? Yo estaría encantada de leerlo y seguro que como yo, muchos)

Adela Castañón Baquera dijo...

¡Vaya! Pues ya se lo han dicho (casi) todo, don César. Pero agradecer no es algo comunitario ni, pienso yo, repetido o plagiado, así que gracias por estas magníficas entradas. Y todo lo bueno que ya le han dejado dicho en los comentarios, simplemente lo suscribo. ¡Enhorabuena!

Joaquín dijo...

Como lector no voraz... Saber el porqué lee uno y sigue engullendo páginas deberá de ser porque cuando uno lee palabras honestas y bien significantes te atrae saber cómo seguirá el tema, creo.

Ahora bien das con la piedra de bóveda cuando dices qué pasa por el interior de la mente (o parecido). El que suscribe que ha leído a Freud cree que él tampoco lo sabe... Aunque tenga más idea él que la mayoría. A mi lo que me pasma es ver cómo la gente lee en el Metro o en al autobús..., yo no puedo; necesito para leer concentración como cuando estudio porque sino me despisto: se me va el magín no sé dónde. Incluso alguna vez que he leído ante un público muy corto ni me he enterado de lo que leo (a no ser que lo tuviera muy preparado).
Por cierto Cervantes tiene un su prólogo cómo hay que escribir; incluso le da un par de bofetadas (filosóficas) a Lope de Vega; pero eso ya lo sabréis.
Don César lo dejo aquí...
Saludos.

Óscar Iborra dijo...

Hola,
Leí la primera parte y me pareció maravillosa. No dejé ningún comentario porqie, sinceramente, no sabía qué decir: dijera lo que dinera me parecía poca cosa. No caí en la cuenta de que podía haberte dado las gracias por escribirlo, solo eso. Así que aquí va un doble agradecimiento, por esta entrada y la anterior.
Coincido con lo que te ha dicho Ana González Duque: poco a poco, convierte esto en un libro. De verdad que cada frase es oro, y cuando has dicho, refiriéndote a la fluidez del texto, que "de eso hablaremos otro día" el que ha soltado el grito de emoción he sido yo, de pensar que vas a escribir más maravillas como esta.
Tu frase de que el peor pecado de un escritor es aburrir no sólo la tengo grabada a fuego, sino impresa y puesta a la vista como recordatorio.
De todo lo bueno que has dicho en esta entrada y la anterior, y que es mucho y a lo cual ya digo que no voy a hacer justicia con mi comentario, la pregunta de qué es lo que hace que un lector.lea una nobela, pase la página y siga leyendo, ha sido como si me sacudieran entero y me espabilaran del golpe. Me he acordado inmediatamente de cuando leí 'Leonís': leída en dos días y porque por trabajo no pudo ser en uno. ¿Por qué seguía leyéndola? Porque ni podía ni quería parar, estaba en Umbría, literalmente, viendo y oliendo el sitio, deseando saber más y más; qué pasa luego, y luego... y prendido por completo de su relación con la.mitología celta y el modo de narrarlo. Vaya, que me encanta el libro, ¿se nota, no? Y esa sensación es la que quiero evocar en quien lea algo mío: que no se aburran, lo primero, y que el mundo que cree y cuente sea tan real y quieran tanto de él que deseen pasar a la página siguiente mientras va quedando un poso en lector, poco a poco.
En fin, que espero ansioso lo que esté por venir. Un abrazo.

Óscar Iborra

Óscar Iborra dijo...

Perdón por algunas erratas: un 'porquie' en lugar de 'porque', 'dijera lo que dijera', 'nobela' con b (madre mía...) Soy torpe escribiendo con el móvil. Pero juro solemnemente que sé que novela es con uve ;)

Ricardo Reina Martel dijo...

Me han recomendado el post, me dijeron que me vendría bien. Acabo de publicar mi primer libro y este mundo de la edición es una locura, lo admito. No tenía ni idea.
Gracias, lo he leído varias veces, y continuaré haciéndolo al igual que continuaré escribiendo ¿Quien es capaz de detenerse en este proceso que le lleva a uno la vida? Aunque tantas veces conlleve el retirarse y esconderse bajo el caparazón.

Muchas gracias

Carlos dijo...

César, ésta serie liga muy bien con la antigua "En la mente del escritor" (Entradas de septiembre a diciembre de 2007). ¿Tanto hace que té sigo? ;)

Si aceptaras el "reto" de Ana González, yo veo claramente las dos partes: 1) El oficio de escribir; y, 2) César Mallorquí, en la mente del escritor. Y, si además de tus escritos añades una selección de los comentarios de cada una de las entradas té quedaria un librito muy interesante.

Un saludo.

César dijo...

Jane Jubilada: Planteas otra excelente pregunta: ¿Por qué releer? No interviene la curiosidad, porque ya sabes lo que va a pasar, ¿entonces? Creo que, como señalas, es para reencontrarte con unos personajes que te han enamorado, o también para recuperar el "ambiente" que genera el texto. O por la prosa, claro.

Ana González Duque: Si apareces en el post es porque te lo mereces; aunque tampoco creo que sea un gran honor pasarse por Babel (un blog que se confiesa dedicado a lo que no sirve para nada). Respecto a la corrección de estilo, quizá me he explicado mal. Claro que está bien que a un escritor bisoño le corrijan el estilo; así se aprende. Lo que pretendía decir es que si tienen que corregirte mucho el estilo, entonces aún no estás preparado para publicar. Y cuando hablo de corrección de estilo no me refiero sólo a cacofonías, repeticiones o muletillas, sino a errores más profundos que afecten a la sintaxis o a la estética y/o la comprensión del texto. Y claro que yo tenía un estilo torpe y desmañado al principio. Nadie nace sabiendo.

Respecto a lo de convertir estas entradas en un libro... Ufff, qué pereza. Si escribo para el blog, que es gratis, no cuido tanto el detalle. Si convirtiese los post en un libro, que cuesta dinero, me sentiría obligado a, entre otras cosas, añadir ejemplos que ilustrasen lo que digo, lo cual implicaría buscar textos, transcribirlos y comentarlos. Ay, me canso sólo de pensarlo... Así que, de momento no. Lo que sí he pensado más de una vez es escribir un manual de escritura para niños y adolescentes... pero de nuevo me vence la pereza.

Adela Castañón Baquera: Muchas gracias, eres muy amable Adela. Pero me veo obligado a recordarte que según las ordenanzas municipales de Babel está prohibido emplear el usted. Por esta vez no te multaré, pero que no se repita ;-))

Joaquín: Yo sí puedo leer en lugares públicos. De hecho, cuando era jovencito llevaba siempre colgando del hombro una bolsa con un libro dentro, para poder leerlo en cualquier parte. Por cierto, cada vez que me llamas "don César" me creo que soy El Coyote. De tú, amigo mío, de tú.

Óscar Iborra: Me alegro muchísimo de que te interesen estas entradas. Eso que cuentas de que al enfrentarte a la pregunta "¿Por qué sigue leyendo un lector?" ha sentido una sacudida es una magnífica señal. Significa que has tomado consciencia de algo que, por evidente, es fácil pasar por alto. Reflexionar sobre esa pregunta viene estupendamente.

¿Sabes?, cuando en el post decía que, si por mí fuese, me dedicaría a "una especie de fantasía contemporánea, que sólo me interesa a mí y a cuatro gatos más", me estaba refiriendo precisamente a "Leonís" (y a un relato mío llamado "El jardín prohibido"). Me alegro mucho de que tú seas uno de los cuatro gatos que les gustó.

Respecto a convertir estas entradas en un libro, te remito a la respuesta que le he dado a Ana. Pero te haré un resumen: Soy un vago. Ah, no te preocupes por los errores tipográficos. El que situó en el teclado la b y la v juntitas era un sádico.

Ricardo Reina Martel: Gracias a ti por tu comentario. Y suerte con la escritura, porque, en efecto, el mundo de la edición es una absoluta locura.

César dijo...

Carlos: Pues sí, ya hace tiempo que merodeas por Babel. Eso te garantiza un elevado grado en esta sociedad tan secreta que ni sus miembros saben que pertenecen a ella. Pues sí, digamos que esta serie de posts sería algo así como una prolongación de "En la mente del escritor". Pero en cuanto a convertirlo todo en un libro, te remito a mi respuesta a Ana González Duque.

Juan H. dijo...

Genial post César, como siempre, no se puede explicar más claro, la escritura y la edición, es un mundo aparte, me recuerda a la jardineria: el escritor planta algo que riega, cuida y trabaja durante mucho tiempo y que no sabe muy bien cual es el resultado final, porque depende del tiempo, de las plagas, de la tierra... y el editor es el jardinero que prepara con su poda, los tiestos y los envoltorios, para su venta en el mercado. Yo sigo leyendo tambien por cuirosidad y entretenimiento (por esta última razón dejo de leer los libros que son muy aburridos),creo que leer nos hace ser un poco mejores, y aprovechando ¿Podrías recomendarme algún libro tipo ensayo sobre mitologia celta? Un abrazo!
Juan H.

Carmen Cabeza dijo...

Completamente de acuerdo con tu post

César dijo...

Juan H: Hay muchos libros sobre mitología celta. Por ejemplo; "Mitología celta: druidas, dioses y héroes", de Ross Garland. Sobre la cultura celta en general: "Los celtas", de T. G. E. Powell. Sobre la religión celta: "Druidas: el espíritu del mundo celta", de Peter Berresford Ellis. Y, aunque no habla sólo de los celtas, ni es un manual de mitología, te recomiendo "La diosa blanca", de Robert Graves.

Juan H. dijo...

Muchas gracias, César, si que hay para leer, yo tengo el de Druidas y los celtas de Powell lo lei en la biblioteca, pero me agencio el de Robert Graves y el de Garland que no conocía, Muchísimas gracias!!!
Juan H.

Mariana Eguaras dijo...

Agradecida de que un escritor como tú empiece este texto diferenciando la literatura de la edición, el arte del negocio; algo que vengo repitiendo hace años. Ahora diré: "Lo dice César Mallorquí", y no se animarán a retrucarme. :D

Gracias por esta serie.

Daniel Alejandro Escobar Celis dijo...

Excelente artículo. Has dicho unas cuantas cosas que estoy empezando a internalizar. Tengo poco tiempo tomandome en serio la escritura, por lo que sigo en fase de aprendizaje absorbiendo todo lo que pueda.


En lo personal me gusta como escribía el GABO. La manera como "cuenta" sus historias es magistral. Y hago énfasis en contar porque una de las primeras criticas que nos hacen a los escritores noveles es que mostremos en vez de contar. Sin embargo Gabriel era único en su estilo, podía escribir una novela completa contando casi todo sin dejar de enganchar, no recuerdo haber leído a otro con ese poder. Borges por ejemplo tiene escritos en los que también cuenta mas de lo que muestra. No obstante, si bien lo admiro y pienso que era un gran escritor con cuentos geniales, no me gusta mucho su estilo.

En cuanto a prosa podría nombrar a Lovecraft y a Cotrina que me encantan por razones opuestas. Del primero me gusta su lenguaje plagado de adjetivos y el aura que da su manera de escribir. Del segundo me gusta su estilo pulido y directo, sin florituras y con esa gran fluidez.

Lo de las escenas de transición es muy cierto, yo estoy procurando tener mucho cuidado. Algunas me provocan borrarlas pero suelen ser necesarias por continuidad y porque hay que darle un respiro al lector. A diferencia de mis primeros escritos con los últimos no se han quejado de aburrimiento o de que mis personajes sean planos. Con mi última historia la mayor queja fue que se quedaron esperando mas y que se terminó demasiado pronto. Eso es un progreso, espero mejorar mucho mas en la novela de fantasía que estoy escribiendo.

César dijo...

Mariana Eguaras: Gracias a ti :-)

Daniel Alejandro Escobar Celis: A quienes están comenzando en esto de la escritura siempre les recomiendo que empiecen con las distancias cortas. Es decir, primero el cuento breve, luego el cuento largo, la novela corta y finalmente la novela. Se aprende mucho y las decepciones son más llevaderas. Piénsalo: un cuento corto requiere muy poquita técnica. Una novela larga, mucha.