miércoles, junio 5

¿Vale la pena ser escritor?


 
            Con frecuencia, cuando voy a una librería y contemplo la inmensa cantidad de libros que se publican, me pregunto qué sentido tiene ser escritor. ¿De qué vale añadir un título más a los millones de títulos que ya se han impreso? Es como arrojar un vaso de agua al mar: no sirve para nada. Resulta descorazonador, os lo juro.

            Aunque claro, te sabes escritor, eres un “artista”, la gente te lee, te alaba, ganas premios, te invitan a participar en eventos, te llaman maestro, te suben a un altar. Y te sientes importante. Pero luego, cuando te quedas a solas y dejas de darle lustre al ego, comprendes que en realidad no has conseguido nada. No has hecho avanzar la literatura, no has creado nada realmente nuevo, lo que escribes no cambiará nada. Y te sientes un farsante, un impostor (incluso hay un síndrome al respecto).

            Pero a veces…

            Hace años, un padre se puso en contacto conmigo a través del blog. Me contó que su hijo Jordi, de 14 años, era autista y sólo le interesaba leer manuales de instrucciones y folletos. El buen hombre intentaba aficionarle a la literatura, así que compraba novelas juveniles y se las leía, pero Jordi no le prestaba atención. Un día, por pura casualidad, comenzó a leerle una novela mía, Las Lágrimas de Shiva. Al cabo de un rato paró y se fue al salón; y, al poco, apareció Jordí y, por primera vez en su vida, le dijo: “¿Puedes dejarme ese libro para acabar de leerlo?”.

            Huelga decir que me sentí orgulloso como un pavo. No, mejor que orgulloso: me sentí útil. Me sentí un mago. Había formulado un conjuro (mi novela) y había obrado un milagro.

            Hoy, años después, he vuelto a experimentar lo mismo. Tengo una “alerta Google” que me avisa cada vez que aparece mi nombre en Internet (en general para informarme de que alguien está pirateando mis libros), y esta mañana me ha llegado una. Es un reportaje de la revista electrónica Ideal, y trata sobre un joven andaluz, Ismail Fernández, que acaba de publicar un libro, “Mi amigo Inseparable” (editorial Alhulia). En realidad, el tema del reportaje es la superación personal, porque, a causa de complicaciones en el parto, Ismail padece parálisis cerebral y sólo puede utilizar la mano izquierda. Pues bien, un párrafo del texto dice lo siguiente:

            (Escribir ‘Mi amigo inseparable’) “ha sido un ejercicio de introspección”, afirma. También de revivir etapas con una fortísima carga emocional. Como la infancia. Cuando los niños, ignorantes –bendita ignorancia– e inocentes –bendita inocencia–, lo trataban como a uno más. Sus años más felices. Una percepción que fue cambiando cuando entraba en la adolescencia. «Me di cuenta de que, sin serlo, me veían como alguien diferente». Una 'diferencia', prejuicios para algunos, que acarrearon pérdida de amistades y de que hubiera incluso quien le acusara de que le aprobaran asignaturas en el instituto por compasión. Aquello le dolió. Pero lo superó. Salía menos que sus amigos, pero se divertía tanto como ellos gracias a lecturas que le marcaron, como 'Las lágrimas de Shiva', de César Mallorquí. (Si quieres leer el reportaje completo pincha aquí).

            ¿Qué puedo decir? Pues que por cosas como esta vale la pena ser escritor.
            Gracias, Ismail; hoy me has alegrado el día.

11 comentarios:

Chiki dijo...

Vale la pena, claro, por sorpresas así. Felicidades, amigo.

Paula de Vera dijo...

Desde luego que vale la pena. Un beso enorme César y enhorabuena!!

Amparo dijo...

¡Ufff, me ha emocionado!

Juan H. dijo...

Esas muestras de agradecimiento son las mejores, porque salen de un sentimiento real , no de adulación superficial, y no hay palabras, la verdad, salvo que eres una gran persona al generar ese agradecimiento tan útil para muchos de los que te leemos y te hemos conocido mejor en la Fraternidad
Juan H.

Joaquín dijo...

Me parece honradez intelectual la que comentas en los primeros párrafos. Un tipo de "Confesión" a lo José Gaos cuando asume(s) la fragilidad de la limitación del conocimiento; y de que "todo" ya está escrito. Que decir eso no significa ni suicidio filosófico, ni suicidio literario, conste en acta. Pero que tampoco somos mónadas solitarias con ínfulas de descubrir no sé el qué... Tú honradez al decir lo que dices no deja de ser otra "confesión" de honradez. Chapó (chapeau en franchute).

Y, hacer feliz a los demás, y a los que tienen diversidad funcional -dicho sea de paso: así considera a OMS que hay que llamar a los discapacitados- es una de las más altas cotas de hacer(nos) más humanos y menos hijos de...
Enhorabuena, pues, César.

Unknown dijo...

La verdad es que eso sí que es un éxito. Aq hay que decir que los escritores que nos gustan aportan siempre algo, lo que pasa es que ellos no son conscientes ni lo saben, excepto cuando se les dice.
Mazarbul

César dijo...

Gracias a todos. Sólo quería compartir algo que me parece bonito.

Jorge Pastor dijo...

Hola, César. Soy el autor del reportaje en el periódico Ideal. Gracias por compartir.

César dijo...

Jorge Pastor: Excelente reportaje. Gracias por escribirlo.

Alberto Rodríguez López dijo...

Vale la pena y gracias por tu experiencia desde la honradez.

Alberto Rodríguez López dijo...

Y antes de terminar para siempre empezar un día será un honor para este eterno aprendiz que usted o uno de tus genios merodeadores de la torre visiten mi incipiente y pequeño blog http://fincasincerca.blogspot.com
Gracias maestro.