jueves, abril 16

Pensamientos de un escritor confinado



            Siempre me he esforzado en decirle a todo aquel que quisiera escucharme que lo que yo hago, escribir, es un trabajo como cualquier otro. Y es verdad, es un trabajo. Y es mentira: no es como cualquier otro. Es raro.

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            Dadas las características de mi trabajo (encierro y soledad), supongo que estoy mejor preparado que la mayoría para soportar con entereza el confinamiento. Y lo estoy. La única pega es que no tengo ni puñetera idea del día en que vivo. Si me dicen que hoy es jueves, me lo creo. Ah, pues sí, resulta que es jueves...

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            Me temo que tengo un pequeño problema. La semana pasada acabé la última novela que tenía programada, el segundo tomo de una bilogía infantil diéselpunk. Ahora estoy corrigiendo una novela que concluí a mediados del año pasado. La cuestión es que no tengo nada preparado para iniciar una nueva novela. Ningún argumento, ningún tema, nada de nada.

            Entonces me he dado cuenta de algo: las ideas de la mayor parte de mis novelas surgieron estando de viaje. Y no sé yo si ir del despacho a la terraza puede considerarse viajar.

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            Últimamente sueño mucho. O, mejor dicho, recuerdo mucho mis sueños. Quizá sea por el confinamiento, no lo sé; el caso es que mis noches se han convertido en el Netflix de Morfeo. Eso podría tener un lado positivo, porque algunas de mis ideas literarias han surgido de sueños. Pero resulta que estoy teniendo sueños muy poco interesantes. Por ejemplo, la otra noche soñé que iba a una tienda a comprar una pieza de recambio para una Vespa (que no tengo). Había más clientes, así que tuve que hacer cola (¡soñar con hacer cola!, hay que ser idiota). Cuando llegó mi turno resulta que había olvidado el nombre de la pieza y tuve que telefonear a un amigo para preguntarle. ¿De verdad alguien cree que vale la pena soñar con semejante estupidez? Joder, qué despilfarro de capital onírico.

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            Mis sueños tienen un patrón repetitivo (no solo ahora, sino desde hace años). Suelo soñar que deambulo por ciudades que, o bien conozco (como Madrid) pero son totalmente distintas a como son en realidad; o bien no conozco pero tienen un aspecto cochambroso; o bien conozco, o no, pero van cambiando conforme me desplazo por ellas, de modo que si intento hacer el camino a la inversa el paisaje urbano que encuentro es completamente diferente al que había visto antes. Vale, está muy bien eso de los paseos, pero un poquito de variedad, por favor.

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            Varias asociaciones promulgaron un parón de 48 horas de los profesionales de la cultura para los días 10 y 11 de abril, por la falta de medidas específicas por parte del ministerio para el sector. No voy a entrar en la justicia o no de esas demandas, pero os juro que es la huelga más estúpida que me he echado a la cara (de hecho, se desconvocó). Por amor de Cthulhu, en las actuales circunstancias ¿quién demonios se iba a enterar de si los profesionales de la cultura paran o no? Me suena a eso que hacen los niños de amenazarte con no respirar si no les das lo que quieren.

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            Más de una vez lo he dicho: la educación es una necesidad, la información también, pero la cultura artística es un lujo. Y enseguida se me echan encima diciéndome cosas como “Para mí leer es como respirar”, o “La vida sin música no tiene sentido”, y otros tópicos semejantes. Vamos a ver, la vida sin arte sería mucho más triste, insípida y aburrida, sin duda, pero seguiría siendo vida. El arte, tal y como hoy lo entendemos, surge cuando aparece una amplia burguesía dispuesta a consumirlo. Porque el arte es un lujo de las sociedades prósperas.

            Alto ahí, me diréis; hasta las sociedades más primitivas tienen formas artísticas. Pues sí, pero los miembros de esas culturas no consideran que eso que hacen sea arte en el sentido que nosotros lo entendemos, sino más bien algo relacionado con lo sagrado, lo identitario o incluso lo erótico. En la actual civilización occidental, los profesionales de la cultura somos, aunque no lo sepamos, trabajadores del lujo (lujo democratizado, pero lujo a fin de cuentas), así que no nos extrañemos si, en caso de crisis, estemos de los últimos en la fila de las prioridades. Gajes del oficio, amiguitos. Y ya sé que no estáis de acuerdo conmigo, no hace falta que os apresuréis a apilar los troncos de la hoguera donde merezco arder.

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            Al disponer de más tiempo de lo usual, visito con más frecuencia Facebook. Allí formo parte de varios grupos de escritores, algunos de ellos dedicados sobre todo a los aspirantes a escritor. Me resulta conmovedora la inocencia y la ilusión de eso noveles, lo despistados que están, los mitos y estereotipos que manejan. Con el tiempo aprenderán, seguro.

            Pero hay algo que me cabrea mucho: Las editoriales (?) de coedición; es decir, las supuestas editoriales que cobran al autor por publicar su libro. Según ellos, se comprometen a corregir, maquetar, imprimir, distribuir y publicitar la obra; pero a la hora de la verdad, se limitan a aplicarle al texto un corrector automático, a maquetarlo de cualquier manera, imprimen poquísimos ejemplares, lo distribuyen en un par de librerías de barrio y, con suerte, insertarán dos anuncios en alguna rede social. Son un puñetero timo. Y lo mismo puede decirse de esas editoriales (?) que no cobran por editar, pero que exigen por contrato vender un mínimo de ejemplares (50 o 70) en la presentación del libro. Y, si no se consigue, el autor debe comprar personalmente los ejemplares que falten para cubrir el cupo. Timo también.

            Me indignan esos cabrones que ganan dinero abusando de la ilusión y la ingenuidad de la gente, engañándolos con promesas vacías y mentiras. Son buitres, ratas, miserables que emponzoñan una actividad tan noble como la escritura y la edición. Vamos, que me ponen de muy mala leche.

            Más de una vez he dicho, dirigiéndome a los noveles, que publicar un libro de esa manera no sirve para nada más que para perder pasta, que hacerlo así no tiene ningún mérito. Que cuando publicas un libro con una editorial “normal” ya puedes sentirte orgulloso, porque eso significa que tu texto ha sido valorado y ha pasado por varios filtros. Aunque no vendas nada, da igual; te has puesto a prueba y has dado un paso adelante. Y si tanta prisa tienes por publicar, recurre a la autopublicación. Te resultará más barato. Pero, claro, no me hacen caso. O sí, la verdad es que no lo sé.

* * *

            Como todos vosotros, me estoy dando atracones de series. He visto, por ejemplo, la tercera temporada de Ozark. Creo que ya os he hablado de esta serie de Netflix; y si no lo he hecho, lo hago ahora: durante sus dos primeras temporadas, Ozark ha demostrado ser una serie muy, pero que muy buena. Un thriller excelente.

            Pero con la tercera temporada ha dado un paso adelante y se ha convertido en una serie magistral, la mejor de Netflix y, probablemente, una de las mejores series dramáticas en emisión, si no la mejor. No voy a contaros el argumento, ni a hacer spoilers; sólo os diré algo: el final de la tercera temporada es... bueno, sencillamente te deja sin aliento, petrificado, preguntándote si realmente has visto lo que has visto, y con una imagen en la cabeza que tardará tiempo en borrarse.

            Hacedme caso: ved Ozark. Y esto se lo recomiendo especialmente a los escritores, aficionados o profesionales, porque Ozark es todo un manual sobre cómo desarrollar tramas y diseñar personajes. De nada.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí, lo de la inspiración es un problema. Si en su mayoría los temas te surgen de viajes, pues lo tienes complicado por partida doble. Primero porque sin temas no hay novelas, y segundo, si intentas desgravarte los gastos de las vacaciones como si fueran parte fundamental de tu trabajo, a ver cómo convences a Hacienda. jajaja,

Por contar una anécdota, hace años publiqué un libro. Con el tiempo me quedé parado. Un año de esos en el que ingresaba menos que un pescador boliviano, Hacienda me hizo una paralela. ¿una paralela, me dije, si estoy tieso y sin trabajo? Y cuando fui a Hacienda, me suelta una señora: hemos detectado que tiene usted no declarada una actividad laboral y lucrativa (y esto último lo remachó lentamente, como si masticara cristales). Me quedé mudo, le dije que llevaba tiempo en paro y que no tenía ingresos (tenía pero menos de una cuantía mínima y podía no declararlo). Bueno, pues la mujer me tuerce la pantalla del ordenador y me enseña el librito mío, sonriendo. Y empezó a hablarme de la Catedral del Mar y del autor.....partete...me tuve que poner a explicarle que no todos los que alguna vez escribíamos publicábamos, y que los que publican, en su mayoría no se comen un colín. La señora se pensaba que debía de tener toneladas de dinero negro debajo del colchón, de risa. Al final, pareció entenderlo y me dejó marchar sin pasarme al calabozo.

Y lo de cultura llevas razón totalmente, es un lujo. En cuanto estuve tieso recorté gastos por ahí. Qué le íbamos a hacer, no voy a recortar en vestir o comer. Salidas y cultura. Tristemente.

Le echaremos un ojo a Ozark. Esta semana terminé la de El Espía, del espía israelí que se infiltró en el partido baaz sirio. Estupenda, sobre todo al que le gusten los espías de antaño. Y solo 6 cap. Nada de 500 temporadas agotadoras.

Un abrazo....y no dejes de escribir porfa
Mazarbul

Juan H. dijo...

Hola César!! por aquí sigo vivo y dando que hacer, me salté unas entradas porque ando liado con el curro y he leido pero no comentado, soy un desastre, mil perdones he faltado a mi autoimpuesta cita con la Fraternidad, expulsadme sin honores, me lo merezco, en fin, te mando muchos ánimos, ante todo por lo que pasa y supongo que estás pasando, creo que ni en las novelas de ciencia ficción nos habíamos imaginado un presente no tan terrible como muchos libros, pero tan real que creíamos que sólo pertenecía a nuestra imaginación.
Los sueños, últimamente , en fin, yo antes soñaba historias y cosas así, como trozos de película y la mayoria ahora son un fundido en negro, creo que estoy volviendo un poco tarumba o tienen que ver con el curro sanitario llego muerto a casa.
Tu inspiración siempre estará ahí, confesémoslo, tu mente es como un parque de atracciones, no te hace falta viajar para imaginar las grandes historias que nos cuentas y una salida a la terraza te da para una buena novela o varias.
Creo que los profesionales de la cultura, sois imprescindibles, sobre todo para las personas con algo de cultura y no para los borregos, por eso un parón no llamaría la atención, y eso lleva a pensar que estamos rodeados de burros, igual hasta soy un asno de primera.Para la gente culta sois los primeros porque nos hacéis disfrutar y nos abrís un poco la mente obtusa que tenemos y eso nos ahce mejores y mejora la sociedad que falta le hace.
Sobre la autoedición completamente de acuerdo, haber si algún día me publican algo aunque sea por pena, je,je
Veré Orzark, gracias por la recomendación y ¿Has visto Historias del Bucle? hay episodios que ME gustan y otros que no tanto, es una mezcla entre el Pueblo de Zenna Henderson y algo de Philip K. Dick un poco lento pero plantea ideas interesantes.
Un abrazo muy fuerte para tí y toda tu familia, mucho ánimo y gracias por estar ahí!!
Juan H.


Amparo dijo...

Yo lo llevo tan mal que solo leo coas tuyas y de alguna que otra persona; pero lo que dices hoy lo voy a partirlo porque hay mucho timo y l peor es que la gente se lo cree y pican.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Hace tiempo escribía mucho y decidí dejar de escribir. Me busque un trabajo y casi al mismo tiempo encontré uno de esos lugares donde se encuentran libros usados a módico precio. Ahora tengo una interminable librería en el desván de mi casa. Necesitare varias vidas para leerlos todos. Mi madre, una gran lectora que enviudo hace bastante tiempo si los leyó todos. Por ese motivo en cuanto se queda sin material lector voy a comprar otros, algunos los tengo incluso repetidos por lo complicado que es memorizarlos todos o seguir la ruta de titulo y autor. Esos repetidos los regalo. Como asidua a las bibliotecas y penalizada siempre por no conseguir ser una rápida lectora si leo uno que me gusta perteneciente a ellas y lo veo para comprar allí, a veces ocurre, lo compro para tenerlo. Y compartirlo con mi madre. Me encanta aportarle algo que llene su alma y le haga soñar...y ademas llenarme de libros :)

En cuanto a series en este confinamiento estoy viendo Outlander. Voy por la quinta temporada, me encanta que solo en la primera temporada haya resumido si no todo lo que intente escribir y publicar, sin tomarme mucho la molestia, lo cuenten ahí. Me fascinan sus peripecias y sus giros argumentales y esos finales que te dejan con el corazón en vilo.

Gracias por tu blog, me alegra ver que sigue cumpliendo años lleno de inteligencia y humildad. Con empuje suficiente para seguir acompañándonos muchos años mas. Un abrazo. Begoña

César dijo...

Mazarbul: La inspiración es como los ovnis: todo el mundo habla de ella, pero nadie sabe lo que es. En mi caso, salvo excepciones, consiste en darle tralla a mi cerebro obligándolo a poner en movimiento la parte subconsciente. Lo intento, busco ideas conscientemente, pienso y pienso... y no obtengo nada. Hasta que un día, de repente, una lucecita se enciende en mi cabeza y aparece lo que estoy buscando. En realidad, tengo montones de ideas, muchas de ellas anotadas en un cuaderno, pero lo que busco es una idea que me interese tanto como para dedicarle cinco o seis meses de mi vida.

Ahora (desde ayer) ya he encontrado un tema. Es algo muy general, pero por fin he conseguido focalizar mi mente. Ahora estoy a la búsqueda del argumento. Eso suele ser más sencillo. Cruzo los dedos.

Juan H: Gracias por tu confianza en mí; me reconfortas. Como le digo ahí arriba a Mazarbul, la maquinaria creativa de mi dura cabezota ya está en marcha. Vi el primer episodio de El Bucle y me dejó buen sabor de boca; más por el ambiente que crea que por la historia en sí. Seguiré con ella. Un abrazo.

Amparo: Ánimo, mujer.

Begoña: No te preocupes: yo también tengo más libros de los que puedo leer en una vida. Y algunos, como tú, repetidos, lo que me da muchísima rabia cuando me doy cuenta. Yo también veo Outlander, pero reconozco que la única temporada que me gustó plenamente fue la primera. Besos.

Andres Lara dijo...

Hola amigos que excelente blog, E comenzado el mio personal y quisiera que lo conocieran con todo respeto para ser algún día como este https://verboescritura.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Sugerencia para un nuevo proyecto (no literario): ¿Has pensado, César, en adaptar a guión alguno de tus cuentos fantásticos? Estoy seguro de que tanto Movistar, como HBO (España) o Netflix (España) estarían bastante interesados en hacer una serie (entre 6 y 8 capítulos) de historias independientes y autoconclusivas tuyas.

Yo dejo caer la idea. Te sugiero formato corto (20-30 minutos por episodio) que es lo que buscan ahora las plataformas de streaming. Y pensando en que mucha gente las verá en la tablet o en el móvil.

Un saludo y cuídate mucho
(de parte de un guionista que te sigue)



César dijo...

Anónimo de las 9:52: Bonita idea, pero muchos de mis cuentos son difícilmente adaptables. Algunos porque sería demasiado caro producirlos, y otros porque son demasiado literarios. Por ejemplo, mi relato más célebre, "El rebaño", necesitaría un pesado narrador en off todo el rato. Pero gracias por la sugerencia. Un abrazo.

Maru dijo...

Me ha encantado tu monólogo, muy ocurrente, no te había visitado y viendo los blogs que sigue La azotea de Molina, te encontré. Seguro que repito. Muchas gracias y saludos.

César dijo...

Estelas de vida: Bienvenida a Babel, amiga mía. Es una alegría que merodees por aquí.

Javier Albizu dijo...

Hola César.

Aquí alguien que también intenta escribir en tiempos de confinamiento. Por suerte, la escritura no es mi modo de vida.

Soy alguien que lleva cerca de treinta años escribiendo... pero que jamás ha publicado nada más allá de la red de redes.
Según la hoja de cálculo en la que voy registrando mis progresos, y si me quedo sólo con las versiones... "finales", hace tiempo que superé las 2.000 páginas escritas y me acerco al millón y medio de palabras mías disponibles en internet.
Claro está, estos números en sí mismos no dicen nada acerca de su calidad. En todo caso, hablan mucho de mi cabezonería, de mi inconstancia y de mi incapacidad para formar frases coherentes.

Porque, no importa que haya revisado un texto una o veinte veces. No importa que lo haya hecho solo o que me hayan echado una mano. No me importa que un tercero me haya dicho que está bien. Cada vez que releo cualquier texto mío, lo único que quiero es prenderle fuego y empezar de nuevo desde cero con él.
Y, cómo no, cada revisión pasa a ser una nueva "primera versión".

En estos momentos me encuentro en el proceso de revisión / corrección de uno de estos textos. Un relato de ciencia ficción que aún está lejos de haber llegado a su final pero que, dada la extensión que va alcanzando, en estos momentos ya está repleto de errores, horrores e inconsistencias.
No sé si como excusa para sacar a mi mente de este dilema, se me ha ocurrido una idea de bombero.
Entre mis muchas dudas, me ha dado por preguntarme por cómo afronta cada escritor / creador este proceso.
Lo que he encontrado en la red a este respecto no me ha resultado de gran ayuda. Los artículos tienden a centrarse en aspectos que poco tienen que ver con las dudas e inseguridades que me asaltan siempre que me pongo a hacer algo como esto.
Así pues, me he dicho "igual tengo que ser yo quien escriba lo que necesito".
Aunque, claro, ¿hasta qué punto puede ser mi manera de afrontarlo útil para otros?

Y aquí estamos.
Me he puesto en contacto con todos aquellos a los que llevo tiempo siguiendo que se enfrentan a estos mismos dilemas.
Porque, hasta donde he leído a otra gente, esta es una sensación común. Algo que sucede tanto al novato como al veterano.
Para que esto tenga sentido, quería ver distintos puntos de vista a este respecto. Conocer, desgranar, intercambiar y exponer cómo sortean estos escollos cada uno. Cómo entienden todo el proceso desde la idea inicial hasta que se da el texto por “terminado”.
Lo cierto es que no tengo pensado nada especialmente estructurado. Mi idea es que esto sea una conversación que evolucione según vamos hablando.
Mi idea es la de entrevistaros y, a partir de eso, tratar de escribir un artículo o una serie de artículos en el que se reflejen los distintos acercamientos (de haberlos) a este respecto.

No sé si estarías interesado en participar en algo así.

César dijo...

Javier Albizu: Una vez que he publicado algo, rara vez lo releo. Porque cuando lo hago, lo único que veo son los errores. Y no ya los errores, sino también lo que no está mal, pero podría escribirse mejor. Hace no mucho, tuve que releer dos novelas mías para escribir las continuaciones y fue frustrante. Porque un texto ya publicado no se puede tocar, no se puede corregir, es aplastantemente definitivo.

Si esto es así con textos ya editados, ni te cuento lo que me sucede cuando el texto está en proceso de escritura. Todo son dudas y temores y frustraciones. Da Vinci dijo -refiriéndose a la pintura, pero es aplicable a la escritura-, que un cuadro no se termina, se abandona. Pues eso es lo que hago. Escribo una novela, la corrijo cuatro o cinco veces y me digo que ya está, que ya vale, y lo dejo. Aunque en el fondo de mi ser, sé que ni está ni vale. Pero en algún momento tengo que terminar, ¿no? Así que termino, pero con todas las dudas del mundo. Por otro lado, me digo a mí mismo que, aunque escribiera el texto más hermoso del mundo, un texto perfecto, no podría saber si puede mejorarse o no. Escribir es dudar.

Te digo esto porque, por mi parte, estaré encantado de participar en lo que propones, cuenta conmigo. Pero que conste que no he encontrado la forma de "sortear esos escollos". El escollo está ahí y yo me estrello contra él. Lo único que hago es, pese a todo, seguir adelante.

Anónimo dijo...

Creo que el gran problema es la subjetividad de todo el proceso. De ahí la necesidad de tomar distancia con los textos temporalmente y de q otro lo revise. Pero como bien dice Cesar, hay q vivir con la duda. Fijaos en kafka. Hoy celebramos sus obras pero el hombre intentó hacerlas desaparecer de lo poco q le gustaban. Terrible ¿no?

De todas formas, entiendo javier q te refieres a problemas estilísticos, de redacción, vamos. Yo alguna vez he hecho cosas (con textos míos y de otros autores) como colorear los adjetivos de un color, de otro los sustantivos, o las imágenes, hacer esquemas de las oraciones y cosas así. Pero cada autor tiene su estilo. Y tener uno propio es difícil. Por eso siempre he pensado q imitar a autores no es mal ejercicio. Al menos tienes un modelo al q atenerte, quizá con el tiempo se vaya uno distanciando. Es como la pintura o el dibujo.

O quizá tb haya q aceptar que no seamos los mejores del mundo sino unos desconsolados trabajadores de la pluma, y tirar palante.

Suerte en cualquier caso.
Mazarbul