Un dicho oriental dice: “Cuando Dios quiere castigar a las personas,
las hace vivir en tiempos interesantes”. Pues debemos de haber sido muy
malos, porque anda que no son interesantes los tiempos. Interesantes en
especial para los que somos aficionados a la ciencia ficción, porque ahora mismo,
delante de nuestros ojos, estamos contemplando la forja de una distopía.
Y no una distopía cualquiera, qué
va, sino la transformación de Estados Unidos, el país más poderoso del planeta,
en un estado fascista.
¿Fascista? Un momento, ese término
se ha empleado tanto y tan alegremente que ya casi no significa nada. A
cualquier cosa que suene un poco derechosa se la tilda de fascista. De hecho,
habrá quien diga que Estados Unidos ya era un país fascista. Pero no, USA
podría ser mil cosas chungas -era un imperio, con todo lo malo que tienen los
imperios-, pero no era fascista en el sentido literal de la palabra. Yo me
estoy refiriendo a un fascismo similar al que surgió en Europa durante la
primera mitad del siglo XX y acabó provocando la Segunda Guerra Mundial.
Así pues, mi tesis es que Estados
Unidos es hoy una nación protofascista. Es decir, en proceso de convertirse en
fascista. Para demostrarlo, voy a enumerar los elemento básicos que componen el
fascismo y a compararlos con la situación actual del país:
1. Ultranacionalismo
- La nación se presenta como
superior a las demás.
- Se exalta la identidad nacional,
cultural o racial.
- Rechazo de influencias
extranjeras.
Aquí basta con recordar el lema “Make
America Great Again”. MAGA.
2. Autoritarismo
- Rechazo de la democracia liberal.
- Concentración del poder en un
líder fuerte.
- Eliminación o control de la
oposición política.
Trump cumple los tres puntos de sobra.
3. Culto
al líder
- El líder es presentado como
carismático, infalible y salvador.
- Se fomenta la obediencia
personal.
- Propaganda centrada en su figura.
Aquí no hace falta decir nada.
4. Glorificación
y uso de la violencia
- La violencia se ve como medio
legítimo para lograr objetivos.
- Idealización de la guerra, la
disciplina y la fuerza.
- Estética marcial (uniformes,
desfiles, símbolos).
Recordemos a los Camisas Negras de
Mussolini y los Camisas Pardas de Hitler. Los fascismos se caracterizan por
crear milicias de matones para hostigar a los disidentes y atemorizar a la
población. Trump tiene al ICE.
5. Antiliberalismo
y anticomunismo
- Rechazo de la democracia
parlamentaria y el pluralismo político.
- Hostilidad abierta al socialismo
y al comunismo.
Es proverbial el desprecio de Trump
hacia el parlamentarismo, y para él todo lo que no sea extrema derecha es socialismo.
6. Control
de la sociedad
- Propaganda masiva
- Censura
- Educación ideologizada
- Represión de disidentes
Gran parte de la popularidad de Trump
proviene de ser protagonista de un programa de TV. Quizá por eso tiene muy
clara la necesidad de controlar la opinión pública a través de los medios de
comunicación. Y aquí tenemos que preguntarnos qué poderes están detrás de
Trump. En gran medida, los megamillonario de Silicon Valley, los amos de las “nuevas
tecnologías”. Hitler tenía la radio; Trump tiene internet.
7. Populismo
nacional
- División del mundo entre: “el
pueblo verdadero” y “los enemigos internos” (intelectuales, minorías,
opositores)
- Uso del miedo y el resentimiento
social.
Hitler convirtió en enemigos malignos
a los judios. Trump ha hecho lo mismo con los emigrantes. “¡Cuidado con los
extranjeros, sobre todo si hablan español, porque quieren sustituirnos,
follarse a nuestras mujeres y comerse a nuestros perros y gatos!”. Por otro
lado, no cabe duda de que la imperfecta democracia USA ha dejado en la cuneta a
mucha gente incumpliendo sus promesas de trabajo y prosperidad. Trump ha
aprovechado ese descontento, ese resentimiento, para auparse al poder.
8. Economía
dirigida (pero no socialista)
- Propiedad privada permitida, pero
subordinada al Estado.
- Colaboración entre Estado y
grandes empresas.
- Supresión de sindicatos
independientes.
Aquí Trump se aleja del modelo clásico
fascista, Porque Trump es, básicamente, un multimillonario anarco-capitalista.
En teoría, a él le gustaría un estado reducido a la mínima expresión, un estado
homeopático, en un contexto de economía desregularizada en el que las empresas
compiten a muerte sin ataduras ni sindicatos. Pero, por otro lado, lo que Trump
quiere de verdad es convertirse en dictador. Lo que entra un poco en
contradicción con lo anterior. Pero Trump nunca ha pensado mucho las cosas.
9. Rechazo
del pensamiento crítico
- Desprecio por la razón, el debate
y la ciencia si contradicen la ideología.
- Uso de mitos, símbolos y
emociones.
Está claro el desprecio que Trump
siente hacia la ciencia; basta con tener en cuenta que ha puesto a un
antivacunas al frente de la salud del país. En cuanto a los mitos, Trump es el
campeón de las mentiras. ¿Y emociones? Eso es lo único que ofrece Trump: básicamente
odio, resentimiento e ira.
10. Estética
y simbología
- Símbolos simples y poderosos
- Gestos ritualizados
- Marchas, banderas, uniformes
- Mensajes visuales muy fuertes
Aquí Trump también se sale de la norma
–quizá porque la norma está un tanto anticuada-. Trump no necesita desfiles, ni
marchas con antorchas, ni escenarios faraónicos. Trump no necesita crear
espectáculo, porque él es el espectáculo.
Bueno, pues creo haber demostrado mi
tesis: Estados Unidos está en trance de convertirse en una nación fascista
gobernada por un líder autoritario carente de moral que ha convertido el
narcisismo en una de las bellas artes. ¿Ocurrirá? ¿Surgirá un contrapoder capaz
de frenar a Trump? Y si ocurre, ¿cómo nos afectará a nosotros?
Al principio de este post decía que
estamos contemplando el nacimiento de una distopía. Un tema de ciencia
ficción. Y como yo soy un friki de la ciencia ficción, seguiremos hablando de
este asunto en la próxima entrada.

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