viernes, enero 30

Heil, Trump!

 


            Un dicho oriental dice: “Cuando Dios quiere castigar a las personas, las hace vivir en tiempos interesantes”. Pues debemos de haber sido muy malos, porque anda que no son interesantes los tiempos. Interesantes en especial para los que somos aficionados a la ciencia ficción, porque ahora mismo, delante de nuestros ojos, estamos contemplando la forja de una distopía.

            Y no una distopía cualquiera, qué va, sino la transformación de Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, en un estado fascista.

            ¿Fascista? Un momento, ese término se ha empleado tanto y tan alegremente que ya casi no significa nada. A cualquier cosa que suene un poco derechosa se la tilda de fascista. De hecho, habrá quien diga que Estados Unidos ya era un país fascista. Pero no, USA podría ser mil cosas chungas -era un imperio, con todo lo malo que tienen los imperios-, pero no era fascista en el sentido literal de la palabra. Yo me estoy refiriendo a un fascismo similar al que surgió en Europa durante la primera mitad del siglo XX y acabó provocando la Segunda Guerra Mundial.

            Así pues, mi tesis es que Estados Unidos es hoy una nación protofascista. Es decir, en proceso de convertirse en fascista. Para demostrarlo, voy a enumerar los elemento básicos que componen el fascismo y a compararlos con la situación actual del país:

1. Ultranacionalismo

  • La nación se presenta como superior a las demás.
  • Se exalta la identidad nacional, cultural o racial.
  • Rechazo de influencias extranjeras.

Aquí basta con recordar el lema “Make America Great Again”. MAGA.


2. Autoritarismo

  • Rechazo de la democracia liberal.
  • Concentración del poder en un líder fuerte.
  • Eliminación o control de la oposición política.

Trump cumple los tres puntos de sobra.


3. Culto al líder

  • El líder es presentado como carismático, infalible y salvador.
  • Se fomenta la obediencia personal.
  • Propaganda centrada en su figura.

Aquí no hace falta decir nada.


4. Glorificación y uso de la violencia

  • La violencia se ve como medio legítimo para lograr objetivos.
  • Idealización de la guerra, la disciplina y la fuerza.
  • Estética marcial (uniformes, desfiles, símbolos).

Recordemos a los Camisas Negras de Mussolini y los Camisas Pardas de Hitler. Los fascismos se caracterizan por crear milicias de matones para hostigar a los disidentes y atemorizar a la población. Trump tiene al ICE.


5. Antiliberalismo y anticomunismo

  • Rechazo de la democracia parlamentaria y el pluralismo político.
  • Hostilidad abierta al socialismo y al comunismo.

Es proverbial el desprecio de Trump hacia el parlamentarismo, y para él todo lo que no sea extrema derecha es socialismo.


6. Control de la sociedad

  • Propaganda masiva
  • Censura
  • Educación ideologizada
  • Represión de disidentes

Gran parte de la popularidad de Trump proviene de ser protagonista de un programa de TV. Quizá por eso tiene muy clara la necesidad de controlar la opinión pública a través de los medios de comunicación. Y aquí tenemos que preguntarnos qué poderes están detrás de Trump. En gran medida, los megamillonario de Silicon Valley, los amos de las “nuevas tecnologías”. Hitler tenía la radio; Trump tiene internet.


7. Populismo nacional

  • División del mundo entre: “el pueblo verdadero” y “los enemigos internos” (intelectuales, minorías, opositores)
  • Uso del miedo y el resentimiento social.

Hitler convirtió en enemigos malignos a los judios. Trump ha hecho lo mismo con los emigrantes. “¡Cuidado con los extranjeros, sobre todo si hablan español, porque quieren sustituirnos, follarse a nuestras mujeres y comerse a nuestros perros y gatos!”. Por otro lado, no cabe duda de que la imperfecta democracia USA ha dejado en la cuneta a mucha gente incumpliendo sus promesas de trabajo y prosperidad. Trump ha aprovechado ese descontento, ese resentimiento, para auparse al poder.


8. Economía dirigida (pero no socialista)

  • Propiedad privada permitida, pero subordinada al Estado.
  • Colaboración entre Estado y grandes empresas.
  • Supresión de sindicatos independientes.

Aquí Trump se aleja del modelo clásico fascista, Porque Trump es, básicamente, un multimillonario anarco-capitalista. En teoría, a él le gustaría un estado reducido a la mínima expresión, un estado homeopático, en un contexto de economía desregularizada en el que las empresas compiten a muerte sin ataduras ni sindicatos. Pero, por otro lado, lo que Trump quiere de verdad es convertirse en dictador. Lo que entra un poco en contradicción con lo anterior. Pero Trump nunca ha pensado mucho las cosas.


9. Rechazo del pensamiento crítico

  • Desprecio por la razón, el debate y la ciencia si contradicen la ideología.
  • Uso de mitos, símbolos y emociones.

Está claro el desprecio que Trump siente hacia la ciencia; basta con tener en cuenta que ha puesto a un antivacunas al frente de la salud del país. En cuanto a los mitos, Trump es el campeón de las mentiras. ¿Y emociones? Eso es lo único que ofrece Trump: básicamente odio, resentimiento e ira.


10. Estética y simbología

  • Símbolos simples y poderosos
  • Gestos ritualizados
  • Marchas, banderas, uniformes
  • Mensajes visuales muy fuertes

Aquí Trump también se sale de la norma –quizá porque la norma está un tanto anticuada-. Trump no necesita desfiles, ni marchas con antorchas, ni escenarios faraónicos. Trump no necesita crear espectáculo, porque él es el espectáculo.

            Bueno, pues creo haber demostrado mi tesis: Estados Unidos está en trance de convertirse en una nación fascista gobernada por un líder autoritario carente de moral que ha convertido el narcisismo en una de las bellas artes. ¿Ocurrirá? ¿Surgirá un contrapoder capaz de frenar a Trump? Y si ocurre, ¿cómo nos afectará a nosotros?

            Al principio de este post decía que estamos contemplando el nacimiento de una distopía. Un tema de ciencia ficción. Y como yo soy un friki de la ciencia ficción, seguiremos hablando de este asunto en la próxima entrada.

 


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