domingo, diciembre 17

Fuerzas irresistibles

¿Qué ocurre cuando una fuerza irresistible tropieza con un objeto inamovible? Esta pregunta tiene trampa, porque en un mismo universo no pueden existir fuerzas irresistibles y objetos inamovibles. O lo uno, o lo otro, pero no las dos cosas a la vez.

Así pues, ¿en qué clase de universo vivimos? En un jodido universo de fuerzas irresistibles, amigos míos, en una realidad regida por el deprimente segundo principio de la termodinámica, la puta entropía diciéndote cada día al oído: nada permanece, todo tiene un final. Es como estar en medio de un terremoto; ¿dónde te metes, dónde vas a plantar los pies si es el mismo suelo que te sustenta lo que se mueve? Vivir es ver cómo el mundo que conoces se convierte en ruinas, vivir es permitir que el tiempo te robe poco a poco lo que más quieres, hasta que te lo quita todo. Y no estoy hablando de grandes catástrofes, sino de la rutina cotidiana. ¿Queréis un ejemplo? Mis hijos, Óscar y Pablo. Una vez tuvieron cuatro, cinco, seis años, y yo adoraba a esos niños, los abrazaba, los besaba, jugaba con ellos, les leía cuentos para que se durmiesen, a veces me los quedaba mirando maravillado de su mera existencia... pero esos niños ya no están. Óscar tiene 19 años, conduce, sale con una chica, va a la universidad; Pablo tiene dieciséis y es más alto que yo. Sigo queriéndoles, por supuesto, pero ya no son esos niños, porque a ellos se los llevó una fuerza irresistible. O la entropía, da igual.

Hoy por ejemplo. Después de comer me he tumbado en el sofá del salón para leer El País y, al llegar a la página 63, me he encontrado con algo que me ha hecho exclamar un “¡hostias!” de sorpresa y consternación. Una necrológica: el actor Enrique Arredondo murió ayer. ¿Y quién era Enrique Arredondo? Puede que le conozcáis por la serie de TV Periodistas, donde interpretaba al director del periódico. Nunca fue un actor muy popular, entre otras cosas porque trabajaba mucho en teatro y, además, en Barcelona, pero era un buen actor de carácter. La cuestión es que yo le conocí y le traté en otra época, una de las peores de mi vida.

Me quedé del todo huérfano cuando tenía 19 años. Durante un tiempo viví con mi hermano Eduardo, que era 10 años mayor que yo y estaba haciendo oposiciones a alcoholismo. Así que mi vida se transformó en una locura de alcohol, juergas, noches en blanco y, supongo, autodestrucción. Por aquel entonces, mi hermano Eduardo, aparte de borracho, era crítico teatral y conocía a un montón de actores; entre ellos Enrique y su mujer, Carmen Fortuny. Venían mucho por casa, y nosotros por la suya, hasta que un lío de cuernos, reales o ficticios, con el que yo no tuve nada que ver, condujo a un prolongado desafecto entre mi hermano y Enrique. Y dejé de verle. De hecho, creo que llevaba más de 25 años sin encontrarme con él. Por otro lado, y aunque me caía bien, nunca fue un gran amigo mío, entre otras cosas porque era una generación mayor que yo. Sin embargo, al ver su muerte anunciada en el periódico, he sentido una profunda tristeza. Y no tanto por él como por mí, porque su muerte ha matado de alguna manera una parte de mi pasado de la que no me siento orgulloso, pero que forma parte de mí, aunque ahora con una mutilación. El tiempo es el mayor asesino en serie.

Adiós Enrique, remoto compañero de farras y borracheras. Descansa en paz.

11 comentarios:

Víctor M. Ánchel dijo...

Pues vaya. Lo siento.
La historia de nuestra vida, una partida de poker contra una muerte que juega con las cartas marcadas.

Anónima de las 9:59 dijo...

El único sitio que queda para "plantar los pies", siempre con dudosa firmeza, es nuestra propia cabeza.

Vivir y crear ficciones (en la cabeza)es lo único que ayuda a luchar contra la constante entropía.

De manera que los que vivimos "con los pies en la cabeza" (o la cabeza en los pies), vamos... pues vamos un poco "de cabeza".

Samael dijo...

yo también conocí a Enrique, como sabes, de la misma época, y sí es una pena. Pero qué caramba, sólo nos morimos los que estamos vivos.

César dijo...

Vaya, Samael, no sabía que tú eras tú. Sí, supongo que tienes razón. Pero los últimos años de Enrique no debieron de ser muy gratos, pues al parecer sufrió muchos problemas de salud y al final no podía ni andar. De hecho, tuvo que realizar su último trabajo teatral en silla de ruedas. En fin...

Mrs Vane dijo...

La muerte es fría y despiadada, pero es el final de un proceso muy hermoso: la vida. Por eso, la vida hay que exprimirla al máximo, disfrutarla y vivirla en el presente -el carpe diem de los renacentistas- porque el pasado genera depresión y el futuro es tan incierto que puede llegar a generar ansiedad. Así que todos deberíamos vivir el momento, el aquí y ahora. Y sobre todo por nuestro bien debaríamos tratar de ser siempre MUY FELICES.

Mrs Vane dijo...

La muerte es fría y despiadada, pero es el final de un proceso muy hermoso: la vida. Por eso, la vida hay que exprimirla al máximo, disfrutarla y vivirla en el presente -el carpe diem de los renacentistas- porque el pasado genera depresión y el futuro es tan incierto que puede llegar a generar ansiedad. Así que todos deberíamos vivir el momento, el aquí y ahora. Y sobre todo por nuestro bien debaríamos tratar de ser siempre MUY FELICES.

mazarbul dijo...

Siento lo de Arredondo. Solía yo ver la serie de periodistas, y me parecía un acor de caracter.
Como le dijo un loco del psiquiatrico a mi padre, cuando lo ingresaron en el hospital: aquí se entra pero no se sale.

Sería curioso ver qué haríamos si tuvieramos la certeza de que el 27 de Noviembre de 2025 supieramos que la vamos a palmar. Y el caso es que quizás no sepamos con certeza esa fecha, pero el año que no sobreviviremos seguro (no más allá del 50), y vivimos nuestras vidas con esa rutina criminal del que tiene toda la vida por delante.
Asi es la vida señores

Luis Astolfi dijo...

Hola César. Aunque nos hemos cruzado en varias ocasiones (la tertulia de la Alameda, entre otros lugares) no recuerdo haber cruzado contigo ninguna palabra, aunque muchas veces he hablado de ti a otras personas.

De este post que has escrito me he quedado con la agridulce anécdota de tus hijos: mi Reina de Plata tiene ahora 6 años, y su Peón de Reina 1 y 1/2, y no pasa segundo que los mire que no vea como se están yendo ante mis ojos, a toda velocidad.

Hoy buscaba datos de tu cuento "El decimoquinto movimiento", para pasárselos a un amigo. Este cuento no podría decir si es el mejor del mundo o no, pero sí que es el que mejor define lo que es, o puede llegar a ser, el Objetivo de la Vida de las personas que caemos en este Universo. A veces es hacer algo, a veces es facilitar que otros lo hagan. Esto es algo que pocos entienden, y se empeñan en hacer algo por sí mismos que, en realidad, no tienen que hacer, o se frustran por no hacer algo que, sin saberlo, ya han hecho. Su jugada maestra.

No creo que ya me despegue de este blog :)

Siento la pérdida de tu amigo y, en cierto modo, la de ese trocito de tu pasado.

Con afecto.

César dijo...

Mrs Vane: gracias por tu comentario; me parece acertado y valioso.

Mazarbul: no saber cuándo vamos a morir nos permite mantener la ilusión de que nuestra vida, mientras dure, es eterna.

Luis Astolfi: te conozco por tu nombre, porque he oído hablar de ti o porque te he leído en algún lugar, pero soy incapaz de ponerte cara. Seguro que si te viese te reconocería. Gracias por lo que dices acerca de "El decimoquinto movimiento"; seguro que no es el mejor cuento del mundo, pero es un relato al que le tengo mucho aprecio, porque se parece considerablemente a lo que yo me proponía escribir.

En cuanto a tu Reina de Plata y tu Peón de Reina, procura estar con ellos lo más posible, escúchalos, aunque sólo sean niños, porque un día, sin que te des cuenta, se habrán convertido en otra cosa; no peor, pero sí distinta.

Anónimo dijo...

hola!

la verdad q he pasado por tu pagina por casualidad(como la mayoria de las cosas)y...buff!! la verdad es q está super interesante tu página,
lo cierto es q pr mucho q digan q el tiempo cura todo...lo unico q hace es q el dolor q has sufrido parezca menos....la memoria es selectiva
lo normmal es q cuando has llorado, perdido por el caino por conseguir algo ...cuando lo tienes en tus manos olvidamos aqellas noches en vela, aqellos gritos del alma...ya ves!
y...pues nada! solo quería pasar a decirte q es copado el texto q has escrtio en esta entrada y q...yo a esete actor alguna vez me lo he cruzado por la calle princesas de madrid, no se muy bien pq siempre cuincidia por esa calle, pero asi era, y lo cierto es q la gente te termina por conocer por los papeles q mas booom han tenido en tu carrera ynno por los q mas esplendido has estado,
pero de todas maneras lo importante es q hablen de uno.no???
para gien o `para mal, pq al final...todo qeda en un silencio q nadie recuerda y tu vida torna a lo q tu creiste q viivste y no en lo q realmente dejaste
q ingenuos somos ! pero q felices!

César dijo...

Anonimuos: me ha gustado tu comentario, aunque no tanto tus habilidades dactilográficas ;-)

Tienes razón: somos ingenuos y gracias a eso a veces conseguimos ser felices. Me alegro de que te haya gustado Babel. Bienvenido.