viernes, febrero 29

En contra

Siempre he pensado que nuestro sistema electoral (en realidad, los sistemas electorales de todo el mundo) es francamente mejorable. Una elección consiste en que te pregunten qué partido quieres que gobierne (el país, la autonomía, el ayuntamiento, lo que sea), así que tú eliges una papeleta de la formación política que más te guste, la metes en un sobre y la introduces en una urna. Luego, se cuentan las papeletas y el que más tenga gana. Es decir, se te pide una opción positiva, o que te abstengas, o que recurras a esa forma de NS/NC que es el voto en blanco. Pero, ¿qué sucede si miras a tu alrededor y no ves a nadie que te convenza lo suficiente como para concederle tu confianza? O bien, ¿y si el partido político que te hace vibrar es tan insignificante que votarle sería tirar tu papeleta a la basura? Cuando nos invitan a votar nos exigen un acto de amor (“sí, quiero al Partido XXX”), pero ¿qué ocurre si no estamos enamorados?

Bueno, si te encuentras en ese caso siempre puedes abstenerte, que es lo que hace mucha gente. No obstante, la abstención no te libra de responsabilidades ni de sufrir las consecuencias de tus actos (o “no actos”), pues puede suceder que gane el partido que más te repatea. Es decir, podrás pasar alegremente de las elecciones, pero no te libra ni dios de padecer los resultados de éstas.

Todo esto ocurre porque en unas elecciones se nos pide un acto de atracción, pero no se tiene en cuenta la repulsión. Se nos exige amor, dejando olvidado el odio (en términos metafóricos, claro), cuando el rechazo es una actitud por lo menos tan intensa y decisiva como la aceptación. Y es que muy bien puede ocurrir que no tengamos una idea clara de quién queremos que gane unas elecciones, pero estoy convencido de que todos, sin excepción, sabemos a quien no queremos ver ni de coña en el poder.

Por eso creo que sería muy conveniente incluir entre nuestras opciones electorales el voto negativo. Me explicaré. Al llegar a la urna tendríamos dos alternativas: emitir un voto positivo, que se sumaría a la formación política que hayamos elegido (es decir, la forma tradicional), o emitir un voto negativo, que se restaría de los votos obtenidos por el partido que nos caiga gordo. Por ejemplo, supongamos que le tenemos una tirria espantosa al PCI (Partido de los Casposos Intransigentes) y depositamos en la urna un voto negativo en su contra; en tal caso, si el PCI obtiene 615.321 votos positivos, al restarle el nuestro se quedaría en 615.320. ¿Está claro?

Bueno, puede que alguno piense que el resultado final sería el mismo, tanto con voto negativo como sin él, pero no es así. Sobre todo porque fomentaría la participación, pues mucha de la gente que usualmente se abstiene porque no tiene a quien votar, correría como loca a las urnas, pues lo que sí tiene es contra quien votar. Un buen amigo mío objeta que, si esto fuera así, un partido podría ganar las elecciones con votos negativos. Por ejemplo, el POTO (Partido Onanista Trempador Orgásmico) llegaría al poder con -17.328 votos, porque su inmediato rival, el PITO (Partido Independiente Tremendamente Obsceno) obtuvo -23.614 votos. Bueno, podría ser; ¿y qué? Alcanzar el poder con votos negativos sería una buena llamada de atención para nuestros políticos.

Ya sé que esta propuesta suena un poco a coña, pero si os paráis a pensarlo resulta mucho más lógica de lo que parece. Además, creo que votar en contra debe de dar más gustirrinin que votar favor. ¿Os imagináis introducir el voto en la urna al tiempo que masculláis un “que os jodan” entre dientes? Ah, cuan placentero es el lado oscuro de la fuerza...

Pero hoy por hoy no existe el voto negativo, de modo que sólo contamos con una manera de votar en contra: votando al enemigo de nuestro enemigo. No es perfecto, pero menos da una piedra.

13 comentarios:

Víctor M. Ánchel dijo...

Me adhiero a la protesta. Yo soy votante tradicional de IU, aunque Llamazares me parece un político espantoso y el partido en sí haya iniciado hace un par de lustros su particular travesía por los desiertos a la que entreveo un final triste. La última vez voté a ZP, por pura rabia ante determinadas manifestaciones y posturas de los líderes del PP tras el atentado. Pero es que, ahora, si pudiera metería dos votos negativos: uno a PSOE y otro a PP.
Cagontó.

Big Brother dijo...

Me parece una idea genial. Sólo un "pero": ¿Se imagina alguien el nivel moral y ético de las campañas electorales en el caso de ser posible ese voto?. Da miedo pensarlo. Si sin su existencia se tildan de "bobos pomposos", "imbéciles" y demás lindezas, la captura del voto negativo podría llevar a cumbres de la agresividad (lo cual, a lo mejor, tampoco es tan malo)
En fin... votemos a brios o al chápiro verde, que igual van y salen.

Alfonso Merelo dijo...

La propuesta no es nada mala, no señor teniendo en cuenta que mucha gente ya vota en contra a un partidoque no les gusta, pero que impedirá que el que odian gobierne
¿Y elecciones a Rey cada 6 años?. Me haría ilusión llevar la corona y el manto del rey de bastos :)

Víctor M. Ánchel dijo...

No mentemos a los borbones, que la liamos.

Susana Eevee dijo...

Yo estoy en la misma situación que Víctor M. Ánchel, pero en estas elecciones me he prometido que no volveré a caer en la tentación del "voto útil".
Esta vez no votaré al enenmigo del enemigo.
En cuanto a lo de los borbones..., es una pena pero es cierto. Tema tabú. Ainsss...

j p dijo...

Lo que es cierto es que estas votaciones se vota a la contra. Los de izquierda no quieren que salga Rajoy y sus acólitos (por cierto, algunos personajillos han desaparecido de escena misteriosamente, ¿no?) y los de derecha no pueden ni ver a Zapatero.
No hay mensaje ilusionante (y no me vengáis con lo de la niña, por favor)por ningún lado, hay mutuos (reales o infundados)reproches sobre el pasado, datos tomados de la manera que mejor conviene a cada uno (ay, la estadística, lo que da de sí...)pero muy poquito, muy poquito sobre el futuro:
¿hacia donde vamos?
¿cual es el proyecto común?
¿que quieren hacer con este país y las presonas que aquí vivimos?....
No veo Propuestas, Proyectos, Programas... algo
¿por qué no hay mensajes en positivo?

Víctor M. Ánchel dijo...

No, Susana, de tabú nada. Digo que no se mienten porque me enciendo. Que uno, pese a llevar su herencia borbónica dentro (algún contertulio sabe a qué me refiero) es muy republicano.

Mazarbul dijo...

original sí que es la propuesta. Pero claro, supongamos que odiamos a varios partidos, entonces debemos elegir al que más nos repatea. Ahh!!! Siempre le quedara a uno la duda.
Pero en serio, aq descabellado en apariencia, quizá sea bastante útil un sistema así. Al menos los politicos dejarían de tirarse flores porque el saldo en negativo iba a cantar tela.

miwok dijo...

A mí me gustaría eso de los votos negativos...me daría bastantes satisfacciones...

Pero como no existe, pues creo que votaré con el estómago, y me da igual que mi voto caiga en saco roto...me resulta imposible hoy por hoy votar a quien no me convence sólo porque lo que yo quiero no va a suceder.

Big Brother dijo...

Pues yo, por una vez, practicaré el voto útil... para mí. Es decir, me daré el gustazo de hacerlo por quien en principio me satisfaga más (que no será -de eso estoy seguro- ni PP ni PSOE). Y como es absolutamente imposible que ese partido, sea el que sea, gane las elecciones, me ahorro una legislatura de cabreos contínuos por haber votado a los que gobiernen.

Susana Eevee dijo...

Aún me estoy tronchando.
Acabo de descubrir un video en YouTube protagonizado por una de las heroínas de mi infacia, un poco cambiada, eso si. Os invito a ver esta nueva versión de Heidi.

http://es.youtube.com/watch?v=VGiBf-f-1jo&feature=related

Kostas dijo...

Pues como propuesta no es mala, toda propuesta que fomente el voto está bien. Supomgo que en democracia cuando sólo votan unos pocos esta queda limitada, en fin
Yo en principio no tengo problema, se a quien votar pero reconozco que tendria aun más claro a quién votar negativamente.

Alicia Liddell dijo...

Tu propuesta es atractiva. Desde que me dejaron votar por primera, voto oposición, más que nada porque detesto las mayorías absolutas.