viernes, febrero 22

Victoria fría

Por lo general, no somos conscientes del momento histórico en que vivimos. La relativa brevedad de nuestras vidas y la lentitud con que se mueve la historia nos vuelve miopes e impiden que contemplemos el contexto que nos rodea en su integridad. Por otro lado, si pensamos en, por ejemplo, la revolución francesa, sabemos lo que hubo antes y también lo que vino después, pero si nos situamos en el “ahora”, conocemos el pasado inmediato, pero ignoramos lo que depara el futuro, de modo que nuestra visión es intrínsicamente incompleta. Por ejemplo, no somos conscientes de que vivimos tiempos de posguerra.

Lo que voy a comentar en este post no es ningún descubrimiento; de hecho, se trata de algo evidente que todos sabemos, aunque quizá no siempre tengamos presentes las implicaciones. Veréis... ¿Quién ganó la Segunda Guerra Mundial? ¿Los americanos? ¿Los aliados? No: los rusos. Ellos minaron al ejército alemán gracias a una numantina resistencia, ellos contraatacaron, ellos sitiaron Berlín y ellos fueron los primeros en entrar en la capital del Reich. Por supuesto, los yanquis ganaron la guerra del Pacífico, pero en cierto modo esa era otra guerra (japoneses y alemanes nunca llegaron realmente a colaborar bélicamente). El caso es que, al terminar la guerra, USA y Rusia se repartieron alegremente Europa (y el mundo). Así surgieron el imperio americano y el imperio soviético. Y comenzó otra guerra, sólo que muy distinta a cuantas antes había contemplado la humanidad.

Gore Vidal sostiene que la Guerra Fría fue un invento de la industria armamentística norteamericana, un conglomerado de empresas e intereses que, tras haberse forrado durante la guerra mundial, contemplaban cómo la paz ponía en riesgo sus beneficios. Sin duda, algo hay de esto, pero también estaban en juego el dominio geoestratégico del planeta y la confrontación entre dos visiones diametralmente opuestas de la economía, la política y la estructura social. La aparición de las bombas atómicas y el acopio de ellas que hicieron ambas potencias condujo a una situación nueva: dos imperios opuestos y mutuamente hostiles no podían enfrentarse bélicamente entre sí, pues tenían en su contra el MAD (Mutual Assured Destruction-“destrucción mutua asegurada”). Nadie podía ganar. Así pues, la guerra se desarrolló en otros frentes: el diplomático, el propagandístico y, sobre todo, el económico.

Hablemos un momento sobre el comunismo. La corriente romántica del siglo XIX y el declive de las religiones institucionales, devinieron, a comienzos del siglo XX, en dos formas distintas de “política redentorista” o “religión de estado”: el fascismo-nazismo y el comunismo. Ambos monstruos generaron terribles dictaduras y causaron millones de muertos, pero mientras que el comunismo se desarrolló en el extrarradio de Occidente, el fascismo-nazismo lo hizo en el mismo centro, de modo que era mucho más visible y, quizá por eso, fue el primero en caer. Durante mucho tiempo, la gente ignoraba qué sucedía tras el telón de acero y lo poco, y malo, que se sabía era desechado como propaganda capitalista. Pero lo cierto es que el comunismo no funcionaba ni social ni económicamente, que, pese a sus bonitas palabras, era una tiranía, que Stalin y Hitler eran lo mismo: despiadados dictadores.

Sin embargo, el comunismo tuvo una inesperada buena consecuencia: ante el temor de que los trabajadores occidentales, contagiados por el éxito de la revolución rusa, se alzaran contra sus patronos, el capitalismo salvaje se vio forzado a hacer concesiones y de ello surgieron los sindicatos o el estado del bienestar. Es decir, el comunismo era bueno para las clases trabajadoras siempre y cuando no se llevase a la práctica y se mantuviese a considerable distancia. Era una especie de toque de atención para la oligarquía: “cuidado, hay otra alternativa que puede devorarte”.

Quizá por eso, y porque supuestamente era una utopía puesta en práctica –el “paraíso proletario”-, y porque servía como espantajo contra la derecha, y porque aparentemente era una alternativa viable al capitalismo, y por las tan fraternales como falsas palabras propias del comunismo, por todo eso la izquierda mundial adoptó casi sin excepciones el marxismo como caballo de batalla e ideología básica.

Qué gran error, qué inmenso error... La invasión de Checoslovaquia por las fuerzas del Pacto de Varsovia, en 1968, hizo que las escamas se desprendieran de muchos ojos. Luego, se conoció la barbarie del estalinismo, el horror de la Revolución Cultural maoista, la locura infernal de los jemeres rojos. Pero, sobre todo, el sistema económico comunista no funcionaba; la economía de estado ni siquiera era capaz de garantizar la alimentación de sus ciudadanos y, de no ser por los cereales que, paradójicamente, le vendía USA, las hambrunas hubiesen recorrido el imperio soviético. Un imperio que estaba derrumbándose lentamente a causa de su ineficacia.

Pero algo aceleró ese derrumbe. Hoy ya sabemos lo que yo siempre había sospechado: Ronald Reagan y el papa Juan Pablo II se reunieron en repetidas ocasiones para planificar una estrategia conjunta destinada a socavar los cimientos de la Unión Soviética. Karol Wojtyla era polaco y profundamente anticomunista. La insurrección contra el sistema soviético brotó en Polonia de la mano del sindicato obrero católico Solidaridad. ¿Alguna relación entre lo uno y lo otro? Pues sí, sobre todo si tenemos en cuenta que el Vaticano financió a Solidaridad con 32 millones de dólares tramitados, probablemente, a través de Roberto Calvi.

Por otro lado, Reagan se sacó de la chistera un curioso plan: la famosa "guerra de las galaxias", un paraguas que cubriría todo el territorio USA y cuyo objetivo sería interceptar cualquier misil dirigido contra esa nación. De tener éxito tal iniciativa, el MAD se iría a hacer puñetas y la Unión Soviética quedaría inerme frente a los americanos. Así pues, los soviéticos sólo tenían dos alternativas: o desarrollar ellos también un paraguas nuclear, o ponerse a fabricar misiles como locos para derrotar al escudo americano por saturación (por ejemplo, de cada diez misiles lanzados sólo llegaría uno). El problema era que cualquiera de esas alternativas hundiría en la miseria a la precaria economía soviética. De modo que, como reza el dicho judío, los soviéticos decidieron que, ante dos alternativa, lo mejor era escoger la tercera: ya que no podían vencer a su enemigo, ¿por qué no aproximarse a él? Y así llegaron los tiempos de la perestroika y la glásnot, hasta que, finalmente, en 1991, el imperio soviético se disolvió.

Es decir, la guerra fría tuvo una victoria fría, y quien venció fue el sistema capitalista capitaneado por los poderes más conservadores de occidente (Reagan, Wojtyla, Thatcher...). Por eso vivimos tiempos de posguerra. ¿Y esto en qué nos afecta? Bueno, ahí tenéis, por ejemplo, la “revolución” neocon. Fue la derecha más dura quien venció al comunismo, así que a ella le pertenecen los despojos de la guerra. Entre tanto, la izquierda anda desorientada; se ha desprendido del marxismo, pero es incapaz de encontrar una alternativa a la economía de mercado o un modelo distinto al de la sociedad capitalista, de modo que prácticamente toda la izquierda europea ha derivado hacia más o menos tibias socialdemocracias. Es decir, todos los partidos políticos han virado a la derecha; tanto los progresistas como los conservadores.

Ahora bien, dado que el triunfante capitalismo se ha desembarazado del contrapeso que era el comunismo, ¿no resultará tentador dar marcha atrás en las concesiones hechas cuando el Imperio Soviético aún existía? La ley del mercado aplicada también a los seres humanos, darwinismo social, estados reducidos a lo mínimo y liberalismo económico a ultranza. Sálvese quien pueda.

El presente es producto del pasado y la “victoria fría” explica, al menos en parte, muchas de las cosas que están sucediendo en el mundo, desde la infame guerra de Irak hasta, ya en casa, la deprimente guerra de los obispos contra el gobierno socialista. Estamos asistiendo a una “revolución conservadora” (si es que a una contrarreforma se le puede llamar revolución) capitaneada por una derecha dura que triunfó frente al comunismo igual que San Jorge frente al dragón. Una derecha extremada cuyo lema “sin complejos” muchas veces podría interpretarse como “sin escrúpulos”. Pero ellos son los triunfadores, ¿no?

23 comentarios:

Yepetta dijo...

Me gusta mucho la entrada anterior, la de Indy es muy *-* y la fotografía de esta, pero respecto al contenido no hay mucho que añadir... Saludos!

Víctor Eme dijo...

Qué entrada más hermosa y certera, César. Estoy de acuerdo en lo que dices y me encanta cómo lo dices...

Por cierto, ¿algún pronóstico o reflexión sobre la campaña electoral y las próximas elecciones?

¿Has intervenido en ella o te han pedido consejo?

Un abrazo de un merodeador que siempre espera una nueva dosis de Babel.

Nota al pie: disfruto tanto tus "offtopics" políticos y comunicativos como la reflexión literaria, así que por mi parte no te prives...

Orlando dijo...

No podemos volver atrás, hay una gran diferencia: existe internet :D

Víctor Eme dijo...

César, no he podido evitarlo por más tiempo y -aunque ya te había mencionado otras veces- he escrito sobre ti en el Mtnez Blog: http://mtnez.blogspot.com/. Espero que te guste porque está escrito con cariño, de verdad.

Anónimo dijo...

Sólo un enlace que puede interesarte de parte de una lectora oculta entre las sombras:

http://mtnez.blogspot.com/. Espero que te guste

:)

Anónimo dijo...

Vaya, hombre, para un comentario que hago, acaba por salir mal. :( Me refería a esto:

http://video.google.com/videoplay?docid=-1171533565547195972&sourceid=docidfeed&hl=es

Laurentis dijo...

La Guerra Fría es una etapa apasionante de la historia de nuestro planeta, es una de las cosas que más disfruto al estudiar Historia Contmporánea... y no sé por qué me da que Bush y Putin quiere repetir antiguas situaciones con tanta amenaza de misiles y más farrapos de gaita...

Creo que resumes perfectamente como sucedió todo y como nos ha influído...¿y nos seguirá influyendo durante mucho más tiempo?

Anónima de las 9:59 dijo...

A veces pienso que unas cuantas generaciones hemos convivido con el miedo de que de pronto un día, ¡broooom!, nos explotase una bomba atómica aquí o allá. Y luego otra y otra, porque rusos y americanos por fin habían apretado esos "botones rojos" de las pelis.

Y me pregunto si los jóvenes de hoy lo piensan de vez en cuando, o por el contrario no tienen miedo a nada, porque no han vivido ni la guerra fría ni sus "templadas consecuencias".

Total, que no sé si hay una consecuencia sociológico-generacional de eso.

Por otro lado, con Castro a punto de ser Historia (con mayúsculas), el comunismo agoniza, y es el fin de un sueño que teóricamente, la verdad, tenía su encanto.

Caballeros, señoras, sólo nos queda Corea del Norte. Y lo que se vive allí, ese último comunismo que resiste al malvado capitalismo exterior es ciencia ficción pura y dura. El Gran Hermano y el Mundo Feliz hechos realidad.

¿Habéis visto el reportaje que hicieron sobre Corea ( http://www.youtube.com/watch?v=Z3Z9ukkWvzE -está en seis partes-)?

ES IN-DESCRIPTIBLE.
CF hecha pura realidad.

Anónimo dijo...

¿Nostalgia del comunismo, César? Venga, a vivir a Cuba.

Anónimo dijo...

Lo de China sí que me parece alucinante. Están consiguiendo el éxito a base de mantener las estructuras de poder del comunismo y de convertir su economía en un capitalismo salvaje. Mucho más salvaje que el de cualquier otro país capitalista, porque los obreros de una dictadura comunista no tienen derecho a la huelga.
Lo peor de ambos mundos y el éxito económico garantizado.
Juanmi.

Jorge dijo...

Lo cachondo de Corea del Norte es que uno de los responsables oficiales de la propaganda es un joven español (¿catalán?) llamado Alejandro Cao de Benós, presidente de la KFA (Korea Friendship Association). Os animo a buscar cualquiera de los dos nombres en la Wikipedia; al menos en la versión inglesa hay un enlace al blog de Cao, donde responde al reportaje sobre CdN que hizo Jon Sistiaga para Cuatro. Seguimos exportando personajes al mundo, amigos.

César dijo...

Yepetta: Vaya, por fin te veo la cara, aunque... ¿La de la foto eres tú o una top model? ¡Qué bellezón! La miro y me digo: joder, qué pena no tener dos siglos menos... ;)

Víctor: coño, tío, me ha llegado al corazón el comentario de tu blog... Es precioso eso que dices sobre Babel: "el lector habitual muy pronto entra en un espacio de intimidad, de círculo de amigos que se toman un café juntos mientras afuera llueve y la gente deambula apresurada al otro lado de la calle". Me encanta que lo veas así, y me encantaría que el restos de los merodeadores lo sintieran también de esa manera. Desde luego, ésa es la sensación que tengo yo: que La Fraternidad de Babel es un pequeño refugio donde un grupo de amigos nos reunimos para charlar tranquilamente al resguardo de las inclemencias del tiempo. Gracias por expresarlo con una imagen tan cálida. Por cierto, escribes de puta madre, algo muy infrecuente en los redactores publicitarios (si me permites la opinión de ex-colega).

En resumen, que comparto enteramente lo que dices; también a mí me resulta extraño sentir amistad por ti o por muchos merodeadores a quienes no conozco personalmente. Por ejemplo, Yepetta: siento un gran cariño por ella y, hasta hoy, no le había visto la cara. Bueno, supongo que esa es la magia de Internet...

Contestando a tus preguntas, no, no he intervenido para nada en la campaña. Con una vez tuve más que suficiente. Y sí, claro que habláré de la campaña y de las elecciones. De hecho, este post es una especie de preámbulo.

Orlado: quizá lo digas en broma, pero puede que tengas toda la razón. Internet está revolucionando el mundo de una manera que ahora ni siquiera sospechamos.

Anónima de las 3:48: Un vídeo muy interesante que recomiendo a todo el mundo. Está muy en la línea de Michael Moore. Gracias por el soplo.

Laurentis: no sé durante cuánto tiempo nos influirá esa victoria fría, pero me temo que mucho. Aunque los tiempos históricos a veces se disparan, por lo general su ritmo es casi geológico. Piénsalo: la Guerra Fría es fruto de la Segunda Guerra Mundial, que a su vez es fruto de la Primera Guerra Mundial, que a su vez es fruto del atentado de Sarajevo, de la Triple Entente y de la Triple Alianza... y así hasta donde quieras. Efecto mariposa se le llama a esto.

Anónima de las 9:59: Pues sí, nuestra generación estaba convencida de que íbamos a asistir a un bonita guerra nuclear. Casi resulta decepcionante que no haya sido así. Esa amenaza no parece preocuparle ahora a nadie, es cierto; quizá porque no hay motivos. Pero claro que hay otros miedos: el terrorismo, el cambio climático, la programación de TV...

Anónimo de las 8:29: No sé por qué, pero cada vez que hablo de ciertos temas aparece alguien que, como tú, está firmemente empeñado en no entender nada. ¿Cómo cojones puedo sentir nostalgia de un régimen al que califico de dictatorial, inoperante y genocida? En fin, tú me mandas a mí a Cuba y yo te voy a mandar a ti de vuelta al colegio, a ver si mejoras un poco la comprensión lectora.

Juanmi: lo de China, en efecto, es algo rarísimo. Como tú bien dices, tiene lo peor de los dos sistemas... y lo lamentable es que funciona.

Jorge: Si es que los españoles, cuando nos ponemos...

Álex Vidal dijo...

Joder, me has dejado con un escalofrío resonando en la médula ósea. Y es que la perspectiva histórica da miedo: preferimos el carpe diem.

Por otra parte, eso también explica la "ceguera histórica" y que, de la política (incluso la de casa nuestra, la que se decide con nuestros votos) sólo recordemos el eslogan de hace dos minutos. Triste.

Espero que no me mandes al colegio como al anónimo de las ocho y pico: yo, a esas dictaduras, nunca las vi como comunismo, o más bien como una perversión del comunismo. Tampoco es que Marx sea la panacea: era un filósofo que escribió muy marcado por su momento (Revolución Industrial en ciernes, opresión proletaria, insalubridad... vamos, lo que narraba Dickens). Pero algo que me quedó claro de su filosofía es que el poder residía en el pueblo... y me da a mí que en los regímenes comunistas, el pueblo era lo que menos contaba.

Bueno, como en Occidente, donde sólo contamos una vez cada cuatro años...

En definitiva: que estas socialdemocracias tan tibias me parecen demasiado descafeinadas como para impulsar reformas que mejoren la sociedad (no, no, nada de marxismo ni estalinismo: bienestar social, ¡leñe!). Y, si nos atenemos a los verdaderos programas electorales, poca diferencias veo yo en la política "importante": la económica. ¿No os parece?

Severian dijo...

Ahora bien, dado que el triunfante capitalismo se ha desembarazado del contrapeso que era el comunismo, ¿no resultará tentador dar marcha atrás en las concesiones hechas cuando el Imperio Soviético aún existía? La ley del mercado aplicada también a los seres humanos, darwinismo social, estados reducidos a lo mínimo y liberalismo económico a ultranza. Sálvese quien pueda.

Caray César, no entiendo por qué lo planteás en tono hipotético. Ya sucedió. Mira, los vuelos transatlánticos están cada vez más baratos, y yo prometo conseguir alojamiento barato en Buenos Aires, asi que ¿por qué no te venís a dar una ojeada por aquí? Lo que sugerís, aquí ya sucedió. Mi país, que solía ser un ejemplo de educación y salud públicas, y que tentó a muchos europeos de posguerra (mis abuelos, por ejemplo), hoy es un despojo dejado por una década y media de neoliberalismo salvaje, de "mercado" puro y duro, del ser humano como mercancía. Por suerte en el 2001 el hartazgo venció los miedos y una revolución terminó con eso. Pero el saldo es realmente triste, y la reconstrucción casi imposible...

Y para el anónimo: salir de tu frasco no te haría mal, muchos latinoamericanos irían en muy buena gana a vivir a Cuba...

Fernando Alcalá dijo...

Me encanta cómo ordenas mis pensamientos, gracias.

Yo también estoy totalmente de acuerdo con el comentario de Víctor acerca de Babel.

Jose Antonio del Valle dijo...

El poder de las pesadillas, que alguien ha colgado por ahí, lo explica con pelos y señales. Por ejemplo como había burócratas de Reagan encargados de crear falsas amenazas que no existían como ciertos submarinos o cualquier arma supersofisticada que se les ocurría. Los militares sabían que no existían, pero a nivel de opinión pública les sirvió para hacer y deshacer. Es muy bueno, os lo recomiendo, se ve lo que dice César de cómo el pasado explica el presente.

Jose Antonio del Valle dijo...

Lo que también es curioso es que en Rusia el sistema siempre ha sido opresivo, sea el de los zares, el comunista o la actual "democracia" o, más bien, sistema mafioso. Parece que no está en su mentalidad tener un sistema medianamente libre.

Anónimo dijo...

Es extraño que los Estados Unidos hayan llegado a ser el líder absoluto mundial siempre gracias al mismo proceso: son traicioneramente atacados por fuerzas infames y malvadas y ellos se ven obligados a intervenir. Pasó en Cuba con los españoles y aquello del Maine. Pasó en la Segunda Guerra Mundial, con Pearl Harbor. Y ha pasado ahora con el 11-M.
Y de todas estas ocsiones los americanos han sacado siempre grandes beneficios. No creo en las conspiraciones, pero es curioso.
Juanmi.

Jose Antonio del Valle dijo...

Los romanos hacían lo mismo en tiempos de la república.

Anónimo dijo...

"Los romanos hacían lo mismo en tiempos de la república."

Completamente cierto. Y ay de la nación que le pidiera ayuda a los romanos para vencer a un tercero.
Imagino que es la lógica del imperio.
Juanmi.

Anónimo dijo...

Y en tiempos de los romanos una toga meada ya era motivo de guerra.
:-D
Juanmi.

Ged dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada, César. Creo que hay ciertamente muchas posibilidades de que muchos logros sociales sufran un retroceso.

De hecho, y enlazando con una entrada anterior tuya, me parece difíl que una posible llegada al poder del PP, unida a la ofensiva de los obispos, haga anular una serie de medidas realizadas por el PSOE, y que están tan en la palestra, como, por ejemplo, las bodas de homosexuales. Precisamente por estar en boca de todos, por hablarse tanto de ellas, es compliacdo que la opinión pública les deje dar marcha atrás. En esto la sociedad va para adelante, como ya ocurrió con el divorcio y el aborto, por mucho que el gobierno sea de derechas o de izquierdas.

Pero hay multitud de temas económicos, muchos de los cuales se deciden en la Unión Europea, de los que apenas nos enteramos, y que con el tiempo pueden repercutir negativamente en el bienestar social. Como la Directiva Bolkestein, que estuvo a punto de permitir que las compañias pudieran establecer empresas en otros países, pero aplicando sobre los trabajadores normativas del país de origen. Algo así como los petroleros con banderas de conveniencia. Por fortuna, no se aprobó de esta manera. Son estos acuerdos, que se deciden cada vez más lejos de nosotros, sin apenas repercusión en los medios, y de índole normalmente económico, los que van callendo cada vez más en el lado de la derecha.

tito dijo...

efectivamente, antes, los partidos de izquierda y de derecha se diferenciabn principalmente en sus modelos económicos. Sin llegar a los extremos de, por un lado,el estado controla los medios de producción, y por otro, el estado se desentiende de ellos y deja todo en manos de la iniciativa privada, cada uno ocupaba un sitio diferente en las posibilidades intermedias entre ambos extremos. En esa época, se vendia ideario, principios políticos, "ideales" de sociedad. ¿Pero qué ocurre cuando los dos modelos económicos ,tanto el que propone la derecha, como el que no discute la izquierda, son el mismo? Entonces, el ideario se busca por otros lados: la sensibilidad con el medio ambiente, la tolerancia con los que no son idénticos a nosotros, ayudas sociales (que todos suscriben), hasta en la forma de relacionarnos con los chimpancés buscamos diferencias. Pero, esas diferencias cada vez van siendo más pequeñas, salvo en España, que no son pequeñas porque la derecha que tenemos es extrema, pero si fuera una derecha "normal" estandarizada y homolgada con otros paises occidentales, estaríamos más tranquilos en elcciones generales porque ganara quien ganara notaríamos menos la diferencia. Lamentablemente no es así, por lo que más vale que nos pongamos las pilas el día 9. Hoy por hoy, en España, votar a la derecha es votar a la extrema derecha.
yuyu.