lunes, octubre 20

Futuro

Mi hijo mayor, Óscar (21 tacos, 1’88 de estatura, ojos azules; todo un bellezón, como su padre), está cursando el 4º curso de la carrera (ADE) en Finlandia gracias a una beca Erasmus. Vive en un piso para estudiantes de Jyvaskyla, una ciudad universitaria situada más o menos en el centro del país. Se lo está pasando de puta madre, el muy cabrón; la verdad es que me da envidia. Imaginaos un barrio residencial enteramente ocupado por estudiantes de toda Europa, todos de entre veinte y veintitrés años de edad, todos con el sistema endocrino a pleno rendimiento y todos con entusiastas ganas de juerga... No hace falta mucha imaginación para vislumbrar los resultados. Según me cuenta Óscar, siempre hay una fiesta en algún sitio, todos los días menos, al parecer, los miércoles y los domingos. El único error que cometió mi hijo fue irse allí con su novia Bea; y no lo digo por Bea, que es un encanto, sino porque su presencia le impide a Óscar poner a prueba el sistema endocrino practicando una suerte de panespermia europea (joder, qué rebuscado soy a veces diciendo las cosas).

Bueno, a lo que iba: hablábamos por teléfono con Óscar frecuentemente; pero, no sé por qué, el coste de las llamadas a móvil se reparte entre el llamado y el que llama. El caso es que mi hijo, que prefiere dejarse los euros en birras antes que en charlar con sus padres, nos sugirió que abriéramos una cuenta de Skype, y así no sólo podríamos hablar a través de Internet, sino también vernos. En fin, abrí la cuenta, compré una cámara web y un micrófono, los instalé y, junto con Pepa, disfrutamos de una videoconferencia con Óscar y Bea; el sonido desastroso, la imagen terrible, pero videoconferencia al fin y al cabo. Y eso me condujo en dos sentidos opuestos a la vez: hacia mi pasado y hacia el futuro.

Cuando tenía trece o catorce años (allá por mediados de los 60), yo era un pirado de la ciencia ficción, lo cual, inevitablemente, me conducía a pensar en cómo sería el siglo XXI, esa mítica cifra que, en el imaginario cienciaficcionesco de aquel entonces, trazaba la frontera del futuro. El tema me interesaba porque ese era un futuro que, razonablemente, yo iba a vivir; es decir, sería testigo de gran parte de las cosas que leía en mis queridas novelas de ciencia ficción. ¿Sabéis cómo me imaginaba ese futuro (es decir, nuestro ahora)? Pues contemplaba dos alternativas:

Alternativa 1- A comienzos del siglo XXI habría una estación orbital (con forma de rueda, por supuesto; eso ni se discutía), habría bases permanentes en la Luna, en Marte y, quizá, en alguna de las lunas de Júpiter, y los vuelos espaciales serían un asunto cotidiano. Tendríamos robots domésticos, se habría desarrollado la inteligencia artificial y viajaríamos en aviones supersónicos o en trenes ultrarrápidos suspendidos magnéticamente. Reconozco que nunca tuve claro lo de los coches voladores; bastante torpe es la gente desplazándose en dos dimensiones como para añadirles una más. En fin, las casas serían inteligentes, tendríamos aceras rodantes, habríamos contactado con seres extraterrestres, existirían mutantes con poderes psíquicos y, por supuesto, todo el mundo poseería videoteléfonos.

Alternativa 2- Mucho más sencilla: habría una guerra nuclear y la tecnología del siglo XXI sería la tecnología del sílex.

A decir verdad, a mediados de los 60, en plena Guerra Fría, la hipótesis más probable parecía la segunda; yo creo que contábamos con ello; la pregunta no era si iba a suceder, sino cuándo iba a suceder. Lo reconozco: pertenezco a una generación en el fondo frustrada por no haber sufrido una hecatombe nuclear.

Ahora vamos a revisar lo que queda de la Alternativa 1. Como una vez dijo Miquel Barceló (el editor), lo que ningún autor de ciencia ficción, ni nadie, pudo prever es que llegáramos a la Luna y, acto seguido, el programa espacial se interrumpiera, limitándose a colocar satélites en órbita y a mandar pequeñas sondas a los planetas del Sistema Solar. Ni bases lunares, ni bases en Marte, y de las lunas de Júpiter para qué hablar. En realidad, no hay naves espaciales, sino esa especie de chapuceros autobuses orbitales que son los transbordadores, y las cápsulas rusas de siempre. Y pronto ni eso; en 2010 se dejarán de usar los transbordadores, y los vehículos que los sustituirán no estarán listos hasta, con suerte, cuatro años más tarde. Así que Estados Unidos dejará de ser una potencia espacial y tendrá que alquilar cohetes rusos. ¿Quién podía imaginarse algo semejante en los años 60? Eso sí, tenemos una estación espacial; aunque en realidad se trata de una especie de deprimente mecano modular, semejante a una chabola si lo comparamos con la enorme y elegantísima rueda espacial (véase 2001) que uno esperaba.

Los únicos robots que hay son los industriales, pero no se parecen en nada a esos simpáticos (o terribles) artefactos, antropomorfos o no, que supuestamente nos harían la vida más sencilla (o más complicada, depende) bajo el mandato de las tres leyes de Asimov. No, todavía no hay nada parecido a un robot doméstico. Y aún estamos lejos de desarrollar la inteligencia artificial (¡no hay ningún HAL 9000 que pueda matarnos!). Y el único extraterrestre con el que hemos contactado es Michael Jackson, aunque la comunicación no ha sido posible. Las casas no se han vuelto inteligentes, sino carísimas; ya no hay aviones de pasajeros supersónicos y nunca fueron rentables; sólo encontraremos aceras rodantes en los aeropuertos. Y ni rastro de mutantes psíquicos desde que José María Aznar abandonó la política activa. Lo de los coches voladores, como era de prever, no ha prosperado lo más mínimo. Eso sí, ya tenemos videoteléfonos; están en los ordenadores y en los móviles, pero casi nadie los utiliza, porque funcionan como el culo y porque, reconozcámoslo, nadie tiene demasiado interés en verle la carota a su interlocutor.

En fin, cuando yo era un chaval pensaba que habría llegado al futuro en el momento que hubiera videoteléfonos disponibles. Pues bien, ya los hay y son una mierda que no sirve para nada. Genial; al final, el porvenir ha sido una estafa. Y yo que me imaginaba a mí mismo, con mi edad, cubierto de pieles en medio de un paisaje apocalíptico y cazando ratas mutantes a pedradas ; o bien de vacaciones en Marte con mi familia. Pero no; el mítico siglo XXI ha resultado ser una versión confusa del XX con remiendos de papel de plata. El nuestro es un futuro peor que malo; es cutre y mediocre, es un futuro de andar por casa.

Pero tenemos Internet. Y es curioso, porque ningún autor de ciencia ficción había previsto nada semejante; salvo, según Barceló, Murray Leinster en su relato Un lógico llamado Joe (1946), donde al parecer describe algo parecido a la Red o, cuando menos, a los ordenadores personales (no recuerdo el relato). Pero sí, Internet es lo único realmente asombroso de esta mierda de futuro que nos ha tocado vivir. No obstante, ¿cuáles son, con diferencia, los lugares más visitados de Internet? Premio: las páginas pornográficas. Es decir, la humanidad recibe un inesperado regalo tecnológico, un prodigio que cambiará el mundo, ¿y para qué lo utiliza fundamentalmente? Para hacerse pajas. Supongo que eso dice algo acerca de nuestra especie; por ejemplo, que no estamos tan lejos como creemos de aquellos primates del pleistoceno que pasaban el día encaramados a una rama, haciéndose pajas para matar el tiempo hasta que llegase el neolítico.

Sin duda, esos pitecantropus hubieran imaginado con agrado un futuro donde Internet pudiera facilitarles la práctica de su principal afición. Bueno, pues eso es lo que tenemos.

34 comentarios:

Anónimo dijo...

Si alguna vez, la red alcanzara la consciencia...sería un maníaco sexual...

Mon dijo...

Ai lo de mutante psíquico casi me caigo del sillón, genial. Sobretodo ahora que se nos desmelena el amigo Ansar.

Tienes toda la razón pero...

Seguimos siendo primates... pero lo que no han hecho los americanos puede que lo hagan los chinos, ya que mal nos pese si quieren pueden y todos a callar incluso ellos mismos... Si empiezan a moverse los americanos les vendra el sindrome de la potencia en decadencia y volveran...

Claro que internet es entre otras cosas para las pajas, alguien lo dudaba ? Hay de todo y en cantidad.

Pero de vez en cuando hasta paramos de darnos a la manivela y leemos o escribimos algo más.


Saludos cordiales.

CeJota (ceja grande) dijo...

Pues sí, con la alternativa 1, estamos en el futuro que nos ha cantado Aviador Dro, por ejemplo aquí en Mundo Mutante:
http://www.youtube.com/watch?v=Ak13kAPHAU4

La alternativa 2 es la que generó muchos relatos de Philip K. Dick y es la que me creo ahora: www.crisisenergetica.org

Normalmente me río, pero este post ha sido reír y no parar!

Miroslav Panciutti dijo...

Gracias por las carcajadas, hoy me venían especialmente bien. En cuanto a cómo me imaginaba el futuro yo de adolescente, la verdad es que no me acuerdo demasiado. Lo que es seguro es que ni barrunté internet y te puedo asegurar que estoy francamente encantado con la red, y no sólo por la pornografía :)

Álex Vidal dijo...

Es decir, la humanidad recibe un inesperado regalo tecnológico, un prodigio que cambiará el mundo, ¿y para qué lo utiliza fundamentalmente? Para hacerse pajas.

Y dejar nuestros pensamientos (vanos o no) en cuadernos de bitácoras, y cartearnos a velocidad de vértigo, y a compartir la música que te gusta y descubrir nuevos artistas, y poner en marcha convocatorias de caceroladas, y permitir que la información circule sin (muchas) censuras, y abaratar los libros, y poner al alcance de todo el mundo clásicos del cine, y...

... jo, si una paja de vez en cuando lo que hace es relajar este estrés :) Ojalá unos cuantos de los que ahora están removiendo cielo y tierra quejándose de la Memoria Histórica e inaugurando hospitales vacíos se matasen a pajas, coño, otro gallo nos cantaría :D Eso sí, que no pringuen.

Juanmi dijo...

Ya ves, la ciencia-ficción de la Edad de Oro no ha dado ni una. No es tan extraño que a la gente del siglo XXI sólo le interese de la ciencia ficción lo que sea espectacular y pueda ver en una pantalla de cine (con sonido THX), fuegos artificiales si ningún rastro de especulación.
Hay un relato muy interesantede Philip José Farmer que se llama "Jinetes del salario púrpura". Plantea un futuro donde los robots hacen todo el trabajo y la gente se puede dedicar a rascarse los cojones o a hacer Arte. Uno pensaría que en un mundo así habría un Miguel Ángel en cada esquina. Y no.

Mister_Mecha dijo...

Ahahaha, Hubiera dejado un comentario antes pero habia una pagina nueva de mujeres pelirrojas maduras jugeteando con japonesitas en uniforme que como comprendera no podia dejar de visitar para el muy necesario visto bueno.

respecto a su visita a merida, ¡hombre! me hubiera gustado saberlo con antelacion, hay muchos lugares alejados de los paraderos turisticos tradicionales que son mas que recomendables para los visitantes. (ademas de para sus bolsillos)

un saludo

Rodolfo Martínez dijo...

"no estamos tan lejos como creemos de aquellos primates del pleistoceno que pasaban el día encaramados a una rama, haciéndose pajas para matar el tiempo hasta que llegase el paleolítico"

Brillante. Y muy cierto, además.

Kaplan dijo...

Tal como finalizaba Gibson su magistral cuento, César: "Podría ser aún peor, podría ser perfecto".
mister_mecha, ¿podría usted facilitarnos la dirección de...?:)

Emilio dijo...

Yo sí tengo un simpático robot aspiradora doméstico. Concretamente un robo-vacuum.

Lo pongo en modo patrulla y el se pone a limpiar la alfombra al tiempo que entretiene al gato mientras yo cocino. Cosa fina, por quince dólares.

Estoy pensando hasta en comprarme uno más serio y así me olvido definitivamente de fregar la moqueta y de limpiar bajo los muebles. Mola, ¿eh?

KesheR dijo...

Un texto absolutamente genial.

Jose Antonio del Valle dijo...

En realidad el futuro es más parecido a una mezcla entre "Teléfono rojo..." de Kubrick, con un monopiteco, de esos de las pajas, como presidente de los EEUU y una novela de John Brunner con superpoblación, contaminación, capitalismo burriciego (que dicen que se ha muerto pero yo no me lo creo), hambre y todas las cosas que podrían salir mal y han salido mal según la ley de Murphy. Ah, y con chinos, muchos chinos, cada vez más chinos.

Jose Antonio del Valle dijo...

Ah, y fanáticos religiosos, cada vez más gfanáticos religiosos.

Big Brother dijo...

Pues a mí, que imaginaba futuros alternativos muy parecidos a los de César, hay, en el que ha llegado realmente algo que me encanta: sigo estando en él.

jg dijo...

Otra de las ventajas que tiene internet es que nos permite disfrutar de tus "pajas mentales".
Ha sido un post tremendo.
Me imagino que, dada la demanda, inventarán antes que otros el "robot-muñeca/o hinchable". Y a las parejas habrá que explicarles que eso no es ponerle los cuernos. Si no se acaba dando explicaciones al robot de por qué te acuestas con una persona humana.

Juanfran dijo...

Justo estaba viendo esto ahora, que viene al caso:

http://www.youtube.com/watch?v=uH3rPP-8UEk

Pues eso, que "El futuro no está bien, pero tampoco es lo peor. No es para echarse a llorar, pero tampoco es ciencia-ficción".

Jose Antonio del Valle dijo...

Diesiento, juanfran, no somos capaces de gastarnos 40.000 millones en acabar con el hambre, y les damos 500.000 (y muchos más) a los banqueros. Y nadie toma la Bastilla. Es para echarse a llorar.

Juanfran dijo...

¿Pero has visto el vídeo? Lo digo para que sitúes el contexto de la frase que cito.

Alfonso Merelo dijo...

No estoy de acuerdo con respecto a los robots: mi termomix me hace unso patés de muerte :)

Juanfran dijo...

(contexto que habla de lo mismo que el post de César, y me ha hecho gracia ver que incluso coinciden en algunos detalles, y por eso lo he sacado a colación).

Saludos.

Anónimo dijo...

No tengo ni puñetera idea de cómo será el año 3000, la verdad es que me importa un carajo. Lo único que sí me interesa es alimentar la imaginación, buscar nuevas sugerencias en un libro, una película o simplemente charloteando con amiguetes. Eso es lo más interesante, por supuesto también lo que los nuevos medios te ponen al alcance y que antes era información tan lejana que para uno eran inexistentes. Entre otras cosas, poder ver señoritas hiperespectaculares en cualquier momento.
La gilipollez más rotunda que he visto recientemente es el atontolamiento que ha producido en mucha gente los mundos virtuales, vease "Second Life" y semejantes, y eso que en esos mundos se puede volar sin artefactos, simplemente por que te apetece (y además en pelota picada). Es un invento absolutamente ridículo, crear un mundo virtual que quiere replicar al real, ¿pero por qué no hacer algo diferente? ¿Para qué quiero ver una representación virtual del Rockefeller Center? Es increíble como se desperdicia la capacidad de la que dotamos a las máquinas, y lo peor es que la gente piensa que es acojonante poder tener un avatar y circular entre seres que parecen deambular como zombies, hablar de tonterías y terminar visitando espacios donde te colocan penes virtuales o tetas con pezones azules. El caso es que esa podría ser una representación de un futuro imaginado, pero nunca será así.

Manuel dijo...

Vale.

Los homínidos esos se mataban a pajas en sus ramas esperando el paleolítico.

Los 'homo sapiens gadget' nos la pasamos en el internet, matándonos a pajas, y esperando... ¿¡qué!?

KesheR dijo...

Dentro de un millón de años seremos seres de energía pura, vagando por el Cosmos haciéndonos pajas cuánticas, encaramados a un meteorito.

Anónima de las 9:59 dijo...

Por eso la cf ya no es un género. ¡Si ahora todos pensamos que es una parte de la fantasía!...

Y pensamos que es fantasía porque ahora nos damos cuenta que esas naves, robots, la conquista del espacio... nunca será real. Todo es tan imaginado e irreal como un dragón, la magia o un elfo.

Y a mí me dan ganas de llorar porque yo pensaba que sería real navegar en naves por el espacio... Y lloro más porque me temo que es la Economía la que ha frenado el desarrollo. Y cortar con la conquista del espacio, me parece que será a la larga acabar con la vida humana.

Pero ya no cuento más. Precisamente estos postulados eran la base de mi novelita de cf "Switch in the Red", la que quedó finalista a principios de año. La que si Dios quiere se publicará en Edebé esta primavera.

Se llama "Switch in the Red". Se subtitula: EL FUTURO HA LLEGADO, PERO NO HAY FUTURO.

Está todo dicho. Sniff.

(Luego dicen que la cf es escapista... Anda que no se puede criticar con ella...) :___( Sniff, buááá.

RM dijo...

Ya que no sufres como otros las evaluaciones de "El Nota", te lo pongo yo, César: 10 (cum laude)

eulez dijo...

Pues yo no cambio Internet por ninguna máquina voladora ni ningún androide esclavo sexual. ¿Cómo iba sino a leer comentarios de posts tan divertidos de gente que no conozco?

Bueno, por lo de una esclava sexual que se parezca a... ¡Basta! Que no lo cambio, no me tentéis!

Juanmi dijo...

Pero a veces la ciencia ficción acierta: ¡Vamos a tener un presidente USA negro!

Juanmi.

Susana Eevee dijo...

Pues yo también había pensado, en mi lejana adolescencia, que el futuro (este futuro) sería la consecuencia de una hecatombe en la que habría dos posibilidades: subsistir como desharrapados en un mundo postapocaliptico tipo Mad Max y matando por un litro de gasolina, o bien que estaríamos viviendo bajo tierra en ciudades subterráneas con diferentes niveles, y desplazándonos tan ricamente en unos gigantescos ascensores...
Tropecientos años después de estas elucubraciones, ni Mad Max, ni mega ciudades subterráneas, ni ná.

Akaki dijo...

jeje, pues si.

saludos

j p dijo...

Pues sí, vivimos en un futuro imperfecto, que no se parece en nada al siglo XXI que nos pintaban en las películas de los años cincuenta y sesenta...y además seguimos siendo pitecantropos con las mismas costumbres.

magnífico artículo.

Anónimo dijo...

Hace un par de meses leí un libro llamado "la carretera" de Cormac Mccarthy, el mismo autor de "No es país para viejos", es un relato de ficción situado en una fecha indeterminada del futuro inmediato. El ambiente post-apocalíptico es escalofriante, los supervivientes solo están a la espera de una muerte inminente, por los efectos de lo ocurrido o por la lucha con otros semejantes por algo que comer. Lo irremediable de un destino fatal hace que en el fondo se perciba cierta "calma", una cierta resignación que hace la historia más impresionante.
Es cierto que no es fácil imaginarse en una situación así pero también lo es que estamos a muy pocos milímetros de tener que vivirlo, basta apretar un botón.

miwok dijo...

Una de las mejores experiencias de mi vida, mi Erasmus en Escocia, 20 añitos que tenía y ganas de comerme el mundo...y lo bien que me lo pasé, y todo lo que aprendí...fue perfecto...

Velda Rae dijo...

Pues no quisiera equivocarme, porque no soy más que una seguidora-interruptus de la ciencia ficción, pero creo que alguna novela de Robert A. Heinlein, como 'El gato que atraviesa las paredes', mostraba a su protagonista consultando mensajes en su ordenador y utilizando su terminal para diversos usos que dejaban implícita la existencia de una red estilo internet. Pero en el caso de esta novela, dada su fecha de publicación (1985, creo), más que visión de futuro, demostraría que Heinlein estaba muy bien informado.

4rx dijo...

I am very much pleased with the contents you have mentioned. I wanted to thank you for this great article. I enjoyed every little bit part of it and I will be waiting for the new updates.