sábado, octubre 11

Imágenes y palabras

Supongo que no mucha gente sabe cómo funciona el Departamento Creativo de una agencia de publicidad. Se trata de una estructura muy poco piramidal que está coordinada por un Director Creativo y, quizá, por uno o más Directores Creativos Asociados. Por debajo hay varios grupos de trabajo cuyo número depende del tamaño de la agencia. El grupo de trabajo básico está compuesto por un Redactor (o Copy), que se ocupa de los textos, y un Director de Arte, que se ocupa de la imagen. En teoría, este tándem funciona de la siguiente manera: reciben por parte del Departamento de Cuentas los datos necesarios (briefing) para hacer un anuncio (supongamos que de prensa). Ambos creativos intercambian ideas (pelotean) y, finalmente, eligen una o dos posibilidades y las desarrollan. El Redactor se ocupará de escribir los textos (titular, cuerpo de texto, eslogan) y el Director de Arte de realizar los bocetos. Luego, discuten la creatividad con el grupo de cuentas y, por último, se presenta al cliente y se cruzan los dedos. Aunque la labor de los grupos creativos no acaba aquí, claro, pues luego queda toda la fase de producción, pero eso ahora no viene al caso.

He definido ese modo de trabajo como “teórico”, porque la realidad suele ser más compleja y confusa. Con frecuencia los redactores sugieren imágenes y los directores de arte textos, a veces todo se hace conjuntamente, o hay aportaciones externas, o todo lo hace uno, o incluso nadie hace nada. Cada grupo es un mundo. Pero, antes de seguir, vamos a aclarar algo: durante la fase de intercambio de ideas, de peloteo, no se busca encontrar anuncios completos, sino las ideas-germen de esos anuncios, lo que suele llamarse el “concepto creativo”. Voy a poner el ejemplo de un viejo y brillante anuncio de 1991 (no es mío, sino de Toni Guasch y su equipo). Un grupo creativo recibe el encargo de desarrollar un spot de TV para el Volkswagen Golf GTI, un coche muy potente y rápido. Se ponen a darle vueltas al asunto, pelotean ideas y, de pronto, a alguien se le ocurre lo siguiente: “A ti (consumidor) siempre te ha gustado llegar el primero a los sitios, como demuestra el hecho de que el espermatozoide que te engendró fue el primero en alcanzar el óvulo, de modo que tu coche es el Golf GTI”. Ya está, esa bobada es el concepto creativo que contiene el germen de un gran spot. Por supuesto, luego hay que darle forma, y gran parte de la brillantez dependerá precisamente de la forma que se escoja; pero el concepto básico está enteramente contenido en la anterior frase entrecomillada (si queréis ver el anuncio terminado, pinchad AQUÍ).

Los mejores anuncios son aquellos que parten de un gran concepto creativo; de hecho, aquellos anuncios que son sólo pura imagen, sin concepto, se denominan “ejecucionales” y suelen ser contemplados con cierto desdén por los publicitarios. Pues bien, por lo general los redactores son mejores conceptualizadores que los directores de arte. Por supuesto, hay montones de excepciones, muchos directores de arte que conceptualizan de maravilla y muchos redactores torpes a la hora de buscar ideas; pero estadísticamente, los redactores producen más y mejores conceptos que los directores de arte. ¿Por qué?

Voy a aventurar una respuesta. Los redactores trabajan con las palabras, y las palabras son símbolos, abstracciones que representan conceptos. Por el contrario, los directores de arte trabajan con imágenes, y las imágenes son siempre concretas. Una imagen es lo que es y se presta a un número limitado de interpretaciones; sin embargo, las palabras, con su polisemia, con sus valores denotativos y connotativos, con su lógica difusa que tiende a la metáfora, las palabras, insisto, ofrecen un amplio abanico de interpretaciones. Son como arcilla, una materia informe y abstracta que, debidamente manipulada, permite obtener figuras concretas. Así pues, los cerebros de los redactores y los directores de arte se orientan en sentidos distintos; unos están conformados para trabajar con símbolos lingüísticos, con abstracciones, y otros para trabajar con imágenes concretas. Ahora bien, dado que la base del proceso creativo es la conceptualización, una actividad abstracta, parece lógico pensar que la realizarán con más acierto aquellos cerebros que estén mejor “cableados” para realizar procesos abstractos; es decir, los de los redactores. Me apresuro a insistir en que estoy hablando de una tendencia, de una generalización; ya sé que hay múltiples excepciones.

¿A qué viene todo esto? Pues a que el sábado pasado fui a Arte 9 para comprar un par de cómics: el tercer tomo del Lost Girls de Alan Moore, y Wanted de Mark Millar. Mientras regresaba a casa con mis dos álbumes en una bolsa, caí en la cuenta de que no había ido a buscar las obras de Melinda Gebbie y J.G. Jones, los dibujantes, sino las obras de Moore y Millar, los guionistas. Entonces recordé que la “revolución” del cómic anglosajón que había tenido lugar en los 80 y 90 fue fruto precisamente de los guionistas (de guionistas británicos, por cierto).

Y es curioso, porque durante muchísimo tiempo los dibujantes fueron las estrellas de los tebeos. Vale, sí, había unos cuantos guionistas reputados, como por ejemplo Lee Falk, René Goscinny, Stan Lee o Germán Oesterheld; y también había magníficos dibujantes-guionistas, como Hergé, Will Eisner, Charles Schulz, Hugo Pratt o Hal Foster. Pero los astros indiscutibles eran los dibujantes: Alex Raymond, Jack Kirby, Steve Ditko, Neal Adams, John Buscema, Giraud-Moebius, John Romita, Jim Steranko, Joe Kubert, José Luis García López, Curt Swan, Bernie Wrightson, Milo Manara, Uderzo, John Byrne, Richard Corben... la lista es inmensa.

Digamos que en los tebeos primaba más la imagen que el guión. En Francia, por ejemplo, el mundo del cómic estuvo mucho tiempo liderado por la revista Pilote, dirigida por el genial guionista René Goscinny. A finales de los 70, un grupo de dibujantes criados a los pechos de Goscinny se rebelaron contra el padre, formaron un grupo llamado Humanoides Asociados y fundaron la revista Metal Hurlant, una publicación orientada hacia el cómic más puramente gráfico. El ejemplo perfecto de esto es la serie Arzak, de Moebius, una sucesión de maravillosas ilustraciones al servicio de una historia que ni dios sabe qué significa, si es que significa algo. Los Humanoides Asociados gozaron de un éxito tan enorme como breve, pues la gente se cansó pronto de leer cómics esteticistas con escaso sentido y menos interés. Y es que el cómic y la ilustración se parecen, pero no son lo mismo.

Durante los 80, la industria del cómic atravesó una época de vacas flacas, sobre todo en USA. Entonces, a finales de la década, se inició el desembarco de guionistas británicos en Norteamérica: Alan Moore, Neil Gaiman, Jamie Delano, Grant Morrison, Garth Ennis o, el nuevo chico del año, Mark Millar. Todos ellos, capitaneados por los dos primeros, revolucionaron el dormido mundo del cómic norteamericano, creando obras más complejas y profundas dotadas de una vigorosa narrativa.

El ejemplo perfecto lo encontramos en Alan Moore. Todo el mundo lo sabe: es una maniaco obsesivo, un pirado que detalla con tanta minuciosidad sus guiones que prácticamente no deja margen de libertad a sus dibujantes. Centrémonos en Watchmen. Si hojeáis casi cualquier cómic de superhéroes actual, comprobaréis que el viñetado de las páginas suele adoptar esquemas muy barrocos que huyen de la simetría y la homogeneidad. Cada página posee un diseño gráfico diferente, lo que dota al conjunto de una gran brillantez visual. Por el contrario, Watchmen utiliza usualmente el formato de nueve viñetas por página, y cuando las viñetas son mayores (o menores), siguen las proporciones de la viñeta básica, como si ésta fuera un módulo. Además, el 95% de las páginas ofrecen composiciones simétricas y lo dibujos jamás rompen las líneas de corte. Es decir, visualmente Watchmen es tan clásico como, por ejemplo, un cómic de Tintín. Porque prima el guión sobre la imagen; no hay alardes gráficos, sino alardes narrativos.

Y ahora vamos a saltar de los cómics a la televisión. Ya resulta tópico afirmar que vivimos una edad de oro de las series, pero es un tópico cierto. ¿La prueba?: Los Soprano, Deadwood, House, Mujeres Desesperadas, Roma, Héroes, Perdidos, Medium, Prison Break, Dexter, Generation Kill, A dos metros bajo tierra y un largo etcétera. Este repentino subidón de calidad se debe, en mi opinión, a dos factores. En primer lugar, se ha prescindido de ese estúpido (y falso) cliché del “lenguaje televisivo” para asumir plenamente el lenguaje y las técnicas cinematográficas. En segundo lugar, se ha producido un profundo cambio en el esquema jerárquico de las producciones.

Veréis, durante el proceso de realización de una obra audiovisual existen tradicionalmente unas jerarquías y unos territorios perfectamente establecidos. Fuera del plató, en todo lo que rodea a la preproducción y la posproducción, manda el Productor; pero en el plató, durante el rodaje, el dios indiscutible es el Director. Hay numerosas excepciones, por supuesto. Algunos productores mandan siempre, en todas partes, como fue el caso de Selznick; hay directores que extienden su poder hasta abarcar la producción, como Hitchcock o Kubrick; y hay casos en los que no manda ni el productor ni el director, sino el actor, la estrella, como ocurre con el dianético Tom Cruise. Pero lo que nunca, jamás de los jamases, había ocurrido es que los guionistas tuvieran ni un ápice de poder. Sencillamente, eran las putas de la industria; hacían lo que se les pedía (y de la forma que se les pedía) y luego desaparecían de escena.

Pues bien, resulta que en la mayor parte de esas series que nos encantan, quien ahora manda es el guionista. Esa es la revolución capitaneada por la HBO: darle poder y libertad a los guionistas. Con ello, se consiguen dos cosas; por un lado, atraer a los escritores con talento, que quizá pudieran obtener más pasta del cine, pero que optan por la libertad y el control sobre su trabajo que les brinda la TV, y por otro mejorar la calidad del producto, dándole un nivel mucho más adulto, mimando las tramas y los personajes, densificando la narrativa. Y todo eso se ha conseguido primando el concepto creativo sobre lo visual (pero sin despreciar lo visual, por supuesto; simplemente, es una inversión de jerarquías).

Sin duda, el siglo XX ha sido el siglo de las imágenes, el siglo del cine, del cómic, de la televisión, de la publicidad masiva. Humberto Eco lo consideraba una nueva Edad Media, en el sentido de que las masas habían adoptado una especie de analfabetismo funcional y se regían por el imperio de la imagen. Las estrellas de cine son la nueva mitología, adoramos a personajes como Gisele Bundchen, Kate Moss o Naomi Cambell, que sólo son rostros y cuerpos, imágenes; el sueño de todo hijo de vecino es hacerse famoso apareciendo en televisión (convirtiéndose, pues, en imagen). Hay asesores de imagen, pero no asesores intelectuales. Triunfa el diseño, la cosmética y la cirugía estética. Una imagen vale más que mil palabras (tópico éste tan falso como estúpido).

La MTV nos habituó a ráfagas de imágenes sin sentido; color, música, ruido y movimiento, nada más. Hollywood acabó convirtiéndose en una fábrica de ¡pum-crash-boom! orientada a un público de 12 años, o edad mental similar. La sociedad no sólo adoptó la estética publicitaria, sino también su lenguaje y su discurso. Pero quién sabe, puede que un sector del público haya acabado harto de tanto rollo visual vacío. El cómic y la TV (o al menos parte de ellos) indican que algo está cambiando.

Estamos saturados de imágenes; quizá ha llegado el momento de las ideas.

24 comentarios:

eulez dijo...

¡Viva la época dorada de las series de TV! Lo malo es que no hay tiempo para disfrutarlas todas (ni siquiera para seguir las mejores)

merak dijo...

Interesante y cierto, pero la verdad es que quería comentarte otra cosa. No viene para nada al caso pero no tengo otra manera de contactar contigo (sugerencia: correo para fans y cosas así... ).

Me he mudado a Granada a estudiar traducción (yo, como he dicho en alguna ocasión, soy de Valencia). En una de esas mañanas tristes y deprimentes me puse a pasear por la zona de mi facultad, y encontré una librería al lado de otra, en la que compro los manuales de idiomas. Bien. En esa otra librería había una montaña de libros de oferta, a dos euros. Me puse a rebuscar sin mucho interés hasta que de pronto reconocí tu nombre en una muy maltratada edición de "El maestro oscuro". Sin pensarlo dos veces compré el libro. Y la verdad es que el simple hecho de tener un libro tuyo en aquella ciudad en la que no tenía a nadie me hizo sentirme muy bien. Lo terminé anoche en el tren.

Hombre, después de haber leído "Las lágrimas de Shiva" y "La caligrafía secreta", debo reconocer que "El maestro oscuro" no es ni de lejos lo mejor que has escrito. Pero la historia es interesante, y tu estilo sigue siendo impecable: historias que enganchan contadas con buen gusto. Así que sí, me ha gustado mucho si bien mi favorito sigue siendo "La caligrafía secreta". No sé, "El maestro oscuro" lo encuentro un poco moralizante al final, de acción muy ligera y casi sin obstáculos, cuando en el otro los protagonistas tardan en avanzar en su investigación. Los años sientan muy bien a la hora de narrar.

En fin, simplemente decirte eso. A ver si cuando termine el tocho que me he comprado hoy vuelvo a pillar una novela tuya. Un beso,

Cristina

Juanmi dijo...

César, imagino que ya la conoces, pero por si acaso te recomiendo la serie "Mad Men". Trata de una agencia de publicidad en los primeros años 60, y la ambientación es absolutamente impresionante. Parece que estás viendo una película de la época. Pero lo más asombroso es cómo muestra lo mucho que han cambiado algunos conceptos (como el machismo o la ecología) en estos años.

Anónimo dijo...

Buen artículo César.
Casualmente estos días estaba leyendo dos obras:una Canción de hielo y Fuego de martin, y la otra un cómic: Steampunk de Chris Bachalo.
La obra de martin, en el fondo (o en la superficie) es la obra de un genial guionista en la que la idea de guión prima sobre lo literario. En muchos páginas encontramos una profucsión de nombres acompañados de colores de armaduras y blasones que se repiten una y otra vez, faltando casi a la lógica literaria de no repetir los mismo una y otra vez de la misma manera. Creo que no le importa, es más le importa un c..., porque sabe que la gran traca es el guión, y que te vas a comer lo que te echen. De ahí el triunfo y el éxito de la saga.
En cuanto a steampunk, necesité una aspirina al llegar al segundo volumen. Normalmente mis gustos se inclinan por el llamado comic europeo, bastante clásico en viñetado e historias clásicas, por así decirlo (tipo el escorpión, por ejemplo). En la obra de Bachalo me ahogo literalmente en los dibujos que sobresalen de las viñetas, le doy vueltas al comic a ver si soy capaz de adivinar qué estoy viendo, porque adivino páginas más adelante cosas que no había visto. Me cuesta leer incluso, y a menudo me encuentro ordenando bocadillos porque no les veía el sentido (los había leído en otro orden). En fin, visualmente impactante, pero no pude seguir (quizá algún merodeador se la haya leido entera).
En fin dos ejemplos que se me habían ocurrido con respecto al post.
Mazarbul

Arcadio dijo...

A mí me sorprende muchísimo que cada vez que se abre el dabate sobre la edad de oro de las series no se mencione Hermanos de sangre y Studio 60, en mi opinión imprescindibles. La primera es una producción extraordinaria de Spielberg y Tom Hanks, que da cuenta de una compañía de paracaidistas que salta sobre Francia el Día D. Insisto, es extraordinaria. Y el episodio en que los soldados descubren por vez primera un campo de exterminio es estremecedor.
Luego está Studio 60 y, ay amigos, aquí ya estamos hablando de palabras mayores. Creada por el maestro de maestros Aaron Sorkin, es un retrato inteligentísimo sobre el mundo de la televisión, con unos personajes perfectament trazados, unos diálogos inteligentísimos y una producción, como todas las de Sorkin, cuidadísima. Cada episodio de Studio 60, en mi modesta opinión, es una obra maestra, una lección de cómo se debe escribir un guión, de cómo se debe crear un personaje complejo y lleno de matices, al punto que el espectador sienta de inmediato una empatía tal que una vez acabado de ver el episodio, los personajes te persigue durante días como si en realidad se tratara de alguien conocido por cuya vida y vicisitudes uno no puede dejar de sertir inquietud o compartir su felicidad o acompañarlo en la tristeza como si sus problemas fueran parte de los nuestros, interesarse a fin de cuentas por cuanto les sucede.
La serie sólo tiene una temporada, la audiencia no acompañó, lo cual dice mucho de sus carencias, y de la tiranía que una minoría de espectadores exigentes debe padecer de esa gran mayoria cuya estulticia y vacuidad determina, tan injustamente, qué se ve y qué no.
Yo sé que algún día Studio 60 recibirá el reconocimiento que merece, y que será estudiada en las escuelas de cine. No lo dudéis, si todavía no la habéis visto, dejad lo que tengáis entre manos y buscadla donde sea y gozad de ella.
No os arrepentiréis.

Juanmi dijo...

Studio 60 es una maravilla, sí señor. Una auténtica obra de arte.
Quizá la falta de éxito la ha favorecido, al contrario del "Ala Oeste", porque ahora tienes una única temporada redonda, con un final redondo, y punto.

Arcadio dijo...

Completamente de acuerdo, Juanmi. En el fondo, pero muy en el fondo, agradezco que sólo haya una temporada. Hubiera sido triste asistir a la pérdida paulatina de calidad propia de toda serie que permanece en antena más tiempo del que debiera.

Francisco Frutos dijo...

Y hablando de series, ¿Cesar salvarías tu alguna serie española para poderla comparar a las tan buenas series antes mencionadas por ti?

samael dijo...

Añado como ejemplo de la importancia del guión en el comic, Torpedo 36. Los dibujos de Benet son fabulosos pero serían unos dibujos fabulosos más que añadir a los muchos dibujos fabulosos que hay, si no fuera por los guiones de Abuli. Yo he leido cuentos de Abuli y son tan buenos como cuando aparecen ilustrados por su colega.
El comic, según mi opinión, debe añadir y aportar el lenguaje cinematográfico a la narración. Un comic bueno debe tenerP.P.,P.G. y también P.P.P para mostrar tensión o dar pistas (al estilo Hitchcock). Incluso el tamaño y distribución de las viñetas tienen responsabilidad en la forma de contar la historia. Por cierto, se nota muchísimo cuando el dibujante varía el formato de la viñeta y su encastre en las contiguas cuando sólo lo hace por motivos estéticos. Hay comics, en que aparece un P.P. invadiendo viñetas de alrededor y eso le da una agilidad a la lectura que no tendría de seguir fomatos convencionazles.
Sí señor, la unión de la imagen y la palabra es el matrimonio perfecto para contar historias, de hecho, quizá sea la única manera. Incluso en la literatura, que aparentemente no hay imagen, sí la hay, si la palabra es tan evocadora que puede crear la ilusión de unas imágenes muy precisas en la mente del lector.
Con las series de TV tengo la sensación de que me estoy perdiendo algo realmente bueno por no seguir ninguna.

Anónimo dijo...

Desde el principio de los tiempos el hombre se comunicó a través de sonidos, gritos, susurros, incluso músicas o pre-músicas. Pero siempre se acompañaban esos sonidos de gestos, escenificaciones, en definitiva de imágenes. La unión de esos elementos en busca de una mayor eficacia hizo que se sofisticara la forma de comunicarse, es decir, la necesidad de transmitir una información es la que ha ido creando un sistema más perfeccionado. En esa búsqueda es dónde la escritura aparece como una mera representación del otro lenguaje (imagen+sonido) y de nuevo la búsqueda de su perfección es la que hizo pasar de unos símbolos que representaban objetos a una combinación de aquellos que ya querían representar ideas.
Pero, no todos sabemos usar los sistemas de comunicación de la forma más provechosa.
En un periódico se supone que deberíamos ser capaces de encontrar mensajes con un paquete informativo (titular+destacados+cuerpo de texto+imagen) que deposite en nuestra mente un resumen comprensible, pero pocas veces ocurre.
En un spot publicitario convencional (20 segundos), el creativo debe conseguir que el receptor adquiera una información a través de un puré de sonidos e imágenes muy exquisitamente cocinado, la mayoría de las veces (en la publicidad actual) el mensaje final recibido suele ser ajeno a la imagen y sonidos que lo encapsulaban, y lo terrible es que funciona.
La capacidad de asimilar paquetes informativos o de pura y simple comunicación de ideas entre los seres humanos está envenenada. Hoy día tenemos mensajes entrando en nuestro campo visual y auditivo desde que abrimos los ojos al despertar, hasta que conseguimos cerrarlos a altas horas de la madrugada, no se trata de querer entenderlos si no muchas veces de poder discriminar los que de verdad necesitamos de los que no nos aportan más que basura perceptiva.
La exposición que haces, Cesar, es interesante por lo que tiene de reivindicación de la comunicación "limpia", que es producto de la voluntad del receptor para recibirla y asimilarla, pero es equívoca al ignorar la comunicación tóxica que interviene en los procesos de asimilación de cualquier otro mensaje, es ,como en el caso de los ordenadores, un virus que distorsiona cualquier otra entrada de información.
Nada llega a nuestra mente sin estar sometido a miles de distorsiones previas que cambian el mensaje original haciendo que cada uno de nosotros obtenga un efecto ligeramente distinto al de otros.
Sólo un "afinamiento" (fine tuning) en la elaboración de los paquetes comunicativos puede asegurarnos un efecto homogéneo en diferentes receptores y en eso en donde los creativos (publicitarios, escritores, pintores, oradores e incluso políticos) deben trabajar más.
Manuel Campo Vidal ha escrito un libro llamado "¿Porqué los españoles comunicamos tan mal?" que paradójicamente adolece del problema que expone, una vez lo lees, no se encuentra una conclusión, una respuesta a la pregunta inicial.
Comunicar es saber qué queremos comunicar.
Ese punto de partida es básico y no siempre se tiene en cuenta.
Una imagen vale mil palabras y una palabra puede valer mil imágenes. Depende del emisor y del receptor del mensaje.

Anónimo dijo...

Cuando ves una serie de TV de las que hablas, no sólo te enganchan por lo bien tejido que están los diálogos, yo veo que el cuidado de la iluminación, lo bien estudiado de la planificación de cada secuencia y el trabajo de los actores es un bloque al 50% en importancia con respecto al guión.
En la TV española hay series con pretensiones que han invertido mucho en conseguir una estética americana, pero han fallado en el guión. Hay otras que aun teniendo un buen trabajo en los guiones, la han pifiado en el casting o en la imagen. Es un problema endémico de la cultura audiovisual de este país y que sólo parecía no ocurrir en la publicidad.... Hasta que llegó la invasión de los "creativos basura". Además de una generación de creativos con una escuela nacional de "buscaelimpactosiendoabsurdo", hay otro problema en ese sector y es el de la importación masiva de creativos argentinos.
Si lo pensamos un poco y miramos atrás, veremos que hasta hace unos 15 o 16 años la publicidad española era una de las más premiadas del mundo, ganaba grandes premios en los festivales, generaba ideas que se exportaban a otros países, en fin se consideraba España una potencia creativa mundial. ¿Qué pasó? Llegó la crisis del 92 y comenzó la importación de mano de obra barata (entonces) desde Argentina, vinieron grandes creativos que en principio efectivmente "refrescaron" el producto, pero con el tiempo esa importación creó una inercia imparable de llegada de "creativos" que no han aportado nada bueno si no todo lo contrario. La forma de establecer vínculos entre ellos ha llegado a intoxicar toda la industria desde las agencias, estudios, productoras... están llenas de gente llegada desde allí.
Ya sé que puede sonar a xenofobia profesional, y lo es. lo es por que no encuentro una razón poderosa para justificar este asalto. La culpa creo que está en los directivos publicitarios que como hoy ha ocurrido con las hipotecas subprime y el derrumbe de la economía mundial, fueron buscando al creativo argentino más o menos brillante que en principio costaba menos y que quedaba bien en el departamento y eso abrió las puertas a la llegada del amigo, pariente o conocido de aquel para al final haber departamentos creativos de agencias españolas en los que de 15, 2 eran españoles.
Es muy triste, un ejemplo como el inglés en el que la multinacionalidad de los departamentos funciona pero mantiene su escuela intacta debería de servir a este país (como en la crisis económica actual) para rectificar y volver a reconocer la creatividad local como un valor diferencial, sin expulsar a nadie de la profesión, al menos a aquellos que realmente son buenos.

numael dijo...

"Boston Legal" o como dar una vuelta de tuerca nueva a un tema tan visto como las series de abogados, genial.
Y lo que alguien comentaba es cierto, es imposible seguirlas todas.
Ojalá este boom hubiera coincidido con mi etapa de diletante-estudiante,
pero ahora entre el curro y los críos no puedo seguir más de tres o cuatro a la vez

Suevo dijo...

Interesante entrada, don César, como siempre.
Una pequeña aportación sobre las series españolas: uno de los problemas que tenemos en España es que una serie para "triunfar" debe arrasar en el share con unos porcentajes impresionantes. En USA para que una serie triunfe basta con un -pongamos- 8%, porque es un ocho por ciento de una población enorme. Eso hace que se puedan producir series con guiones imaginativos que vayan dirigidos a un sector determinado del público.
En España, por el contrario, una serie debe incorporar elementos de todo tipo para "encajar" bien en todo el espectro poblacional, con lo que las ideas se diluyen en una amalgama de tópicos y lugares comunes. Por ejemplo: una serie sobre homosexuales "en serio" sería imposible aquí, pero es posible en Estados Unidos.
Y visualmente (Dios y don César me perdonen por mi osadía) cinematográficamente, televisivamente, es importante tener claro a quien te diriges, centrarte en tu nicho en concreto, porque sólo conectando con ese nicho específico podrás llegar a crear algo bueno. Si pretendes algo que guste a todo-todo-todo el mundo sólo te saldrá un pastiche.
Naturalmente no puedes caer en el lado opuesto: hacer cosas sólo para tu ombligo(problema opuesto que se da en España, sobre todo, en el cine).
En cuanto a la crítica a los guionistas, estoy un poco harto de oírlo. (Y no me lo tomo como algo personal porque en los últimos años estoy bastante alejado de la ficción) . Yo creo que, más que guionistas que sepan escribir, lo que hace falta en España son productores que sepan leer. Y productores a los que les guste más el audiovisual que las ayudas al audiovisual. Y productores a los que les guste contar historias. Y productores que se gasten más en promoción que en invitar a sus queridas al yate con cargo a los presupuestos de la película...
En fin, pido disculpas, creo que me he ido un poco... ¿o quizá no?

Arcadio dijo...

Respecto a las series españolas, puedo estar equivocado, pero tengo la sensación de que según qué historias es imposible que funcionen en nuestro país, si no es una comedia tipo Los Serranos o Aída, tengo la impresión de que el inconsciente colectivo del espectador español medio cree que los CSI y demás sólo pueden tener lugar en EEUU, y que pretender trasladarlo aquí es un esfuerzo inútil. No sé, quiza me equivoco...

Anónima de las 9:59 dijo...

Me resulta inquietante (e interesante) pensar si hemos pasado de un s. XIX habitado por seres humanos alimentados con palabras, a un s. XXI, en el que primaban las imágenes.

Supongo que el cerebro de cada tipo (el del decimonónico y el del veinte) está configurado de manera diferente para entender el mundo. (La velocidad para captarlo es una diferencia obvia).

Y la forma de entender el mundo determina la propia existencia/ forma del mismo. (¿O no? ???).

Quizás estemos a un paso de construir un mundo más allá de las imágenes y las palabras.

Pero entretanto nos conformamos con ver en la tv series que (¡ya era hora!) valen la pena.

(¿Alguien ve series españolas? ¿alguna recomendación?... Yo confieso que si es española, ya me echa para atrás. Sí, tengo prejuicios. Glups. Lo confieso).

Mister_Mecha dijo...

Don cesar, como siempre una entrada mas que excelente, sin ir tanto a los rodeos de entradas anteriores, (si eso es bueno o malo no lo se, pero a mi me entretienen)

un saludo

Anónimo dijo...

Cesar, ¿qué piensas del lenguaje de los sordomudos? ¿No te parece que es un ejemplo de que la palabra y la imagen en el fondo son lo mismo?
El gesto que acompaña al signo es lo que da el matiz al mensaje, una imagen contiene un mensaje intrínseco que todos percibimos sin esfuerzo, pero además se le incorporan elementos externos como el color, la textura, el entorno donde vemos la imagen, si está o no en un marco, en un album, un periódico, un libro... o en el caso de los sordomudos la cara del emisor. Todo influye a la hora de ver y percibir los matices que perfilan el significado de una imagen, la polisemia de una palabra es equiparable a la multiplicidad de matices que una imagen puede incorporar.

César dijo...

Eulez: tienes toda la razón; no hay dios que las siga todas.

Merak: me alegro, querida Cristina, de que un libro mío te sirviera de compañía, pero lamento que se tratara precisamente de "El maestro oscuro", que es, sin duda, la peor novela que he publicado. Le tengo tanta manía que estoy pensando en no renovar el contrato de edición cuando toque... Pero bueno, al menos sólo te costó dos euros.

Juanmi: sí, he seguido Mad Men y es una serie extraordinaria, sobre todo, como dices, por la ambientación de la época. A mí me llama mucho la atención el machismo que muestra, y cómo lo que entonces era natural ahora resulta ofensivo.

Mazarbul: en efecto, el barroquismo gráfico de algunos comics yanquis es tan grande que resultan prácticamente ilegibles.

Arcadio: yo sólo llegué a ver dos capítulos de "Hermanos de sangre" (creo que los dos últimos) y me pareció una serie excelente. A ver si la encuentro por ahí. De "Studio 60" no he visto nada, pero he oído maravillas. Intentaré pillarla.

Francisco Frutos: no, sinceramente no creo que haya ninguna serie española que le llegue a la altura de los zapatos a las que estamos mencionando.

Samael: sí, el ejemplo de Abulí y Bernet es perfecto. Y sí otra vez: te estás perdiendo la mejor ficción audiovisual que se hace ahora.

Anónimo de la 1:01: interesante comentario, pero me parece que se aparta un poco del tema que yo deseaba tratar.

Anónimo de la 1:35: Se nota que eres publicitario. No sé cómo está el asunto de los argentinos en la publicidad española, pero estoy enteramente de acuerdo en que la crisis de principios de los noventa se cargó a la mejor generación de creativos publicitarios que ha habido en España. La publicidad española actual da pena.

Numael: Tanto "Boston Legal" como su predecesora "El Abogado" son series profundamente innovadoras (en un terreno tan trillado como las series de abogados), muy inteligentes y notablemente izquierdosas.

Suevo: comparto por completo tu opinión.

Arcadio: No estoy muy de acuerdo contigo: creo que se podrían hacer la misma clase de series, sólo que orientadas de otra manera. Otra cosa es que dispongamos del talento necesario para hacerlas.

Anónima de las 9:59: Naturalmente que cambia nuestra forma de "ver". Creo que una persona del XIX no podría entender la narrativa del cine moderno. Le faltarían las claves.

Mister Mecha: ¿sabes que yo pasé un par de días en tu ciudad? Me encantó; comimos en un restaurante que estaba situado en el emplazamiento de un templo maya y mi mujer se compró un par de trajes preciosos.

Anónimo de las 12:21: Claro que existen muchas formas de comunicación, y todas ellas se complementan. No obstante, nuestra comunicación primaria es la simbólica (que, cómo no, incluye el lenguaje de signos), porque además es la herramienta que usamos para pensar.

samael dijo...

abundando en el comentario de anónimo, sobre la invasión de los creativos argentinos en la publicidad española, tengo que añadir que llega mucho más lejos de lo que aparenta. No sólo hacen anuncios, también los sonorizan. Hubo un momento (ahora se oye menos) que era muy normal ver un anuncio en TV con un locutor argentino. Incluso un montón de cuñas de radio están grabadas por argentinos. Pero la cosa no para ahí. En las productoras hay argentinos. Un desembarco masivo de realizadores argentinos abarca todo el mercado, asdemás de productores argentinos. Es lógico, a fin de cuentas el realizador lo elige el director creativo, que casualmente es argentino y prefiero contratar a un pampero que a un manchego. Tanto es así, que actualemtne todas las productoras españolas, están contyratando realizadores argentinos y fjefes de producció argentinos porque si no, no se comen una rosca. Puedo dar nombres de productoras que me lo han contado con angustia, pero no los doy, porque siempre habrá alguien que piense euq es un comentario xenofobo...

Juanmi dijo...

Y (pregunto sobre un tema que desconozco por completo) ¿no puede ser que, simplemente, sean buenos?
Porque las series de televisión argentinas son mucho mejores que las españolas.

samael dijo...

no se si son buenos, pero son muchos. Y el lnivel de la publicidad española ha bajado, como se ve en los festivales internacionales, en los que ya no sacamos tantos premmios como antes.
Pero sobre todo la medida del empobrecimiento de nuestra creatividad lo da el hecho de que el Festival de San Sebastian ha tenido que admitir que se presenten campañas de toda latinoamerica, porque con la producción exclusivamente española (como era antes) se declaraban desiertos todos los premios (por falta de calidad, natrurlamente), lo cual qera una verguenza.

Rodolfo Martínez dijo...

No sé si estaré meando fuera del tiesto (que seguro queí) pero no me creo del todo esa supremacía de la palabra sobre la imagen para contar una historia (o esa necesidad de la palabra, si se quiere). O mejor dicho, sí me lo creo, pero con "reparos".

O sea, la palabra puede estar ahí, en el trabajo del guionista: sin duda él las ha usado para escribir su guión.

Pero el resultado final (que es lo que llega al lector o espectador) puede ser puramente visual, sin el apoyo de una sola palabra y sin embargo, ser funcionalmente narrativo y no necesitarlas.

Pienso en algunos comics en los que la palabra está por completo ausente y que sin embargo funcionan narrativamente. O en algunas secuencias de cine en las que pasa lo mismo: me viene ahora a la memoria el momento de "Salvar al soldado Ryan" justo tras el desembarco, cuando se descubre que los tres hermanos de Ryan han muerto y que está resuelto en pura narrativa visual y, además, de un modo tan magnífico que no sólo queda claro lo que está pasando sino que seguramente resulta más emotivo que si todo se hubiera resuelto mediante diálogos de personajes.

De hecho, en la mejor época del cine mudo, los textos eran innecesarios: la historia se podía contar a través de la pura secuencia de imágenes.

¿Que la palabra, pese a todo, está detrás en el trabajo previo, en el pensamiento y planteamiento de la obra? Seguro que sí, no lo dudo.

Pero no es estrictamente necesaria para narrar.

César dijo...

Rodolfo: por supuesto que se puede narrar sólo con imágenes, sin diálogos ni voz en off. Pero yo no me refiero a eso, sino, como tú mismo apuntas, a los conceptos y las palabras que son previos a las imágenes. El guionista no ha de ser un experto en palabras, ni en imágenes, sino en narrativa.

Víctor Eme dijo...

César, totalmente de acuerdo en lo que dices y no sólo eso, sino en cómo lo dices también. Sobre la distribución de tareas en la publicidad, tan sólo transmitirte el estrés de los creativos de tercera regional que sacamos el córner, rematamos y a veces hasta tenemos que hacer de portero y parar el balón... Aquí el papel de Director Creativo, creativo y copy -pero copy "machaca", hasta el punto de revisar tildes y comas del catálogo que sale a imprenta- se unifican en una sola persona. Se exige genialidad pero sin cobrarla y a ritmo de MacDonalds. En fin...

Sobre la eficacia de la palabra como conjuradora de ideas, recojo una cita que una vez le escuché a ¡Sánchez Dragó! -pero que me parece válida "a pesar de"-:

"Una palabra vale por mil imágenes".