lunes, octubre 27

Ocasiones perdidas

Contemplad la imagen que levita por encima de estas líneas; ¿no os entran ganas de postraros ante ese tipo? ¿No le saludaríais agitando ramas de palma al cruzároslo por la calle? ¿Si le vierais caminar sobre las aguas no pensarías: “coño, es lo suyo”? En el caso de que tuvierais lepra, ¿no acudiríais a él antes que a quienes quieran que sean los médicos que se ocupan de la lepra? Si os poseyeran un par de demonios, ¿no pediríais hora en su consulta? Y, lo más importante, ¿no venderíais todo lo que tenéis para entregarle gozosos la pasta así obtenida con el fin de granjearos la salvación eterna? El que haya respondido negativamente a alguna de estas preguntas es un rojo y un ateazo indigno de escuchar MI PALABRA. Ah, fariseos, que sois todos unos fariseos...

El tipo de arriba soy yo. No sé cuántos años tenía cuando fui así inmortalizado en sales de plata, pero desde luego menos de veintidós (luego explicaré por qué). Probablemente veintiuno; quizá veinte. La foto me la hizo mi hermano, Big Brother, hace casi treinta y cinco años; creo que desde entonces no la había vuelto a ver. Pero el pasado viernes, mi hermano la encontró y me la mandó como archivo adjunto a un e-mail. Su texto decía: “Por si visto el éxito de tu blog decides crear una secta, ahí va una foto para banderines de enganche. BB”.

Coño, tiene toda la razón. Contemplad esa foto; olvidaos de la larga cabellera y de la barba, que eso es atrezzo fácilmente imitable, y fijaos en la mirada, en esa bobalicona expresión de bondad infinita, la vista perdida, los ojos claros y despejados, el rostro medio girado hacia el cielo, como esperando que las nubes se abran y un palomo baje de las alturas para posarse en mi hombro. Es el rostro de quien ha alcanzado la iluminación y la gracia; o de quien se ha fumado un canuto bien cargadito (conociéndome, apuesto doble contra sencillo por la segunda opción). Perece una de esas estampitas edulcoradas que las beatas usan como punto de lectura en sus misales. “San Bernardino de Antioquía, eremita y mártir. Tras pasar veinte años en el desierto a la pata coja sobre una columna, padeció suplicio por orden de Nerón al ser repetidamente sodomizado por una trouppe de osos germanos en las arenas del circo”. La foto reflejaría la expresión que se me puso cuando iba por el sexto oso.

Pero no, qué coño santos; hay que pensar a lo grande. Si os encontrarais de repente con un tipo como el de la foto, ¿no os entrarían ganas de hincaros de rodillas y exclamar: ¡Parusía, Parusía!? Vale, ya sé que no, porque sois unos moros y unos descreídos y no tenéis ni puta idea de lo que es la Parusía. La segunda venida de Cristo, eso es la Parusía. Y no podréis negar que el parecido con Jesús es notable, ¿eh? Joder, me falta el halo, y eso con un neón se suple fácilmente. En fin, ¿os podéis imaginar la pasta que podría haberle sacado a mi aspecto? Si Amparo Cuevas (ver foto), la vidente de El Escorial que chatea con la Virgen cada dos por tres, tiene seguidores con esa estampa de verdulera que se marca, yo podría haber arrastrado multitudes.

Pero la cagué; era joven y no supe valorar mis posibilidades. Me corté el pelo. Aunque tenía dos buenas razones para hacerlo.

Veréis, por aquel entonces yo vivía en el centro de Madrid, en el número 23 de la calle Españoleto. Allí, haciendo esquina con Zurbano, estaba (y sigue estando) la embajada de Suecia. Pues bien, corría el año 1975; en julio, el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) se había cargado a un policía, de modo que todas las fuerzas de seguridad/represión se hallaban en estado de alerta y muy cabreadas. Entre las medidas que se tomaron estaba la de reforzar la seguridad de las embajadas, así que frente a la delegación diplomática de Suecia siempre había un par de grises (los polis de la época) y un coche patrulla camuflado. Y mi casa estaba muy cerca, casi enfrente, de esa embajada. Esto se traducía en que indefectiblemente, cada vez salía de casa o llegaba a ella, los policías que vigilaban la embajada sueca decidían pasar el rato encañonándome con sus armas, pidiéndome la documentación y mirándome con cara de estar deseando que una trouppe de oso nazis me sodomizara. Todos los días, sin excepción, aunque ya me hubieran pedido veinte veces el DNI, sólo por matar el tiempo y tocarme las pelotas. Una mañana, aparqué frente a mi casa y, justo cuando apagaba el motor, un poli histérico introdujo su metralleta por la ventanilla, me incrustó el cañón en la cabeza, por entre mis luengas guedejas, y me pidió a gritos el carné. Me dio un susto de muerte.

Y claudiqué; estaba harto de que me detuvieran; además, el día menos pensado se le iba a escapar un tiro a uno de esos descerebrados con uniforme. Esa misma tarde fui a la peluquería, me corté el pelo, me recorté la barba y se acabó: desde entonces, no volvieron a amenazarme con sus armas ni a exigirme el DNI, ni una sola vez más. Por eso sé que en la foto tengo menos de veintidós años; porque a esa edad dejé de ser un greñudo.

Supongo que pensaréis que fui un caguetas, que me sometí al sistema, que renuncié a mi aspecto hippy porque en realidad nunca fui un auténtico rebelde, que doblé la testuz y lamí las botas del tirano. Pues sí, tenéis razón; pero estaba hasta las narices de que me detuviera la poli, qué queréis que os diga. Además, tenía una buena excusa, la segunda razón para cortarme el pelo: me estaba quedando calvo (advertir entradas en la foto) y los cabellos largos aceleran la pérdida de pelo. Al final dio igual, porque me quedé calvo de todas formas, pero al menos eso me proporcionó un buen argumento para engañarme a mí mismo pensando que no me había vencido el sistema, sino la alopecia.

En cualquier caso, aquél fue el final de mi semejanza con Jesucristo y bloqueó toda posibilidad de que me hiciera rico como líder carismático de una secta. Ahora ya no me parezco ni remotamente al buen Jesús; en realidad, me parezco un poco a Buda, pero a un Buda cabreado, lo que no da mucho margen de juego religioso. Qué le vamos a hacer...

Del tipo de la foto sólo queda eso, una fotografía. Y una profunda melancolía, la nostalgia de lo que se fue para no volver jamás. Y perplejidad: no recordaba tener esa mirada de gilipollas.

18 comentarios:

Gatopardo dijo...

César, ya sé que soy una depravada; pero para mí, el muchachito de luenga melena que fuiste no tiene un polvo ni harta de vino.
Sin embargo, los años te han dado un morbo que ni tu santo estado matrimonial logra estropear.
No sé cómo lo hiciste con esa base; pero ahora eres un hombre muy atractivo, "con carisma", como lo traduce mi amiga Sole, que tiene el léxico de catequista virtuosa.
Otra cosa es que, por instinto de conservación, prefieras hacer como que no tienes éxito con las damas.
PD

merak dijo...

Independientemente del significado que tenga para la gente, una gran mayoría de la población masculina gana atractivo con el pelo bien cortado y SIN BARBA. Nada de perilla ni del bigotito ni la barba descuidada de tres días que tanto se lleva. Los muchachos, imberbes y efebos. Si no tienes un labio leporino no hay motivo para dejarse crecer la pelambrera. Así que hijo mío, cuando puedas pon una foto del "después de la barbería". Después de todo, también hay alguna excepción (y con alguna excepción me refiero a lo del labio leporino y poco más).

Pues hombre, yo creo que incluso hoy tendrías éxito como líder sectario. Lástima que seas buena persona. En fin, eso es todo. Pero qué fuerte que te pidieran el carnet por esa gilipollez. Un beso,

Cristina

j p dijo...

Jugosa, divertida y esperpética historia.
Magnífico papel el de la troupe de osos sodomizadores...
qué arte tienes para contar las cosas...fantástico

Anónimo dijo...

Pues yo creo que estás guapísimo en la foto (sin mariconadas, eh?)
Y ahora también estás guapo, que el que tuvo, retuvo.

Y, Merak, no puedo estar más en desacuerdo contigo. La prueba la tienes en Viggo Mortensen, que es más atractivo cuanto más roña lleva encima, y tiene un aspecto un poco babosete cuando se afeita y se peina (normalmente hace de "malo" cuando va repeinao y de "bueno" cuando va sucio)
Cada persona es un mundo.

Juanmi.

Miroslav Panciutti dijo...

Creo que los motivos que te llevaron al barbero fueron más que justificados; no hay apariencia que deba defenderse a riesgo de tamaños sustos con los grises. En cuanto a la foto, espectacular (especialmente cuando se abre en tamaño grande con esos efectos artísticos tipo photoshop); desde luego, tenías posibilidades como líder espiritual, aunque quizá habrías tenido que emigrar a otras latitudes (no veo yo la España del 75 muy adecuada para esos fines).

eulez dijo...

El primer comentario debería subirte la moral que tan empeñado estás en destrozar.

En cuanto a la renuncia "ideológica" por cortarte los pelos... piensa en la mierda de ideología que tendría que ser, si con cortarte el pelo la estás perdiendo. Con todo mi respeto por los jipis, eh?

Emilio dijo...

¿Y eso que llevas colgado del cuello... ES UNA BALA?

RM dijo...

Si te sirve se consuelo, a mí me recuerdas a THUN, el hombre-león de Flash Gordon...

Artemisa dijo...

Eh, no sales mal. Pones una tienda de incienso y te forras.

Qué envidia no tener tu edad y haber vivido esos años... los tiempos que estamos viviendo mi generación no son nada atractivos de cara a los nietos comparados con los sesenta y setenta. A nuestros descendientes les diremos: "Pues sí, nene, yo me fugaba tres horas de cinco en el instituto, pero me saqué los estudios porque el sistema estaba hecho para vagos y tontos, votaba al que mejor hablaba porque sabía que todos mentían, no iba a las huelgas porque, total, pa' no hacer na, me iba con mis colegas a pasarlo bien...".

Tú puedes fardar, así que farda, Fray César de Baskerville. =)

Mister_Mecha dijo...

gracias a dios no soy el unico que ve a jesus en los hombres barbudos y de cabellos largos, ahora se que mis amigos son los locos.

saludos

Anónima de las 9:59 dijo...

XD No sé si me he reído más con la entrada de César o con los comentarios. (¡Qué bonito empezar el día así!).

En la foto yo sí veo a Jesucristo ("¡Oh, lo veo, sí. Aleluya"!)...

Pero disiento en cuanto a la mirada. Tu mirada de hoy sigue siendo esa misma, sólo que la intentas disimular. De hecho, yo, ejem, confieso, ejem, que siempre me has recordado a... (¡¿Perdóname, César?!)... A Papá Noel (o Santa Claus, llámalo como quieras).

¿Volverás a hablarme alguna vez?... Y lo más importante: ¿Seguirás trayéndome regalos en Navidad?... Porfaaaa...

(Oye, ya no puedo ser anónima en la firma. Ops)

Anónimo dijo...

Doménico Theotocopuli, afamado director de arte de origen cretense, incorporó al arte pictórico de su época la distorsión como un elemento de ruptura de forma tremendamente innovadora. Los rostros de sus cuadros en realidad se basaban en los gestos de los internos de un manicomio al que acudía buscando caras para representar la alucinación en cuadros de santos y vírgenes, cuerpos esbeltos, caras alargadas, colores algo tétricos y una inquietante languidez.
Fernando Botero es un bocetista colombiano que ha buscado un territorio de expresión original y, de alguna forma, en las antípodas del que encontró Domenico. Sus cuerpos son volúmenes rotundos, esféricos, vestdos de colores vivos o de una desnudez sonrosada un poco infantil, de facciones algo inexpresivas o en todo caso que demuestran cierta sorpresa en la mirada, como si les hubieran hecho un cuadro como el que hace una foto por sorpresa o se sorprendieran por vernos delante al abrir una ventana de un décimo piso.
En el fondo ambos quisieron encontrar un único gesto, una única cara con la que representar a hombres y mujeres de cualquuier edad, captar una única referencia para comunicar sentimientos y actitudes. Y lo curioso es que eso es en realidad lo que haríamos cualquiera si tuviéramos la necesidad de dibujar a una persona, tomar una referencia y usarla para ilustrar un ser humano, cambiaríamos elementos accesorios pero siempre estaríamos dibujando a la misma persona, a nosotros mismos.
Domenico y Fernando buscaron una inspiración pero en realidad se dibujaban a si mismos tal como ellos se veían o imaginaban, necesitaban ver en otros las muecas y gesticulaciones para poderlas aplicar al modelo que ya había en sus cabezas.
Cuando nos miramos en una foto antigua ya nonos vemos en ella, el tiempo borra detalles que distorsionan aquel momento y nosotros hemos modificado el modelo en nuestro inconsciente para adaptarnos a la persona que vemos en el espejo, unas veces Dios otras el Diablo, unas El Greco y otras Botero.

Juanma dijo...

La foto mola: como para no engancharse a una secta... Me he acordado más de Charles Manson que de Jesucristo, pero supongo que ello es producto de mi vertiente friqui...

miwok dijo...

Lo de la secta no lo veo, eh? no lo veo...pero guapo me lo pareces un rato...con más o menos pelo... ;-)

PD El otro día en la cuesta Moyano estaba tu Caín al lado de El Coyote...me hizo gracia, le hice una foto y la colgué en el blog y todo...padre e hijo unidos en una mesa :-)

Manuel dijo...

Bueno, a toro pasado es fácil dar consejos.

Yo hubiera probado durante una temporada crear un personaje tipo iluminado. Cuando los policías me interrogaran les miraría con ojos vidriosos, les saludaría con un "Pax, hermano" y después en contestación a sus preguntas diría un par de cosas coherentes seguidas de una charla inconexa sobre la Segunda Venida y el arrepentimiento de los pecados...

Oye, a lo mejor colaba...

Anónimo dijo...

Aquí, mucho hablar del fotografiado y muy poco del fotógrafo.
La foto, que si estuviese firmada por Mapplethorpe provocaría desmayos de admiración, se hizo con una Hasselblad y dos flashes rebotados y el modelo no era ni la mitad de la mitad de lo guapote que salió. O sea que un mérito para el hermano mayor.
Miroslav Panciutti: tienes razón, a la foto se le hizo, muchos años despues de haber sido tomada, una pequeña pasada por Photoshop. Buen ojo el tuyo.
Big Brother (no me funciona la firma habitual)

Alicia Liddell dijo...

Así era él, cuando compartíamos clase allá a mediados de los 70. Doy fe.

César dijo...

Gatopardo: ¡tómese usted lo que quiera, bella dama, que pago yo!

Merak: coño, Cristina, que me corté el pelo, no la barba. Y me queda patriarcalmente bien, te lo juro :)

jp: gracias.

Juanmi: es que desde esa noche que pasamos juntos en una Hispacon, me ves con buenos ojos, saleroso.

Miroslav Panciutti: pues sí, no eran buenos tiempos para montar una secta. No obstante, el tinglado de el Palmar de Troya se montó en aquellos tiempos, si mal no recuerdo...

Eulez: el caso es que me obligaron a hacer algo que no quería hacer. Claudiqué; por buenos motivos, pero claudiqué.

Emilio: no, no es un bala. Es una "figa", un amuleto gallego en forma de mano con el dedo pulgar entre el índice y el medio. No sé si progegía contra el mal de ojo, pero desde luego no protegía ni un pelo contra los grises.

RM: Siempre quise ser Zarkov...

Artemisa: sí, ahora contemplamos aquella época desde un punto de vista romántico, pero en realidad fue una mierda. Imagínate tan solo no poder leer ciertos libros, porque estan prohibidos, o ver las películas con cortes en cada beso, o no poder escribir lo que quieras por miedo a la censura. Lo dicho, una mierda.

Anónima de las 9:59: Grrrrrr... (gruñido)

Anónimo de las 2:59: Excelente comentario que supera con mucho el nivel intelectual de mi post.

Juanma: pues sí, también debería haber contemplado la vertiente satánica. Un Mesías Oscuro... mola.

Miwok: muchas gracias por los piropos, guapísima, y muchas gracias por la foto. La he robado de tu blog y dentro de poco la verás aquí. Un beso.

Manuel: no está mal el consejo, pero me parece que los polis de aquella época se sentían más próximos a los legionarios romanos que al buen Jesús. Eso sí, lo más seguro es que me hubieran dejado hecho un cristo.

Big Brother: contemplar el hermoso semblante que reproduce esa foto y pensar en el fotógrafo sería como quedarte mirando el dedo cuando te señalan la Luna.

Alicia: sí, amiga mía, tú caminaste junto al Mesías cual María Magdalena. Qué tiempos, ¿verdad? Sigh (suspiro)