jueves, marzo 11

¡Vigilad el cielo!

Una de las maravillas de la literatura es que permite vivir situaciones que, de otro modo, te estarían vedadas. Vivir amores más grandes que la vida misma, visitar escenarios remotos e inaccesibles, correr aventuras trepidantes, investigar misterios, introducirte en la mente humana... en fin, cualquier cosa que se nos ocurra. Pues bien, una de las maravillas de la literatura de ciencia ficción (cf, por acortar) es que te permite vivir situaciones en principio plausibles, pero por el momento ajenas a nuestra realidad. Viajar a las estrellas, conectarte mentalmente a un ordenador, desplazarte en el tiempo, relacionarte con robots y un largo etcétera de temas.

Ahora bien, ¿cuál sería el gran tema, si es que existe un gran tema, de la cf? Supongo que habrá diversas opiniones al respecto; la mía es muy concreta: el gran tema de la cf es “el otro”. Y, en concreto, la máxima forma de otredad que podamos concebir: el alienígena.

Vamos a ver, a mí no me sorprendería que hubiese otros seres inteligentes en el universo; lo que me sorprendería es que no los hubiese. Creo que, dada la extrema vastedad del universo, y aunque no tengamos la menor prueba, es lógico pensar que la vida se ha desarrollado en otros planetas. También es lógico pensar que esas vidas alienígenas estarán sujetas a la evolución darwiniana y, por tanto, parece razonable que la evolución haya conducido a la inteligencia, como ocurrió en la Tierra. Pero, claro, esas inteligencias extraterrestres pueden estar a miles de años luz de nosotros; son, hoy por hoy, absolutamente inalcanzables. Salvo que vengan a visitarnos, claro.

La cf aborda el tema del alienígena de diversas maneras. La más “pura”, por así decirlo, son los relatos de “primer contacto”; es decir, el primer encuentro entre humanos y extraterrestres. Ahí tenemos novelas clásicas tan conocidas como “Cita con Rama” y “El fin de la infancia”, de Clarke. O “Contacto”, de Carl Sagan, que se adentra en una variante del género: los mensajes extraterrestres. Otra forma de tratar al alienígena es convertirlo en monstruo, como ocurre en “Destructor negro”, de Van Vogt, novela que “sirvió de inspiración”, o fue directamente plagiada, para “Alien, el octavo pasajero”. Luego están las historias de ovnis, y los relatos de “diplomacia alienígena”, y las épicas narraciones de guerras estelares, y, en fin, un montón de variantes.

Me gustaría aclarar algo: quizá el reto más complejo que puede afrontar un escritor es intentar dar forma a una psicología alienígena. De hecho, es tan difícil que, como viejo lector de cf que soy, creo que nadie lo ha conseguido, ningún escritor ha logrado diseñar mentalidades alienígenas convincentes al cien por cien. Con una excepción: Cordwainer Smith. Pero, en realidad, sus personajes no son alienígenas, sino seres humanos de un futuro muy, pero que muy distante. Aún así, la mente de esos personajes resulta tan extraña y exótica como la del alien más raro que podamos imaginar. Creo que es la forma más radical de otredad que he encontrado en la literatura, sea del género que sea.

Otra cosa: La cf puede utilizar el tema del extraterrestre como mero divertimento, lo cual no es malo; pero también puede convertirlo en una metáfora acerca de diversos asuntos, en particular sobre la xenofobia. Ahí está, por ejemplo, esa excelente película que es “Distrito 9”, donde el contacto con alienígenas no es más que una explícita reflexión sobre el apartheid. Por otro lado, la mera existencia del extraterrestre, del “otro”, exige una auto definición por nuestra parte. Lo alienígenas son eso, lo que sea. Vale; entonces, ¿qué somos nosotros? Por eso digo que la “inteligencia extraterrestre” es el gran tema de la cf: porque escribir sobre él implica, si se hace seriamente, reflexionar sobre la naturaleza de nuestra especie. No puede existir el “otro” si no tenemos muy claro lo que significa ser “nosotros”. Estoy seguro de que, si tuviéramos alguna prueba de la existencia de una civilización extraterrestre, nos cuestionaríamos seriamente nuestro lugar en el universo. Y nos llenaríamos de temor, por cierto.

Y puede que no sin razón, porque me he dejado para el final otra gran variante de la cuestión alienígena: las invasiones extraterrestres. Vale, lo reconozco, me lo paso pipa con una buena historia de aliens cabrones empeñados en quedarse con la Tierra y follarse a nuestras hermanas. Y me gustan desde la primera que leí, que fue la primera que se escribió: “La guerra de los mundos”, de H. G. Wells. Esta magnífica novela, por cierto, no es sólo un apasionante relato de aliens josdeputa, sino una crítica al colonialismo occidental tan en boga por aquella época. Propone además una visión realista sobre el asunto, pues los humanos no pueden hacer nada contra la tecnología marciana y al final son los gérmenes lo que inclina la balanza de nuestro lado.

La novela de Wells ofrece una visión bélica de las invasiones extraterrestres que ha servido de modelo a numerosos relatos posteriores, pero en 1955 apareció otra novela que ofrecía un modelo distinto de invasión: la infiltración silenciosa. Me refiero a “La invasión de los ladrones de cuerpos”, de Jack Finney, aunque su fama proviene más de la película que Don Siegel rodó al año siguiente (posteriormente se realizaron otras tres versiones cinematográficas; la última, dirigida por Oliver Hirschbiegel, es espantosa). El argumento trata sobre unos aliens que adoptan nuestra apariencia y nos sustituyen sin que (casi) nadie se de cuenta. Aquí la metáfora habla sobre la pérdida de la identidad; unos la han visto como un crítica al macarthismo y otros como una crítica al comunismo, aunque probablemente sólo era un divertimento.

Otra variante, muy curiosa, del “modelo infiltración” es “Los cuclillos de Midwich”, de John Wyndham, una de mis invasiones extraterrestres favoritas. Los cuclillos ponen sus huevos en nidos de otras especies de pájaros para que sean estos quienes los empollen y críen. La historia de la novela es la siguiente: un buen día, el tranquilo pueblo inglés de Midwich se ve rodeado durante 24 horas por un campo de fuerza infranqueable y todos sus habitantes pierden el sentido. El fenómeno desaparece y, al cabo de un tiempo, todas las mujeres del pueblo descubren que están embarazadas. Nueve meses después, nacen unos niños de ojos dorados y poderes extraordinarios que parecen humanos, pero no lo son. En realidad son las crías de cuclillos extraterrestres.

Y es que los aliens pueden invadirnos de muchas formas distintas. Cliford D. Simak imaginó en su novela “Caminaban como hombres” a unos extraterrestres que nos invadían dedicándose a comprar, en secreto, todos los terrenos y edificios de la Tierra, cargándose así la economía y dejándonos, literalmente, sin espacio para vivir. El mismo escritor imaginó una invasión pacífica, incluso pastoril, en su novela “All Flesh Is Grass”, donde los extraterrestres llegan a la Tierra en forma de semillas cósmicas, pues son flores. Y no puedo olvidarme de “Marciano vete a casa”, de Fredric Brown, cuyo argumento se centra en una invasión extraterrestre de pequeños hombrecillos verdes, inmateriales y sumamente tocapelotas. Se trata de una sátira, por supuesto.

En fin, hay tantas novelas sobre alienígenas belicosos que ni se me pasa por la cabeza intentar ser exhaustivo. Recuerdo “La lucha contra las pirámides” (Wolfbane), de Frederik Pohl, o “La fragua de Dios”, de Greg Bear, o “Campo de batalla: la Tierra”, de L. Ron Hubbard, el padre de la Cienciología, una novela malísima que John Travolta llevó al cine con resultados ridículos. Es digna de mención “Bajo la piel”, de Michel Faber, una historia en la que los extraterrestres nos invaden porque les encanta el sabor de nuestra carne; y también “El corcel”, de Carol Emshwiller, donde nos convertimos en monturas de unos aliens invasores. Aunque, a decir verdad, esas dos últimas obras son más fábulas que ciencia ficción. La última novela de invasiones clásicas que recuerdo haber leído es “Ruido de pasos”, de Larry Niven y Jerry Pournelle, un relato muy, pero que muy mediocre (no me gustan esos dos autores; ni juntos ni por separado).

La mayor parte de las historias de invasiones alienígenas (aunque no todas) concluyen con el triunfo de la humanidad, lo cual no es nada realista. El ejemplo más próximo que tenemos de la invasión de otro planeta es la conquista de América por los europeos, y ya sabemos cómo acabaron los indígenas americanos. Una ley de la historia reza que cuando dos civilizaciones chocan, la que posee inferior tecnología se va a hacer gárgaras con tachuelas. Pues bien, si una especie extraterrestre dotada de una tecnología capaz de alcanzar las estrellas decidiera invadirnos, jodidos estaríamos. Y eso queda claro en la novela de invasiones alienígenas más realista que he leído: “Los genocidas”, de Thomas M. Disch. En esta historia, los aliens llegaron, se cargaron a la humanidad como quien acaba con una plaga de hormigas, y cubrieron nuestro planeta con sus cultivos extraterrestres. Los escasos humanos que quedaron sobreviven entre las plantaciones llevando una infraexistencia y de vez en cuando son fumigados. Eso sí que es ponernos en nuestro lugar en el universo: los extraterrestres son tan superiores a nosotros, que para ellos sólo somos insignificantes animales a los que no hay que prestar más atención que la necesaria para eliminarnos.

Supongo que os preguntaréis a qué viene este rollo. La verdad es que yo también me lo pregunto... porque lo único que quería es recomendaros, más o menos, una novela que acaba de reeditarse. Se trata de “Amos de títeres” (La factoría de ideas, 2010), la primera novela que publicó Robert Heinlein (en 1951). Mejor dicho, la primera novela para adultos, pues antes había publicado cuatro juveniles (en España se publicó por primera vez con el título "Titán invade la Tierra"). Se trata, claro, de una invasión extraterrestre, en su variante “infiltración silenciosa”. Los aliens, una especie de babosas bastante repugnantes, llegan a la Tierra en secreto y se dedican a controlar cuerpos humanos mediante el procedimiento de subirse a la chepa de las personas e introducirles unos zarcillos en el cerebro. Cómo vemos, se trata de una variante sobre “La invasión de los ladrones de cuerpos” (o al revés, porque la novela de Finney es posterior). Y, teniendo en cuenta la ideología de Heinlein, estoy seguro de que la alegoría anticomunista no es casual.

Puede que “Amos de títeres” no sea una buena novela, pero sin duda es una novela francamente divertida. Heinlein era un excelente narrador y, por aquella época, aún no tenía agudizados sus peores defectos (aunque el ramalazo “halcón” no se lo quita nadie), y el relato respira el entrañable aroma paranoico de las mejores series B del cine de los 50. En realidad, eso es “Amos de títeres”: una buena, entrañable y divertida serie B.

Por cierto, en 1994 Stuart Orme llevó esta novela al cine teniendo como protagonista a un Donald Sutherland en horas bajas. La película, que en España se llamó “Alguien mueve los hilos” (y que se estrenó directamente en video), desaprovecha por completo el material literario del que parte y está rodada con telefílmica desgana y muy escasa imaginación. Aunque, bien pensado, Orme tiene su mérito, pues ya es difícil convertir una novela muy divertida en una película aburridísima.

En cualquier caso, si os gustan las historias de alienígenas encabronados decididos a convertirse en okupas de nuestro planeta, os lo pasaréis muy bien leyendo “Amos de títeres”. ¿Una lectura intranscendente? Por supuesto, ¿y qué?

21 comentarios:

Suevo dijo...

Concuerdo: Amos de Títeres es divertido. He visto incluso una película (parecía una tv-movie) basada en ella. Era peor que el libro, ¿pero no pasa casi siempre? En sus Memorias Asimov hablaba bien de Heinlein, disculpando un poco su "torcimiento" ideológico final. Recuerdo que en alguna novela de CF posterior los "heinlenianos" eran un movimiento social hiperindividualista, siguiendo la filosofía que se le atribuye a este autor.
Difiero con Distrito 9: me parece mala. Igual que Contacto (la novela y la película).
Larry Niven puede no ser un genio, pero su Mundo Anillo es un lugar al que durante toda mi juventud quise viajar. Y las relaciones extraterrestres (recuerdo todavía los axiomas que el titerote daba al kzinti) son fascinantes ("el humor se relaciona con un mecanismo de defensa interrumpido... no, ningún organismo inteligente interrumpe jamás un mecanismo de defensa". Si tenemos en cuenta quién decía cada cosa -una especie guerrera lo primero y una tenida por cobarde lo segundo- las conclusiones filosóficas eran muy interesantes).

Seguiré su recomendación por los autores que no conozco, y me atrevo a añadir otro a la lista: Iain Banks, en su faceta de la Cultura. Tiene varias novelas, de calidades diversas, para mí la mejor es El jugador -nada que ver con la otra-.

También echo de menos en su lista los viejos, viejos títulos que el maestro Asimov nos traía en su "la edad de oro de la cf". "Thumitak de los corredores" es una bazofia, pero le da cien vueltas al cienciólogo. Y, valores racistas de la época aparte, "Tetraedros del Espacio" todavía me hace vibrar.
Relatos serieB, por supuesto, pero que me hicieron soñar durante años.

Finalmente, reflexiones:
¿2001 no sería otra de contactos?
¿y también, lógicamente, El juego de Ender? (para mí sólo interesa la primera, y no demasiado).

Me cuesta hacer comprender a la gente lo fascinante que es la CF, tanto por lo que puede venir -tecnología, diversión, etc-, como por someter lo que somos al "test de Rotschild" de ver otra cosa distinta, una mancha que en realidad somos nosotros mismos. Por ejemplo: ¿No es curioso ver la cf "políticamente correcta" soviética como "Qué difícil es ser Dios"? ¿No es esa novela una base excelente para analizar la propia sociedad que lo creó, sus miedos, fobias, prohibiciones?

Siento el rollo, don César, pero es que la CF me apasiona. Prometo estarme calladito los siguientes posts.
(Por cierto, está muriendo Delibes, el Nobel que debió ser y no fue. Para mí el mejor escritor en castellano, con perdón por los presentes).

Mon dijo...

Pues creo que Solaris de Lem refleja muy bien una inteligencia extraterrestre.

Tambien Diaspora de Egan

Saludos

Naeros dijo...

La figura de Heinlein siempre me ha resultado muy curiosa.
No tengo muy claro cómo fue, pero desde luego se ven ideologías distintas dependiendo del libro que leas.
Por ejemplo, Forastero en Tierra Extraña es una de las novelas de CF más hippies que he leído (reconozco que tengo que volver a hacerlo porque la leí hace muchos años, pero bueno) y en cambio Tropas del Espacio pasaría por todo lo contrario (no me valen los argumentos de quienes dicen que en realidad es una parodia del fascismo).

Álex Vidal dijo...

Iba a decir exactamente lo mismo que Mon, pero como ya lo ha dicho él, yo me callo :-|

Ah, Heinlein, ese minarquista. Asimov le da bastante cera en sus memorias :)

Álex Vidal dijo...

Le di al botón antes de pensar (para no variar): Que eso no quita que Heinlein sea un buen autor, y muy divertido, como dices :)

Luis Manuel Ruiz dijo...

Se te agradece el historial exhaustivo de este gran tópico de la literatura y el cine: me pongo a buscar ya algunos de los títulos que mencionas, aunque con la resignación previa de quien sabe que la mayoría andarán descatalogados... Por lo demás, sumarme a la opinión de otros merodeadores: sobre psicología alienígena me quedo con Solaris.

Big Brother dijo...

Muy de acuerdo en todo. Sólo recordar que el título inglés de "Titán invade la Tierra" es "Puppet masters" (Amos de títeres). Mucho más adecuado, ¿no?

Otra cosa: la relación de novelas excelentes con esa temática es, como ha demostrado César, larguísima. Creo que, sin embargo, si intentásemos hacer una lista semejante de buenas películas sobre invasiones extraterrestres nos encontraríamos -perdón, Tim Burton- con muy pocos o ningún título. "La invasión de los ultracuerpos y poco más". Y ninguno en series "A" (basta con recordar la más que fallida última y tomcruisiana versión de "La Guerra de los Mundos").

Fernando dijo...

Agrego un clásico sobre la ciencia ficción y en particular sobre la colonización interespacial (y que funciona casi como una extensión a lo que sucede acá): Crónicas Marcianas.

Víctor Moral dijo...

El título de la entrada creo que sonaba al final de una película de serie B
llamada "El enigma de otro mundo" ¿ puede ser ?. La recuerdo en blanco y negro
(aunque pudiera ser el televisor) y que lo decía uno de los supervivientes en
una locución de radio, tras informar de lo que les había ocurrido.

Por otra parte tengo muy buenos recuerdos de la novela "Amos de títeres",
porque fue una de las primeras que me mostró el desarrollo de una idea más
allá de su desenlace. Dado que los bichos invasores se acoplaban a un
humano, para saber si uno de tus congéneres estaba invadido o no tenías que
poder verle "todo" el cuerpo, con lo que la ropa se convierte en un obstáculo
que hay que eliminar. El cambio en la sociedad es, pues, brutal.

Me gustó mucho.

Carlitos dijo...

Big Brother: sí que hay, pero muchas de serie B, o de lo que ahora se pensaría serie B. Están las fabulosisimas tres primeras películas del Doctor Quatermass (la última, "qué pasó entonces", es una de las mejores de la Hammer), están las versiones de los Ultracuerpos y su contrapunto en "Invasores de Marte" (cuya original, pese a una sección tontunamente militarista, es MUY inquietante es su radiografía de la alienante sociedad norteamericana de los 50... y la de Tobe Hopper es simpática al menos), está aquella peli en 3D de Jack Sholder "Vino del espacio exterior", las dos versiones de la Cosa de la que creo que es mejor la última, las dos versiones de The Blob de las cuales SIN DUDA es mejor la última, tienes alienígenas-babosa en esa pasada que es "El terror llama a su puerta"... y bueno, tienes Stargate.

No, en serio, que hay un huevo con pensar un poco sólo. Es cosa de desperezar la memoria y quitarse el sambenito de "qué despreciados estamos".

César dijo...

Suevo: Yo creo que para englobar una novela de cf en el subgénero "alienígenas", no basta con que aparezcan alienígenas. De algún modo, el eje de la obra debe girar en torno al alien y la "alienigenidad" (perdón por el palabro). "2001" sería una novela de primer contacto, en efecto, como lo es "El centinela", el relato en que se basó la película (y la posterior novela). "El juego de Ender" ya no lo tengo tan claro. Hay una guerra Vs. aliens como telón de fondo, en efecto, pero el relato se va por otros derroteros. Por cierto: detesto esa novela. Es profundamente inmoral.

Mon & Alex Vidal: Puede que "Solaris" sea una de las mejores aproximaciones a una mentalidad extraterrestre que se hayan escrito, no lo niego, pero me sigue pareciendo insuficiente. No he leído "Diáspora".

Naeros: Yo creo que Heinlein se quiso hacerse un lavado de imagen con "Forastero en tierra extraña". Pero la novela es, en el fondo, bastante timorata y de corto recorrido.

Luis Manuel Ruíz: No te creas que es exhaustivo mi artículo, porque hay cantidad de novelas y relatos sobre el tema. De los títulos citados te recomiendo sobre todo "Los genocidas" (aunque, en efecto, debe de ser inencontrable) y "Los cuclillos de Midwich", que creo que tiene una reedición más o menos reciente. Y "Marciano vete a casa", por supuesto. Ése título sí que es fácil de encontrar.

Big Brother: No me parece tan fallida la versión de Spielberg de "La guerra de los mundos". Tiene varias escenas memorables.

Fernando: Por supuesto, podemos incluir la magnífica "Crónicas marcianas". A fin de cuentas, supone una vuelta de tuerca al tema, pues en ese caso los invasores alienígenas somos nosotros.

Víctor Moral: ¡Premio para el caballero! Creía que nadie se iba a dar cuenta; en efecto, el título de la entrada es lo que dice una voz en off al final de "El enigma de otro mundo". Adoro esa película. En teoría, estaba producida por Howard Hawks y dirigida por Christian Nyby, pero al final la acabo dirigiendo Hawks y eso se nota en cada fotograma. Suele decirse que es mejor la posterior versión de Carpenter (más fiel al relato original de John W. Campbell); pero, aceptando que el remake no está nada mal, prefiero con mucho la película de Hawks.

Suevo dijo...

Incluí la novela de Orson Scott Card en la lista de "primer contacto" porque creo recordar que la guerra era un "error de primer contacto" (pero es posible que esté equivocado), un error que llevaba al desastre por falta de comprensión entre ambas mentalidades.

Sobre si es o no "profundamente inmoral"... bien, reconozco que estoy parcialmente de acuerdo con usted. Daría para discutir muchas horas (¿se puede calificar una novela de "profundamente inmoral"? ¿qué criterios deberíamos usar? ... Es un tema que me fastidia porque en el colegio donde da clase mi mujer -privado- hubo padres que quisieron "censurar" ciertos libros de la biblioteca precisamente por "inmorales"). Daría para discutir, digo, pero no creo que la calidad literaria de "El juego de Ender" merezca tal honor.

Discrepo con usted -sin posibilidad alguna de reconciliación- en la calificación de la película "La guerra de los mundos". Es un bodrio. Y si sigue sosteniendo usted lo contrario no tendré más remedio que enviarle a mis padrinos para batirnos en duelo. ;)

Saludos.

Naeros dijo...

Me ha picado la curiosidad con lo de El Juego de Ender y que sea profundamente inmoral, me gustaría saber qué le hace ganar esos calificativos.
Ojo, aclaro que no tengo clara mi postura al respecto y me gustaría saber qué partes son las inmorales y por qué o en qué sentido.

Anónimo dijo...

Hola(:

wow! me intereso mucho este tema, de las novelas alienigenas ..
sabe? tiene razon en que hasta la fecha parece que ningun escritor ha podido captar esa mentalidad psicologica de alienigena en sus libros, pero si me permite decirlo, de verdad considero que usted lo podria lograr! tiene talento para eso ..
sinceramente, esa fue la primer caracteristica que sinceramente me encanto de ud.
el hecho de que realmente al estar leyendo cualquiera de sus libros, ud. logra que como lectores nos metamos en la historia, que seamos el personaje(: eso me encanta!
tal ves sea por ello que es mi escritor favorito :)
bueno, es un gusto leer lo que publica en su blog(:
saludos!

Rosaura

happyend_mcr@hotmail.com
:)

Alicia Liddell dijo...

"Marciano vete a casa" es una de las novelas más divertidas de cf que recuerdo. Menudo cabroncete.

César dijo...

Naeros: Hace mucho que leí "El juego de Ender", así que perdona si no entro en detalles. En mi opinión, la inmoralidad de esa novela parte de la inversión ética que el autor realiza respecto a su protagonista.

Me explicaré: la premisa es que Ender es profundamente bueno (sabio, inteligente y bueno), de modo que todo lo que haga, por terrible que parezca, será bueno. Sin embargo, las cosas no son así; una persona es buena en función de sus actos, y nunca los actos serán buenos únicamente en función de la persona que los lleva a cabo.

El ejemplo más claro lo encontramos cuando Ender mata a uno de sus compañeros de academia. El autor lo presenta como un hecho positivo; algo triste, pero inevitable, pues Ender corría el riesgo de que, en caso contrario, ese compañero le matase a él (además, como Ender es BUENO, todo lo que haga será BUENO).

¿Así que el superinteligente Ender no encuentra otra salida a esa situación que el asesinato? Pues no; lo que parece Ender en ese momento no es un genio, sino un psicópata. ¡Un niño asesinando friamente a otro niño es presentado por el autor como algo inevitable y positivo! Si eso no es inmoral, entonces no sé lo que es la moralidad.

Sobre esta cuestión alguien, no recuerdo quién, escribió un artículo, que no recuerdo cómo se llamaba, y el texto apareció en una publicación cuyo nombre he olvidado. Tras dejar patente el avanzado estado de mi alzheimer, agradecería a los expertos lectores de este blog que me dieran alguna pista respecto a ese artículo para podértelo recomendar, Naeros.

Rosaura: Hola, amiga mía, y muchas gracias por tus más que amables palabras. Desgraciadamente, me temo que no sería capaz de crear una mentalidad alienígena convincente al 100X100. La labor se me antoja casi imposible, por lo menos para mí.

Alicia Liddell: En efecto, "Marciano vete a casa" es una de las novelas de cf más divertidas que se han escrito. Y esos enanos verdes alienígenas los cabroncetes más tocapelotas jamás concebidos.

Anónimo dijo...

http://www.librosgratisweb.com/pdf/spinrad-norman/el-emperador-de-todas-las-cosas.pdf

César dijo...

Anónimo de la 1:16: Gracias por la información, amigo mío, pero no me refiero al artículo de Spinrad, sino a uno dedicado enteramente a analizar "El juego de Ender".

Velda Rae dijo...

Heinlein era un tipo curioso porque, a pesar de parecer un reaccionario, la visión que del sexo y la familia da en sus novelas es de lo más liberal, hasta el punto de ser uno de los primeros en describirnos el poliamor en una perfecta armonía e introducir relaciones incestuosas sin el menor prejucio, como hizo en su saga sobre Lazarus Long y en el Número de la Bestia.

César dijo...

Velda Rae: Siempre he pensado que Heinlein, pese a ser el clásico "tipo que lo sabe todo", tenía una empanada mental ideológica de mucho cuidado. Es cierto que solía diseñar personajes femeninos de carácter fuerte, y también es cierto que tenía una actitud bastante abierta (para la época) sobre sexualidad (aunque luego era muy timorato con las descripciones). Además, era ateo. Pero sus ideas políticas... en fin, ultraliberalismo y puro darwinismo social. Eso sí, era un extraordinario narrador.

Anónimo dijo...

Si os interesan estos temas, os recomiendo este libro:
http://es.scribd.com/doc/61956139/Resistencia
Saludos!