martes, marzo 30

Sobre la cultura y otros lujos

Este fin de semana (en realidad de jueves a domingo), Pepa y yo hemos estado en Viena, celebrando nuestro vigésimo séptimo aniversario de boda. Ha sido un bonito viaje –sobre todo por la compañía-, aunque debo reconocer que Viena me ha decepcionado un poco. Entendedme, es una ciudad muy bonita y agradable, llena de monumentos magníficos, pero... no sé, esperaba algo más romántico, más decadente quizá, y lo que he encontrado es una ciudad moderna más impersonal de lo que imaginaba. Supongo que las expectativas eran demasiado altas y eso ha contribuido a la relativa decepción que he sentido. Aún así, el viaje ha sido provechoso y satisfactorio, por supuesto.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Como bueno turistones, fuimos a visitar el Hofburg, es decir, el conjunto arquitectónico donde está el antiguo Palacio Real, la Biblioteca Nacional, la Escuela de Equitación, varios museos y, también, el actual despacho del presidente de Austria. La zona destinada a los aposentos imperiales y el Tesoro está especialmente orientada hacia los tiempos de Francisco José e Isabel de Baviera, más conocida como Sisí. El caso es que, como no podía ser de otra forma, nos quedamos asombrados por todo ese lujo, anonadados por aquella sobredosis de arte y cultura que nos rodeaba por todas partes. Anonadados, fascinados, pero también cabreados, porque ¿cuánto costaba toda ese “arte y cultura” que nos rodeaba? Ingentes cantidades de dinero, millones destinados a satisfacer únicamente a una clase privilegiada. Una injusticia, vamos.

Es cierto que esa clase privilegiada se fue a hacer puñetas y que ahora su abrumador patrimonio pertenece al Estado; es decir, a todos los austriacos y, en cierto modo, a todo aquel que, como hicimos Pepa y yo, abone la entrada para visitar el palacio. Un cartel allí situado decía más o menos: “Ya no tenemos emperador, pero tenemos sus joyas”. El caso es que todo aquello me hizo pensar en el coste de la cultura. Pero, antes de seguir, veamos lo que dice el diccionario acerca de la palabra “cultura”.

1. f. cultivo.
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
4. f. ant. Culto religioso.

Centrándonos en la tercera definición, está claro que la cultura es fundamental para nuestra supervivencia como especie. Los humanos no sólo les legamos los genes a nuestros descendientes: también les trasmitimos una cultura que les permitirá competir con ventaja frente a otros seres vivos. Es la transmisión cultural –unida a la superior inteligencia- lo que nos sitúa en la cúspide de la pirámide trófica (si es que no ocupan ese lugar las cucarachas o las ratas), convirtiéndonos en los poderosos depredadores hijos de puta que somos.

Ahora vamos a reducir el campo de la cultura, limitándolo al “desarrollo artístico”. En este sentido de la palabra, la cultura no sólo no es vital para nuestra supervivencia, sino que es un lujo. Voy a poner un ejemplo muy ilustrativo extraido de mi reciente viaje austriaco. Mientras visitábamos las platerías imperiales, la audioguía nos informó de que, hasta mediados del XIX, hubo en palacio una maravillosa vajilla de oro y otra de plata, ambas con más de cien servicios, pero ya no existen, pues fueron fundidas para fabricar monedas con las que sufragar no sé qué guerra. Es decir, dos magníficos trabajos de orfebrería, dos obras maestras, fueron sacrificados para servir a una causa mayor que la del arte: la supervivencia. Comer en vajilla de oro es un lujo; ganar la guerra una necesidad.

El arte no surgió en la historia humana hasta que la revolución neolítica permitió crear excedentes. Alto, diréis, ¿y qué pasa con las pinturas rupestres del paleolítico, algunas tan excelentes como los bisontes de Altamira o los caballos de Lascaux? Pues, sencillamente, pasa que son arte para nosotros, pero no para los hombres que las realizaron. Esas pinturas no se ejecutaron para que las vieran todo el mundo; al contrario, fueron confeccionadas en el interior de profundas cuevas, en lugares sagrados y restringidos donde sólo podían ser contempladas por algunos iniciados. El valor de esas pinturas no era estético, sino mágico y/o religioso. Probablemente, los pintores paleolíticos eran chamanes (o algo parecido) cuyo función resultaba básica para cohesionar y vertebrar al grupo. No eran un lujo, sino una necesidad.

Los humanos pre-neolíticos se dedicaban a la caza y la recolección. Al no poder crear excedentes alimenticios, todos los miembros del grupo ocupaban la totalidad de su tiempo en asegurarse la supervivencia diaria y apenas existía forma alguna de especialización. Todos hacían de todo durante todo el tiempo. Y nadie tenía tiempo para hacer cosas superfluas. Luego llegó el neolítico, la humanidad se volvió sedentaria, comenzaron a crearse excedentes, surgieron las primeras civilizaciones y, con ellas, el trabajo comenzó a especializarse. Y, como sobraba comida, algunos trabajadores se dedicaron a hacer cosas superfluas (no necesarias para la supervivencia), como por ejemplo “arte”. Pero ese arte no era para todo el mundo, ni mucho menos; estaba destinado al disfrute de las clases dirigentes y religiosas. Porque el arte era caro.

Y así fue durante muchísimos siglos. Los libros eran costosísimos (un monje tardaba más o menos un año en copiar la Biblia, y mucho más si añadía ilustraciones), igual que los músicos, los pintores, los poetas, los orfebres, los escultores y, en fin, todos aquellos artesanos cuyos servicios sólo podían ser costeados por los más opulentos. El arte era o religioso o aristocrático. Punto.

Luego apareció la imprenta y los costes de la cultura escrita bajaron considerablemente, aunque los libros aún eran productos caros que seguían estando al alcance de unos pocos. Además, para acceder a la cultura hace falta una educación previa, y hasta hace no mucho la mayor parte de la población era analfabeta. Creo que la única forma de arte que estaba al alcance del pueblo llano era el teatro; pero, claro, entonces al teatro no se le consideraba cultura. Con el surgimiento de la burguesía, el público consumidor de arte se incrementa, pero siempre dentro de los límites de las clases altas. La cultura se abarata, pero sigue siendo cara. Y llega la revolución industrial, y con ella la posibilidad de reproducir mecánicamente ciertos productos culturales. Paralelamente, el nivel de vida aumenta (al menos en occidente) y la educación se extiende a todas las capas sociales, contribuyendo todo ello a una reducción de los costes de la cultura. Reducción, no anulación.

Todo esto viene a cuento (si es que viene a cuento), porque mientras visitaba el Hofburg recordaba a aquellos que deambulan por los pixelados pasillos de Internet exigiendo una cultura libre, democrática y gratuita. ¿Libre y democrática? Jamás la cultura ha sido tan libre y democrática como ahora. Se editan miles de libros a precios asequibles; y si el precio no te parece asequible, ahí tienes las bibliotecas públicas. Puedes gozar de una orquesta sinfónica en tu casa con sólo comprarte un CD, o colgar la reproducción de cualquier cuadro en tu salón (antes, las reproducciones eran casi tan caras como los originales), o comprar arte original a precios más o menos módicos, o disfrutar de funciones teatrales y cinematográficas en tu propio hogar... La cultura está hoy al alcance de cualquiera, pues al utilizar los sistemas de producción industrial, y al incrementarse enormemente el número de consumidores de arte, los costes se han abaratado. Pero sigue habiendo costes.

Cultura libre y democrática, por supuesto que sí. Pero, ¿gratuita? No, amigos míos, la cultura, en el sentido que estamos empleando, es un lujo, y los lujos deben pagarse. Ya, pero ¿y si no se pagan? Entonces gran parte de la cultura tal y como ahora la conocemos y concebimos desaparecerá. ¿Que a lo mejor luego viene otra cosa, otro sistema, otros medios de articulación cultural? Puede ser, pero hasta el momento nadie ha sabido decirme qué en concreto.

59 comentarios:

La Vieja Piragua dijo...

Totalmente de acuerdo. No parece que nos demos cuenta del inmenso privilegio que supone el acceso de las personas normales y corrientes (las que no pertenecemos a la aristocracia o a la alta burguesía)a las principales manifestaciones artísticas (literatura, pintura, música,...) por un precio mínimo en relación con el esfuerzo creador. Todo esto de lo que ahora disfrutamos, antes (en España hace menos de un siglo)sólo estaba al alcance de unos pocos, los que sabían leer y escribir, y además tenían la formación suficiente para disfrutar con el arte. Para los demás quedaba la artesanía y el folklore, los primos pobres de las grandes artes. Por eso a mí también me cuesta entender que algunos confundan la democratización de la cultura con la gratuidad total. ¿Quién paga entonces a los artistas? ¿Nadie? ¿Los mecenas? ¿El Estado? Tres malos caminos.

Suevo dijo...

De acuerdo en casi todo, don César. Sólo un par de apuntes: la "guerra" actual en internet se mueve alrededor de otras batallas. En concreto, alrededor de la SGAE, que se ha convertido en el organismo antipático por antonomasia.
...Y resulta curioso que, al socaire de esa nueva tecnología, hayan surgido nuevas industrias culturales, como las de los videojuegos, que son casi inmunes a la piratería... ¿por qué?
Totalmente de acuerdo con usted: pero cuando me compre un e-book -con perdón por el anatema- quiero que se me cobre lo justo por cada libro que descargue, no un precio abusivo, cosa que pasó cuando surgieron los CDs.
Mataron a la gallina de los huevos de oro al tocarle los huevos a tanta gente.

Anónimo dijo...

La cultura tal y como ahora la conocemos y concebimos está en pleno proceso de desmantelamiento y desaparición. Sencillamente, no tiene ningún sentido esto de invertir el dinero del contribuyente en financiar una red de bibliotecas públicas a la vez que se ataca (también con cargo al erario público) el uso del software que las ha convertido en algo obsoleto.

Como dices, es indudable que nos aguarda "otra cosa, otro sistema, otros medios de articulación cultural". Pero hasta que no se invente la bola de cristal ni podemos saber cómo funcionarán esos medios ni quienes van a ser sus principales beneficiarios y sus mayores damnificados.

Es lo que tienen, las transformaciones sociales, que hasta que no concluyen no sabemos adónde vamos a ir a parar con ellas. Vivir consiste en eso, en torearle al cambio.

Nadie quiere perder sus privilegios, es evidente. También es evidente que el valor de las cosas es el que la gente decide pagar por ellas, en estos tiempos que nos ha tocado vivir... De modo que si ahora nos encontramos con un consumidor que se niega a pagar para acceder a la cultura, la cultura deberá ser gratuita, sí o sí.
Y deberá dejar de ser un lujo, sí o sí.

Porque contra el pueblo soberano no se lucha ni aunque venga atao de manos.

Sobre todo cuando el pueblo soberano sabe que mi última novela se hizo empleando novecientos vatios de luz, un ordenador de quinientos euros y el tiempo libre que me deja mi empleo. ¿Eso es un lujo?

Yo creo que no. Yo creo que me lo puedo permitir. Llevo quince años escribiendo una novela cada once meses. Disfruto con ello.

Así las cosas, ¿dejará la creación artística de ser un oficio de dedicación exclusiva?

Yo creo que sí, que eso ya es evidente. El autor dejará de ser un profesional para convertirse en un apasionado.

También creo que será mejor así. A menudo el arte es como el sexo, tiene mayor interés cuando se hace por amor que cuando se hace por dinero. Al fin y al cabo, el trabajo te lo pagan porque si no, nadie lo haría.

En fin. Mis músicos y escritores favoritos las pasaron putas, se murieron de hambre. Así que lo siento por los que se han estado ganando la vida muy bien hasta la fecha, pero no estoy seguro de que su bienestar sea más necesario que el libre acceso a la cultura en el mundo al que nos dirigimos… Nuestros nietos podrían vivir en un mundo en el que tener cien libros no cueste el sueldo de un mes, sino un cero patatero. Y el sacrificio que tiene que hacer la sociedad para alcanzar todo ese bienestar se reduce a mandar al paro a cien autores.

Dicho lo cual, procedo a mandar este comentario, no sin antes decirle a Blogspot que lo publique desde el anonimato, no sea que mi editor lo lea y decida rescindir mi contrato.

Buenas noches y buena suerte.

César dijo...

Anónimo de las 11:27: Cuando me encuentro con profecías como la tuya acerca de las nuevas tecnologías de la comunicación, no puedo evitar recordar el boom de las puntocom. La economía iba a cambiar, decían, Internet había transformado las reglas del juego y un inmenso campo de posibilidades se abría ante nuestros ojos, así que todo el mundo se apresuró a tomar posiciones en la "nueva economía", todo el mundo corrió a invertir en innovadores negocios que auguraban enormes beneficios. Pues bien, supongo que huelga recordar que el boom acabó transformándose en el crash de las puntocom. Y ese crash estuvo en gran parte motivado por el "mito de la gratuidad".

¿Cómo sacarle pasta a algo que no cuesta nada? La verdad es que resulta condenadamente difícil. En el caso que nos ocupa, básicamente hay dos sistemas de rentabilizar lo gratuito: la obtención y procesamiento de datos, y sobre todo el eterno recurso, la publicidad.

Y ese es un tema, la publicidad, que conozco muy bien. Internet también causó impacto en ese sector. La publicidad va a cambiar, decían, un mundo de posibilidades se abre ante nosotros. Sólo había un pequeño problema: como conseguir que la publicidad funcionase en Internet. Porque una de las virtudes de la Red es la posibilidad de seleccionar contenidos a tu antojo, lo que te permite eludir los mensajes comerciales. En resumen, después de tantos años del milagro Internet, tan sólo el 11'64 % de la inversión publicitaria está destinado a medios digitales, llevándose la parte del león los, ay, tristemente convencionales medios de siempre (TV, radio, prensa, vallas, PLV...)

Por tanto, Internet se ha convertido en un medio secundario dependiente de los medios mayoritarios, impidiéndose así que el gran río de oro de la inversión publicitaria fluyera como un imparable Amazonas por la Red. Esos son hechos, no augurios.
(continúa)

César dijo...

Anónimo de las 11:27: (Continuación) Pero vamos a hablar de esa cultura gratuita que, al parecer, es inevitable. Yo, como escritor, me documento con frecuencia en la Red, pero tengo un problema: la calidad y fiabilidad de los datos que obtengo. Si las páginas que consulto pertenecen a instituciones más o menos solventes (universidades, bibliotecas, centros de estudios, etc.), puedo fiarme. Pero, ¿y si las páginas no están avaladas por nada? Pondré un ejemplo. Para obtener un dato ¿puedo fiarme ciegamente de Wikipedia? Ni de coña. Pero, ¿podría fiarme de la Enciclopedia Británica? Pues, razonablemente, sí. Wikipedia es grátis. La Enciclopedia Británica cuesta una pasta. Curioso.

Por tanto, me encantaría que hubiera en la Red bancos de datos y centros de información que cobraran por sus servicios. Yo sería el primero en abonarme y pagar con tal de que me libraran de la tarea de tener que comprobar dos y tres veces cada dato que obtengo. Porque si pagas, puedes exigir. Pero lo gratuito, por propia definición, no vale nada y nada puedes exigir.

La verdad es que me parece un tanto ingenua esa pretensión de obtener algo valioso por un coste cero. Si algo nos enseña la historia humana es que todo lo que merece la pena tiene un precio, sea éste el que sea. ¿En serio crees que la literatura sería mejor si estuviera sustentada por escritores aficionados, sin editores ni canales de comercialización? Hay muchos escritores que tienen la literatura como segunda dedicación, es cierto; lo cual no significa que no obtengan ninguna rentabilidad de ella. Y, en todo caso, ¿no es cierto que la mayor parte de esos escritores escriben con la esperanza de alcanzar el éxito y poderse dedicar en cuerpo y alma a lo que es su verdadera vocación? ¿Qué pasaría si les quitáramos incluso ese incentivo?

No, amigo mío, las implicaciones de tu profecía son más amplias de lo que parece y conducen a demasiados callejones sin salida. Lo siento, pero la cultura no puede ser gratuíta. Nada lo es. Dices que la gente no quiere pagar por la cultura, así que la cultura tendrá que ser gratis. Te equivocas. La gente no quiere pagar por nada, porque a nadie le gusta pagar. La gente paga si no le queda más remedio. Y si no paga... el producto (sea el que sea) no se vuelve gratuito, ni mucho menos (¿cuándo se ha visto eso?), sino que desaparece del mercado. Así de sencillo.

No obstante, hay algo en tu comentario que no acabo de entender. Dices: "Nadie quiere perder sus privilegios, es evidente". Pues bien, ¿por qué le llamas "privilegios" o lo que no es nada más que trabajo?

Manolo dijo...

No acabo de entender bien el artículo ni lo que has querido decir.

A ver: los productos para el ocio y entretenimiento tendrán el precio que dicte la ley de la oferta y la demanda, que para eso son un producto industrial (o del sector terciario) en un mundo capitalista.

La Cultura (así, con mayúsculas) seguirá siendo gratuita, o debería haber una vía para que fuera de acceso libre a todos los ciudadanos: el Quijote, las Meninas, las sinfonías de Beethoven, el teorema de Pitágoras, las leyes de Kepler...

César dijo...

Manolo: Supongo que has leído muy deprisa la entrada y no te has fijado en que no me refiero a la "cultura" en su sentido más amplio, sino sólo como "desarrollo artístico". Y eso, amigo mío, ni es gratis ni lo ha sido nunca. De hecho, la ciencia tampoco es gratuita. Insisto: nada lo es.

Anónimo dijo...

Aparte de que a nadie le gusta pagar, cosa que todos entendemos, en este país nadie valora el esfuerzo de los artistas (escritores, músicos, pintores, da igual). La gente piensa que trabajar es poner ladrillos o servir copas, lo otro, la labor intelectual, es un mero pasatiempo. La gente no sabe el tiempo, la energía, los sinsabores, todo lo que conlleva escribir un buen libro, por ejemplo. Uno bueno de verdad, no un montón de palabras una detrás de otra como mero pasatiempo. La obra de un aficionado poco tiene que ver con la de un profesional, o la de alguien que aspire en serio a ser profesional. (También es verdad que todo el mundo se cree Borges, pero eso es otro tema, o quizá el mismo, no sé, no quiero extenderme aún más).

Por supuesto que el sistema que tenemos ahora es imperfecto. Se lanzan a bombo y platillo auténticos bodrios. Pasan desapercibidas algunas obras de verdadero interés. No se busca lo mejor, sino lo que más venda. A veces es bueno, a veces no.
Pero solucionar esto a base de "todo gratis"... Sí, esto se viene abajo, y sinceramente, si el escritor profesional desaparece, la literatura va a caer en picado. Porque cuesta muchas horas escribir un buen libro, y como usted bien dice, si no hay meta que alcanzar, si no hay más premio que ver que la gente se descarga tu libro de internet junto con otros cien en una carpeta .zip, y probablemente no lo leerá en la vida, ¿para qué seguir?

Merak dijo...

Vale, César, tienes razón. Yo tampoco creo en la cultura libre. Es más, vale, veo series online... Pero si me gustan me las compro, y tengo una encantadora dependienta en El Corte Inglés que a buen seguro reza por mi hermana y por mí para que sigamos dándole una generosa comisión en época de rebajas.

Pero tendrás que reconocer que con los sistemas industriales tan avanzados que hay, el coste todavía es abaratable, y mucho. Calcula cuánto cuesta una tarrina de CD o de DVD vírgenes: muy poco. Luego lo demás es lo que tú quieras añadirle. El actor cobra de antemano, el director supongo que también, y la productora ya se forra con la recaudación en taquilla si la peli lo vale, ¿me quieres decir que es justo sacar un DVD a la venta por más de veinte euros?

Que yo lo pago. Al 35% de descuento porque compro un montón de golpe, pero lo pago. Me encantan las pelis, como a ti. Estas últimas rebajas han ido flojitas porque me han denegado la beca del ministerio y tengo que ahorrar, eso sí. Y aún me tengo que tragar los anuncios antipiratería que me vienen en todos mis DVD originales.

Y mira, vale, los DVD aún tienen una explicación por el audio, los subtítulos, la calidad y los extras. De hecho, no me parece tan excesivo. Creo que podrían dejarlas en 15 de buenas a primeras, pero bueno

Pero lo de la música no tiene justificación. Más que nada porque los artistas de donde sacan pasta de verdad es de los conciertos: de cada CD les llega un porcentaje más bien pequeño. Lo que quiere decir que volvemos a lo mismo: que esos 10 euros de más se los está llevando la productora. De acuerdo, son los mecenas de nuestra era, dan oportunidades a gente con talento e invierten su dinero para hacer el arte posible. Pero cuando sacan unos beneficios tan, tan altos ya no hablamos de mecenazgo sino de usura. Y ni siquiera la pagan los cantantes.

Solo pido eso. Que hagan la prueba, que bajen los precios. Es cierto que quien se empeña en lo de la cultura gratuita seguirá pirateando. Pero la gente que no compra porque no puede quizá lo tenga más fácil para consumir más. Que al fin y al cabo es de lo que hablan discográficas y productoras, de beneficios, no de cultura. Otra cosa es que se les llene la boca con la palabra usándolo como excusa.

Lo de los libros es tema aparte. Yo no creo que haya en serio gente capaz de bajarse libros. Algún loco habrá, pero como no sea algo realmente inédito en plan séptimo libro de Harry Potter o el nuevo de Crepúsculo (y te aseguro que ocurrió con ambos libros), casi nadie se dedica a reproducir libros. El lector de verdad o compra libros o los pide prestados o va a la biblioteca.

Y por otra parte, encontraría interesante que las propias productoras y discográficas incentivaran algún sistema para poder probar el producto antes de comprarlo. Lo siento, pero yo no me compro todo el CD de Kelly Clarkson si solo me gustan dos canciones. Por suerte tenemos Spotify y iTunes. En cuanto a las pelis... Vale, sí, el alquiler, pero últimamente yo no lo veo tan práctico, la verdad. Nos hemos vuelto vagos.

Con todo esto quiero decir que ni blanco ni negro. Ni SGAE ni descargas sin sentido. Ah, que se me olvida. También quería añadir que lo que pasa ahora ha pasado siempre. ¿O no tienes ninguna peli grabada en VHS, o algún grupo grabado en casette, César? Lo que pasa es que ahora además de ser más barato copiar, es rapidísimo y entiendo que el personal se mosquee. Pero lo dicho una y mil veces: ni tanto ni tan poco. Un saludo,

Cristina

P.D.: Si has llegado al final del comentario puedes declarar como cumplido tu propósito de 2010, porque habrás ejercitado la paciencia.

Merak dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola de nuevo, soy el anónimo de las 11:27, no el de las 12:55, con el que no compartiría ni espacio en el metro. Si me lo permites, voy a contestar a lo que me has dicho.

El crash de las puntocom fue el estallido de una burbuja especulativa como cualquier otra de todas las que se pueden estudiar en las facultades de economía. Recientemente ha estallado la burbuja inmobiliaria en España lo mismo que en el siglo XVII estalló en Holanda la burbuja de los bulbos de tulipán. A principios del XXI comenzaron a cerrar las tiendas de discos cuando estalló la burbuja de la industria discográfica y a día de hoy ya casi podemos dar por finiquitada la burbuja cinematográfica… Sin ir más lejos, esta misma mañana ha sido Hollywood quien nos ha amenazado a todos los españoles con dejar de vendernos DVDs.

Y mañana será la burbuja editorial la que estalle. Sus activos se depreciarán desde lo excesivo hasta lo irrisorio, caerán en picado los precios de sus productos y la demanda menguará hasta casi desaparecer. Es la historia más vieja del mundo. No es ninguna profecía mía, está más que estudiado.

Tampoco es ninguna profecía mía lo que está pasando en iTunes o Spotify. Allí estamos suscritos unos señores que pagamos diez euros al mes por toda la música del mundo mundial. Eso, tienes razón, no es gratuidad pura y dura, pero es una chatarrilla comparado con el billete azul que el empresaurio del entretenimiento se pretende embolsar por el acceso a una sola obra; sea ésta un CD, un DVD o una novela de Carmen Hidalgo.

(Sigo luego)

Anónimo dijo...

(Sigo del comentario anterior)


Así las cosas, tienes razón cuando dices que gratis, gratis, no hay nada en este mundo, sólo el viento. Los internautas pagan su cuota de conexión, pagan cánones compensatorios a las sociedades de gestión de derechos de autor cuando compran medios de almacenaje físico, muchos pagan a Spotify una cuota mensual y todos pagan bien cara la electricidad y bien baratos el hardware y el software. Algunos (deberías probarlo) incluso pagan una subscripción a la Encyclopædia Britannica Online por todo eso que dices de la Wikipedia.
Lo que ya no piensa pagar ni Dios son veinte euros por acceder a una obra de arte. Eso son hechos, no augurios. Pregunta en cualquier tienda de discos.

Yo creo que la literatura será mucho mejor cuando desaparezcan la mitad de los editores con los que he tratado, que a día de hoy todavía no saben ni de qué van los libros que publican. Luego están los canales de comercialización que siempre terminan posicionando las mismas obras y arrinconando libros como los primeros que firmaste tú sólo porque eran novelas de ciencia ficción. Seguro que no echarás de menos esos aspectos de los canales de comercialización, contigo también se han ensañado en el pasado.

Contigo y con muchos otros. La industria que estás defendiendo consiguió hace cuatro días que un autor como Thomas M. Disch, al que consideras genial, terminara pegándose un tiro tras leer la orden de desahucio que le ponía en la puta calle por no poder pagar las letras de su piso. Cuando se suicidó, incluso había dejado de escribir. No llegó a ganar mucho más que yo con lo que se embolsó por toda su obra… No sé. ¿Realmente crees que vamos bien con esta industria, con todos estos premios amañados y todas esas editoriales que ya no aceptan manuscritos no solicitados? ¿A ti te parece bonito que una persona que ha ganado el Planeta y el Nadal haya sido declarada culpable de plagio en dos ocasiones sin que ello le haya ocasionado menoscabo alguno a su trayectoria? ¿Te gustan esas novelas juveniles llenas de buenismo y de didactismo y de modelización y de ejemplificación y de formación en valores que nada tienen que ver con el mundo real?
¿O prefieres que hablemos de Dan Brown, Stephanie Meyer y Ruíz Zafón? ¿Esa es la industria a la que hay que defender?

Pues a mí me preocupa más el chaval de la furgoneta. Me preocupan mucho más ese chaval y los tres millones de parados que tiene mi país, entre los que puedes contar a mi esposa.

(Sigo luego)

Anónimo dijo...

(Viene del anterior)


Pensarás que estoy resentido con el negocio del libro sólo por cómo trata a mis novelas… La realidad es que si estoy deseando que desaparezcan muchos de los operadores del mercado es por todo eso y mucho más, yo creo que la industria editorial se merece todo lo que se le viene encima. Llevan avisados por Sony de que su modelo de negocio se agota desde 1994 y lo único que han hecho al respecto ha sido boicotear al libro electrónico.

Compruébalo por ti mismo: trata de conseguir cualquier novedad editorial española en formato electrónico. No podrás, no te venderán esos libros en ese formato. Hay una fuerte demanda al respecto, pero la industria mantiene bien bloqueada la oferta. Puedes descargarte mediante pago todos los clásicos de la literatura universal y toda la literatura anglosajona que quieras pero tu editor y el mío están haciendo lo imposible para que sus libros sólo existan en papel.

Y eso les terminará sacando del mercado. A día de hoy los que nos hemos pasado al e-book lo único que podemos hacer para leer a Carmen Hidalgo en nuestro reader es piratearla. Y eso nos cuesta bien poco.

Cero, concretamente. Y eso sí es el gratis-gratis. Lo que le pasa a un mercado que actúa contra el consumidor.


Dices que la cultura no puede ser gratuita. Yo digo que el cero absoluto sólo existe en el caso que te acabo de mencionar, en el caso del producto que únicamente puede obtenerse actuando contra el mercado y, en algunos países extranjeros, contra la ley. En el resto de panoramas posibles es bien cierto que la cultura no es una suma de resultado cero, y también es cierto que si no cambian rápido las cifras pronto dejarán de comer el autor, el editor y el librero. El libro tendrá que ajustar sus costes hasta valer un dólar, que es lo que cuesta una canción en iTunes o Spotify… Y ese es el mercado superviviente a la reforma. Comparado con lo que tenemos ahora, ya te digo, una chatarrilla. Cuatro duros. Algo tan testimonial como la cuota de mercado que tiene Internet en materia de inversión publicitaria.

Y pese a que el montante sea una chatarrilla, eso no hará que el libro desaparezca del mercado. Napster aparece en el 2000 y desde entonces que no se han dejado de grabar discos. Lo que se ha terminado es la superproducción discográfica, que ya no es rentable. En el cine comienzan a escasear determinados tipos de filmaciones y en la literatura lo que van a desaparecer es todos esos libros que sólo se hacen para vender. Lo cual, a mi juicio, será toda una liberación.

(Sigo luego)

Anónimo dijo...

(Acabo ya)


César, yo con mis novelas saco para pagarme las vacaciones. Un sobresueldo, poco más. Para mí la literatura no es trabajo, es un privilegio. Si me pagaran veinte veces más no dejaría mi empleo porque veo que no tiene ningún futuro la escritura como profesión. Y si dejan de pagarme seguiré escribiendo, lo mismo que tú.

Porque para escribir no hacen falta incentivos. Tú entraste en esto sin muchas esperanzas de poderlo monetizar, como hacemos todos. Nadie te pidió que te hicieras escritor ni te garantizó que la literatura fuera un empleo bien remunerado o te soltó tres mil mortadelos de anticipo por tu primera novela cuando todavía no era más que un borrador. Tú, al igual que yo, y al igual que todos, escribes porque eso es lo que hacen los escritores. Que escriben para que les quieran, no para que les den de comer.

Así que si dejan de pagarte por escribir, tú escribirás lo que realmente te salga de dentro sin atenerte a las reglas que te impone el mercado. Quizás así vuelvas a la ciencia ficción de tus orígenes. Algunos la echamos de menos.

Al respecto de tu oficio, supongo que harás otro tanto, volver a los orígenes, a lo que había antes de que se hinchara la burbuja. Apuesto a que si dejan de pagarte por escribir, volverás a ejercer de publicista y tal vez a asesorar la comunicación de los tipos como el cejas ese que se despide tal que así:

Buenas noches y buena suerte.

Big Brother dijo...

Dada la complejidad del/(de los) tema/s desarrollados por el titular del blog y sus comentaristas... ¿no resulta todo un pelín reduccionista?

César dijo...

Anónimo de... en fin, la hora que sea: Creo que pocas veces he estado tan en desacuerdo con nadie, y también creo que pocas veces me he encontrado con una serie de opiniones tan teñidas de subjetivismo como las tuyas. ¿Por dónde empezar?

Quizá por uno de tus ejemplos: " La industria que estás defendiendo consiguió hace cuatro días que un autor como Thomas M. Disch, al que consideras genial, terminara pegándose un tiro". En primer lugar, yo no defiendo esa industria que tú tanto desprecias; critico un posible futuro "modelo" que considero inviable. En segundo lugar, a Disch no le mató la industria, le mataron los lectores, que se negaron a leerle (lo mismo ocurrió, en general, con la New Thing). ¿O acaso crees que si colgaras, totalmente gratis, las obras de Disch en la Red los lectores harían cola para leerlas? Por favor...

Pero hablemos un poco de esa despreciable industria. Al parecer, has tenido problemas con tus editores... Mira, hay editores malos y editores buenos, igual que hay buenos escritores y malos escritores. Lo que pasa es que hay muchos más escritores, o presuntos escritores, que editores. De hecho, hay muchos más malos escritores (por puro número)que malos editores. Y ahí es donde la figura del editor (o similar) se hace imprescindible: hace falta un filtro que seleccione de entre la morralla (porque la morralla es inmensa), por mucho que ese filtro se equivoque. No olvidemos, por otra parte, que hay muchas clases de editoriales. Si mandas un texto minoritario y experimental a Planeta, no te extrañe que te lo devuelvan, porque Planeta no publica esa clase de literatura. Pero quizá sí Páginas de Espuma o Lengua de Trapo, o cualquier otra editorial pequeña. ¿Sabes cuántas editoriales privadas hay en nuestro país? Casi 3.000.

Ahora imaginemos esa Arcadia literaria que propones, sin editores ni canales de comercialización. Los autores cuelgan en la Red sus obras para que estén a disposición, gratuitamente, de "el chaval de la furgoneta o los tres millones de parados del país". Pero todos lo autores, ojo: los buenos, los malos y los infames, que según Sturgeon abundan en una proporción de nueve a uno. Así pues, ¿cómo localizas lo valioso entre toda la basura?

De hecho, esa situación que tanto te gusta ya existe en Internet. Hay un montón de textos gratuitos colgados en la Red; hay editoriales electrónicas, como Bubok, donde cualquiera (sin filtro alguno) puede colgar su novela, y cualquiera puede adquirirla por dos o tres euros. Pero claro, seguro que tú ya te has bajado muchos de esos textos, ¿verdad? ¿O ninguno, como yo? Porque esas novelas desconocidas de autores desconocidos, publicadas simplemente porque sí, sólo las compran los familiares y amigos del autor. Con suerte.

Dices: "¿Realmente crees que vamos bien con esta industria, con todos estos premios amañados y todas esas editoriales que ya no aceptan manuscritos no solicitados?". Naturalmente que hay premios amañados; cualquiera que envíe una novela al Planeta pensando que tiene opción de ganar es un iluso. Pero, ¿acaso tu Arcadia electrónica nos libraría de los amaños? No, amigo mío, sería lo mismo. Aunque, claro, en esa Arcadia sencillamente no habría premios remunerados, lo olvidaba. Por otro lado, no todos los premios están amañados. Yo he ganado cinco premios de novela y no sé cuantos de relato, y, si te sirve de algo mi palabra, te juro que ni uno sólo de esos premios estaba amañado. En cuanto a las editoriales que no aceptan manuscritos... Supongo que te refieres a las más comerciales, porque puedo darte una buena lista de editoriales que sí leen esos manuscritos, y no por altruismo, sino por propio interés empresarial. Insisto: hay muchas clases de editorial.

(sigue)

César dijo...

Anónimo de las múltiples horas:
Dices: "¿Te gustan esas novelas juveniles llenas de buenismo y de didactismo y de modelización y de ejemplificación y de formación en valores que nada tienen que ver con el mundo real?". Y diciendo esto demuestras un absoluto desconocimiento sobre la literatura juvenil actual. Demasiado largo para rebatírtelo con datos, pero me parece que te has quedado 30 años atrasado en lo que respecta a ese tema.

Dices: "¿O prefieres que hablemos de Dan Brown, Stephanie Meyer y Ruíz Zafón?". Pues sí, hablemos. ¿Sabes que ni uno sólo de esos autores que mencionas saltó a la fama promocionado por la infame máquina editorial? En Planeta aún se están frotando los ojos por el desmesurado éxito de "La sombra del viento", que fue para ellos una total sorpresa. Y es que puede que no te gusten esos autores y sus obras (a mí tampoco), pero quienes los auparon al éxito fueron los lectores, qué le vamos a hacer. Sí, el chaval de la furgoneta y los parados también. ¿Cambiará esa Arcadia electrónica el gusto de los lectores? Lo dudo.

Dices muchas cosas, amigo mío, pero donde más te equivocas es cuando me incluyes en tus motivaciones literarias. Yo he escrito y escribo porque es un trabajo que me gusta (al menos, más que otros), pero sin perder nunca de vista que era y es un trabajo, no un hobby. Regresé a la literatura con relatos que no me iban a generar rentabilidad económica, pero que me sirvieron de práctica/aprendizaje. Luego, cuando me sentí preparado, todos mis escritos estuvieron orientados a la profesionalización. Si hubiese fracasado, habría dejado de escribir, te lo juro. Afortunadamente, lo logré; con mucho esfuerzo, con mucho trabajo, he conseguido vivir, y vivir bien, de la literatura. Nadie me lo garantizaba -nadie garantiza nada-, pero lo intenté, lo conseguí y me siento orgulloso de ello, igual que cualquiera que le vaya bien en su trabajo, sea éste el que sea.

Dices que la literatura, escribir, es un privilegio. Ni de coña. Cualquier imbécil puede escribir (de hecho, muchos lo hacen) y eso no significa nada. Una cosa es escribir por el propio placer y otra escribir por el placer de los demás. A quienes hacen esto último se les llama escritores profesionales.

Así que no, amigo mío; si llega esa Arcadia que acabe de una vez por todas con la propiedad intelectual, dejaría de escribir. Ni un sólo relato más, ni de cf ni de nada. Punto final; ahí se acabarían Carmen Hidalgo y todos mis escritos, lo cual, a lo mejor, es un bendición, vete tú a saber. Ni siquiera seguiría escribiendo este blog, porque La fraternidad de Babel es un complemento de mi yo-escritor, y nunca permitiría que se convirtiese en un sucedáneo.

Y no, no volvería a la publicidad. Aunque quisiera (que no quiero), llevo demasiado tiempo apartado del gremio y ya estoy demasiado mayor. No, cuando tu Arcadia me despoje de mis injustos privilegios, intentaré buscar algún resquicio que me permita seguir haciendo lo que mejor sé hacer. Y si no puedo... bueno, me moriré de asco, supongo.

(sigue)

César dijo...

Anónimo de las muchas horas: En cualquier caso, dices "Pensarás que estoy resentido con el negocio del libro sólo por cómo trata a mis novelas…" Pues mira, sí, veo en tus largos comentarios un gran componente de resentimiento. Pero no puedo comentar este aspecto. No debo. Porque tú sabes quién soy, Anómimo amigo mío, pero yo no sé quién eres tú (ni quiero saberlo, por cierto). No obstante, tengo la sensación de que te conozco, así que no me voy a poner a analizar las motivaciones personales que entreveo por detrás de tus comentarios. Lo cual pone, por mi parte, punto final a este debate.

Sólo te diré dos cosas más. Claro que hacen falta incentivos para escribir y claro que los escritores somos ambiciosos. ¿O acaso no te gustaría vender tantos ejemplares de tus novelas como Dan Brown -por nefasto que sea- de las suyas? Por supuesto que sí. Los escritores escribimos por muchos motivos; para que nos quieran, sí, y por dinero también, pero sobre todo para que nos lean. Cuantos más, mejor. Y el que diga lo contrario, miente.

Por último, haz un experimento mental. De entre todo el deplorable, injusto y repugnante panorama editorial que nos rodea actualmente, elige aquellos títulos que más te gusten y colócalos en un metafórico anaquel. Míralos y luego pregúntate: ¿todo esto podría existir siendo gratis?

Naeros dijo...

Estoy de acuerdo que la wikipedia hay que cogerla con cuidado, pero las enciclopedias también.
La revista Nature hizo un estudio al respecto (aquí un enlace) que si bien no considero que sea definitivo ni despeje las dudas de la wikipedia, sí que arroja dudas sobre las enciclopedias tradicionales.
Vamos, que al final siempre hay que verificarlo todo de varias fuentes, como es de esperar.

Anónimo dijo...

Lo creas o no, tú y yo no nos conocemos. Nunca nos hemos visto y jamás hemos hablado. Si te parece que no es el caso es porque yo tengo todos tus libros y muchos de los que habrán firmado tus amigos, tus referentes, tu padre. También resulta que leo este blog desde que lo abriste, o casi.

Y aunque tampoco lo creas, no tengo pretensión alguna con todo este debate, no es mi intención importunarte ni he venido a armar polémica ni hay en esto nada de personal, salvo que a mí no me gusta cómo funciona esta industria, y, dado que formo parte de sus arrabales, eso me convierte en juez y parte. Por lo demás, esto ni va contigo ni conmigo, va con todo.

En fin. Tú has sacado el tema y tú lo puedes moderar, de modo que si piensas que discutimos porque yo soy satanás o si crees que esto que estoy haciendo ahora es una especie de guerrilla para mí, puedes dar por concluido el diálogo cuando te parezca. Lo aceptaré sin ambages si, por ejemplo, censuras este comentario o decides no responder más.

Entrando al trapo, reconozco que la literatura juvenil no es mi fuerte. No he publicado nada ahí y al final del año apenas leo cuatro o cinco de los libros que está dando ese mercado. Me gustan los que estáis publicando Care Santos, Elia Barceló, tú, poco más. El resto de lo que habré leído me parece que ni representa la realidad que veo en el mundo adolescente ni persigue otra cosa más que formar en valores, modelizar y predicar con personajes ejemplares. Si con esto lo que demuestro es que no tengo ni flores, pues lo siento, tengo mis limitaciones. Como tú, que dices que las editoriales son necesarias para separar la paja del grano, porque no has comprendido bien cómo funcionan las redes sociales.

Te invito a que descubras una, Jamendo.

Jamendo es un repositorio de cultura libre y gratuita. Música que cuelgan los artistas sin cobrar nada ni ganas de hacerlo. Escoge tu género favorito y lista obras, ordenándolas por su popularidad. Los internautas las ponderan y las priorizan. Ellos se ocupan de arrinconar las canciones infames y de aupar, comentar o catalogar las que son reseñables, especiales. ¿Quién necesita a una discográfica, habiendo colectivos organizados que operan de manera voluntaria?

Jamendo es lo que escucho cuando no escucho Spotify. Considero a lo uno la cantera de lo otro. Curiosamente, a Spotify llegan los autores ya institucionalizados, filtrados, amecenados. Es lo que tienen las discográficas que los financian. Algún día, cuando sea el volumen del tráfico de Jamendo lo que determine el salto a Spotify, viviremos en un mundo en el que prime el talento en vez de los estudios de mercado y la comercialización eficiente.

(Sigo luego)

Anónimo dijo...

(Vengo del anterior)


¿De dónde me saco todo esto de las redes sociales?

Me lo enseñan mis alumnos. Yo despacho con ellos varias horas al día, hablo con ellos, no me limito a formarlos. Tal vez por eso pienso lo que pienso de los libros que les mandan leer que, básicamente, es lo mismo que piensan ellos. Lamento haberme formado una idea tan equivocada de todo.

Volviendo al tema, otra red social muy conocida es Menéame. En vez de seleccionar obras musicales libres, su cometido es vertebrar una red social que selecciona, filtra y prioriza las noticias de actualidad. Probablemente conozcas Menéame. Si además, comprendes bien su funcionamiento interno, sus baremos, sus estructuras de control y de moderación, no veo cómo pretendes justificar la existencia del criterio editorial… La realidad es que las redes sociales ya son bastante más eficientes que las élites sociales a la hora de conectar con las masas sociales. Esto ya se estudia así en sociología y en psicología de la sociedad, te lo aseguro.

Y es una democratización. Y es flexible, adaptable.

Las redes sociales pueden estratificarse, especializarse, escorarse. Si, pongamos, a un emprendedor de la cultura libre le interesa formar un sello editorial de CF, se reúne a tipos como tú o yo, aficionados, entendidos, alucinados, cultivadores, fandomitas… Se les concede un karma en base a un baremo meritocrático bien equilibrado, y fíjate, ya tenemos un criterio selector, uno realmente bueno. Al lector se le permite explorarlo tan hondo como quiera y se le permite aislar con un filtro personalizado a los lectores que no compartan sus gustos. Al final de la ecuación, va a ser que lo único que hacen las editoriales que tenemos ahora es posicionar lo que más rentable les resulta. Quizás porque no son más que un negocio.

Y para muestra un botón: el año pasado puse en el tuenti (una red social privada, muy influyente) de uno de mis alumnos un enlace hacia “La compañía de las moscas”, aprovechando que puede descargarse de cualquier biblioteca electrónica de libros liberados. Hubo ciento y pico comentarios favorables hacia esa novela tuya, ni una crítica negativa. El mes pasado todavía había un chaval de los que sólo leen en papel preguntando en ese hilo porqué el libro no se puede encontrar en ninguna tienda física.

Me pregunto cuántos lectores podría obtener ese libro si el reader estuviera más implantado, yo fuera más influyente, mis alumnos estuvieran mejor conectados y el tuenti tuviera una mayor penetración entre sus filas.

Aunque, claro está, la cosa podría ser anecdótica… Lo que pasa es que hasta tú reconoces que esa novela es de las mejores que tienes. ¿Cuánto vendió, tres mil copias, dos mil, como un libro de los míos? ¿Cinco mil, como uno de los de Thomas M. Disch? ¿Realmente crees que a esos libros los están castigando los lectores? ¿No será que es el mercado el que los arrincona, porque no le resultan fáciles de vender? ¿Qué me dirías si ahora te cuento que mi primera novela igual se ha leído más desde que la colgué de la mula que cuando estaba a la venta en El Corte Inglés?

Vale, en las librerías no aguantó ni dos semanas, y en la mula ya lleva dos años. Pero a mí eso me la trae al fresco. Yo prefiero estar siendo descargado que descatalogado, y tú también. Yo quiero que me lean, me siento un privilegiado cada vez que alguien escoge leer mis libros, y me siento un privilegiado cuando un empresario se gasta sus cuartos en ellos mientras millones de personas tienen que pagar para editar.

(Sigo luego)

Anónimo dijo...

(Viene del anterior)

Así que lo siento, pero no tienes razón. Tienes una opinión, una visión, muy probablemente mejor formada que la mía en cuanto a la literatura juvenil se refiere, pero tú no estás en esto, César. No tienes un reader ni lo quieres tener ni creo que haya nadie en tu agencia o tu sello que esté comprendiendo bien lo que pasa aquí afuera. Por eso las cosas van como van, y lo mal que se pueden poner para muchos.

Tampoco creo que sepas realmente cómo van las editoriales independientes. Dices que ellas publican textos minoritarios y experimentales, pero eso es porque tú no has despachado con ellas largo y tendido. Yo he tratado directa o indirectamente con esas dos que has mencionado y con otras diez de su nicho, y sí es cierto que se trata de sellos que arriesgan, algo arriesgan, pero también es verdad que a menudo lo hacen para darle prestigio a su catálogo y validez a su planteamiento editorial. Lo que les da de comer a todas las que conozco mejor no son las quinientas copias que venden los libros para gafapastas y freaks, sino los descartes de la industria más mayoritaria, que igual llegan a la tercera edición. Eso es lo que van buscando, autores de los que se mueven bordeando la delgada línea que separa lo apto para el consumo de masas de lo marginal. Con los libros claramente arriesgados lo único que persiguen es quemar dinero para darle ese aire intrépido a su línea de publicaciones, poco más.
Luego tienes a sellos como 451 Editores o Salto de Página, que tienen fases en las que ya empiezan a parecerse más a lo que dices tú… Apuesto a que las otras 2998 editoriales independientes ni se lo plantean. O será que me he perdido algo. Pero, créeme, llevo tres años instalado en ese segmento del mercado. Mis amigos también. Dios los cría y ellos se juntan. Nadie se atreve a hacer algo realmente experimental y arriesgado. No pasa del primer filtro, nunca.

César, no tengas tanto miedo, no seas tan inmovilista ni seas tan negativo con las derivas que está tomando esto. Es verdad que la literatura se va a cotizar todavía menos y que va a mover todavía menos dinero, pero yo creo que va a mover más libros, más lectores, más pasión, más autenticidad y mucha más interacción. Yo creo que vamos a vivir tiempos interesantes y emocionantes para la buena literatura. Creo que veremos aparecer obras únicas, novelas que en el mercado editorial actual no pueden existir. También desaparecerán otras que sólo tienen sentido con la actual estructura económica, ahí tienes razón tú, pero si sólo te quieres quedar con eso y con las ventajas del formato actual, te perjudicas. Lo mismo que se perjudica la industria actual al actuar en mi contra.

La industria actual me obliga a comprar sus libros en formato árbol muerto, a transportar ochocientos gramos de tocho en mis maletas, a asignarle un sitio en mi casa a unas novelas que, cuando son malas, no valen ni de lejos el espacio que ocupan y, cuando son buenas, se estropean a las cincuenta lecturas y no se pueden compartir ni obtener de forma rápida y eficiente. Así que quizás la próxima vez en que me vea forzado a pagar por un códice en papel veinte veces lo que vale una novela en la nueva economía, igual si no termino de leerla decido invertir media tarde en escanearla y luego liberarla. No por joder ni por boicotear, sino por civismo, para que nadie tenga que volverse a sentir obligado a pagar para leer algo infame en unos términos que van contra la demanda. El sabotaje y el obrar contra el progreso es lo que hacen las editoriales que se niegan a producir en el formato que viene.

(Sigo uno más)

Anónimo dijo...

(Acabo ya)

Porque el libro electrónico ya es una realidad y tiene su demanda. Lo puedes comprar en todas las grandes superficies. Cada uno de esos que se vende son cientos de libros en formato árbol muerto que ya no se venderán. Pronto resultará que, si realmente los escritores estamos en esto “para que nos lean, cuantos más mejor”, el libro electrónico nos permitirá llegar a más, muchos más lectores. ¿Tú sabes cuántos millones de usuarios de todas partes del mundo tienen las redes de intercambio de ficheros? ¿Te imaginas a cuántos millones de latinoamericanos que no saben quienes somos podremos llegar cuando nuestra obra sea libre?

Yo creo que tendrías que abandonar esa postura de rechazo tan frontal hacia la cultura libre (“mi trabajo es un lujo”, “la gente no quiere pagar por nada”, “la cultura desaparecerá”, “se acabarán todos mis escritos”). Todo eso es cerrazón, y son profecías de agorero mucho más feas y más infundadas que las mías. Algunas de las cosas que estás diciendo son apelaciones al miedo, a la culpabilidad, o suenan directamente a amenaza. El último paladín de todas esas posiciones fue Ramoncín, y lo único que consiguió ellas fue que todo el público le diera la espalda. Ahora es el autor más odiado del país. Él también estaba en esto para que le quisieran, y mira.

En fin. Esto ni lo decido yo ni lo decides tú ni la policía ni el Ministerio ni la industria. Esto será lo que diga el ciudadano medio, el consumidor. Oponerse a él es ir en contra de la sociedad, de modo que si vas a hacerlo, sólo te digo una cosa:

Buenas noches y buena suerte.

Merak dijo...

Anónimo, puede que tengas razón en algunas cosas, pero no en todo. Y sí, César puede que esté equivocado en algunas cosas, pero tampoco en todo.

Me cansa oír a la gente hablar de la revolución del libro electrónico. Y me cansa porque ya huele a tufillo. Hace dos o tres años ya se anunciaba que iban a ser la repanocha. ¿Y cuál ha sido la realidad? Pues que cuando subo en el metro de Valencia, o en el autobús de Münster, no es gente con iPods y iPads lo que veo... Veo gente con iPods y libros de papel. Y créeme, no eligen ese formato solo "porque no queda otra". Yo no lo elijo por eso.

Es más cómodo. Es más agradable. Más íntimo (bastante hay que trabajar con maquinitas a diario). Y si me apuras, hasta más romántico. Y más sano. Si ya cansa leer en papel, leer una pantallita ni te cuento. Pero a ti no se te ocurre pensar que el libro electrónico sea otra gran excusa para vender y explotar un producto nuevo (y ojo, nuevo hasta que lo saques de la tienda, cuando ya será la versión 1.2). Ni tampoco se te ocurre en la de millones y beneficios que generará eso a los empresarios. Tal vez no a los de las editoriales (solo a los muertos de hambre de Apple, esa pequeña empresa). Pero alguien se beneficiará de ello ya que, al menos una vez, tendrás que invertir en el "aparato".

Luego llegan las mejoras. Ahora la pantalla es más grande. Ahora no pesa. Ahora ya hasta le ponemos olor a libro y sonidito para que no sientas que has vendido tu alma por un montón de chips. Y puede que tú tengas criterio y te lo compres solo una vez, pero la gente en general es impresionable y muy manipulable. Comprarán lo nuevo y esas empresas seguirán llenándose los bolsillos. En cristiano: siempre va a haber alguien explotando, solo que de la explotación de los libros de papel se benefician escritores y editoriales, mientras que del libro ecológico solo se van a beneficiar las fabricantes del aparatito.

Y de verdad, enhorabuena por ser una persona tan entregada a su pasión y tan altruista. Ojalá todo el mundo fuera así. Pero resulta que no. La gente es interesada, la gente trabaja y se merece un beneficio por ese trabajo. La gente como César se dedica a ello. Y yo escribo, ¿sabes? De una manera bastante mediocre. No me gustaría vivir en un mundo en el que la gente pudiera igualar mi trabajo con el de César solo porque los dos son gratis y están en la red. Lo siento mucho pero quien quiera calidad que la valore. No a precios tan altos, lo he dicho y lo repito. Pero sí, me parece justo que César Mallorquí, Laura Gallego (aunque he dejado de leerla, la pobre ha ido a menos), Pérez-Reverte, Isabel Allende y muchos otros de mis héroes vivos puedan comer gracias a su trabajo y no que tengan que joderse en una profesión que no les satisface porque su Trabajo, ese que hacen tan bien, no les da para vivir. Para mí vale la pena aunque sea por la emoción que supone pasar una página más de cada uno de sus libros. No te he leído, así que no sé si tú conseguirías algo así. Pero no todo el mundo es capaz de lograrlo.

Finalmente, decirte que te haces una publicidad pésima: ¿qué has publicado? Porque de tanto comentario hasta me pica la curiosidad leerte pero, ¿a quién busco?

CorsarioHierro dijo...

1. A ver si en cultura dejamos de hablar solo del buen libro. los libros malos, las novelas baratas, los guines de telenovelas ahora llamadas culebrones-como los venezolanos...-también están elaborados con la mente, intelectual, ámbito de la propiedad intelectual. Trabajadres con la mente. que tienen que comer. Y quizá los que más riesgo corren de que les plaguien una idea pues pueden estar indefensos.

2. Buenismo en la novela juvenil.Valores. Es lo que se me pide que se les enseñe. Y muchos autores, como Jordi Sierra i Fabrá, que le gusta a todo alumno que lo lee, tampoco es que trate personajes que sean modelo de virtudes.

3. Jarendo. Página musical gratuita. Los músicos lo cuelgan gratis. ¿De dónde sacan el dinero para pagar el equipo informático para subirlo a la red? ¿Y la guitarra? ¿Y la comida? ¡Aah!Tienen otro trabajo. hacen música cuando tienen tiempo y ganas. Cualquiera pensarían que no durarán mucho. Conciertos. Si es un trabajo digno, si se dedican a eso. Tocar en bares, verbenas...pero conciertos, conciertos no creo que hayan muchos y más con la crisis. Tampoco es que ganen millones.

Que conste que no soy un santo. No descargo mucho, pero tengo cientos de horas en cine, series y documentales grabados de la tele. Y algunos me gustan como para comprarlos luego en El Corte Inglés.

Anónimo dijo...

Creo que se ha abierto un debate bastante interesante pese a las diferencias de opinión y subjetividades. Hay varios temas que me parece que habría que tener en cuenta:
1.- Un libro no es como una canción. Ésta dura máximo 5 minutos, PERO un libro no te lo lees en 5 minutos, sino que tienes que echarle buenas horas. Vamos, que sólo con la biblioteca del pueblo tengo para el resto de mi vida (una vez calculé el nº de libros que podíamos leer en una vida, y no salen muchos). Mi problema es que mucho de lo que quiero leer no está allí (a veces no está en ningún sitio, por culpa del mercado).
2.- Consecuencia del punto 1: aunque te bajaras toda la obra de Mallorquí, por ejemplo (y me descargué gran parte del Coyote de M. Padre - en su momento los adquirí en papel, pero los perdí en una mudanza -), jamás me la voy a leer toda, porque debo leer otras cosas también. Me leeré alguno/s, pero no todos. Es como el caso de la biblioteca a mi alcance.
3.- El pvp del libro: me parece caro la verdad. No digo que el coste no sea ese, pero una media de 18 pavos o más por libro limita a los compradores. Si fuera electrónico (y yo leo en electrónico y me encanta) y costara menos (no se, digamos entre 6 y 9 €, por decir algo), adquiriría por el precio de 18 tres libros distintos. Habría más rotación.
4.- En el caso del punto 4, el autor podría cobrar igual o más que en el libro en papel. No se César cuánto % sacas por libro,o tu anónimo, pero no creo que sea muy elevado con respecto a ese PVP. Es más, posiblemente en digital se sacara más, ya que has eliminado parte de la cadena (almacenamiento, papel, distribuidor, etc...) que sube el precio (y del que el autor no saca beneficios).

Anónimo dijo...

(continuación)
5.- Lo dicho en 4 no es incompatible con que existiese dos ediciones: una en papel (sra. Hidalgo a 19,90 €, tradicional) y otra en electrónico a los que sea, 9 € por ejemplo (y ya de paso me compro también la Catedral, que lo presté y no me lo devolvieron).
6.- En las librerías tradicionales podría haber posibilidad de ambas ofertas, e incluso la digital podría llevar cosas añadidas, entrevistas, fotos, articulos sobre la temática, etc...
7.- La labor del editor sería fundamental en cualquier caso: ayer me compré (pese a lo electrónico y la biblioteca gratuita,no puedo evitarlo. Como veis esa gratuidad no me exime de seguir comprando) varios libros, algunos de ellos de desconocidos autores, pero los compré porque el sello que lo editaba me era conocido, y en cierto modo era una garantía. Si me los hubiera encontrado en la red, desde luego no. Y posiblemente repita con alguno de esos autores desconocidos.
8.- Los editores podrían apostar por ejemplo por editar en electrónico a autores desconocidos (véase mi caso u otros). Estarías junto a Cesar o Reverte (soñar es libre), lo cual te daría un caché (ahí el editor es el que ha hecho el filtro para incluirte, por temática, calidad, lo que sea). El librero, que vendería tb en electrónico, también recomendaría tu obra junto a los de los mencionados. Mucha gente diría: me llevo a Cesar en Papel y a este señor en electrónico, para probar. Jolines, igual hasta le gusta.

Mazarbul

Anónimo dijo...

9.- Al llevar varios libros en mi haber, en un catálogo solvente, el editor pensaría a lo mejor, dado el reconocimiento del público, apostar por el papel también. Que no, pues sigo en electrónico. Pero el editor no tendría que hacer ingentes esfuerzos económicos para meterme en su catálogo (y cábalas financieras que al final hace que o vendas o a la calle).
10.- Hoy en día además estar en papel no es garantía de nada en cualquier caso. Hay libros reconocidos, de reconocidos autores, estupendos, que he tenido que pedirlos por correo porque no llegaban a las librerías. Es decir, sus ventas, por lo que sea (temática cf por ejemplo o porque no pertenecen a un sello tipo planeta o a un premio) también han sido muy bajas. De hecho hablé con el autor y así me lo reconoció, un problema de distribución puro y duro. Algo extra literario.


Disculpad por el largo posteo.Son pensamientos al aire. Pero creo que un futuro com ambas opciones compartidas beneficiaría a todos. Escritores, editores y lectores.

Mazarbul

Anónimo dijo...

Y un punto más a añadir:

- Podrían conseguirse multitud de libros descatalogados. Por ejemplo, ¿Cuánto le ganas por no tener editadas tus obras de CF y antologías?. Nada. Pero si estuviera en electrónico, se utilizaran en promociones, e incluso le añadieras relatos nuevos, podrían volver a funcionar (no en papel, claro, pero si en electrónico). De hecho nos regalas de tanto en tanto relatos tuyos, lo cual es un detalle.

Y otro punto al hilo, pero es por curiosidad: en tus contratos César - o anónimo, o cualquier escritor que pulule por aquí - , ¿los derechos de autor en el extranjero los tiene vuestro editor en españa?. Me encontré en el pasado un caso: intenté editar o apoyar la ediciñon de un chico turco de CF y literatura juvenil. El autor estaba encantado, me pongo en contacto con la editorial, y me pidió un precio fuera de lo normal (una burrada). Intento negociar, pero nada, que no se bajan del burro. El autor cabreado con su editorial, y nada, lo tiene cogido por las p.... Resultado: el editor turco, que no vende en españa, le importa un pimiento que venda en españa, PERo tiene los derechos. Pues nada, se quedó sin editar, y el autor cabreado, y un servidor que estaba interesado en promocionarlo, pues nada también. C'est la vie. Con esa cortedad de miras funcionan a veces las editoriales.
Mazarbul

eulez dijo...

Yo en general estoy más de acuerdo con "el Anónimo de muchas horas".

César, da la impresión (es normal) de que proteges con tu opinión tu forma de vida actual, igual que Anónimo parece algo resentido. Mi opinión sobre el tema, en general, es que si el "proceso de creación" o lo que sea de lo que habláis es un lujo, es de esperar que no sobreviva a una reconversión industrial. La agricultura puede sobrevivir porque necesitamos tomates y patatas, aunque sea a base de subvenciones. Pero la producción en masa de libros de bolsillo en formato de papel, por decir algo, tiene los días contados, porque, como bien dices, es un lujo.

No es un derecho fundamental, no es una "ventaja evolutiva", es un lujo. Un libro de bolsillo de mala calidad es un desperdicio de papel, un gasto innecesario. Lo mismo que los CDs, que ya nadie utiliza salvo para ponerlos en el coche ¿Esta reconversión industrial es culpa de internet? Sí, pero eso es como decir que los manuscritos a mano se dejaron de producir por culpa de la imprenta. Recordemos que vivimos en una sociedad capitalista. Que a veces se olvida, que para unas cosas existe la oferta y la demanda y para otras, no.

Aquí hay una revolución en proceso. Dentro de 20 años lo veremos desde fuera, tendrá nombre y la gente lo dará por hecho, pero ahora estamos dentro y mucha gente tiende a resistirse. No se puede poner puertas al campo. Y lo que mucho menos se puede hacer es restringir a los usuarios o a los usos de las "imprentas" para proteger a (cuatro, que no a todos) productores de "manuscritos".

Por cierto, en algún comentario se nombra a la ciencia como no gratuita. No lo es, pero por un fallo del sistema. Debería serlo, y de acceso libre a sus resultados, porque, al menos en España, está en su mayor parte subvencionada. Es decir, pública. Su acceso no es gratis porque sea así, porque sea cara, es porque las revistas de prestigio mundial tienen montado un negocio a costa de la producción de los científicos (los cuales tienen que renuncian a los derechos de autor de sus publicaciones). Un negocio injusto, además, porque el proceso de revisión de los trabajos se hace GRATIS entre científicos anónimos.

César dijo...

Este debate no da más de sí en lo que a mí respecta. Ha derivado por demasiados caminos, entre ellos los psicológicos. Al parecer, pese a que llevo casi 20 años dedicado profesionalmente a la literatura, el anónimo amigo de las variadas horas ha decidido que no tengo ni idea del medio en que me muevo. Pues vale, seguro que un autor tan notorio como él me da cien vueltas en conocimiento del mundo editorial.

No obstante, voy a permitirme una reflexión y un par de comentarios finales. Reflexión: ningún escritor es consciente de que es un escritor malo o mediocre. Hay demasiada emotividad, demasiado de uno mismo volcado en las páginas que ha escrito. Por eso, cuando un editor rechaza tu mediocre texto, piensas que ese editor está ciego, o que es injusto, o simplemente que es idiota. Y recuerdas que muchas editoriales rechazaron "Cien años de soledad" o "La conjura de los necios", y te sientes como un incomprendido García Márquez o un atormentado Kennedy Toole. Porque eres un gran escritor, tú lo sabes, y esos editores que rechazan tus textos son unos ineptos que no hacen más que poner trabas a la evolución de la literatura. Lo que nunca haces, en cualquier caso, es echarte la culpa a ti mismo. Ni tan siquiera te preguntas si no será que lo que has escrito no es tan bueno como crees.

¿Y qué pasa si te publican, pero no vendes un pijo? Pues que la culpa es de la editorial, claro, que no ha distribuido bien el libro, que no lo ha promocionado, que no lo ha colocado correctamente en el punto de venta... Lo que ni se te pasa por la cabeza es la posibilidad de que a los lectores no les interese lo más mínimo el truño que has escrito. Si algo suelen tener los escritores, tanto malos como buenos, es un ego a prueba de bombas.

César dijo...

Dos comentarios:

1. No tengo nada en contra de los e-books. Seguro que son un invento cojonudo lleno de ventajas, aunque yo, por romanticismo, por estupidez, por lo que quráis, nunca compraré uno y seguiré leyendo en papel. Eso es una posición personal, no un alegato en contra de nada.

Tan es así que, en estos momentos, he interrumpido la escritura de mi novela verniana y me he metido con otro texto (encargo de cierta importante editorial) que aparecerá única y exclusivamente en formato electrónico y, además, intentando sacarle todo el partido a ese formato.

2. Repito lo que era el eje de mi comentario. No hay cultura gratis; nunca la ha habido y nunca la habrá. De hecho, y esto es un principio básico de la economía e, incluso, de la sociología: nada es gratis. Nada.

Oh, sí, puedes llevar a tus hijos a colegios gratuitos... que están financiados con nuestros impuestos. O acudir a bibliotecas gratuitas... tan financiadas por los impuestos como los colegios. Y qué decir de la ciencia... ¿Debería ser gratuíta, Eulez? Vale, vamos a hacer una cosa: les diremos a todos los científicos que no les vamos a pagar nada por su labor. Como son gente curiosa y vocacional, seguro que siguen trabajando gratis, haciendo avanzar la ciencia mientras se buscan un empleo de los de verdad para poder sobrevivir. Cojonunda idea.

La cuestión es muy sencilla: cuando los consumidores no pagan por un producto, sea un lujo o una necesidad, ese producto no se vuelve gratuito (lo cual no sucede jamás): DESAPARECE DEL MERCADO.

Y ya está bien de tonterías y de llamarle a las cosas por otro nombre para que suenene mejor. ¿Que yo defiendo mi situación? Claro, pero ¿es tan raro que un trabajador intente defender su derecho a cobrar lo que se merece por su trabajo? ¿Ese es mi gran privilegio, el priviligio de cuya pérdida tanto os alegráis?

No, digamos las cosas como son. Esa Arcadia electrónica permitirá en un futuro cercano que mucha gente se apropie del fruto de mi trabajo sin pagarme nada por ello. Y yo, como soy imbécil, se supone que deberé seguir escribiendo para que me lean gratis mientras le robo horas al sueño trabajando en algo serio de verdad que me permita malvivir. Ese gran avance que conducirá a la cultura libre, democrática y gratuita consiste básicamente en que se podrán vulnerar con suma facilidad e impunidad los derechos de autor (que, por cierto, no están protegidos por la SGAE). Pues bien, felicidades; ya veréis qué maravilloso será todo.

Lo único que me consuela es que ese modelo que proponéis resulta inviable. Y por mí, este asunto se acabó.

César dijo...

Mazarbul: Cuando pactas publicar un libro con una editorial, la editorial te propone un contrato en el que todo son ventajas para ellos. No es que sean pérfidos; todo el mundo hace lo mismo.

Vale, pero ese contrato sólo es una propuesta que tú puedes y debes negociar. Por ejemplo, y en relación con lo que me cuentas, es normal que las editoriales quieran que les cedas en exclusiva la gestión de la obra en el extranjero, quedándose ellos ¡hasta un 60 % de los beneficios!

Bueno, pues lo que hay que hacer es negarse y proponer otras condiciones que sean del todo favorables para ti. Luego se negocia y se llega aun punto medio. Yo, por ejemplo, jamás cedo en exclusiva la gestión de los derechos.

Vale, dirás; tú ya eres un autor veterano y puedes exigir, pero ¿qué pasa con un autor novel? Pues, aunque te sorprenda, más o menos lo mismo. Al plantearme publicar mi primera novela juvenil, antes de haber ganado ningún premio en ese género, cuando no me conocía ni dios, cierta editorial me propuso un contrato leonino. Yo me negué en redondo y, llegado un punto de la negociación, me cerré en banda y dije que prefería no publicar la novela. 24 horas después, la editorial accedió a la mayor parte de mis pretensiones.

Mira, yo lo veo así: Escribes una novela que, será mala o buena, pero desde luego es única. No hay otra novela idéntica a la tuya. Sin embargo, editoriales hay muchas, mogollón. Así pues, yo le estoy haciendo un favor a la editorial con la elija trabajar, porque mi libro es único y editoriales hay casi 3.000. Si la editorial está verdaderamente interesada en tu libro, acabará pactando; y si no se aviene a pactos, es que no está realmente interesada. Así de sencillo.

Lo importante, en cualquier caso, es negociar el contrato antes de firmarlo. En realidad, la editorial sólo se pondrá dura en lo que respecta al adelanto por derechos de autor, pero eso, cuando eres novel, no resulta tan importante, porque si el libro se vende bien ya lo recuperarás después.

eulez dijo...

Pero César, no te cabrees, hombre.

Yo entiendo que la situación se vea difícil, y que haya resistencias al cambio, pero es que es inevitable, cuanto antes os deis cuenta, mejor para todo el mundo. Al final todo el mundo quiere que haya escritores, artistas, poetas, etc.

Sobre lo científicos, durante muchos muchos muchos años, se ha padecido la situación que dices, la de trabajar gratis ¿no has oído hablar de los precarios o de la fuga de cerebros o de las becas de investigación? Solo ha sido en los últimos años cuando se han conseguido algunos ¡algunos! avances laborales. Probablemente debido a que las autoridades, por fin, se han dado cuenta de que la ciencia no es un lujo, es una inversión. Con resultados visibles en la economía y competitividad de un país. Proteger a los empleados del sector es una ventaja estratégica a medio-largo plazo. Pero las becas siguen existiendo y en el sector no hay una carrera definida. Así que va a ser que no has puesto un buen ejemplo.

Dices "Ese gran avance que conducirá a la cultura libre, democrática y gratuita consiste básicamente en que se podrán vulnerar con suma facilidad e impunidad los derechos de autor"

Otra vez el tema de los derechos de autor. Los derechos de autor son un invento construido para que los autores tengan una remuneración. Si, por motivos técnicos, el sistema de "derechos de autor" no funciona (como es el caso, recordemos las vallas del campo), hay que buscar otra forma de remunerar a la gente. Nadie habla (que yo sepa) de no pagar a los autores (y el que lo diga, es tontodelculo). Por ponerte otra vez el mismo ejemplo, los científicos son autores, porque escriben publicaciones en revistas que se leen en todo el mundo ¿acaso cobran por derechos de autor? No. Su remuneración viene por otros medios y no necesitan los derechos de autor.

¿Cuáles serían entonces esos otros medios de remuneración en el caso de escritores y músicos? Este es el problema. Yo no lo se, pero alguno tiene que haber. El tiempo dirá, pero las posiciones inmovilistas van a agravar el problema, no a solucionarlo.

Anónimo dijo...

Gracias por el consejo, César.
Mazarbul

Eladio dijo...

Don César, no se me cabree, que esa prerrogativa creía tenerla sólo yo (soy "Suevo").

Pues el caso es que yo también hago mis pinitos en esto de la escritura. Y también estoy cabreado con las editoriales. ¡Y eso que alguno de mis libros va bastante bien! He aguantado desconsideraciones tales como que no me pasan las galeradas para corregir, realizando una maquetación criminal; o que tengan un ejemplar mío (que ellos han solicitado) durante varios años antes de publicarlo... porque no encajaba en los planes de ese año en concreto.
Además, debo confesar, lo mio es la LIJ. Sí, soy "de esos", y a mucha honra. Comencé cuando, durante una entrevista, le comenté a un autor de mi comunidad -un viejo maestro galardonado con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil- mi admiración por escribir cosas para chavales. Yo lo había intentado y me parecía dificilísimo. Si a un chaval no le gusta lo que escribes, es culpa tuya, mientras que si van en plan "intelectual estupendo" y al lector no le gusta lo que escribes, es que no tiene nivel.
La respuesta de este viejo escritor me dejó alucinado: se alegraba de oír que considerase difícil su oficio, porque se sentía un poco... "despreciado". ¡Yo que siempre he admirado a Goscinni, yo que he leído a Asimov, incluso que de niño tuve mi época de Los Cinco!
Además, coincidió con la muerte de Gloria Fuertes. ¿Recordáis su marcha? Yo le leía a mi hija mayor poesías de Gloria Fuertes desde muy pequeñita, y para mí esa obra era muy digna... ¡pues a su muerte salieron los críticos DESPRECIANDO la obra infantil, recordando que era una "poeta de verdad"! Sí: Era de verdad. Pero tampoco era mentira su trabajo para los chavales. Y ese cabreo fue un acicate más.
Bien, desde entonces escribo LIJ. También he hecho cosas horribles, don César, como ir a colegios a hablar con chavales sobre mi obra. Sí: se que usted odia esas cosas. Le pido perdón, no soy perfecto y lo hago, y reconozco que me gusta oír lo que opinan los chavales, libremente. Y no crea usted que gano dinero yendo a los colegios, antes bien al contrario.
Una vez confesados todos mis pecados, debo decir que no tiene usted razón, don César, al hablar mal del libro electrónico. Aunque ya Asimov lo colocó en su sitio hace muchos años (imaginó un libro perfecto, que se pudiese leer sin energía, que conectase directamente con el cerebro del lector, que fuese cómodo... ¡y le salió el libro de papel!) creo que puede ser algo interesante.
Yo mismo me he bajado guiones en inglés y los leo en pantalla, directamente. No es cómodo, pero los ebooks parece que no cansan la vista tanto.
El futuro va por ahí.
Lo que no sé es si las editoriales estarán capacitadas para dar el salto. Y el salto no es hacia el "gratis total", sino hacia la distribución controlada. Que el precio sea justo y lógico, que no maten la gallina de los huevos de oro como pasó con la música.
También es posible que se de un paso hacia el "gratis total" en función de mecenazgos. Usted escribiría sobre Carmen Hidalgo y la situaría en El Corte Inglés, por ejemplo, y ellos le pagarían a usted por este "Product placement", encantados de conseguir la mayor distribución posible ¡y gratis!

¿Mercenario? ¿Prostituir su obra? No, no: el Conde de Lemos ya pagó una obra, de cuyo nombre no quiero acordarme. Siempre ha pasado y no es mala política.
Nuevas vías, sin miedo. Y sin rencores.
Saludos a todos. Y, estilo Pat Condell: "Paz".

César dijo...

Eladio: Me voy a cabrear si te empeñas en llamarme de usted, ¿vale?

Mira, todos esos problemas que tenéis con las editoriales se solucionarían si negociarais unos contratos decentes en vez de aceptar lo primero que os pongan a firmar. En mis contratos, desde el principio, desde mis primeras novelas, incluí cláusulas que especifican que tengo derecho a una última corrección sobre galeradas, o que fijan la fecha para la publicación, o que me permiten dar el visto bueno, o no, a la portada y la maquetación.

Joder, haceis las cosas mal, firmáis unos contratos leoninos, se lo cedéis todo a la editorial... ¿y luego os quejáis? Contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Pero, claro, las ganas de publicar son tantas que se firma cualquier cosa, ¿no? Pues mal hecho. Pero no os quejéis. A mí, nunca me han pasado cosas como esas que cuentas, pero cuando ha sucedido alguna similar he montado un cristo de cojones. Y ha funcionado. Nadie te respeta si no te haces respetar.

En cuanto a cómo me consideren los demás por escribir literatura juvenil, sinceramente, me importa un bledo.

Respecto al libro electrónico, te equivocas. ¿Dónde y cuándo lo he atacado yo? En ninguna parte; me he limitado a decir que yo seguiría fiel al papel, eso es todo. Una opinión personal, no una sentencia.

En cuanto a lo del "Product placement", genial idea. Estoy seguro de que El Corte Inglés invertirá cuantiosas cantidades de dinero en conseguir que su nombre aparezca en unos textos que nadie va a editar ni comercializar. Ni, por supuesto, leer, ahí perdidos entre la morralla. Lo dicho: genial idea.

Lo que no os dais cuenta con esa bobada de la "literatura gratis" es que, así, no sólo os cargáis a los escritores profesionales, sino a todo el sistema de comercialización. ¿Cómo se promocionan los textos entonces? ¿Colgando vídeos de aficionado en You Tube? ¿Y las traducciones de textos extranjeros, quién las hará? De verdad, pensadlo un poco mejor. No hay cultura gratis, ni cubatas gratis, ni bocatas de calamares gratis. Nada es gratis. Nada. Y si por algo no se paga, desaparece.

Y lo siento, pero este debate de puro absurdo no da más de sí.

Eladio dijo...

César: te pido disculpas por malinterpretar como un ataque al e-book tus afirmaciones.
De la misma manera, creo que tú me has malinterpretado a mi. Yo no defiendo el gratis total, defiendo una distribución a un costo realista, justo lo contrario que ha pasado con la música.
Y sí: creo que, por muchas ironías que sueltes, habrá empresas que lleguen a pagar por obras de autores conocidos -eso te incluye a ti, no a mí-. De hecho, ya las hay, aunque especializadas: en cocina, en historia, en arte... Conozco biografías noveladas que han sido pagadas por bancos, por ejemplo.

Reconozco que tienes razón en echarnos la bronca por firmar cualquier cosa. Tienes toda la razón. Ya no lo hago, pero he tenido que escarmentar en carne propia. Probablemente en tu caso el ambiente familiar te ayudó a no cometer el mismo error... O quizá tuviste más suerte, más carácter, o eres más inteligente que nosotros.

En fin, creo captar algo de enfado en ti, y como no es de bien educados irritar y contradecir al dueño de la casa que nos invita a pasar, me retiro.
No sin antes reiterar mi admiración hacia ti, como escritor y como analista-blogguero.

Saludos.

Javier Negrete dijo...

Hola, César. (Y también a los demás, claro.)
Suelo entrar en tu blog, que me parece más que interesante, pero en general soy más del tipo lector que participativo. Timidez bloguera, supongo...
Sin embargo, esta vez no puedo resistirme a opinar... aunque el debate esté más bien agotado, como dices.
Lo del ebook es una cuestión personal, que entiendo y respeto (a mí si me gusta, entre otras cosas porque de tanto teclear y "ratonear" tengo una especie de tendinitis crónica y me resulta más fácil sujetar el lector que un tocho... incluyendo los míos).
Ahora, en cuanto a lo de escribir gratis... me alineo claramente en el bando de César.
Es obvio que las novelas son mejores cuanto más tiempo se les dedica. No hablo ya de meses o años, sino de cuántas horas se echan al día y cuántos días se echan a la semana. Yo las paso canutas para compaginar literatura y docencia, y últimamente pido permisos no remunerados, que en el caso de este curso duran un año entero. Porque la literatura es una amante, o más bien una esposa, muy celosa y posesiva. Una novela escrita con profesionalidad requiere tantas horas de trabajo que, simplemente, uno pierde la cuenta.
Y creo que fue a César a quien oí comentar en persona: "Cuanto más repaso, mejor me sale".
Y resulta que a cambio de ese trabajo tenemos el insólito capricho de querer una remuneración. Para seguir escribiendo, de entrada, sin tener que gastar en otros trabajos unas energías físicas e intelectuales que no son infinitas. Y después para vivir un poco mejor, nosotros solos o con los nuestros.
Ahora bien, y esto ya lo he dicho en más de una charla: el día en que tenga que escribir gratis... dejaré de escribir. Y me dedicaré a leer, que en realidad me gusta y me relaja más.
Eso sí, me temo que no leeré muchos de los libros que se escriban en la cultura del gratis total... porque sólo escribirán aquellos que sientan, como la sentí yo en su momento, la irrefrenable necesidad de escribir y que alguien los lea. Vamos, los más novatos, para entendernos. Pero esa necesidad se pasa con el tiempo, y uno busca algo más que ver su nombre en letras de molde.
Mi conclusión es que los lectores tendrán (tendremos) que seguir pagando, con un modelo de negocio u otro, si queremos seguir teniendo libros de calidad.
Pido disculpas al anfitrión por enrollarme tanto en esta primera visita "visible". Mucha suerte con tu novela de Carmen Hidalgo y tus futuros proyectos, César, y espero que nos veamos pronto. Un abrazo,

Javier

Amaranta dijo...

Estoy de acuerdo con tu artículo y no estoy de acuerdo. Cachis una contradicción. Verás estoy de acuerdo con que el arte es caro y como tal sólo es accesible para una minoría de la población. Pero eso es así tanto antes como ahora, quiero decir que el hecho de que ahora haya una serie de "comodidades y diversiones" para las "mass media" que antes no se podían ni imaginar que estos pudieran disfrutar de todo esto, no significa para nada que "el arte" y la "cultura" propiamente dichas estén a su alcance. Igual que afirmas que el hecho de pintar en las cuevas por los cazadores no se disfrutaban como arte por los integrantes de ese conjunto humano, está claro que las clases sociales que hoy en dían disfrutan del lujo artístico y cultural de nuestro tiempo, tampoco pueden considerar arte aquello que disfrutan el resto de los mortales.

No obstante y volviendo al tema de las pinturas mágicas unidas a la caza, si bien no estaban dirigidas al disfrute de una clase privilegiada, la cuestión es que sí responden a la manifestación artística de determinadas personas que generan el arte y la cultura en cualquier tiempo y época. Quiero decir que el arte es pagado por aquellos que lo hacen caro y elitista y a la vez disfrutado por ellos, pero sin embargo es una manifestación de determinadas personas que se expresan así debido a sus características especiales. Desde este punto de vista el arte jamás va a morir, hayan los cambios sociles que hayan en las épocas venideras. Porque el arte surge desde cualquier estrato social y sobre todo de personas que a veces ni disfrutan de los suficientes conocimientos para poder formar su capacidad crítica. El artista, como productor de arte, nace con esa cualidad o don que le empuja a manifestarse mediante obras de arte que luego serán compradas a precios astronómicos para poder ser disfrutadas por una minoría, que en definitiva es una manera de restringir el círculo social donde determinadas personas se mueven.

Desde este último punto de vista el arte sólo morirá con el ser humano que es el único elemento del que depende. Otra cosa es que la industria que genera estos beneficios astronómicos con el trabajo de estas personas se esté tambaleando con las nuevas tecnologías que ha acercado a los "mass media" a una serie de distracciones a las que ahora no está dispuesto a renunciar y que de otra forma no podría disfrutar. Porque por mucho que se haya abaratado la cultura, está claro que sigue habiendo gente a la que le cuesta empinarse para poder ni siquiera rozarla. Con internet y la situación alegal en la que nos movemos la rozas y te empachas, pero esto no es algo tan real como queremos hacer creer. La cultura y el arte sigue siendo algo elitista y creo que lo seguirá siendo porque esa es una de sus características más importantes.

César dijo...

Javier: No sabes, amigo mío, lo que me alegro de saber de ti. Te creía desaparecido en combate. Aunque, la verdad, los últimos años yo también he estado un poco missing.

Comparto, como no podía ser de otra forma, todo lo que dices. Reconozco que me irrita la alegría con que, en nombre de una idea absurda, algunos aplauden que un montón de profesionales se quede sin trabajo. También me irrita que algunos consideren que ser escritor profesional es un privilegio, cuando en realidad se trata de la consecuencia de un montón de trabajo.

Porque, como tú muy bien dices, ser escritor profesional implica trabajar un huevo; y no sólo cuando escribes, sino cuando desarrollas ideas (mientras conduces, antes de dormir, en cualquier momento), cuando diseñas argumentos y personajes, cuando te documentas, cuando corriges tus textos una y otra vez... Lo cierto es que escribir profesionalmente implica dedicar la mayor parte de tu vida a la literatura.

Pues bien, para algunos (como cierto descerebrado que, debatiendo sobre esto en un blog, me llamó despectivamente "juntaletras"), el valor de todo ese trabajo es cero. Y eso me cabrea, lo reconozco.

Pero bueno, supongo que hay gente, presuntos escritores, que habiendo fracasado en sus intentos de vivier de la literatura, se dicen algo así como "si yo no puedo ser profesional, que todo dios sea aficionado". Y otros que, sencillamente, se las suda el trabajo creativo. No sé, me cuesta entenderlo.

En fin, qué le vamos a hacer... Amigo mío, a ver si nos vemos. ¿Asistirás a la Semana Negra? En cualquier caso, mucha suerte (la que te mereces) con tu Atlántida.

César dijo...

Amaranta: Qué bonito nick, por cierto. Bueno, me alegro de que haya alguien que saque otros temas. Las pinturas rupestres no eran arte, en el sentido de que su función no consistía en el placer estético. No obstante, está claro que entre los pintores rupestres los había más dotados y menos dotados. Seguro que al tipo que pintó los bisontes de Altamira no le eligieron para hacerlo por ser el sobrino del chamán, sino porque era condenadamente bueno en su trabajo.

Por otro lado, aunque las pinturas rupestres no tuvieran una intención artística, tal y como hoy la entendemos, su función, en cualquier caso, era provocar emociones en quien las contemplase. Y en ese sentido eran evidentemente arte.

De hecho, toda forma de arte es en esencia simbólica, así que, siendo la mente humana básicamente simbólica, convengo contigo en que los seres humanos llevamos en nuestro interior la semilla del arte.

Ahora bien, creo que el artista no nace: se hace a través de la educación y la formación. Yo no nací sabiendo escribir; tuve que aprender.

En cuanto a la democratización del arte, mantengo lo que he dicho. Verás, a mí me gusta mucho la pintura de Tamara de Lempicka, pero no tengo dinero para comprarme un original suyo. No obstante, en mi dormitorio hay una espléndida reproducción de un cuadro de Lempicka que, con marco y todo, me ha costado menos de 100 euros. Eso hace tan solo un siglo era imposible. Lo mismo puede decirse de la música o de la literatura. Nunca antes tanta gente ha tenido acceso al arte y la cultura como ahora.

No obstante, está claro que el arte original de primera línea sólo está al alcance de los privilegiados o de las instituciones. Eso ha ocurrido siempre y siempre ocurrirá.

samael dijo...

hacía tiempo que no pasaba yo por aquí, debido a un repentino exceso de trabajo, y cuando vuelvo veo que está todo de lo más animado. César, tienes razón en lo que dices, según mi modo de ver las cosas. Lo puse ayer pero no se por qué extraño fenómeno no se registró. Vete a saber. En fin, por resumir, yo creo que es de cajón de madera de árbol que cualquier trabajo ha de ser remunerado, pensar lo contrario es no pertenecer a este mundo, sino al de los pitufos.
Hala, que yo creo que este post va a batir records de respuestas, entonces vendrá una página web aglutinadora de blogs exitosos que te propondrá incluir publicidad en el tuyo y en ese momento te convertirás en un bloguero profesional, en cuyo caso... no sé, ¿qué pasará entonces?

Juan dijo...

no nos contéis batallitas, que aquí los únicos que viven en el país de los pitufos sois vosotros

en el mundo real hay escritores diciendo que no se vive de vender libros y escritores diciendo que sólo lo hacen cuatro

luego vosotros ni estáis defendiendo la continuidad de vuestra obra ni estáis defendiendo vuestro modo de vida, vosotros con todo este discurso lo que intentáis es llenar el fajo

al final va a ser que todos los autores cometéis el mismo error fatal, mentirle a vuestro público

sois como esos cantantes que salen por la tele diciendo que la música se muere porque la gente les roba, y luego resulta que viven de los conciertos

Amaranta dijo...

César, gracias, a mi también me pareció hermoso el nombre de Amaranta cuando leí Cien años de soledad, por eso lo tomé com nick.

En cuanto a lo que me comentas ya te he dicho que estoy de acuerdo con lo que dices en partes. Y esto es debido porque mezclas varias piezas de un puzzle, que si bien por separadas pueden ser del todo lógicas y razonables, no creo que sea muy correcto hilarlas para llegar a una conclusión final. En la historia vemos como por un lado encontramos muchos artistas que han malvivido y que después de muertos sus obras han encontrado la gloria. También encontramos a muchos artistas que dada su buena situación económica y social pudieron dedicarse a sus "creaciones" fueran éstas buenas o no. Y es verdad que hay facetas de la cultura más que del arte, donde se necesita una gran formación, pero hay artistas que no necesitan más formación que la que llevan dentro. En el caso de los escritores mismos y dado que mi nick procede de la obra de un gran escritor, escritor que aún habiendo pasado por la universidad necesita de correctores que le revisen su mala ortografía. Aquí mismo en la red hay muchos de estos correctores que se quejan de la poca formación de los autores que luego tienen cierto renombre y cuyas obras han pasado por sus manos donde han tenido que corregir no sólo faltas de ortografía sino también gramaticales.

Cuando todo el tema de la piratería empezó muchos artistas se posicionaron en contra de la industria. Por lo que se ve hubo algún que otro tirón de orejas y al final estamos creando esa antesala moral que abre las puertas a una ley que penalice aquello que una parte de la sociedad está demandando. Esta parte de la sociedad no son los artistas, ni el ciudadano de a pie que se va a tener que fastidiar una vez más en pos de los grandes beneficios industriales sino las grandes empresas que son las que han visto mermados sus intereses.

No digo con esto y que quede claro, que estoy a favor de la piratería. Ni que piense que vuestro esfuerzo no merezca una justa remuneración. Lo que digo es que la remuneración lo que cubre es vuestro trabajo, nunca el arte que hace grandes vuestras obras, porque ese no hay dinero que lo pague. Por eso puedo afirmar que aunque las industrias que difunden y se enriquecen de todo el mundo artístico desaparecieran, el arte en sí no se perdería, porque el arte es una manera de expresarse que no se puede acallar. Y que siempre es "gratuita".

Por eso ese rum rum de que la piratería o la "democratización" de la que hablabas acabará con el arte y la cultura de nuestro tiempo es un eufemismo de lo que late en nuestro tiempo, los beneficios de las grandes empresas. Y eso nunca ha sido cultura ni arte, sino más bien la mano que hoy en día mece la cuna.

César dijo...

Juan: basta con echarle un vistazo a tu comentario para comprobar que eres un maleducado. Pero cuando dices "lo que intentáis es llenar el fajo" lo que de verdad demuestras es que eres tonto.

César dijo...

Amaranta: Una pregunta: ¿en qué trabajas?

Javier Negrete dijo...

Muchas gracias por desearme suerte, César. Porque, como bien sabemos los que de verdad amamos este mundo de las letras ( y por amarlo lo odiamos a veces más que nadie), hace falta mucha suerte, además de talento, trabajo, etc.
Supongo que iré a la Semana Negra, si no me surge algo que lo estropee. ¿Y tú? Estaría estupendo vernos allí.
Confiesa, anda: el tal Juan es un troll que te has inventado :-) Porque me cuesta creer que alguien diga unas memeces tan gordas, la verdad.
Bueno, ya que me he quitado la careta entraré a opinar más a menudo, con tu venia. Que no siempre estoy de acuerdo con lo que dices, pero me encanta cómo lo dices, y me has descubierto más de una lectura o una serie.
Un abrazo de otro ...¿cómo nos han llamado? ¿Pitufos? Pues eso. Me despido por ahora, que tengo que rellenarme el fajo :-)

Amaranta dijo...

Pues trabajo en algo que nada tiene que ver ni con la cultura, ni con el arte. Trabajo en una empresa privada pero con temas laborales y financieros.

César dijo...

Javier: En efecto, lo más probable es que este año vaya a la Semana Negra. A ver si nos encontramos allí...

En cuanto al inefable Juan... ¿de verdad crees que tengo tanta imaginación como para inventarme a semejante papanatas?

Y, respecto a intervenir en Babel, adelante amigo mío, aunque no estés de acuerdo conmigo. Siempre es agradable debatir con pitufos inteligentes.

Y ahora voy a bañarme en mi piscina de monedas de oro.

César dijo...

Amaranta: Vaya, así que te dedicas a colaborar con los beneficios de las grandes empresas financieras. Y cuando compras una medicina incrementas los beneficios de las grandes industrias farmaceúticas. Y qué decir si te bebes una Cocacola...

Vivimos en una sociedad basada en el libre mercado, trabajamos para empresas, contratamos empresas, hacemos transacciones con empresas, dependemos absolutamente de las empresas para mantener nuestra forma de vida. Pero, ay, las odiamos; son los malos de la película, la "mano que mece la cuna".

Actualmente, y desde hace mucho tiempo, el arte y la cultura se difunden mayoritariamente gracias a los procesos de promoción y comercialización industrial. Si eliminas el factor beneficio, todo el proceso se va a hacer gárgaras.

Dices que siempre ha habido artistas que persistían en su trabajo pese a no obtener beneficios. Es cierto. Pero todos ellos aspiraban al éxito. Al éxito personal, social y económico. Ese era su acicate: la ambición, como ocurre con todos los seres humanos, se dediquen a lo que se dediquen. ¿O es que crees que Van Gogh estaba encantado de haber vendido un solo cuadro en su vida? No: se suicidó, abrumado por su fracaso. Y le hubiera chiflado vender cuadros a porrillo. Vender, no regalar.

Si acabamos con los artistas profesionales, ¿seguiría habiendo arte, sobre todo el relacionado con la narrativa? Si, claro. Arte de aficionados, e infinitamente menos del que hay ahora. Y si suprimimos los actuales canales de promoción y comercialización (que, si no hay beneficios, desaparecerán), ¿cómo accederemos a esa cultura, cómo separar el grano de la paja? Te recuerdo que no sólo desaparecerían los artistas profesionales, sino todo lo que les rodea. En el caso de los escritores, también desaparecerían los editores, los traductores, los correctores, los críticos, los ilustradores, los diseñadores, los libreros...

Todo en manos de aficionados. ¿Quieres saber cómo es la literatura de aficionados? Resulta sencillo encontrarla, hay mucha en Internet. Por ejemplo, en torno al fandom de la ciencia ficción. Échale un vistazo y luego hablamos de lo genial que será acabar con los escritores profesionales.

samael dijo...

Existe en este país tan maravilloso en muchas cosas que da la naturaleza y tan terrible en otras que damos sus habitantes, una ancestral aristofobia (odio a los mejores) y es fácil, partiendo de esta tara, que un gran arquitecto,un actor, médico, escritor o cualquiera que sea muy bueno en su trabajo, nos parezcan unos imbéciles que lo tienen todo sin merecerlo, porque piensan que todo es debido a contactos o a la suerte, pero jamás porque tienen mucho talento. Eso cuesta trabajo admitirlo, y yo creo que es porque en el fondo no soporta, quien padece esa disfunción cerebral, admirar a nadie, es algo para lo que su mente no está preparada. Entonces, pasa directamente a rechazarlo, incluso a odiarlo.

Ladra el perrito, pasa la caravana.

Amaranta dijo...

Verás César te ha podido dar la impresión que a mi me molesta que las empresas tengan beneficios o que las grandes empresas tengan grandes beneficios. Pues nada más lejos, es más si Nike cree oportuno para aumentar sus beneficios mandar la fabricación de sus productos a países del tercer mundo donde la mano de obra es barata porque dichos países no poseen una legislación que proteja al trabajador pues fetén. Y comprenderás que esto no sólo lo hace nike, sólo tienes que mirar las etiquetas de todo lo que consumimos hoy en día. Estas empresas hacen esto porque "la ley" les deja la puerta abierta a que así lo hagan. Pues eso es lo que hacemos los ciudadamos cuando nos bajamos todos estos productos, aprovechar la puerta que deja abierta la ley. Y la aprovecharemos mientras la puerta esté abierta igual que las empresas aprovecharán el menor coste laboral en la producción de sus productos mientras la ley se lo permita. No hay nada de inmoral en lo que la gente hace, ni en un caso ni en otro, en todo caso es la ley que no está al loro y deja resquicios donde no hay una normativa clara.

Lo que no me parece bien es que se apele a la moral, porque no hace falta, si las grandes empresas quieren que estos especios "alegales" sean reglados, que lo pidan, que quien no llora no mama, pero que no digan que vamos a acabar con la cultura y el arte por favor, o con las musas de los autores, o con los dones de los artistas, porque a ellos les da exactamente igual, tan igual como a a Nike, el hecho de que haya un monton de niños haciendo sus productos por una miseria, vendiéndolos ellos a precio de oro. Que lo pidan, pero que no sean hipócritas, no quieren que su cuenta de beneficios decrezca y punto pelota, que no me cuenten la milonga que entonces no van a inventir en descubrir a artistas nuevos, porque fíjate si se puede ser rastrero que en vez de aceptar que el negocio va a dar menos beneficios, por mantener estos, quitan dinero de I+D..que en el caso de la industria de este tipo será el departamento de caza talentos sin descubrir.

Que con estas mentiras sólo se apela a la conciencia de la gente y me parece muy feo, nos pasamos la vida criticando a las "iglesias" porque mediante "el pecado" han controlado los actos de sus fieles y ahora viene la nueva industria a querer convertirnos en sus fieles, pues mira desde ya me declaro atea y de las que dan guerra.

Por lo demás ya te he dicho que no estoy en contra del capitalismo, ni de que se regule internet, ni de que se prohiba el hecho de que utilizar programas como emule para bajar material que tiene un precio que así evitamos, ni que se penalice duramente a la piratería, pero igual querría que penalizaran a Nike y a tantas otras que están igualmente utilizando un emule para fabricar sus productos a coste cero. Lo que yo pido en todo caso es las cosas claras y el chocolate espeso y dejémonos de moralinas y de que si algo está mal o está bien, aquí las cosas o son legales o no lo son y hasta ahora internet ha sido un espacio completamente "alegal".

César dijo...

Amaranta: ¿Y por qué en vez de hablar de esas pérfidas empresas no hablamos de sus trabajadores? ¿Cres que esos dudosos resquicios legales llevarán a la miseria a los dueños de las empresas? No, amiga mía, quienes pagarán el pato serán los trabajadores de esas empresas. No hablo de Beyonce ni de Enrique Iglesias, sino de los músicos anónimos, de los técnicos de sonido o de los compositores. No hablo del señor Lara, ni de Ruiz Zafón, sino de los editores a sueldo de la editorial, de los correctores de estilo o, sí, de aquellos autores que sin ser millonarios nos ganamos decentemente la vida escribiendo.

Aunque claro, a lo mejor crees que soy un gran empresa y que mis novelas las escriben cientos de niños indios subempleados. Pues lamento decepcionarte: soy sólo yo en la soledad de mi despacho. Si vendo libros, gano dinero. Si no los vendo, no gano.

También puede ser, por supuesto, que yo no sea más que un despreciable mercenario de la cultura y que lo que me merezca es la extinción. Por suerte, compruebo que hay defensoras de la justicia social dispuestas a acabar con la tiranía de las empresas pegándome una patada a mí y a todos los estúpidos que son como yo.

Pero, mira, tienes razón: tiro la toalla. Si puedes quedarte con algo gratis, ¿para qué pagar por ello? Y que no te digan que eso es inmoral, porque lo que estás haciendo es justicia. ¡Bravo! Qué bien, qué suerte tenemos; vivimos en un país de listos.

Amaranta dijo...

Ves César, la razón por la que no me gusta que se incluya "la moral" en algo que no es más que un tema legal es porque no me gusta el tonillo de tu comentario. El mismo tonillo que tú le echabas en cara al que te llamó Pitufo. No es educado, creo que te puede no gustar mi opinión sobre cualquier asunto y no llegar a ese semiinsulto que es la ironía. No obstante, soy la que menos debería hablar ya que también utilizo la ironía con demasiada frecuenza. Así que no pasa nada.

Ahora eso sí, yo no estoy hablando de ti, estamos hablando de un tema, el que has traido en tu post, sin personificar en nadie, por mucho que a ti te afecte personalmente.

Y ahora hablando de los trabajadores del arte y la cultura. Al igual que tú has dicho no sólo en el artículo sino en el post mismo, que vivimos una época en la que tenemos a nuestro alcance infinidad de cosas con las que en otro tiempo ni se soñaría, también podría decirte yo que asímismo hoy en día hay mucha gente viviendo de su arte, cosa que en otros tiempo gente sencilla y humilde no hubiera podido imaginar. Pero creo que os equivocais, los derechos de los trabajadores sólo se defienden ante las empresas, siempre y cuando hablemos de trabajadores, por supuesto. El hecho de que culpeis de vuestra desgracia al tema de la piratería o al tema de emule, yo podría hacerte una reflesión. Primero con el tema de la piratería ¿te has preguntado el nivel económico de la gente que compra en el top manta? ¿de verdad piensas que si no tuvieran el top manta podrían permitirse compar el original? Pues ya te lo digo yo, no lo compraría porque su sueldo no les llega, sí hijo sí hay familias (3 o 4 miembros)que se mantienen con menos de 10.000 al año y esta gente nunca va a ser un cliente potencial del mundo del arte y la cultura. Tema emule, es verdad, quizás que la gente que utiliza emule sí que tiene un nivel ecónimico más alto, indicios que me llevan a pensarlo, tienen ordenador y conexión a internet. Pero volvemos a lo mismo, nunca podrían ser clientes potenciales de la consumición que hacen desde este programa. Cuando todo esto se regule, vosotros, los artistas, los trabajadores del arte, os podríamos llamar, que no habéis llegado al estrellato, comprobaréis que vuestra "pésima situación" no habrá cambiado un ápice, igual que antes de la piratería e internet tampoco teníais muchas más posibilidades de triunfar que ahora. Los que sí que lo notan y lo notarán son las empresas.

Pero te repito esta es sólo mi opinión, una opinión que no se basa en la falsa moral que me quieren vender, porque no la voy a comprar, ni mucho menos bajármela por emule, porque ni gratis la quiero.

Eladio dijo...

César, si me lo permites -y sin acritud, por favor-, querría decirte que comprendo tu posición, pero no la comparto. O la comparto sólo en parte.

Te diré que -supongo que como tú- soy socio de una entidad de gestión de derechos de reprografía para escritores y editores. Creo en la propiedad intelectual. Creo en el derecho de los trabajadores a defender sus intereses, y -aunque a tiempo parcial- me considero un trabajador de la literatura.
Creo que tienen que pagarme por mi trabajo los que disfruten de ese trabajo.

Ahora bien... creo que dado el cambio tecnológico actual, se abre un panorama por el que las editoriales tendrán que cambiar. Al contrario que tú no veo grandes peligros: creo que el cambio será pequeño en la literatura, porque no dudo en que el soporte "papel" siempre existirá. Porque es el mejor.

Pero aún así es posible que se abran nuevos mercados. Y me gustaría que esos nueva forma de DISTRIBUIR la literatura fuese correcto. Evidentemente hay que eliminar la ilegalidad y la piratería. Pero ¿cómo conseguirlo?
Veamos el ejemplo de la música: itunes funciona. ¿Porqué funciona? ¿Y quién le ha puesto la proa?
Spotyfi no va muy bien en lo que se refiere a derechos: decían que Lady Gaga había cobrado unos pocos céntimos pese a ser la artista más escuchada. Supongo que habrá que regularlo de otra manera, no lo sé.
Pero estoy convencido de que las discográficas han cometido muchísimos errores en su planteamiento de explotación. Otro campo: las películas. Creo que la mayor parte de la gente se bajaría las películas de un servidor seguro a un precio razonable y no desde servidores piratas gratis -y esto me afecta muy directamente pues mi profesión "ante hacienda" es el audiovisual-. Si existiese un servidor así, en el que yo pudiese bajar "Trenes Rigurosmente Vigilados" con garantías, lo haría. Y sería muy fácil sabotear los proveedores pirata. Tan fácil como llenarlos de películas defectuosas.

El asunto está en el "precio razonable".
A lo mejor las editoriales, para hacer bien su trabajo en intenet, deberían convertirse en casi asesores personales: escribirían a cada comprador de tus libros, por ejemplo, para anunciar la próxima entrega de Carmen Hidalgo. Podría llegar a ser algo muy directo, tus lectores se lo bajarían a su e-book al poco tiempo, en un formato seguro que dificultase la copia -pero no hay ninguno completamente seguro-.
Y sí: las editoriales tendrían que cambiar en parte. La parte dedicada a la distribución en la red sería algo nuevo, con gente nueva.
¿Habría que echar a los demás? No creo. Creo que el libro en papel debe seguir existiendo.
Pero si existen cambios en la estructura de personal tampoco sería tan grave. Ya no hay linotipistas escogiendo una a una las letras en plomo. Ahora todo se gestiona por programas informátivos. ¿Eso es tan terrible?

Sinceramente, César: creo que tienes que reconocer que ha habido un ejemplo de mala gestión en los derechos de autor -antipática e incluso inconstitucional, pasándose por el forro cuestiones como la presunción de inocencia- por parte de la SGAE -de la que, casualmente, también soy socio-.

No cometamos los mismos errores con la literatura que han cometido ellos. Otros sectores, como los videojuegos, lo han hecho bastante bien aunque han tenido que afrontar la piratería tanto como el cine o la música.

En cuanto al tema de "los pitufos" o de "los resentidos". No soy ni de un bando ni de otro. Me han publicado varias editoriales, y alguno de mis libros ha ido muy bien. No me quejo. No estoy resentido ni con los escritores que tienen más éxito que yo ni con las editoriales.

Quizá si tuviese huevos abandonaría mi trabajo y me dedicaría solamente a la literatura, con lo que aumentaría mi producción y sin duda mis ingresos, pero es que mi trabajo también me gusta -es otra forma de contar historias-.

Creo que en esta discusión se han mezclado cosas distintas, y que eso ha provocado el enfado de alguna gente.

Paz, César.

Anónimo dijo...

me encanta su punto de vista:)!!






by: Rosaura.

Skalagrim dijo...

Aunque leo habitualmente este blog, creo que nunca había intervenido en él. Sin embargo, en esta ocasión si creo que merece la pena decir un par de cosas, ya que se ha planteado el tema.

La primera es que no estoy de acuerdo en algunas de las afirmaciones que César ha hecho sobre el origen del arte. De hecho, sospecho que la literatura en concreto nació cuando aún éramos cazadores recolectores, en forma oral, con los relatos en torno al fuego. Creo que la gente que contaba esos relatos no recibía más pago o privilegio que el placer de contarlos, y creo también que en buena medida sus historias han seguido contándose a través de los siglos. De hecho, creo que muchas de aquellas historias contadas en torno al fuego han seguido siendo las mismas y aún hoy lo son, repetidas una y otra vez en formas distintas por los nuevos narradores (que, sospecho, nunca han pagado derechos a su vez por esas historias recibidas gratuitamente con su acervo cultural).

Creo que otro tanto puede decirse de la música. Grabados y pinturas muestran ejecuciones de danzas y uso de instrumentos primitivos en épocas anteriores a la agricultura. También se han encontrado flautas de hueso. Esto antes de la invención de la agricultura, cuando aún éramos cazadores recolectores.

Por otra parte, las comunidades campesinas siempre han tenido sus músicas, nacidas antes de que hubiera compositores o escuelas, y antes de que la iglesia o las universidades crearan cátedras de música. De hecho, probablemente toda la música que tenemos procede de un modo u otro, en distintos grados, de esos cantos de cosecha o esas melodías populares, redimensionadas, transformadas y alteradas a lo largo de lo siglos.
Sea como fuere, el propio concepto de música es anterior a los compositores y a los ejecutores profesionales, y aún hoy en los discos de folk la palabra que podemos leer en el lugar del compositor es TRADICIONAL (aunque la SGAE intenta por todos los medios encontrar recovecos legales para poner la mano sobre ellos, recurriendo a veces a procedimientos patéticos, al menos en Asturias).

(y sigo)

Skalagrim dijo...

Esto en cuanto a los orígenes y métodos del arte, que parecían ser uno de los argumentos principales de la discusión en su origen. Podríamos entrar en las valoraciones de otras artes, como la arquitectura, que sí fueron concebidas para el disfrute y uso público sin que mediara prestación directa del usuario, ya que nacían con otros objetivos. Creo, sin embargo, que el hilo principal ya no es ése.

Si pasamos al problema actual, tengo que decir que creo detectar cierta obsesión con la palabra gratis, pretensión que es sostenida por muy poca gente en a realidad. Da la impresión de que esa idea, aunque no sea cierta, resulta útil como clavo al rojo al que agarrarse en estos tiempos inseguros de cambio, una excusa para resistir.

Creo que una amplia mayoría de los consumidores acepta pagar por esos sagrados derechos de autor que se han convertido en el caballo de batalla de nuestro tiempo. Lo que ha ocurrido, sencillamente, es que la gente ha visto, a través de un cambio tecnológico, que los precios que se le estaban imponiendo por los productos culturales eran abusivos. Los márgenes eran escandalosos (este es un problema recurrente de nuestra economía, donde el precio de un tomate o un melón se multiplican por 100 o 200 en trayectos de apenas dos provincias, nadie sabe cómo), y servían además para sostener, a través de las campañas de promoción, productos que por sí mismos probablemente nunca se hubieran colado en el mercado por los criterios de calidad aquí defendidos.

El problema es que las industrias afectadas, en lugar de reconvertirse y buscar una salida a la nueva situación, han decidido enrocarse. Y lo han hecho acudiendo a su influencia política para que se legislara especialmente para ellas. Resulta curioso que el mismo gobierno que se negó a embarcar tropas en los atuneros del golfo pérsico porque eran una empresa privada sí recurra al BOE para sostener a costa de los cambios legales que sean necesarios a otras empresas tan privadas como lo eran las anteriores.

Muchos de nosotros, insisto, pensamos que hay que pagar por la música y los libros. Claro que sí. Pero muchos de nosotros estamos también escandalizados por la pretensión de equiparar la propiedad intelectual al resto de Derechos Humanos Fundamentales, así como por la intención de crear un sistema legal paralelo para sostener y defender ciertos intereses. Intereses muertos de miedo porque están muy perdidos y no saben cómo adaptarse a los cambios que afectan a su negocio (circunstancia en la que, por cierto, nos vemos todos los demás en la vida diaria, sin que hayamos conseguido por parte del gobierno una legislación especial que garantice que lo nuestro no se toca).

Resulta sorprendente, por último, la actitud, primero de los músicos y ahora de los escritores, de defensa a ultranza de los intereses de quienes hasta ahora los explotaban con unos márgenes vergonzosos y unas condiciones leoninas. Resulta chocante que hagan este viaje juntos explotadores y explotados de toda la vida. Sólo puedo atribuir este fenómeno, como ciertas actitudes, al miedo. Que es muy humano, pero que pocas veces es buen consejero.
Y en ese sentido me gustaría añadir que, probablemente a causa de ese miedo, o de la impresión de que se estaba siendo atacado, la dureza del debate me ha sorprendido. No era habitual por aquí.