lunes, mayo 6

Mi roto corazón


Tengo un puñal clavado en el corazón, una herida en el alma, una pena muy grande que me roe por dentro las entrañas. Mi amor verdadero se ha hecho añicos. Y no, no me refiero a Pepa, mi mujer, porque Pepa es mi segundo amor verdadero, a mucha distancia del primero, que es mi GAVEVB (Gran Amor Verdadero y Eterno de Verdad de la Buena). Ese primer puesto indiscutible lo ocupa, o ocupaba, otra mujer, una mujer que recientemente me ha roto el corazón. Ay, qué penita más grande...

Hace unos años, una periodista me preguntó una cosa en la que yo no había caído: ¿Por qué los personajes femeninos de mis novelas están cortados casi todos por el mismo patrón? Lo pensé y me di cuenta de que era verdad; la mayor parte de mis personajes femeninos son mujeres o chicas con mucho carácter, independientes, activas e inteligentes. ¿Por qué? La respuesta que le di a la periodista fue sencilla: porque así son las mujeres que me gustan. De hecho, me casé con una mujer de esa clase.

No obstante, en virtud de la variedad, consideré la posibilidad de cambiar mi “política de personajes femeninos”, por decirlo así. Incluir mujeres más sumisas, más pasivas, menos fuertes... Pero, ¿para qué?, decidí finalmente. Mis personajes femeninos coinciden en su carácter fuerte e independiente, pero por los demás difieren mucho entre sí (por ejemplo, Carmen Hidalgo y Elisabeth Faraday son mujeres fuertes, pero no se parecen en nada). Es decir, manejaba diversas tipologías dentro de una misma “familia” de personajes femeninos. Y eso, tal y como lo veo, no es un problema. A fin de cuentas, al gran director de cine Howard Wawks también le gustaban las mujeres fuertes, y así eran todos sus personajes femeninos.

Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué me gustan las mujeres fuertes? No lo sé. Mi madre era fuerte, lo cual nos conduciría por el turbio camino del complejo de Edipo. Pero no, no creo que se deba a mi madre, porque ella tampoco le hacia ascos a usar la debilidad (una supuesta debilidad) para entregarse al sano deporte del chantaje emocional. Algo que me sacaba de quicio, todo sea dicho. No, la verdad es que miro en mi interior y no veo a ningún hijo de Yocasta. La respuesta quizá esté en otra parte.

La mayor parte de los merodeadores de Babel sois tan asquerosamente jóvenes que si digo: “Los Vengadores” la mayoría pensaréis que estoy hablando de los superhéroes de la Marvel. Pues no. Quizá algunos recordéis la película del mismo nombre, basada en una serie de TV igualmente homónima, que se estrenó en 1998 y estaba protagonizada por Ralph Fiennes, Uma Thurman y, en el papel del villano, Sean Connery. ¿La recordáis? Pues olvidaros de ella, porque era un puta mierda, una copia desnortada del auténtico mito: la serie de TV. Una serie de TV británica tan antigua que la mayor parte de vosotros, oh jovenzuelas criaturas, jamás ha visto ni tenido noticias de ella (aunque uno de los canales digitales, Fox Crime, ha emitido recientemente sus dos últimas temporadas –las que ya eran en color, que es lo único que está dispuesta a ver la gente; somos así de horteras-).

La serie Los Vengadores nació en 1961 producida por la ABC. Su protagonista, el Dr. Keel, jura vengar el asesinato de su novia a manos de un grupo de narcotraficantes, y para ello cuenta con la ayuda de un misterioso agente secreto llamado John Steed (interpretado por Patrick Macnee). Durante la segunda temporada (1962), Keel desaparece y Steed se hace con el protagonismo de la serie, acompañado por tres ocasionales colaboradores. Uno de ellos, una arrojada mujer llamada Cathy Gale (Honor Blackman), se convertirá en la pareja fija de Steed durante la siguiente temporada (1963).

Qué yo sepa, estas tres primeras temporadas nunca se han emitido en España, así que no las he visto. En el 63, Honor Blackman abandonó la serie para convertirse en chica Bond (fue Pussy Galore en Goldfinger) y hubo que buscarle una sustituta: Emma Peel –la señora Peel-, interpretada por Diana Rigg., que coprotagonizó con Steed las dos siguientes temporadas. Y su presencia revolucionó la serie convirtiéndola en un producto de culto. Pero yo aún no lo sabía, porque la cuarta de temporada de Los Vengadores, emitida en Inglaterra entre 1964 y 1966, no llegó a España hasta 1967, cuando yo tenía catorce o quince años.

Es difícil explicar de qué va la serie. Básicamente, se trata de las aventuras de dos agentes secretos británicos en los años 60. John Steed tenía unos cuarenta años, siempre vestía trajes con chaleco, usaba bombín y jamás se separaba de su paraguas. El clásico
gentleman ingles. Por contra, su compañera, Emma Peel, era una mujer joven, guapa, elegante, inteligente y experta en artes marciales. De hecho, ella repartía bastante más leña que él. En realidad, el concepto era más amplio. No olvidemos que la serie se produjo en los 60, en plena eclosión de la contracultura, la liberación de la mujer, el pop y la psicodelia. Así que Steed representaba a la Inglaterra de siempre, y la señora Peel a la nueva Inglaterra, la de los Beatles y Mary Quant.


Los Vengadores podría definirse con dos palabras: sofisticación e ironía. La serie, cuyos argumentos solían oscilar entre el espionaje, el pulp y la ciencia ficción, no se tomaba demasiado en serio a sí misma. Todo estaba contemplado a través del prisma de un humor que oscilaba entre lo más genuinamente british y lo abiertamente surrealista. Los diálogos eran ingeniosos, la situaciones delirantes y los argumentos muy imaginativos. Steed conducía un precioso Bentley de 1926 y la señora Peel modernos deportivos. Él vestía siempre impecables ternos clásicos y ella a la última moda (de los 60). Ambos eran extremadamente aficionados al champán francés. Todo muy sofisticado y muy pop.

Pero la clave de su éxito era la poderosa química que había entre los protagonistas. Pese a la diferencia de edad y de aspecto, encajaban como un guante. No era una relación exactamente erótica, pero casi; se trataba más bien de complicidad. Aunque en realidad el éxito se debió a la señora Peel/Diana Rigg. Una mujer independiente, inteligente, con mucho sentido del humor, valiente, moderna. Una mujer que no estaba ahí para ser rescatada por el machote de turno, sino para rescatar a su querido Steed cuando era necesario. Una mujer fuerte, elegante y divertida.

Creo que me enamoré de ella nada más ver el primer episodio.

Diana Rigg era esbelta, elegante, guapa sin estridencias, pero no fue nada de eso lo que me enamoró. Fue su mirada. En sus ojos aleteaba una permanente ironía, como si en el fondo nada fuese del todo serio. Era una mirada inteligente, chispeante, la mirada de una mujer absolutamente segura de sí misma. Sólo he visto una mirada similar (aunque no idéntica): la de Lauren Bacall en Tener y no tener (una película de Hawks, como no podía ser de otra forma) cuando le dice a Bogart: “Si me necesitas silba. Porque sabes cómo silbar, ¿no Steve? Tan solo tienes que juntar los labios y ... soplar".

En fin, que Diana Rigg ha sido el gran amor de mi vida. Alto ahí, diréis; eso no es amor, porque no te enamoraste de Diana Rigg, sino de Emma Peel, un personaje de ficción, un ser que no existe. Y yo respondo: ¿Acaso no se enamora uno siempre de alguien que en realidad no existe? Pero, insistiréis, eso no es amor, sino un calentón adolescente. Pues os equivocáis; jamás utilicé la imagen de Diana Rigg para mis fantasías masturbatorias. Habría sido como mancillarla y yo la respetaba demasiado.

Lo único que quería es estar con ella, poder mirarla, quizá cogerla de la mano, zambullirme en sus burbujeantes ojos de chica lista y dura. Eso es amor; amor puro, total y entregado. Por lo demás, yo era consciente de varias cosas: 1 Diana Rigg era mucho mayor que yo; por aquel entonces ella tenía 29 años y yo 15. 2 Eso ya bastaba para ser un muro insalvable entre nosotros. 3 Pero es que, además, ella vivía en Londres y yo en Madrid, y ella sólo hablaba inglés y yo sólo español. Eso es lo que se llama un amor imposible. Y no sabéis hasta que punto sufría al ser consciente de que jamás iba a estar ni siquiera medianamente cerca de Diana Rigg. Me dolía. Me dolía de verdad.

Tras dos temporadas, Diana Rigg dejó la serie para convertirse, igual que su antecesora, en chica Bond (fue Tracy Di Vicenzo en Al servicio secreto de su majestad -1969-). La sustituyó la sosaina Linda Thorson en el papel de Tara King, pero no funcionó y la serie fue cancelada. En cuanto a Diana Rigg, sólo volví a verla en una película de 1971, Anatomía de un hospital, junto a George C. Scott. Y ya no supe nada más de ella. Durante más de cuarenta años no volví a ver su rostro. Sea como fuere, dejó en mí una marca indeleble: el amor por las mujeres fuertes.

Su pérdida (si es que se puede perder algo que nunca se ha tenido) me causó un profundo dolor, pero poco a poco la herida cicatrizó y Diana Rigg acabó convirtiéndose en el hermoso e inmaculado recuerdo del más grande y verdadero amor de mi vida.

Hasta ahora.

¿Estáis viendo la tercera temporada de Juego de Tronos? ¿Os habéis fijado en el personaje de Lady Olenna, también conocida como la Reina de Espinas? Es la abuela de Margaery Tyrell, la moza que le está sorbiendo el coco al infame Joffrey Baratheon. Podéis ver una foto suya al final del post. Ahora mirad la foto de arriba, la que preside la entrada. Son la misma persona: Diana Rigg.

Cuando acabé el tercer capítulo de Juego de Tronos me quedé mirando la pantalla con la boca abierta. ¿Era ella o no? Busqué en la lista de casting y ahí estaba su nombre. Lady Olenna era Emma Peel. ¡Dios santo! ¿Cómo es posible que mi amor eterno, esa maravillosa mujer de mi adolescencia, se haya convertido en semejante carcamal? Pero es que, claro, Diana Rigg nació en 1938, así que ahora cuenta 75 años...

Tenía el episodio grabado; di marcha atrás y volví a ver las imágenes de Lady Olenna. Me costaba reconocer en esa anciana a la mujer de mis sueños, hasta que de pronto, durante unos instantes, percibí en su mirada el mismo destello irónico que me había enamorado más de cuarenta años atrás, y por un segundo me pareció ver el hermoso rostro de la señora Peel tras las arrugas y la decrepitud. Y eso me partió el corazón definitivamente. El tiempo es tan cruel que deberían prohibirse, por obscenos, los relojes y los calendarios.

En fin, Diana Rigg está hecha una pasa, qué le vamos a hacer. Pero la señora Peel no ha envejecido lo más mínimo, sigue teniendo la misma adorable apariencia de mediados de los 60, es inmortal. Y a fin de cuentas de quien yo me enamoré fue de Emma Peel.


15 comentarios:

Mazcota dijo...

¡Dios! Estos hallazgos son los que hacen daño.

Esta es una de esas razones por las que no quiero saber nada de antiguos compañeros/as de colegio. Y puede que lo peor no fuera verlos a ellos, sino que ellos me vieran a mi. No solo es posible que me rompiera el corazón ver a la chica que adoraba hecha un fiasco; también podría detectar esa mirada, sobre mi, que va mutando desde asombro, pasando por la tristeza y acabando en compasión cuando me hicieran un repaso general. Quiero mi autoestima intacta.

Saludos.

juan constantin dijo...

Saludos, César:
Gran serie clásica, Los Vengadores. Me encantaba disfrutarla, creo recordar que los sábados por la mañana, pero no lo sé con seguridad... Me atraían sus protagonistas, sus malos, sus planes bizarros para conquistar el mundo, o simplemente para putear a lo bestia a la Inglaterra del momento, su ironía... Para mí era como mezclar a James Bond con The Steel Claw, puro pulp-pop inglés.
Incluso vi el revival que se realizó en los 80, Los Nuevos Vengadores, que creo que sólo duró una temporada.
Por cierto, también Patrick MacNee llegó a actuar en la serie de 007, en un papel secundario, en Panorama para matar, además de encarnar en TV a Holmes y a Watson en varias ocasiones.
En cuanto a cómo envejecen nuestros Amores Verdaderos, o las personas a las que admiramos, creo que lo peor es darte cuenta de que el reloj de la Parca no para para nadie, ni siquiera para nosotros mismos... Eso mismo pasó hace unos años con Bettie Page, que apareció después de bastante tiempo apartada del mundanal ruido, cuando concedió una entrevista a un show de TV, no quiso mostrar su rostro para que la recordasen tal como era.

Buenas noches

Juan Constantin

Jarl-9000 dijo...

Sí, yo también me quedé a cuadros cuando vi su nombre en los créditos, pero en los del cuarto capítulo, aunque no soy capaz de recordar lo poco que he llegado a ver de los Vengadores, la imagen que tengo de ella es como chica Bond.

Al menos hay que reconocer que le va bien el papel de la abuelita, que de tonta no tiene ni un pelo y ya se ha marcado algunos de los mejores diálogos hasta el momento en la serie; si no, espera al cuarto capítulo y su opinión sobre el lema de la casa Tyrell.

Elena Rius dijo...

El tiempo, qué cruel asesino... Yo también era fan de Los Vengadores y gran admiradora de Emma Peel. Por entonces había muy pocos modelos de mujeres fuertes e independientes, su personaje me provocó verdadero asombro, acostumbrada a esa España pacata de mujeres sumisas. La foto de Diana Rigg al final de tu post me ha dejado, así, destrozada. Por cierto, guardo el recuerdo de una Emma Peel con botas muy altas, vestida de negro, con un toque de castigadora realmente atrayente... ¿era así o me lo estoy inventando?

Anónimo dijo...

buf, lo que es el tiempo...qué canalla...ya sabéis, todas hieren, la ultima mata...
aunque algunas se conservan...no ha mucho que vi una serie de tv inglesa de 3 cap, sobre espionaje, y salía charlot ramplin, bueno, no es tan mayor como tu adorada, pero ya no es ninguna chiquilla, metida en su tercera edad, y bueno, seguía siendo ella...el que/la que tuvo, retuvo...dicen...
mazarbul

Samael dijo...

Ánimo César, este es tu momento para conquistarla, ya no tiene por qué ser un amor imposible. La diferencia de edad ya no será un problema...

Luis Manuel Ruiz dijo...

Todo lo mudará la edad madura.

César dijo...

Mazcota: No puedo estar más de acuerdo contigo. Las escasas veces que he acudido a una reunión de viejos amigos no vistos desde hace mucho tiempo, he salido con una depresión de caballo.

Juan Constantin: Una mezcla de James Bond con Zarpa de Acero... buena definición. Y qué raro, pero fascinante, es el pulp británico, ¿verdad? La serie se emitía en España, si mal no recuerdo, los sábados después de comer.

A Patrick Macnee sí que le seguí más o menos la pista, hasta que se retiró (¡tiene 91 tacos!). En cuanto a la vejez y la decrepitud, sí, Bettie Page (que me parece una de las mujeres más bellas jamás fotografiadas) hizo muy bien al ocultarse, igual que la Garbo.

Jarl9000: El personaje es estupendo, en efecto, y ella lo borda aportándole ese punto de ironía que siempre la caracterizó. Pero es que parece una momia en no demasiado buen estado...

Elena Rius: No, amiga mía, no te los estás inventando; de hecho, tu memoria es excelente. Verás: La anterior pareja de Steed, Honor Blackman, siempre vestía ajustados monos de cuero, en plan dominatrix. Cuando la sustituyó Diana Rigg, le siguieron poniendo los mismos monos de cuero que a su antecesora. Pero al acabar la temporada (con enorme éxito), Diana Rigg dijo que ese no era su estilo. Así que en la siguiente temporada, ella seguía usando con frecuencia monos, pero ya no de cuero, sino absolutamente pop (y deliciosamente ajustados).

Mazarbul: En efecto, también he visto recientemente a la Rampling y está estupenda. Aunque, eso sí, sólo tiene 67 años. Pero Sofía Loren está estupenda, y tiene 79. Y Catherine Deneuve también está fenomenal y tiene 70. No sólo es que Diana Rigg sea vieja; es que ha envejecido fatal.

Samael: Te equivocas, viejo jamelgo. La diferencia de edad sigue siendo un problema; incluso mayor que antes.

Gabriel dijo...

Diana Rigg es protagonista de uno de los momentos más míticos de la serie de peliculas de James Bond. Por cierto, me flipa lo de que abandonasen la serie 2 actrices para hacer una película. ¿No podrían haber llegado a un acuerdo?

Patrick McNee no es que solo saliese en una película de James Bond (la última de Roger Moore), sino que fue uno de los candidatos a hacer de 007 para la primera película (aunque yo no le veo)

Según la Wikipedia, Burt Lancaster en sus últimos años de vida tampoco quería que le viesen

Alicia Liddell dijo...

jajaja, sí, César, pero reconoce que el carácter de la reina de las Espinas le cuadra muy bien a la elegante Emma Peel.
Una mujer -aunque sea un carcamal- de armas tomar.

pablo dijo...

Hola, soy un escritor de 36 años, y con tu post me he sentido muy identificado, porque a mí me pasa lo mismo. No es que yo haya estado deslumbrado por Diana Rigg, pues descubrí Los Vengadores hace sólo 2 años, pero como escritor polifacético que se dice soy (terror, drama romántico, relato, suspense, espionaje) soy materialmente INCAPAZ de tener una protagonista sumisa y gazmoña: lo que es más, siempre ha sido así, lo sigue y lo seguirá siendo.
Tal vez se deba a que he crecido con mi madre, sin padre ni hermanos, o porque siempre defendí los postulados del feminismo clásico sobre la igualdad, el caso es que siempre he admirado a las mujeres que renuncian a una feminidad que las "castra" y son inteligentes y decididas, no digamos ya si se enfrentan físicamente a un hombre. Esto no es nuevo, claro. Hubieron películas americanas en los años 40 en los que ya se veía algo, y en los años 10 una heroína de seriales parecida a Pearl White también abrió camino, pero claro, Los Vengadores era especial: como el recientemente fallecido Patrick McKnee dijo, la serie hizo mucho por las mujeres. El productor, que era canadiense, se empeñó en tener una mujer fuerte al proyectar la temporada de Cathy Gale basándose en un hecho real. Las actrices de la serie aprendieron artes marciales y una especialista las sustiuyó en las escenas de más riesgo. La serie tuvo replica en EEUU con una rubia en un mono negro, pero al comprar Los Vengadores se canceló.
Tu caso de amor platónico por Diana Rigg fue un poco lo que me pasó a mí con Adrienne King, la única que queda viva en el original Viernes 13 de 1980: tanto es así que traduje la novela inspirada en ella (Camp Red Valley) al inglés y se la mandé a Oregón sólo por la ilusión de que la leyera. La protagonista, Christine Baxter, es toda una mujer de los años 70. Adrienne me contestó para decirme que le había gustado mucho. Aunque ella tenía 20 años cuando yo tenía 1, en la novela estábamos juntos con nombres distintos.
Igualmente fuertes son la protagonista de El amante de Mrs. Wetherby y su amiga en ese drama romántico inspirado en El Gran Gatsby, y en una de terror que acabo de terminar, Andando en sueños; la mejor amiga del protagonista tiene el valor suficiente como para no enloquecer durante la travesía del Atlántico en un transatlántico que, como el hotel de El resplandor, bulle de fantasmas. Quizá Los Vengadores no te hizo amar a las mujeres fuertes, quizá sólo fue la chispa que detonó una tendencia natural a ellas, como la mía. Los Vengadores es una serie maravillosa, y ahora estoy trabajando en una novela de espionaje y acción ambientada en la Riviera italiana de 1965 en la que la protagonista, Sheila, está inspirada en Emma Peel y es nada menos que el mejor agente secreto del mundo. Si quieres cuando se publique te aviso.

Un saludo y felicidades por tu post.
Pablo.

César dijo...

Pablo: Vaya, me alegro de que compartamos ese amor por las mujeres fuertes. Yo también soy incapaz de crear un personaje literario de mujer débil y sumisa. Me aburriría a los cinco minutos.

Recuerdo a Adrienne King (mira, el mismo apellido que la Tara King de la última temporada de Los Vengadores), pero muy vagamente. Durante mi adolescencia tuve otros amores platónicos con actrices, como Alexandra Bastedo o Teresa Gimpera (que era preciosa de jovencita), pero ninguno comparable con el que le profesaba a Diana Rigg.

Curiosamente, aunque me gustan las mujeres fuertes, nunca he utilizado como protagonista a una "mujer de acción" tipo Emma Peel. Pero es que mis protagonistas suelen ser personas normales que, sin proponérselo, se ven envueltas en problemas que les superan. Alguien lo definió como "héroes que no saben que lo son". Es curioso: me divierte leer o ver personajes del tipo Emma Peel o James Bond; pero no me divierte escribirlos.

Por cierto, en el cómic "Dosier Negro", el tercer álbum de "La liga de los hombres extraordinarios", de Alan Moore, aparecen un montón de personajes de la cultura popular reunidos en una historia alternativa de la humanidad. Entre esos personajes están precisamente James Bond y Emma Peel, con sus nombres más o menos alterados por razones de propiedad intelectual. Es muy curioso.

En fin, amigo mío, te deseo mucha suerte con tus novelas. Y por supuesto, avísame cuando publiques tu nueva creación. Un saludo

pablo dijo...

Hola de nuevo; tenía algo archivado de cuando descubrí la serie y pensé que te gustaría. Dices que tras hacer la película de 007 perdiste el rastro de Dianna Rigg. Lo cierto es que algunas revistas sí publicaron cosas, tanto en España como en Iberoamérica, Alemania y muchos países más. Aquí te dejo el enlace de una noticia que publicó una revista, que ofrecía una entrevista. Dando en la flecha derecha de abajo se pueden ver las fotos de la misma.

Respecto a la novela ya casi está terminada, ahora falta mandarla a una agencia y esperar a que una editorial la publique. Toca esperar...

Saludos.

http://losvengadores.theavengers.tv/teleradio_1.htm

César dijo...

Pablo: Muchísimas gracias por ese enlace, amigo mío. He disfrutado con la biografía y con las fotos. Has sido muy amable al enviármelo; gracias de nuevo. Y suerte con tu novela.

pablo dijo...

Saludos de nuevo:
Escribo en esta ocasión para informar de que ya tengo a "Nombre en clave: Maybe" lista para mandar a agencias y editoriales: sin embargo, como de aquí a que se publique pueden pasar meses, había pensado que quizá te gustaría te la mandara por email. Aunque en el futuro tengo la intención de escribir una serie de aventuras inspirada en Los Vengadores, esta novela también está inspirada en ellos, lo mismo que en 007, pero lo importante es que Sheila, la protagonista, tiene mucho de Emma Peel.
Son 21 capítulos, y para ser la primera novela cuyo argumento tuve que ir improvisando, estoy satisfecho. Si te apetece leerla sólo tienes que pasarme alguna dirección de email, aunque no pueda ser en papel creo que puede gustarte. Así podrías comentar tus impresiones o tus capítulos favoritos.
No te preguntes por qué lo hago, soy así de "enrrollado" cuando doy con alguien con el que me siento tan identificado como cuando leí tu post. Es duro enamorarse de alguien que no existe, o que lo hace pero no está a nuestro alcance. Tal vez por eso escribí esta novela, para plasmar en ella a la mujer de mis sueños. Es una historia de espías, seria, realista, pero también sofisticada, sesentera y muy mood. Para escribirla hasta he tenido que aprender cómo se pilota un helicóptero...
Ya me dices algo.
Un abrazo.