miércoles, mayo 28

En la mente del escritor. Anexo: La imaginación (1)



La serie de posts En la mente del escritor (aparecida en Babel entre el 27/9 y el 17/12 de 2007) constaba de diez entradas donde explicaba paso a paso mi método de trabajo literario. Han  transcurrido casi siete años desde entonces, pero nada ha cambiado, sigo haciendo lo mismo. No obstante, durante ese tiempo he continuado reflexionando sobre el proceso creativo y he profundizado un poco en algunos aspectos que no toqué entonces. Y uno de los temas de los que no hablé es quizá el más básico de todos: la imaginación, la creatividad.

            Pero, vamos a ver, se supone que una persona es imaginativa o no lo es, y eso no se puede cambiar, ¿verdad? Pues no, no es del todo cierto. Puede ser que estemos genéticamente predispuestos para tener mayor o menor capacidad de imaginar, no lo sé, pero todos tenemos cierto grado de imaginación. Otra cosa es que sepamos usarla, claro. Y, por supuesto, la imaginación aumenta conforme se ejercita.

            Vale, ¿qué es la imaginación? Según la cuarta definición de la RAE: “Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc.”. ¿Y de dónde salen esas nuevas  ideas? ¿De la nada? No, nada sale de la nada. Vamos a aproximarnos a esto desde otro punto de vista. ¿Qué es la creatividad? Hay muchas definiciones, como por ejemplo: “La creatividad es el proceso de presentar un problema a la mente y luego originar o inventar una solución según líneas nuevas o no convencionales”.

            Ahí hay dos conceptos importantes: “Problema” y “Solución Nueva”. De hecho, podríamos definir creatividad como la capacidad de resolver problemas. Pero, atención, me refiero a cualquier clase de problemas, desde enhebrar una aguja hasta construir una nave espacial, pasando por escribir una novela, que es de lo que se trata aquí. Ahora bien, no es cuestión sólo de resolver un problema, sino de hacerlo de un modo nuevo y original.

            Lo ilustraré con un viejo chiste: El presidente de una empresa va a contratar a un nuevo ejecutivo y tiene tres candidatos con currículos muy similares. Para poder elegir a la persona más creativa, les propone un problema. Le da a cada uno un barómetro y les pide que, con ayuda de ese aparato, averigüen la altura del edificio donde está la empresa. Al cabo de unos días, cuando vuelven los candidatos; los tres han encontrado la respuesta correcta: el edificio mide 74’5 metros. De acuerdo, dice el presidente; ¿cómo han llegado a esa conclusión?

            El primer candidato responde: Medí la presión atmosférica a nivel de calle y luego en la azotea. Así, mediante una sencilla fórmula matemática, calculé la altura.

            El segundo candidato dice: Subí a la azotea, tiré el barómetro a la calle y, con ayuda de un cronómetro, medí cuánto tardaba en llegar al suelo. Luego, aplicando matemáticas elementales, calculé la altura.

            Finalmente, el tercer candidato responde: Busqué al arquitecto que había realizado la obra y le propuse que, si me decía cuánto media la casa, le regalaba el barómetro.

            ¿Cuál os parece la solución más creativa? La respuesta del primer candidato es la más evidente. Resuelve el problema usando el barómetro como lo que es: un aparato para medir la presión atmosférica. La solución es correcta, pero no hay nada de creatividad en el proceso. El segundo candidato, sin embargo, es más original. El barómetro no solo es un aparato para medir la presión de la atmósfera, sino también un objeto con masa y, por tanto, sujeto a las leyes de la gravedad. El proceso para obtener la solución se ha desviado un poco de la línea lógica convencional.

            El tercer candidato, por su parte, es quien da el salto más grande. El barómetro no sólo es un aparato con una función concreta, ni un objeto atado a las leyes de la física. Es algo valioso que puede utilizarse como intercambio para conseguir información. Dado que su respuesta es la menos evidente, la más sencilla y la más precisa, podemos asegurar que también es la más creativa.

            Antes he comentado que las nuevas ideas no salen de la nada. Entonces, ¿de dónde salen? Pues de encontrar relaciones inesperadas entre conceptos alejados entre sí. Cuanto más alejados estén los conceptos, mayor es la creatividad. Así que cuando hablamos de “ideas creativas”, en realidad estamos hablando de nuevos nexos entre ideas preexistentes. Como dijo Steve Jobs: "La creatividad consiste simplemente en conectar cosas".  

            ¿Está claro? La creatividad se basa en encontrar nuevas relaciones entre conceptos separados; nexos que tengan sentido y que sirvan para solucionar un problema. Perfecto, pero ¿cómo se generan esas relaciones?

 
            Veréis, nuestra mente consciente –la que estoy empleando yo para escribir este post y vosotros para leerlo- sólo sabe ir pasito a pasito. “A” va seguida por “B”, a “B” le sigue “C”, y luego “D”, etc. El pensamiento consciente es lógico, es inductivo, es deductivo, es analítico, es perfecto para los silogismos. Puede tomar una línea de pensamiento y seguirla hasta el final, encontrando todas sus fortalezas y debilidades. Pero lo que no puede hacer de ninguna manera es saltar de una línea de pensamiento a otras. Nuestro consciente no está preparado para eso, no sirve para saltar. No es creativo. Este tipo de actividad mental se llama pensamiento convergente, y está situada en la corteza prefrontal del cerebro.

            Supongo que todos habéis tenido en algún momento ideas creativas. Si es así, sabréis que éstas no llegan como resultado de un proceso de razonamiento, sino que aparecen de repente, como surgidas de la nada. Son una epifanía; estabas pensando en cualquier otra cosa –o en nada- y de repente, como un  flash, la solución al problema destella en tu cabeza. Es el efecto eureka, lo que suele llamarse inspiración.

 
            ¿Magia? Lo parece, pero no. Resulta que en el cerebro tenemos algo llamado “circunvalación temporal superior”. Esta región del hemisferio derecho se dedica conectar informaciones muy vagamente relacionadas entre sí. Propone nexos, es lo único que hace, aunque no somos conscientes de su proceso de trabajo, sino sólo de sus resultados. Evidentemente, no todos los nexos son apropiados, así que existe un sistema de filtrado. Cuando un nuevo nexo supera todos los filtros, entonces aflora a nuestro consciente como una epifanía. Esta clase de actividad mental se llama pensamiento divergente.

            (Nota: Estoy simplificando muchísimo. En cualquier actividad mental intervienen varias regiones del cerebro, pero para no liarnos lo dejaremos así).

            Pues bien, para realizar un trabajo creativo hace falta emplear los dos tipos de pensamiento, el convergente y el divergente. La razón es sencilla: Para activar la circunvalación temporal superior, hace falta poner en funcionamiento primero la corteza prefrontal. Es decir, hay que indicarle a la circunvalación que se está buscando la solución a un problema y proporcionarle los datos necesarios para resolverlo.

            Esto es importante: Poseemos control sobre la corteza prefrontal; podemos conectarla y desconectarla a voluntad, e indicarle el camino a seguir. Pero no tenemos un control directo sobre la circunvalación temporal superior, no hay ningún botón on/off que pulsar. Todo lo que podemos hacer es sugerirle que se ponga en marcha. Es como ir de caza con un perro; le dices al chucho que busque, y éste se pone a olfatear perdices, conejos o lo que sea. Pero lo hace a su aire, sin que tú controles sus movimientos, y puede ser que encuentre algo o no, que tarde más o que tarde menos, o que lo que encuentre no sea la pieza que buscabas, o que sea una mejor. Nada de eso está en tu mano decidirlo; es cosa del perro.

            Vale, supongamos que la circunvalación nos da un resultado, que de repente una idea creativa aparece en nuestra cabeza. Hay que tener en cuenta que esa idea creativa suele ser algo muy básico, sin desarrollar. Digamos que el pensamiento divergente nos proporciona diamantes en bruto; pero la tarea de tallarlos le corresponde al pensamiento convergente. Porque eso es lo que se le da bien a la corteza prefrontal: coger una línea de pensamiento (la que le ha proporcionado la circunvalación) y desarrollarla de forma coherente.

            De modo que para hacer un trabajo creativo debemos usar las dos regiones del cerebro simultáneamente. Pero hay un pequeño problema: cuando la corteza prefrontal está en funcionamiento, inhibe las funciones de la circunvalación temporal superior. Si pensamos convergentemente, dejamos de pensar divergentemente. Es decir, que cuanto más nos esforcemos conscientemente en ser creativos, menos posibilidades tendremos de serlo. Paradójico, ¿verdad? Y muy tocapelotas. Pero hay formas de sortear ese maldito escollo.

            Perdonad si he sido demasiado teórico, pero para poder manejar la imaginación es básico saber cómo funciona. En la segunda parte de esta entrada hablaremos de los aspectos prácticos de la creatividad; y de los peligros, que los hay. Y me refiero a peligros reales, a los riesgos personales que asumen quienes se dedican a trabajos creativos. Puede que ser una “persona creativa” suene estupendo; pero siempre hay que pagar un precio.

            De todo eso hablaremos la semana que viene.

11 comentarios:

Javier Albizu dijo...

Hace poco trataba de hablar sobre algo similar en una charla para un grupo de amigos(eso sí, sin la parte técnica) y me preparé unas notas para que me sirviesen como guía.
Al final lo que dije no se pareció en nada a lo que había pensado o lo que había escrito escrito (no me expreso de la misma manera cuando hablo que cuando escribo y tengo un notable pánico escénico)y terminé puliendo un poco las notas que había preparado para terminar colgándolas aquí:

http://www.mytgard.com/php/literando

Pero tú lo explicas mucho mejor.

luistarrafeta.com dijo...

Este tema de la creatividad me ha dado muchísimo que pensar, la verdad. Y estoy de acuerdo con lo que planteas y la forma de hacerlo.

A ver qué cuentas en la segunda parte.

Por cierto, yo una vez intenté llegar a algo que llamé "elementos transversales de la creatividad". Igual me puedes comentar qué te parecen:
http://luistarrafeta.com/2013/10/31/elementos-transversales-de-la-creatividad-i/

César dijo...

Javier Albizu & luistarrafeta: Muy interesantes vuestro artículos. El de Javier es una minuciosa descripción de su proceso creativo, y el de Luis un acercamiento casi filosófico al tema. Estupendos los dos.

Pero yo me quedo en un paso anterior al vuestro. Pretendo centrarme en el acto creativo en sí y en el proceso mental necesario para llegar a él. En realidad, se trata de un hecho pre-artístico, porque ese tipo de actividad cerebral vale para todo los aspectos de la vida.

Pero sí hablaré de algo que también menciona Luis: las limitaciones como incentivadores de la creatividad.

Mazcota dijo...

Totalmente de acuerdo con tu tesis. Pienso que la creatividad en el ser humano es innata, siempre que entendamos por creatividad crear algo que no existía. Seguramente hay mucha gente que no estará de acuerdo; no creen que cualquiera pueda pintar un cuadro, escribir un libro o componer música, y no les faltará razón si esperan que el resultado sean creaciones dignas de mención. Pero insisto, crear está en nuestras manos. Ahora, crear algo bueno, está al alcance de muy pocos que posean algo denominado talento.

Si nos paramos a pensar, estamos todo el día creando. Escribimos ocurrencias que mandamos a nuestros amigos, garabateamos dibujos en servilletas de papel, ideamos insultos y puyas para nuestros enemigos (o amigos), incluso hay algo tan común como indiscutible que construimos con la imaginación: las mentiras. La mayoría inocentes y algunas muy urdidas, pero nunca dejamos de inventarlas.

Llegar a ser humoristas, pintores o periodistas, dependerá en gran parte del esfuerzo que dediquemos a ello, pero para llegar a ser personas de renombre en su campo se necesitará un plus de talento del que casi todos carecemos. Pienso que es así, primero dedicas muchísimas horas a dominar las técnicas y luego te ha de acompañar el ingenio.

Me han parecido muy curiosos los mecanismos que maneja el cerebro para que lleguen esos momentos de lucidez, pero tengo una duda. ¿Es posible que un movimiento mecánico de nuestro cuerpo cree algo que ayude también a hacer aflorar el pensamiento divergente?

Lo comento porque a menudo ocurre, al menos en mi caso, que basta con dejar la mente en piloto automático, mientras se conduce un coche o tomas una ducha, para que te invada una de esas epifanías. Igual no tiene nada que ver con la actividad que se practica en ese momento, pero siempre me he preguntado hasta qué punto incentiva nuestra mente ese ejercicio para que suceda.

luistarrafeta.com dijo...

Estupendo, te leeré.

Por cierto, otro maravilloso documento sobre la creatividad. Esta charla de John Cleese:

https://www.youtube.com/watch?v=Hy_Iekv3214

Elena Rius dijo...

Muy bien explicado el proceso César. Creo que sin tener tan clara esta teoría, muchos aplicamos el método derivado de ella para resolver problemas. Yo, al menos, cuando me doy de bruces con algo que no sé cómo solucionar, lo planteo del modo más claro posible y lo aparco. Dejo que mi cerebro trabaje en ello. Muy a menudo, tarde o temprano se me aparece una solución. ¿Creatividad? No sé, pero a mí me funciona.

Samael dijo...

todos los seres humanos sanos tienen todas esas partes del cerebro que mencionas y que intervienen en el proceso creativo, por tanto todos los seres humanos sanos son creativos, de la misma forma que al tener todos los seres humanos sanos biceps, todos pueden ser lanzadores de peso. Tanto en un caso como en el otro, llegas más lejos, cuanto más ejercites las partes implicadas, sea el biceps o el perihelio frontal de la meninge cuántica .

Naturalmente cualquiera puede argumentar que hay personas que ya tienen unos biceps estupendos sin necesidad de ir al gimnasio y otros que para que sus brazos dejen de parecer fetuchinis cocidos, se tienen que machacar un par de horas diarias con las mancuernas. Pues sí, es así. Por eso los que tienen cierta predisposición, siguen en la linea que les ha marcado la naturaleza, ya que además de suponerles menos esfuerzo pues parten de una buena "forma física", encima se lo pasan bien.

De las tres soluciones del barómetro, la más creativa es la tercera, pero la que proporciona mayores beneficios es la primera, aunque sea la más obvia; es la única en la que además de acertar con la respuesta correcta, te quedas con un bonito barómetro (que llegado el caso le puedes vender al arquitecto, ya que parece interesado en tener un barómetro)

Natalia dijo...

¡Muchas gracias por continuar la serie de "En la mente del escritor"!

César dijo...

Mazcota: Todos somos creativos, es cierto. Pero no todos llegamos a ser grandes artistas. Cierto también. Tú lo atribuyes a la suma de trabajo y talento, y yo estoy de acuerdo contigo. Pero, ¿en qué consiste el talento? La respuesta no es nada fácil. Yo creo que no es un don, sino una actitud, una forma de encarar los problemas. Pero es un tema condenadamente complejo.

La pregunta que planteas es de lo más interesante. ¿Pueden determinados movimientos corporales favorecer la creatividad? Yo creo que no, al menos directamente, pero sí pueden favorecer el estado mental necesario para la creatividad.

El ejemplo que pones es perfecto. Cuando conducimos no pensamos en lo que estamos haciendo; lo hacemos automáticamente, así que nuestro cerebro es libre de ponerse a divagar. Y ésa es la actitud mental adecuada para generar pensamientos divergentes.
Es decir, que una determinada actividad física conduce a un estado mental que a su vez propicia la creatividad.

De todas formas, es posible que cierto ejercicios físicos generen directamente creatividad. Quizá el control de la respiración... la verdad es que no lo sé.

Luistarrafeta: Estupendo el discurso de Cleese, gracias por el enlace. Muchas de las cosas que dice coinciden con lo que diré en la próxima entrada.

Elena Rius: Descubrí todos estos aspectos neurológicos de la creatividad hace menos de un año. Pero antes, a lo largo del tiempo, ya había llegado a similares conclusiones gracias a la experiencia. Como tú y como cualquiera que haga labores creativas. Es la única manera.

Samael: Suscribo todo lo que dices. Siguiendo con tu ejemplo, los músculos se atrofian cuando no se ejercitan. Y hay mucha gente, demasiada, que a base de no usarlos, tiene los músculos de la imaginación como espaguetis cocidos.

Difiero, en cambio, de tu conclusión sobre el problema del barómetro. Es cierto que el primer concursante se queda con el barómetro, pero el tercero se queda con el empleo y podrá comprarse todos los barómetros que quiera.

Natalia: De nada. Pero en realidad no voy a continuar la serie; sólo será alguna que otra entrada esporádica.

Struendo sonado dijo...

Muchas gracias Cesar por tus consejos. He rebuscado en tu blog las entradas que indicas de "en la mente del escritor" y son de agradecer pues lo normal es que las personas que alcanzan una maestria en algo mantengan sus conocimientos ocultos para asi resuoltar mas relevantes sus aportaciones.

Laura T. Marcel dijo...

Unas notas sobre la creatividad, quizás menos técnicas, però creo que también interesantes:
Sir Ken Robindon ha hablado mucho de este tema:
- "La creatividad se aprende igual que se aprende a leer".http://www.lavanguardia.com/lacontra/20101103/54063818455/la-creatividad-se-aprende-igual-que-se-aprende-a-leer.html
- "Las escuelas matan la creatividad".
https://www.youtube.com/watch?v=nPB-41q97zg