lunes, mayo 12

Macondo


 
            Desde que murió Gabriel García Márquez no he parado de leer artículos de gente –escritores por lo general- que, al parecer, le conocían mejor que su propia madre. ¿Pero tantos íntimos amigos tenía Gabo? Lo dudo mucho; cuando un genio muere, todo el mundo le pone en un pedestal y, ya de paso, algunos se suben también a ese pedestal. Porque si te colocas al lado de un ser luminoso, puede que algunos crean que tú también emites luz.

            Yo no conocí a GGM. El pasado febrero, eso sí, cuando estuve en Cartagena de Indias, tuve la oportunidad de ver su casa. O, mejor dicho, de ver la elevada valla que oculta su casa. ¿Basta con eso para considerarme su amigo del alma? Pa mí que no. Pero aun así forma parte de mi vida.

            La primera persona que me habló de él fue mi gran amigo José María Moreno. Debió de ser hacia 1966 (teníamos 13 o 14 años); aún no se había publicado Cien años de soledad, así que a GGM no le conocía nadie. Estábamos en una librería; José Mari me enseñó una novela –creo que La hojarasca- y me comentó que ese autor colombiano era muy bueno. Poco después, el mundo entero dijo lo mismo.

            Leí Cien años de soledad unos dos años después de su publicación, cuando yo tenía 16 o 17 primaveras. La había comprado mi hermano Eduardo, pero no había conseguido acabarla; de hecho, abominaba de ella, echaba pestes (mi hermano era muy especialito en sus gustos literarios). Yo la leí en tres días, de forma compulsiva (que es la mejor forma de leerla, de un tirón, porque si no resulta fácil liarse).

            Decir que me gustó sería quedarse corto. Me deslumbró, me dejó con la boca abierta. Así que, acto seguido, leí todo lo que GGM había escrito antes. Y siguió deslumbrándome. Y luego, en el 72, apareció la antología de relatos La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, y mi boca continuó abierta.

            Pero en 1975 se publicó El otoño del patriarca... y no pude con ella, la dejé a la mitad. Aquél no era mi García Márquez. Pero volvió a serlo seis años después con Crónica de una muerte anunciada. Y luego, en el 85, llegó El amor en los tiempos del cólera. Que me gustó, sí, pero... pero no podía quitarme de la cabeza que estaba leyendo un culebrón. Un culebrón maravillosamente escrito, pero un culebrón de tomo y lomo.

            Cien años de soledad iba de lo local a lo universal; Macondo no es un pueblecito de Colombia, sino el mundo entero. En comparación, El amor en los tiempos del cólera se me antojaba pequeño. No malo, por supuesto, pero sí muy inferior a la gran novela de GGM, la que le dio el Nobel.

            Todo lo que escribió después, El general en su laberinto, Del amor y otros demonios, Noticias de un secuestro, Memorias de mis putas tristes..., me defraudó. En el mejor de los casos, me parecían imitaciones de sí mismo.

            Dicen que, para cabrear a Gabo, bastaba con sacar a colación Cien años de soledad. Estaba hasta las narices de esa novela, la odiaba, e insistía en que El amor en los tiempos del cólera era mejor. Se equivocaba, pero es lógico; resulta duro reconocer que tu mejor obra ya la has escrito, y que nunca conseguirás igualarla. Lo mismo le ocurrió a Joseph Heller con Trampa 22; nunca volvió a escribir nada igual de bueno y eso le atormentó toda la vida. A GGM le fue mejor, porque ganó el Nobel, pero creo que en el fondo era consciente de que lo mejor de sí mismo estaba en el pasado. Por eso nunca hablaba de Macondo.

            Cien años de soledad es una de las novelas que más me han gustado en mi vida, quizá la que más. Por eso, hará cosa de diez u once años, decidí releerla. Compré una nueva edición, la de Mondadori –para no dañar la antigua, la primera, la de Editorial Sudamericana-, y... y no me atreví. ¿Y si no siento lo mismo que la primera vez?, me pregunté. Pues claro que no lo vas a sentir, imbécil, me contesté. El libro es el mismo, pero tú no.

            Creo que hay cosas muy valiosas que es mejor dejarlas donde están, en la memoria, porque son frágiles y pueden romperse al menor descuido. Mi recuerdo de Cien años de soledad es tan hermoso que jamás lo pondría en peligro. Y no debo olvidar que parte de ese recuerdo es la novela de García Márquez, pero otra parte es el César de 17 años. La primera puedo recuperarla, pero la segunda no. Así que no releeré Cien años de soledad.

            Además, el otro día dije algo sin pensarlo mucho, pero creo que con acierto: No deberíamos releer lo que nos ha gustado, sino lo que no nos ha gustado, porque quizá ahora nos guste. Por tanto, supongo que lo que debería releer es El otoño del patriarca, que no me gustó ni un pelo en su momento.

            Aparte de muchas otras cosas, los españoles tenemos una inmensa deuda con García Márquez y los narradores hispanoamericanos (Borges, Vargas Llosa, Rulfo, Cortázar, Fuentes, Carpentier, Onetti, Sabato, Asturias, etc.). Ellos devolvieron el idioma español a lo más alto de la narrativa mundial.

            Pensadlo: Después del Siglo de Oro, hasta, digamos, mediados del siglo XX, ¿cuantos grandes novelistas españoles ha habido? Me refiero a novelistas de repercusión y reconocimiento mundial. ¿Os sobran, para contarlos, los dedos de una mano? ¿Os sobra incluso la mano? Desgraciadamente, los últimos siglos de narrativa española han sido un erial.

            Hasta que llegaron los escritores del otro lado del charco y devolvieron nuestra lengua al cuadro de honor de la literatura mundial. Sólo por eso deberíamos estarles infinitamente agradecidos.

 


            NOTA: Aunque no tiene nada que ver con el tema que nos ocupa, salvo que se trata de literatura, voy a recomendaros un libro. A fin de cuentas, si de algo valen los blogs es para eso, para recomendar cosas buenas que podrían pasar inadvertidas.

            La editorial Reino de Cordelia acaba de reeditar La noche a través del espejo (Night of the Jabberwock, 1951), de mi adorado, admirado y nunca suficientemente alabado Fredric Brown. Como sabéis, Brown fue un escritor que alternaba la ciencia ficción y la fantasía (sobre todo en la modalidad de relato corto), con el policíaco. La noche a través del espejo pertenece a ese último género, aunque de una manera muy peculiar. Es una novela realista que “sabe” a fantasía. ¿De qué va? Os transcribo el texto de contraportada:

            Considerada la obra cumbre de Fredric Brown, La noche a través del espejo, recrea la alocada estructura de Alicia en el país de las maravillas, y Alicia a través del espejo, en un relato policíaco desconcertante, que se va complicando conforme avanza la acción. Todo un alarde de ingenio, imaginación y sentido del humor. El protagonista, Doc Stoeger, es un editor de un semanario local en una pequeña ciudad, harto de no haber publicado una sola exclusiva en veintitrés años. La visita de un extraño personaje que, como él, también ama la literatura de Lewis Carroll, lo atrapa de un cadena de sucesos extraños, casi surrealistas, que pondrán en peligro sus vidas. Un final tan inesperado como sorprendente cierra una novela negra perfecta y extraña, rebosante de ingenio, que trasciende los límites del género negro y se ha ido convirtiendo con el tiempo en uno de los clásicos de la novela norteamericana del siglo XX.

            Por una vez, los editores no han exagerado demasiado. Leedla; es un consejo de amigo.


15 comentarios:

Samael dijo...

Es curioso que tengamos tantas coincidencias con Gabriel Garcia Marquez (salvo que yo jamás me referiré a él como "Gabo"). Conservo el libro de !00 años de soledad que leí, de Editorial Sudamericana. La primera edición fue en 1967 y el que yo tengo es la séptima edición en 1968. Supongo que te acordarás de mi tío Armando; el libro era suyo.
Y fíjate, me lo recomendó Luis Cuervo (seguro que también te acuerdas de él), que un día vino a mi casa y lo vio.
A partir de ahi, todo igual que en tu caso (el libro de La Cándida Heréndida... lo robé en el drugstore), con otra excepción: Estoy releyendo 100 años ahora (Edición conmemorativa de la RAE del 2007) y en efecto tienes razón: solo hay que releer los libros que no te han gustado. No quiero decir que ahora no me guste, sencillamante... es diferente. Quizá sea porque la magia que tiene, se desvanece en parte cuando ya has leído más libros con los mismos recursos...obviamente el impacto de la primera vez, no lo conservan las siguientes.
En fin.
Tomo nota del libro de Frederic sorprendiéndome de que no se hubiera editado anteriormente.

Inés Arias de Reyna dijo...

Uhmmm, no es por enmendar la plana, pero en el Siglo de Oro tampoco hubo grandes novelistas, sino un gran novelista, que los demás o eran poetas o eran dramaturgos ;).

Y que no tengamos grandes novelistas, no significa que no estuviéramos en las letras universales con grandes poetas, porque nuestra tradición es de ellos, más que de los prosistas.

Lo que no significa que no tengas toda la razón: debemos mucho a los autores latinoamericanos :).

César dijo...

Samael: Es cierto lo que dices, pero todo se reduce a que el hecho literario se construye entre dos: el escritor y el lector. Si cambia al lector, la novela es distinta.

Y nosotros hemos cambiado un huevo en los últimos no quiero ni pensar cuántos años. Podemos releer "Cien años de soledad", y puede gustarnos incluso más que la primera vez. Pero será un libro diferente.

En cuanto a la novela de Brown, ya se había editado en español varias veces. La última, creo, en el número 57 de la colección Etiqueta Negra (1987). Por cierto, has cometido un error que cabreaba mucho a nuestro admirado autor. Has escrito "Frederic", pero él se llamaba "Fredric".

César dijo...

Inés Arias de Reyna: Como he intentado dejar claro en el texto, me refiero exclusivamente a la narrativa.

Y, por supuesto, nuestro gran novelista, de cualquier siglo, es Cervantes. Pero en el Siglo de Oro también tenemos a Quevedo (El buscón) o a Mateo Alemán (hoy muy olvidado, pero muy influyente). O anónimos como "El lazarillo de Tormes". De hecho, España fue la forjadora de un género básico y universal, la picaresca. Y de todo ello surgió la novela moderna.

Por tanto, me reafirmo en la (gran) importancia del Siglo de Oro español para la narrativa. Aunque, por supuesto, estoy de acuerdo contigo en que nuestra tradición literaria va más por la poesía (y el teatro), donde sí tenemos representantes de talla mundial.

No obstante, durante digamos los últimos cien años de cultura occidental, el género rey, el más popular, masivo e influyente, no es la poesía, sino la novela. Y ahí los españoles hemos estado muy flojitos.

Anónimo dijo...

Pues sí, a mí me pareció algo parecido. Supongo que todos caímos en el embrujo de Marquez y no paramos hasta devorar todo lo que llevara su nombre. En mi caso recuerdo que fue un verano, en el que no me comía una rosca y me aburría como una ostra, y hete aquí que me compré una edición de Marquez de la hojarasca…no paré hasta leerme en agosto todo lo publicado, y como colofón cien años…me quedé tan empachado que sólo años después volvía a leerle (el amor….), y si te digo la verdad por algún tipo de prejuicio, no he vuelto a agarrar un libro suyo. Curioso, debe ser el miedo a que se rompa el hechizo.
Y referente a las obras de los escritores que los superan, debe ser terrible, saber que ya has hecho lo mejor (porque indudablemente eres consciente). Hace años tuve la fortuna de conocer a eduardo mendoza, y hablando de literatura recuerdo un comentario (sería incapaz de ponerlo en pie) sobre las obras cumbres, en su caso creo que mencionaba La ciudad de los prodigios, y se lamentaba que, por ejemplo, noticias de gurb, que escribió casi de corrido y por obligación, superara en éxito a la otra obra. Y al mismo tiempo sabía que le iba a costar superar la primera en el futuro. Supongo también que la percepción de los escritores de sus propias obras es diferente a la de los lectores, lo que no quiere decir que el escritor esté más en lo cierto que el lector, ya que él es juez y parte.
Y gracias miles por la recomendación, tomaré nota.
mazarbul

Begoña Argallo dijo...

Con Cien años de soledad me pasó lo que a tu hermano Eduardo, no pude terminar de leerlo. Lo abandoné cuando el narrador atravesaba una ciénaga de camino a su pueblo. Me pareció tan deprimente que sentí que si seguía leyendo me asfixiaría y lo dejé para otra ocasión. No hace mucho vi una edición evocadora y pensé en comprarlo, porque algo tan laureado bien merece otra oportunidad, pero al final no lo compré, lo tengo pendiente para buscarlo en la biblioteca.
Mi hija tuvo que leer Crónica de una muerte anunciada para el instituto y le fascinó la historia y la forma en que estaba escrita. Yo también intenté fascinarme y de nuevo me deprimí y abandoné. Hay algo en mi yo lector que con él de momento no funciona, exceptuando El amor en los tiempos del cólera y La hojarasca, que al menos los terminé sin la sensación de hallarme ante un autor diferente a tantos. Parece que muy lista no soy.
Saludos

Juan H. dijo...

Hola, desde mi humilde y poco importante opinión quisiera decir que el realismo mágico y en general la literatura hispanoamericana desde Miguel Angel Asturias y antes , pasando por Marquez y hasta nuestros días, también bebe de una fuente importante como fue Valle Inclán, que creo que inventó todo esto y mucho más, incluso una de las primeras novelas sobre dictadores, "Tirano Banderas" y cuya influencia es innegable, y recordar aunque no tenga que ver con esto a Pio Baroja, pese a estos grandes escritores, César tienes toda la razón en que la novela española contemporanea como tal deja mucho que desear, parece a veces, que sólo son publicables los culebrones disfrazados de buena literatura donde en la faja del libro te recomiende alguien más famoso que el autor, por cierto muy aburridos todos ellos, la única certeza es que no pienso perder mi tiempo leyendo esas cosas. Un saludo.

Anónimo dijo...

Con permiso César, me salgo del tema del post.
Pero la actualidad manda y creo que hoy, en España, tu cuento de Navidad de 2012 debería estar en el candelero.

Saludos,

Ximo

http://elscriptoriumdebabel.blogspot.com.es/2012/12/supernavidad.html

César dijo...

Mazarbul: A mí también me ha sucedido: autores que me encantaron en mi juventud pero que luego no he seguido leyendo. Miedo a la decepción, supongo.

Begoña: Siempre he proclamado el derecho que tenemos los lectores a que no nos guste todo lo que es bueno. A mí me pasa lo que a ti, pero con los clásicos rusos. Me pongo a leer a Tolstoi, o a Dostoyevski, o a Gorki, y a los cinco minutos me entra un mal rollo depresivo de tomo y lomo (nunca mejor dicho). Ignoro por qué, aunque creo que se debe a algún trauma infantil. En cualquier caso, no me enorgullezco de ello, pero tampoco me avergüenzo especialmente. Todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias.

Juan H: Por supuesto, hay honrosas excepciones en nuestras carencias narrativas. Valle Inclán, por supuesto. Y Bécquer, cuyos relatos son una obra maestra posromántica. Y Pío Baroja, aunque a veces era muy desmañado...

Ximo: ¿A qué aspectos de la actualidad te refieres?

Inés Arias de Reyna dijo...

No pretendía yo quitarle importancia al Siglo de Oro, ni mucho menos. Y tienes toda la razón, tuvimos grandes prosistas. Quería más bien recalcar que nuestra tradición literaria es más poética que narrativa, sin que ello no signifique que lo que tuvimos no fuera de categoría :).

También creo que mientras no nos quitemos el complejo de inferioridad, con dificultad conseguiremos superarnos en narrativa. Si en Estados Unidos, o Inglaterra, hubieran tenido un Martín Santos, bien que lo difundirían y bien orgullosos que se mostraría. Tenemos otros insignes a los que no les hacemos caso o, mejor dicho, que vendemos fatal, porque si algo nos ganan fuera es que muestran lo suyo con un orgullo que a nosotros nos falta, que hablamos de algunos autores casi con vergüenza.

Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo en todo. Interés hacia García Márquez por novelas como La Hojarasca y sorpresa y fascinación por Cien años de soledad que he leído varias veces aunque ahora no lo haría por miedo a la decepción. Porque seguramente he cambiado yo, no la novela, claro. También en eso tienes razón. Me han seguido interesando sus obras posteriores (Crónica de una muerte anunciada tiene una construcción perfecta). Y con este novelista me ha pasado lo mismo que con Vargas Llosa: La ciudad y los perros fue un descubrimiento para mí y la confirmación llegó con Conversaciones en la Catedral, La Casa Verde, etc. Ahora mismo, es un autor que ha dejado de interesarme. Seguramente por mi culpa, porque su literatura me parece un reflejo de su personalidad que me repele un tanto aunque esté muy vivo y de actualidad. Yo también tengo manías.
Pero mi interés por intervenir viene dado porque quiero aprovechar la ocasión para recordar a un novelista del boom un tanto olvidado y que me parece superior a los citados. Julio Cortázar. Rayuela me parece un monumento de novela. No se que te parece a ti. Y no solo sus novelas, sus cuentos son insuperables. Cortázar (para mí y comprendo que para otros no) es una cima de la literatura en general, no solo en español.
Y, en fin, yo también creo que la novela es el gran género de nuestro tiempo. Nada mejor que una gran novela para explicar las cosas que nos suceden. O para pasar el tiempo y entretenidos de la mejor manera posible.
Yo también leo a los poetas. Pero es que en una narración puedes encontrar todos los géneros posibles, también la poesía.
Las clasificaciones escolares de la literatura por géneros ya no tiene sentido. Lo que llamamos novela lo comprende todo. Lo dejo aquí porque esto sería muy largo y, desde luego, no estaría a tu altura.
Saludos.

Anónimo dijo...

Me refiero al debate originado en los últimos días como consecuencia del asesinato de la presidenta de la Diputación de León, sobre si los políticos debieran sentirse amenazados por ciudadanos asqueados y desesperados. Me pregunto hasta qué punto sería positivo que se instaurase algo de miedo entre los que ostentan el poder (como en Supernavidad). Ahora bien, ese miedo deberían infundirlo los jueces, por supuesto.
Por otro lado, César, disculpa no haber centrado el tema desde el inicio. La actualidad es tan efímera que este suceso ya parece lejano. Hasta lo de Cañete parece lejano. Ahora estamos con el Atleti.

Un saludo,

Ximo

César dijo...

Anónimo de las 4:51: ¿Sabes que no existe ninguna definición válida de novela? (Dicen que Cela las coleccionaba) Es un género enorme y difuso; ahí reside su grandeza y versatilidad.

Ximo: Yo creo que los políticos, los poderosos, deberían tener miedo a la ley, pero no a ningún Santa Claus vengador ni a marujas enloquecidas. Aunque, por supuesto, todo tiene un límite. Los políticos y los poderosos deberían recordar un poco más la Revolución Francesa. Y recordar también que cuando a la gente le quitas la esperanza, le estás quitando a la vez el miedo.

Rodolfo Martínez dijo...

Anímate con el "El otoño del patriarca". Merece la pena. Bueno, al menos a mí me lo pareció. Es la novela más caótica, barroca y retorcida de García Márquez y no intentes buscarle mucha lógica narrativa, pero si consigues entrar por ella y por la forma en que está escrita es como tener un retrato completo y totalmente vivo del Caribe.

Y, si de algo te sirve, leí "Cien años de soledad" por primera vez más o menos a la misma edad que tú (con 18 años, concretamente). Desde entonces la he releído unas cuantas veces y me sigue fascinando como la primera vez.

César dijo...

Rudy: Hace tiempo que ando dándole vuelta a releer "El otoño del patriarca". Creo que lo que en su momento me desagradó fue que era una novela completamente distinta a lo que esperaba. Yo quería más Macondo y GGM me dio otra cosa. Pero ahora ya sé lo que esperar, así que le daré otra oportunidad.

Respecto a "Cien años de soledad", tú mismo dices que la has releído varias veces desde que la leíste por primera vez (eso me ocurre con Borges). Pero yo hace más de 40 años que la leí; la distancia temporal es tan grande que es probable que mi recuerdo esté distorsionado. En fin, no sé si me atreveré...