¿Se convertirá USA en una
superpotencia fascista? Pues todo depende de lo que ocurra con las elecciones
de medio mandato que se celebrarán en noviembre. En ellas se elige a todos los
miembros de la Cámara de Representantes y a una tercera parte del Senado. La
cuestión es que, atendiendo a las encuestas, los republicanos perderían la
mayoría en el Congreso y quizá también el Senado. Eso sería muy chungo para
Trump. No porque hasta ahora haya demostrado el menor respeto hacia el Congreso
–se lo ha pasado por el forro cuantas veces ha querido-, sino porque los
congresistas tienen la llave del dinero y podrían bloquear de facto todas las
iniciativas de Trump que requieran financiación. Además, claro, controlarían la
actividad legislativa. Es decir, perder la mayoría en el Congreso convertiría
sus dos últimos años de presidencia en una nadería.
Eso, claro, a Trump le preocupa.
Para evitarlo, solo tiene dos opciones: o impedir la celebración de las
elecciones, o amañarlas. Si cualquiera de ambas cosas sucede (con éxito), EEUU
estará a punto de convertirse en una dictadura fascista. Si por el contrario
los demócratas se hacen con la mayoría en el congreso, el peligro que supone
Trump quedará muy mitigado.
Ahora bien, ¿qué pasaría si
sucediera lo primero y EEUU tuviera un gobierno autoritario? Pues de entrada,
que el resto del mundo se encontraría encajonado entre dos grandes potencia,
USA y China. Y ninguna de las dos sería democrática. En Europa, la extrema
derecha, dopada por el apoyo del gigante americano, crecería hasta alcanzar el
gobierno de diversos países. Ya lo tenemos en Italia y Hungría; luego caerían
Francia, Alemania... ¿Y España? Claro que sí, pronto hablaríamos de viva vox.
¿Sobreviviría la Unión Europea a esa oleada de nacionalismo? Difícilmente.
¿Y qué pasaría en el resto del
mundo? ¿Qué ocurriría, por ejemplo, en Inglaterra, un país históricamente
obstinado en llevar la contraria? Bueno, en el anterior post comentaba que nos
encontramos en un momento histórico de ciencia ficción. ¿Os imagináis cuántas
distopías podrían escribirse a partir del contexto sociopolítico que acabo de
esbozar? Seguro que ya se está escribiendo alguna.
Pero, ¿sabéis?, en realidad no creo
que suceda, al menos de ese modo. En primer lugar, porque pese al bigotito que
le puse en la anterior entrada, Trump tiene poco que ver con Hitler. Adolfo era
un iluminado, un mesías, mientras que Donald solo es un narcisista sin
escrúpulos ávido de enriquecerse. Adolfo tenía su propia y letal doctrina
sociopolítica, mientras que Donald solo es un anarco-capitalista tosco y
primitivo. Adolfo tenía un plan, siniestro, pero perfectamente estructurado,
mientras que Donald va improvisando. Y quizá lo más importante: Adolfo tenía 50
años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, mientras que Donald tiene 78.
Aparte del autoritarismo, la
adicción a la mentira y la psicopatía, Hitler y Trump solo tienen en común los
apellidos, ambos germánicos y ambos dotados de rotunda sonoridad. Más aún la
del norteamericano, que solo tiene una sílaba, frente a las dos del alemán. Y
eso del apellido puede que tenga más importancia de lo que pensamos. Siguiendo
con el mesías ario, su padre, Alois, no se apellidaba Hitler, sino Schicklgruber.
¿Hubiese sido igual el Tercer Reich si Alois no se hubiera cambiado el
apellido? Pues a ver, ¿qué tal os suena “Heil Schicklgruber”? ¿Se podría
conquistar Polonia con un grito de guerra tan ridículo?
Volvamos a Trump. Lo que este
grotesco y siniestro personaje implica no es que haya una conspiración de
extrema derecha a punto de conquistar el mundo. Siempre he pensado que los
conspiranoicos lo son por afán de seguridad, por la necesidad de creer que
alguien controla el mundo, aunque sean los malvados. Sin embargo, lo que Trump
demuestra es que en nuestro planeta no hay nadie al timón.
Vivimos en un mundo tan azaroso, que
hasta un payaso sociópata puede comandar el ejército más poderoso que han visto
los tiempos. Y así nos va.







