domingo, marzo 1

Hasta siempre, querido padrino




            El jueves me telefoneó Emma para decirme que su padre había muerto el día anterior. La noticia me ha roto el corazón. Su padre era Josep María Gispert, mi padrino. Sólo han pasado tres días desde que lo sé y ya le echo de menos, ya me rompo de nostalgia.

            No ha sido una tragedia, sino ley de vida, ley de muerte. Josep María tenía noventa y tres años. Se valía enteramente por sí mismo, su mente estaba intacta y su salud, con los lógicos achaques, era buena. Murió con rapidez, plácidamente, sin enterarse, rodeado por sus seres queridos. En realidad, es un final envidiable. Pero, como todo final, tan triste...

            Cuando colgué el teléfono, me vinieron a la cabeza muchas cosas y me han seguido viniendo durante el fin de semana. Es lo que tiene la muerte: atrae los recuerdos como un imán. Hace unos años, contemplando una vieja película familiar de 8mm., vi la siguiente escena: Yo tenía dos o tres años, estaba tumbado en el suelo. Mi padrino, de rodillas a mi lado, cogía con una mano mi dos manos y con la otra mis dos pies. Luego, me alzaba en el aire súbitamente y yo me echaba a reír. Entonces, de repente, lo recordé. Recordé la presión de sus manos en las mías y en mis pies, y la sensación rara en el estómago por la súbita aceleración. Creo que es mi recuerdo más antiguo.

            Cuando era muy pequeño, mis padrinos, al llegar la Semana Santa, me regalaban una mona de pascua, un dulce típico catalán que, tradicionalmente, se hace con bizcocho, aunque las que ellos me traían eran de chocolate. Muchos años después, hará unos doce, bromeando con Josep María le eché en cara que ya no era un buen padrino, porque no me regalaba monas. Era una broma, por supuesto, pero desde entonces, mi querido Josep María, empezó a enviarme de nuevo (vivía en Barcelona) monas de pascua, ahora de las tradicionales, roscos de bizcocho con huevos duros incrustados. Y además, sabedor de mi afición a Tintín, también incluía figuras de resina de los personajes de Herge. Y así ha sido hasta ahora mismo, hasta la pascua pasada. Este año será el primero que no la reciba...

            ¿Qué os puedo contar de Josep María? Era un hombre bueno, generoso, dotado de un chispeante sentido del humor. Catalán hasta la médula, amante de la arquitectura, aficionado a la fotografía, fumador de pipa, look de galán del cine clásico. Una bellísima persona, un ser humano insustituible. Su mujer, mi querida madrina María Luisa, se fue hace ya casi tres años, aunque su mente, sumida en el olvido, se había marchado mucho antes. Ahora se ha ido él y de nuevo me siento huérfano. Más huérfano que nunca y ya para siempre.

            La vida -eso lo comprendemos con el tiempo- es un constante decir adiós. Pues bien, creedme, ya estoy cansado de tanta despedida.

            Hasta siempre, Josep María. Nunca te olvidaré.

            P.S.: Justo cuando iba a colgar este post me ha vuelto a llamar Emma para decirme que el viernes se celebrará en Barcelona una misa en memoria de Josep María. Él era muy religioso; yo no, pero por supuesto que asistiré. También me ha dicho que mi padrino dejó algo para mí. ¿Una mona de pascua? No lo sé, pero ahora estoy llorando como un niño...

            NOTA: La foto de arriba está tomada por mi padre el 20 de abril de 1956, en nuestro piso de Madrid en la calle Modesto Lafuente. Abajo podéis ver un pequeño mono de peluche que venía incluido en una de las monas de pascua que me enviaba mi padrino. Lo tengo en mi despacho; era gracioso, ahora es entrañable.

17 comentarios:

Ana Glez Duque dijo...

Ay, César, lo siento tanto. Un abrazo fuerte para ti.

Sabela dijo...

Un abrazo, César

Samael dijo...

Cuando fuimos a un crucero por el Mediterráneo con el paso del ecuador de la que entonces era mi novia, recuerdo que te acompañé, en Barcelona, a ver a tus padrinos. Me ha venido ahora a la mente aquella imagen porque se me quedó grabada la cantidad de pipas que tenía tu padrino en su casa. Entiendo tu dolor, César, pero tú mismo lo has dicho todo: es ley de vida que es tanto como decir que es ley de muerte. Lo estupendo es dejar buenos recuerdos y claramente tu padrino lo consiguió.

Blogmaster dijo...

Tia madrina Susi, nunca olvido. Jaime

conchi dijo...

Mucha fuerza!! un abrazo.

Dámaso dijo...

Ánimo Cesarón! Los recuerdos que te ha dejado hacen a tu querido padrino inmortal.

Anónimo dijo...

Lo siento mucho César.. Afortunado tú por haber tenido cerca a una persona tan especial y afortunado él por esa longevidad en plenas facultades y por ese fin sin sufrimiento y en amorosa compañía.. Recuerdo cuando escribiste al fallecer tu madrina, tu dolor ahora acrecentado por esa sensación de orfandad definitiva.. Lo siento mucho.. Gracias por compartir una foto tan bella. Qué mirada, qué presencia.. Descanse en paz. Un fuerte abrazo, querido César

Juan H. dijo...

Lo siento mucho César, la vida es muy cruel, la naturaleza no entiende de sentimientos, pero al menos los recuerdos fueron buenos y cariñosos, de los que marcaron, para bien tu vida
Juan H.

Juanma dijo...

Lo siento un montón. Un abrazo grande.

Miguel Valle dijo...


Siempre digo que el mejor consuelo son los buenos recuerdos, sólo de leerte he podido sentirlos, qué gran privilegio que hayan perdurado tanto. Poco más se puede decir.

Un abrazo muy fuerte, César.

Jarl-9000 dijo...

Un abrazo fuerte y mucho ánimo en estos momentos difíciles.

César dijo...

Queridos amigos, muchas gracias. Sois un bálsamo para las penas.

uri dijo...

Una abraçada ben forta i sentida, Cesar.

Anónimo dijo...

Lo siento en el alma, cesar. Los finales son inevitables, por desgracia. Pero si tu padrino hizo tanto bien, y se nota que fue asi, fue un hombre digno de elogio. Y ya se que no es consuelo, pero eso es mucho. Muchisimo.
Mazarbul

UFA747 dijo...

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المتوكل على الله dijo...



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Joaquín Rodríguez dijo...

Un abrazo