Voy a hacerte una sencilla pregunta:
¿Crees que eres manipulable?
Si la respuesta es NO... me
enternece tu inocencia.
Si la respuesta es SI, entonces
tengo otra pregunta: ¿Crees que gran parte de tus convicciones más íntimas, de
tus creencias, de tus decisiones, de lo que define tu esencia, es producto de
la manipulación? Eso es más peliagudo, ¿verdad? Porque no se trata tan solo de
haber comprado un producto que no necesitabas porque te encandiló su
publicidad, sino de algo más profundo. ¿Acaso eres un pelele? No, no; no
exageremos. No todo es producto de la manipulación. Hay que dejar un margen a la
estupidez, otro tanto al mero azar y a veces cierto porcentaje al raciocinio.
Una premisa: No solo todos somos
manipulables; es que todos hemos sido manipulados.
Ahora falta algo importante: definir
qué entiendo por “manipular”. Pues lo que dice la RAE en su tercera acepción: tr.
Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el
mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y
al servicio de intereses particulares. Pero lo expondré de forma más
sencilla: Te manipulan cuando alguien -humano o corporativo- se mete en tu vida
para intentar obtener algo de ti, sin que tú te des cuenta.
Existen muchas formas de
manipulación digamos que personal, privada, íntima. Nos manipulan durante la
educación, en las relaciones paterno-filiales, en el amor, en el trabajo...
Pero no voy a hablar de eso, sino de Manipulación Social. Y ahora otra
pregunta oportuna: ¿Qué solvencia tiene César para hablar de ese asunto? Un
dato de mi biografía: Durante una larga década trabajé en publicidad, que es
una de las formas de manipulación social.
Y ahora otra premisa: Todos somos manipulables
y yo también. Pero yo algo menos que la mayoría de vosotros. ¿Porque soy muy
listo? NO. Porque a causa de mi antiguo trabajo conozco las técnicas de
manipulación social, y conocerlas me brinda cierta protección contra ellas. No
total, pues como veremos, muchas de esas técnicas -las más insidiosas- son
invisibles y a veces muy difíciles de detectar.
Mi propósito: Ahora que, por primera
vez en mucho tiempo, estoy libre de compromisos de trabajo y puedo escribir lo
que me salga del bolo, tengo la intención de hacer una serie de entradas sobre
cómo nos comen el coco. Creo que puede ser útil, porque si conocer esas
técnicas me protege un poco a mí, conocerlas tú te protegerá también. Pero una
advertencia: para que esto funcione, tendrás que hacer un puede que doloroso
ejercicio de introspección. Y quizá descubras que algunas de tus ideas más
íntimas, algunas de esas convicciones que consideras los pilares de tu personalidad,
no son fruto de tu voluntad ni de tu raciocinio, sino que son ideas
implantadas. Sinceramente, no creo que seas capaz de hacerlo; porque, como he
dicho, puede ser doloroso. Es decir, no creo que lo que voy a escribir sirva
para mucho. Pero, oye, por intentarlo...
Volvamos al punto anterior: eres manipulable.
No es una pregunta, no existen alternativas: lo eres, porque eres un ser humano
y, como tal, gregario y social. Crees que tu vida está regida por la razón,
pero te equivocas; está regida en su mayor parte por las emociones. Y si algo o
alguien controla tus emociones, te controla a ti.
En las encuestas sobre eficacia de
la publicidad había dos preguntas que solían responderse siempre de la misma
paradójica manera: 1. ¿Cree que la publicidad es eficaz? Y la mayoría
contestaba que sí. 2. ¿Cree que la publicidad le afecta? Y la respuesta mayoritaria
era no.
¿Por qué nos negamos a aceptar que
somos manipulables? Pues porque que te manipulen te hace quedar como un tonto.
Te sientes bobo, un muñeco, ridículo... Pero tú no eres así; no te han
engañado, te han convencido, te han mostrado la VERDAD. Eso te dices, pero te
engañas de dos formas a la vez: 1º: Eres manipulable, insisto. 2º: No eres
tonto por ello; sencillamente, careces de las herramientas necesarias para defenderte.
Por cierto: creer que no te pueden manipular hace más sencillo que te
manipulen.
En esta entrada no me voy a meter en
explicaciones, porque no quiero convertirla en un tocho. Es un preludio, una
introducción, una exposición de intenciones. Pero, ¿qué tal un caramelito para
entender de qué hablo? ¿Sabéis lo que es el Framing? Una técnica de
manipulación muy usada. Significa “encuadre” y consiste en presentar un mismo
hecho desde un determinado marco interpretativo. Dicho de otra forma, el modo
de formular una cuestión modifica la percepción que tenemos de ella. Un
ejemplo: Cierto tratamiento médico obtiene excelentes resultados. Hay dos
formas de presentarlos:
A: El 90 % de los pacientes que siguieron
el tratamiento han sobrevivido.
B: El 10 % de los pacientes que
siguieron el tratamiento han muerto.
Las dos son ciertas. Pero la primera
invita al optimismo, mientras que la segunda deja un sabor de boca negativo
asociado con la muerte. Y ahora voy a poner otro ejemplo de Framing, que
creo haber comentado ya en el blog, pero os jodéis y lo repito.
Estamos en el Vaticano, en la antesala
del despacho papal. Allí se encuentran dos sacerdotes, viejos amigos, uno
dominico y el otro jesuita. Ambos van a tener audiencia con el papa y charlan
mientras esperan. Se cuentan los motivos de la visita y el dominico dice:
—Además, quiero preguntarle algo al
santo padre. Como sabes, soy un fumador empedernido. Enciendo un cigarrillo con
otro, no paro.
—Te comprendo -dice el jesuita-; yo
también tengo esa debilidad.
—Pues lo que voy a preguntarle a su
santidad es si puedo fumar mientras rezo.
—Ah, qué buena idea. Ya me dirás qué
te responde.
El dominico entra en el despacho del
papa y al cabo de un rato sale con cara muy seria.
—¿Qué te ha dicho el santo padre
sobre lo de fumar? -le pregunta el jesuita.
—Que no -responde el dominico con
aire abatido-; que no puedo fumar mientras rezo.
—Ah, vaya; lo siento. De todas
formas, se lo voy a preguntar yo también. Espérame aquí y luego vamos a tomar
un café.
El jesuita entra en el despacho
papal y, tras la entrevista, sale con una sonrisa.
—¿Qué te ha contestado el santo
padre? -le pregunta el dominico.
—Que sí, que puedo fumar.
El dominico se queda a cuadros.
—No lo entiendo -murmura, perplejo-.
¿A mí me dice que no, y a ti que sí? ¿Por qué?
El jesuita le contempla con la clase
de sonrisa de suficiencia que solo un jesuita puede poner. Y dice:
—A ver, ¿qué le has preguntado tú?
—Lo que te he dicho, que si podía
fumar mientras rezo.
—Claro -replica el taimado jesuita-.
Pero yo le he preguntado si puedo rezar mientras fumo.
Es decir, la forma en que formulas
la pregunta condiciona la respuesta. Con estos dos ejemplos pretendo dejar
claro algo: Probablemente piensas que manipular es que te mientan; y no siempre
es así, se pude manipular con la verdad. De hecho, es lo más frecuente.
Pues vale por hoy. Ahora unas dudas:
¿A alguien le interesa esto? ¿Todavía hay gente que merodee por aquí? ¿O le
estoy escribiendo al vacío? ¿Vale hoy día un blog para algo? Ojalá podáis
despejar las incertidumbres que me aquejan. Ciao.


