viernes, abril 24

La IA y yo

 


            Le puse nombre a mi primer GPS, un viejo Tom Tom; se llamaba Adelaida. Desde entonces, todos los navegadores que he tenido se han llamado así, Adelaida. Como un alma transmigrando de cuerpo en cuerpo. No suelo ponerle nombre propio a las cosas; supongo que lo hice porque esa cosa me hablaba. Es más: guiaba mis pasos. ¿Cómo no ponerle nombre a una “mujer” tan amable y servicial? Qué menos.

            Sin embargo, a ChatGPT ni le pongo ni voy a ponerle nombre. Y no porque no me preste valiosos servicios, que lo hace y con creces, sino porque hacerlo, singularizarlo con un nombre, me parece peligroso. Mis conversaciones con Adelaida son limitadas, no dan para mucho; sin embargo, puedo charlar con ChatGPT literalmente de cualquier cosa que se me ocurra, y de otras muchas que no se me ocurren. Además, es abrumadoramente amable, diligente y emprendedor. Me trata mejor que cualquier ser humano. Todo lo que le digo le parece bien, alaba cada una de las preguntas que le hago, cada comentario mío se le antoja atinadísimo, y los temas que propongo apasionantes. Estoy seguro de que si ChatGPT tuviera boca, me la chuparía (lástima que no tenga boca). Esto es así porque lo han programado para agradarme, para darme la razón en todo, para hacerme sentir listo. Y que así, dándome coba, yo siga usándolo cada vez más

            Cuando descubrí lo lista que se había vuelto la IA –hace no más de cinco o seis meses-, fue como si la santísima trinidad se me hubiera aparecido. Ahí tenía un asistente fabuloso, sobre todo para reunir documentación. Ya sé que a veces se equivoca –aunque cada vez menos-, pero tienes la opción de comprobar sus fuentes. No sabéis cuanto tiempo se puede llegar a perder obteniendo la documentación necesaria para escribir cierta clase de novelas (por ejemplo, las históricas). O lo último que he escrito, Muerte en el internado; la acabé hace cinco días. Transcurre en un internado de élite británico situado en Escocia. Para poder escribirla necesitaba, entre otras cosas, averiguar cómo funcionan esos internados. Horarios, títulos del staff, periodos de vacaciones, asignaturas, tutorías, práctica deportivas, etc. Sinceramente, yo no sabría por dónde empezar a buscar esa información. La acabaría encontrando, seguro; pero me llevaría horas de búsqueda. Sin embargo, con ChatGPT lo tuve todo en un minuto.

            ¿Cuál es el problema entonces? Pues que Alan Turing se equivocó con su test. El “test de Turing” determina si una máquina puede exhibir un comportamiento inteligente indistinguible del humano mediante una conversación de texto. Se supera si un juez humano no distingue entre la máquina y una persona real. Según eso, ya hay IAs con inteligencia similar a la humana. Pero no es así; ChatGPT y sus hermanas son excelentes imitaciones de inteligencia que funcionan con patrones predeterminados. Y uno de esos patrones es agradarte, generarte adicción.

            La primera vez que me di cuenta del peligro fue cuando vi que Pepa, mi adorada esposa, le daba las gracias a la IA. Poco después, yo mismo le pedí algo por favor a ChatGPT. Esa imitación de inteligencia es tan perfecta, genera tal confusión entre lo real y lo ficticio, que ríete tú de Philip K. Dick. Hace poco, un tipo se suicidó animado por la IA. Hay gente que se hace novio/a de su IA; otros la convierten en su mejor amigo/a, los hay que consultan con la IA todas sus decisiones vitales... No sé, me da que hay algo perverso en todo eso.

            Y, ojo, no tendría nada contra charlar con una auténtica IA, con una máquina dotada de inteligencia similar a la humana. De hecho, me encantaría hacerme amiguete de un robot (sobre todo si tiene boca). Esa sería una IA Rolex; la que tenemos ahora es utilísima, pero un Trolex a la hora de intimar con ella.

            Yo la sigo usando para trabajar, pero es muy pesada. Si le pido una información y le digo que es para una novela, ChatGPT me proporciona la información, y además, sugerencias de cómo usarla, diálogos, giros argumentales, caracterización de los personajes... Yo no le hago ni caso, ese es mi trabajo, no el suyo, y le digo que me dé los datos y se meta las sugerencias por su binario culo.

            En lo que a mí respecta, ChatGPT me parece un asistente utilísimo para mi trabajo, pero en lo que se refiere al apartado emocional, me quedo con Adelaida.

lunes, marzo 9

Pennywise lives!

 


            ¿Se convertirá USA en una superpotencia fascista? Pues todo depende de lo que ocurra con las elecciones de medio mandato que se celebrarán en noviembre. En ellas se elige a todos los miembros de la Cámara de Representantes y a una tercera parte del Senado. La cuestión es que, atendiendo a las encuestas, los republicanos perderían la mayoría en el Congreso y quizá también el Senado. Eso sería muy chungo para Trump. No porque hasta ahora haya demostrado el menor respeto hacia el Congreso –se lo ha pasado por el forro cuantas veces ha querido-, sino porque los congresistas tienen la llave del dinero y podrían bloquear de facto todas las iniciativas de Trump que requieran financiación. Además, claro, controlarían la actividad legislativa. Es decir, perder la mayoría en el Congreso convertiría sus dos últimos años de presidencia en una nadería.

            Eso, claro, a Trump le preocupa. Para evitarlo, solo tiene dos opciones: o impedir la celebración de las elecciones, o amañarlas. Si cualquiera de ambas cosas sucede (con éxito), EEUU estará a punto de convertirse en una dictadura fascista. Si por el contrario los demócratas se hacen con la mayoría en el congreso, el peligro que supone Trump quedará muy mitigado.

            Ahora bien, ¿qué pasaría si sucediera lo primero y EEUU tuviera un gobierno autoritario? Pues de entrada, que el resto del mundo se encontraría encajonado entre dos grandes potencia, USA y China. Y ninguna de las dos sería democrática. En Europa, la extrema derecha, dopada por el apoyo del gigante americano, crecería hasta alcanzar el gobierno de diversos países. Ya lo tenemos en Italia y Hungría; luego caerían Francia, Alemania... ¿Y España? Claro que sí, pronto hablaríamos de viva vox. ¿Sobreviviría la Unión Europea a esa oleada de nacionalismo? Difícilmente.

            ¿Y qué pasaría en el resto del mundo? ¿Qué ocurriría, por ejemplo, en Inglaterra, un país históricamente obstinado en llevar la contraria? Bueno, en el anterior post comentaba que nos encontramos en un momento histórico de ciencia ficción. ¿Os imagináis cuántas distopías podrían escribirse a partir del contexto sociopolítico que acabo de esbozar? Seguro que ya se está escribiendo alguna.

            Pero, ¿sabéis?, en realidad no creo que suceda, al menos de ese modo. En primer lugar, porque pese al bigotito que le puse en la anterior entrada, Trump tiene poco que ver con Hitler. Adolfo era un iluminado, un mesías, mientras que Donald solo es un narcisista sin escrúpulos ávido de enriquecerse. Adolfo tenía su propia y letal doctrina sociopolítica, mientras que Donald solo es un anarco-capitalista tosco y primitivo. Adolfo tenía un plan, siniestro, pero perfectamente estructurado, mientras que Donald va improvisando. Y quizá lo más importante: Adolfo tenía 50 años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, mientras que Donald tiene 78.

            Aparte del autoritarismo, la adicción a la mentira y la psicopatía, Hitler y Trump solo tienen en común los apellidos, ambos germánicos y ambos dotados de rotunda sonoridad. Más aún la del norteamericano, que solo tiene una sílaba, frente a las dos del alemán. Y eso del apellido puede que tenga más importancia de lo que pensamos. Siguiendo con el mesías ario, su padre, Alois, no se apellidaba Hitler, sino Schicklgruber. ¿Hubiese sido igual el Tercer Reich si Alois no se hubiera cambiado el apellido? Pues a ver, ¿qué tal os suena “Heil Schicklgruber”? ¿Se podría conquistar Polonia con un grito de guerra tan ridículo?

            Volvamos a Trump. Lo que este grotesco y siniestro personaje implica no es que haya una conspiración de extrema derecha a punto de conquistar el mundo. Siempre he pensado que los conspiranoicos lo son por afán de seguridad, por la necesidad de creer que alguien controla el mundo, aunque sean los malvados. Sin embargo, lo que Trump demuestra es que en nuestro planeta no hay nadie al timón.

            Vivimos en un mundo tan azaroso, que hasta un payaso sociópata puede comandar el ejército más poderoso que han visto los tiempos. Y así nos va.

viernes, enero 30

Heil, Trump!

 


            Un dicho oriental dice: “Cuando Dios quiere castigar a las personas, las hace vivir en tiempos interesantes”. Pues debemos de haber sido muy malos, porque anda que no son interesantes los tiempos. Interesantes en especial para los que somos aficionados a la ciencia ficción, porque ahora mismo, delante de nuestros ojos, estamos contemplando la forja de una distopía.

            Y no una distopía cualquiera, qué va, sino la transformación de Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, en un estado fascista.

            ¿Fascista? Un momento, ese término se ha empleado tanto y tan alegremente que ya casi no significa nada. A cualquier cosa que suene un poco derechosa se la tilda de fascista. De hecho, habrá quien diga que Estados Unidos ya era un país fascista. Pero no, USA podría ser mil cosas chungas -era un imperio, con todo lo malo que tienen los imperios-, pero no era fascista en el sentido literal de la palabra. Yo me estoy refiriendo a un fascismo similar al que surgió en Europa durante la primera mitad del siglo XX y acabó provocando la Segunda Guerra Mundial.

            Así pues, mi tesis es que Estados Unidos es hoy una nación protofascista. Es decir, en proceso de convertirse en fascista. Para demostrarlo, voy a enumerar los elemento básicos que componen el fascismo y a compararlos con la situación actual del país:

1. Ultranacionalismo

  • La nación se presenta como superior a las demás.
  • Se exalta la identidad nacional, cultural o racial.
  • Rechazo de influencias extranjeras.

Aquí basta con recordar el lema “Make America Great Again”. MAGA.


2. Autoritarismo

  • Rechazo de la democracia liberal.
  • Concentración del poder en un líder fuerte.
  • Eliminación o control de la oposición política.

Trump cumple los tres puntos de sobra.


3. Culto al líder

  • El líder es presentado como carismático, infalible y salvador.
  • Se fomenta la obediencia personal.
  • Propaganda centrada en su figura.

Aquí no hace falta decir nada.


4. Glorificación y uso de la violencia

  • La violencia se ve como medio legítimo para lograr objetivos.
  • Idealización de la guerra, la disciplina y la fuerza.
  • Estética marcial (uniformes, desfiles, símbolos).

Recordemos a los Camisas Negras de Mussolini y los Camisas Pardas de Hitler. Los fascismos se caracterizan por crear milicias de matones para hostigar a los disidentes y atemorizar a la población. Trump tiene al ICE.


5. Antiliberalismo y anticomunismo

  • Rechazo de la democracia parlamentaria y el pluralismo político.
  • Hostilidad abierta al socialismo y al comunismo.

Es proverbial el desprecio de Trump hacia el parlamentarismo, y para él todo lo que no sea extrema derecha es socialismo.


6. Control de la sociedad

  • Propaganda masiva
  • Censura
  • Educación ideologizada
  • Represión de disidentes

Gran parte de la popularidad de Trump proviene de ser protagonista de un programa de TV. Quizá por eso tiene muy clara la necesidad de controlar la opinión pública a través de los medios de comunicación. Y aquí tenemos que preguntarnos qué poderes están detrás de Trump. En gran medida, los megamillonario de Silicon Valley, los amos de las “nuevas tecnologías”. Hitler tenía la radio; Trump tiene internet.


7. Populismo nacional

  • División del mundo entre: “el pueblo verdadero” y “los enemigos internos” (intelectuales, minorías, opositores)
  • Uso del miedo y el resentimiento social.

Hitler convirtió en enemigos malignos a los judios. Trump ha hecho lo mismo con los emigrantes. “¡Cuidado con los extranjeros, sobre todo si hablan español, porque quieren sustituirnos, follarse a nuestras mujeres y comerse a nuestros perros y gatos!”. Por otro lado, no cabe duda de que la imperfecta democracia USA ha dejado en la cuneta a mucha gente incumpliendo sus promesas de trabajo y prosperidad. Trump ha aprovechado ese descontento, ese resentimiento, para auparse al poder.


8. Economía dirigida (pero no socialista)

  • Propiedad privada permitida, pero subordinada al Estado.
  • Colaboración entre Estado y grandes empresas.
  • Supresión de sindicatos independientes.

Aquí Trump se aleja del modelo clásico fascista, Porque Trump es, básicamente, un multimillonario anarco-capitalista. En teoría, a él le gustaría un estado reducido a la mínima expresión, un estado homeopático, en un contexto de economía desregularizada en el que las empresas compiten a muerte sin ataduras ni sindicatos. Pero, por otro lado, lo que Trump quiere de verdad es convertirse en dictador. Lo que entra un poco en contradicción con lo anterior. Pero Trump nunca ha pensado mucho las cosas.


9. Rechazo del pensamiento crítico

  • Desprecio por la razón, el debate y la ciencia si contradicen la ideología.
  • Uso de mitos, símbolos y emociones.

Está claro el desprecio que Trump siente hacia la ciencia; basta con tener en cuenta que ha puesto a un antivacunas al frente de la salud del país. En cuanto a los mitos, Trump es el campeón de las mentiras. ¿Y emociones? Eso es lo único que ofrece Trump: básicamente odio, resentimiento e ira.


10. Estética y simbología

  • Símbolos simples y poderosos
  • Gestos ritualizados
  • Marchas, banderas, uniformes
  • Mensajes visuales muy fuertes

Aquí Trump también se sale de la norma –quizá porque la norma está un tanto anticuada-. Trump no necesita desfiles, ni marchas con antorchas, ni escenarios faraónicos. Trump no necesita crear espectáculo, porque él es el espectáculo.

            Bueno, pues creo haber demostrado mi tesis: Estados Unidos está en trance de convertirse en una nación fascista gobernada por un líder autoritario carente de moral que ha convertido el narcisismo en una de las bellas artes. ¿Ocurrirá? ¿Surgirá un contrapoder capaz de frenar a Trump? Y si ocurre, ¿cómo nos afectará a nosotros?

            Al principio de este post decía que estamos contemplando el nacimiento de una distopía. Un tema de ciencia ficción. Y como yo soy un friki de la ciencia ficción, seguiremos hablando de este asunto en la próxima entrada.